Intentaba procesar todo lo sucedido, había días que la atormentaba el pasado, se cuestionaba si sus decisiones eran las correctas, tenía un amargo sabor de boca que no se podía quitar, el rostro le dolía, los brazos le dolían, la garganta no la soportaba.
Trataba de ignorar los mensajes y se cuestionaba ¿Cuándo había subido el nivel? Era septiembre, el mes donde solía cuestionar reiteradamente todo, no logró entrar a la escuela, nuevamente tenía que esperar y hacer un triple esfuerzo.
Las propuestas pasaron de idioteces de celos, a salvar a las chicas de sus relaciones insanas.
Ella ni siquiera estaba viviendo la violencia como la conocía, pero aun así había algo que le movía, que le dañaba, quería llorar por las relaciones que vivió porque la habían cambiado y tomaron algo de ella, pero se sentía ridícula de hacerlo, ella no era una víctima más, no quería reconocerse como tal. Respiró profundo, tratando de asimilar todo lo ocurrido, las mentiras que había dicho, las metas que se había trazado, eran seis meses, no podía creer que paso medio año dentro de relaciones caóticas, esos hombres no disimulaban sus temperamentos ni maquillaban su violencia, la mostraban desde el primer instante, los celos, la revisión constante de mensajes, el mandar la ubicación, se preguntó si algún día podría volver a ser la misma, se preguntó si sus planes seguirían en pie a pesar de lo ocurrido, no quería volver a otra relación insegura, ni tenía la suficiente energía para engañarse a si misma sobre lo que sucedía, porque todos esos celos y esas inseguridades no eran para ella, su fachada las recibía.
Veía su pared llena de post-it con alternativas para conseguir dinero, con talleres que podría estar tomando para aprender a ser útil, con trípticos de universidades a donde podía ingresar, con departamentos cerca de las zonas, y un costo total de cuanto pagaría al año en colegiaturas, y lo que tenía ahorrado no cubría un año, se sentía miserable por eso.
No podía trabajar tiempo extra porque Kakashi le quito horas, no podía trabajar en otro lado porque los horarios eran de tiempo completo y con salario mínimo, no podía ir a tomar el transporte para trabajar doce horas más dos horas de camino, se sentía atorada.
Por más que ella y su mamá trabajaran no podían ahorrar lo suficiente para tener una vida digna, una vida con vacaciones, con comida, con lo básico en la despensa, agua caliente la mayor parte del tiempo.
Se cuestionaba si podría seguir ahuyentado a los novios violentos de las chicas que la contrataban, mantener su trabajo "estable", recolectar el dinero para la universidad, fingir con su madre que su vida no iba en picada, tratar de recuperar a Chöu, olvidar la relación que tuvo con Kawaki, tomar un curso básico de lo que sea para generar ingresos extra, mantener la casa en condiciones de estabilidad, comprar lo que haga falta para que la casa no parezca en abandono, mantener vivas sus plantas, pretender que no sentía presión por la presión que su madre sentía al querer pagarle la universidad y tener tiempo para ella, aun así todo eso no acabaría con la poca integridad mental que aún tenía.
Bajó las escaleras lentamente mirando fijamente la puerta, los cristales de colores que habían alrededor, de verdad les había costado reconstruir cada detalle de la casa, esa puerta y esos cristales fueron un aguinaldo de su madre, sin regalos de navidad, sin cena de navidad. También la alfombra que tenían en la entrada fue el trueque por la piscina que le había regalado Utakata, el piso que estaba fueron las utilidades de su madre, todo tuvo un costo, su estabilidad emocional, el tiempo de ambas…Tardara lo que se tardara en conseguir lo básico, se sacrificaría a sí misma por obtener una beca, haría lo que fuera para conseguir algo que le cubriera al menos el 70% de algo que ni así podría pagar.
Recorrió el lugar, pensando en todo lo que habían "sacrificado" por tener algo que las hiciera sentir mejor, toda una vida de arduo trabajo, solo eran ellas dos, podían con eso, de algún modo llegarían a sus metas.
La habitación de su madre estaba abierta, se acercó despacio observando las cajas que tenía, y los papeles a su alrededor.
—Ay, no puede ser, me asustas—Mencionó, tratando de esconder las fotos, pero Sarada fue más rápida, observando cada recuerdo que tenía ahí, Sakura se rindió, buscando una manera de explicarle que era todo eso
Sarada tomo una foto de su madre cuando tenía su edad, al lado de…
—Sí es él—Le dijo—Claro que más joven
Comparo la imagen actual de él, aquella que le había obsequiado su madre él día que le confeso todo, parecía que los años no habían pasado en él. Solo tenía el cabello largo, pero sus facciones eran las mismas, los ojos rasgados y obscuros, el cabello de igual modo, Sarada intentaba controlar su respiración, y sus expresiones, con su madre solía ser muy transparente, pero esta vez no sentía la confianza de confesarle toda la confusión respecto a este tema.
—Habíamos ido a Sunna, creo que fue una de las últimas fotos que tenemos juntos. Ese día era el festival del globo, fue uno de los días más felices que tuvimos—Recordó con dolor intentando no meterse en sus pensamientos
—¿Cómo era contigo?—Le preguntó Sarada
Sakura frunció el ceño ante tal pregunta, estaba confundida, trató de recordar la forma en que era tratada.
—Bueno, él, no era una persona cálida
—Un machito cualquiera—Dijo entre dientes, tenía un resentimiento hacia los hombres y se había dado cuenta estos últimos días
—Pero conmigo era distinto
Sarada trataba de no entornar los ojos, era la misma historia de todas, se sentían especiales solo porque él demostraba ser distinto solo cuando estaban a solas, las hacían sentir únicas, pero al final también podían arrebatarles eso.
—Ya sé lo que piensas, pero realmente no es así. Había pasado situaciones difíciles que lo atemorizaban con la confianza en las personas, el entorno en el que creció fue demasiado hostil, me tomó tiempo acercarme, pero, finalmente descubrí la persona que era. Alguien respetuoso y tímido, aunque su imagen aparentaba lo contrario, las palabras que solía utilizar me llenaban de alegría el corazón, dios—Se sonrojo mientras Sarada la miraba con aburrimiento, su madre, la persona que le había enseñado todos los mitos del amor ¿Se estaba sonrojando?
—Suena bastante llamativo—Soltó, intentando no mostrar el desdén por la historia, sentía curiosidad, pero no sabía si toleraría una falsa historia de amor
—Sí ya sé lo que piensas, pero eran otros tiempos, no puedes identificar todas las conductas de alerta en un día, además en ese tiempo estábamos descubriendo nuestra personalidad, los gustos, era normal que cometiéramos errores, es solo que él era bueno con las palabras y tenía una mirada muy cálida, digo, no es que hablara mucho pero cuando lo hacía…—Se perdía en sus pensamientos, tratando de demostrarle a su hija que su padre realmente era todo lo contrario a lo que se estaba imaginando
—Solo venía para avisarte que acamparé, Denki consiguió un espacio en la playa así que ¿Es buena idea no?
Su madre no dudo en alegrarse, pensando que su hija intentaba retomar sus momentos de ocio, nuevamente salía, se alejaba de las cosas laborales, y de esa obstinación con el estudio. Sakura no pensó que Sarada se obsesionaría con entrar a una universidad privilegiada, ella no quería romperle la intención, pero ya sabía la verdad acerca de estar en un sitio así, no es que no quisiera apoyarla, pero creyó que con el tiempo desistiría de esa idea, hace años ella había abandonado la esperanza de establecerse en otro lugar, claro, no era perfecta la zona donde se encontraban, pero al menos servía como refugio, era algo con las posibilidades que tenían y le mintió a Sarada sobre tener esa esperanza de salir de ahí, con la justa razón de que ella no se sintiera decepcionada con el conformismo de Sakura. La casa ya era suya, podrían hacer lo que quisieran con ella, aunque no era perfecta les cubría lo básico, era en una zona prácticamente alejada de los grandes problemas, ya habían vivido lo peor, y sabía que en cuanto Sarada pudiera hacer su vida, ella podría hacer lo que quisiera con ese hogar, irse a vivir a un departamento accesible, mantenerse estable en su trabajo hasta la jubilación y decir que tuvo una buena vida. Pero la fotografía de él le recordó lo que estaba a punto de hacer. ¿Sería una buena idea traer a colación al padre de Sarada? Es decir, ella estaba saliendo adelante, ambas, ella iba a vender la casa, para pagar la educación de su hija y trataría de sobrevivir, pero aún así, el ruido estaba presente…
—Sí—dijo con una sonrisa, ignorando todo lo que le pasaba por la mente, se sentía culpable por pensar que estaba en una etapa depresiva, después de todo lo que le sucedió ¿Quién no atravesaría por la depresión?—Es muy buena idea, quiero decir, me da mucho gusto que estes retomando tus actividades, ya patinas más seguido, y ahora vuelves a acampar, es bueno saber eso, me hace sentir tranquila. Ya sabes, empezaba a preocuparme por, por todas las cosas que estuvieron pasando, no es fácil poder seguir adelante tu sola
—Creo que tal vez si merezco más tiempo para mí—Intentaba poner una sonrisa genuina, pero no podía enseñar los dientes—Saldré a buscar las cosas—Menciono desesperada por irse, no quería hablar más tiempo con su madre y que esta se diera cuenta que mentía
Pero Sakura nuevamente se cuestionó si estos cambios se debían a la noticia sobre su padre, o a lo que anteriormente había pasado, sí, sabía que Sarada estaba distinta desde que se obsesiono con entrar a la universidad, querer una vida distinta, pero quería saber porque, cuál era su motivación, quien la convenció de que eso le abriría una vida distinta.
Guardó las cosas que estaban fuera de la caja y la volvió a ocultar, nuevamente en aquella zona obscura, cuestionándose si lo correcto fue contactar al Uchiha.
Dobló la ropa con cautela, nuevamente siendo consumida por sus pensamientos, no sabía que decidir…le decía…no le decía. Abrió los cajones de Sarada poniendo un par de camisetas, dándose cuenta de que ahí seguían las llantas que le había comprado hace dos meses, eso no era típico. Sarada solía ser cuidadosa con la tabla de skate, no dejaba que las llantas estuvieran desgastadas, hace dos meses tendría que cambiarlas, a menos que estuviera mintiendo acerca de esas salidas.
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Los colores pasteles del atardecer no fueron sus favoritos, pero admitía que desde este lado de la ciudad se veía distinto. El lila estaba más presente que el naranja rojizo cuando el sol se escabullía y algunas estrellas podían resplandecer en el cielo bicolor. Ni así pudo permitirse llorar, no con esos colores, ni con el sonido ambiental, estaba sola en la playa, preguntándose si había retorno al pasado, se abrazaba a sí misma tratando de darse consuelo. Arrojaba pequeñas piedras causando pequeñas olas, tal vez su mentira si se había salido de control ¿De verdad tenía que acampar aquí?
Últimamente este lugar era su favorito para pensar, necesitaba esta calma, esta tranquilidad, al final de cuentas ese había sido uno de los últimos lugares que había visitado junto a él, quería recuperar las sensaciones previas, brindarse conocimiento acerca de lo que sucedía con sus decisiones y cuestionar sus respuestas ante los eventos pasados…pero ni un pensamiento, ni una sensación más que aquella familiar angustia y desesperación, estaba en blanco…ya no venía a ella esa tristeza con llanto si pensaba en Kawaki, ya no temblaba al pensar en los finales alternativos que pudo tener en sus relaciones, y vino a ella la pregunta ¿Por qué salió de su casa?¿Acaso su habitación ya no era un lugar seguro para estar con sus pensamientos?
Se quedó unos minutos más tratando de procesar todo lo que había pensado y deseó entrar al agua y dejar que esta se la llevara. La obscuridad se cernía lentamente sobre ella consumiendo los colores pastel que hace unos minutos existieron.
Se recargó en una roca con la mirada perdida en los pequeños cangrejos que se dirigían al mar, en unos minutos más ya no los podría ver, ya no podría volver tan fácil a su hogar. Tenía que pasar entre las marañas de plantas tropicales para poder recuperar el camino a casa, pero no quería volver, había mentido, le dijo a su madre que iba con Denki a acampar, acaso ¿No tenía la obligación de quedarse ahí a cumplir su mentira?
Intento quitarse culpa de encima y le envió la ubicación a Denki. "En cuanto salga iré por ti" Le escribió, dejándola más tranquila, tal vez podría convencerlo de quedarse ahí, aunque sea una hora más, o hasta el amanecer así evitaría mentir a medias y sería medio cierto que se quedaron en playa, ya no quería mentirle a su madre, ya no quería tener una doble vida, pero había iniciado un camino con el retorno lejano, se preguntaba ¿Cómo terminaría su historia? ¿Cuándo sería el momento de parar? ¿Habría señales?
Pasaron unas horas y la noche no dejaba ver más allá del reflejo de la luna, las luces de las casas se veían a lo lejos. Era un lugar aislado, donde podía disfrutar de sus pensamientos, pero se cansaba de estar consigo misma dándole vuelta al asunto, omitiendo los regaños internos y que estos no vinieran en la forma que ella quería, demasiado dura para dejar entrar a la amabilidad, era una pelea constante del bien contra el mal, no dañaba a nadie, más bien les hacía un favor ¿Por qué tenía que estar replanteándose su vida en base a conseguir subsistir? ¿Por qué tenía estas crisis existenciales si solo buscaba un bienestar a futuro? ¿Por qué las voces de los hombres con los que salió aparecían constantemente haciéndola sentir inferior? Estos señalamientos la hacían sentir terrible, como si se mereciera el desprecio y la violencia por parte de ellos debido a sus acciones incógnitas, tal vez si era una pésima persona que lo merecía, mentirle a su madre, arrastrar a sus amigos, negó nuevamente ante los pensamientos repetitivos, ya lo había hablado, pero seguía ahí, con el pedal en el acelerador.
Escucho el crujir de las piedras, supuso que sería Denki acercándose a ella, pero el olor a cigarro fue algo que la alertó. Se paro inmediatamente viendo como el tipo de la sudadera y la gorra se acercaba a la orilla sin mirarla, no podía verle el rostro, pero su silueta la alertaba, así como su forma de vestir y actuar. Se amarró las cintas, tomó su tabla y decidió salir de ahí, no evitó que las piedras crujieran ante su partida, pero la persona que estaba ahí ni siquiera la miro dándole un poco de alivio.
No solía ponerse nerviosa pero la situación lo ameritaba, estaba alerta ante cualquier movimiento que hiciera la persona, pero esta solo se dedicaba a ver el mar, entro en el corazón de las plantas, tratando de encontrar el camino, pero sintió un empujón y ahí comenzó el forcejeo, estaba sola, sin ayuda de nadie, y sin una pizca de luz que le diera una pista de su agresor, pero sabía que era grande y que solo era uno, o tal vez no.
Forcejeaba con él, intentando defenderse, lo golpeaba en las zonas blandas como se lo había indicado su sensei, pero él también trataba de mantenerla bajo él, impidiendo que peleara, Sarada estaba segura de que podía salir triunfante, le había dado un codazo en la barbilla, haciendo que él soltara un quejido, empezó su marcha fuera de esas enredaderas, pero había otra persona que la detuvo por la cintura y nuevamente la tiro al suelo.
—agárrala, que no se te escape
Colocó sus manos en el cuello de Sarada, tratando de cortarle la respiración, esta intentaba defenderse, pero sentía que perdía la consciencia, buscaba en el suelo cualquier objeto con el que pudiera defenderse, trataba de picarle los ojos al agresor, morderle, rasguñarle, pero todo era en vano.
La persona que miraba hacia el mar escuchó que sus compañeros habían dado con ella, no le había observado el rostro, pero sabía que no debía dar complicaciones, era alguien de estatura baja, con cuerpo promedio, no sería problema alguno para ellos. Observó que ambos venían arrastrando el cuerpo de ella, dándola por perdida. Se detuvieron unos segundos y encendieron un cigarrillo, felicitándose por poder domarla.
—No se dejaba cabrón, pensé que se iba a pelar en cualquier momento
—Y dime, esta que o que—Preguntó el que se había quedado mirando el mar, no se había movido de su lugar, les dejo el trabajo duro a ellos
—La Kaz que anda con sus mamadas, contrató a esta perra para que le coqueteara a su vato, y así poder irse a coger con el pendejo del Ayato
—¿Y cómo sabes que es esa? ¿No dijiste que era rubia?—Preguntó el otro escupiendo sangre
—La Kaz me dijo que esta vieja sabía, o que ella había sido, una de dos, ora hay que esperar a que reaccioné, hay que amarrarla para que el pi-nche Kenny le heche agua, o miados', lo primero que se le venga
Sarada se movía lentamente, buscando sus lentes, no podía escuchar con claridad acerca de lo que hablaban, pero en un movimiento rápido quito el marco de los lentes y destapó la navaja que tenía escondida. Tosió un poco esperando que ellos se dieran cuenta de que estaba reaccionando.
—No dijiste que…
Se asomó a revisarla y Sarada le clavó la navaja en el ojo, aquel se alejó rápidamente, gritando de dolor, pero Sarada se aferraba a dejarle una marca dirigiendo el filo hacia la mejilla de su agresor.
La otra persona tomó a Sarada de los cabellos y la arrastró por las piedras, hasta llevarla al agua, tratando de dejar que respirara. Ella se estaba rindiendo, no podía luchar, lo arañaba, intentaba darle con lo que encontrara, pero le era imposible, le aventaba arena en los ojos, pero no cedía.
La otra persona que no se había involucrado observo el teléfono de la chica y lo levantó, reconocía la foto del fondo, la reconocía a ella, sabía que era Sarada. Intentó quitar al otro pendejo, dándole una patada
—¿Qué te pasa ca-brón? Pin/che imbécil
—Esa no es—Le mencionó—vámonos que alertó a alguien, ya no tarda en llegar
Intento quitarlo de encima de ella, arrastrándolo entre las piedras, tratando de que dejara en paz a la chica
—La Kaz juro que era esta morra, le reconoció la cara
—La pin/che Kaz te mintió cu/lero, vámonos
Soltó una maldición y pateo varias rocas que estaban ahí, el pelirrojo la tomó de los brazos, arrastrándola a la orilla lejos del agua, presionando su pecho para que arrojara el agua que había tomado.
—Igual y pinche morra culera, le sacó el ojo al Kenny
Las luces de una camioneta los hizo ponerse nerviosos, el pelirrojo le abrió la blusa a Sarada y arrojo su teléfono a unas rocas, cualquier persona pensaría que querían asaltarla o violarla.
—vámonos culos—Les soltó mientras se iban corriendo hacia el mismo camino por el que llegaron
Kenny no toleraba el dolor, sentía como la sangre caliente escurría por todo su rostro, iba soltando maldiciones.
—¿Y si nos reconoce la perra?
—No creo que nos haya wachado'—Mencionó
Kenny se agarraba el ojo, sentía cada vez más sangre escurriendo, en un momento se dejó caer.
—tírame paro wey, ayúdame con el Kenny
Kenny rodeó al moreno y al pelirrojo para poder continuar—Pinche Tory, dijiste que era esa morra
—Fue la Kaz wey, ¿Por qué dices que no es esa morra wey? Te lo juro que sí es, la estuve siguiendo, la Kaz me dijo que simón
—Esa morra yo la conozco, no es así, te digo que la pi/nche Kaz te tiro a lión'
—Al chile por esta que me dijo que era esa, trabaja en un pin/che bar, ella sabe quién es la morra entonces, si la conoces pregúntale, le saco el pin/che ojo al Kenny no mames, se pasó de lanza, tira paro pin/che Code, que no hable la hija de la chin/gada o que le pague la pin/che cirugía al Kenny
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Abrió los ojos lentamente escuchando la voz desesperada de Denki, vomitando el agua que había tragado
—Denki…—Dijo, apenas en un murmullo
—¡Que te paso! ¿Por qué estas así?—dijo nervioso—Tengo que llamar a…
—…estoy bien…
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No mencionó nada en todo el camino, ni cuando llegaron a la casa de Denki, él estaba nervioso, haciendo preguntas ilógicas, tratando de que Sarada le mencionara algo, solo veía como se aferraba a su patineta, ella estaba temblando.
—¿Seguro que su amiga está bien? Parece traumatizada
—No te preocupes, yo me encargó—Dijo, dándole seguridad, pero fue todo lo contrario, él tenía que hablar con Sarada para ver como podían proceder
—¿Puedo usar tu baño?—Le comentó con la mirada perdida, Denki le señaló el lugar, le acomodó la tina y ayudó a limpiar las heridas
Tenía raspones, moretones y rasguños en los brazos y piernas, su labio sangraba y en su cuello todavía estaban las marcas de las manos de la otra persona. Los golpes no habían sido lo impactante para ella, sino la conversación que escuchó en partes, la tal Kaz le había dicho quién era ella, pero Sarada no conocía a ninguna Kaz.
Nuevamente se cuestionó acerca de lo que estaba haciendo, no se había sentido tan indefensa ante alguien, pensó que ella podía hacerle frente a cualquier persona, que sus golpes podrían defenderla de cualquier adversario y eran capaces de hacer daño, durante años se convenció de eso inflando su ego, pero esta vez tuvo miedo al ver la realidad.
No creyó ser demasiado estúpida para confiar ciegamente en las personas, estás le mintieron, dándole nombres falsos, alguien la había traicionado, odiaba hacerse la idea de que no había sido trabajo sororo, porque así fue al principio, ella les ayudaba, ella se había arriesgado lo suficiente para que ellas la apuñalaran de esta forma.
—¿Por qué no me dices nada?—Mencionó tratando de desinfectar aquellas heridas sin que esta se quejara
—Porque fue algo muy estúpido—Le mintió, su voz no respondía, por más que intentara carraspear le era imposible—En vez de darles mi teléfono solo, decidí pelear con ellos
—¿Esto se trató de un asalto? ¡de verdad! ¿Podrías mirarme a los ojos y no mentirme? Dime ¿Por qué peleaste?
—No les iba a dar mi teléfono—Dijo, observando la pantalla rota, esto le iba a costar, al igual que sus lentes
—Fue algo muy estúpido lo material se recupera, tenemos que ir a algún lado a denunciar a esta gente, dime a donde
—No le vi los rostros—Dijo, dándole un golpe a la silla donde estaba—Maldita sea no le vi el rostro—Dijo, sintiendo impotencia, llorando de dolor—¿Me dejarías sola unos minutos? Tengo que limpiarme
Denki asintió, dejándola sola. Empezó a procesar lo sucedido, soltando el llanto, ahogándolo, no quería que la escuchara, no quería que descubriera las mentiras que acababa de soltar. Una tras otra, en fila, ¿Por qué no le dijo la verdad?
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Cuando salió, al lado de Denki estaban dos hombres uniformados.
—Bien hija, no queremos alarmarte, esto se hace por protocolo
—Dinos que sucedió
Denki miraba desde atrás, temeroso, habían llegado tarde las autoridades, y habían rastreado el llamado de Denki hasta su casa, Sarada no dudo en mirar con reproche a Denki.
—¿Quién te hizo eso hija?
—No lo sé—Dijo seca, con dificultad para hablar
—¿No les viste el rostro? ¿Algo? ¿Qué estabas haciendo?
—Solo quieren ayudarnos Sar—Mencionó Denki intentando tranquilizarla
—hijo, déjanos hacer nuestro trabajo
—Fui a la playa
—Fuiste a la playa ¿Tu sola?
—Sí
—¿A que fuiste?
—Quería tomar tranquila, con mi amigo
—Así que estaban los dos
—No, solo yo
—Entonces estabas bebiendo tu sola, en la playa ¿Y luego? ¿Cómo te hiciste todo eso?
—Estaba esperando a mi amigo, pero llegó alguien, y me levanté para irme
—¿Bebiste?—Sarada asintió—¿Cuánto? Porque hasta acá hueles a alcohol ¿Te parece si hacemos la prueba?
Sarada frunció el ceño—No entiendo ¿Por qué lo harían?
—Para corroborar que tu historia sea creíble, en estas fechas hacen este tipo de bromas es la temporada alta de turismo, recibimos llamadas de auxilio
—¿Eso que tiene que ver con lo que le paso a ella?—Se metió Denki—Intentaron robarle
—¿Robarle? Nadie se detiene a apretarle el cuello a la víctima por un teléfono, sacarían una pistola hijo, o una navaja, esto parece personal
Ahora miraron a Denki—Dime, ¿Dónde estabas?
—En el trabajo, hay gente que se lo puede decir, pero ¿Qué tiene? ¡No ven como esta ella!
—Mira hija, estabas sola en la playa, a estas horas de la noche, y el único que sabía que estabas ahí era él, si te peleaste con tu novio, esta línea no es para eso—Sarada frunció el ceño, realmente enojada
—¿A dónde se supone que debo llamar?
—A la línea de la mujer; había alcohol de por medio, así que es difícil creer en tu criterio, mira cómo estás vestida, y por lo que noto en tus manos te defendiste, por lo que tuviste tiempo para notarle el rostro o alguna seña particular
—¿Y ustedes inútiles para que están entonces? váyanse a la mi/erda
—Compañero vámonos, es obvio que esta histérica…la próxima vez ya sabes a donde hablar, y mira hijo la próxima vez no nos digas todos tus datos todo queda registrado en el sistema, sabemos que a tu padre no le gustará verte envuelvo en peleas pasionales
—Pero que mie/rda—Dijo Denki, viendo cómo se iban—Esto no es justo, ¿Sabes qué? Los traeré de vuelta, grabaré todo
—No—Mencionó con voz firme, y soltó las lágrimas, las piernas le temblaban—Me siento tan estúpida, no pude defenderme, no…nunca había sentido miedo Denki, por favor, prométeme que no se lo contarás a alguien, tiene que permanecer en secreto—Estaba desesperada
—Yo…
—Denki, no quiero repetir todo lo que sucedió hoy, no quiero que se hable de esto, no quiero. Es algo con lo que no puedo, reconocer que, no pude…que soy tan débil y estoy vulnerable
—Pero tenemos que ir a denunciar
—¿Denunciar? Le saque el ojo a un idiota, no podemos ir a denunciar
—¿Cómo que le sacaste…? No, no importa fue autodefensa, tenemos que avisarles, tienen que hacer algo, vamos al centro de la mujer, ahí te ayudarán
—¿Qué crees que me digan? —Sarada entornó los ojos citando a los policías—¿Qué estabas haciendo ahí, a esas horas, tu sola? Tú te lo buscaste—Cada que escuchaba su propio discurso en voz alta se estremecía. ¿Por qué te involucraste con esas personas? ¿No sabías que podías terminar muerta? ¿Creíste que era un juego y podrías salir ilesa? ¿Por qué lo hiciste? ¿De seguro nomás querías tener dinero a cambio de sexo, no? A veces ella misma podía hacer un infierno en su mente
Estaba temblando y estaba llorando, no quería recordar este hecho, quería olvidar, pero por más que quisiera renunciar, sabía que algo no la dejaba…si ella vivió ese hecho, si ella que podía defenderse, ¿Qué le esperaba a las demás?
Denki llamó a una conocida para que la revisará. Ella no cuestionó nada sobre las heridas de Sarada, se dedicó a revisarla con calma, horrorizada por lo que le había narrado Denki, vendando algunas partes, y aplicando ungüentos, tratando de sanarla, esperando que hiciera efecto antes de que ella se mirara al espejo y se encontrara con una versión distorsionada de ella, pero Sarada ya lo sabía.
—¿Has arrojado espuma por la nariz o la boca?
Sarada negó, ella trato de explicarle lo que pasaba si notaba esos cambios, pero al parecer Sarada no se encontraba presente, escuchaba todo lejano, se sentía terrible por lo sucedido. La persona le dio la tarjeta y le mencionó que mañana podría ir a la clínica para darle una revisión más completa, le reviso las uñas y trató de rescatar lo que había en ellas, le había explicado el porqué, pero Sarada estaba en su mundo.
Denki se quedó junto a ella toda la noche, preocupado por lo que acababa de suceder, tenía un nudo atorado en la garganta, no se tragaba la historia del asalto, la última vez Sarada había regresado golpeada de una relación y no era la primera vez que utilizaban la violencia en contra de ella. Las relaciones en las que se había metido perjudicaban su bienestar físico y mental, los engaños y mentiras abundaban, al igual que los golpes y los gritos, había ocasiones que Sarada tenía que llorar fingiendo que le dolía lo que hacían los idiotas, pero cuando estaba sola con Denki ella se burlaba, se reía de los hombres que pensaban que de verdad le dolían a ella sus engaños y sus mentiras, realmente Sarada era muy convincente. Ahora tenía la teoría de que uno de esos idiotas la había citado en la playa, sino ¿porque ella le mandaría el mensaje para que pasara a recogerla?
No sabía cómo sentirse, sus peores miedos se estaban haciendo realidad, no tenía la menor idea de que hacer, aquella persona que alguna vez vio indestructible estaba hecha pedazos, con la mirada perdida y vacía, temblando, tratando de olvidar el suceso.
—No me dejes Denki—Mencionó con la incapacidad de callar su llanto y ocultar su voz rota
