Resumen: Tercera parte de la serie "Constelaciones". Con la amenaza de Ginny eliminada, Draco y Harry finalmente pueden disfrutar de su relación en paz; pero, ¿es eso realmente cierto? Ambos descubrirán que los problemas están lejos de terminar. ¿Podrá el amor vencer todos los obstáculos que se les presenten? ¿O esta relación estará condenada a no tener un final feliz? DRARRY
Disclaimer: el universo de Harry Potter no me pertenece, todo es propiedad de Rowling y Warner Bro.
Notas de autora: ¡Hola a todos! Antes de dejarlos con el capítulo de esta semana, quiero agradecer infinitamente a xonyaa11 y SaShaNix por haberme dejado sus hipótesis acerca del motivo por el que Harry está actuando tan extraño. Ahora sí, los dejo leer.
Cosmos: La traición
6 de enero de 2011
En algún momento de la noche había perdido la cuenta del tiempo que pasé mirando hacia la espalda encorvada de Harry. Él no se había movido en toda la noche de esa posición en la que se encontraba apretado en una pequeña bolita, aunque su acompasada respiración era la única confirmación que necesitaba para saber que él todavía se encontraba aquí, en nuestra cama, y conmigo. Al menos por ahora.
Cierro los ojos con fuerza para intentar apartar de mi cabeza todos esos depresivos pensamientos que comenzaban a alzarse por cada rincón de mi mente, y vuelvo a observar en silencio la dormida figura de Harry. Eran casi abrumadores los deseos que tenía por acercarme y tomarlo en mis brazos hasta que él entendiera la magnitud de lo que significaba para mí, pero el recuerdo de los eventos ocurridos anoche me había estado sirviendo para ahogar esos deseos y, en cambio, había tenido que conformarme con simplemente quedármele viéndolo dormir. Después de todo, no creía que él apreciara mi cercanía en este momento.
Harry suelta un suave ronquido y se aprieta aún más en esa bolita que había hecho con su cuerpo, a tal punto que sus músculos se tensan de una manera que tenía que ser dolorosa. Mis manos comienzan a picar por los deseos que me invaden de acariciarlo para tratar de calmarle algo de la preocupación que lo estaba acometiendo. Sin detenerme a pensar en lo que hago, extiendo una de mis manos hacia la izquierda para recorrer con ella cada uno de los tensos músculos de su espalda, pero me detengo a milímetros de siquiera poder rozar su piel. De nada serviría despertarlo de su sueño, por muy incómoda que pareciera ser esa postura en la que él se encontraba. El recuerdo de la forma en la que había estado evitándome anoche era lo que terminaba de convencerme para apartar la mano y girarme hacia la derecha para poder levantarme de la cama.
Mientras busco lo más silenciosamente que puedo algo de ropa que ponerme para el día, me pregunto internamente si Harry seguiría portando ese extraño comportamiento en el que se encontraba anoche. ¿La noche de sueño le habría servido para alejar sus preocupaciones y volvería a ser el adorable gatito que alegraba mis días? ¿O seguiría evitándome sin darme una buena explicación del por qué lo hacía? Y si esto último seguía ocurriendo… ¿Qué sería de nuestra relación? ¿Es que Harry siquiera quería seguir en una relación conmigo? ¿Era posible que su extraña conducta se debiera a que él no sabía cómo decirme que ya no quería salir conmigo?
El agudo dolor que comienzo a sentir en el pecho me detiene a medio camino de terminar de colocarme el suéter. Mi respiración comienza a agitarse y, por más que intento dar bocanadas de aire, siento que no puedo respirar adecuadamente. Harry no estaría pensando en romper conmigo, ¿verdad? ¿Por qué lo haría, siendo que no hemos tenido nada más que felicidad en cada uno de estos días que pasamos juntos? ¡No! No podía pensar de esa forma. Harry no iba a romper conmigo. Estaba casi seguro de que su comportamiento no se debía a algo que yo hubiera hecho. Lo que sea que lo hubiera puesto en ese estado no tenía nada que ver con nuestra relación y, aun si lo tuviera, yo estaba dispuesto a hacer hasta lo imposible para demostrarle que podíamos resolver los problemas juntos. Sí, yo le demostraría a Harry cuánto me preocupo por él en una infinidad de formas diferentes de ser necesario; pero, por sobre todas las cosas, me aseguraría de dejarle en claro cuánto lo amo. No iba a renunciar a mi gatito tan fácilmente, no sin agotar hasta la última opción que me quedara disponible.
Más animado que nunca, termino de vestirme y salgo de la habitación en silencio. Después de ir al baño para higienizarme, voy a la cocina y decido comenzar a preparar el desayuno. Reviso las alacenas y el refrigerador para tratar de darme inspiración sobre qué cocinar. En cualquier otro momento de mi vida hubiera resuelto el asunto con algo tan simple y aburrido como unas tostadas. Sin embargo, eso era lo último que quería hacer hoy. Si bien cocinar no era mi fuerte ni la tarea que más me gustaba realizar, esta vez tenía pensado hacer algo especial, algo que podría comenzar a hacerle ver a Harry cuánto me importaba.
Con esa resolución en mente, tomo los ingredientes que necesito y comienzo a preparar panqueques. Los primeros que hago salen quemados y con un aspecto francamente repugnante, así que los desaparezco con la varita y comienzo de nuevo. Después de otros dos infructíferos intentos, y de haber soltado el repertorio de insultos más ingeniosos que se hayan oído en la historia de los insultos, consigo hacer una tanda lo suficientemente aceptable como para que pueda colocarlos en un plato. La forma que estos tenían no era la de un perfecto círculo como los que solía hacer Harry, pero al menos el sabor y el color que poseían era casi idéntico a los que él preparaba. Decidiendo que Harry apreciaría más el hecho de que supieran bien que la presentación que tuvieran, me encojo de hombros y sigo friendo panqueques. Cuando termino de preparar el último, les agrego jalea y mantequilla, y los llevo a la mesa. Les coloco un hechizo calentador y sigo con la segunda parte del desayuno. Caliento agua y busco nuestras tazas favoritas para prepararnos un té. Dejo reposar los saquitos en las tazas para que se impregnen bien con el gusto del té, mientras busco dos vasos para servirnos jugo de naranja.
Cuando tengo todo listo, llevo todo a la isla y observo mi trabajo, y sólo entonces recuerdo que había olvidado ponerle azúcar a la taza de Harry. Vuelvo a la cocina y busco la azucarera. Luego, vuelvo a la isla y comienzo a añadirle la insalubre cantidad de azúcar que Harry solía ponerle. Estoy a punto de terminar de añadir la última cucharada, cuando siento la puerta del baño cerrarse y la del dormitorio volver a abrirse. Harry ya estaba terminando de vestirse por lo visto. Reviso toda la mesa de la isla para ver si había olvidado algo, y allí me doy cuenta de que no había puesto utensilios con los que cortar los panqueques. Vuelvo a la cocina y busco cuchillos y tenedores. Una vez en mi poder, los llevo a la mesa de la isla y comienzo a distribuirlos. Estoy terminando de colocar un tenedor junto a mi plato, cuando siento las suaves pisadas de Harry acercándose. Tomo una pequeña inspiración para brindarme ánimos, y me giro con cautela hacia él para darle una sonrisa tentativa.
─Buenos días. Te preparé el desayuno. Y no, no estás viendo espejismos. No hice tostadas.
Intento bromear con mis pobres capacidades culinarias, pero Harry ni siquiera hace el intento de mirarme a los ojos. Por el contrario, permanece con la vista fija en el suelo y con las manos cerradas en puños a los costados. Sin embargo, lo que más logra asustarme y confundirme es la forma en la que su cuerpo parece estar temblando y, al igual que anoche, no puedo distinguir si esto es producto del llanto que él estaba intentando retener, o debido al enfado que lo acometía. Harry ni siquiera parece registrar la preocupada mirada con la que estoy observándolo, o, si lo hace, elige no brindarle importancia; porque de inmediato se gira para darme la espalda y habla en un susurro tan bajo que, de no haber estado la sala en un absoluto silencio, podría habérmelo perdido.
─Yo no… no tengo hambre.
Siempre había creído que las personas exageraban demasiado cuando decían que sus corazones se rompían cuando algo los lastimaba emocionalmente. ¿Cómo podía romperse un órgano de nuestro cuerpo sólo por escuchar unas simples palabras? Sin embargo, esto que acababa de ocurrir terminaba de confirmarme que había estado equivocado toda mi vida; porque sí, un corazón podía romperse. El mío lo había hecho al ver la forma en la que Harry seguía evitándome y sin que tuviera una maldita idea del por qué lo estaba haciendo.
Harry parece ajeno a lo que sus palabras me han ocasionado, y simplemente comienza a dar dos pasos hacia adelante como si fuera a querer marcharse sin dar más explicaciones al respecto. Y eso es todo lo que puedo soportar. Inmediatamente, siento desaparecer cualquier rastro de paciencia que aún me quedara, para ser reemplazado por una fría y despectiva máscara que intentaba proteger los pocos fragmentos intactos que todavía me quedaban en el pecho.
─Muy bien, esto ya ha dejado de ser divertido. ¿Qué demonios te sucede? ¿Por qué estás actuando de esa forma tan extraña?
─Ahora no, Draco. Llegaré tarde al trabajo.
Harry responde en un ahogado susurro, como si estuviera haciendo un esfuerzo sobrehumano para no comenzar a llorar, pero yo no podía encontrar dentro de mi ser ni un leve rastro de preocupación por este hecho. No cuando él había puesto una excusa tan lamentable como la de tener que trabajar para seguir evitándome; una que era una absoluta y descarada mentira, dicho sea de paso.
─¡Eso es una mierda, y lo sabes! ¡Son las siete de la mañana, todavía tienes una hora antes de que tu turno comience!
─Tengo que ir antes. Tenemos a muchos Aurores enfermos en el Departamento y estamos colapsados.
Harry termina su explicación con otro lastimero susurro y sin mirarme a los ojos, pero yo no necesito que lo haga para saber que él estaba mintiéndome. Nos hemos conocido por más de veinte años (si teníamos en cuenta los años en los que habíamos sido rivales escolares), por lo tanto, yo sabía perfectamente cuándo sus palabras no eran más que viles mentiras. Harry, por su parte, ni siquiera parece estar arrepentido de haber soltado todas esas falsedades y simplemente vuelve a dar unos pasos hacia adelante. En un desesperado intento por salvar lo último que parecía quedar de nuestra relación, abro la boca y dejo salir lo único que podría hacerlo recapacitar, aunque mis palabras salen con un tono de voz tan ahogado que de seguro me sentiría avergonzado cuando lo recordara más tarde.
─Te amo, Harry.
Harry se detiene en el acto y suelta una especie de ahogado sonido, pero no se gira para enfrentar mi mirada; y justo cuando creo que mis palabras habían conseguido dejarlo estático en el medio de la sala de estar y sin ser capaz de decir nada, Harry suelta dos últimas palabras en un triste susurro; y luego, se desaparece con un fuerte chasquido sin volver a mirar detrás.
─Lo sé.
No lo dijo.
Él no lo dijo de vuelta.
Harry no me dijo que él también me amaba; y esa era toda la confirmación que necesitaba para saber que Harry ya no lo hacía, quizás nunca había llegado a hacerlo de verdad. Tal vez… tal vez todo esto no había representado más que una mera atracción sexual para él y, una vez saciada, yo ya no tenía nada más que ofrecerle a su vida. Mi corazón termina de romperse por completo ante esta dolorosa realización y, de inmediato, siento cómo mis ojos se llenan de lágrimas que quieren escapar de mis ojos. No obstante, el sonido de la chimenea al encenderse evita que alguna de esas saladas gotitas escape de ellos. Un rápido vistazo a la figura que había atravesado mi chimenea me indica que era Blaise quien lo había hecho. Sintiéndome sin fuerzas y completamente devastado por el doloroso descubrimiento al que había arribado, tomo asiento frente al plato que iba a ser para Harry y apoyo mis codos sobre la mesa para poder entrelazar mis manos en un pensativo gesto. Blaise parece ajeno a lo que me perturba, porque de inmediato toma asiento en mi lugar habitual y observa toda la mesa con una anhelante mirada.
─Nunca me cansaré de repetírtelo, Draco. No tienes idea de lo afortunado que eres por tener a alguien como Harry para que te cocine estas delicias.
Blaise corta un gran trozo de panqueque y lo lleva a su boca. Una vez que mastica, hace un complacido sonido que parecía indicar lo mucho que le estaba gustando la comida, aunque a mí no podría importarme menos. Lo único que pasa por mi mente es el hecho de que Harry ya no me ama.
─Esto no lo cocinó Harry.
Mi voz suena áspera y algo entrecortada, como si tuviera la garganta reseca, pero es todo el indicativo que dejo atravesar por la máscara de frialdad Malfoy para indicarle que algo malo había ocurrido. Sin embargo, Blaise no necesita más que esto para darse cuenta de lo grave que parecía ser esta situación, porque de inmediato aparta el plato a medio comer y me observa con marcada preocupación.
─¿Qué sucede?
Observo a Blaise en silencio por unos segundos, preguntándome si sería una buena idea decirle a mi mejor amigo acerca de las sospechas que tenía sobre Harry. Realmente no quería involucrarlo ni a él ni a Pansy en algo para lo que no tenía a nadie más que culpar que a mí mismo, sin embargo, necesitaba sacar esto de mi pecho de alguna manera porque podía sentir con claridad la forma en la que estos sentimientos estaban a punto de ahogarme; y Blaise había demostrado en varias ocasiones ser un gran oyente y un aún mejor consejero. Quizás él pudiera ver algo de toda esta situación que yo no había podido ser capaz de ver debido a las desgarradoras emociones que estaban estrujándome el corazón con cizaña.
Tomando una fuerte inspiración, me armo de valor para comenzar a relatar con lujo de detalle todos los eventos vividos desde que Blaise se había ido ayer de casa. Blaise me escucha en silencio y da asentimientos en los lugares adecuados, pero no deja que ninguna de las emociones que él está sintiendo por mi relato atraviese su calculadora mirada. Cuando termino de relatar la forma en la que Harry no devolvió mis palabras y simplemente se desapareció, Blaise niega con la cabeza y suelta un molesto bufido.
─¿Quieres que vaya a hablar con él? Quizás pueda sacarle la verdad de lo que está ocurriendo. Sabes lo muy… persuasivo que puedo ser cuando así lo deseo.
Blaise me da una significativa mirada y siento mi cuerpo ser recorrido por un desagradable escalofrío. Sabía lo que significaba esa letal mirada que él estaba dándome. La familia de Blaise era muy conocida por lo despiadada que podía llegar a ser cuando alguien tocaba a un miembro de ellos y, como al parecer yo era considerado una especie de miembro honorario de su familia, Harry iba a correr la misma suerte que habían tenido los enemigos de los Zabini si le daba a Blaise mi consentimiento para actuar. No queriendo que alguien lastimara a Harry, por mucho que él hubiera destrozado mi corazón sin miramientos, me aclaro la garganta y detengo lo que de seguro sería una masacre.
─Gracias, Blaise, pero no será necesario. Eso no servirá de nada más que para traerte problemas a ti. Además, ─Hago una pausa y observo la taza que le había comprado a Harry, mientras veo la forma en la que las volutas de humo empezaban a desaparecer a medida que el té comenzaba a enfriarse. ─hablaré con él en cuanto vuelva del trabajo. Tengo que hacerlo, aun si eso traiga consigo el fin de nuestra relación.
Blaise me da una triste mirada y me aprieta el hombro en un gesto que demostraba más de lo que las palabras jamás podrían decir. Le doy una pequeña sonrisa de agradecimiento, o al menos lo intento, ya que ésta sale más parecida a una triste mueca que otra cosa, y lo observo removerse en el taburete de la isla con inquietud.
─¿Quieres que me quede contigo hasta que el idiota de Potter vuelva?
─No. Te lo agradezco, pero necesito estar solo. ─Blaise me da una preocupada mirada, y por un segundo temo que ignore mis deseos y simplemente se quede aquí por el resto del día. Para evitar este hecho, me obligo a forzar a mi voz a salir en algo más que un lamentable susurro, y digo algo con toda la poca confianza que puedo reunir en estos momentos. ─No te preocupes. Aprovecharé para adelantar en mi escritura. Eso será suficiente para conseguir despejar mi mente, después de todo, sabes que eso siempre me ha ayudado para descargar mis emociones.
Blaise no parece del todo convencido por esto y sigue observándome con preocupación, pero no dice nada y acepta dejarme solo.
─Bien, como tú quieras. Si te arrepientes, sabes en dónde encontrarme. No dudes en llamarme. ¿De acuerdo?
─De acuerdo. Gracias, Blaise.
Blaise me da una última mirada que estaba cargada de tristeza, pero ni siquiera tengo fuerzas para reprenderlo por observarme como si fuera un ser al que le quedaran unas pocas horas de vida. Hasta este punto me había quedado tan devastado después de lo ocurrido, que ni siquiera me preocupaba el hecho de que alguien pudiera verme en un estado tan vulnerable como en el que me encontraba actualmente. Si mi padre pudiera levantarse de su tumba, volvería a morirse al verme tirar por la borda todas sus enseñanzas acerca de cómo un Malfoy nunca debía colocarse en una situación tan vulnerable ni darle demasiado poder a una persona sobre uno. Realmente yo había hecho todas y cada una de las cosas habidas y por haber para decepcionarlo como hijo, aun sin pretenderlo.
Afortunadamente, soy sacado de estos deprimentes pensamientos debido a que los pasos de Blaise se detienen junto a la chimenea. Cuando elevo la vista, me doy cuenta de que él se encontraba mirando ensimismado hacia el desayuno que todavía se hallaba sobre la mesa, aunque sus pensamientos no parecían estar puestos en ello. Esto queda confirmado cuando posa sus ojos en los míos y habla con un tono de voz tan peligroso que, si no lo hubiera escuchado antes, podría haberme hecho estremecer de miedo.
─En verdad espero que Potter tenga una muy buena excusa por su comportamiento, o Pansy y yo haremos que ese imbécil se arrepienta de haber sobrevivido a la guerra. No le dejaremos pasar tan fácilmente el que te haya lastimado de esa forma. Tienes mi palabra de ello.
Blaise toma un puñado de Polvos Flu de la chimenea y los arroja con marcado enfado hacia las llamas de la chimenea para desaparecerse. En cuanto mi amigo regresa a su mansión, me permito sonreír con tristeza e internamente agradezco a cualquier deidad que estuviera escuchándome por brindarme amigos tan incondicionales como Blaise y Pansy. Dándole un último vistazo al olvidado desayuno, lo desaparezco con un pase de mi varita y mando todos los platos a lavarse con magia. Había perdido por completo el apetito y ver esos panqueques sobre la mesa sólo estaba consiguiendo traerme a la mente todos los hechos vividos esta mañana. Soltando un desganado suspiro, me levanto y comienzo a realizar las típicas tareas de limpieza para poder ocupar mi mente en algo más que en el absoluto rechazo que Harry me había dado esta mañana. Desafortunadamente, mi apartamento no era demasiado grande, por lo cual termino de limpiarlo de arriba hacia abajo en sólo un par de horas. No queriendo quedarme sin hacer nada, en especial porque sabía que mis pensamientos volverían a Harry y lo que podría traer consigo la conversación pendiente que aún teníamos, enciendo la computadora y comienzo a trabajar en "Galaxia". Después de todo, no había nada mejor para un escritor que descargar todas sus frustraciones y emociones a través de su escritura.
"…Leonis observa en silencio a la malhumorada guardiana en espera porque dijera algo con respecto a todo lo que acababa de contarle. Sin embargo, la joven no parecía tener intenciones de querer decir nada, y simplemente permanece sentada frente al fuego de la chimenea y con las manos extendidas hacia éste en un gesto como si se las estuviera calentando. La impaciencia que Leonis siente recorrerlo estaba comenzando a trasladarse hacia sus gestos y movimientos, ya que le era imposible dejar de caminar de un lado hacia el otro por todo el lugar que era iluminado gracias a la encendida chimenea, aunque esto no parece preocupar en lo absoluto a la guardiana de la Constelación Corvus.
Otro exasperado bufido se escapa a través de los agrietados labios de Leonis y vuelve a pasearse una vez más por la silenciosa habitación, pero esta última se encontraba casi en absoluta penumbra, con lo cual no podía ser capaz de entretenerse observando la decoración de la misma. Afortunadamente, su acompañante despierta de ese trance en el que se hallaba y se levanta del lugar en el que estaba sentada. Luego, se gira hacia Leonis y comienza a hablar con ese tono de voz monótono que tanto conseguía irritar a Leonis.
─He evaluado tu historia con la ayuda del Fuego Sagrado, y no he encontrado mentiras en tu relato.
─Vaya, me alegra saber que he perdido dos horas de mi vida para que pudieras confirmar algo que yo ya sabía.
El sarcasmo con el que Leonis habla hace que la joven guardiana le arroje una mirada irritada, aunque ella decide pasar por alto el desliz de Leonis y, en cambio, se encarga de dar un fuerte aplauso para que las luces se enciendan por toda la oscura sala; y lo que Leonis ve cuando toda la oscuridad desaparece, no se parece en nada a lo que había estado imaginando. La habitación en la que se encontraban era muy amplia y tenía pisos de un mármol tan blanco que parecían hechos de nieve, pero lo más llamativo del lugar eran los miles y miles de libros que estaban ubicados en cada una de las cuatro paredes de la habitación. Dichas paredes tenían estantes con tomos de libros que iban desde el techo hasta el suelo. Leonis observa a su alrededor y trata de encontrar alguna otra decoración en la sala, pero no consigue ver más que lomos de libros con distintos grados de antigüedad en diversos colores y tamaños.
Raven ignora por completo lo boquiabierto que Leonis se había quedado ante esto, y camina hacia uno de los estantes ubicado a la izquierda. Luego, eleva su mano y éstas comienzan a brillar con un resplandor púrpura. De repente, un gran libro con tapa negra sale disparado de los estantes superiores y aterriza en las manos de la guardiana. Leonis observa anonadado todo ese despliegue de magia sin varita, mientras se pregunta qué tan poderosa era esa bajita muchacha. Su imbatible instinto estaba gritándole a los cuatro vientos que ella sería una contrincante digna de temer.
─Y si fuera tú, trataría de ser más respetuoso con la persona de la que deseas recibir ayuda. Honestamente, tus habilidades políticas dejan mucho que desear.
La reprimenda que le da esa bajita muchacha hace que las mejillas de Leonis se coloreen en algo que se asemeja a la vergüenza, pero el Cosmos desaparecería antes de que él admitiera su error y se disculpara por haber sido tan grosero con ella. Después de todo, la irritante guardiana lo había hecho esperar de pie durante dos horas en una habitación oscura y sin darle mayores explicaciones al respecto. Lo que menos se merecía esa impertinente jovencita era que le diera un comentario sarcástico. Sin embargo, eso no significa que Leonis no fuera a hacer el esfuerzo de mantener un trato cordial con ella. Después de todo, y por mucho que le pesara admitirlo, la joven tenía algo de razón. Leonis tenía que encontrar la Gema de Corvus si quería tener una ínfima esperanza de poder salvar a Etamin, por ende, necesitaba la ayuda de Raven para hallarla.
Guardándose para sí mismo todos los comentarios desagradables que pudiera tener hacia la guardiana de Corvus, Leonis se encoge de hombros en un gesto que pretendía ser despreocupado, y dice: ─Nunca se me dio demasiado bien la política. Esa siempre ha sido la especialidad de Etamin.
La pequeña sonrisa que se instala en el rostro de Leonis al pensar en Etamin le gana una suspicaz mirada por parte de la guardiana de Corvus, era como si ella estuviera atando cabos sueltos y comprendiendo mucho más acerca de la relación que había entre esos dos guardianes de lo que Leonis le había dicho en un principio. Sin embargo, la guardiana decide que la verdadera naturaleza de la relación entre Etamin y Leonis no era de su incumbencia, por lo que no indaga al respecto y simplemente lleva el libro hacia una mesa ubicada frente a la chimenea. Leonis la sigue y observa la tapa del libro, el cual tenía grabadas las palabras Corvus Gemma. Sin detenerse a dar explicaciones, Raven abre el libro y busca una página en específico; cuando la encuentra, le hace una seña a Leonis para que se acerque a ver.
Leonis se acerca y observa el libro con curiosidad y bastante confusión. Lo primero que sus ojos notan es que las dos páginas en las que el libro se encontraba abierto estaban mostrando una especie de mapa mágico, pero éste parecía ir cambiando a medida que los segundos trascurrían. Distintos caminos eran dibujados en el pergamino, mientras que otros desaparecían como si hubieran sido borrados por arte de magia. Sin embargo, lo que más le llamaba la atención de ese extraño comportamiento era que el mapa nunca volvía a mostrar la misma imagen ni siquiera una sola vez.
─Este es el mapa que te guiará a la Gema Estelar de Corvus, pero como puedes ver, nunca nadie ha podido encontrar el verdadero camino a ella, ya que nunca ha podido mostrar un único camino hacia ella. Puedo llevarte hasta lo que creemos que es el origen del camino, pero eso es todo lo que haré por ti. Si decides ir a buscar la Gema, me temo que estás solo en ello.
Leonis observa el cambiante mapa con aprensión, pero el recuerdo de lo vulnerable que Etamin se veía al estar postrado en esa cama de enfermería era todo lo que necesitaba para brindarse el valor necesario de emprender esta misión, al parecer, bastante imposible. Todo sea por traer de regreso a su dragón sano y salvo.
Cerrando los ojos para brindarse fuerzas, Leonis se acerca hasta el libro y lo toma en sus manos con decisión. El libro suelta un brillo dorado por unos escasos segundos, pero el mapa continúa cambiando de rumbo de la misma forma en que lo había hecho antes. La guardiana de Corvus lo observa con curiosidad a través de unos penetrantes ojos violetas, antes de darle un último consejo a Leonis.
─Una última advertencia antes de que te vayas. Encontrarás que la tierra de Corvus no es tan amistosa como lo son las de las otras Constelaciones. Aquí te toparás con seres y criaturas en extremo peligrosas y que sólo has imaginado en tus peores pesadillas, y estarás completamente solo para enfrentarte a ellas. ¿Estás seguro de que, aun sabiendo esto, quieres continuar con tu búsqueda?
Leonis aprieta la mandíbula y se eleva todo lo que su baja estatura le permite ser. Luego, responde con una confianza y seguridad que dejan por demás sorprendida a la escéptica guardiana.
─Sí, lo estoy. No me importan los riesgos que se escondan en tu tierra, o en la de cualquier otra Constelación para el caso, porque no pienso dar marcha atrás. No descansaré hasta traer a Etamin de regreso."
Termino de escribir el capítulo que había dejado inconcluso ayer y no puedo evitar que mis ojos se llenen una vez más de lágrimas. Al parecer, la única forma en la que podría hacer que Harry me amara era a través de un personaje ficticio. El Harry de la vida real no parecía ser capaz de hacerlo sin importar cuánto lo deseara. Suelto un desganado suspiro y me obligo a tragar el doloroso nudo que había vuelto a formarse en mi garganta. De nada me serviría compadecerme por algo que parecía haber estado condenado a fracasar desde un comienzo.
No queriendo perderme en estos depresivos pensamientos, guardo el archivo que tenía abierto y estoy a punto de crear otro para escribir un nuevo capítulo, pero un vistazo hacia el reloj de la chimenea me indica que ya era pasado el mediodía. No estaba seguro de que Harry fuera a volver para almorzar, de hecho, algo me decía que él no lo haría; pero aun así me levanto y voy a la cocina para prepararnos algo de comer en el improbable caso de que él decidiera volver. No tenía demasiado con lo que trabajar ya que no habíamos ido a hacer compras, pero aun así consigo ingeniármelas para preparar una sopa con todos los pocos elementos que tengo a mano. Durante unos cuantos minutos me encargo de cortar verduras y añadirlas a la burbujeante olla para que se cocinen. El tiempo pasa y la sopa se termina de cocinar, pero aún no hay indicios de que Harry vaya a regresar. Apago la hornalla y le lanzo un encantamiento a la cacerola para que no se enfríe. Luego, me siento a esperar a que Harry vuelva para almorzar, o al menos a que envíe un Patronus diciendo que no lo haría.
Los minutos se transforman en horas y Harry no vuelve para almorzar, ni tampoco envía a su ciervo para avisarme que no lo espere para comer. Para cuando el reloj de la chimenea marca las tres de la tarde, no me queda otra opción más que admitir que Harry no tenía ninguna intención de volver a casa. Con un resignado pase de mi varita, guardo la sopa para la noche, mientras siento clavarse con mayor cizaña el puñal que se había instalado en mi pecho. A tal punto estaba tan destrozada nuestra relación, que Harry ni siquiera se había preocupado por enviarme un Patronus para decirme que no volvería. Mis ojos vuelven a llenarse de lágrimas, pero me obligo a no dejarlas caer y descargo toda la frustración y el dolor que estoy sintiendo por medio del nuevo capítulo de "Galaxia" que comienzo a escribir. Olvidado por completo había quedado el almuerzo. Después de todo, y a pesar de no haber desayunado, ya no tenía apetito.
"…Etamin consigue alejarse en parte de esa silenciosa oscuridad que lo rodea cuando se escucha una puerta abriéndose a su izquierda. Las voces apresuradas de los Medimagos y Medibrujas resuenan en la habitación, pero ninguna de ellas parece interesada en su inerte figura. De hecho, era todo lo contrario. Los mismos parecían haber entrado aquí para poder contar en paz el nuevo chisme que tenían y sin que sus superiores los escucharan. ¡Cuánto profesionalismo! Etamin no puede evitar rodar los ojos al pensar en la forma en la que esas personas estaban perdiendo el tiempo con meros rumores. Sin embargo, eso no significa que Etamin no haga hasta lo imposible por agudizar el oído para poder enterarse del chisme. Después de todo, no había demasiado con lo cual uno podía entretenerse cuando se estaba postrado en una cama, sin movimiento alguno y sin poder ver nada más que oscuridad. Al menos los chismes de los Medimagos lo harían pensar en algo más que en su lamentable situación.
─Te lo digo. ¡Es cierto!
─No lo sé. No parece ser algo que él haría. ─Responde una de las Medibrujas en un tono incierto, como si dudara de la fiabilidad de esa declaración.
─¿Y qué sabemos nosotros de lo que él haría o no haría? ¡No lo conocemos en lo absoluto! De hecho, él era hasta hace unos pocos meses atrás uno de los principales rivales de nuestra Constelación. ¿Y de repente se ofrece a ir en busca de las Gemas Estelares para salvar a Etamin? ¡Sí, claro! Y yo seré la nueva guardiana de nuestra Constelación.
─No lo sé. Lo he visto cuando visitaba a nuestro guardián, y Leonis en verdad parecía muy preocupado por él. ¿Por qué mentiría al respecto, siendo que tenía la excusa perfecta para no emprender este viaje al aludir que debía cuidar de su Constelación?
¡Leonis! ¡Estaban hablando de él! ¿Qué había ocurrido para que estas personas dudaran de la honestidad de ese inocente gatito? Etamin siente un desagradable escalofrío recorrerlo al pensar que algo malo podría haberle ocurrido a Leonis, algo tan grave que le habría impedido por completo enviar los correspondientes reportes de los avances de su búsqueda a la Constelación del Dragón. Una voz masculina lo despierta de ese estado de desesperación en el que Etamin estaba imaginando a un malherido Leonis, y lo trae de vuelta a la conversación que estaba llevándose a cabo en su habitación.
─Bueno, eso es obvio, ¿no? Porque esa era la excusa perfecta para que pudiera hacerse con todas las Gemas Estelares y sin que nadie fuera a interponerse en su camino. Una simple amenaza de que, de no contribuir para despertar a Etamin, el Cosmos podría destruirse, y todos los otros guardianes hubieran comprado la mentira como pan caliente. En estos momentos, ese bastardo debe estar reuniendo todas las Gemas para hacerse con el control de todo el Cosmos. ¡Y nosotros le dimos la nuestra en bandeja de plata!
─Pues yo no creo que Leonis haya abandonado a Etamin. Estoy segura de que él está haciendo todo lo posible para traer a Etamin de regreso a nosotros; y a todos ustedes debería darles vergüenza el hecho de desconfiar de la única persona que nos ha brindado su ayuda tan desinteresadamente.
La escéptica Medibruja suelta estas palabras con un tono que era muy similar al que emplearía un niño que se niega a comer sus vegetales, y Etamin casi podía verla cruzada de brazos y frunciéndoles el ceño a sus otros dos acompañantes. A Etamin ya le caía bien esa chica sólo por la fe ciega que parecía tener en Leonis.
Un exasperado gemido es soltado por parte del Medimago, antes de que vuelva a hablar con impaciencia y algo que se asemejaba a la desesperación.
─¡Argh! ¡Date cuenta, Kuma! ¡Leonis no está ayudándonos! ¡Nunca lo estuvo, sólo se está ayudando a sí mismo para hacerse con el control del Cosmos!
─Además, ─La otra Medibruja se suma a la discusión, y por el tono que ella estaba empelando, a Etamin le dejaba muy en claro que lo que fuera a decir tenía la intención de dejar muy mal plantado a Leonis. ─hay pruebas contundentes de que a él no parece importarle demasiado que nuestro guardián esté sufriendo en esa trampa mental. Si realmente le importara tanto como dice, no lo habrían visto coquetear con la guardiana de la Constelación de Corvus, ¿verdad?
─No, pero…
─Y sabes que eso es cierto, porque hemos visto las fotos que envió uno de nuestros informantes en Corvus, y él parecía estar muy entretenido haciéndola reír. Sólo el Cosmos sabe qué más ha estado haciéndole a esa guardiana. Después de todo, Leonis siempre fue considerado alguien muy popular entre las mujeres. No es de extrañar que se esté aprovechando de sus llamados ´encantos´ para obtener algo de sexo fácil, y si con eso consigue ganar una nueva Gema Estelar en el proceso, aún mejor.
¡¿QUÉ?! ¿Realmente era verdad todo eso que estaban diciendo? ¿Leonis en verdad había aprovechado esta misión que sus sabios le habían encomendado para hacer algo tan bajo como poder meterse debajo de la falda de una de las Guardianas de su Galaxia? ¿En verdad la vida de Etamin le importaba tan poco y por el único motivo que había aceptado esta misión era para conseguir algún oculto beneficio en favor de hacerse con el control del Cosmos? ¿De verdad Leonis era tan egoísta y despiadado como para hacer algo así?
Etamin quiere convencerse con todas sus fuerzas de que esto no era así, de que esos Medimagos y Medibrujas estaban equivocados. Su gatito siempre había sido una de las personas más honestas y nobles que había tenido el placer de conocer. Él jamás jugaría con la vida de una persona sólo para obtener un beneficio propio. ¡No! Leonis nunca haría algo como eso. Ese informante que había enviado esa foto debía estar equivocado, él debía haber malinterpretado la situación. Sí, ciertamente eso era lo que había ocurrido.
Sin embargo, y por mucho que intentara convencerse a sí mismo de las buenas intenciones de Leonis, nada podía acallar a esa molesta vocecita que empezaba a colarse en la mente de Etamin y que estaba insinuándole con malicia que esta no era la primera vez que Leonis se aprovechaba de Etamin y sin importarle lo mucho que lo dañaría a él en el proceso. Después de todo, ¿no era debido a un motivo similar por el cual Etamin casi había perdido la vida? Sí, así había sido. Leonis había dejado salir todas esas hirientes palabras que lo condenarían a una muerte lenta y dolorosa, y sin importarle las repercusiones que eso podría haber traído en la vida del guardián de la Constelación del Dragón. Entonces, si esto ya había ocurrido en el pasado, ¿qué le hacía creer que algo como eso no volvería a ocurrir? La respuesta era simple.
Nada.
Nada podía asegurarle de que esta vez las cosas fueran a ser diferentes, porque nada podía asegurarle a Etamin que Leonis se preocupaba por él; al menos no de la misma forma en la que Etamin se preocupaba y lo amaba a Leonis.
Un agudo dolor se instala en el pecho de Etamin al reconocer esta triste y desgarradora realidad, a la vez que siente invadirlo un sinfín de emociones que estaban plagadas de desilusión y tristeza. Sus ojos comienzan a picar y su garganta se aprieta como si tuviera una especie de nudo que le impidiera respirar, pero ninguna de estas sensaciones se traslada a sus gestos y, por el contrario, su cuerpo permanece absolutamente inerte.
─Bueno, cuando lo pones así, en verdad suena como si a Leonis no le importara Etamin; pero sigo sin…
La puerta se abre y detiene abruptamente lo que Kuma iba a decir. De inmediato, la habitación se llena de olor a mazapán, por lo que Etamin reconoce que era la Sanadora Tyl la persona que había ingresado.
─¿Qué están haciendo ustedes tres aquí? ─Pregunta la Sanadora en un tono imponente con el que Etamin jamás la había escuchado hablar, pero que lo deja bastante agradecido por haber interrumpido la conversación de esos Medimagos. Etamin no creía que fuera capaz de poder soportar mucho más de estos descubrimientos acerca de lo poco que parecía importarle a Leonis su vida, al menos no sin que su corazón terminara de destrozarse por completo. ─Regresen a sus puestos de trabajo. No quiero tener que volver a repetirlo.
─Sí, Sanadora Tyl.
Los tres Medimagos salen de la habitación y dejan a Etamin con la única compañía de la Sanadora Tyl. Después de que la Sanadora realiza los hechizos correspondientes para evaluar los signos vitales de su guardián, Tyl suelta un suspiro y comienza a hablar con una voz que parecía derrochar cansancio por cada poro de su piel.
─No sé qué es lo que hayan estado diciendo esos Medimagos, y ni siquiera estoy del todo segura de que pueda estar escuchando lo que estoy diciéndole, guardián Etamin; pero en caso de que lo esté haciendo, quiero que sepa que nada de lo que se dice allí afuera es cierto. He visto esa fotografía, y puedo asegurarle que el guardián Leonis tendrá una buena explicación para el motivo por el cual se encontraba en una pose tan… amistosa con la guardiana de Corvus. Sé que es probable que no me crea, pero he sido testigo de la preocupación que Leonis tiene por usted. Sé que usted significa mucho para él, más de lo que siquiera se imagina; y también sé que ese chico no se detendrá por nada en el universo hasta que no consiga traerle de vuelta. Y si hay alguien en todo este bendito Cosmos que puede lograr esta imposible tarea, ese es Leonis. ─La sanadora Tyl hace una pausa como si no estuviera muy segura de decir esto último. Finalmente, suelta un suspiro y toma la mano derecha de Etamin para darle un pequeño apretón, antes de volver a soltarla. ─Supongo que lo que estoy tratando de decirle es que no se rinda con él. Sé que el guardián Leonis hará todo lo posible por traerle de regreso… para que ambos puedan tener de una vez por todas ese final feliz que tanto se merecen."
Hago una pausa en mi escritura para pensar en cómo continuar con la historia, pero la inspiración se me había ido de repente. Me estiro en mi asiento y miro la hora en la computadora, para descubrir con sorpresa que ya eran casi las seis de la tarde. El tiempo se me había pasado más rápido de lo que hubiera esperado. Después de guardar el archivo en el que había estado trabajando, apago la computadora y decido que me daría una ducha para relajar los músculos que sentía completamente tensos en mi espalda. Sin embargo, un golpeteo en la ventana evita que haga esto. Me giro hacia el lugar del que procede el sonido y veo que es originado por el pico de una lechuza que estaba queriendo entregarme una carta.
Creyendo que podría ser alguna opinión acerca de la entrevista que había dado para El Quisquilloso, me acerco con confianza a la ventana y le permito el paso a la lechuza. La misma ingresa y va a posarse sobre la mesa de café. La sigo y le desato el sobre que tenía atado a la pata. Luego, voy hasta el aparador y busco alguna golosina para el animal. Una vez que se la come, la lechuza emprende vuelo y sale por la ventana sin esperar por una respuesta. Con un pase de mi varita, cierro el vidrio del ventanal y voy hasta el sofá para abrir la carta. Internamente me pregunto si ésta contendría algún comentario de aliento, o si sólo eran más insultos y malos deseos hacia mi persona. Honestamente, lo último que necesitaba en estos momentos era leer comentarios malintencionados hacia mi persona. Mi vida ya era lo suficientemente depresiva actualmente, no necesitaba añadir nuevos motivos para hacerme sentir como alguien sin valor alguno.
Rompo el sello y abro el sobre, pero cuando lo hago, veo que dentro de éste había una carta y otro sobre más. Completamente confundido por este hecho, tomo la carta en mis manos y le doy un rápido vistazo. La misma estaba escrita con letras que habían sido recortadas del periódico, y parecían haber sido pegadas con algún tipo de pegamento; aunque esto no es lo que más me preocupa de todo esto. No, lo que en verdad me deja petrificado en el lugar y con una desagradable sensación en el pecho es lo que dice esa corta misiva.
¿Piensas que Harry Potter te ama? Piensa de nuevo, porque dentro de este sobre comprenderás de lo que estoy hablándote.
¿Qué significaba todo esto? ¿Qué si creía que Harry me amaba? ¿Por qué alguien pondría en duda esto, siendo que nadie había visto la forma en la que Harry había estado comportándose conmigo desde anoche? ¿Y quién había enviado esta carta? No queriendo perder tiempo en buscar respuestas para las cuales no obtendría respuestas a menos que abriera este sobre, me apresuro a tomarlo en mis manos y rompo el sello. Con manos temblorosas, saco todo el contenido del mismo, el cual resultan ser dos fotografías y otra pequeña carta. Sin embargo, para lo único que tengo ojos es para la imagen que me es devuelta en la primera fotografía.
En ella, Harry se encontraba sentado en una especie de café muggle, y frente a él se hallaba uno de los hermanos Weasley, el cual podía deducir a partir de su contextura física que se trataba de Charlie Weasley, el domador de dragones. Esta foto podría haber pasado como una en la que dos amigos se habían reunido a tomar un café para ponerse al día, pero la forma en la que ese Weasley estaba sosteniendo la mano de Harry en un gesto demasiado romántico dejaba en claro que esto no era un mero intercambio entre amigos; y si aún me quedaban dudas al respecto, la sonrisa tímida y algo avergonzada que Harry estaba dándole terminaba de confirmarme este hecho.
Cierro los ojos con fuerza al ver esto y me obligo a mí mismo a calmarme y no sacar conclusiones apresuradas. Esto no podía significar lo que la parte más desconfiada de mi mente parecía estar pensando. No, sin duda no. Tenía que haber una buena explicación a este intercambio amoroso que estaba llevándose a cabo en la fotografía. Quizás, y al igual que había imaginado para el capítulo de "Galaxia", las cosas habían sido tomadas fuera de contexto. Harry en realidad no había estado engañándome. Esa sólo debía haber sido una foto que un inescrupuloso periodista de El Profeta había tomado para poder usarla como una nueva historia con la cual obtener más ventas para su periódico. Sí, eso parecía ser bastante probable. De hecho, era muy posible que mañana nos despertáramos con un titular en El Profeta que diría algo así como: "Charlie Weasley, el nuevo amor de nuestro Elegido".
Habiendo conseguido tranquilizar un poco mis inseguridades, suelto un fuerte suspiro y me preparo para ver la siguiente fotografía y en la que de seguro vería algún otro ángulo diferente de este encuentro en el café. Sin embargo, nada me prepara para lo que veo una vez que retiro la foto que estaba ocultando la segunda. En ella, Harry y el Weasley domador de dragones estaban en una especie de viejo cobertizo en lo que parecía ser La Madriguera. La foto era mágica, por lo cual podía ver con claridad cómo Harry estaba presionado contra la pared, con el torso completamente desnudo, y dejándose besar con pasión por Charlie Weasley, el cual también se encontraba desnudo de la cintura para arriba; y lo que termina de destruir por completo cualquier esperanza que aún tuviera de arreglar las cosas con Harry es el hecho de que, en la fotografía, él no parecía poder dejar de acariciar y acercar el musculoso cuerpo de Weasley al suyo. Era casi como si el Harry de la imagen no pudiera tener suficiente de ese contacto de piel contra piel y quisiera fundirse en los brazos de esa pecosa comadreja.
Y es entonces cuando mi corazón se detiene por completo. Todas las piezas desordenadas en las que se había convertido mi vida hasta el momento, finalmente y después de incontables horas de incertidumbre, se ordenan y arman el rompecabezas con la realización más desgarradora de mi existencia. Este era el motivo por el cual Harry estaba actuando tan extraño conmigo. Esta era la causa por la cual él no quería que lo tocara ni besara. Esta era la explicación al hecho de que Harry no me hubiera dicho que también me amaba cuando yo se lo había dicho esta mañana.
Y esa explicación era que Harry ya no me amaba. No me amaba porque él parecía haberse enamorado de Charlie jodido Weasley.
Mis manos comienzan a temblar incontrolablemente y las dos fotografías con la dolorosa evidencia caen sobre la mesa de café en un silencioso montón. Los ojos se me llenan de lágrimas, pero ni siquiera hago el esfuerzo por intentar por retenerlas. Por el contrario, las dejo que caigan libremente por mi rostro para crear salados caminos que manchan mis mejillas. Y a pesar de todo el agonizante dolor que estoy sintiendo, no puedo evitar que una pequeña parte de mí se enfade conmigo mismo por no haber visto venir algo como esto. El hecho de que mi felicidad nunca habría podido durar para siempre era algo sumamente obvio para cualquiera que tuviera un mínimo de sentido común, aunque yo no había querido admitirlo pese a todas las señales que había tenido a lo largo de mi vida. No, no había querido aceptar esto. En cambio, había preferido tener esperanzas de que mi deplorable destino me daría un respiro y me permitiría encontrar la felicidad junto a Harry.
Sin embargo, y a pesar de que éste era un importante motivo por el que estaba reprendiéndome, no era el más importante. No, el principal motivo por el cual estaba castigándome internamente era por no haberme dado cuenta a tiempo de que Harry nunca podría haberme amado de verdad. De hecho, y si las fotografías que tenía frente a mí podían considerarse como evidencia de algo, él nunca lo había hecho. Y lo que era aún peor, tenía la sospecha de que, sin importar lo que yo hiciera al respecto, Harry nunca sería capaz de amarme de la misma forma en la que yo lo amaba a él.
Y aunque sabía que la evidencia de su traición ya era lo suficientemente dolorosa por sí sola, no podía evitar preguntarme por cuánto tiempo había estado ocurriendo esto. ¿Cuándo había comenzado a engañarme con ese Weasley? ¿Es que todas esas veces en las que él no había vuelto a almorzar era porque estaba encontrándose con Weasley? ¿Acaso todas las veces que había llegado tarde a casa se debía a que había estado follando con esa comadreja musculosa? No tenía una respuesta para ninguna de esas preguntas, y tampoco creía que yo pudiera ser capaz de soportar la verdad que se escondía detrás de ellas si las tuviera.
Un agudo dolor se instala dentro de mi pecho, y casi puedo ser capaz de sentir y escuchar cómo mi corazón termina de romperse en un millón de fragmentos irreparables. Mi respiración comienza a hacerse dificultosa y siento como si me hubieran arrancado algo de vital importancia del pecho y, en su lugar, lo hubieran reemplazado con filosas dagas. Me siento completamente estúpido por haber sido engañado por Merlín vaya a saber cuánto tiempo; pero, principalmente, me siento devastado por la dolorosa realidad a la que había arribado después de ver esa contundente prueba, aquella que me había demostrado en dos fotografías el hecho de que yo nunca había sido más que una aventura pasajera para Harry. Todas esas veces en las que habíamos hecho el amor, todas esas palabras cariñosas susurradas antes de quedarnos dormidos, todo eso no había significado absolutamente nada para él. Para Harry sólo había sido sexo, nada más que eso.
Cierro los ojos y permito que las lágrimas que se habían estado acumulado en ellos rueden libres por mi rostro una vez más, y sólo cuando los vuelvo a abrir, descubro la carta que había acompañado a las dos fotografías y que aún no había leído. Creyendo que nada de lo que pudiera estar escrito en ella podría empeorar esta situación, la tomo con manos temblorosas y comienzo a leerla. Al igual que la anterior, la misma había sido escrita con recortes de letras del periódico, por lo cual era imposible saber a ciencia cierta quién la había enviado.
Si quieres ver evidencia de esto en persona, pon la punta de tu varita sobre esta carta, y di "Portus".
Me quedo observando la fotografía en la que Harry estaba besando con desespero a ese repugnante Weasley durante más tiempo del que soy capaz de contar. Mi mente estaba completamente atormentada por las implicaciones que tenía esa carta que había leído, pero lo peor de todo era esa sensación de desilusión que no paraba de oprimirme el pecho con crueldad. La fotografía que tenía frente a mí se movía una y otra vez en un bucle sin fin, el cual parecía tener el único propósito de destruirme por dentro en todas las formas imaginables posibles. Y entre todo ese desgarrador dolor, había otra emoción que comenzaba a aflorar desde los confines más oscuros de mi mente, una que creía haber enterrado muchos años atrás junto al viejo Draco Malfoy.
Odio.
Eso era lo que estaba comenzando a sentir burbujear como lava ardiente dentro de mi pecho. Un odio tan profundo y lacerante que parecía ser capaz de destruir todo a su paso, aunque no podía asegurar por completo si éste se encontraba dirigido a esa maldita comadreja que me había arrebatado de las narices a mi gatito; a Harry, por haberme dado esperanzas de que mis sentimientos por él eran correspondidos, sólo para descubrir que todo esto no había sido nada más que una cruel mentira de su parte. Después de todo, él no había dudado en engañarme a la menor oportunidad que había tenido y sin importarle una mierda todo lo que yo había hecho a lo largo de estos años para asegurar su felicidad; o hacia mí mismo, por haber sido tan estúpido de creer que algún día podría ser capaz de encontrar la felicidad, cuando claramente eso era algo que nunca sería posible que acudiera a mi vida. La felicidad nunca había sido una opción para mí, pero aun teniendo eso en claro, aun así, me había permitido ser débil y caer en la tentación de creer que podría hallarla de todos modos. ¡Cuán iluso de mi parte!
Cierro los ojos una vez más y aprieto las manos en puños para tratar de controlar algo de las emociones que comenzaban a desbordarse desde lo más profundo de mi ser. Cuando consigo aplacarlas lo suficiente como para volver a alzar la imperturbable máscara Malfoy sobre mi rostro, me levanto del sofá y me lanzo un hechizo para borrar de mi rostro cualquier rastro de lágrimas que tuviera en él. Después de todo, lo último que querría es mostrar algún ínfimo resquicio de debilidad en mí. Una vez que mi rostro se encuentra resguardado bajo una impenetrable máscara de frialdad que haría sentir orgulloso a mi padre, tomo la olvidada carta en mis manos y coloco la punta de mi varita sobre ésta. Mis ojos viajan inevitablemente hacia la fotografía en la que Harry estaba besándose con esa maldita comadreja amante de los dragones, y eso es lo único que necesito ver para tomar la fuerza de voluntad necesaria para hacer lo que tenía que hacer. Después de todo, nada de lo que fuera a ver a continuación podría ser peor de lo que ya había visto con esas fotos. Por mucho que fuera a doler, y yo sabía que en verdad iba a doler, era hora de conocer toda la verdad de una vez por todas. Además, mi corazón ya había sido completamente destrozado y sin posibilidad alguna de poder volver a repararse, por lo tanto, nada de lo que fuera a ver a continuación podría lastimarme más de lo que ya lo estaba.
Dando una última inspiración para brindarme fuerzas, cierro los ojos con fuerza y digo aquella palabra que me llevaría al lugar en el que estaba casi seguro de que encontraría a Harry follando con esa repugnante y pecosa comadreja.
─Portus.
Un fuerte tirón sobre mi estómago, similar al que sentiría si alguien me jalara por medio de un gancho a través de mi ombligo, me indica que el traslador se había activado y estaba desplazándome hacia el lugar en el que, de seguro, estaba llevándose a cabo la escena que se convertiría en la más desgarradora de mi vida.
El fin de mi felicidad era un hecho irrevocablemente inamovible y, por desgracia, yo estaba a punto de confirmarlo con algo más que una simple fotografía.
Aclaración dentro del capítulo: Corvus Gemma significa, según el traductor de Google, la gema del cuervo; y Kuma (ν Draconis) es una estrella doble de la constelación Draco.
Notas finales: espero que les haya gustado. El drama recién comienza, pero sólo quiero que tengan en mente que habrá un final feliz al final del camino. Lo prometo. Ahora sí, les voy a pedir un segundo más de su tiempo para dejarme sus opiniones en un comentario. Siempre es un placer leer lo que piensan de mis historias.
Beso enorme y nos leemos la próxima semana.
