Resumen: Tercera parte de la serie "Constelaciones". Con la amenaza de Ginny eliminada, Draco y Harry finalmente pueden disfrutar de su relación en paz; pero, ¿es eso realmente cierto? Ambos descubrirán que los problemas están lejos de terminar. ¿Podrá el amor vencer todos los obstáculos que se les presenten? ¿O esta relación estará condenada a no tener un final feliz? DRARRY

Disclaimer: el universo de Harry Potter no me pertenece, todo es propiedad de Rowling y Warner Bro.

Notas de autora: ¡Hola a todos! Antes de dejarlos con el capítulo de esta semana, quiero agradecer infinitamente por sus alertas, favoritos y comentarios. Realmente no tienen idea de lo feliz que me hace el saber que la historia les va gustando. Como siempre, el capítulo de la semana está dedicado a esas hermosas personas que se han tomado el tiempo de comentar(xonyaa11 y SaShaNix). Ahora sí, los dejo leer.

Advertencia: el capítulo contiene al comienzo sexo anal explícito (top Draco y bottom Harry).


Cosmos: La entrevista

4 de enero de 2011

Hazme el amor. Por favor.

Esas palabras que Harry había dicho con tanta naturalidad y algo de necesidad parecían haberse grabado a fuego dentro de mi cabeza para interrumpir por completo la sinapsis entre mis neuronas. Lo que me había dicho con ese excitante susurro había conseguido dejarme petrificado en el lugar y sin ninguna chance de moverme o siquiera poder soltar una adecuada respuesta. Mi cuerpo parecía estar tan quieto e impasible como si hubiera tomado un filtro de muertos en vida. No, eso era una absoluta mentira, porque no todo mi cuerpo estaba sin emitir reacción. Había una parte de mi anatomía, una que se encontraba ubicada en la zona sur de mi cuerpo, que estaba despertando a alarmante velocidad después de que esas palabras se hubieran registrado en mi cerebro.

Y Harry parece notar este hecho, porque de inmediato se inclina hacia arriba para volver a unir nuestros labios. En cuanto a mí, mi mente se encontraba completamente desconectada y no creía que fuera capaz de formular un coherente pensamiento debido a la hambrienta manera con la que Harry estaba besándome. Sin embargo, había una pequeña parte de mi subconsciente regida por mi lógica que estaba gritándome para detener esto de inmediato porque ciertamente había algo extraño en todo esto.

Algo de sensatez parece estar volviendo a mi cabeza, porque consigo ver con claridad algo que no había sido capaz de notar en mi momento de sorpresa al escucharlo pedirme que le hiciera el amor; y eso era nada más y nada menos que el hecho de que él parecía haber estado emocionalmente inestable cuando había vuelto del trabajo. ¿Y no había sido demasiado sospechosa la manera en la que él había saltado hacia mí para que lo follara después de haber pasado por ese momento de descontrol emocional? ¿Acaso las acciones de Harry no estaban gritando a los cuatro vientos utilizar el sexo como una vía de escape para cualesquiera fueran los problemas que estuvieran molestándolo? Todo parecía indicar que mis suposiciones eran acertadas, por lo que no veía otra solución a esto más que hacer lo único que podría hacer en una situación como esta.

Reuniendo toda la paciencia y fuerza de voluntad que tenía, aparto las manos de Harry del lugar al que se habían mudado para desprenderme los pantalones, y detengo el beso de inmediato.

─Harry, espera.

─¿Qué ocurre?

Aunque Harry no parecía demasiado interesado por conocer el porqué de que hubiera detenido sus avances; por el contrario, vuelve a poner sus labios sobre la parte expuesta de mi cuello para besarlo y mordisquearlo de una manera que estaba haciéndome difícil no perder el control y simplemente follarlo contra la pared. Afortunadamente, mi parte racional parece haber recuperado el control de mi cerebro y está encargándose de enviar a un segundo plano toda mi excitación sexual para poder detener esto a tiempo. Con más fuerza de la que creí que pudiera tener en una situación como esta, aparto a Harry de mi cuerpo hasta hacerlo dar unos pasos hacia atrás, y digo con un firme tono: ─Detente. Hablo en serio.

Harry me observa con una herida mirada a través de esas pestañas tan largas que tenía, y en verdad debo morderme la lengua para no soltar un frustrado gemido y mandar todo a la mierda para hacer todo lo que él quisiera. Por fortuna, la parte racional de mi cerebro vuelve a tomar el control y me envía las señales correctas para ponerle un alto a esta extraña situación, pero sin lastimar a Harry en el proceso. Suelto un imperceptible suspiro para darme fuerzas, y como si estuviera aproximándome a un animal asustado, me acerco a Harry con mucha lentitud. Cuando estamos a escasos centímetros, lo atraigo hasta mi cuerpo y puedo sentir con claridad el escalofrío que lo recorre, aunque no podía estar del todo seguro que éste fuera por algo bueno o no.

Harry tampoco parece saber del todo lo que esto significa, pero, aun así, enrosca sus manos en mi cintura y entierra su rostro en mi pecho. Pasamos unos minutos así, parados en el dormitorio y simplemente sosteniéndonos en silencio, y cuando creo notar que Harry se ha relajado lo suficiente contra mi cuerpo, tomo su rostro con la mayor delicadeza que puedo reunir y lo hago mirarme. Él me complace y conecta su mirada con la mía, aunque algo de lo que veo en sus ojos verdes me indica que Harry no había renunciado del todo a su idea, si el necesitado brillo que los recubría era indicativo de algo. Al ver esto, aprovecho el hecho de que él no parecía querer decir nada para tratar de convencerlo en desistir con su idea. Quizás las palabras pudieran hacerlo entrar en razón.

─Por mucho que me encantaría hacer eso; y créeme, no tienes una idea de cuánto quiero hacerlo. Aun así, no creo que sea una buena idea. No en el estado emocional en el que parecías encontrarte cuando volviste a casa. ─Le doy un casto beso en los labios, uno que a los dos nos sabe a poco, y vuelvo a hablarle con suavidad, pero con determinada convicción. ─No quiero que uses el sexo como una forma de olvidarte de los problemas.

─No es por eso.

¿Qué? ¿De qué estaba hablando Harry ahora? Las cosas parecían tener cada vez menos sentido a cada segundo que pasaba. Si él no había querido hacer esto como una forma de lidiar con el estrés de los problemas que lo acometían, entonces, ¿por qué había querido hacerlo? Porque ciertamente no iba a creer que esto había sido algo surgido de manera espontánea y producto de su excitación sexual, al igual que había ocurrido esta mañana cuando él me había despertado con la mejor mamada de la historia. No, había algo más oculto detrás de todo ese deseo y necesidad que yo no estaba pudiendo ver; pero, ¿qué era?

No teniendo ningún interés en adivinar sus motivos, elevo una ceja y le pido que se explique.

─¿A qué te refieres?

─Es decir, sí, no tuve el mejor día en el trabajo. Eso está claro. ─Harry dice esto con una especie de molesto gruñido que era aterrador, pero a la vez tan caliente, que podía sentir a mi erección dando un interesado salto en los confines de mi pantalón. Afortunadamente, Harry no parece notar nada de esto y sigue explicándose como si su enfadada voz no hubiera hecho estragos con mi autocontrol. ─Pero no te pedí eso como una forma de escapar de mis problemas. Necesito esto por otro motivo totalmente diferente, Draco.

Harry acorta aún más la distancia y utiliza sus manos para atraer mi rostro hacia abajo con el fin de hacer que éste quede a la altura de sus labios para que no tuviera que pararse sobre la punta de sus pies. Una vez hecho esto, comienza a murmurar contra mis labios empleando un tono de voz que plasmaba todo el anhelo y el deseo que tenía por mí.

─Quiero que me hagas el amor. Necesito que me demuestres todo lo que sientes por mí con más que palabras. Quiero poder sentirte dentro mío, brindándome el placer que sólo tú puedes darme. ─Harry hace una pequeña pausa para rozar sus labios con los míos, y casi podía ver la forma en la que toda mi racionalidad se había ido a volar, para ser reemplazada por la parte más carnal y salvaje de mi ser. Y si creía que aún tenía una chance de detener esto a tiempo, lo que Harry termina de susurrarme contra los labios en algo que se asemejaba a la desesperación, termina de eliminar por completo cualquiera sea la duda que hubiera tenido. ─Por favor, dragón. Hazme tuyo.

¡A la mierda los estados emocionales inestables de Harry! Yo era un hombre de treinta años, y uno que no se había caracterizado por tener una moral impecable a lo largo de toda su vida para el caso; por lo tanto, no podía sorprender a nadie el hecho de que hubiera perdido cualquier rastro de control que me quedara, para pasar a besar a Harry con alarmante desesperación. Harry sonríe dentro del beso al ver que había dejado cualquier pega detrás, y se aferra a mi cuello como si fuera su ancla a este mundo. Mis manos no pierden tiempo y comienzan a desabrochar los botones de su túnica de Auror, pero el sólo hecho de ver la cantidad de ropa que Harry llevaba debajo de ella era suficiente para hacerme gruñir de impaciencia. Teniendo en claro que en estos momentos no poseía la paciencia necesaria para desvestirlo con suavidad, me separo de Harry y busco mi varita del bolsillo derecho de mi pantalón. Una vez en mi poder, la apunto hacia Harry, y con un pase de ésta, sus ropas desaparecen de su cuerpo y se reubican en la silla del dormitorio. Ver el cuerpo completamente desnudo de mi gatito era suficiente para terminar de excitarme, por lo que me apresuro a realizar el mismo hechizo sobre mí. Segundos después, mis prendas están haciéndole compañía a las de Harry.

No queriendo perder más tiempo, vuelvo a atraerlo hacia mí y lo beso de una manera tan posesiva que por un segundo temo que esto fuera a ser demasiado para Harry, pero él me sorprende una vez más, y simplemente suelta uno de esos gemidos-ronroneos que tanto me gustan y me cede por completo el control. Mis manos se aprietan con fuerza en su cadera y comienzan a empujarlo hacia atrás con el único fin de llevarlo a la cama. Una vez que las piernas de Harry chocan contra el colchón, me separo de su boca y lo empujo para que caiga en ella. Harry se queda medio recostado en el lugar que había caído y me observa con una aturdida mirada, pero en esos ojos verdes puedo ver que parte de ese aturdimiento se debe a que él estaba esperando a que le diera alguna indicación; y como siempre me había gustado dar órdenes, eso es justamente lo que hago.

─Súbete hasta colocar tu cabeza en las almohadas, y ponte boca abajo.

Harry suelta otro gemido al escuchar el dominante tono que empleo, pero no dice nada más y comienza a hacer como le indico, aunque nada había quedado de la torpeza y vacilación que él había tenido las primeras veces que tuvimos sexo; por el contrario, Harry me da una seductora sonrisa, antes de comenzar a gatear con sus manos y rodillas por la cama para poder alcanzar el lugar que le había indicado, y todo esto lo realiza asegurándose de elevar hacia mí ese respingón trasero que tiene. Verlo en esa postura tan erótica estaba provocando desastres en mi pobre erección, la cual parecía a punto de querer explotar de la excitación. Me aferro a mi varita por unos segundos más para recuperar algo de compostura, antes de subirme a la cama y unirme a Harry, quien ya estaba removiéndose impaciente en la cama y lanzándome miradas anhelantes de costado.

Me muevo con maestría por la cama hasta conseguir colocarme por encima de su cuerpo. Mi necesitada erección queda descansando sobre el delicioso trasero de mi gatito, y este simple contacto es suficiente para hacer que Harry suelte otro necesitado gemido. Al parecer, Harry no estaba de humor para demasiados juegos previos ni lentas preparaciones, él parecía querer sentirme dentro de su cuerpo de inmediato. Y para qué negarlo, yo tampoco creía que fuera a poder ser capaz de extender esto mucho más de lo necesario, no cuando tenía a Harry tan dispuesto y expectante porque lo follara hasta la inconciencia. Sin embargo, eso no quería decir que fuera a ser completamente insensato como para no realizar los hechizos adecuados y prepararlo para lo que estaba por venir. Después de todo, lo último que querría es lastimarlo.

Tomo mi varita con fuerza y me inclino lo suficiente para poder comenzar a besarle el cuello y la espalda. Cuando lo siento derretirse ante mis atenciones y comenzar a dar impacientes sonidos, me aparto hasta quedar sentado a horcajadas detrás de él y muy cerca de su trasero. Sin perder tiempo, utilizo una de mis manos para separar sus nalgas y exponer a la vista esa entrada sonrosada y apretada que me volvía loco de lujuria. Trago saliva al verla fruncirse y abrirse en un espasmódico movimiento, como si me estuviera rogando por llenarla con mi pija, y quizás lo estuviera haciendo, si los impacientes gemidos que Harry estaba soltando podían tomarse como evidencia. No queriendo hacerlo esperar más, bajo mi varita a su entrada y lanzo con precisión un hechizo de limpieza, otro para lubricarla y uno para estirarlo lo suficiente como para no lastimarlo. Por último, me lanzo un hechizo de lubricación a mi pene para recubrirlo por completo de esa resbaladiza sustancia.

Cuando termino de hacer esto, arrojo la varita a un costado y le meto tres dedos en el trasero de una sola vez para comprobar si Harry estaba lo suficientemente dilatado. El extasiado jadeo que Harry suelta me indica que había hecho un trabajo perfecto, por lo cual retiro los dedos y sostengo mi erecto miembro para apuntarlo hacia ese palpitante agujerito que esperaba sentirme dentro con gran impaciencia. Y como parecía que yo había nacido para complacerlo, separo con la mano que tenía libre su trasero y comienzo a dirigir mi pija por ese apretado lugar que era la gloria. Harry suelta un fuerte jadeo al sentirme penetrarlo y cierra sus manos en puños contra las sábanas, sin embargo, no parecía estar sintiendo dolor. De hecho, su cuerpo estaba tratando de inclinarse hacia atrás para meter más de mi erección dentro suyo. Al notar que no era necesario tener tanta precaución, comienzo a ingresar con mayor rapidez de la que lo había hecho antes, y en menos de lo esperado, siento mis testículos golpear contra su trasero y a mi pija completamente enterrada dentro de él.

Harry jadea y gime al sentirme abriéndolo por completo con todo lo que tenía, pero algo de incomodidad parecía estarle acometiendo porque se había quedado completamente inmóvil en la cama, con la vista volteada hacia la derecha sobre las almohadas y con los ojos cerrados con fuerza para reprimir el dolor. Para tratar de distraerlo de ello, me inclino hacia abajo con cuidado y vuelvo a besar con ternura toda su espalda y la parte posterior de su cuello. Mi mano izquierda viaja hasta forzarlo a abrir uno de los puños que tenía cerrado sobre la sábana, y así poder entrelazar nuestros dedos. Harry me da un fuerte apretón en nuestras entrelazadas manos para hacerme saber lo mucho que le había gustado que hiciera esto y se gira para mirarme a través de unos ojos que estaban repletos de deseo y amor. Ver la forma en la que esas esmeraldas se ocultaban parcialmente con esas largas pestañas era todo lo que podía soportar. Sin pensar en lo que mi movimiento podría ocasionar en Harry, me inclino hacia abajo y reclamo su boca como mía. Este nuevo movimiento hace que quede casi completamente recostado sobre Harry, por lo cual puede sentirme con mayor claridad dentro de él. Harry gime dentro del beso, aunque su rostro no parecía tener indicios de dolor, por el contrario, lucía impaciente y muy necesitado. Esto queda confirmado cuando se aparta unos centímetros de mi boca para poder murmurarme lo que quería empleando el que debería ser el tono de voz más erótico de la historia.

─Estoy listo. Muévete, dragón.

Y me muevo, claro que lo hago. Mis caderas comienzan con un lento movimiento de adentro hacia afuera mientras trato de dar con ese punto de placer que lo haría retorcerse y ronronear en éxtasis. No estaba llevando la cuenta de la cantidad de estocadas que estaba dando para hallar su próstata, pero un repentino alarido me sirve como indicativo para saber que la había encontrado. Harry se aferra con mayor intensidad en la mano que teníamos entrelazada y trata de mover su cuerpo hacia abajo para encontrarse con mis caderas, por lo que tomo esto como una vía libre para aumentar la potencia. Utilizo la mano que tenía libre para incorporarme y tomarlo del hombro derecho, pero asegurándome de no soltar la mano que teníamos entrelazada. Cuando me encuentro en la posición que quería, aprieto su hombro y empujo dentro de su cuerpo para volver a golpear su próstata con toda la fuerza que poseía. Harry suelta un extasiado chillido y utiliza la mano que tenía libre para volver a cerrarla en un puño contra las sábanas, a la vez que comienza a gemir incontrolablemente debajo de mí.

Viendo que esto parecía ser lo que él estaba esperando, me aferro con mayor intensidad a su hombro y comienzo a entrar y salir sin piedad de esa apretada entrada que parecía querer fusionarse por completo con mi pija. Sonidos de choque de piel contra piel resuenan por todo el dormitorio y se suman a los gemidos y balbuceos que Harry está dando, y a los gruñidos y jadeos que yo no puedo evitar soltar al verlo retorcerse con tanto desparpajo debajo de mí mientras me pide por más.

─¡Más, Draco! Más fuerte. No pares.

─¡Merlín, Harry! Estás tan apretado.

Harry suelta otro de esos gemidos-ronroneos y aprieta su entrada con mayor vigor sobre mi pene al escucharme hablarle con una voz jadeante, mientras yo continúo realizándole un brutal y despiadado asalto a su trasero. Nunca había sido alguien que hablara al momento de tener sexo. Siempre había creído que las palabras estaban sobrevaloradas en este sentido y que no era necesario decir nada cuando podías expresar todo mediante acciones, pero ver a Harry excitarse aún más al escucharme hablarle por primera vez mientras hacíamos el amor hace que deba replantearme por completo mis creencias. Si algo tan simple como lo que le había dicho lo había puesto en ese estado en el que no paraba de gemir como una vulgar puta, ¿qué haría si comenzara a hablarle sucio al oído? ¡Merlín! Las posibilidades que se me presentaban delante podían ser infinitas y todas ellas parecían ser sacadas directamente de un paraíso sexual.

Desafortunadamente, íbamos a tener que explorar eso en otro momento de nuestras vidas porque los sonidos que Harry estaba haciendo (y la forma en la que comenzaba a temblar debajo de mí) me daban una idea de que él no iba a durar mucho más. ¿Y a quién quería engañar? Yo tampoco iba a durar demasiado, no cuando esa apretada entrada me estaba estrujando con un vicioso agarre.

─Tan cerca… tan cerca, Draco. Por favor. Por favor.

Las incoherencias que Harry estaba balbuceando contra la almohada me hacen sonreír, y mientras sigo enterrándome sin descanso contra su próstata, me inclino hasta colocarme sobre el lado derecho de su cabeza y tomo el lóbulo de su oreja para lamerlo y mordisquearlo. Harry hace un adorable ronroneo y entreabre sus ojos para tratar de posar la vista en mí, pero yo decido ignorarlo y continúo besando por unos tortuosos segundos más su oreja y la parte de su cuello que logro alcanzar desde aquí. Cuando siento que está a punto de perder el control, acerco mis labios hasta la oreja que estaba adorando y me aseguro de poner ese tono que conseguía volverlo loco de placer, uno que era más grave de lo que en verdad era mi voz y que estaba cargado de erotismo.

─¿Por favor, qué? ¿Qué es lo deseas? Dime, gatito.

Y escucharme llamarlo por el apodo que había creado para él parece ser lo único que necesitaba hacer para que Harry se descontrolara por completo e intentara ponerse en cuatro para acariciarse hasta correrse. Sin embargo, no lo dejo hacer esto y lo presiono aún más fuerte contra la cama para comenzar a follarlo con una fuerza tan implacable y que no le da respiro alguno. Harry estaba al borde del orgasmo, podía sentirlo, pero yo sabía que todavía necesitaba realizar algo más antes de poder hacer que se corriera sólo con el roce de las sábanas y con mi pija enterrada en su apretado trasero. Sintiéndome a punto de terminar, vuelvo a inclinarme hacia la oreja de Harry y le susurro algo en un dominante gruñido que consigue hacerlo arquearse contra mi pecho y correrse con fuerza sobre la cama; y de su boca sólo salen unas palabras en una ininterrumpida letanía.

─Eres mío, gatito. Mío y de nadie más, ¿me oíste? Dilo. Di que eres mío.

─Tuyo, Draco. Soy tuyo. Por siempre tuyo.

Y escuchar esas palabras que siempre había querido oírle decir era todo lo que necesitaba para presionar con fuerza contra su próstata una última vez, antes de correrme dentro de su cuerpo como nunca antes lo había hecho. Harry interrumpe su letanía de palabras para soltar otro de esos gemidos-ronroneos al sentirme llenarlo por completo, y de inmediato percibo cómo su trasero se aprieta en un letal agarre alrededor de mi pija. Es casi como si no quisiera dejarme salir, como si quisiera estirar este momento por toda la eternidad. Y como yo no tenía ninguna intención de salirme de esa apretada entrada, me quedo quieto por encima de Harry y tratando de recuperar el aliento mientras continúo enterrado dentro de su cuerpo.

Desafortunadamente, los músculos de mis piernas y brazos eligen ese preciso momento para agotar sus fuerzas y me siento colapsar encima de Harry debido a la intensidad con la que había estado haciéndole el amor. Harry hace un amortiguado sonido contra las almohadas al sentir todo mi peso sobre él, pero no parece querer quejarse por ello todavía, por lo que aprovecho para calmar un poco mi agitada respiración.

No tenía idea de cuánto tiempo me había quedado así, despatarrado por encima de Harry y con mi pija enterrada por completo en su trasero; aunque debió haber sido más del que creía en un principio, porque Harry suelta un ahogado sonido y comienza a removerse con incomodidad debajo de mí.

─¡Uff! Espero que no te hayas quedado dormido encima de mí, idiota. ─Harry dice esto con fingida molestia, mientras amortigua una risita contra las almohadas, antes de volver a removerse con más ahínco. ─¡Muévete, Draco!

Y como su petición podía prestarse a confusiones, hago justamente lo que él estaba esperando que hiciera; me muevo, aunque no lo hago para retirarme de su cuerpo, sino para volver a entrar y salir de su trasero de forma burlona. Harry suelta un jadeo ante esto y lleva la mano que tenía libre hacia atrás para golpearme el trasero.

─¡No de esa forma, idiota! ¡Muévete para dejar de aplastarme!

Suelto una carcajada al ver la exasperación con la que Harry estaba regañándome y lo escucho amortiguar contra la almohada algo que sonaba muy parecido a "Eres un absoluto imbécil, Malfoy". No queriendo hacerlo enfadar después del magnífico orgasmo que habíamos compartido, me inclino hasta poder darle un último beso en el cuello y me aparto de su cuerpo hasta quedar sentado a horcajadas. Una vez hecho esto, salgo con cuidado de su cuerpo para no lastimarlo. Cuando finalmente consigo apartarme por completo de él, rebusco en la cama por mi olvidada varita. Después de lanzar hechizos de limpieza sobre nuestros cuerpos y la cama, la dejo en la mesa de luz y me recuesto al lado de Harry. Automáticamente, Harry se acurruca contra mi pecho y comienza a acariciarme el pecho distraídamente.

─Eres bastante pesado para ser alguien tan delgado y huesudo, ¿lo sabías?

Suelto una carcajada ante eso y le aprieto su trasero con algo de fuerza para reprenderlo por lo que acababa de insinuar.

─¿Esa es tu forma de decirme que estoy gordo?

─No, esa es mi forma de llamarte esqueleto de plomo, porque ciertamente pesas como tal.

Suelto otra risa y eso sólo hace que Harry se eleve de mi pecho hasta posarse a escasos centímetros de mi rostro. Mis risas mueren en el acto cuando él me observa con tantas emociones reflejadas en su esmeralda mirada que incluso consiguen quitarme el aliento. Sin darme tiempo a que le pregunte el motivo por el que estaba viéndome de esa forma, Harry se inclina y me besa con tanto amor plasmado en ese beso que casi podía ser capaz de saborear sus emociones en él.

─Te amo, Draco.

─Yo también te amo, Harry.

Harry me da una última sonrisa que estaba plagada de felicidad, antes de volver a recostarse sobre mi pecho. En cuestión de un par de minutos, el acompasado ritmo de los latidos de mi corazón lo arrullan hasta hacerlo perderse en el mundo de los sueños. Me quedo observándolo dormir tranquilamente acurrucado a mi lado, a la vez que le acaricio con suavidad el brazo que tenía rodeándome la cintura. Y aunque habíamos terminado de hacer el amor de una manera que era absolutamente perfecta, no podía sacarme de encima ese desgarrador presentimiento de que algo malo iba a ocurrir muy pronto, algo que conseguiría alejarlo de mí para siempre.

Me quedo mirando la dormida figura de Harry por unos segundos más y le ruego a Merlín para que no permita que nadie me quite a mi adorable gatito. Con esa súplica en mente, me quedo dormido en un intranquilo sueño. Un murmullo sobre mi oreja derecha me despierta lo que suponía que debían haber sido unas horas después, aunque mi embotado cerebro no consigue asociar esa voz con un rostro; al menos no logra hacerlo hasta que no abro los ojos y los poso en la figura que tenía a escasos centímetros de mí.

─Levántate, dormilón.

─¿Harry?

─¿Por qué siempre pareces sorprendido de verme? ─Harry ni siquiera espera a que le responda el por qué aún yo no era capaz de terminar de creer que él estuviera aquí, correspondiendo mis sentimientos después de todos los años que había pasado creyendo que esto nunca ocurriría, porque de inmediato me da un pequeño beso en los labios y se aparta hasta pararse a un costado de la cama. ─No importa. Levántate y ve a ducharte, ¿sí? Nos iré a preparar el desayuno mientras lo haces, sólo tengo que cambiarme primero.

─Puedes hacer eso, o… ─Digo entre medio de un bostezo, mientras observo su desnudo cuerpo con apreciación. ─puedes unirte a mí en la ducha.

Atraigo el cuerpo de Harry hacia el mío y lo siento soltar una divertida risita, pero eso es lo máximo que él me permitirá hacer para convencerlo. De inmediato, Harry se aparta de mí y me da una respuesta que me deja con algo de desilusión.

─Ya me duché mientras dormías.

─¿En serio? ¿Y por qué no me despertaste? No me habría importado que lo hicieras por algo como eso.

Acompaño esto con una lasciva mirada que lo hace reír aún más fuerte y me gano un último exasperado beso en los labios, antes que de Harry vuelva a hablarme con ese tono de Auror Todopoderoso que no admitía derecho a réplica.

─Ve a ducharte, Draco. Ahora.

─Pff, no eres divertido, Potter.

Aparto las mantas con desgana al ver que Harry ya me había dado la espalda y estaba colocándose su uniforme de Auror, y me dirijo al baño para darme una ducha. Después de ducharme e higienizar mis dientes, vuelvo al dormitorio para vestirme y allí descubro que Harry ya había terminado de vestirse y no se encontraba por ningún lado. Reprimo el desilusionado suspiro que quería soltar y me visto con prendas más elegantes de lo habitual. Después de todo, Adrian me había dicho que hoy tendría la entrevista con El Quisquilloso. Rebusco en el armario por algo decente que usar y me decido por un atuendo similar al que había llevado a la mansión de Blaise unos días atrás. Cuando termino de vestirme, voy hacia el espejo y observo la imagen que me era devuelta. Perfecto. El atuendo no era pomposo, pero tampoco era demasiado informal como para considerarse irrespetuoso. Sin duda era algo con lo que mostrarse para una entrevista con un reportero de una peculiar revista.

Completamente conforme con mi atuendo, salgo del dormitorio y voy a la sala de estar. Harry se encontraba junto a la mesa de la isla y estaba terminando de colocar en uno de los platos un desayuno inglés. Al escucharme aproximarme, se gira con una sonrisa en la cara, pero esta muere en el acto cuando ve lo que llevo puesto. Inmediatamente, se muerde el labio en ese gesto que era tan característico suyo y sus ojos se apoderan de ese brillo ardiente que solía tener cada vez que teníamos sexo. Honestamente, Harry tenía un extraño fetiche por verme en ropas muggle formales.

Me siento a la mesa con toda la arrogancia que puedo reunir y lo observo con una ceja en alto que lo hace sonrojar automáticamente. Harry sacude su cabeza para apartarse de aquello que estaba volviéndolo loco de deseo, y termina de colocar el tocino en su plato. Con un pase de su varita, manda a limpiar la sartén a la cocina. Cuando ambos estamos sentados a la mesa, comenzamos a comer el delicioso desayuno que Harry había preparado, pero las extrañas miraditas que él estaba dándome comenzaban a provocarme agradables retortijones en la entrepierna.

─¿Te gusta lo que ves?

Digo con un divertido tono, mientras me llevo un poco de salchichas a la boca. Harry traga saliva con pesadez y sus ojos se vuelven aún más verdes debido al deseo que lo acomete, pero éste también se encontraba mezclado con algo de incertidumbre. Así lo confirmo cuando dice algo con un sospechoso tono.

─Sabes que sí, jodido presumido. ¿Vas a algún lado?

Sonrío con presunción al escuchar esto y le regalo un seductor giño de ojos, antes de responder a su pregunta para tranquilizar sus inseguridades. ─Sí. Hoy tengo la entrevista con El Quisquilloso.

─¡Oh! Lo había olvidado por completo.

Terminamos de desayunar y mandamos todo a lavar con magia. Harry se acerca hasta posarse frente a mí con una sonrisa y parece querer decir algo, pero las llamas de la chimenea se encienden y por ellas atraviesa Adrian.

─Oh, bien. Ya estás vestido. Date prisa, tenemos que salir cuanto antes si queremos que Lovegood tenga tiempo de imprimir la noticia para mañana.

Harry se para sobre la punta de sus pies y me da un beso en los labios para despedirse, pero antes de desaparecerse hacia el Ministerio, se gira hacia mí, y dice: ─Saluda al señor Lovegood de mi parte.

Y con un seco asentimiento hacia Adrian, Harry se desaparece con un chasquido. Por el rabillo del ojo puedo ver con claridad cómo Adrian está observándome con una socarrona sonrisa, pero no dice nada y simplemente se acerca para poder tomarme del brazo y aparecernos.

─¿Estás listo?

─Define listo.

Y dándome un último rodar de ojos, Adrian nos aparece a una especie de llanura soleada en la cual era posible escuchar el sonido de un río corriendo a lo lejos. El tranquilo lugar no tenía demasiada vegetación más que unos peculiares árboles que rodeaban una casa extraña y muy colorida que tenía techos y paredes en desnivel. La morada era tan extravagante que incluso rozaba el ridículo, pero aun así tenía un je ne sais quoi que la hacía ver acogedora de todos modos.

Comparto una mirada con Adrian en la que nos decimos todo sin emitir opinión, y comenzamos a caminar con valentía hacia la casa del chiflado fundador y editor de El Quisquilloso. Al ir acercándonos a la puerta puedo ver que los extraños árboles que rodeaban la casa tenían una especie de frutas de color naranja en forma de remolacha. No sabía qué eran esas cosas, pero ciertamente no iba a tocarlas, quién sabía lo que pudieran hacer. Conociendo lo chiflado que estaba Lovegood, posiblemente sería algún tipo de planta carnívora que comería dedos humanos. Llegamos a la puerta de entrada y observo que debajo de la aldaba alguien había colgado un cartel pintado a mano, muy prolijo y colorido, y que tenía el dibujo de los árboles que rodeaban la casa junto a una advertencia escrita en una caligrafía redondeada. La misma rezaba: "Cuidado con las ciruelas dirigibles". Así que así se llamaban esas cosas. Interesante.

Adrian rueda los ojos al ver el cartel y se apresura a tocar la aldaba. Me paro derecho y obligo a mi expresión facial a permanecer neutral, aunque eso es lo único que consigo hacer para calmar mis nervios antes de que la puerta se abra y por ella asome una mujer de largo cabello rubio, piel pálida y ojos grises. Los rasgos de la mujer podrían haberla hecho pasar por un pariente mío, pero la mirada soñadora que tenían esos ojos muy saltones era suficiente para confirmar que ella no era una Malfoy.

Luna Lovegood. La mujer en la puerta era Luna Lovegood, la misma chica extraña e inocente que había estado retenida en contra de su voluntad en los calabozos de la mansión cuando el Lord Sin Nariz se apoderó de nuestra casa. Genial. Simplemente genial. Justo lo que necesitaba en estos momentos, un jodido recordatorio de todos los errores que había cometido mi familia durante la guerra. No tenía ninguna superficie que pudiera reflejarme, aunque no necesitaba de una para saber que todo el color había abandonado mi rostro y que mis ojos debían encontrarse abiertos en conmoción y con algo de pánico. Y aunque intento reprimir mis emociones, no puedo evitar tener una desagradable sensación de que esto no podía salir bien de ninguna manera. Extrañamente, Lovegood no se veía incómoda por tenerme en su casa; de hecho, era todo lo contrario. Ella estaba parada en el umbral de la puerta, con la cabeza ligeramente ladeada, y portando una sonrisa que era amable y algo soñadora. Era como si Lovegood ni siquiera se hubiera dado cuenta de quién había tocado a su puerta o, si lo había notado, había elegido no comentar nada al respecto.

─Hola. Me alegra que pudieran haber encontrado mi casa con facilidad ya que en esta época los Torposoplos pueden afectar la orientación de las personas con mayor facilidad.

¿Qué diablos era un Torposoplo? No, olvídalo. No quiero saber, porque eso de seguro me llevaría a una interminable explicación de una criatura imaginaria por parte de Lovegood. Doy un rápido vistazo por el rabillo del ojo para ver si Adrian también estaba igual de confundido que yo, y afortunadamente para mi cordura, él poseía la misma expresión de desconcierto y confusión que de seguro yo tenía plasmada en mi rostro. Sin embargo, Lovegood no parece perturbada por ello y simplemente se aparta de la puerta para dejarnos pasar.

─Por favor, entren.

Volvemos a intercambiar una mirada con Adrian para armarnos de paciencia e ingresamos en el interior de la casa. Y lo que se presenta frente a nuestros ojos, una vez que conseguimos pasar el umbral de la puerta, podría haber dejado en ridículo al colorido exterior de la casa. La sala de estar no era demasiado amplia y parecía estar abarrotada de una infinidad de adornos y plantas aún más extraños y coloridos que el árbol de ciruelas dirigibles. En una de las paredes había una gran chimenea de ladrillos que tenía una repisa repleta de marcos de fotos en los que se podía ver a Luna con quienes parecían ser su esposo e hijos. Junto a estos había algunos que tenían fotos de lo que sólo podía asumir que eran familiares y amigos; y desde esta distancia, me parece haber visto en una de éstas a la inconfundible cabellera despeinada de Harry. Una sonrisa quiere apoderarse de mi rostro al ver que, incluso sin estar presente, Harry se las había arreglado para acompañarme en esto y sin pretenderlo. Sacudo la cabeza para apartarla de estos pensamientos y continúo viendo todo lo que me rodea.

El resto de la sala estaba compuesta por un gran sofá que tenía un tapizado muy colorido en tonos rosas, violetas y naranjas, aunque eso no era lo que más llamaba mi atención. No, lo que me inquietaba sobremanera eran los extraños bultos que parecía tener el relleno del mismo. ¡¿De qué diablos estaba compuesto ese sofá?! Totalmente perturbado por esa visión, poso la vista en las dos otomanas que había a los lados del sofá y descubro que éstas también tenían bultos y estaban hechas con los mismos colores de tapizado. Una desgastada mesa de café estaba en el centro, pero no había alfombras recubriendo el suelo. Las paredes no tenían cuadros a la vista, aunque ciertamente no los necesitaban, ya que habían sido pintadas en estrafalarios colores para representar diferentes figuras o paisajes. Y si bien observarlas durante demasiado tiempo podía ser abrumador, no se podía negar que quienquiera que las hubiera pintado tenía muchísimo talento. En resumen, la casa de Lovegood era por demás extraña, pero tenía una especie de calidez que te hacía sentir seguro y reconfortado al instante.

─Por favor, tomen asiento. Les traeré té. Estaba terminando de prepararlo cuando ustedes llegaron.

La veo trasladarse por una puerta a la derecha de la chimenea y no puedo evitar notar que Lovegood parecía caminar como si estuviera dando pequeños saltos en el aire. Era muy similar a la forma en la que saltaban algunos niños cuando jugaban a no pisar las grietas del suelo. Teniendo la certeza de que quizás ella pudiera estar haciendo eso por un irrisorio motivo como ese, sacudo la cabeza una vez más y me arriesgo a tomar asiento en el sofá que tenía bultos raros. Para mayor sorpresa, el asiento de este era cómodo y los peculiares bultos se adaptaban a la perfección a mi trasero para producir una mayor comodidad. Nada mal. Quién lo hubiera dicho, ¿verdad?

Lovegood regresa con tres grandes tazones en una bandeja y la coloca sobre la pequeña mesa de café. Nos entrega uno a cada uno, y cuando miro dentro de la taza, descubro que el té que ella había preparado tenía un color similar al de las remolachas y desprendía un olor intenso que no podía ubicar del todo. No era desagradable, pero ciertamente no era algo que elegiría oler por mi cuenta. No queriendo lucir como un irrespetuoso, tomo la taza y bebo un poco de ese extraño té.

Y realmente debo hacer un esfuerzo sobrehumano para no escupírselo en la cara.

El té que Lovegood estaba tomando con tanto gusto era, posiblemente, la cosa más desagradable que hubiera bebido en mi vida; a tal punto, que ni siquiera podía encontrar palabras adecuadas para describirlo. Adrian parece haberse percatado de mi asqueada expresión, porque se apresura a bajar el tazón que había llevado a sus labios y lo vuelve a dejar sobre la mesa de café sin haberle dado ni un sorbo. Tratando de desviar la atención del hecho de que había dejado su taza intacta, Adrian se apresura a dirigirse a Lovegood con ese educado tono que siempre empleaba para obtener lo que quería.

─No quiero sonar grosero, señorita Lovegood…

─De hecho, soy la señora Scamander ahora, pero pueden llamarme Luna.

Luna interrumpe a Adrian para decir esto y bebe otro sorbo de ese repugnante té como si fuera la bebida más grandiosa del universo. Asqueroso. Adrian asiente y continúa su explicación como si no hubiera sido interrumpido; y se lo debo reconocer al bastardo, tenía una paciencia infinita.

─Luna. Claro. Como estaba diciéndote, tenemos una entrevista para El Quisquilloso, pero desde la editorial deben haberme dado mal las coordenadas de aparición.

─Oh, no. No se equivocaron. Están en el lugar correcto. ─Lovegood nos observa con ojos saltones y vuelve a tomar algo de té, antes de terminar de explicarse. ─Yo seré quien entreviste a Draco. Desafortunadamente, mi padre no pudo hacerlo en persona porque se encuentra enfrascado en un viaje por los bosques de Escocia. Al parecer, han avistado un Snornacks de cuernos arrugados allí.

Adrian me da una mirada que parecía transmitir lo muy demente que le parecían los Lovegood, pero no hace más que asentir en dirección a la mujer frente a él. Después de que pasa un incómodo silencio, Adrian se levanta del sofá y dice algo que hará que mi alma caiga a mis pies.

─Bueno, en ese caso, los dejaré tranquilos para que sigan adelante con la entrevista. Me gustaría quedarme, pero desafortunadamente me requieren en la editorial para otro trabajo. Espero que sepas disculparme, Luna.

De inmediato, giro mi cabeza y le lanzo una mirada suplicante y desesperada a Adrian para que no me deje solo con Lovegood, pero siendo el absoluto imbécil que es, Adrian ignora por completo mis plegarias y da unos pasos hacia adelante para darle un educado apretón de manos a la mujer sentada en una de las otomanas.

─No hay ningún problema. Draco y yo podremos hacer la entrevista sin inconvenientes.

─Perfecto. Muchas gracias, Luna. Estaremos en contacto.

Y con eso dicho, Adrian va hacia la puerta de entrada y nos deja solos. El silencio que se extiende por la sala es sumamente desagradable, pero nada se compara con la incomodidad que me estaba haciendo sentir la forma con la que Lovegood estaba observándome. Su cabeza estaba ligeramente inclinada hacia la derecha, y sus ojos grises estaban muy abiertos y tenían plasmados en ellos una expresión de curiosidad. Me siento remover en el sofá debido a la intensidad con la que esa mirada parecía estar taladrándome el alma, por lo que trato de buscar algo con lo que entretenerme. En mis manos aún tenía la taza con ese espantoso té. No creyendo que esto pudiera empeorar la situación, decido mantenerme ocupado al beber ese extraño brebaje. Al menos podría usar la excusa de estar tratando de tragar ese repugnante té (sin vomitar en el proceso, claro está) para calmar mis nervios. Bebo todo el contenido lo más rápido que puedo y tratando de no saborear, pero es casi imposible de hacer. Afortunadamente, el té se había enfriado un poco y su sabor ya no era demasiado desagradable. Sí, seguía siendo la cosa más espantosa que había bebido en la vida, pero al menos ya no sentía arcadas en mi garganta al tomarlo.

Cuando termino el contenido de la taza, la dejo sobre la mesa y me atrevo a mirar a Lovegood, aunque lo que veo me deja más confundido de lo que ya estaba. Frente a mí, Lovegood estaba observándome con una atónita mirada en sus ojos saltones y tenía la boca abierta en un asombrado círculo. ¿Qué la había sorprendido tanto? Por fortuna, no tengo que devanarme los sesos pensando en ello, porque de inmediato ella vuelve a inclinar la cabeza con curiosidad y comienza a hablar con un soñador tono.

─Estoy impresionada. La mayoría de las personas no pueden soportar el sabor el té de gurdirraíz, el cual es mi favorito. De hecho, ninguno de mis otros amigos es capaz de tomarlo sin tener arcadas.

¡Y con sobrados motivos a nadie le gustaría tomar esa cosa espantosa! No me sorprende que todos sus amigos tengan arcadas de sólo verlo. Los Gryffindors como Harry eran valientes, sí, pero había una diferencia muy grande entre hacer las cosas por valentía, y otra muy distinta a hacerlas por estupidez. Al menos podía contentarme con saber que Harry tenía un mínimo de sentido común como para no aceptar beber esta cosa.

No queriendo darle a entender que, en realidad, encontraba su té favorito como una completa aberración a la naturaleza en caso de que ella lo encontrara ofensivo, poso la vista en la extravagante sala y trato de hallar otra forma de brindarle un cumplido. Sin embargo, la explosión de colores que me rodea es tan abrumadora que sólo consigo dejar salir un lamentable: ─Tienes una casa muy… colorida.

Lovegood no parecía ofendida por mi patético intento de darle un cumplido. De hecho, sonríe abiertamente y como si le hubiera dicho que su casa era el palacio más exquisito del mundo. Los amigos de mi gatito eran, sin duda alguna, las personas más extrañas del mundo.

─Muchas gracias, Draco. Eso es muy amable de tu parte. ─Lovegood me da una agradecida sonrisa y se levanta para buscar un anotador y una pluma de pavo real autoentintable de un pequeño mueble que no había notado junto a la ventana. Cuando tiene todo listo, vuelve a sentarse en la otomana, y dice: ─Si te parece bien, podemos comenzar con la entrevista.

Asiento con fervor y agradezco internamente el poder comenzar con esto cuanto antes. No creía que pudiera ser capaz de soportar mucho más de todo esto sin perder la cordura en el proceso. Tomo una profunda inspiración y me preparo internamente para lo que de seguro sería un largo interrogatorio sobre mis intenciones para con Harry, antes de que pudiéramos pasar a la verdadera entrevista. Sin embargo, descubro con satisfacción que mis suposiciones acerca de Lovegood estaban plagadas de prejuicios y no eran para nada acertadas.

─¿Por qué decidiste convertirte en un escritor?

La coherente y nada maliciosa pregunta que me ha hecho me deja completamente petrificado en el lugar y con una expresión sorprendida en mi rostro. De todas las personas que podrían haberme entrevistado, nunca creí que fuera Luna Lovegood quien lo haría empleando preguntas razonables y lógicas. Sintiendo una mayor confianza por este hecho, me aclaro la garganta y comienzo a responderle lo más sinceramente que puedo.

─Ocurrió hace cinco años atrás. Habían asesinado a mis padres en mi mansión, y habían asignado a Harry como el Auror a cargo del caso. Él… estuvo allí para mí durante todo el proceso. Al principio creí que sólo lo hacía por esa inagotable amabilidad que él tiene. Supongo que él… podía sentirse relacionado conmigo. Ya sabes, ambos habíamos perdido a nuestros padres y todo eso. Así que no me sorprendió en lo absoluto que él hubiera estado dispuesto a dejar el pasado detrás e intentar entablar un cordial trato conmigo. Al menos eso era lo que yo creía que él pensaba. Es por eso que, cuando Harry terminó de resolver el caso de la muerte de mis padres, supuse que él ya no querría tener nada que ver conmigo. ¿Por qué lo haría? Él sólo había sido amable conmigo porque yo había perdido a mis padres y me encontraba verdaderamente solo por ese entonces. En ese momento, no había podido ser capaz de ver cuánto se preocupaba Harry por mí.

Hago una pausa en mi relato y me quedo con la mirada perdida sobre la chimenea, mientras siento arremolinarse en mi pecho todas esas desgarradoras emociones que había sentido cuando creí que no volvería a ver a Harry después de ese día. Sin embargo, me fuerzo a salir de ese ensimismado estado y continúo con la historia.

─Para esas alturas, yo ya había comenzado a tener sentimientos por Harry. Y como la mansión sólo me traía recuerdos dolorosos, decidí mudarme al mundo muggle; aunque nunca se me ocurrió avisarle a Harry de mi decisión. ¡Gran error! Porque unos días después recibí una lechuza de él diciéndome que había ido a la mansión a verme, pero que no había podido encontrarme. Harry realmente lucía preocupado por mí en esa carta, así que le escribí diciéndole dónde me encontraba. A la media hora, lo tenía golpeando en mi puerta y reprendiéndome por no haber dicho nada. Creo que ese fue el momento exacto en el que me di cuenta de que Harry me consideraba como uno más de sus amigos, por muy extraño que eso sonara.

Sonrío al recordar algunos de los momentos vividos durante nuestros primeros meses de amistad e inspiro para terminar de contar el origen de mi vocación como escritor.

─Los meses pasaron y nuestra relación se volvió en una verdadera amistad, pero, para ese entonces, yo ya me había enamorado perdidamente de él. Desafortunadamente, Harry le había pedido matrimonio a Weasley, y yo no pude hacer nada más que ocultar lo que sentía por él y seguir interpretando el papel de un amigo. No iba a ser yo quien se interpusiera en su relación. Había aceptado guardar mis sentimientos por Harry y dejarlo ser feliz junto a la persona a la que le había pedido pasar el resto de su vida con él. ─Mis dientes se aprietan con rencor ante esto, en especial al recordar la forma en que esa perra había mantenido a Harry junto a ella en contra de su voluntad, pero no dejo que nada de mi odio hacia Weasley escape de la imperturbable máscara Malfoy, y termino de responder a su pregunta. ─No tengo muy en claro el por qué decidí comenzar a escribir. Sólo sé que necesitaba encontrar una forma de sacar de mi pecho todas esas emociones y sentimientos que tenía por Harry y que jamás podría decirle en persona, al menos no sin arruinar por completo nuestra amistad; pero así es como comencé a escribir. Para ese entonces, ya estaba bastante familiarizado con la tecnología muggle, por lo cual no me fue difícil usar una computadora para plasmar todos mis pensamientos y emociones por Harry a través de la única forma en la que podría hacerlo en la vida real. Así surgió la historia de "Constelaciones". Así nació la historia de Etamin y Leonis.

Termino de contar esta historia, y por el rabillo del ojo puedo ver que Lovegood estaba sonriéndome con tanta amabilidad y algo de tristeza, a tal punto que era abrumador. Ella no parecía haber notado lo mucho que me incomodaban sus intensas miradas, y simplemente termina de apuntar todo en su anotador y pasa de página. Luego, eleva la vista y vuelve a preguntar algo en un soñador susurro.

─Estoy en lo cierto al asumir que Etamin y Leonis son una representación literaria tuya y de Harry, ¿verdad? ─Asiento para hacerle saber que estaba en lo cierto, y espero a que me haga la verdadera pregunta. ─¿Todos los otros personajes también están basados en personas reales y lo que sientes por ellas?

─No, no del todo. Es decir, sí, muchos de mis personajes fueron creados tomando como inspiración aspectos físicos de personas reales, pero las acciones, morales y emociones que se vislumbran a través de estos personajes ficticios no fueron basados en características reales de estas personas. Todo lo que ocurre en los libros fue creado en base a mi imaginación y no tiene ninguna correlación con hechos de la vida real.

Lovegood asiente y me da otra de esas sonrisas que derrochan amabilidad, y por extraño que parezca, me noto relajarme contra el sofá y esperar con gran anticipación por su siguiente pregunta. Esto estaba resultando mejor de lo esperado.

─¿Por qué decidiste publicar bajo un seudónimo?

Bajo la vista a mi regazo y me siento tensar ante esa pregunta. Sabía que tendría que responderla, después de todo, para eso estaba aquí; aunque eso no hace que las cosas sean más simples. Tomando una fuerte inspiración, cierro los ojos por unos segundos y comienzo a contar todos los motivos por los que se creó Dylam Rocafo.

─Bueno, el principal de ellos fue porque nadie hubiera querido darle una oportunidad a un libro escrito por un ex Mortífago. Desde que la guerra terminó, la mayoría de los hijos de Mortífagos, o aquellos que pertenecimos a la casa Slytherin en Hogwarts, hemos sido víctimas de ataques y discriminación por parte del resto de la sociedad mágica. Así que era algo obvio que nadie hubiera querido publicar algo escrito por mí cuando eso no les generaría ventas. Afortunadamente, tenía un amigo trabajando en una editorial y él pareció reconocer que tenía talento para la escritura, por lo cual me ofreció una solución a mi problema. Escribir bajo un seudónimo. Eso no sólo iba a garantizar que las personas le dieran una justa oportunidad a mi escritura, sino que, además, podría brindarme (por ese entonces) la facilidad de mantener ocultos mis sentimientos por Harry sin que corriera riesgo nuestra amistad. ─Hago una pausa en mi relato, preguntándome si decir el otro motivo por el que había guardado el secreto. Finalmente, tomo la decisión de hacerlo. Quizás con ello pudiera evitar que le cayeran a Harry encima. ─El otro motivo fue porque tenía miedo de que, si la verdad salía a la luz, Harry iba a enfadarse por el hecho de que me viera forzado a escribir bajo un seudónimo sólo porque la sociedad tuviera prejuicios. Sé de primera mano cuán protector es con aquellas personas a las que considera verdaderos amigos, por lo tanto, no quería que el resto del mundo tomara represalias con él sólo porque Harry hubiera salido en defensa mía. Para mí, siempre ha sido mucho más importante su felicidad que la mía.

Lovegood vuelve a sonreír ante esto y asiente para ella misma, a la vez que termina de anotar algo en su libreta. Luego, eleva la vista, y dice: ─Cuéntame un poco sobre tu relación con Harry.

Al escuchar esto, mi cuerpo se tensa como la cuerda de un violín. No estaba seguro de querer, o siquiera poder, responder a esta pregunta. Lovegood parece notar mi vacilación, porque de inmediato se apresura a aclarar algo.

─No tienes que responder si no quieres. Sólo cuéntame lo que tú consideres que es adecuado decir y aquello con lo que Harry se sentirá seguro de exponer.

Al escuchar estas palabras tranquilizadoras, le doy un asentimiento para hacerle saber que estaba de acuerdo y espero a que ella vuelva a hablar.

─¿Cuándo empezaste a salir con él? ¿Harry todavía seguía con Ginny cuando comenzaron a salir?

─No, él ya había roto su compromiso con Weasley cuando comenzamos a salir. Es sólo que él no dijo nada sobre eso a la prensa. Ya sabes cómo es, detesta que su vida privada se haga de público conocimiento. Y no tengo en claro el momento exacto en el que nos convertimos en una pareja, pero puedo decirte que nuestro primer beso fue en la madrugada de esta Navidad que pasó.

Lovegood sonríe abiertamente ante esto, y mientras anota mi respuesta, dice unas palabras que me tranquilizan más de lo que hubiera creído. No sabía por qué no quería que esta extraña mujer tuviera un mal concepto de mí, pero al parecer así era, ya que estaba haciendo lo mejor que podía para que caerle bien.

─Me alegra oír que Harry no ha engañado a Ginny.

Y es instantáneo. Mis dientes vuelven a rechinar al escuchar el nombre de esa maldita arpía y un irritado gruñido se cuela sin mi consentimiento de mi boca. Lovegood me observa con asombro y algo de curiosidad, antes de preguntarme por el motivo de mi exagerada reacción.

─No te agrada Ginny, ¿verdad? ─Lovegood deja el anotador y la pluma en su regazo, y me observa con curiosidad durante unos segundos más, antes de preguntar: ─¿Por qué no?

¿Y qué, en el nombre de Merlín, se suponía que debía decirle más que la verdad? No había forma de esquivar a su pregunta sin responder con la verdad. Y ella de seguro podría malinterpretar todo si me negaba a responderla. Sin embargo, eso no significaba que yo pudiera decirle toda la verdad. No habíamos hablado con Harry acerca de qué haríamos si una situación como esta surgía. Lo sé, había sido una estupidez no hacerlo en especial cuando sabíamos que yo iría a una jodida entrevista para una revista. En mi defensa diré que toda la culpa había sido de mi adorable y descarado gatito, el cual no había hecho otra cosa más que ser insaciable después de haber perdido la timidez inicial de nuestros primeros encuentros sexuales. No queriendo perderme en recuerdos de nuestra intensa vida sexual, los cuales podrían comenzar a despertar cierta parte de mi cuerpo, en especial cuando sería algo inapropiado de hacer frente a una de las amigas de Harry, aparto la mente de esos pensamientos y me pregunto qué hacer a continuación.

¿Realmente podía confiar en que Lovegood no diría nada si le contaba la verdad? ¿Acaso ella me creería de hacerlo? No tenía muy en claro de dónde surgían estos pensamientos, pero algo me decía que sí. Sí podía confiar en esta extraña mujer. Sí podía confiar en que, si se lo pedía, ella no publicaría nada de la verdad sobre lo ocurrido con Weasley. Con renovada determinación, elevo la vista y la poso en los expresivos ojos de Lovegood, antes de comenzar a hablar con un firme tono de voz.

─Voy a decirte la verdad, pero tienes que prometerme que no le dirás nada a nadie de lo que te cuente. Si no lo haces por mí, al menos hazlo por Harry. No estoy seguro de que él quiera decir algo de esto aún, pero tienes derecho a saber lo ocurrido ya que es cuestión de tiempo antes de que la verdad salga a la luz. Además, ellos son tus amigos, después de todo. Te mereces saberlo de la fuente principal y no debido a un artículo de El Profeta.

─Te lo prometo. No le diré nada a nadie de lo que me digas, ni publicaré nada de ello a menos que me des permiso para hacerlo.

La solemne mirada que Lovegood me dirige es lo que termina de convencerme para tomar valor y contarle todo lo ocurrido con la chica Weasley. Suelto el aire que ni siquiera recordaba haber retenido, y comienzo a contarle la forma en la que Weasley había forzado a Harry a estar con ella bajo el empleo de Amortentia, y cómo yo había ayudado a Harry a comprobar esto. Le digo sobre la amenaza que me había enviado por lechuza y cómo había sido ella quien había delatado mi identidad secreta en El Profeta; y también le cuento sobre la forma en la que me había secuestrado y forzado a apartarme de Harry para siempre. Cuando termino de narrar la manera en la que Harry había podido rescatarme, elevo la vista y la poso en Lovegood, quien me había estado escuchando pacientemente y sin interrumpirme. Lo que veo al conectar nuestras miradas es algo casi desgarrador. Sus ojos estaban vidriosos y teñidos de absoluta tristeza, la cual se mezclaba con algo de resignación. Y justo cuando creía que ella se pondría a llorar desconsoladamente, me sorprende una vez más y comienza a hablar sin vacilación alguna.

─Sabía que Ginny no se encontraba del todo bien, pero nunca creí que fuera a ser tan malo. Ella nunca ha vuelto a ser la misma desde la guerra, aunque eso no justifica en lo absoluto todo el daño que te ha hecho a ti y a Harry. En verdad lo lamento. Y quiero que sepas que, tanto tú como Harry, pueden confiar en mí para lo que necesiten.

Lovegood se estira hacia adelante y me toma de la mano en un reconfortante gesto, a la vez que me sonríe de esa forma amable que era capaz de producirme una inexplicable paz interior. No tenía idea de en qué momento mi garganta se había convertido en un doloroso nudo, pero sólo soy consciente de ello cuando intento agradecerle y mis palabras salen en una especie de ahogado jadeo.

─Gracias.

Lovegood me sonríe con amabilidad y me da un último apretón en la mano, antes de volver a tomar el anotador y la pluma.

─Si te parece bien, voy a hacerte una última pregunta.

Asiento para hacerle saber que estaba de acuerdo y aguardo por su pregunta. Lovegood me observa con esa amable sonrisa que la caracterizaba, y dice: ─¿Cuándo te diste cuenta de que te habías enamorado de él?

Me quedo en silencio por unos cuantos segundos, preguntándome a mí mismo cómo responder a una pregunta para la que ni siquiera yo tenía una respuesta. Lovegood no parece tener intenciones de presionarme y sólo se dedica a observarme pacientemente. Cuando creo que mi razón no vendrá en ayuda para brindarme una respuesta, dejo que la parte más emotiva de mi ser tome el control y responda de la mejor manera que puede.

─Yo… honestamente no puedo decirte el momento exacto en el que me enamoré de Harry. Supongo que fue debido a un sinfín de aspectos y características que lo hacen ser tan único… tan especial. Hay muy pocas cosas que hoy en día no me gusten de él y, aun así, he llegado incluso a amar sus defectos. Así que no puedo ponerle una fecha al momento en el que me enamoré de Harry, pero sí sé exactamente cuándo comencé a tener sentimientos que iban más allá de la tensión sexual. Fue durante la guerra, en el momento en el que los carroñeros lo habían capturado y llevado a mi mansión. Yo… ─Hago una pausa cuando siento mi voz quebrarse con este recuerdo, en especial porque la mujer a mi lado sabía mejor que nadie de lo que estaba hablando; después de todo, ella había sido una de las prisioneras de mi mansión. Cierro los ojos con fuerza y me obligo a terminar de relatar algo que creí que jamás tendría que confesarle a nadie, mucho menos a todo el mundo mágico en una entrevista para una revista. ─Yo no pude delatar a Harry a pesar de haberlo reconocido. Era imposible que no lo hubiera reconocido, siendo que me había pasado gran parte de mi vida aprendiendo cada pequeño rasgo y característica de él producto de la infantil rivalidad que manteníamos. Y a pesar de todo el nefasto pasado que teníamos detrás que hubiera ameritado entregarlo, no pude hacerlo. Yo… no quería que él muriera. De hecho, era todo lo contrario. Quería que ganara la guerra y destruyera a Vol…Voldemort de una vez por todas. Aun si eso hubiera significado que mi familia caería en desgracia, aun así, quería que él saliera con vida de mi casa. No sé bien por qué no quería que él muriera en ese entonces, sólo sé que, en cuanto vi los ojos verdes de Harry implorándome porque no los delatara, sentí un extraño dolor en el pecho y a mi estómago retorcerse impaciente, como si tuviera cientos de hadas dentro de él, por muy cliché que eso suene. Supongo que podría decirse que ese fue el momento en el que empecé a tener sentimientos por él.

Termino mi explicación con la mirada perdida en la chimenea, y cuando me giro hacia Lovegood, la encuentro sonriéndome abiertamente y con algo que se asemejaba a la ternura.

─Creo que con esto es suficiente. Ahora sólo necesito una foto tuya y de Harry que podamos publicar, porque no podemos utilizar la que les tomó el camarógrafo de El Profeta.

Trato de pensar si Harry y yo teníamos alguna foto que darle, y es entonces donde recuerdo el marco que habíamos colgado en la pared de nuestra sala de estar. Sin duda esa era la única foto que tenía con Harry y que podría servir para colocar en la entrevista; pero había un pequeño inconveniente. La foto no tenía movimiento porque era muggle. Y así se lo hago saber a Lovegood.

─Tengo una que podrías usar, pero no estoy seguro de que pueda servirte.

─¿Por qué crees eso?

─Porque fue tomada en un parque de diversiones muggle, así que no tiene movimiento.

─Creo que sería perfecta, en especial si puedes contarme algo más acerca del día en que la tomaron.

─Mmm… claro.

Hago una pausa para pensar en ese día en específico y comienzo a explicarle cómo nos habíamos tomado una foto en un parque de diversiones muggle.

─La foto fue tomada dos años atrás. Harry había venido a mi casa para pasar la tarde conmigo. No tengo idea de cómo pasamos de estar comentando sobre el último partido del Puddlemere United, a enumerar las cosas que nunca habíamos hecho y que nos gustaría hacer. Harry fue quien me dijo que nunca había estado en un parque de diversiones muggle, pero que siempre había querido ir a uno. Y como yo estaba pasando por una etapa en la que me fascinaban todas las formas ingeniosas en las que los muggles reemplazaban a la magia, quise conocer un parque de diversiones en el mismo momento en el que él me comentó para qué eran esos tipos de lugares. Así que lo convencí de que fuéramos a uno. Nos subimos a todos los juegos que tenían, y más de una vez en algunos casos. Cuando estábamos por irnos, Harry vio uno de esos puestos donde puedes sacarte fotos e imprimirlas, por lo que me insistió en que debíamos tomarnos unas fotos graciosas en él. Y como en ese entonces estaba tan perdidamente enamorado de él y sin tener esperanzas de que él algún día pudiera corresponderme, acepté hacer como Harry quería sólo para complacerlo. Al parecer eso es lo único que aún sigo pudiendo hacer. Es hasta casi irritante la forma en la que sé que nunca podría negarme a hacer nada que él quiera hacer.

Lovegood me observa con esa amable sonrisa y sus ojos se llenan de tanta calidez que es casi palpable, antes de cerrar el anotador y decir: ─Esa historia quedará perfecta con la foto. Si puedes, envíame una copia a través de la Red Flu. Te daré acceso a mi chimenea para que puedas dármela.

─Claro. Gracias, Lovegood.

─Por favor, llámame Luna.

─Luna. Gracias, Luna.

Le doy una agradecida sonrisa a Luna y me pongo de pie para volver a mi apartamento. Luna deja el anotador y la pluma sobre la mesa de café e imita mi acción para poder guiarme hasta la salida. Una vez que paso el umbral de la puerta, Luna me da otra amable sonrisa, y yo no puedo evitar observarla con culpa y mucho arrepentimiento por todos los horrores que esa chica había vivido en los calabozos de mi mansión, y sin que yo hubiera hecho nada para ayudarla. Realmente había sido un jodido cobarde en el pasado. Bueno, era hora de remediar eso, ¿verdad?

Sí, era cierto que jamás podría ser igual de audaz que Harry, pero al menos podía hacer el intento de reunir la poca valentía que tenía para brindarle una adecuada disculpa a esa mujer que tanto había sufrido en la que solía ser mi casa, en especial cuando ella sólo me había estado mostrando amabilidad a lo largo de todo el día.

─Yo… yo sólo quería decirte que lamento todo lo que ocurrió durante la guerra. Todo lo que tuviste que sufrir cuando te tuvieron retenida en mi mansión. Lamento no haber sido lo suficientemente valiente para ayudarlos a escapar a ti y a los otros prisioneros. Sé que no merezco tu perdón, y también sé que no tienes motivo alguno para creerme, pero lo digo en serio. En verdad estoy arrepentido de mis acciones.

Luna me observa con tanta amabilidad y aprecio a través de esos expresivos ojos grises por lo que debió de haber sido una eternidad, antes de darme una agradecida sonrisa que parecía ser capaz de iluminar por completo toda la sala. ¡A la mierda con los colores extravagantes de su casa! Su sonrisa era capaz de brillar incluso más que estos.

─Aprecio mucho tu disculpa, Draco. Y por supuesto que las aceptaré, pero no tienes que sentirte culpable por lo ocurrido mientras estuvimos en tu casa. Yo no te culpo por nada de eso. De hecho, es todo lo contrario.

Le doy una incrédula mirada al oír esto, pero ella no parece estar de acuerdo conmigo y se apresura a explicarse.

─Es verdad. Tú fuiste alguien primordial para que mantuviéramos nuestra cordura en ese calabozo. Recuerdo que, cada vez que te tocaba llevarnos la cena, la comida siempre era deliciosa y tú te encargabas de que las raciones que nos traías fueran más generosas. Además, solías traernos libros siempre que podías. Incluso fuiste capaz de colarnos un juego de ajedrez. Si no nos hubieras dado todo eso, es probable que no hubiéramos salido cuerdos de allí.

Luna termina su explicación con otra de esas sonrisas amables y que estaban destinadas a tranquilizar, pero lo único que yo puedo sentir es una gran vergüenza extendiéndose por todo mi pecho al escuchar de su boca lo pobres intentos que había hecho para facilitarle la estancia de prisionera. Sin embargo, Luna parece ser sincera al expresar su convicción de que mis patéticas tentativas por actuar como una mejor persona les habían salvado su sanidad mental, por lo que acepto creerle. Después de todo, ¿con qué propósito me mentiría?

Con un gran peso retirado de mis hombros, observo a la extraña amiga de Harry en silencio durante unos segundos, y dejo salir unas palabras que esperaba que pudieran ser capaces de expresar toda la gratitud que estaba sintiendo.

─Gracias por haberme brindado la oportunidad de dar mi versión de la historia en tu revista. No tienes idea de lo mucho que significa para mí.

─No tienes nada que agradecerme, es mi trabajo; o al menos lo será cuando mi padre se retire.

Luna suelta una infantil risita ante esto, y no puedo evitar pensar que esta sonaba casi igual al sonido que hacían las campanas de viento. Extraño, pero bastante adorable a la vez. Sacudo la cabeza ante esos perturbadores pensamientos que me asaltan y extiendo la mano para despedirme de Luna. No obstante, me quedo petrificado en el lugar cuando ella ignora mi mano y simplemente se lanza hacia adelante para darme un fuerte abrazo. Estaba tan aturdido por su inesperado movimiento, que no puedo hacer nada más que quedarme estático en el lugar y sin poder devolverle el gesto. Luna parece notar mi incomodidad, porque de inmediato se aparta de mí y me da una última sonrisa, antes de decir algo con ese soñador tono de voz que tanto la caracterizaba.

─No olvides enviarme la foto. Hasta luego, Draco. Saluda a Harry de mi parte, ¿quieres?

Asiento aturdido a su petición, aunque ésta no parecía haberse registrado del todo en mi cerebro. Luna, por su parte, me hace un gesto de despedida con la mano y cierra la puerta de su casa. Me quedo petrificado unos segundos más en la entrada de su casa, antes de conseguir escapar de mi aturdido estado y desaparecerme a mi apartamento.

Esa, sin lugar a dudas, había sido una de las experiencias más extrañas de mi vida.


Notas finales: espero que les haya gustado. Lo admito, soy alguien que shippea fuertemente el Druna friendship. Así que tenía que encontrar una forma de incluir algo de ello en esta saga. ¿Ustedes también shippean una amistad entre Luna y Draco? Déjenme sus opiniones en un comentario. ;)

En cuanto al capítulo en sí, traté de describir a Luna de la forma más canon posible, pero fue realmente difícil. Luna Lovegood es un personaje con una personalidad muy compleja de describir sin caer en un completo OoC. De todo corazón, espero que su personalidad haya estado acorde a la de una Luna Lovegood adulta.

Ahora sí, me despido. Nos leemos el próximo fin de semana.