Resumen: Tercera parte de la serie "Constelaciones". Con la amenaza de Ginny eliminada, Draco y Harry finalmente pueden disfrutar de su relación en paz; pero, ¿es eso realmente cierto? Ambos descubrirán que los problemas están lejos de terminar. ¿Podrá el amor vencer todos los obstáculos que se les presenten? ¿O esta relación estará condenada a no tener un final feliz? DRARRY
Disclaimer: el universo de Harry Potter no me pertenece, todo es propiedad de Rowling y Warner Bro.
Notas de autora: ¡Hola a todos! Antes de dejarlos con el capítulo de hoy, quiero agradecerles por sus alertas y favoritos. Especialmente, quiero dale mi infinito agradecimiento a xonyaa11 por haberse tomado el tiempo de comentar. Ahora sí, los dejo leer. Espero que lo disfruten.
Advertencias: el capítulo contiene una muy leve mención al non-con debido a que hay caricias y toques no consensuados hacia uno de mis personajes originales. Por favor, proceder en la lectura con el debido cuidado si crees que esto podría generar algún tipo de disparador o desencadenante. La advertencia está dada y queda a tu total responsabilidad continuar leyendo.
Además, el capítulo contiene hacia el final sexo oral y anal explícito (top Draco y bottom Harry).
Cosmos: Una historia de amor sin precedentes
4 de enero de 2011
Reaparezco en la sala de estar de nuestro apartamento dando un vergonzoso tumbo, con lo cual debo aferrarme al sofá que tengo a mi derecha para no caer de rodillas al suelo. Cuando consigo recuperar el equilibrio y mi mente se despeja por completo del estado de estupor al que había caído, voy hasta quedar frente al marco que habíamos colgado con Harry y lo quito de la pared. Una vez hecho esto, saco la foto del portarretratos y lanzo un hechizo para duplicarla. Vuelvo a poner la fotografía original en el marco y nuevamente lo cuelgo de la pared. Tomo la copia y la llevo hasta la chimenea para poder enviársela a Luna, pero primero necesito conectar nuestras chimeneas. Realizo el hechizo para conectarlas y descubro con satisfacción que ella había sido sincera cuando dijo que me daría acceso a su hogar, porque de inmediato la chimenea se conecta a la de ella y sin que tuviera que esperar a que ella aceptara mi Red Flu.
Con renovada confianza, tomo un poco de Polvos Flu y los arrojo hacia la chimenea. Luego de que el fuego se torna de color verde, me inclino hacia éste, y digo: ─¿Luna? ¿Estás allí?
Sólo debo esperar unos pocos segundos, porque de inmediato aparece el rostro soñador de Luna en las llamas de la chimenea; y no creía que fuera posible, pero el brillo que provoca la conexión Flu hace ver los ojos de Luna aún más saltones.
─Hola, Draco. Veo que pudiste conectar sin inconvenientes nuestras chimeneas. Me alegro.
─Emm, sí. Yo también me alegro. ─Miro hacia mi regazo, hacia el lugar en el que tenía ubicada la copia de la fotografía, y la tomo en mis manos. ─Tengo la foto. Es una copia de la original, así que no necesitas devolvérmela.
─Muchas gracias, Draco. Por favor, pásamela por aquí.
Hago como me indica, y en un pestañeo, Luna se encuentra sosteniendo la copia de nuestra foto con una sonrisa en el rostro. Ella la observa en silencio por unos segundos y luego vuelve a posar la vista en mí, antes de comenzar a hablar con ese tono pausado y soñador que conseguía producirme una extraña paz interior.
─Es una fotografía muy bonita. Quedará perfecta como portada de la revista.
─Me alegra que sirva.
─Te enviaré una copia de la revista esta noche para que ustedes puedan leerla antes que nadie.
─Gracias, Luna.
Luna me sonríe con amabilidad y corta la conexión. Vuelvo a ponerme de pie y observo la hora en el reloj de la chimenea. Para mi mayor sorpresa, ya era cerca del mediodía. Sería mejor que me pusiera a pensar qué preparar para el almuerzo. Un resplandor plateado atraviesa la ventana y me saca de mis pensamientos, unos en los cuales no podía decidirme si hacer algo de pasta o algún tipo de pastel de vegetales.
─Lo siento, Draco. No podré volver a almorzar hoy. El jefe de Aurores ordenó que se adelantara nuestra revisión médica anual y no tengo idea de cuándo vayan a liberarme. Al parecer, este año también van a hacer comprobaciones por Magia Negra y rastros de pociones en sangre. ¡Vaya sorpresa! Espero que se haya notado el sarcasmo con el que dije esto último. En fin, no quiero aburrirte con mis problemas. Volveré para cenar, ¿de acuerdo?
Estaba bastante desilusionado de que Harry no pudiera volver para almorzar, en especial debido al motivo por el cual lo estaban reteniendo en su trabajo. Sabía que desde el Ministerio tratarían de buscar la manera de comprobar que yo no estuviera usando algún tipo de magia ilegal para forzar a Harry a estar conmigo. Y también sabía que Harry se habría negado rotundamente a ser examinado por este hecho porque lo habría considerado una falta de respeto hacia lo que yo sentía por él. Era por este motivo que en el Ministerio habían tenido que recurrir a una artimaña como esa para poder examinarlo sin que Harry pudiera negarse, ya que todos los Aurores serían evaluados de la misma forma.
Sí, yo sabía todo eso, pero eso no quería decir que no doliera el que desconfiaran tanto de mí. ¿Acaso habría algún momento en mi vida en el cual las personas dejarían de juzgarme por los errores cometidos en mi pasado? Todo parecía indicar que esto no era algo que fuera a ocurrir en el corto plazo. Más desganado que nunca, voy hasta la cocina y me preparo algo simple y rápido de comer. Cuando termino de lavar todo, vuelvo hasta mi escritorio y decido ponerme a trabajar durante un par de horas. Aprovecharía a comenzar a escribir el capítulo tres del primer libro de "Galaxia" para descargar algo de la frustración que sentía con la intolerante sociedad mágica. Termino de encender la computadora y creo un nuevo archivo. Luego, coloco mis dedos sobre el teclado y comienzo a escribir todas y cada una de las ideas que se me van ocurriendo.
"…Etamin había perdido la cuenta del tiempo que había pasado postrado en esa cama de enfermería y con la única compañía de las visitas que le realizaban los Sanadores y Medibrujas que venían a comprobar sus signos vitales, darle pociones para alimentarlo y asegurarse de que estuviera limpio; y a pesar de que podía escuchar y percibir sensaciones mediante el tacto, Etamin no podía ver nada más que una densa bruma negra en el estado en el que se encontraba perdido dentro de su mente, por lo cual no podía siquiera entretenerse con observar el lugar en el que se hallaba y a las personas que lo atendían. Increíble manera de pasar el resto de su vida, ¿verdad? Simplemente permaneciendo postrado en una cama y sin ser capaz de volver a ver nada más que oscuridad a su alrededor.
La puerta a su izquierda vuelve a abrirse y por ella ingresa alguien que toma asiento en la silla desocupada a su lado. Internamente, Etamin se pregunta a quién le había tocado el honor de encargarse de chequearlo hoy. ¿Sería a la Medibruja que era más brusca que un troll de montaña? No, no era la Medibruja a la que Etamin había decidido llamarla Gertrudis, sólo porque parecía sentarle a la perfección ese alias, y no porque ese fuera su verdadero nombre. Gertrudis odiaba perder el tiempo, así que ella no se habría detenido a sentarse a su lado. Simplemente habría maniobrado su cuerpo con esos huesudos dedos que tenía y, como si fuera un mero saco de papas, habría cambiado las sábanas y realizado los hechizos de diagnóstico con un áspero tono de voz.
Descartada Gertrudis, Etamin piensa quién otro podría ser. ¿Acaso sería el Sanador que se había ganado el apodo de "Manitas" porque no parecía poder dejar de tocarlo más de lo debido? Este era uno que solía hablarle con un seductor tono de voz, mientras murmuraba los valores que obtenía de sus hechizos desde un lugar que parecía estar muy cercano a los labios de Etamin, lo cual conseguía incomodarlo más de lo que le gustaría admitirlo. Sin embargo, eso quedaba descartado debido a que la misteriosa figura ni siquiera había dejado salir un suspiro de su boca. "Manitas" nunca habría podido estar tanto tiempo sin hablarle con perturbadoras insinuaciones. Bien, uno menos de la lista. ¿Quién seguía?
¡Oh! ¿Quizás fuera la regordeta y amable Sanadora que solía tratarlo con un cariño casi maternal y que lo hacía sentir seguro en un mundo de incertidumbre? Ella era la mejor de todas y a quien Etamin le tenía más afecto. Sus regordetas manos eran fuertes, pero solían tener tanta delicadeza al cambiarlo, que ni siquiera se percataba del trabajo que ella realizaba. Además, ella siempre olía muy bien. Era algo que se parecía al aroma del mazapán, lo cual le había ganado el apodo de "Sanadora Mazapán". Sin embargo, la figura a su izquierda no olía a mazapán, por lo cual esto la descartaba.
Y ahora que Etamin lo pensaba, la figura a su lado estaba desprendiendo un aroma muy familiar y embriagante, uno que lo intoxicaba y lo hacía querer lamer y mordisquear el cuello del desconocido visitante. Y sólo cuando este pensamiento lo asalta, Etamin descubre a quién pertenecía ese hipnotizante aroma.
¡Leonis! ¡Él estaba aquí! ¡Él había vuelto!
Sus sospechas quedan confirmadas cuando Leonis se acerca y roza una de sus manos con la que tenía más cerca de las suyas. Y es instantáneo. El calor corporal de Leonis, el cual siempre parecía estar unos grados por encima del de cualquier mortal, se extiende por cada milímetro de piel que roza y provoca agradables escalofríos en el cuerpo de Etamin. Aunque Etamin no tiene tiempo de preguntarse el motivo por el cual Leonis había regresado a verlo, ya que la puerta a su izquierda vuelve a abrirse y por ella se escucha la inconfundible voz del Sanador "Manitas". Oh, alegría.
─¡Oh! Buenas tardes, guardián Leonis. No sabía que usted estaba aquí.
─Buenas tardes, Sanador… ─Leonis suelta disimuladamente la mano de Etamin y hace una pausa como si estuviera leyendo algo, antes de terminar su saludo. ─Altais. ¿Necesita que me aparte para examinarlo?
─Eso no será necesario. Puedo encargarme a la perfección de realizar todo el control desde el lado derecho, ¿verdad Etamin?
Etamin siente cómo la mano del Sanador "Manitas" (recientemente descubierto que su nombre era Altais) toma su mano derecha y le da un lascivo masaje mientras finge realizar un escaneo de sus signos vitales. Y aunque Etamin no podía ver nada, el resto de sus agudizados sentidos podía percibir a la perfección cómo la magia de Leonis se estaba crispando a su lado. Algo parecía haberlo enfadado, pero, ¿qué había sido?
Desafortunadamente, Etamin no puede seguir intentando hallar una explicación al extraño comportamiento de Leonis, porque el Sanador Altais suelta su mano y toma la sábana que cubría su cuerpo. Una vez hecho esto, la retira para exponer su desnudo pecho con el fin de examinar la cicatriz de su herida. Etamin escucha a la perfección el gruñido de advertencia que Leonis suelta al ver la descarada forma en la que el Sanador "Manitas" estaba acariciando su piel, pero ese gruñido queda amortiguado por el seductor tono con el que el Sanador retoma la conversación.
─Espero que no crea que estoy demente por hablarle a un paciente dormido, pero, en mi vasta experiencia, he notado que muchos pacientes que se hallan inconscientes pueden ser capaces de sentir agudizados algunos de sus sentidos. Es por ello que, con el fin de hacerlos sentir más anclados a nuestra realidad, elijo hablarles y brindarles un contacto más… estrecho.
La forma en la que el Sanador Altais había dicho la palabra "estrecho" había sido suficiente para hacer que Leonis soltara un amenazante gruñido, a la vez que su mano toma una vez más la izquierda de Etamin en un posesivo agarre. Etamin siente la forma en la que Leonis entrelaza sus dedos con los suyos, mientras el Sanador Altais, ajeno a la magia desbordada que estaba empezando a escapar de Leonis, continúa acariciando su pecho; y por un aterrador momento, Etamin cree que estas acciones que esos dos estaban haciendo sobre su cuerpo podrían hacer que cierta parte de su cuerpo despertara. ¡¿Y cuán vergonzoso sería que la primera reacción que su cuerpo tuviera en meses fuera debido a una erección?! No podía asegurarlo a ciencia cierta, pero Etamin estaba convencido de que podría morir de la vergüenza si algo como eso llegara a ocurrir.
Afortunadamente, la puerta vuelve a abrirse y con ella entra el agradable aroma a mazapán que tanta paz le traía a Etamin. La Sanadora se acerca a la cama y se dirige con un tono educado hacia su colega, aunque éste poseía un tinte de frialdad en él.
─Sanador, Altais, lo requieren en emergencias.
─Estaba terminando de…
─Yo terminaré de realizar el control de nuestro guardián. No se preocupe.
─De acuerdo.
El Sanador Altais no sonaba muy feliz con ello, pero no parece encontrar excusa alguna que dar para terminar con su trabajo aquí, con lo cual no tiene más remedio que asentir con molestia y salir por la puerta dando un ligero portazo. La Sanadora "Mazapán" vuelve a cubrir el cuerpo de Etamin con la sábana, pero no comenta nada sobre la mano que Leonis aún tenía entrelazada con la de Etamin. Luego, ejecuta los hechizos de control que el Sanador Altais no había realizado al haber estado demasiado ocupado acosando a su paciente. Cuando la Sanadora termina su trabajo, Leonis vuelve a hablar en un demandante tono.
─¿Cómo se encuentra Etamin, Sanadora Tyl?
¡Con que así se llamaba la Sanadora "Mazapán"! Interesante. Etamin cree que ese nombre le sentaba muy bien a la amable mujer.
─Por desgracia, no ha habido cambios, guardián Leonis. Es casi como si él estuviera en un profundo sueño del que no puede despertar.
Etamin siente cómo Leonis aprieta la mano que aún tenía unida con la suya en un intento por brindarse fuerzas para decir lo que estaba pasando por su cabeza. Finalmente, cuando habla lo hace con una voz algo rasposa, pero que rebosaba determinación.
─Acepté ir a buscarlas.
─¿Así que los sabios ya le han hablado sobre esa leyenda que encontraron?
─Sí. ─Leonis hace una pausa y comienza a acariciar suavemente el brazo de Etamin con la mano que tenía libre en un inconsciente gesto, aunque esto no pasa desapercibido para la inteligente Sanadora. ─Si hay una ínfima chance de que eso pueda hacerlo despertar, entonces vale la pena intentarlo, ¿verdad?
─Usted es un gran hombre, guardián Leonis. No muchas personas harían algo tan noble y de manera desinteresada por nuestro guardián en la situación en la que se encuentra. De hecho, la mayoría sólo aprovecharía el momento de debilidad de Etamin para tomar el control de nuestra Constelación.
Leonis suelta una amarga risa ante esto, aunque Etamin no comprende el motivo de ello. ¿Por qué Leonis no creía que lo que estaba a punto de hacer por él era algo digno de mención? ¿Y a qué estaba refiriéndose cuando decía que iría a buscarlas? ¿Qué era eso que iría a buscar y que podría despertarlo de este sueño eterno?
La voz de Leonis lo despierta de ese mar de preguntas que tenía y lo trae de vuelta a la conversación que estaba llevándose a cabo en su habitación.
─Créame, Sanadora Tyl, no hay algo que sea ínfimamente desinteresado en mi accionares. Todo lo que haga a partir de ahora será pura y llanamente impulsado por mi egoísmo.
La Sanadora permanece en silencio por unos segundos y ahoga una risita al ver cómo Leonis continúa acariciando el antebrazo de Etamin con tanto cuidado y cariño que era casi palpable. Finalmente, se aclara la garganta, y dice: ─Eso puede ser cierto, pero yo confío ciegamente en el juicio de mi guardián. Él no habría dado su vida para salvarlo si no creyera que usted fuera alguien digno de ello. Él no habría arriesgado todo y a todos si no supiera que usted sería lo suficientemente noble como para velar por nuestra seguridad una vez que él se hubiera ido. Creo, guardián Leonis, que no se está dando el mérito que merece; y también creo que eso es algo que a Etamin no le gustaría oírle decir acerca de sí mismo.
Leonis aprieta un poco más la mano de Etamin, y cuando vuelve a hablar, su voz se encuentra teñida de agradecimiento.
─Gracias. Realmente necesitaba escuchar eso.
─No hay por qué.
Durante unos segundos sólo se escuchan los sonidos de los hechizos que la Sanadora realiza para cambiar las sábanas de Etamin y comprobar una vez más algunos signos vitales, antes de que la quietud de la habitación se rompa cuando Leonis vuelve a hablar.
─¿Puedo pedirle un favor, Sanadora Tyl?
─Por supuesto, guardián Leonis. ¿Qué es?
─¿Hay alguna manera de hacer que el Sanador Altais tenga prohibido acercarse a Etamin? Realmente no me parece adecuada la forma en la que él estaba… tratándolo.
Leonis gruñe la última palabra como si le estuviera costando toda la fuerza de voluntad que tenía para no ir a desgarrar con sus propias manos al Sanador Altais. La divertida risita de la Sanadora Tyl resuena por toda la habitación, antes de que ésta se apresure a calmar los celos del guardián de la Constelación de Leo.
─No se preocupe, guardián Leonis. Después de lo que he sido testigo hoy, puedo asegurarle que el Sanador Altais será despedido de inmediato. De todos modos, y para que los celos no le generen una distracción en su misión, me aseguraré de que Etamin sólo sea tratado por Sanadores de mi entera confianza."
Me detengo a pensar cómo continuar con el capítulo, cuando de repente la chimenea se enciende y por ella atraviesa Adrian. No queriendo que él viera lo mucho que había avanzado en "Galaxia", me apresuro a guardar el archivo en el que estaba trabajando y lo cierro. Después de todo, si Adrian descubría lo avanzado que iba, me haría entregar los capítulos con menor tiempo de entrega; y ese era un as bajo la manga que tenía pensado guardarme en caso de que tuviera algún bloqueo de escritor en el futuro.
Afortunadamente, Adrian no parece haber notado en lo que estaba trabajando y sólo me hace una seña para que me una a él en el sofá.
─¿Cómo te fue con Lovegood? ¿Pudieron hablar de algo más que criaturas imaginarias?
─De hecho, fue mucho mejor de lo esperado. ─Le digo mientras me siento a su lado. ─Luna resultó ser una agradable sorpresa. Ella realmente parecía saber lo que estaba haciendo y todas sus preguntas fueron sensatas. Además, me trató sin prejuicios y de una forma muy amable durante toda la entrevista.
─Es bueno oír eso. Tener un trato cordial con alguien del círculo interno de Potter, en especial una que es considerada como una de las heroínas de Hogwarts, es lo que necesitamos para incrementar tu reputación. ¿Lovegood te dijo para cuándo iba a tener lista la noticia?
─Dijo que me enviaría una copia de la revista esta noche, así que supongo que la publicará mañana.
─Bien. Eso es perfecto. ─Adrian hace una pausa y se queda observando el ventanal de la sala con curiosidad durante unos segundos. Luego, aparta la vista de allí, y dice: ─Sería interesante que quitaras el hechizo de bloqueo de la ventana.
─¿Por qué haría tal cosa? No quiero tener que lidiar con los vociferadores y cartas maliciosas del jodido mundo mágico.
─Porque si es verdad que la entrevista en El Quisquilloso se estrenará mañana, entonces habrá mucha gente que te escribirá, ya sea para insultarte o brindarte apoyo. Sería interesante que pudiéramos hacer un recuento de esto para ver cuál ha sido el impacto de la verdad que has contado, y si eso ha servido o no para recuperar algo de tu reputación.
Observo a Adrian con una incrédula mirada, pensando que él sólo estaba bromeando conmigo. Sin embargo, el rostro de Adrian permanece impasible y tenía ese brillo en sus ojos que indicaba que estaba en modo editor exitoso. Él realmente lo estaba diciendo en serio. Frunzo automáticamente el ceño y trato de encontrar una forma de hacerle entender a Adrian que esta sería una pésima idea, pero… ¿Lo era? La mejor manera de saber qué había opinado la sociedad mágica de mi entrevista podría obtenerse en base a las cartas y vociferadores que me enviaran. Sí, estas no representarían la opinión de toda la sociedad, pero al menos sería un buen parámetro de partida para evaluar qué tan destrozada estaba mi reputación.
Odiando tener que darle la razón a Adrian, pero sin poder encontrar una forma para hacerlo cambiar de parecer en su idea (en especial porque a mí no se me había ocurrido una mejor idea que poner en práctica), suelto un derrotado suspiro, y digo: ─Está bien, tú ganas. Quitaré el hechizo.
─Excelente. Y ya puestos a ello, ¿por qué no le pides a Blaise y Pansy que mañana por la mañana pasen por tu apartamento para ayudarnos a clasificar el correo que recibas? Necesitaremos más de un par de manos para que las lechuzas no se aglomeren en la ventana y comiencen a llamar la atención de los muggles.
─¡Maldición! No había pensado en el Estatuto del Secreto. Está bien, hablaré con ellos y les pediré que vengan a echarnos una mano.
Adrian me da un distraído asentimiento, mientras su vista permanece fija en las llamas de la chimenea. No sé en qué estaba pensando con tanta intensidad, pero, fuera lo que fuera en lo que estaba cavilando, parecía ser algo bastante serio. Después de lo que parece una eternidad, aparta la vista de la chimenea y me observa con algo de pesar, antes de comenzar a soltar aquello que lo estaba molestando.
─No le mentí a Lovegood cuando dije que iba a ir a encargarme de otros asuntos para la editorial. Mientras estabas en la entrevista con ella, fui a reunirme con alguna gente de El Profeta para ver si podía convencerlos de que te dieran una entrevista también.
─¿Y bien? ─Pregunto con impaciencia cuando Adrian no parecía tener intenciones de terminar de contar el resultado de esa reunión. ─¿Qué dijeron?
─Dijeron que no. Ellos… me dejaron muy en claro que no aceptarían brindarle espacio en su periódico a un Mortífago. ─Adrian me observa con algo de pena y eso es suficiente para hacerme hervir la sangre debajo de mi piel. Aunque no tengo tiempo de siquiera sentirme indignado por la injusta manera en la que estaban tratándome en ese periódico, porque Adrian vuelve a dirigirse a mí con un arrepentido tono. Era casi como si se sintiera responsable de no haber conseguido hacerlos cambiar de parecer. ─Realmente lo siento. Te puedo asegurar que intenté de todo para hacer que lo reconsideraran, pero ellos no quisieron escucharme.
─No te preocupes por ello, Adrian. De hecho, quizás hasta nos hayan hecho un favor. Después de todo, no es como si yo quisiera tener algo que ver con ese periódico de cuarta.
Adrian no parece muy convencido con esto que acabo de decirle, pero él elige mantener para sí mismo lo que piensa y simplemente da un asentimiento en mi dirección. Luego, se pone de pie y dirige sus pasos a la chimenea para volver a su casa.
─Ya pensaré en otra forma de recuperar tu reputación. Por lo pronto, encarguémonos de un problema a la vez. ─Adrian toma un poco de Polvos Flu de la vasija de la repisa y los arroja a la chimenea. Antes de irse en un refulgir de llamas verdes, se gira hacia mí, y dice: ─Asegúrate de quitar los hechizos de bloqueo de las ventanas. Y descansa, nos espera un largo día mañana.
Cuando Adrian se va, suelto un desganado suspiro y voy hasta la ventana de la sala para hacer como me había indicado. Después de que elimino el hechizo de bloqueo, miro la hora en el reloj de la chimenea y descubro que ya era bastante tarde como para volver a retomar mi escritura. Voy hasta el escritorio y apago la computadora por el día. Luego, me dirijo al baño para darme un largo y merecido baño. Después de que termino de hacer esto y me cambio a ropas más cómodas, vuelvo a la cocina y comienzo a preparar la cena. Un golpeteo detrás de mí me saca del lugar en el que estaba terminando de picar unas cebollas para agregarlas a la salsa. Mando a añadir todo con un pase de mi varita y cierro la tapa de la cacerola para que se cocine, mientras yo iba a encargarme del origen de ese molesto sonido.
Abro el gran ventanal de la sala y por ella ingresa una lechuza de ojos amarillos muy saltones y extraños, la cual tenía una revista atada a la pata. La libero de su carga y le doy una golosina, antes de dejarla ir. Cuando cierro el ventanal y vuelvo al sofá, me doy cuenta de lo que tenía en mis manos. La portada de El Quisquilloso tenía una copia de la foto que teníamos en el marco de la pared. La misma era una especie de collage de tres fotos diferentes en las que Harry y yo estábamos haciendo muecas raras y muy divertidas, pero incluso a través de esas fotografías que habían sido tomadas mucho antes de que comenzáramos a salir, podía verse con claridad la forma en la que ambos nos observábamos con infinita adoración. No quería leer la entrevista sin Harry, así que decido dejarla sobre la mesa de café y regreso a la cocina para terminar de preparar la cena.
Harry aparece media hora después con un fuerte chasquido y mientras yo estaba terminando de colocar la mesa, pero lo que mis ojos captan cuando elevo la vista no augura nada bueno. Todo el cuerpo de Harry estaba tenso y su rostro tenía una enfadada expresión que podría asustar incluso al mago más temible de la historia. Sin embargo, lo que más me preocupaba de toda esta situación eran los ojos verdes de Harry, en los cuales podía vislumbrarse (detrás de todo el enfado que sentía) bastante desilusión y algo que se asemejaba a la traición. No comprendiendo qué lo había puesto en ese estado, dejo la fuente sobre la mesa de la isla y me acerco hasta Harry para poder rodearlo con mis brazos. Harry se deja abrazar, pero su cuerpo no se relaja ni un poco.
─¿Qué ocurre?
─Esta tarde recibí una carta de la familia Weasley. Ellos… ellos quieren que mañana vaya a cenar a La Madriguera. Dicen que quieren hablar conmigo, pero que quieren hacerlo a solas. Sin que tú estés allí.
─De acuerdo. ¿Y eso te ha puesto en este deplorable estado porque…?
─¡Porque no es justo, Draco! ¿Por qué no quieren que tú estés presente? Lo que sea que tengan que decirme pueden hacerlo frente a ti. Eres mi novio, y la persona a la que amo; y saben que lo que sea que vayan a decirme, yo me aseguraré de decírtelo. Entonces, ¡¿qué sentido tiene no invitarte a cenar también?! ─Harry se aparta de mí y comienza a pasearse por la sala como si fuera un león enjaulado, a la vez que utiliza su mano para desordenar su cabello. Finalmente, parece haberse percatado de algo y se detiene abruptamente en su insistente andar. ─¡¿Sabes qué?! ¡A la mierda con esto! ¡No iré a menos que acepten tenerte allí también!
─Harry, no. No hagas eso. ─Me acerco hasta donde estaba parado y vuelvo a envolverlo en mis brazos para tratar de calmarlo. Harry parece relajarse un poco, pero aún era posible apreciar lo muy irritado que estaba. Dejo un casto beso en sus desordenados cabellos y lo fuerzo a elevar la cabeza para conectar su mirada con la mía. Cuando tengo toda su atención puesta en mí, comienzo a explicarle el por qué negarse a ir a cenar con ellos sería una pésima idea. ─El que no vayas a cenar con ellos sólo nos traería más problemas. Es posible que incluso me acusen de no dejarte ir o algo como eso. Además, está bien que no me quieran allí todavía. No olvides que mi familia ha estado enemistada a los Weasley incluso desde antes que naciéramos. Honestamente, no puedes esperar que la cantidad de prejuicios y rencores que tenemos los unos por los otros desaparezca de la noche a la mañana. El que aceptemos tener un trato cordial en favor de tu felicidad sólo puede servir hasta cierto punto. Ve a cenar con ellos, gatito. Te prometo que todo estará bien. Y si los Weasley llegan a decir demasiadas cosas maliciosas de mí, entonces tienes mi total aprobación para lanzarles un Expelliarmus en cada uno de sus pecosos traseros.
Harry suelta una fuerte carcajada ante mi intento de broma y coloca sus brazos alrededor de mi cuello, y me observa con tanto amor a través de esas esmeraldas que siento mi corazón bombear sangre a mayor velocidad. Finalmente, Harry se para sobre la punta de sus pies y me da un fuerte beso que consigue dejarme sin aliento, antes de apartarse de mí e ir en dirección al baño. ─Iré a darme una ducha rápida. No tardo.
Cierro los ojos por unos segundos con el fin de reprimir los deseos que estaba teniendo por unirme a Harry en la ducha para poder follarlo contra los azulejos del baño. Tomo una fuerte inspiración y me obligo a mandar a un lugar oculto de mi mente toda la frustración sexual que estaba sintiendo. Para mantener mi mente ocupada en algo más que el apretado trasero de Harry, me encargo de terminar de poner la mesa y lanzarle un hechizo calentador a la comida. Minutos después, Harry reaparece vestido con ropa de dormir y toma asiento frente a mí en la isla. La cena transcurre en un apacible silencio, y sólo después de que terminamos de lavar e higienizarnos, recuerdo lo que había dejado sobre la mesa de café.
Teniendo la clara certeza de que eso podría levantarle un poco el ánimo a mi gatito, me giro hacia él, y digo: ─¿Harry?
─¿Mmm?
─Tengo algo que mostrarte y que podría animarte. ¿Por qué no vas al dormitorio y me esperas allí mientras lo busco?
La traviesa sonrisa que Harry me da, junto al brillo cargado de deseo que adquieren esos ojos verdes, me hace reír internamente mientras lo observo dirigirse al dormitorio dando emocionadas zancadas. Era obvio que Harry no tenía idea de lo que quería mostrarle, pero él estaba asumiendo que iba a ser algo sexual. ¿En qué momento mi gatito había perdido toda su inocencia y se había vuelto tan descarado? Sacudo la cabeza para despejar los excitantes pensamientos que estaban asaltándome, y me vuelvo hacia la mesa de café para tomar el olvidado ejemplar de El Quisquilloso. Una vez que apago la chimenea y todas las luces, vuelvo al dormitorio y allí descubro que Harry ya se había acostado en la cama. Las sábanas cubrían su cuerpo, pero desde aquí podía ver que él había decidido quitarse la remera para dormir. Me desvisto en silencio y me quedo sólo con un par de bóxers puesto, pero me aseguro de no dejar que Harry vea lo había traído de la sala.
Doy los pasos que me separan de la cama y observo con diversión cómo Harry está viendo con una confundida mirada la prenda que aún tenía puesta, pero él no parece querer decir nada al respecto. Retiro las sábanas y me recuesto a su lado, y sólo cuando lo siento acurrucarse a mi costado izquierdo, me percato de lo muy desnudo que Harry se encontraba de la cintura para abajo.
Oh. Por. Merlín. Bendito.
Esto iba a ser una jodida tortura.
─Cierra los ojos. ─Suelto con una voz demasiado ronca para mi gusto, mientras lo siento comenzar a pasar uno de sus dedos por mi pecho en un sensual movimiento. ─Y no hagas trampa.
Harry hace como le digo, y con un pase de mi varita, convoco la revista que había estado ocultando debajo de la ropa que me había quitado antes. La revista vuela con rapidez y se coloca con un suave movimiento en el regazo de Harry, el cual estaba cubierto por la sábana. Al sentir un extraño peso en una parte muy cercana a su entrepierna, Harry se remueve incómodo y algo emocionado a mi lado, pero aun así no abre los ojos. Sintiéndome completamente complacido con el obediente comportamiento de mi gatito, decido recompensarlo por ello de inmediato. En un fluido movimiento, paso un brazo detrás de él para que Harry pueda acurrucarse con mayor facilidad contra mí, y lo abrazo para acercarlo. Luego, dejo un pequeño beso en esos cabellos indomables, y digo: ─Ya puedes abrirlos.
Harry abre sus ojos y posa la vista en la revista que tenía en su regazo, y cuando su cerebro termina de registrar lo que era, se incorpora emocionado y la toma con una amplia sonrisa en la cara. Harry recorre con delicadeza la fotografía que era la portada de la revista y se gira hacia mí con mucha emoción.
─¡Es perfecta! ¡Muchísimo mejor que esa foto cursi que publicaron en El Profeta!
─Sí, le sienta mucho mejor ésta para El Quisquilloso que la otra, ¿verdad?
Harry suelta una risita y rueda los ojos, antes de comenzar a hojear la revista en busca de la entrevista.
─¿Ya la has leído?
─No, aún no. Pensé que podríamos leerla juntos.
Harry me da una agradecida sonrisa y vuelve a recostarse contra mí para que podamos comenzar a leer la entrevista. Y en cuanto mis ojos registran el título de la entrevista, debo hacer un gran esfuerzo para no soltar una carcajada e ir directo a abrazar a Luna por lo ingeniosa que había sido.
4 de enero de 2011
HARRY POTTER Y DRACO MALFOY, UNA HISTORIA DE AMOR QUE NI SIQUIERA LOS NARGLES PODRÍAN ROBAR
Entrevista exclusiva con el escritor Draco Malfoy. ¡Nos confiesa toda la verdad!
Escrito por la vice editora de El Quisquilloso, Luna Lovegood.
Es un día muy soleado afuera, y yo estoy terminando de colocar algunos brotes de gurdirraíz en un caldero para que se asiente bien el sabor en el té, cuando escucho unos golpes en la puerta de mi casa. ¡Oh! ¡Perfecto! Mis invitados han llegado.
Voy hacia la puerta y la abro, y allí veo parados a Adrian Pucey, editor principal de la Editorial Merlín; y a Draco Malfoy, escritor ampliamente reconocido por ser el creador de la emocionante saga "Constelaciones". Los hago pasar a la sala de estar después de intercambiar los correspondientes saludos cordiales. Luego, les pido que aguarden para que pueda traerles algo de beber. Termino de preparar el té de gurdirraíz, el cual es mi favorito, y lleno tres tazas. Cuando regreso a la sala, les doy una a cada uno y me siento frente a ellos; y sólo entonces me pregunto si no habré cometido un grave error. Después de todo, tenía bastante evidencia por experiencias pasadas con mis amigos acerca del peculiar sabor que tenía este té y que no solía ser apreciado del todo por ellos. Sin embargo, Draco me sorprende por primera (y no por última) vez en el día al tomar la taza y darle un gran sorbo. Y aunque puedo ver que su rostro se llena de disgusto por el sabor del té, no emite opinión alguna. Lo admito, había pecado de prejuiciosa y había supuesto que él escupiría todo el contenido, o, al menos, soltaría palabras desagradables al respecto. Sin embargo, nada de esto ocurre. Para mi mayor sorpresa, Draco vuelve a tomar la taza y bebe todo el contenido de ella y sin realizar un solo sonido de arcadas, algo que ni siquiera Harry Potter, el mago más amable que he conocido, ha sido capaz de hacer.
Más complacida que nunca, y después de que Adrian nos deja solos para que podamos tener mayor privacidad, le hago saber a Draco lo impresionada que estoy con él por haber hecho el esfuerzo de tomar todo el contenido de algo que ciertamente le había disgustado y sólo por no rechazar mi ofrecimiento. Draco no dice nada por unos segundos, pero luego me sorprende con otra acción. Le da un cumplido a mi hogar. ¿Y por qué me sorprende? Porque él no tenía ningún motivo para hacerlo. Ya había sido lo suficientemente amable como para beber el té sólo para no herir mis sentimientos. Realmente no tenía ninguna obligación de halagar mi casa también, pero así lo había hecho. ¡Y de una manera que había sido muy honesta! Esto sólo sirve para terminar de confirmarme aquello que ya había anticipado. Esta iba a ser una entrevista que me haría replantearme a mí, y al resto de la sociedad mágica, todo lo que habíamos creído de Draco Malfoy hasta ahora.
Después de que tomo una pluma y un anotador, estamos listos para comenzar la entrevista. Y mi primera pregunta es una de las principales que se había estado preguntando la sociedad.
─¿Por qué decidiste convertirte en un escritor?
Draco parece sorprendido por mi pregunta. Estoy segura de que él esperaba que lo primero que le preguntara fuera acerca de la preocupante ola de ataques de Torposoplos hacia las personas; y aunque deseaba conocer su opinión al respecto, primero debía enfocarme en los temas un poco más esperables. Ya habría tiempo para cuestionarle sobre este hecho en particular.
Draco aclara su garganta y comienza a hablar con un tono de voz pausado y que demostraba fehacientemente lo verdaderas que eran sus palabras.
─Ocurrió hace cinco años atrás. Habían asesinado a mis padres en mi mansión, y habían asignado a Harry como el Auror a cargo del caso. Él estuvo allí para mí en todo el proceso. Al principio creí que sólo lo hacía por esa inagotable amabilidad que él tiene, pero me sorprendió gratamente saber que él parecía estar dispuesto a dejar el pasado detrás e intentar entablar un trato cordial conmigo. Sin embargo, cuando Harry terminó de resolver el caso de la muerte de mis padres, supuse que él ya no querría tener nada que ver conmigo. ¿Por qué lo haría? Él sólo había sido amable conmigo porque yo había perdido a mis padres y me encontraba verdaderamente solo por ese entonces. En ese momento, no había podido ser capaz de ver cuánto se preocupaba Harry por mí.
Draco hace una pausa y se queda con la vista fija en la chimenea en lo que supongo que debían ser recuerdos de ese momento particular de su vida. Le permito un tiempo para que pueda ordenar sus pensamientos y aguardo con paciencia a que retome su explicación. Cuando lo hace, me apresuro a escucharlo atentamente.
─Para esas alturas, yo ya había comenzado a tener sentimientos por Harry. Y como la mansión sólo me traía recuerdos dolorosos, decidí mudarme al mundo muggle; aunque nunca se me ocurrió avisarle a Harry de mi decisión. ¡Gran error! Porque unos días después recibí una lechuza de él diciéndome que había ido a la mansión a verme, pero que no había podido encontrarme. Harry realmente lucía preocupado por mí en esa carta, así que le escribí diciéndole dónde me encontraba. A la media hora, lo tenía golpeando en mi puerta y reprendiéndome por no haber dicho nada. Creo que ese fue el momento exacto en el que me di cuenta de que Harry me consideraba como uno más de sus amigos, por muy extraño que eso sonara.
Draco sonríe con sinceridad y su mirada permanece perdida en algún punto de la chimenea; y sólo cuando me giro disimuladamente hacia atrás, veo que él tenía puesta su vista en una fotografía que yo tenía sobre la repisa de ésta y en la cual aparecía Harry junto a otros de mis amigos. Teniendo la certeza de que él estaba rememorando situaciones vividas con Harry (y no siendo víctima del ataque de un Torposoplo), me quedo en silencio y espero a que retome su explicación. Y cuando lo hace, finalmente descubro, no sólo el motivo por el cual se convirtió en escritor, sino también cómo surgió la historia de "Costelaciones".
─Los meses pasaron y nuestra relación se volvió en una verdadera amistad, pero, para ese entonces, yo ya me había enamorado perdidamente de él. Desafortunadamente, Harry le había pedido matrimonio a Weasley, y yo no pude hacer nada más que ocultar lo que sentía por él y seguir interpretando el papel de un amigo. No iba a ser yo quien se interpusiera en su relación. No tengo muy en claro el por qué decidí comenzar a escribir. Sólo sé que necesitaba encontrar una forma de sacar de mi pecho todas esas emociones y sentimientos que tenía por Harry y que jamás podría decirle en persona, al menos no sin arruinar por completo nuestra amistad; pero así es como comencé a escribir. Para ese entonces ya estaba bastante familiarizado con la tecnología muggle, por lo cual no me fue difícil usar una computadora para plasmar todos mis pensamientos y emociones por Harry a través de la única forma en la que podría hacerlo en la vida real. Así surgió la historia de "Constelaciones". Así nació la historia de Etamin y Leonis.
Al ver que Draco me había dado pie para preguntar acerca de "Constelaciones", me aferro a su última frase, y pregunto:
─Estoy en lo cierto al asumir que Etamin y Leonis son una representación literaria tuya y de Harry, ¿verdad?
Draco asiente y en su rostro se vislumbra una pequeña sonrisa que estaba cargada de afecto, estaba segura de que estaba pensando en Harry una vez más. Continúo aprovechándome de esto y pregunto algo que había sido tratado de manera bastante insidiosa por otras fuentes y que no estaba segura de que fuera del todo cierto.
─¿Todos los otros personajes también están basados en personas reales y lo que sientes por ellas?
─No, no del todo. Es decir, sí, muchos de mis personajes fueron creados tomando como inspiración aspectos físicos de personas reales, pero las acciones, morales y emociones que se vislumbran a través de estos personajes ficticios no fueron basados en características reales de estas personas. Todo lo que ocurre en los libros fue creado en base a mi imaginación y no tiene ninguna correlación con hechos de la vida real.
Esto confirmaba mis sospechas. La historia que se había contado por otras fuentes acerca de que Draco había usado su serie de libros como un pretexto para dañar la reputación de magos y brujas de nuestra sociedad había sido poco más que una maliciosa y nada verídica estrategia por vender más ejemplares de su periódico. Le sonrío para hacerle saber que le creo, y hago la pregunta que todo el mundo mágico estaba muriéndose por hacerle.
─¿Por qué decidiste publicar bajo un seudónimo?
─El principal motivo fue porque nadie hubiera querido darle una oportunidad a un libro escrito por un ex Mortífago. Desde que la guerra terminó, la mayoría de los hijos de Mortífagos, o aquellos que pertenecimos a la casa Slytherin en Hogwarts, hemos sido víctimas de ataques y discriminación por parte del resto de la sociedad mágica. Así que era algo obvio que nadie hubiera querido publicar algo escrito por mí cuando eso no les generaría ventas. Afortunadamente, tenía un amigo trabajando en una editorial y él pareció reconocer que tenía talento para la escritura, por lo cual me ofreció una solución a mi problema. Escribir bajo un seudónimo. Eso no sólo iba a garantizar que las personas le dieran una justa oportunidad a mi escritura, sino que, además, podría brindarme (por ese entonces) la facilidad de mantener ocultos mis sentimientos por Harry sin que corriera riesgo nuestra amistad. Y el otro motivo fue porque tenía miedo de que, si la verdad salía a la luz, Harry iba a enfadarse por el hecho de que me viera forzado a escribir bajo un seudónimo sólo porque la sociedad tuviera prejuicios. Sé de primera mano cuán protector es con aquellas personas a las que considera verdaderos amigos, por lo tanto, no quería que el resto del mundo tomara represalias con él sólo porque Harry hubiera salido en defensa mía. Para mí, siempre ha sido mucho más importante su felicidad que la mía.
Escuchar de la boca del mismo Draco que la felicidad de Harry estaba por encima de la suya me tranquiliza y hace que quiera unirme al Club de Fans de Draco & Harry, el cual de seguro ya estaba a punto de fundarse. Y el hecho de que él hubiera nombrado a Harry me brinda la oportunidad perfecta para preguntarle más sobre esto.
─Cuéntame un poco sobre tu relación con Harry.¿Cuándo empezaste a salir con él? ¿Harry todavía seguía con Ginny cuando comenzaron a salir?
─No, él ya había roto su compromiso con Weasley cuando comenzamos a salir. Es sólo que él no dijo nada sobre eso a la prensa. Ya sabes cómo es, detesta que su vida privada se haga de público conocimiento.
Al decir esto, Draco suelta una risa que es exasperada y que estaba cargada de cariño, por lo que no puedo hacer otra cosa más que sonreír con sinceridad. Comenzaba a pensar que quizás no debería esperar a que se creara el Club de Fans de Draco & Harry, y simplemente ser yo quien lo fundara. Estaba segura de que tendría muchas personas interesadas en unirse a mí. Sin embargo, salgo de mis pensamientos para terminar de escuchar su explicación.
─Y no tengo en claro el momento exacto en el que nos convertimos en una pareja, pero puedo decirte que nuestro primer beso fue en la madrugada de esta Navidad que pasó.
Elijo no indagar más sobre este beso porque las mejillas de Draco se habían puesto algo sonrosadas y realmente lucía como si esto fuera algo que él y Harry preferirían mantener en secreto. Oh, bueno. Lamentablemente, no se podía hacer nada más que recurrir a nuestra imaginación.
Termino de anotar su respuesta y me preparo para preguntarle acerca de la hermosa foto que acompaña esta entrevista; e incluso desde aquí, puedo ver la enamorada sonrisa que se apodera de Draco al pensar en ella.
─Cuéntame más acerca del día en que tomaron esta fotografía. Me sorprende que no tenga movimiento y que sea muggle.
─Fue tomada dos años atrás. Harry había venido a mi casa para pasar la tarde conmigo, y habíamos comenzado a enumerar las cosas que nunca habíamos hecho y que nos gustaría hacer. Harry me dijo que nunca había estado en un parque de diversiones muggle, pero que siempre había querido ir a uno. Y como yo estaba pasando por una etapa en la que me fascinaban todas las formas ingeniosas en las que los muggles reemplazaban a la magia, quise conocer un parque de diversiones en el mismo momento en el que él me comentó para qué eran esos tipos de lugares. Así que lo convencí de que fuéramos a uno. Nos subimos a todos los juegos que tenían, y más de una vez en algunos casos. Cuando estábamos por irnos, Harry vio uno de esos puestos donde puedes sacarte fotos e imprimirlas, por lo que me insistió en que debíamos tomarnos unas fotos graciosas en él. Y como en ese entonces estaba tan perdidamente enamorado de él y sin tener esperanzas de que él pudiera corresponderme, acepté hacer como Harry quería sólo para complacerlo. Al parecer eso es lo único que aún sigo pudiendo hacer. Es hasta casi irritante la forma en la que sé que nunca podría negarme a hacer nada que él quiera hacer.
Draco dice esto último con un irritado arrastre de palabras, pero la enamorada sonrisa que se apodera de su boca y el verdadero cariño que se vislumbra en sus ojos grises me da una idea de todos los sentimientos que Draco tiene por Harry. Con esta nueva realización, aprovecho a realizarle la última pregunta, aquella que de seguro hará que el mundo vea al verdadero Draco Malfoy con ella.
─Si te parece bien, voy a hacerte una última pregunta.¿Cuándo te diste cuenta de que te habías enamorado de él?
─Yo… honestamente no puedo decirte el momento exacto en el que me enamoré de Harry. Supongo que fue debido a un sinfín de aspectos y características que lo hacen ser tan único… tan especial. Hay muy pocas cosas que hoy en día no me gusten de él y, aun así, he llegado incluso a amar sus defectos. Así que no puedo ponerle una fecha al momento en el que me enamoré de Harry, pero sí sé exactamente cuándo comencé a tener sentimientos que iban más allá de la tensión sexual. Fue durante la guerra, en el momento en el que los carroñeros lo habían capturado y llevado a mi mansión. Yo…
Draco hace una pausa en su relato y me encuentro en un lugar estratégico para ver cómo sus ojos se vuelven algo vidriosos y atormentados por vivencias que, aun al día de hoy, parecían estar lastimándolo. Y es entonces, donde me percato de lo mucho que él debió haber sufrido durante la guerra. Mucho más de lo que ninguno de nosotros jamás podremos imaginar.
Sin embargo, Draco muestra tener una gran valentía, y después de cerrar sus ojos por unos segundos, vuelve a retomar su explicación con toda la honestidad que posee.
─No pude delatar a Harry a pesar de haberlo reconocido. Era imposible que no lo hubiera reconocido, siendo que me había pasado gran parte de mi vida aprendiendo cada pequeño rasgo y característica de él producto de la infantil rivalidad que manteníamos. Y a pesar de todo el nefasto pasado que teníamos detrás que hubiera ameritado entregarlo, no pude hacerlo. Yo… no quería que él muriera. De hecho, era todo lo contrario. Quería que ganara la guerra y destruyera a Vol…Voldemort de una vez por todas. Aun si eso hubiera significado que mi familia caería en desgracia, aun así, quería que él saliera con vida de mi casa. No sé bien por qué no quería que él muriera en ese entonces, sólo sé que, en cuanto vi los ojos verdes de Harry implorándome porque no los delatara, sentí un extraño dolor en el pecho y a mi estómago retorcerse impaciente, como si tuviera cientos de hadas dentro de él, por muy cliché que eso suene. Supongo que podría decirse que ese fue el momento en el que empecé a tener sentimientos por él.
Le agradezco por haberme contado esta historia que tanto dolor parecía traerle, y con eso concluyo la entrevista. Después de darnos los correspondientes agradecimientos, acompaño a Draco a la puerta y allí termino de confirmar lo muy diferente que era este hombre con respecto al ladino niño que solía enemistarse con Harry en la escuela; porque allí, parado incómodamente sobre el umbral de la puerta, Draco comienza a disculparse conmigo por lo ocurrido mientras estuve retenida en su mansión durante la guerra. Él incluso se disculpa por cosas de las que no había tenido responsabilidad alguna, y eso es lo que termina de asegurarme que Draco Malfoy era alguien a quien yo querría llamar un amigo. Es por ello que me apresuro a aceptar sus disculpas y hacerle notar cuán importantes habían sido sus acciones mientras estuve retenida como prisionera. Con todo el riesgo que hubiera conllevado para él y su familia, aún sí, Draco se las había amañado para traernos mayores raciones de comida que estaba deliciosa; y no sólo eso, él había podido colarnos algunos libros y un juego de ajedrez para que pudiéramos distraernos de la triste realidad a la que nos estaban forzando a sufrir nuestros captores. Si no fuera por Draco, es posible que todos los que estuvimos retenidos durante meses en ese sótano hubiéramos perdido por completo la cordura.
Después de que me despido de Draco, cierro la puerta y me pregunto el motivo por el que nuestra sociedad seguía tan empecinada en atormentar a un hombre por los errores de su pasado, en especial cuando él nos había dado sobrados ejemplos de cómo era posible escapar y rehuir de todas aquellas creencias erróneas que le habían inculcado desde pequeño, sólo para poder convertirse en alguien respetable, alguien por el que, incluso Harry Potter (con todo el historial detrás que ellos tenían), había podido admitir la grandiosa persona que él era. Y si Harry había podido dejar el pasado detrás, ¿por qué no íbamos a poder hacerlo nosotros?
Creo que es hora de que nuestra sociedad salga del control de los Torposoplos y acepte de una vez por todas lo muy injustos que hemos sido, tanto con Draco Malfoy, como con cualquier otra persona que haya pertenecido a Slytherin. Es hora de que, finalmente, dejemos el rencor y los prejuicios detrás para comenzar un nuevo mundo. Uno en el que una historia de amor como la de Harry y Draco sólo nos traiga felicidad.
Decir que estaba sorprendido con lo que acababa de leer sería un completo eufemismo. Estaba completamente anonadado y muy complacido con el impecable trabajo que Luna había hecho; pero, por sobre todas las cosas, estaba sumamente feliz de saber que ella quisiera incluirme dentro de las personas a las que podría llamar un amigo. Realmente significaba mucho para mí que uno de los amigos más queridos de Harry pudiera aceptarme tan fácilmente y sin ningún tipo de prejuicio de por medio. Era reconfortante de una manera imposible de explicar con palabras.
Bajo la vista para ver si Harry ya había terminado de leer, y es entonces donde veo lo muy vidriosos que él tenía sus ojos, a la vez que una enamorada sonrisa estaba plasmada en su rostro. No tenía idea de qué parte lo había hecho sonreír de esa forma, pero, fuera lo que fuera, debió de haber sido algo bueno, ya que Harry se eleva de inmediato del lugar en el que se encontraba recostado y me besa como si esto fuera lo único que él necesitaba para vivir. Después de que el aire comienza a escasear, Harry se separa y deja la revista sobre su mesa de luz, junto a su varita y sus lentes, y vuelve a recostarse junto a mí.
─¡Eso fue increíble! No puedo creer que Luna haya escrito eso.
─Sí, ella en verdad tiene mucho talento.
─Y tú estuviste maravilloso. ─Harry vuelve a besarme, aunque este beso carecía de la desesperación que había tenido el anterior y, en cambio, estaba cargado de cariño. Sin embargo, Harry comienza amortiguar unas risitas contra mis labios, hasta que estas se transforman en absolutas carcajadas que lo obligan a separarse de mi boca. ¿Qué era tan gracioso? ─¡No puedo creer que bebieras todo ese asqueroso té! Olvidé advertirte que no bebieras nada que Luna o su padre te ofrecieran.
Las risitas de Harry aún seguían retumbando por todo el dormitorio, y sólo ver el travieso brillo en los ojos de Harry me da una idea de que él podría haberse "olvidado" adrede de decirme esto. No queriendo dejarle ganar, después de lo descarado que había sido al hacer algo como eso, decido devolverle la puya de la única manera en la que sabía que me haría salir victorioso.
─¿Sabes? Valió la pena beber ese té asqueroso, porque eso ha hecho que le cayera bien a Luna, a tal punto que ella incluso me tomó de la mano y me abrazó.
Harry deja de reír automáticamente y me observa con una extraña mirada, una que era de desconfianza y que estaba cargada de molestia; y realmente debo hacer un esfuerzo sobrehumano para no soltar una carcajada al verlo tener celos de Luna. Honestamente, Harry podía ser muy ridículo a veces.
Harry permanece ajeno a mis pensamientos y se cruza de brazos en un enfadado gesto, a la vez que comienza a reprenderme en un fastidiado tono que sólo hace que me sea aún más difícil mantener mi fachada imperturbable.
─Primero besas la mano de Hermione, ¡¿y ahora dejas que Luna te abrace y te tome de la mano?! Si no supiera que eres absolutamente gay, comenzaría a preocuparme.
Mi máscara de indiferencia se rompe ante esto y suelto una fuerte carcajada, las cuales se incrementan cuando Harry suelta un enfadado bufido al oírme reír. Después de lo que parecieron haber sido horas, consigo calmarme y me giro hacia Harry para continuar molestándolo un poco más. Ese travieso gatito aprendería a no volver a intentar jugarme una broma como esa.
─¿Qué puedo decirte, Harry? No puedo evitarlo. Al parecer, las mujeres me encuentran irresistible. Y esto no sólo se limita a las brujas, sino que también abarca a las muggles. ¿Recuerdas a esa empleada muggle que coqueteó conmigo cuando fuimos a comprar el árbol de Navidad? ¿Cómo era su nombre? ¿Elsa? ¿Emma?
Harry gruñe con rencor algo que sonaba muy parecido a "su puto nombre era Emily", lo cual vuelve a hacerme reír descontroladamente. Al ver que sólo estaba bromeando con él, Harry descruza sus brazos y de un rápido movimiento se lanza hasta ponerse a horcajadas sobre mí. Sin darme tiempo a registrar siquiera lo que estaba ocurriendo, comienza a besarme con el mismo fervor que lo había hecho después de terminar de leer la entrevista. Sin embargo, Harry no se entretiene demasiado en mi boca, y de inmediato comienza a desperdigar por todo mi cuerpo un reguero de besos y mordisqueos en dirección sur. Cuando su rostro alcanza la cinturilla de mi ropa interior, la engancha con dos de sus dedos y comienza a retirarla con extrema lentitud.
Un gemido quiere escapar de mi boca, pero me fuerzo a reprimirlo y elevar un poco las caderas para facilitarle el trabajo a Harry. Mi parcialmente erecto miembro queda en libertad una vez que consigue quitarme la negra prenda que me cubría, y desde aquí puedo ver la hambrienta mirada que se apodera de Harry. Sin perder tiempo, Harry lo toma con sus manos y comienza a recorrerlo con su lengua en un sensual movimiento. Succiones y lamidas son dejadas con intensidad sobre la cabeza de mi pene y, en cuestión de segundos, la tengo completamente dura en sus manos. Harry gime con aprobación cerca de mi base, a la vez que baja un poco más para poder encargarse por un tiempo de mis testículos. Después de haberlos succionado adecuadamente, vuelve a chupar y lamer cada parte de mi pija hasta ubicarse una vez más sobre mi cabeza.
Los ojos de Harry se abren y me da una seductora sonrisa, antes de dar una adorable lamida en la cabeza de mi pija para recolectar el presemen que se había reunido allí. Harry lo traga y hace un complacido sonido, antes de dejar una última lamida en mi pene y volver a subir por mi cuerpo dando besos y mordisqueos hasta conseguir colocarse a horcajadas sobre mí. No queriendo quedarme inmóvil y sin hacer nada, me elevo hasta quedar sentado y lo atraigo hacia mí para poder besarlo con desesperación. Harry me devuelve el beso, pero su mano se agita en el aire como si estuviera realizando magia sin varita. El sonido de un cajón abriéndose a mi derecha me despierta a tiempo para apartarme de la boca de Harry y ver cómo el lubricante sale disparado hacia la mano de Harry. ¡Merlín! Él era tan caliente cuando hacía eso.
Salgo de mis lujuriosos pensamientos cuando Harry me da un último beso y murmura sobre mi boca algo que me hará tensar de inmediato.
─¿Draco?
─¿Mmm?
─Hoy quiero ir arriba.
¡¿ARRIBA?! Harry no estaba queriendo decir lo que creía que quería decir, ¿verdad? El jamás había mostrado deseos de ser el dominante. De hecho, era todo lo contrario. Entonces, ¿por qué ahora parecía tan interesado en ir arriba? Pero más importante aún, ¡¿qué carajos se suponía que iba decirle ahora?! Realmente no quería tener sexo de esa forma, pero tampoco sabía cómo hacerle saber que no estaba dispuesto a ceder el control sin herir sus sentimientos.
Harry parece haber notado mi tribulación, porque de inmediato me da un beso en los labios y destapa el lubricante para colocar una generosa cantidad en sus dedos. Una vez hecho esto, se eleva un poco de su posición y comienza a meter uno de sus dedos dentro de su trasero para empezar a prepararse a sí mismo.
¡Oh! ¡Así que a eso estaba refiriéndose cuando dijo que él quería ir arriba! Harry quería montarme, quería que yo lo follara mientras él cabalgaba mi pija. ¡Merlín! ¿Cómo no lo había visto venir antes? Harry realmente conseguía convertir mi cerebro en una masa no pensante cada vez que terminaba de chupármela.
Sintiendo desaparecer de mi cuerpo toda la tensión que mi equivocado pensamiento había provocado, me apresuro a ayudar a Harry en su tarea. Con suavidad, tomo con mis manos sus nalgas y las separo para facilitarle el acceso a Harry a su entrada. Él gime al sentirme tocarlo de esa forma, y añade otro dedo dentro de su apretado agujerito. No pudiendo hacer mucho más en la posición en la que me encontraba, me inclino hacia abajo y tomo con mi boca el primer fragmento de piel que se presenta frente a mí (el cual resulta ser el cuello de Harry) para besarlo y dejar mordiscos de amor sobre éste. Harry cierra los ojos y comienza a soltar necesitados jadeos, mientras añade un último dedo dentro de su trasero. Los tres se mueven en su interior por unos cuántos segundos más, antes de que Harry considere que estaba lo suficientemente estirado para recibirme.
Me aparto de su cuello al ver que él retira los dedos de su entrada y vuelve a tomar el lubricante. Después de añadir otra generosa capa en la palma de su mano, toma mi dolorida erección y comienza a cubrirla con esa resbaladiza sustancia. Cuando cada centímetro de mi pene se encuentra recubierto de lubricante, Harry se eleva un poco y lo dirige hasta colocarlo sobre su entrada. En el mismo instante en que siente la cabeza de mi pija rozar su entrada, Harry suelta un necesitado gemido y comienza a sentarse para penetrarse con ella. Harry se toma su tiempo para adaptarse a ser abierto por mi grueso miembro, pero en ningún momento deja de bajar sobre mi pene. Cuando finalmente consigue meterla por completo dentro de su apretado trasero, siento un abrazador calor recorriéndome cada centímetro de carne y piel que tenía enterrado en su cuerpo. El placer que me recorre es tan abrumador que lo único que consigo hacer es dejarme caer hacia atrás para quedar recostado contra las almohadas. Mis ojos se cierran con fuerza en un intento por contenerme y darle tiempo a Harry a acostumbrarse a mi intromisión, pero la tarea es más difícil de lo que parece ya que lo único que quiero hacer es comenzar a empujar hacia arriba mis caderas para follarlo con todo lo que tengo.
Consigo recuperar algo de control unos segundos después, por lo cual vuelvo a abrir los ojos. Sin embargo, la imagen que me recibe es tan erótica que me siento perder el control una vez más. Harry se encontraba frente a mí, sentado a horcajadas y con mi pija completamente enterrada en su trasero. Sus ojos estaban cerrados y se estaba mordiendo el labio para tratar de acallar esos soniditos adorables que estaba dejando salir y que eran lo más calientes hubiera escuchado en la vida. ¡Merlín! A este paso no iba a durar demasiado.
Harry parece haberse acostumbrado a tenerme dentro, porque de inmediato se eleva unos centímetros y vuelve a dejarse caer para comenzar a montarme. Al ver que claramente él no tenía experiencia en esta posición, me apresuro a tomarlo de las caderas y lo ayudo a subir y bajar por mi pija. Esto incrementa la fuerza con la que Harry estaba moviéndose por encima de mí, a la vez que los gemidos empiezan a oírse por todo el dormitorio. Un golpe hacia un lado en particular dentro de su cuerpo lo hace arquear sensualmente y gemir descontrolado, y me da una idea de que había hallado su próstata. La forma en la que Harry está arqueándose es tan erótica que lo único en lo que puedo pensar es que, sin lugar a dudas, él es el ser más hermoso del universo.
El sube y baja que Harry está haciendo aumenta de velocidad y él intenta apuntar hacia ese lugar que lo había vuelto loco de placer, pero no parece ser capaz de poder encontrar el equilibrio suficiente para subir y bajar por mi pene y, a la vez, asestar correctamente a su próstata. Es por ello que me apresuro a extender mis manos al frente, y digo: ─Tómame de las manos para poder equilibrarte mejor.
Harry abre los ojos y ve la forma en que las palmas de mis manos están abiertas y extendidas frente a él en una pose como si estuviera indicándole un alto. Sin cuestionar nada, Harry extiende sus manos hasta poder entrelazar nuestros dedos, y cuando me tiene en un fuerte agarre, vuelve a subir y bajar por mi pija con mayor facilidad. El equilibrio que le brinda mi agarre hace que pueda comenzar a follarlo con mayor intensidad, por lo que me apresuro a elevar las caderas para ir en su encuentro. La reacción que obtengo al golpear su próstata con fuerza es capaz de dejarme aturdido de placer. Harry vuelve a arquearse y comienza a gemir como una descarada prostituta; pero lo que termina de volverme loco es la implorante mirada que me da, una que parecía indicarme que necesitaba más, mucho más de lo que le estaba dando. Y como complacerlo era mi principal preocupación en este momento, detengo mis estocadas y le suelto las manos para que pueda ubicarse en la posición que estaba a punto de decirle. Harry, por su parte, parece desconcertado por este repentino cambio y me observa con confusión a través de esas gruesas pestañas que tiene.
─¿Por qué…?
─Usa una de tus manos para tratar de sostenerte contra mi pierna, y la otra utilízala para tocarte para mí.
Harry se sonroja incontrolablemente al escucharme darle esa orden en un tono que no admitía derecho a réplica, pero aun así se apresura a hacer como le indico. Con un leve temblor, lleva su mano derecha un poco hacia atrás, hasta poder sostenerse de mi pierna. Cuando se asegura de estar aferrado con la suficiente firmeza como para no caerse, lleva la mano que tenía libre y toma su necesitada erección para comenzar a acariciarse para mí, a la vez que trata de volver a subir y bajar por mi pija. El placer que comienza a sentir Harry es tanto que lo hace cerrar los ojos con fuerza, pero eso no es algo que quiero que haga. No, él iba a correrse mirando a los ojos del responsable de brindarle todo este placer.
─Harry, mírame.
Harry abre los ojos y me mira expectante, como si estuviera esperando para que le diera una nueva indicación. Sin embargo, esa no era mi intención. Lo único que Harry tendría que hacer a partir de ahora sería disfrutar de todo el placer que estaba a punto de darle. No queriendo dilatar más esto, en especial cuando sentía mi erección doler dentro de ese abrasador calor, tomo sus caderas con mis manos y vuelvo a ayudarlo a subir y bajar por mi pija, mientras me aseguro de subir las caderas para golpear fuertemente contra su próstata. Harry me observa a través de unos ojos entrecerrados en placer y comienza a gemir descontrolado por esto, y todo esto mientras continúa acariciándose a gran velocidad para mí.
Esos adorables gemidos-ronroneos que eran tan característicos de Harry comienzan a escucharse por todo el dormitorio, con lo cual podía asegurar que él estaba demasiado cerca de alcanzar el clímax. Sosteniendo sus caderas con un agarre que podría ser capaz de dejar marcas debido a la fuerza que tenía impreso en él, aumento el ritmo y la potencia de mis estocadas para atormentar ese punto dentro de Harry que lo hace perder toda inhibición. Harry sube y baja con mayor velocidad por mi pija y desde aquí puedo ver cómo los músculos del brazo que lo sostienen a mi pierna comienzan a temblar por el gran esfuerzo que están haciendo para mantenerlo equilibrado. Viendo que Harry no podría durar mucho más en esta posición, y teniendo la certeza de querer que se corriera montándome, apunto hacia su próstata y doy una seguidilla de despiadadas embestidas contra ella que consiguen arrancarle un fuerte grito cuando alcanza el orgasmo. Los músculos de todo su cuerpo se tensan y su entrada se cierra en un apriete doloroso alrededor de mi pija, mientras que de su pene brotan hilos de una pegajosa sustancia blanca que manchan mi estómago.
Harry se acaricia por unos segundos más para mí, mientras continúo follándolo con fuerza, pero mi ininterrumpido ataque a su próstata lo deja tan sobre estimulado, que no consigue mantenerse más en esta posición y colapsa hacia adelante hasta quedar recostado sobre mí. Este cambio de posición sólo juega a mi favor, ya que puedo tomarlo con facilidad del trasero para comenzar a dar un brutal ataque dentro de su cuerpo que lo hace soltar grititos contra mi cuello. Harry jadea y gime sin control, a la vez que besa la parte de piel que se encuentra frente a sus labios. Mis estocadas se vuelven frenéticas y me siento muy cerca de acabar, por lo que concentro todas mis fuerzas en enterrarme lo más profundamente que puedo dentro de él. Harry se aferra a mis hombros con desesperación y comienza a murmurarme unas sucias palabras contra mi cuello que consiguen hacerme correr durante lo que parecen ser horas.
─Por favor, Draco… por favor, fóllame más fuerte. Quiero que te corras dentro mío. Quiero sentirte llenándome por completo. Quiero… quiero poder sentirte dentro mío por el resto de la semana. Márcame por dentro. Hazme tuyo en todos los sentidos.
Y eso es todo lo que necesito oír para dejarme ir y hacer como Harry estaba deseando. Me corro con fuerza dentro de su cuerpo y apretando tan fuerte su trasero que lo siento temblar encima de mí; y si Harry no se hubiera corrido apenas unos segundos antes, de seguro lo habría hecho de nuevo por la intensidad con la que estaba reclamándolo por dentro.
Nos quedamos quietos y recuperando el aliento después de haber tenido uno de los orgasmos más intensos de nuestras vidas. Harry aún continúa dejando pequeños besos y lamidas sobre mi cuello, mientras yo le acaricio distraído la espalda y ese respingón trasero; y todo esto lo hago sin salir de su cuerpo. Los músculos de Harry comienzan a relajarse con mis atenciones y lo siento dar respiraciones más acompasadas. Temiendo que estuviera a punto de quedarse dormido encima de mí, le doy un fuerte azote en una de sus nalgas para despertarlo. El sonido resuena por todo el silencioso dormitorio y deja un eco en mi mente que podía hacerme excitar con facilidad. Harry ronronea feliz luego de que golpeo su trasero y se remueve encima de mí, aunque no parece haber encontrado esta acción como algo desagradable. De hecho, parece ser todo lo contrario. Interesante. Al parecer, mi gatito era más pervertido de lo que aparentaba y tenía un fetiche por recibir unos buenos azotes. Eso sin duda era algo que tendríamos que explorar la próxima vez que tuviéramos sexo.
Al ver que Harry no tenía intenciones de querer moverse de donde estaba, suelto una risa socarrona, y digo: ─¿Sabes? No soy el único con un esqueleto de plomo. ¡No te atrevas a quedarte dormido encima de mí, Potter!
Harry finge hacer sonidos de ronquidos y yo no puedo evitar rodar los ojos ante su intento de broma. ¿Así que no iba a moverse? Bien, dos podían jugar este juego. Ya veríamos si a este descarado gatito le quedarían ganas de seguir bromeando una vez que terminara con él.
Llevo mis manos hasta un lugar de sus costillas que sabía que eran un punto sensible de Harry y le hago cosquillas para despertar al "dormido" Auror. Harry suelta instantáneamente unas fuertes risitas y comienza a removerse para alejarse de mi ataque; y por extraño que parezca, esto no consigue hacer que mi pija se salga de su trasero.
─No, Draco. Detente. Por favor.
Su súplica muere en el acto cuando sigo haciéndole cosquillas, esta vez con mayor fervor. Escucharlo reír tan abiertamente y con tanta sinceridad era una de las cosas más maravillosas de este mundo. Desafortunadamente, nada es para siempre, por lo que debo dejar de hacerle cosquillas al ver que su respiración comenzaba a verse forzosa. Detengo mi ataque y retomo las caricias sobre su espalda por unos segundos más mientras él recupera el aliento. Una vez que consigue dejar de soltar risitas, deja un último beso sobre mi cuello y se incorpora hasta quedar sentado a horcajadas de mí una vez más. Luego, se eleva un poco y consigue hacer que nuestros cuerpos se separen de su unión al sacarme de su trasero.
Harry se coloca a mi lado y busca en su mesa de luz la varita para poder limpiarnos con un hechizo. Una vez que estamos limpios y con la única luz del dormitorio que proviene del tenue resplandor de la luna que se cuela de la ventana a nuestra izquierda, Harry se acurruca sobre mi pecho y me deja un pequeño beso sobre la piel que alcanzan sus labios.
─Te amo, Draco.
Sonrío al escuchar esas palabras ser murmuradas con tanta emoción, y no consigo evitar inclinarme hacia abajo para poder dejar un beso sobre sus alborotados cabellos, antes de responderle.
─Yo también te amo, Harry. Más de lo que jamás sabrás.
Harry deja un último beso contra mi piel, y en menos de un minuto, se queda dormido con una sonrisa plasmada en ese hermoso rostro. Y aunque yo nunca había estado más feliz en toda mi vida, no podía evitar tener esa desagradable sensación que me decía que esto no iba a durar eternamente, sólo restaba saber cuándo sería el momento en el que esta felicidad fuera arrebatada de mí. Después de todo, y por mucho que lo detestara, eso parecía ser a lo único a lo que estaba destinada mi vida.
Aclaración dentro del capítulo: Altais (también llamada δ Draconis) y Tyl (también llamada ε Draconis) son nombres de estrellas pertenecientes a la constelación Draco.
Notas finales: muchas gracias a todos por leer. Espero que les haya gustado el capítulo y que la parte de la entrevista que Luna le hizo a Draco no se les haya hecho muy pesada de leer, siendo que gran parte de ella ya lo habían leído en el capítulo anterior. Traté de resumirla lo más que pude, pero era imposible sacar la mayoría de las cosas porque eran importantes que estuvieran para poder redactar lo que Luna iba sintiendo con las respuestas a sus preguntas. En fin, no los aburro más con mis divagaciones. Sólo me resta decirles que pueden hacerme saber todas sus opiniones en un comentario.
Ahora sí, me despido. Nos leemos el próximo fin de semana.
