Resumen: Tercera parte de la serie "Constelaciones". Con la amenaza de Ginny eliminada, Draco y Harry finalmente pueden disfrutar de su relación en paz; pero, ¿es eso realmente cierto? Ambos descubrirán que los problemas están lejos de terminar. ¿Podrá el amor vencer todos los obstáculos que se les presenten? ¿O esta relación estará condenada a no tener un final feliz? DRARRY

Disclaimer: el universo de Harry Potter no me pertenece, todo es propiedad de Rowling y Warner Bro.

Notas de autora: ¡Hola a todos! Antes de dejarlos leer, quiero agradecer por sus alertas y favoritos. Este capítulo va dedicado especialmente a SaShaNix por haberse tomado el tiempo de comentar el anterior. Ahora sí, espero que lo disfruten.

Advertencias: el capítulo contiene en el inicio sexo oral explícito.


Cosmos: El fin de la felicidad

5 de enero de 2011

Me despierto de la misma forma en la que lo había hecho ayer, con la sensación de una cálida boca prendida a mi erección. Sin embargo, y a diferencia del día anterior, los movimientos que estaba haciendo esa talentosa boquita no eran pausados e inocentes, sino que eran tan fuertes y decididos que incluso estaban consiguiendo tomar casi todo mi pene en ella. Una chupada particularmente fuerte me hace abrir los ojos y posarlos en la erótica imagen que tenía frente a mí. Harry se hallaba totalmente desnudo en el hueco formado entre mis piernas, mientras se encargaba de succionar y chuparme la pija como si esa fuera su vocación en la vida. Un gruñido se me escapa al verlo posar la vista en mí y darme como puede una sonrisa traviesa sin quitar de su boca mi erección.

Y eso es todo lo que puedo soportar. Sin detenerme a pensar en lo que estoy a punto de hacer, llevo mis manos hacia abajo y tomo los cabellos de Harry con fuerza. Una vez que lo tengo retenido y sin posibilidad alguna de escapar, comienzo a dirigir sus movimientos para hacer que se incremente la velocidad del sube y baja que él estaba dándome con el fin de que su boca pueda llegar más profundo. Harry no parece incómodo ante mi brusca forma de tratarlo, de hecho, es todo lo contrario; porque de inmediato suelta un necesitado gemido que queda amortiguado gracias a todo el miembro que tiene en la boca, a la vez que relaja sus músculos y me permite usarlo como quiera. Al ver esta clara entrega de su parte, aprieto sus cabellos un poco más fuerte y comienzo a follarle la boca despiadadamente. Mis movimientos son tan veloces e intensos que incluso puedo sentir cómo mi pene golpea contra una parte profunda de su garganta. Esta acción genera sonidos muy sucios de arcada y succiones, pero un rápido vistazo hacia abajo me permite ver que Harry parece estar disfrutando tanto, o incluso más que yo, con la forma ruda en la que estaba tratándolo. Sus ojos permanecen cerrados y en su rostro puedo vislumbrar esa expresión de absoluto deleite que me había acostumbrado a verlo portar cada vez que teníamos sexo.

Había demasiadas cosas eróticas en esta vida, pero nada podía compararse con la imagen que Harry estaba brindándome. Verlo en ese estado de absoluta sumisión, uno en el cual confiaba ciegamente en mí para que me encargara de todo, era más de lo que podía soportar. Doy unos fuertes empujes más dentro de su boca y me corro con fuerza dentro de ella. Harry se atraganta un poco debido a la sorpresa que le produzco mi repentino orgasmo, pero aun así se las ingenia para tragar la mayor cantidad de mi semen. Una parte de éste escapa por la comisura de su boca y queda adherida a la parte baja de mi pija, sin embargo, Harry no pierde tiempo y se apresura a quitar mi pene de su boca para poder limpiar con su lengua todo lo que no había conseguido tragar. Las delicadas lamidas que Harry estaba dándome para limpiarme lo hacían ver como un travieso gatito, en especial cuando eleva la vista y me observa a través de unos ojos verdes cargados de deseo. Y esa era una imagen tan caliente que estaba casi seguro de poder volver a correrme simplemente con verlo lamérmela de esa forma.

Harry termina de limpiar por completo mi pene y se aparta unos centímetros de allí, por lo que aprovecho a jalarlo hacia arriba para poder unir nuestros labios en un lacerante beso. Cuando nos separamos para tomar aire, lo observo con una ceja en alto en un mudo cuestionamiento al motivo por el cual había tenido el honor de ser despertado de esta fabulosa manera. Harry parece comprender a la perfección lo que estaba preguntándole, porque se encoge de hombros en ese gesto que era tan suyo, y dice:

─Te prometí que, si te portabas bien, entonces te despertaría de esta forma. ─Harry aprovecha que me había sentado sobre la cama para acercarse y colocarse a horcajadas sobre mi regazo. Automáticamente, lo tomo de las caderas y comienzo a acariciarlo de manera sugerente. Harry se inclina hasta colocarse muy cerca de mis labios y termina de dar su explicación al murmurar sus palabras contra mis labios. ─Y como anoche te portaste muy, muy, muy bien conmigo, era justo que tuvieras una recompensa. ¿No estás de acuerdo?

No puedo evitar reír al oír esto, mientras mis manos viajan hacia atrás y se colocan sobre esas deliciosas nalgas que Harry tenía. Nuevamente, elevo una ceja y dejo salir algo con un divertido tono de voz.

─¿Sabes? Con gusto me encargaré de que todas tus noches sean como la de ayer. Todo sea por despertar con las maravillosas atenciones de tu boca.

Harry suelta una fuerte risita ante esto y me da un último beso, antes de removerse en mi regazo para poder levantarse. Sin embargo, no le permito alejarse. Con más fuerza de la que jamás pensé que tuviera, consigo voltearnos hasta que Harry queda recostado contra la cama, mientras que yo permanezco por encima de él. No queriendo darle tiempo a recuperarse de la sorpresa que le ocasionó mi repentino movimiento, me muevo hasta colocarme a la altura de su despierta erección y la tomo en mi boca con experta maestría. Harry jadea al sentir cómo mi lengua recorre toda la cabeza de su pija para recuperar el líquido preseminal que se había acumulado allí y, automáticamente, sus manos se cierran en puños contra las arrugadas sábanas. Sonrío con suficiencia por las reacciones que estaba consiguiendo arrancar de él, antes de dedicarme de lleno a recorrer y adorar cada centímetro de su miembro. En el mismo instante que escucho a Harry comenzar a gemir, vuelvo a la cabeza de su pija y me aseguro de bajar por su miembro hasta tener toda su extensión dentro de mi boca.

Realizo un movimiento de sube y baja con gran intensidad durante un buen tiempo y, cuando creo que Harry está cerca de alcanzar el orgasmo, muevo una de mis manos hasta posarla en su trasero y acerco un dedo para poder acariciar su entrada. No obstante, Harry se tensa al instante y se remueve algo incómodo, es casi como si esta acción le doliera. Inmediatamente, me aparto de su pene y lo observo con preocupación. Y lo que veo me deja con una gran confusión en el pecho.

El rostro de Harry estaba marcado de contradictorias emociones. Por un lado, él tenía los ojos fuertemente cerrados en un intento para evitar correrse tan pronto a causa del placer que mi boca había estado brindándole; pero por el otro, su mandíbula estaba tensa y desde aquí podía ver que algo de incomodidad lo había acometido cuando intenté colar un dedo dentro de su trasero. Temiendo que la ruda actividad que habíamos tenido anoche pudiera haberlo lastimado, vuelvo a subir hasta colocarme a la altura de sus labios y le acaricio la mejilla para que abra los ojos. Cuando lo hace, le pregunto aquello que terminaría de confirmar mis sospechas.

─Estás adolorido, ¿verdad?

─Sólo es una pequeña molestia, no es nada grave.

─No me mientas, Harry. Sabes que eres un pésimo mentiroso y que yo puedo notar con facilidad cuando no dices la verdad. Así que deja de mentir y sólo dime la verdad de una vez.

Harry me observa con una molesta mirada al ver que no había podido engañarme, y después de soltar un frustrado bufido, comienza a hablar con la verdad.

─Me duele un poco el trasero. ¡No mucho! ¡No es nada grave! Sólo es un poco de escozor, pero creo que sería mejor si le diéramos un poco de descanso a esa parte de mi cuerpo en específico. Espera, ¿a dónde vas?

Harry me ve levantarme de un salto de la cama y trata de seguirme, pero le lanzo una mirada de advertencia y le ordeno que se quede en la cama.

─Quédate aquí. No tardo.

Cuando estoy seguro de que él hará como le dije y no intentará seguirme, voy hasta la sala de estar y busco una poción para el dolor del armario en el que guardaba todas las pócimas. Rápidamente, vuelvo a la habitación y me siento a un lado de Harry, quien se encontraba mirándome con marcada confusión. Sin embargo, no me detengo a darle explicaciones y simplemente me encargo de destaparle la poción para pueda beberla.

─Bebe tres grandes sorbos de esto, te calmará el dolor. En la tarde te prepararé un ungüento para eliminar cualquier molestia que te haya quedado sobre la piel de tu entrada.

Harry la toma con desgana al reconocer lo que estaba dándole para beber, pero aun así bebe la cantidad indicada, aunque no sin realizar unas asqueadas muecas que consiguen arrugarle la frente en disgusto. Cuando termina de beber, me la pasa para que vuelva a taparla. Luego de dejarla sobre la mesa de luz, le masajeo con delicadeza las piernas y le hablo en un suave murmullo que deja ver lo muy arrepentido que estaba por haberlo dañado.

─Lo lamento. Anoche no me di cuenta de que estaba siendo muy brusco. Debiste haberme dicho que estaba siendo demasiado para ti, debiste haberme pedido que me detuviera; pero por sobre todas las cosas, yo debí darme cuenta de que te estaba haciendo daño. Lo siento. Lo último que querría es lastimarte. Lo sabes, ¿verdad?

Harry me observa en silencio con una mirada cargada de exasperación, pero que también estaba llena de cariño. Como puede, se incorpora hasta quedar sentado, aunque soy capaz de notar la adolorida mueca que hace a pesar de que intenta disimular este hecho. Luego, se acerca hasta poder enroscar sus brazos alrededor de mi cuello y comienza a tratar de tranquilizarme, pero esto no elimina por completo toda la culpa que estaba sintiendo correr por mi pecho debido a que había conseguido lastimarlo.

─Lo sé, tonto. Sé que nunca me lastimarías a propósito. ─Harry me deja un casto beso en la boca y con sus manos comienza a juguetear con mi cabello. ─Además, amé cada segundo de lo que hicimos anoche. De hecho, me gusta mucho cuando lo hacemos así de rudo. Todo el sexo contigo es algo perfecto e imposible de igualar, así que no quiero que te sientas culpable por ello. Estoy bien, Draco. Realmente lo estoy. Yo sólo… necesito algo de tiempo para calmar esa molestia que estoy sintiendo; pero te aseguro que, para esta noche, ya volveré a estar como nuevo y completamente listo para recuperar el tiempo perdido de esta mañana.

Harry suelta una divertida risita contra mis labios, pero eso no me tranquiliza en lo absoluto. Tenía miedo de que él estuviera reprimiendo gran parte del dolor que estaba sintiendo sólo para no herir mis sentimientos. Él parece notar que sus palabras no habían tenido el efecto que esperaba, porque suelta un exasperado bufido y me da una irritada mirada que estaba destinada a tratar de intimidarme, aunque mi preocupación por su bienestar físico es tan grande que ni siquiera consigo registrarla lo suficiente como para sentirme acobardado por ella. Al ver que su imponente mirada tampoco estaba dando resultado, Harry suelta una especie de exasperado gemido y me besa con fuerza, antes de intentar otro tipo de artimaña para calmar mi preocupación.

─¡Bien! Si tanto insistes en culparte por algo de lo que no tienes culpa alguna, entonces, ¿por qué no te encargas de chupármela en compensación?

Harry eleva ambas cejas en un gesto que pretendía ser lascivo, pero que a él sólo lo hacía ver completamente ridículo. Río entre dientes por las ocurrencias descaradas de mi gatito y niego con la cabeza. ¿En qué momento Harry había perdido toda esa timidez que lo había hecho sonrojar tanto las primeras veces que tuvimos sexo? Honestamente, no podría responder a esa pregunta aún si mi vida dependiera de ello. Y tampoco tenía en claro si el hecho de que Harry ya no tuviera ni un leve rastro de inocencia (en lo referente a asuntos sexuales, claro está) me hacía sentir contento o algo triste. En verdad adoraba la forma en la que Harry solía sonrojarse cuando yo intentaba avanzar en demostraciones de afecto físicas, pero, a su vez, encontraba muy satisfactorio el hecho de haber sido el responsable de despertar a este salvaje gatito que no tenía inhibición alguna por pedirme lo que deseaba que le hiciera para brindarle placer.

Sí, no tenía respuestas para ninguna de esas cuestiones, aunque de lo que sí podía estar seguro era de que nada de esto importaba. No cuando tenía a un impaciente gatito removiéndose expectante debajo de mí. Decidiendo que ya había cavilado suficiente por hoy, dejo un último beso en los labios de Harry y me aparto de su rostro para ubicarme entre sus piernas.

─Como usted ordene, su alteza.

Digo esto haciendo una fingida pantomima que hace a Harry reír mientras vuelve a recostarse en la cama. Cuando veo que se halla lo suficientemente cómodo, vuelvo a acercarme a su erección y la meto de un solo movimiento por completo en mi boca. Harry jadea ante ese repentino calor que rodea esa parte tan sensible de su cuerpo y toma con fuerza las sábanas para apretarlas con sus puños. Sonrío con presunción al haber conseguido arrancar esa hermosa reacción de él, y me dedico a poner toda mi atención en brindarle el mayor placer posible. Mi boca sube y baja a gran velocidad por todo su pene, mientras que utilizo una de mis manos para acariciarle con suavidad los testículos. Los gemidos de Harry se intensifican a medida que pasan los minutos y, por la forma en la que lo siento comenzar a tensarse debajo de mí, sé que no faltará demasiado para que se corra.

Incremento la velocidad de mis chupadas y me aseguro de tomarlo hasta la garganta con cada bajada que estoy dando, y eso es todo lo que necesito hacer para que Harry suelte uno de esos gemidos-ronroneos que tanto me gustan, y se corra con fuerza en mi boca. Cierro los ojos al sentir su sabor y me apresuro a tragar para no ahogarme con la pija que aún tengo en la boca. Harry lanza una especie de gimoteo al sentirme tragar y se aferra con aún más fuerza a las sábanas. Termino de tragar y saco su pene de mi boca, pero no me alejo de éste, sino que comienzo a darle unas lamidas por toda su extensión para asegurarme de que nada de ese líquido amargo y salado haya quedado allí. Cuando estoy conforme con mi trabajo, me acerco hasta su rostro y lo beso con delicadeza. Harry sonríe dentro del beso y enrosca sus manos en mi cuello para poder acercarme todavía más a él. Después de pasar unos cuantos minutos besuqueándonos, Harry se aparta dando un desganado suspiro, y dice:

─Será mejor que vaya a ducharme, o llegaré tarde al trabajo.

─¿Puedo unirme a ti en la ducha?

─Mmm… no lo creo. Lo que menos haríamos sería ducharnos si ambos lo hacemos al mismo tiempo.

Harry dice esto dando una divertida risita, a la vez que me empuja para que me quite de encima de él. Me aparto hacia un costado para dejarlo levantarse, pero eso no me hace desistir en mi idea de ducharnos juntos.

─¡Oh, vamos! ¿Qué crees que soy, un sexópata? ─Harry me da una mirada significativa que parecía indicar que así lo creía, y yo no puedo hacer más que rodar los ojos y cruzarme de brazos en un gesto de fingida molestia. ─Te haré saber, Potter, que soy lo suficientemente capaz de ducharme contigo sin hacer nada sexual mientras lo hacemos.

─Estoy seguro de que lo eres, Draco.

El sarcástico tono que Harry emplea sólo hace que mi vena competitiva salga a la luz, por lo que me apresuro a seguirlo al baño. Harry parecía muy confiado de que no sería capaz de mantener mis manos quietas mientras estuviéramos bañándonos. Bien, era hora de que le demostrara lo equivocado que estaba. Él no tenía idea de lo que el autocontrol Malfoy podía lograr cuando tenía un objetivo en mente.

─¿Quieres apostar? ¡Bien! ¡Hagámoslo! ─Digo con ese arrogante arrastre de palabras que solía emplear en Hogwarts, el mismo que Harry solía odiar, pero que, en la actualidad, sólo lo hacía estremecer de una forma placentera. Totalmente animado por su reacción, lo giro y aprisiono contra la puerta del baño para hacer que me enfrente. Cuando veo que tengo toda su atención puesta en mí, digo: ─Te apuesto a que puedo ser capaz de ducharme contigo y sin que te toque voluntariamente una sola vez.

Harry rueda los ojos e intenta escabullirse por debajo de mi brazo que estaba aprisionándolo contra la puerta, pero no le permito hacerlo y suelto aquella frase que nos representaba, la misma que sabría que lo haría aceptar mi desafío.

─¿Asustado, Potter?

Harry me da una irritada mirada y añade un empujón sobre mi pecho a la ecuación, antes de hablar con esa desbordante confianza que solía tener cada vez que nos enfrentábamos en la escuela.

─Ya quisieras, Malfoy.

Me aparto de su cuerpo y abro la puerta del baño con confianza porque sabía que ganaría fácilmente esta apuesta. Sin embargo, el desafío termina resultando mucho más difícil de cumplir de lo que había supuesto en un principio, ya que Harry estaba haciendo todo lo posible por excitarme y hacerme perder el control; desde dejar ligeros roces contra mi piel cada vez que se estiraba para buscar algo de la repisa donde teníamos los elementos de aseo; hasta las seductoras inclinaciones que daba para recoger el jabón cada vez que se le caía "accidentalmente" al suelo, y en las cuales él se aseguraba de quedar con su trasero elevado hacia mí para que no pudiera perderme nada de ese delicioso panorama.

Sin embargo, lo que casi termina de hacerme perder el autocontrol es la forma en la que él se acerca soltando risitas y me toma del cuello para poder atraerme a su altura, para luego proceder a atacar mi boca con ferocidad. Le devuelvo el beso con fervor, llegando incluso a colar mi lengua dentro de su boca, pero mi orgullo y ambiciones de ganar la apuesta podían más que mis deseos por él, con lo cual consigo mantener los brazos firmes a un costado y sin rozar su cuerpo. Harry gruñe un poco al no obtener la respuesta esperada, pero no lleva el beso más allá, afortunadamente para mis esperanzas de ganar la apuesta, aunque eso no beneficiara para nada a la frustración sexual que estaba sintiendo recorrerme por completo.

Después de que terminamos de ducharnos y secarnos, vamos al dormitorio para cambiarnos, y sólo entonces me permito sacar a relucir mi fanfarrona personalidad desde el lugar oscuro al que la había enterrado hace tantos años atrás, para burlarme como era debido por haberlo derrotado.

─Bueno, eso claramente me declara como el ganador de esta apuesta. A pesar de que jugaste muy sucio allí adentro, no pudiste hacer que te tocara ni siquiera una sola vez. Pudiste bañarte sin ningún problema.

─En realidad, ─Harry termina de abrochar sus botas y comienza a colocarse la túnica de Auror, mientras me da una mirada maliciosa y triunfante que consigue helarme la sangre, antes de continuar explicándose. ─no cumpliste del todo con los requisitos de la apuesta. Hubo una parte de ti que sí me tocó voluntariamente mientras estábamos bañándonos. Así que no has ganado, yo lo hice.

─¡Eso no es cierto, Potter! Mis manos nunca tocaron tu cuerpo. ¡¿Cómo puedes decir que…?!

─¡Oh! Pero en ningún momento yo especifiqué que me hubieras tocado con las manos.

Harry interrumpe mi ultrajada diatriba y termina de abrochar su túnica de Auror. Una vez hecho esto, se dedica a guardar su varita en la funda de su brazo derecho, mientras yo me quedo cavilando a qué estaba refiriéndose con esas ambiguas palabras. Yo no había usado ninguna parte de mi cuerpo para tocarlo, él había sido quien se había estado frotando y acariciando mis extremidades en cada oportunidad que había tenido. Entonces, ¿a qué estaba refiriéndose? Harry parece haber notado mi confusión, porque se acerca hasta donde me encontraba parado y se posa sobre la punta de sus pies para poder besarme de una forma profunda en la que había mucha lengua involucrada, y sólo entonces me percato del gran error que había cometido en la ducha.

Le había devuelto el beso cuando Harry me había besado mientras nos bañábamos.

Y no sólo había dejado que me besara, sino que había sido yo el que había empleado mi lengua para poder profundizar el beso. ¡Maldito y astuto gatito! ¿Cómo no pude ser capaz de ver venir esa artimaña? Honestamente, Harry tenía demasiado de Slytherin dentro suyo. No me extraña que el sombrero seleccionador hubiera querido ponerlo en mi casa cuando fuimos elegidos en primer año.

─No sé de qué estás hablando, Potter.

Finjo no tener idea de lo que habla para ver si consigo escapar de mi humillante derrota, pero Harry suelta una fuerte carcajada y acaricia mis labios con uno de sus dedos para hacerme ver gráficamente cuál era la parte responsable de mi cuerpo de haberme hecho perder la apuesta.

─Oh, creo que la lengua que colaste dentro de mi boca sabe exactamente de lo que estoy hablando. ─Una traviesa sonrisa se apodera del rostro de Harry, antes de girarse hacia un costado y comenzar a caminar a la salida. ─Date prisa y vístete. Se nos enfriará el desayuno. No creo que el hechizo calentador que le puse esta mañana vaya a durar mucho más.

─¿Ya hiciste el desayuno? ¿En qué momento? ¿Acaso tienes un jodido giratiempo contigo y no me lo dijiste? ─Pregunto asombrado y termino de ponerme un abrigado suéter para seguirlo a la sala.

─No hay giratiempo, tonto. Simplemente me levanté temprano esta mañana porque supuse que íbamos a perder mucho tiempo en otras… actividades.

Me acerco hasta él y le doy un beso en agradecimiento, en especial cuando veo el delicioso desayuno que había preparado para nosotros. Nos sentamos a la mesa de la isla y comemos en una charla trivial. Cuando llevamos más de la mitad del plato ingerido, Harry lanza un Tempus y se apresura a terminar de comer lo último de su plato.

─¡Mierda! Es muy tarde.

Harry se levanta de su asiento y se acerca hasta donde me encontraba sentado. Cuando me giro, coloca sus brazos alrededor de mi cuello y se inclina como si fuera a darme un beso, pero en su lugar comienza a hablar en un apresurado tono.

─Trataré de volver para almorzar, pero si no consigo hacerlo, te veré una vez que termine la cena en La Madriguera. ─Harry acorta la distancia que nos separa y deja un beso sobre mis labios que me deja con un extraño nudo en el pecho, aunque no podía identificar de dónde provenía este desgarrador sentimiento. Cuando se separa, murmura unas últimas palabras, antes de desaparecerse con un fuerte chasquido que todavía retumba en mis oídos. ─Te amo, dragón.

─Yo también te amo, gatito.

Y aunque no había nadie allí para escuchar esa respuesta, aun así, la digo. Mis palabras habían salido como un ahogado susurro, uno que estaba cargado de terror y desasosiego. No tenía idea del motivo por el cual estaba sintiéndome de esta forma, sólo sabía que tenía una molesta sensación apoderándose de mi mente; una que estaba diciéndome en todos los idiomas que conocía que este sería el comienzo de mi infelicidad, que esta había sido la última vez que podría besar a mi gatito. Que esta sería la última vez que lo escucharía decirme que me amaba.

Sacudo la cabeza para despejar esos incongruentes sentimientos y trato de mantener mi mente ocupada en otras cosas que no fueran esos extraños sentimientos de pérdida que aún me acometían. Con un movimiento de mi varita, elimino los restos del desayuno y mando todo a lavar con magia. Luego, voy hasta la chimenea y tomo un puñado de Polvos Flu. Arrojo los mismos a la chimenea y me inclino sobre las llamas esmeraldas para decir la dirección a la que quería acceder.

─Dimora Zabini.

El sonriente rostro de Pansy aparece en las llamas un minuto después.

─¡Hola, cariño! Siento la demora.

─No hay problema. Oye, Pans, ¿Blaise y tú tienen algo que hacer ahora?

─No que yo sepa. ¿Por qué?

─No han leído El Quisquilloso, ¿verdad?

─¿Por qué leeríamos esa risa de periódico?

Mis cejas se fruncen con molestia al escucharla criticar la revista del padre de Luna. Sí, era cierto que la mayoría de las temáticas de sus publicaciones eran, por decirlo de una manera educada, bastante extrañas e imposibles de demostrar a ciencia cierta. Sin embargo, los Lovegood habían sido los únicos dispuestos a darme una entrevista para publicar la verdad. Su publicación no había sido manipulada ni alterada para hacerme quedar mal, sino que había sido una copia casi exacta de lo que yo había dicho. Era por ese motivo que no podía permitirle a Pansy, por mucho que adorara a mi amiga, que siguiera insultando el trabajo de quienes me habían brindado un trato tan justo.

─No lo llames así. ─El tono que empleo es serio y no admite contradicciones. Pansy parece sorprenderse por este hecho y me observa como si me hubiera crecido una cabeza adicional, por lo que me apresuro a explicarme. ─El Quisquilloso fue el único medio de comunicación que estuvo dispuesto a brindarme una entrevista para aclarar las cosas. Luna fue quien me entrevistó y lo único que he recibido de parte de ella hasta ahora ha sido amabilidad. De hecho, hoy publicó la entrevista; y ya la he leído, así que puedo asegurarte que no encontrarás allí más que las palabras que yo quise decir.

Pansy abre los ojos con sorpresa y su boca adquiere una perfecta forma de círculo. Por unos segundos no dice nada y permanece viéndome con asombro, pero en cuanto consigue salir de su estado de estupor, se gira hacia la derecha, y grita:

─¡BLAISE! ¡TRAE TU PEREZOSO TRASERO AQUÍ DE INMEDIATO!

─¡¿Qué diablos quieres ahora, mujer?! ¡Estaba terminando de…! ¡Oh! ¡Hola, Draco! ─Pansy vuelve a girar su rostro hacia mi lado de la chimenea, y por un momento temo que comience a gritarme a mí. Sin embargo, lo único que hace es realizar un gesto con su mano para ahuyentarme de allí. ─Apártate. Vamos a pasar.

Me aparto de un salto y agradezco internamente el haberlo hecho con tanta prisa, porque de inmediato Pansy atraviesa la sala de estar dando sonoros repiqueteos de sus tacones. Honestamente, nunca entendería la manía que tenían las mujeres por usar calzados tan incómodos como esos. Blaise pasa por la chimenea unos segundos después y me da un amistoso manotazo en la espalda, sin embargo, su vista se encuentra posada sobre la mesa de la isla. Al ver que ésta se hallaba completamente vacía, sus ojos se llenan de decepción y sólo entonces reconozco el motivo por el que esto había ocurrido. Él de seguro estaba esperando ser recibido con uno de los gloriosos desayunos de Harry, el muy glotón. Pansy parece haber arribado a la misma conclusión que yo, porque de inmediato le lanza una mirada de advertencia que lo deja apaciguado en el sofá de la sala.

─¿Y bien? ¿Dónde está esa entrevista? ¡Exijo verla, Draco!

─¿Qué entrevista?

Blaise pregunta muy confundido, recorriendo su mirada desde Pansy hasta mí. Sin embargo, no tengo tiempo de responderle, porque la chimenea vuelve a encenderse y por ella atraviesa Adrian con un ejemplar de El Quisquilloso en la mano.

─¡Es jodidamente grandiosa, Draco! No vas a creerlo, pero los números se agotaron en menos de una hora. ¡Una hora!

─¡Dame eso!

Pansy le arrebata de un manotazo la revista que Adrian todavía tenía en la mano y la lleva hasta donde estaba sentado Blaise para que ambos pudieran leerla. Adrian se queda desconcertado por unos cuantos segundos debido al sorpresivo arrebato de Pansy, pero luego sacude la cabeza y me da una orgullosa palmada en la espalda.

─Lovegood me llamó esta mañana para comentarme que los ejemplares se habían agotado. Me dijo que iba a tener que volver a imprimir copias de la revista para poder abastecer a la demanda. Hiciste un trabajo increíble, Draco. Ahora sólo tenemos que ver cuál es el verdadero impacto dentro de la sociedad.

─Gracias, Adrian, pero no todo el mérito es mío. Luna realmente hizo un grandioso trabajo con la… ¡Uff!

Me quedo sin aliento cuando Pansy se abalanza hacia mí para darme un fuerte abrazo. Giro la cabeza hacia la derecha y veo que no sólo Pansy parecía muy contenta conmigo, sino que Blaise tenía en su rostro una orgullosa expresión. ¿Cuál había sido el motivo por el que se habían convertido de repente en dos cursis Hufflepuffs? Finalmente, es Pansy la que se explica, aunque su cabeza aún está enterrada en mi pecho, por lo cual sus palabras salen bastante amortiguadas.

─¡No puedo creer que les hayas dicho a todos sobre el trato que recibimos por parte del resto del mundo mágico! ¡Y en un medio de comunicación! ¡Eres el mejor de todos, cariño!

─Pansy tiene razón, hermano. Eso que has contado podría abrirle los ojos a la maldita sociedad de una vez por todas. ¡Diablos! Si no fuera porque Harry podría patearme el trasero de aquí hasta Neptuno, te besaría en este jodido momento.

─Sí, preferiría que no lo hicieras. ─Me apresuro a detener cualquier acción que tuviera las palabras Blaise y beso juntas, a la vez que intento separar a Pansy de mi cuerpo. Honestamente, esa chica podía apretar muy fuerte cuando quería. ─Me basta con que me ayuden a clasificar las cartas y vociferadores que de seguro me enviará la sociedad mágica.

Y como si las hubiera convocado con magia, unas cuantas lechuzas aterrizan frente al gran ventanal de la sala y comienzan a golpetear el vidrio para hacerse notar. Consigo librarme del agarre letal de Pansy y voy hasta la ventana para abrirla. Después de que termina de pasar la última, veo que por el cielo venían otras cinco lechuzas más. Teniendo la certeza de que estas no serían las únicas que vendrían, dejo el ventanal abierto y me dedico a quitarles las cartas a las lechuzas. Pansy, Blaise y Adrian hablan entre ellos por unos segundos, y luego se dividen las tareas para que no nos estorbemos los unos a otros.

Y así comenzamos a realizar un sincronizado trabajo para encargarnos del correo. Al parecer, yo me había tenido que quedar con la tarea de retirar las cartas de las lechuzas y colocarlas en el aparador a mi lado, a la vez que me encargaba de darle una golosina a la lechuza que hubiera terminado de quitarle su carta. El cuenco con cartas y vociferadores era distribuido en tres pilas diferentes gracias a Pansy y Blaise. Del lado izquierdo, el más cercano a la chimenea, estaban ubicándose los vociferadores. A Adrian le había tocado la tarea de ir incinerándolos en la encendida chimenea para que no tuviéramos que escuchar del todo sus insultos. Al lado de los vociferadores se hallaban las cartas que tenían comentarios hirientes y discriminatorios, pero que no llegaban a tener la violencia desmedida de los vociferadores. Por último, en el extremo derecho se ubicaban las cartas con buenas intenciones y palabras de aliento. Y por muy extraño que parezca, esta última pila era la más grande de todas.

─Muy bien, esta es de un mago llamado Elphias Doge. Escribo esta carta para expresar mi indignación… bla bla bla… No puedo comprender cómo alguien que estuvo involucrado en la muerte de mi gran amigo, Albus Dumbledore, tenga el descaro de… bla bla bla… ¡Oh! ¡Mira, Draco! El viejo costal de huesos te llama un niño malcriado y arrogante, pero lo hace empleando palabras muy pomposas.

Blaise suelta una carcajada ante eso y aparta la carta a un costado para tener una buena risa de ello más tarde. Ruedo los ojos al ver la poca seriedad con la que mi amigo estaba tomando la opinión de ese mago, a tal punto que no parecía brindarle importancia a la forma tan despectiva con la que ese viejo hombre estaba llamándome; un mago que, si no recordaba mal, había formado parte de la Orden del Fénix y había sido un férreo defensor de Dumbledore y de Harry durante la última guerra. Sacudo la cabeza para alejar los depresivos pensamientos que estaban formándose en mi pecho, unos donde la mayoría de las personas que Harry conocía y apreciaba no parecían estar muy contentos de que formara parte de la vida de su querido héroe, y me dedico a desatar la carta de la próxima lechuza.

─¡¿CÓMO TE ATREVES A CORROMPER CON TUS SUCIAS MANOS A ALGUIEN TAN NOBLE COMO HARRY POTTER?! ¡ERES LA PEOR BASURA QUE HA PISADO ESTA TIERRA! ¡ALGUIEN TENDRÍA QUE DARTE TU MERECIDO, REPUGNANTE ESCORIA! ¡OJALÁ TENGAS UNA MUERTE LENTA Y DOLOROSA! ¡Y TAMBIÉN...!

Detengo mi trabajo al escuchar los fuertes gritos que estaba soltando uno de los vociferadores. Cuando me giro hacia la chimenea para ver qué estaba ocurriendo, veo que Adrian estaba intentando por todos los medios quemarlo para poder apaciguar los chillidos de la mujer que había enviado el vociferador, pero esto resulta ser contraproducente y los alaridos empiezan a resonar con mayor potencia. Después de que el vociferador suelta un último comentario muy desagradable hacia mis preferencias sexuales, la carta finalmente queda en silencio y se incinera dentro de la chimenea en un pestañeo.

─Lo siento. Esta cosa tenía un hechizo para evitar que el fuego la afectara. En cuanto la arrojé a la chimenea, se abrió sola.

Asiento hacia Adrian y vuelvo a mi tarea de quitarle la carta a la lechuza que estaba observándome con algo que se parecía a la impaciencia. Después de desatarle la carta y darle una gran golosina en compensación por haber tenido que esperar, dejo el sobre en el aparador y continúo con la siguiente lechuza que se había posado frente a mí. Sin embargo, vuelvo a ser interrumpido por el emocionado gritito que suelta Pansy.

─¡AWW! ¡Mira, Draco! Este chico está agradeciéndote por haberle brindado el valor de aceptar su sexualidad. Dice que sus padres son muggles y que temía cuál podría ser su reacción cuando se enteraran porque ellos siempre habían visto con mala cara a las parejas homosexuales. Dice que tus libros fueron de gran ayuda para hacerle compañía en esos días en los que mantener su secreto estaba volviéndose imposible de soportar. ¡Incluso dice que se arrepiente de haber sido tan prejuicioso con los Slytherins de su generación! Dice que él, al haber sido un Gryffindor, creció creyendo que todos los Slytherins eran malvados, pero que tú no puedes ser tan diabólico si Harry Potter se ha enamorado de ti. Y también dice que está ansioso por leer tu nuevo libro y que le encantaría que pudieras realizar una firma de libros, así podría conocerte y agradecerte en persona.

Pansy guarda la carta en el sobre y la coloca junto a aquellas que tenían buenas opiniones, y luego sigue leyendo otra de las que hay en la pila sin abrir. Me quedo con la mirada perdida en esa carta que ella me había leído, y una pequeña sonrisa intenta asomar por mi rostro. Al menos mi trabajo había conseguido mejorar un poco la vida de una persona. Más animado que nunca, desato la carta de la lechuza y le acaricio la cabeza mientras ésta come la golosina que le había dado. La lechuza termina de comer y sale por la ventana, y cuando me giro para seguir con la siguiente, descubro que ya no quedaban animales en mi apartamento. Por el encapotado cielo londinense no parecían haber rastros de que estuvieran llegando más lechuzas, por lo que me apresuro a cerrar la ventana para detener el frío viento que estaba colándose por ella. Luego, me acerco hasta mis amigos e intento ayudarlos a clasificar, pero descubro que ellos ya habían terminado de hacerlo.

Hacemos entre todos un recuento final del correo obtenido y descubrimos, con gran sorpresa, que las cartas con opiniones positivas y de aliento duplicaban al número de vociferadores y cartas que poseían comentarios hirientes. Sin embargo, lo que nos deja con una esperanzada sensación en el pecho es la gran cantidad de personas que parecían verdaderamente arrepentidas de haber discriminado a aquellos que habían pertenecido a la casa Slytherin. Al menos algo positivo había salido de todo esto. Quizás, con ello la sociedad mágica podría comenzar a dejar detrás algo del resentimiento que poseía y podríamos forjar un mundo un poco más justo para todos.

─¡Oh! ¡Esto ha salido tan bien! Infinitamente mejor de lo esperado. No puedo esperar para dar las buenas noticias en la editorial.

Adrian nos hace un gesto de despedida con la mano y utiliza la chimenea para viajar hasta la editorial. Después de que se va, Pansy se acerca a mí y vuelve a darme un fuerte abrazo en agradecimiento, y con el ejemplar de El Quisquilloso que le había robado a Adrian en mano, desaparece hacia su mansión. Blaise me da otro orgulloso apretón en el hombro y se apresura a seguir a su esposa. Cuando todos mis amigos han dejado mi apartamento, me permito soltar un aliviado suspiro y dejo que una alegre sonrisa se instale en mi pecho. Más animado que nunca, tomo todos los sobres con comentarios maliciosos y los arrojo a la chimenea sin siquiera tener la intención de leer lo que dicen. Después de todo, sus prejuiciosos comentarios no eran algo que debiera importarme. No, la opinión que importaba era aquella de personas como las que habían escrito esas cartas con comentarios alentadores y que habían sido capaces de reconocer sus errores. Guardo estas cartas en un cajón del escritorio para poder responderlas más tarde, y decido comenzar a preparar el almuerzo. Sin embargo, el conocido resplandor plateado que atraviesa la ventana me detiene en el acto; y sé que es lo que dirá el ciervo plateado incluso antes de que comience a hablar con la voz de Harry.

─Lo siento, Draco. No podré volver a almorzar. Hay varios Aurores enfermos y estamos bastante colapsados aquí. Volveré después de cenar.

La sensación de desasosiego se incrementa al oír la voz de Harry y el nudo en mi pecho se acrecienta, aunque no podía ser capaz de comprender de dónde venían todas esas extrañas sensaciones que estaba sintiendo. Diciéndome a mí mismo que no podría solucionar nada con quedarme pensando en ello, voy hasta la cocina y me preparo algo de almorzar. Lo que fuera que estuviera a punto de ocurrir para hacer tambalear mi felicidad, vendría de todos modos y sin importar cuánto pensara en ello para prevenirlo. Así que no tenía sentido preocuparme antes de tiempo.

Termino de comer y me encargo de hacer la habitual limpieza del apartamento. Luego de que esta tarea está finalizada, voy hasta mi armario de pociones y busco los ingredientes necesarios para prepararle a Harry un ungüento que pudiera terminar de quitarle cualquier molestia que aún tuviera. Cuando lo tengo listo, lo llevo al dormitorio y se lo dejo sobre la mesa de luz para que pudiera ponérselo cuando volviera. Un rápido vistazo al reloj de la chimenea me indica que ya eran casi las cinco de la tarde. Aún era temprano. Quizás podría aprovechar este tiempo para escribir algo de "Galaxia". Habiendo tomado la decisión, me preparo una gran taza de té y voy hasta mi escritorio para comenzar a trabajar.

"…Gema Estelar. Había más de una Gema Estelar. De hecho, había siete de ellas distribuidas en distintas Constelaciones de esta Galaxia. ¿Cómo se suponía que él iba a poder encontrarlas a todas y en tan poco tiempo, siendo que hallar la Gema Estelar de su Constelación le había llevado casi un año entero? Y eso sin contar que, por ese entonces, había recibido la ayuda de Etamin para hacerlo. Ciertamente los sabios de la Constelación del Dragón estaban pidiéndole una tarea inverosímil, algo que ni con todos los deseos y fuerza de voluntad del mundo (y Leonis tenía de estos de sobra) podría cumplir. Al menos le quedaba el consuelo de tener en su poder, no sólo la Gema Estelar de Leo, sino también la Gema Estelar de Draco. Afortunadamente, Etamin ya había conseguido hallar la Gema Estelar de su Constelación incluso antes de que él hubiera ido a buscar la suya en su Constelación.

Sin embargo, y a pesar de tener dos Gemas Estelares en su poder, Leonis no puede evitar pensar que esta parecía ser una misión más que improbable de cumplir, aunque eso no significa que él no fuera a hacer hasta lo imposible por tener éxito. A Leonis no le quedaba otra opción más que hacer de tripas corazón y continuar adelante en ella sin importar cuánto tiempo y esfuerzo le llevara completarla. Después de todo, esta parecía ser la única manera de traer de vuelta a Etamin sano y salvo. ¡Y que el Cosmos lo condenara por el resto de la eternidad si Leonis no iba a hacer lo que fuera por traer a Etamin nuevamente con él! Sí, Leonis siempre hallaría una manera de encontrar a Etamin, sin importar los desafíos a los que tuviera que enfrentarse para hacerlo; porque él, más que nadie, sabía que no existía fuerza en el universo que pudiera ser capaz de separarlo de su dragón.

Leonis aprieta con más fuerza el grueso abrigo que tenía puesto y maldice una vez más el frío que hacía en esta condenada tierra de la Constelación Corvus. Honestamente, ¿cómo podía alguien vivir en una tierra donde no había nada más que nieve por donde sea que mirara? ¿Siquiera tenían horas de luz solar en algún momento del día? Leonis cree que podría volverse loco de tener que vivir en un lugar tan inhóspito como este. El sonido de una rama quebrándose detrás de él lo saca de sus pensamientos y de inmediato se apresura a elevar su varita y apuntarla en la dirección del sonido. Su vista se posa en una joven de baja estatura y cabello violeta a la altura de los hombros. Sus ojos eran grandes y fríos, y tenían esa misma extraña coloración que tenía su cabello. La joven no parecía representar una amenaza, pero si algo le había enseñado su vida como guardián de su Constelación, era a no juzgar la peligrosidad de una persona sólo por su apariencia. Las personas más letales y peligrosas solían ser aquellas de las que uno menos sospecharía.

¿Quién eres y por qué estás en mi Constelación?

¿Eres la guardiana Raven?

Te hice una pregunta, forastero. Respóndeme, o tendrás que enfrentarte a mi poder; y créeme, no quieres ver de lo que soy capaz de hacer con tu lamentable existencia.

Leonis aprieta con fuerza la boca para evitar soltar un malicioso comentario que pudiera ofender a la que, si sus sospechas eran acertadas, era la guardiana de la Constelación Corvus. Tenía que recordarse a sí mismo el por qué estaba aquí. Etamin necesitaba las Gemas Estelares, y no podría cumplir con su misión si comenzaba a enemistarse con todos los demás guardianes de esta Galaxia. Reuniendo toda la poca paciencia que poseía, y sacando a relucir las escasas cualidades políticas que tenía enterradas en algún lugar lejano de su ser, Leonis asiente con educación y plasma una sonrisa en su rostro para poder tranquilizar a la chica frente a él. Sin embargo, eso no hace que la joven cambie su postura, por el contrario, continúa observándolo con impaciencia y un marcado desdén.

Lo siento. Tienes razón, no me he presentado. Mi nombre es Leonis. Soy el guardián de la Constelación de Leo. Estoy aquí para hablar con la guardiana de la Constelación Corvus. El asunto que debo tratar es de gran urgencia.

Estás hablando con ella. ─La joven baja las manos que había elevado hacia adelante en una postura de alto, como si por ellas hubiera sido capaz de lanzar magia sin varita (lo cual no sorprendería a Leonis si ella pudiera hacer tal cosa), y lo observa con una ceja en alto en un gesto que le recordaba dolorosamente a Etamin. ─¿Qué es eso de lo que tienes que hablar conmigo con tanta urgencia?

Necesito encontrar la Gema Estelar de tu Constelación.

La guardiana suelta una carcajada maliciosa que hace apretar los puños de Leonis a sus costados, pero no reacciona más allá de eso y espera a que ella termine de burlarse para poder continuar con su explicación. Desafortunadamente, cuando la guardiana termina de reír, es ella quien toma la palabra.

Al menos eres sincero en tus intenciones, debo reconocerte eso. ─Todo rastro de diversión desaparece del inexpresivo rostro de la joven guardiana, y de repente se torna incluso más frío que la nieve que los rodea. ─¿Y qué te hace creer que voy a dejarte acercar a mi Gema Estelar?

¡La tenía! ¡Ella la tenía! ¡Oh, gracias al Cosmos infinito! No tendría que enfrentar una búsqueda eterna en una tierra inhóspita por una gema que ni siquiera estaba seguro de que estuviera en esta Constelación. Bien, esto sólo lo acercaba aún más para recuperar a su dragón. Ahora sólo tenía que convencer a la chica de que le diera su Gema Estelar para que pudiera continuar con su búsqueda. Sin embargo, la guardiana no parece haber terminado su explicación, y cuando lo hace, el alma de Leonis cae al suelo de una forma tan fuerte que casi puede sentirla retumbar contra la nieve.

Y aun si quisiera permitírtelo, no podría hacerlo, ya que nunca hemos podido encontrar la Gema Estelar de Corvus."

Me estiro en la silla giratoria de mi escritorio y miro la hora en la computadora. Ya eran pasadas las ocho de la noche. Había estado escribiendo por unas tres horas y había conseguido escribir un capítulo casi entero. Decidiendo que podría dejar el resto para mañana, guardo el archivo y voy a darme una rápida ducha. Luego, vuelvo a la cocina y preparo algo ligero de comer. Me siento a la mesa de la isla y como en absoluto silencio, mientras pasa por mi mente un desgarrador pensamiento de que esto era lo más deprimente que había hecho en mucho tiempo. No recordaba cuándo había sido la última vez que había tenido que cenar solo, lo cual era extraño, siendo que había estado haciéndolo durante años. Era asombrosa la facilidad con la que me había acostumbrado a tener la presencia de Harry durante las noches; pero más increíble aún era lo mucho que se hacía notar la ausencia de Harry en mi vida, a tal punto de ser casi tangible. Habiendo perdido por completo el apetito, desaparezco el resto de mi sándwich y lavo los pocos utensilios que había utilizado. Después de higienizar mis dientes, vuelvo a la sala de estar y decido entretenerme con algo para esperar a Harry.

El recuerdo de las cartas que había guardado en el cajón de mi escritorio vuelve a mí, por lo que decido que este era un buen momento para escribir respuestas en forma de agradecimiento. Trabajo en absoluto silencio por más de una hora, deleitándome internamente con todos los halagos y palabras de apoyo que todos esos magos y brujas me habían brindado. Termino la última carta para el chico del que Pansy me había leído hoy, y descubro que ya había terminado de responder todas las cartas. Sin embargo, y para mi mayor decepción, Harry aún no había vuelto de La Madriguera. ¿Qué diablos le estaba tomando tanto tiempo? Otro rápido vistazo al reloj de la chimenea me indica que ya eran pasadas las diez de la noche. Al parecer, Harry no tenía intenciones de volver pronto. Sintiendo un gran cansancio, tanto físico como emocional, decido ir a acostarme. No obstante, soy detenido por el sonido de una aparición detrás de mí.

Harry había vuelto.

Me giro con una sonrisa en la cara y trato de acercarme para darle un beso, pero Harry me esquiva y mantiene su mirada puesta en cualquier lugar menos en mis ojos.

─Iré a darme una ducha.

─¿Quieres algo de compañía mientras lo haces?

Bromeo y le doy una seductora sonrisa, a la vez que intento acercarme a él una vez más. Sin embargo, la exclamación apresurada y tajante que Harry suelta me deja congelado en el lugar.

─¡No!

Yo no estaba ubicado cerca de algún lugar que pudiera devolverme mi reflejo, aunque no necesitaba estarlo para saber que mi rostro debía estar plagado de tristeza y dolor al oír ese claro rechazo por parte de Harry hacia mi persona. Él parece notar la forma despiadada con la que me había tratado, por lo que se apresura a aclarar algo para tratar de tranquilizarme, aunque en ningún momento me mira a los ojos para hacerlo.

─No, yo… yo sólo necesito estar solo por un rato.

─De acuerdo.

Digo esto en un tono bajo, mientras trato de reprimir toda la desilusión que estaba sintiendo, pero no creía que estuviera haciendo un gran trabajo con ello, ya que Harry parece haber comenzado a temblar después de escucharme hablar; aunque yo no podía asegurar que él estuviera haciéndolo por la culpa que estaba sintiendo al haberme contestado de esa forma, o por lo mucho que parecía molestarle mi presencia aquí. Algo me decía que, por desgracia, era por esta última cuestión.

Harry parece poder ser capaz de reprimir lo suficiente sus emociones y vuelve a emprender el camino hacia el baño. Sin embargo, el recuerdo de lo dolorido que estaba esta mañana me asalta y pienso que tal vez este fuera el motivo por el que él estaba actuando tan extraño. Queriendo enmendar las cosas, me armo de todo el poco valor que poseo y comienzo a hablar en un bajo tono para no volver a ocasionarle una reacción como la de unos instantes atrás. Sin embargo, lo que obtengo por parte de Harry me hace desear que se hubiera volteado a gritarme y maldecirme, cualquier cosa sería mejor que la fría indiferencia que estaba dándome.

─Te preparé el ungüento para el dolor, por si aún estás adolorido. Lo dejé sobre tu mesa de luz.

Harry vuelve a detenerse en su andar y aprieta los puños a sus costados hasta hacerlos volver blancos. Su cuerpo parece estar temblando, pero nuevamente no puedo discernir si es producto del llanto que él estaba intentando reprimir, o debido a lo muy enfadado que se encontraba conmigo. Finalmente, y después de lo que parecen haber sido horas, me da un seco asentimiento y se encierra en el baño dando un portazo.

Me quedo observando el lugar por el que se había ido Harry como si estuviera petrificado. El dolor que sentía apoderarse de mi pecho era insoportable y estaba extendiéndose por otras partes de mi cuerpo. Me dolía la garganta de una forma similar a la que obtendría si me hubiera tragado cientos de agujas. La respiración se me estaba haciendo cada vez más dificultosa a medida que los segundos pasaban, y mis ojos ardían como si les hubieran lanzado ácido sobre ellos. No tenía ni una ínfima idea de qué había puesto en ese estado a Harry, ni tampoco sabía por qué él parecía estar evitándome. Lo que sí tenía muy en claro era que, fuera lo que fuera que lo hubiera puesto así, había sido por algo que las comadrejas le habían dicho. Todo había estado bien entre nosotros, incluso cuando Harry había ido a trabajar, ya que me había avisado que no vendría para almorzar y en el mensaje de su Patronus él había sonado verdaderamente arrepentido de no poder regresar a casa al mediodía. El único momento del que no había tenido registro de Harry había sido cuando él había estado cenando con la familia Weasley. Algo debió haber ocurrido en La Madriguera, algo que había hecho que mi infelicidad comenzara.

Me trago como puedo el doloroso nudo que siento comprimirme la garganta, y fuerzo a mi cuerpo a reaccionar para ir hasta nuestro dormitorio. Al pasar por la puerta cerrada del baño, puedo oír con claridad el sonido que hace el agua de la lluvia de la ducha al golpear contra la bañera. Sin embargo, no soy capaz de escuchar ningún llanto o apesadumbrado gemido, ni siquiera un enfadado gruñido. Nada. Si no supiera quién se encontraba dentro del baño, podría pensar que no había nadie allí y simplemente me había dejado la ducha abierta. Cierro los ojos con fuerza durante unos segundos para retener las lágrimas que comenzaban a picar en mis ojos, y reemprendo el camino hacia el dormitorio. Una vez allí, me desvisto para quedarme sólo con mi ropa interior. Me meto dentro de la cama y giro la cabeza hacia la izquierda para confirmar lo que ya suponía. Allí, posado sobre la mesa de luz, se encontraba el ungüento que le había preparado a Harry. Por lo visto, él ni siquiera tenía intenciones de usarlo.

Ver de forma tan gráfica el absoluto rechazo que Harry parecía tener por mí era más de lo que podía soportar. Rápidamente, aparto la vista del ungüento y me quedo observando el techo del dormitorio por lo que parecen haber sido horas. Mi pecho comienza a llenarse de una desagradable sensación de odio y rencor, una en la que mi magia quiere salir descontrolada para hechizar hasta el olvido a cada una de esas malditas comadrejas por haber arruinado nuestra perfecta vida. Por desgracia, la voz de mi conciencia evita que me levante y haga exactamente como deseo, ya que ella está encargándose de recordarme lo mucho que Harry detestaría que yo lastimara a alguno de los miembros de la familia Weasley. Harry jamás me perdonaría si yo hiriera a las personas a quienes él consideraba como su familia sustituta. Sin embargo, y a pesar de seguir haciendo todo lo posible por mantener a Harry feliz, eso no evita que una molesta vocecita se cuele en el fondo de mi mente para susurrarme con malicia cuán poco me amaba Harry si era capaz de dejarse influenciar tan fácilmente por los comentarios maliciosos que los Weasley pudieran haber hecho de mí.

Y dolía. Merlín, sí que dolía saber que el supuesto amor que Harry tenía por mí siempre estaría condicionado a lo que pensaran las comadrejas de mí. ¿Acaso no habían sido suficientes todas las diferentes formas en las que le había demostrado que lo que sentía por él era un amor total y absolutamente incondicional? ¿Es que no importaba todo el dolor que había tenido que pasar a lo largo de estos años sólo por verlo continuar con su vida con la persona que, por ese entonces, había creído que él quería estar? Pero por sobre todas las cosas, ¿alguna vez podría hacer que Harry confiara ciegamente en mí? ¿O es que jamás podría hacer que quitara de sí ese claro recelo y desconfianza que, aún al día de hoy, él parecía tener por mí?

No tenía una sola respuesta para alguna de estas preguntas, y tampoco estaba seguro de querer saberlas porque no podía asegurar que fueran a gustarme. Con el corazón comenzando a resquebrajarse dentro de mi pecho, cierro los ojos y trato de reunir todas las enseñanzas que mi padre me había dado para mantener mi expresión en blanco. Lo último que necesitaba en estos momentos era dejarme aún más expuesto de lo que ya lo estaba. No sé cuánto tiempo paso tratando de reprimir mis emociones para que éstas no se desbordaran a través de saladas gotitas por mis ojos, pero estoy seguro de que había sido uno bastante largo; y, aun así, Harry todavía no había salido de la ducha.

Realmente estaba comenzando a preocuparme. Entendía que él necesitara un tiempo a solas, pero hacía más de una hora que Harry se había encerrado en el baño. ¿Se habría descompensado? ¿Debería ir a chequear que estuviera bien? Pero él no parecía estar apreciando mi presencia en estos momentos. Entonces, ¿qué se suponía que debía hacer?

Afortunadamente, no debo tomar una decisión, porque escucho la puerta del baño abrirse y volver a cerrarse. Segundos después, Harry entra en el dormitorio dando pasos silenciosos, como si no quisiera despertarme, lo cual consigue alegrarme por una milésima de segundo. Si él estaba tan preocupado por no perturbar mi sueño, de seguro no podía ser nada grave lo que sea que lo hubiera vuelto tan distante cuando llegó. Sin embargo, cuando Harry se percata de que aún me encontraba despierto, este esperanzador pensamiento desaparece tan rápido como había llegado. Su rostro de inmediato se aparta para evadir mi mirada e, incluso desde aquí, puedo ver con claridad cómo sus músculos se tensan automáticamente.

Harry da los últimos pasos que lo separan de la cama y se recuesta en ella, pero con este hecho termino de confirmar lo arruinada que parecía estar nuestra relación. ¿Y por qué era eso? Porque Harry no se había acurrucado sobre mi pecho para dormir al igual que lo había estado haciendo desde esta Navidad; por el contrario, se había colocado de espaldas a mí y muy cerca del borde de la cama, lo cual evitaba por completo cualquier tipo de contacto con mi cuerpo. Su mirada estaba posada hacia la izquierda, en donde se hallaba el gran ventanal del dormitorio, y la postura de su cuerpo era tal que parecía una pequeña bolita.

Decidiendo que esta situación había llegado a un punto en el que rozaba el ridículo, me armo de valor e intento tomar cartas en el asunto. Soltando un suspiro casi imperceptible, me giro hacia la izquierda y trato de acercarme a su cuerpo para poder acurrucarme contra su espalda, pero la forma en la que Harry se tensa como la cuerda de un arco y comienza a apartarse incluso aún más de mí (a tal punto que podría caer al suelo de seguir acercándose un centímetro más a la izquierda), me detiene en el acto. Ese obvio rechazo que me había dado había sido, probablemente, una de las cosas más desgarradoras que había tenido que vivir en mi vida. Confirmado el hecho de que Harry no quería tener contacto conmigo, vuelvo hacia el lado derecho de la cama con el corazón destrozado y le brindo el espacio que tanto parecía estar necesitando. Quizás todo esto no fuera más que un mal sueño, una pesadilla. Quizás, las cosas mejorarían con una noche de descanso y Harry podría explicarme por la mañana el motivo por el que había estado actuando tan extraño en mi presencia.

Los minutos se convierten lentamente en horas, pero sin importar lo que yo hiciera, no podía hacer que el sueño acudiera a mí. La acompasada respiración que proviene de mi izquierda me es indicativo suficiente para saber que Harry no había tenido tales problemas y, por el contrario, había podido conciliar el sueño sin mayores complicaciones. Mi mirada hace rato que estaba viajando desde el adorable gatito que tenía dormitando a tan poca distancia de mí, y de vuelta al techo del dormitorio. Y a pesar de que intento ser fuerte y muy optimista al respecto, no puedo evitar tener la certeza de que había llegado lo que más había temido desde que comencé a salir con Harry.

Este sería el fin de mi felicidad. Este sería el momento en el que perdería a Harry para siempre.


Aclaraciones dentro del capítulo: Corvus (el cuervo) es una constelación del sistema solar que colinda con las constelaciones de Crater, Hidra y Virgo; y la guardiana que describí para esta constelación está inspirada en el personaje de Raven de la serie animada de Los Jóvenes Titanes (del año 2003)


Notas finales: ¿Cuál creen que sea el motivo por el que Harry está actuando de esa manera con Draco? Déjenme todas sus hipótesis y teorías en un comentario. Realmente estoy muy intrigada por leer lo que opinan de ello. ;)

Ahora sí, no los entretengo más. Nos leemos el próximo fin de semana.