Resumen: Tercera parte de la serie "Constelaciones". Con la amenaza de Ginny eliminada, Draco y Harry finalmente pueden disfrutar de su relación en paz; pero, ¿es eso realmente cierto? Ambos descubrirán que los problemas están lejos de terminar. ¿Podrá el amor vencer todos los obstáculos que se les presenten? ¿O esta relación estará condenada a no tener un final feliz? DRARRY
Disclaimer: el universo de Harry Potter no me pertenece, todo es propiedad de Rowling y Warner Bro.
Notas de autora: ¡Hola a todos! Antes de dejarlos leer, quiero decir dos cosas. La primera de ellas es que agradezco infinitamente a giulianacontesso, susigabi, SaShaNix, kael-99 y Aurora por haberse tomado el tiempo de dejarme sus opiniones el capítulo anterior. En verdad lo aprecio muchísimo. Y la segunda es que quiero que sepan que esta historia tendrá un final feliz. Sé que las cosas parecen estar completamente mal ahora, pero no desesperen que esos dos tortolitos encontrarán la manera de estar juntos al final. Ahora sí, los dejo con el capítulo de hoy.
Cosmos: Secuestrado una vez más
6 de enero de 2011
La sensación de estar siendo jalado a través de mi ombligo por un gancho desaparece una vez que aterrizo en lo que parece ser un sótano, aunque no tengo tiempo de hacer nada más que echar un breve vistazo al lugar al que me había traído el traslador, cuando de repente escucho a dos personas gritar dos hechizos diferentes a la vez.
─Expelliarmus.
─Incarcerous.
Al instante, mi varita sale disparada hacia la figura que se encuentra a la izquierda, a la vez que unas cuerdas gruesas se enroscan con asfixiante fuerza alrededor de mi cuerpo y me atan contra una cañería que había detrás de mí. El traslador en forma de carta se me escapa de la mano producto del desconcierto que estoy sintiendo y cae con un silencioso sonido al suelo. Inmediatamente, elevo la vista para ver la identidad de mis captores y es entonces donde descubro algo que me deja con una desagradable sensación en el pecho. A mi izquierda, y sosteniendo mi varita, se encontraba nada más y nada menos que George Weasley; y a su lado, se hallaba Ginny maldita Weasley portando una triunfante mirada que la hacía ver aún más desquiciada de lo que ella ya era. ¿Cómo se las había ingeniado esa jodida comadreja para lograr escapar de San Mungo, siendo que en ese lugar solían tener una seguridad que nada tenía que envidiarle a Azkaban? ¿Y qué diablos querían de mí esos dos pelirrojos hermanos? Por la perversa sonrisa que la chica comadreja estaba dándome, estaba claro que sus intenciones no traerían nada bueno para mí.
Oh, alegría. Justo lo que necesitaba para terminar de coronar este día como el peor de todos, ser secuestrado por la desequilibrada comadreja. Otra vez.
Y si bien me preocupaba bastante la facilidad con la que Weasley había conseguido escapar de San Mungo sin alertar a nadie, este hecho no se comparaba para nada con la incertidumbre y el temor que estaba sintiendo debido a la situación vulnerable en la que me encontraba. ¿Cómo se suponía que iba a escapar de esto ahora? Porque no era como si alguien fuera a venir a rescatarme. La única persona que había podido encontrarme la vez pasada había sido Harry, pero esta vez dudaba que él fuera a venir en mi auxilio. Después de todo, a él no parecía importarle una mierda lo que ocurriera conmigo. Al menos eso era lo que parecían insinuar esas fotografías que había recibido.
El permanente nudo en mi garganta, el cual se me había instalado después de haber visto de forma tan gráfica la traición de Harry, se aprieta aún más y me deja con una clara dificultad para respirar que poco tenía que ver con las cuerdas que estaban sujetándome en un letal apriete. Aunque no tengo tiempo de deprimirme por el hecho de que Harry no me amara, porque la perra de Weasley suelta una maliciosa risa, y dice: ─¿Sorprendido de verme, Mortífago?
¿Que si estaba sorprendido de verla fuera de San Mungo? Era muy probable, pero los hechos ocurridos el día de hoy habían sido tan devastadores para mí que ni siquiera puedo encontrar la fuerza de voluntad suficiente como para preocuparme por las ocultas intenciones de esta peligrosa mujer. Honestamente, haber descubierto que Harry no me amaba de la misma forma en la que yo lo amaba a él era mucho más doloroso para mí que lo que sea que esta demente comadreja hubiera planeado ahora. Era por este preciso motivo, por el cual ni siquiera me preocupo por actuar con inteligencia para evitar ponerme en un peligro aún mayor. Reuniendo todo el sarcasmo que poseo dentro de mi ser, ruedo los ojos y digo algo con un tono tan aburrido e indiferente que incluso logra sorprenderme a mí mismo. Al parecer, Harry había conseguido con su traición quitarme cualquier rastro de emoción aún me quedara en mi ser.
─Algo me dice que vas a decírmelo de todos modos, por más que no te lo pregunte.
Suelto un aburrido bostezo para enfatizar lo mucho que me daban igual sus patéticos planes por intentar deshacerse de mí, y eso parece ser la gota que rebalsa el vaso, porque la triunfante sonrisa de la chica Weasley se transforma en una irritada mueca y sus ojos marrones se entrecierran en una peligrosa expresión que podría asustar a más de un valiente. Sin embargo, este hecho no es capaz de producirme nada más que total y absoluta indiferencia.
─Cuida lo que dices si quieres conservar tu lengua intacta, o me aseguraré de dejártela bífida como la repugnante serpiente que eres.
Weasley eleva su varita hacia mi rostro para enfatizar su advertencia, y eso me provoca un leve escalofrío. Afortunadamente, consigo mantenerme callado y no replicar nada que pudiera hacerla cumplir con su amenaza. La chica Weasley parece apaciguarse un poco al ver que no tenía intenciones de continuar haciéndome el listo con ella, por lo que vuelve a sonreír con suficiencia y comienza a pasearse en el poco espacio libre que había en el sótano. Finalmente, se detiene en un lugar que se encontraba por completo en mi campo de visión y dice algo que hará que mis esperanzas comiencen a despertar una vez más.
─¿Te gustaron las fotografías que te enviamos?
¡Así que ella había enviado esas fotografías! Entonces, eso quería decir que había una gran probabilidad de que esas fotos fueran falsas. Existía la chance de que las mismas sólo hubieran sido una sucia artimaña para poder secuestrarme. Quizás sólo habían sido una especie de montaje y, en realidad, Harry nunca me había engañado. ¿Era siquiera posible hacer algo como eso? Los muggles parecían tener ciertas tecnologías que podían simular estas cosas, por lo tanto, eso no debería ser algo imposible de hacerse mediante medios mágicos. Una gran sensación de culpa se instala dentro de mi pecho al haber desconfiado tan abiertamente de la fidelidad de mi gatito, pero la emoción que más se destaca es la de la esperanza. Esperanza de que Harry no me hubiera engañado con Charlie Weasley y aún me amara. Desafortunadamente, mis expresiones deben haberme delatado, porque Weasley comienza a reírse con crueldad y se apresura a aclarar aquello que terminaría de aniquilar cualquier remanente esperanza que hubiera quedado dentro de mi corazón.
─¡Oh, no! No te hagas falsas ilusiones, Mortífago. Todo lo que has visto en esas fotografías era cierto. Harry sí estaba tomándose de la mano con Charlie en ese café, y él sí estaba besándose con mi hermano en nuestro cobertizo. ¿Sabes cómo pudimos obtener esas imágenes? Gracias al nuevo invento de George. Cámaras de fotos mágicas indetectables.
La chica Weasley levanta una especie de prendedor en forma de flor y me lo muestra para que pueda verlo mejor. Luego, continúa con su explicación con una voz tan presuntuosa que me generan ganas de escupirle en todo su pecoso rostro.
─Gran invento, ¿verdad? Pasan completamente desapercibidas, y pueden tomar fotos sin emitir sonidos o resplandores. Un objeto perfecto para atrapar in fraganti a alguien.
La perra de Weasley sonríe con regodeo y desde aquí puedo ver con facilidad lo mucho que ella parecía estar disfrutando de cada una de las palabras que estaba soltando para terminar de aniquilar mis esperanzas. Sin embargo, eso no podría importarme menos. ¿Por qué lo haría, cuando lo único que parecía repetirse en mi cabeza era una sola cosa?
Era verdad. Todo lo que había en esas fotografías era cierto. Harry sí había estado engañándome con ese pecoso domador de dragones. ¿Y cuán irónico era que la profesión de ese bastardo fuera justamente esa y que mi nombre significara dragón en latín? Honestamente, el destino realmente parecía tener un particular odio conmigo.
Me quedo con la vista fija en el suelo, mientras siento a mi corazón hacer algo que creí que ya no podría volver a hacer. Se vuelve a romper. Después de escuchar a esa perra decir que todo había sido real, mi ya de por sí destrozado corazón vuelve a quebrarse de una forma en la que era casi agobiante. La respiración se me atora dentro de la garganta y me siento comenzar a asfixiarme, aunque yo no podía encontrar la fuerza de voluntad necesaria para salir de este preocupante estado. Lo único que podía hacer era maldecirme internamente por haber sido tan estúpido de tener la ilusión de que nada de esto fuera real. Estaba tan desesperado porque Harry devolviera mis sentimientos, que me aferraba a cualquier pequeña cosa que pudiera darme algo de esperanza con ello. ¡Merlín! Realmente me había convertido en alguien patético.
Y entre todas las reprimendas que estaba dándome internamente, las que más destacaban eran aquellas que estaban dadas en forma de preguntas; unas para las cuales no tenía respuestas, aunque yo tenía muy en claro que éstas podrían destrozarme aún más si las tuviera. ¿Por qué? ¿Por qué había dejado que esto pasara? ¿Por qué me había expuesto de esa manera, siendo que toda mi vida me habían inculcado a resguardar mis sentimientos? ¿Por qué le había dado tanto poder a Harry sobre mí? Pero por sobre todas las cosas, ¿por qué me había enamorado tan incondicionalmente de él? ¿En qué estaba pensando cuando lo hice?
No lo sé. Honestamente, ya no podía estar seguro de nada. Lo único que quería era que esto terminara de una jodida vez. Ya no me importaba lo que la chica Weasley tuviera planeado para deshacerse de mí; tampoco me importaba el papel que cumpliría George Weasley en esto, quien hasta el momento había permanecido en un extraño silencio. ¡Merlín! ¡Ni siquiera me importaba que nunca volviera a dejar este sótano con vida! Lo único que quería era que desapareciera este dolor agobiante que sentía estrujándome el pecho.
Sintiéndome agotado emocionalmente, suelto un derrotado suspiro y observo a la demente chica comadreja con una mirada que no expresaba emoción alguna. Luego, comienzo a hablar con un cansado tono que demostraba lo mucho que me habían devastado todos los eventos del día.
─¿Sabes, comadreja? Creo que tienes al hombre equivocado. Deberías haber secuestrado a tu hermano domador de dragones, no a mí. Las fotografías eran bastante claras, ¿no crees? Yo ya no represento ningún peligro para ti, él lo hace. Él parece ser a quien Harry realmente desea, no a mí. Así que, ¿qué es lo quieres de mí? ¿Para qué me has secuestrado ahora?
La perra de Weasley se ríe con crueldad al escucharme decir todo esto y por el rabillo del ojo puedo ver la aprensiva mirada que George estaba dirigiéndole a su hermana. Interesante. Él no parecía estar del todo compenetrado con este plan diabólico. Quizás esa podría ser una buena oportunidad para poder escapar, sólo tenía que encontrar la forma de quedarme a solas con él y tratar de convencerlo de que me liberara. Desafortunadamente, no puedo seguir planificando una forma de escapar de este lugar, porque la risa maliciosa de la chica Weasley cesa por completo, y dice: ─Todavía no te das cuenta de la verdad, ¿cierto?
¿Verdad? ¿Qué verdad? ¿De qué demonios estaba hablando esa comadreja ahora? Esa demente mujer tenía cada vez menos sentido.
─No importa, lo sabrás más adelante; o quizás no lo hagas. Después de todo, no es como si fueras a recordar algo de esto, ¿verdad?
─¿De qué demonios estás hablando ahora?
No puedo evitar preguntar con algo de cautela, no gustándome para nada hacia dónde se dirigía esta conversación. Weasley sonríe con malicia una vez más y eso sólo termina de acrecentar el miedo que comenzaba a sentir crepitando dentro de mi pecho. Lo que sea que esta comadreja hubiera planeado, ciertamente no podía ser nada bueno.
─Supongo que no lastimará a nadie si te cuento algo de mis planes, ya que no vas a poder escapar esta vez. Veamos, ¿por dónde debería comenzar? ─Weasley hace una pausa y lleva uno de sus dedos a su rostro para hacer un fingido gesto pensativo. Luego, vuelve a mirarme con esa maliciosa mueca, y comienza otro de sus aburridos monólogos. ─¡Ah! ¡Ya sé! Comenzaré por el comienzo. Estoy segura de que quieres saber cómo logré salir de San Mungo. Bien, eso se lo debo todo a George.
La chica comadreja se gira hacia su silencioso hermano y le da una agradecida sonrisa y, aunque George le devuelve el gesto, no escapa de mi atención el hecho de que él no parecía decirlo en serio. George realmente lucía como si estuviera a unos pocos minutos de aturdir a su hermana por la espalda y devolverla al lugar del que la había sacado. Perfecto, eso sólo jugaba a mi favor. No podía esperar para quedarme a solas con él. Convencerlo de liberarme iba a ser más sencillo de lo que había creído en un principio.
Desafortunadamente, la perra de Weasley no parece haber terminado con sus aburridas explicaciones, y continúa hablando con ese victorioso tono que tanto me enfermaba.
─Él vino a visitarme desde el mismo momento en el que el idiota de Ron me internó allí. Y como podrás haberte dado cuenta, ninguno de los dos estábamos contentos con el hecho de que Harry quisiera hacerte parte de su vida, ya que eso sólo haría que tuviéramos que soportar a tu repugnante persona. ¿Un Mortífago conviviendo con los Weasley? Sí, no podíamos tener eso, ¿verdad? Así que empezamos a pensar qué podíamos hacer para evitar esto. Claro que, estando encerrada en San Mungo y bajo la atenta mirada de los Sanadores, no podíamos actuar con libertad. Es por ello que George convenció a los Sanadores para que me permitieran quedarme en su casa, siempre y cuando él prometiera llevarme a cada una de mis sesiones de tratamiento psicológico. ─Weasley hace una mueca irritada ante esto último, como si lo encontrara un insulto a su persona el que alguien cuestionara su sanidad mental, pero no dice nada más con respecto a ello y reanuda su explicación. ─Una vez fuera de las miradas de los Sanadores, comenzamos a planear cómo alejar a Harry de ti de una vez por todas y sin que tuviéramos que llegar a un extremo de hacer algo que pudiera enviarnos a Azkaban. Sabíamos que nada de lo que hiciéramos o dijéramos podría convencer a Harry de dejarte porque él en realidad parecía… quererte.
La chica Weasley suelta esta última palabra como si fuera algo particularmente desagradable. Su rostro se contrae en una repugnante mueca que era similar a la que hubiera hecho de haber tragado su propio vómito, y eso sólo la hace ver aún más peligrosa de lo que ya lucía habitualmente. Sin embargo, ella parece recuperarse de esto último y continúa su explicación con otra de esas sonrisas maliciosas; y yo no podía estar seguro de qué me perturbaba más, si ver lo mucho que a ella le repugnaba la posibilidad de que Harry me amara, o lo que sea que hubiera planeado con su hermano para deshacerse de mí.
─Así que tuvimos que descartar esto y pensar en algo más. La única otra forma que se nos había ocurrido para hacer que ustedes dos se separaran era si tú decidías desaparecer voluntariamente de la vida de Harry; aunque no podíamos arriesgarnos a que Harry tuviera la oportunidad de hablar contigo y tratar de solucionar las cosas. No, teníamos que asegurarnos de que, lo que sea que fuéramos a hacer, te hiciera olvidar para siempre a Harry. ─La perra de Weasley sonríe siniestramente y se acerca un paso más a mí, pero no lo suficiente como para que yo pudiera escupirle en la cara. Al parecer, y para mi mayor desgracia, ella había aprendido la lección después de lo ocurrido la vez pasada. ─Fue entonces cuando se me ocurrió que podíamos usar una Poción del Olvido Total, una que es mucho más efectiva que un Obliviate y la cual sería capaz de borrar cada uno de tus recuerdos para siempre. Después de todo, nadie podría sospechar de nosotros si algo como esto ocurriera, siendo que cualquiera creería posible el hecho de que te borraras a ti mismo la memoria para poder olvidar el dolor que te causaría una traición por parte de Harry.
Mi rostro debía de haberse llenado de pánico al oír cuáles parecían ser las intenciones de estas dos comadrejas, ya que la chica Weasley suelta otra carcajada maliciosa y me observa con esa triunfante expresión que conseguía afear por completo su pecoso rostro.
─Lo vas captando ahora, ¿verdad, Mortífago? Vamos a borrarte la memoria con esa poción para hacerte olvidar de todo y a todos; y cuando terminemos de hacerlo, te enviaremos a vivir entre muggles en algún lugar donde nadie pueda volver a encontrarte jamás. ─Mis ojos se desvían con desesperación de la chica comadreja hacia George Weasley, pero éste último no parecía querer devolverme la mirada. La chica Weasley parece percatarse de que yo estaba intentando pedirle auxilio a su hermano, porque de inmediato se mueve hacia la izquierda para bloquear mi visión de él y vuelve a terminar de dar su eterna explicación. ─Oh, no lo mires a él. Él no va a ayudarte. George está de acuerdo con este plan tanto como yo lo estoy. De hecho, él fue quien me ayudó a perfeccionar la poción para que sus efectos fueran permanentes, y te alegrará saber que ya casi la hemos terminado de preparar. Sin embargo, todavía necesitamos hacer algo más para evitar que tus molestos amiguitos intenten buscarte.
La chica Weasley levanta su varita hacia mi rostro y yo sabía lo que ella tenía pensado hacer incluso antes de que hubiera dicho algo. Internamente, me preparo para volver a sentir esa extraña y anormal sensación de ligereza dentro de mi cabeza, la cual me pondría a merced de lo que ella quisiera ordenarme a hacer.
─Imperio. No intentes escapar.
Y tal y como lo había anticipado, mi mente queda completamente desconectada de las órdenes que estaba dándole a mi cerebro, a la vez que puedo sentir con claridad otra presencia acechando desde las sombras dentro de mi cabeza, para comenzar a susurrarme de manera perturbadora unas órdenes que no sería capaz de negarme a cumplir sin importar cuánto quisiera hacerlo.
Weasley va hacia una caja ubicada unos metros a la derecha y saca de ella pergamino, tinta y una pluma. Una vez en sus manos, lleva todo esto hacia donde me encontraba, y lo deposita en otra caja cerrada que había a mi lado. Luego, apunta su varita hacia mi pecho y, por un segundo, temo que fuera a lanzarme algo mucho peor que la maldición Imperius. No obstante, lo único que hace es desaparecer las cuerdas que me mantenían retenido a la tubería; y a pesar de que me encuentro libre de cualquier atadura física, la atadura mental en la que Weasley estaba reteniéndome con la Imperius me mantenía fijo en el lugar y sin posibilidades de huir.
─Ahora, vas a sentarte aquí y vas a escribirle una carta a tus amiguitos para decirles que Harry te ha engañado con Charlie. Quiero que les escribas que tienes pruebas de ello con las fotografías que has conseguido de ellos. Quiero que les digas que tu dolor es tan grande que sólo quieres olvidarte de todo. Diles que vas a borrarte la memoria por completo y que empezarás de cero como una nueva persona. Diles que no te busquen, porque para cuando lo hagan, tú ya estarás viviendo bajo un nuevo nombre y sin recordar nada de quiénes son ellos.
Y no quería hacerlo. Por supuesto que no quería hacerlo porque eso era algo que yo nunca haría, sin importar cuánto me haya dañado la traición de Harry. Yo tenía demasiado orgullo propio como para darme por vencido con la vida sólo porque Harry no fuera capaz de devolver mis sentimientos. Sin embargo, mi cuerpo se niega a escuchar los gritos internos que estaba dándole para no realizar esto, y simplemente se sienta en el suelo. Luego, toma la pluma, la moja en la tinta, y comienza a escribir sin mi consentimiento la carta para mis amigos. Lo único que parecía ser capaz de demostrar que yo estaba haciendo hasta lo imposible por librarme de este control eran las lágrimas que estaba soltando, mismas que comenzaban a borronear la tinta fresca en algunas partes de la carta.
Pansy y Blaise:
Les escribo esta carta para explicarles el motivo por el cual haré lo que voy a hacer. Harry me ha estado engañando con una de las comadrejas. Su nombre es Charlie Weasley, el domador de dragones. No tengo idea de cuánto tiempo ha estado ocurriendo esto, pero lo que sí tengo en claro es que es cierto. Las fotografías que les envío con esta carta son una prueba más que contundente de ello.
No tengo palabras para expresar el dolor que estoy sintiendo por ello. Estoy cansado, agotado de intentar detener el sufrimiento por el que estoy pasando, pero nada está funcionando. Necesito que se detenga, pero sé que no se detendrá. No se detendrá a menos que pueda borrar todo de mi mente para siempre. Ya no quiero tener nada que ver con Harry, ni con el mundo mágico, ni siquiera conmigo mismo; pero, por sobre todas las cosas, quiero eliminar todos los sentimientos que aún tengo por Harry. Es por ello que he decidido borrar mi mente por completo con una Poción del Olvido Total. De esta forma, seré capaz de empezar completamente de cero. Ya no quiero ser Draco Malfoy, sólo quiero ser una persona normal que no tenga nada que ver con todo esto; una persona a la que no le hayan destrozado su vida de la forma en la que lo han hecho conmigo; una persona que no tenga que estar siendo perseguida por los errores de su pasado, como yo lo estoy siendo.
Por favor, no intenten buscarme ni detener esto porque, para cuando ustedes estén leyendo esto, yo ya estaré muy lejos, viviendo bajo un nuevo nombre, y sin recordar nada de ustedes. Sólo espero que algún día puedan perdonarme por la decisión que he tomado. Sepan que, de haber habido otra opción, la hubiera tomado sin dudarlo; pero no la había. Nada de lo que hubiera podido hacer habría detenido este insoportable dolor.
Les agradezco infinitamente por todos los años de amistad que me han brindado, y quiero que sepan que ustedes han sido los únicos que han podido hacer que fuera algo soportable la vida que he llevado hasta el día de hoy. Realmente les deseo toda la felicidad del mundo, porque ustedes dos se la merecen.
Hasta que podamos reencontrarnos en la siguiente vida.
Draco
Termino de escribir la carta, pero mis lágrimas de impotencia continúan cayendo descontroladas. La rabia que sentía estaba dirigida única y exclusivamente hacia mí mismo por no haber aprendido a resistirme a la Imperius. Internamente, me maldigo por haber desperdiciado tanto tiempo junto a Harry, en lugar de haber hecho un mayor esfuerzo por aprender a librarme a mí mismo de una situación como esta. De haberlo hecho, ahora no estaría al borde de perderlo todo y sólo porque había sido lo suficientemente estúpido como para perderme en los placeres de una relación que no había sido nada más que una vil y cruel mentira.
Cierro los ojos y trato de controlar un poco mis emociones. Cuando lo consigo, al menos lo suficiente como para dejar de llorar en frente de estas dementes comadrejas, me hago una promesa interna. Si llegaba a ser capaz de conseguir salir con vida de aquí y con mis recuerdos intactos, lo primero que haría sería aprender a resistirme a la maldición Imperius. Eso, y aprender a hacer magia no verbal y sin varita. No dejaría que esto volviera a ocurrirme. No volvería a ponerme en una situación tan vulnerable como en la que me encontraba. Nunca más.
─Perfecto. Como siempre, las lágrimas le aportan ese toque de realismo.
La chica Weasley se mofa de mi situación, pero ni siquiera puedo reunir la fuerza de voluntad necesaria para que esto me moleste. Lo único que consigo hacer es echar un vistazo hacia el lugar en el que se encontraba George Weasley, el cual parecía estar evitando adrede ver todo lo que estaba ocurriendo frente a él. A cada segundo que pasaba, me convencía más y más de que él sería mi boleto de salida de este lugar.
La perra de Weasley vuelve a sacarme de mis pensamientos y coloca otro pergamino en blanco frente a mí; y sin que me hubiera dicho nada aún, yo ya sabía a quién estaría dirigida esta otra carta.
A Harry.
¿A quién más estaría dirigida? Weasley haría lo que fuera para asegurarse de que no hubiera ninguna chance de que Harry volviera a intentar buscarme.
─Bien. Ahora vas a escribirle una carta a Harry. Quiero que le digas que lo descubriste siéndote infiel. Quiero que le digas lo mucho que su engaño te duele, a tal punto que no puedes seguir con tu vida tal cual está. Quiero que le digas lo mismo que le dijiste a tus amigos, que vas a borrarte la memoria para poder comenzar de nuevo.
Mis manos comienzan a temblar descontroladamente con la nueva orden, pero eso no evita que tome la pluma y comience a escribir todo aquello que ella me había ordenado. Nuevas lágrimas ruedan por mi rostro debido al esfuerzo que estoy realizando por detener esta locura, aunque eso no consigue librarme del control de la maldición.
Harry:
He descubierto tu secreto. Sé que has estado engañándome con Charlie jodido Weasley, y ni siquiera intentes excusarte diciendo que no es cierto. Las fotografías que te envío con esta carta son pruebas más que fehacientes de tu traición.
¿Por qué, Harry? ¿Por qué lo has hecho? O mejor aún, ¿por qué darme esperanzas de que correspondías a mis sentimientos cuando la realidad es que yo nunca signifiqué nada para ti? Honestamente, no comprendo qué pretendías con ello. ¿Por qué simplemente no me dijiste que querías terminar conmigo? ¿Por qué traicionarme de esa forma? ¿Es que mis sentimientos te importan tan poco? ¿Acaso lo nuestro fue sólo alguna forma retorcida de vengarte por todo el daño que yo te causé en la escuela? ¿Es eso? ¿Tu amistad, nuestra relación, todo ello, no fue nada más que una forma de hacerme caer por ti, sólo para que pudieras lastimarme con tu traición en una forma de hacerme pagar por todo lo que te hice a ti en el pasado? Porque si es así, felicidades. Lo has conseguido, Potter. Has conseguido destrozarme de una manera en la que ya ni siquiera puedo encontrar las fuerzas suficientes para seguir adelante.
No tienes idea del dolor que siento en este momento, aunque no es como si fuera a importarte una mierda el que esté sufriendo, ¿verdad?
¿Y sabes qué es lo peor de todo? Lo peor de todo es que, aun después de todo lo que me has hecho, aun después de haberme engañado de la manera en la que lo has hecho, aun así, soy incapaz de dejar de amarte; y eso es algo que sólo termina de volverme completamente loco. Quiero odiarte, realmente quiero hacerlo. Quiero dejar de pensar en ti. Quiero olvidarte y poder seguir adelante, pero sé que no podré hacer ninguna de estas cosas, al menos no podré hacerlo si no las borro por completo de mi mente. Es por ello que he tomado la decisión de borrarte a ti y a todo lo que hace a Draco Malfoy por completo de esta vida. Voy a borrarme la memoria con una Poción del Olvido Total para poder comenzar de cero como alguien nuevo, alguien que no esté atado a ti y a todo lo que tu traición conlleva.
Realmente desearía que las cosas hubieran sido diferentes entre nosotros, pero, al parecer y al igual que ocurre entre Etamin y Leonis, ambos simplemente no estábamos destinados a ser. Quizás, en alguna otra vida o dimensión, las cosas podrían ser diferentes entre nosotros; pero en la que nos ha tocado vivir, Harry Potter y Draco Malfoy nunca podrán ser nada más que rivales.
No me busques ni intentes detener esto, porque no podrás por mucho que tu complejo de héroe quiera hacerlo. Para cuando estés leyendo esta carta, yo ya estaré viviendo muy lejos bajo un nuevo nombre, y sin recordar nada de esta vida.
A pesar de todo lo que has hecho, realmente espero que puedas encontrar la felicidad que, al parecer, yo nunca pude ser capaz de brindarte.
Adiós, gatito.
Draco
Termino de escribir la carta para Harry y ya no estoy del todo seguro de que las lágrimas que estoy soltando se deban únicamente al esfuerzo que estoy haciendo para librarme del control de la Imperius. Era aún más desgarrador de lo que había supuesto en un principio ver plasmada en palabras todas las dolorosas emociones que me genera la traición de Harry. Contrario a mi sufrimiento, la chica Weasley parecía estar disfrutando en demasía con todo el dolor que yo estaba sintiendo, si su perversa sonrisa podía tomarse como indicativo de algo.
Después de darle un rápido vistazo a la carta, la pecosa comadreja se la guarda en el bolsillo trasero de sus jeans, y dice: ─Levántate y ponte contra esa tubería.
Mi cuerpo se eleva sin mi consentimiento y va hacia el lugar indicado para colocarse en la pose que me habían ordenado. Inmediatamente, nuevas cuerdas me atan a la oxidada tubería, pero al menos siento desaparecer de mi mente esa molesta presencia que me indicaba que Weasley me tenía bajo su control. La maldición Imperius había sido retirada. Gran consuelo.
Ella parece notar los depresivos pensamientos que me han acometido, porque vuelve a sonreír con malicia y dice algo que me dejará con un desagradable escalofrío recorriéndome por todo el cuerpo.
─Disfruta de tus últimos momentos siendo Draco Malfoy, porque después de beber la poción, ya no vas a recordar a nada ni a nadie de esta vida. ─La chica Weasley ni siquiera espera a que le responda algo, y simplemente me da la espalda y comienza a caminar hacia la escalera que había contra la pared a mi izquierda, la cual suponía que llevaba al resto de la casa. Y antes de desaparecer por la única puerta del sótano, se gira hacia su hermano, y dice: ─Vigílalo mientras termino la poción. No confío en que no intente buscar la manera de escapar.
George asiente para hacerle saber que la había escuchado, pero esa es la máxima señal que da para reconocer a su hermana. La chica Weasley no parece preocupada por el peculiar comportamiento de su hermano, y sale del sótano sin mirar detrás. ¡Perfecto! ¡Oh, gracias a Merlín! Esta era la oportunidad que estaba esperando. Ahora sólo tenía que buscar la manera de convencer a esta comadreja de que me liberara. George parece notar algo en mi mirada, porque me observa con cautela mientras va a sentarse a una de las tantas cajas que se hallaban en el suelo de este lugar.
Nos quedamos mirándonos por un buen rato con desconfianza, pero sin decirnos absolutamente nada. Internamente me pregunto qué podría decirle para convencerlo de liberarme. Estaba claro que no podía apelar a la culpa que sintiera por lastimar a una persona inocente, siendo que ellos parecían creer que yo era alguna especie de reencarnación del mal que sólo quería arruinar la vida de Harry. El pensamiento era totalmente ridículo y, de no haber estado en una situación tan desesperante, habría tenido una buena risa de ello. Sin embargo, la realidad en la que me hallaba había hecho que desapareciera cualquier rastro de diversión que me quedara, para ser reemplazada por una seriedad en la que sólo podía pensar en cómo salir de aquí antes de que fuera demasiado tarde.
Descartada la idea de la culpa, se me ocurre tratar de infundirle algo de miedo por los problemas que debería enfrentar si esta verdad saliera a la luz. No obstante, descarto este pensamiento tan rápido como se forma en mi mente porque el plan que tenían estos dos parecía no tener fallas, por lo tanto, no había grandes chances de que alguien fuera a descubrir la verdad una vez que me borraran la memoria. Descartada esta idea también, sigo esforzándome por hallar una forma de convencerlo de liberarme, pero nada de lo que se me ocurre podría llegar a ser suficiente como para hacerlo replantearse sus acciones. Además, no podía arriesgarme a soltar lo primero que se me ocurriera porque no tenía asegurado cuánto tiempo tendría a solas con él para poder convencerlo. Lo que fuera a decirle tendría que ser directo y algo que asegurara mi libertad.
Después de lo que parecen haber sido horas en las que había descartado cientos de ideas, suelto un suspiro y digo lo primero que sale de mi mente porque ya no podía seguir esperando más. La chica comadreja volvería en cualquier momento con la poción, y con ella se iría mi única oportunidad de escapar.
─¿Por qué haces esto?
─¿Qué acaso no escuchaste nada de lo que Ginny dijo?
─Oh, sí lo escuché. Y también sé cuál es el verdadero motivo por el que ella está haciendo esto, pero lo que no sé es por qué lo haces tú. ¿Qué pretendes obtener de esto?
George se queda en silencio por unos segundos y realmente parece estar pensando en lo que le había preguntado, aunque no responde a mis preguntas. Sin embargo, algo de duda atraviesa su mirada, por lo que me aferro a esto con mi vida entera, y sigo insistiendo para terminar de quebrantar su voluntad.
─¿Es esta alguna forma retorcida de vengar a tu gemelo? Porque si es así, debo decirte que es inútil y una pérdida absoluta de tiempo.
La mirada de George se llena de odio y enfado al escucharme nombrar a su difunto gemelo, y es en ese mismo momento donde descubro que había dado en el blanco. Había encontrado el botón al cual presionar para hacerlo perder el control. De repente, George se pone de pie y comienza a caminar hacia mí con un amenazante andar. Trago saliva y, por un segundo, temo que vaya a lastimarme. Sin embargo, George se detiene a mitad de camino y comienza a hablar con un rencoroso tono de voz que no consigue enmascarar del todo el dolor que él parecía estar sintiendo.
─¡¿Inútil?! ¡¿Inútil?! ¡¿Cómo es esto algo inútil?! Fred era una buena persona. Alguien lleno de vida, y que todavía tenía muchos planes y sueños por cumplir. Él era un gran hijo, y un aún mejor hermano. Él no se merecía morir de la manera en la que lo hizo y por obra de una guerra que individuos como tú generaron; pero aun así él murió, ¿y personas como tú pueden tener una vida normal y feliz? ¿Cómo es eso justo, Malfoy? ¡Dime! ¡¿Cómo puede ser algo de eso justo?!
George comienza a pasearse por todo el sótano como si fuera un animal enjaulado, y algo me dice que él estaba a punto de quebrarse. Un acertado comentario más de mi parte y podría hacerle entrar algo de sentido común para que me liberara. Mis pensamientos son interrumpidos cuando él se gira y me observa con desprecio, antes de volver a hablar con un rencoroso tono de voz.
─Yo te responderé a eso. ¡No lo es! ¡Nada de eso es justo! Y ya me cansé de esperar porque la vida les dé su merecido a personas como tú. Si el destino no va a hacerte pagar por todo el daño que has hecho, Malfoy, entonces nosotros lo haremos. ¡Alguien tiene que hacerlo!
Desde el lugar en el que me encontraba retenido podía ver con claridad cómo los ojos de George estaban atormentados por las traumáticas experiencias que había tenido que vivir durante la guerra. El brillo desesperado y algo trastornado con el que resplandecían gracias a la escasa luminosidad del sótano sólo contribuía a acrecentar las emociones que parecían estar atormentándolo. Lo observo caminar desesperado de un lado al otro, a la vez que mueve su varita de una mano a la otra; y a pesar de que George había sido en parte responsable de que me encontrara en esta situación, no podía evitar sentir algo de lástima por él. Los fantasmas de su pasado parecían estar acechándole de tal manera que incluso estaban a punto de hacerle perder la cordura.
¿Cuántas más vidas iba a arruinar una guerra que hacía años que había acabado? Realmente no lo sé. Lo único que sé es que tengo que hacer entrar en razón a George antes de que la perra de Weasley regrese, porque esta situación ya ha dejado de ser una forma de conseguir salvarme a mí mismo. No, tengo que hacer que él me libere para que ambos podamos salir de esto sin arruinar nuestras vidas en el proceso.
Armándome de toda la paciencia que tengo, suelto un desganado suspiro y trato de hacerle ver que no conseguiría nada con deshacerse de mí, más que originarse nuevos problemas.
─Si cumplir con este desquiciado plan que tú y tu hermana han ideado hará que te sientas mejor contigo mismo, entonces, hazlo. Bórrame la memoria; o directamente mátame, por lo que a mí me importa. Aunque voy a advertirte una cosa. Por más que te deshagas de mí, eso no va a quitar el dolor que sientes por tu pérdida. Eso no le devolverá la vida a tu hermano.
Los ojos de George se llenan de lágrimas y sus manos tiemblan descontroladas a sus costados, por lo cual puedo ver que estaba a punto de terminar de convencerlo. Sólo un poco más y podríamos salir de aquí sanos y salvos.
─No hagas esto. Sé que tú no eres esa clase se persona. Todavía estás a tiempo de hacer lo correcto, Weasley. ─Lo observo mirar al suelo para ocultar de mi vista las lágrimas que estaban rodando por su rostro, y es entonces donde sé que estaba a punto de despertarlo de esa desesperante situación en la que había caído. Inspiro para darme ánimos, y comienzo a decir aquello que de seguro terminaría de devolverle el sentido común. ─Piensa en lo que tu hermano hubiera querido. Él no hubiera querido que desperdiciaras tu vida tratando de perseguir a las personas que estuvieron en el bando opuesto de la guerra. Él no hubiera querido que buscaras vengar su muerte.
Desafortunadamente, mis palabras habían tenido el efecto contrario al esperado y, en lugar de liberarme, George eleva la vista y me observa con rencor y un odio tan profundo que por un segundo temo por mi vida; y cuando habla, sus palabras son cortantes y tienen un tono tan gélido que incluso podrían congelar el infierno muggle.
─¡Cállate! ¡Tú no sabes nada! ¡Nada de lo que Fred hubiera querido! ¡Tú no lo conociste, así que no intentes hacerme creer que sabes lo que él hubiera querido! ¡Porque no lo sabes! ¡No tienes ni una puta idea de ello!
Lo observo en silencio por unos segundos, preguntándome cómo iba a salir de este callejón sin salida en el que me había metido yo mismo. Afortunadamente, mi cerebro parece estar trabajando horas extra hoy, porque de inmediato se me ocurre algo que decir que podría terminar de convencerlo de una vez por todas.
─Tienes razón. No conocí a tu hermano, pero sí conocí a mis padres y a Vince. Ellos también fueron, directa o indirectamente, víctimas de esta guerra. Los conocía, y sé que ellos no hubieran querido que yo desperdiciara mi vida buscando venganza por sus muertes. Los conocía, y sé que todos ellos me amaban y hubieran querido que hallara la felicidad y que viviera una vida en paz, aquella que ninguno de ellos pudo tener. ─George me observa en silencio y con una aterrada mirada, era casi como si tuviera en claro que lo próximo que yo dijera sería capaz de tirar abajo todo lo que él había estado creyendo desde que la guerra terminó. ─Sí, no conocí a tu hermano; pero aun sin conocerlo, podría jurar por mi vida que él hubiera querido para ti las mismas cosas que mis padres y Vince hubieran querido para mí. ¿Sabes por qué? Porque él te amaba. Te amaba, y nunca hubiera querido que desperdiciaras tu vida en algo tan inútil y que podría consumir tu alma por completo, como lo es el hecho de buscar venganza por su muerte.
Termino de dar mi explicación y todo parece indicar que George había comprendido que lo que estaba haciendo al retenerme como un prisionero aquí era una locura. Sus ojos se encontraban abnegados en lágrimas y sus manos no paraban de temblar, sin embargo, los pasos que comienza a dar hacia las escaleras consiguen hacer que mi corazón se detenga y que mis esperanzas se esfumen con la velocidad de un pestañeo.
No lo había conseguido.
No había conseguido hacerlo entrar en razón. De hecho, era todo lo contrario. Lo había molestado tanto que, de seguro, iría a acelerar el proceso de la preparación de la Poción del Olvido Total. El pánico que siento recorrerme al verlo comenzar a subir las escaleras es atroz. Mi pecho pasa de no latir, a hacerlo a una alarmante velocidad. Mi sangre se siente espesa debajo de mi piel, y en mi estómago hay una desagradable sensación de vacío que me está dejando completamente mareado y con unas profundas náuseas. Tenía que hacer algo para detenerlo, decirle algo más que pudiera sacarme de este maldito lugar, pero la realidad era que, dijera lo que dijera, nada parecía ser capaz de sacar a George y Ginny Weasley de su locura.
Cuando esta realización se asienta en mi mente, me siento perder todas las esperanzas y los deseos de luchar por mi libertad. Sin embargo, el color verde de una especie de sombrero que había en una de las tantas cajas del sótano me hace recordar a Harry, y es entonces donde tomo la decisión de hacer un último esfuerzo para obtener una victoria. Si bien ya era tarde para intentar salvarme a mí mismo, al menos podría asegurarme de haber hecho todo lo posible para que Harry no volviera a caer en las garras de la chica comadreja. A pesar de todo el sufrimiento que me había producido la traición de Harry, aun así, yo no podía dejar de amarlo y preocuparme por él. Es por ello que ni siquiera vacilo para tratar de detener a George en su andar.
─¡Espera!
George se detiene a mitad de las escaleras y me observa con marcado rencor, pero yo ni siquiera me intimido por esto, y me apresuro a tratar de hacer lo imposible para poner a salvo a quien solía ser mi adorable gatito.
─Yo sólo… por favor, sólo cúmpleme un último deseo. Si no es por mí, al menos hazlo por Harry.
George me observa con suspicacia y algo de confusión, pero no parece querer desestimar mi petición. Por el contrario, se cruza de brazos y pregunta en un desconfiado tono: ─¿Qué es lo quieres?
─Por lo que más quieras, no dejes que tu hermana se acerque a Harry. No permitas que ella le dé nada de beber o comer.
─¿Por qué no?
George me pregunta esto con genuina confusión, y sólo entonces me percato de lo fácil que le resultaba a Ginny Weasley ocultar sus verdaderas intenciones para con Harry, a tal punto que ni siquiera su hermano había podido percatarse de ellas. La chica comadreja realmente era alguien para temer, por mucho que odiara admitirlo.
─Porque estoy seguro de que ella volverá a intentar retenerlo en contra de su voluntad con Amortentia; y a pesar de todo lo que ocurrió entre nosotros dos… yo no deseo que Harry vuelva a caer en sus garras. Él no se merece algo como eso. Nadie se merece estar bajo el control de otra persona de esa manera.
Observo al suelo con tristeza y me digo que esto era lo máximo que podría hacer por Harry. Esto era lo único que podía hacer en la situación en la que me encontraba para poder darle una oportunidad de librarse de las maquinaciones de su ex prometida. El silencio que se extiende por todo el sótano estaba comenzando a inquietarme más de lo que hubiera esperado. ¿Por qué George no había dicho nada aún? Realmente esperaba que se riera con crueldad y me mandara a la mierda, pero, en cambio, había obtenido este extraño silencio de su parte. Doy un rápido vistazo hacia donde él se encontraba y allí descubro que George estaba observándome con gran confusión y algo de suspicacia. Afortunadamente, no debo cuestionarme el motivo de su extraña mirada, ya que él se sostiene de la barandilla de la escalera y me pregunta algo que me desconcertará por unos cuantos segundos.
─¿Por qué te importa lo que le ocurra a Harry, siendo que has visto lo que él estaba haciendo en ese cobertizo?
¿Por qué me importaba? Lo cierto era que George tenía un buen punto en ello. ¿Por qué diablos me importaba lo que le ocurriera a Harry, siendo que él me había engañado de esa manera? ¿Por qué aún seguía preocupándome por su bienestar, cuando a él no le había importado en lo absoluto lastimarme de esa forma? ¿Por qué seguía velando por su felicidad aun cuando a él nunca pareció importarle la mía? La respuesta a todas esas preguntas era simple y desgarradoramente deprimente, en especial porque era una confirmación a algo que, por más que me esforzara por negar, nunca podría dejar de sentirme de esa forma.
Sonrío con tristeza y me preparo mentalmente para dejar salir la dolorosa verdad. Después de todo, de nada serviría resguardar mis sentimientos siendo que estaba a pocos minutos de perder todos mis recuerdos para siempre. ¿Y qué era un poco más de humillación a la que ya había sentido con la traición de Harry? Lo cierto era que no haría diferencia alguna.
Aún seguiría encarcelado en este sótano.
Aún iba a perderme a mí mismo.
Aún seguiría con el corazón completamente destrozado.
─Porque, a pesar de que Harry me ha engañado, aun así, sigo amándolo; y en verdad dudo que algún día pueda dejar de hacerlo, por mucho que quiera olvidarlo. ─Cierro los ojos con fuerza con el fin de prepararme para expresar la dolorosa verdad que todavía me restaba decir. Una vez que reúno el valor suficiente para poder hablar sin comenzar a llorar, elevo la vista y la coloco en el sorprendido rostro de George. ─Y a pesar de que Harry no parece amarme de la misma manera en la que yo lo amo a él, eso no quiere decir que desee verlo sufrir. Yo sólo… sólo le deseo que sea feliz con quien él quiera estar. Y si esa persona resulta ser tu hermano Charlie, entonces que así sea; pero con quien sea que Harry decida estar, debe ser por su propia voluntad, y no debido a que se encuentra bajo los efectos de la Amortentia.
Termino de dar mi explicación y abro los ojos que ni siquiera recordaba haber cerrado. Luego, vuelvo a observar a George, y lo que veo me deja completamente desconcertado. El rostro de George estaba contraído en un gesto que expresaba sorpresa y algo de asombro, pero lo que más me descoloca de toda esta situación era la mirada llena de arrepentimiento que estaba dirigiéndome. ¿Por qué estaba mirándome de esa forma?
─¿Sabes, Malfoy? No eres para nada como yo creí que eras. ─Las palabras de George me sorprenden de tal forma que no puedo ser capaz de decir nada, aunque él no parece estar esperando que dijera nada, y simplemente sigue diciendo algo que terminará de desconcertarme por completo. ─Y puede que Harry haya estado en lo cierto todo este tiempo. Todo lo que ha estado tratando de hacernos ver de ti es verdad.
¿Harry les había estado hablando a las comadrejas de mí? ¿Y había estado tratando de hacerles comprender algo? Pero, ¿qué era eso que quería que entendieran de mí? ¿Y qué les había dicho a los Weasley de mí? ¿Habían sido cosas buenas? Honestamente, y después de todo lo que había visto el día de hoy, ya no podía estar seguro de que nada de lo que Harry hubiera dicho de mí fuera bueno. En verdad esperaba que lo fuera, pero después de haber visto la facilidad con la que Harry me había engañado como si yo no valiera nada, no podía asegurar con certeza que esto fuera así.
Nuevamente, soy sacado de mis depresivos pensamientos cuando el crujido de las escaleras comienza a sentirse una vez más. George asciende unos cuantos escalones, pero se detiene a unos pasos de alcanzar la puerta, y se gira hacia mí una vez más. Su rostro estaba plagado de incertidumbre y parecía querer decirme algo más, pero nada escapa de su boca. Luego de negar con la cabeza, sube los escalones que le restan y desaparece por la puerta.
Me quedo completamente solo en el sótano y de inmediato aprovecho este momento para intentar liberarme. Tenía que hacerlo cuanto antes, porque no podía saber cuándo volvería la chica Weasley con la poción. Tomo una fuerte bocanada de aire y trato de enfocar toda mi concentración en liberarme de las ataduras. Una vez que estoy completamente enfocado y siento mi magia crepitar por todo mi cuerpo, susurro con determinación el contrahechizo que podría quitarme estas jodidas cuerdas.
─Finite Incantatem.
Siento mi magia chisporrotear y envolver las cuerdas, sin embargo, el efecto que obtengo es el contrario, y las cuerdas se enroscan con mayor fuerza a mi alrededor, a tal punto que comienzan a cortarme la circulación. Por lo visto, la chica Weasley había sido más lista de lo esperado y había conjurado algún tipo especial de cuerdas que no podían ser removidas con un Finite Incantatem conjurado por la persona a la que estaban reteniendo. Oh, alegría. Justo lo que estaba necesitando en estos momentos.
A pesar de este inconveniente, no me rindo y fuerzo a mi magia a acumularse con toda su potencia para soltarla de una sola vez. Lo que estaba a punto de hacer era una gran inconciencia y podría ser muy peligroso para mi núcleo mágico, pero estaría condenado si no agotara todas las opciones que me quedaban para escapar de aquí antes de que fuera demasiado tarde. O esto funcionaba y podía escapar, o me agotaría por competo y quedaría totalmente expuesto a mis captores. Era un cincuenta-cincuenta, un blanco o negro… o vivía, o lo perdía todo.
Inspiro con fuerza, y suelto el aire en una lenta exhalación. Cuando me siento relajarme, fuerzo a toda mi magia a acumularse en cada parte de mi cuerpo y la libero con toda la potencia que tenía.
─¡FINITE INCANTATEM!
Mi magia brilla con un resplandor plateado por todo el sótano y por una milésima de segundo creo que voy a conseguirlo, ya que las cuerdas que Weasley había atado a mi cuerpo estaban comenzando a temblar y aflojarse de a poco. Sin embargo, mi explosión mágica no consigue durar todo el tiempo que necesito para desatar por completo las cuerdas, y se agota antes de que consiga liberarme. El resplandor plateado se apaga y siento mi cuerpo ceder ante la extenuación; y de no haber estado retenido contra las cuerdas, estaba seguro de que habría colapsado contra el suelo. Me quedo completamente quieto y con la cabeza inclinada hacia el suelo, mientras siento un sinfín de lágrimas acumulándose en mis ojos.
No lo había conseguido. No había podido liberarme y lo único que había hecho era agotarme por completo. Toda la fuerza de voluntad que me quedara parece haberse ido de mi cuerpo junto con esa explosión mágica que había soltado y, aunque no quería hacerlo, no puedo evitar resignarme y esperar a que la chica Weasley vuelva para borrarme la memoria. Nada de lo que había intentado para liberarme había funcionado. Una vez más, no había sido lo suficientemente bueno como para hacerlo. Al parecer, ser alguien con el que Harry hubiera querido estar no era la única cosa en la que había fallado en esta vida.
Un depresivo pensamiento pasa por mi mente al recordar a Harry y la forma en la que él había estado engañándome con Charlie Weasley. Al menos algo positivo saldría de perder todos mis recuerdos de quién era. Al menos ya no tendría que sentir este agobiante dolor debido al hecho de que Harry no correspondía mis sentimientos. Al menos ya no recordaría nada de la desgarradora traición de quien solía ser mi gatito. Gran consuelo.
Los minutos vienen y se van. ¿O quizás habían sido horas? Era difícil llevar un registro del tiempo en este sótano que no tenía ventanas, en especial cuando mi cabeza se encontraba tan embotada debido al agotamiento mágico al que me había sometido. No, ciertamente no sabía cuánto tiempo había permanecido aquí, pero debió de haber sido el suficiente para que Weasley terminara la poción, porque de inmediato, la puerta del sótano se abre y por las escaleras comienzan a descender mis captores. Por el rabillo del ojo veo que la chica Weasley tenía una triunfante mirada en su rostro, mientras que en su mano izquierda llevaba un frasco con una poción de color blanco. Detrás de ella, George tenía una aterrada mirada y estaba tratando de convencer a su hermana de algo, pero sólo soy capaz de oír sus murmullos cuando éstos terminan de bajar las escaleras.
─Te lo digo, Gin. No es necesario borrarle la memoria. Podemos encontrar otra forma de…
La chica Weasley se da vuelta y le lanza una sospechosa mirada a su hermano, una que lo hace callar al instante.
─¿Es esta tu forma de decirme que ya te has arrepentido, George?
─No, pero…
─Pero creo que sí lo has hecho. ─La chica Weasley lo observa con bastante malicia, antes de darse la vuelta y volver a caminar. ─Déjate de tonterías, ¿quieres? Quiero terminar con esto cuanto antes.
─¡No, Ginny! ¡Esto es una locura absoluta! Mira, entiendo más que nadie los deseos que tienes por hacerle pagar, pero esto se ha salido de control. Borrarle la memoria por completo es algo absurdo. Y no es sólo eso. ¡¿Qué hay de las maldiciones Imperdonables?! ¡Es magia negra, Ginny, y de la peor clase! ¡¿Y tú has conjurado una Imperius como si simplemente hubieras lanzado un Alohomora?! ¡¿Qué diablos está mal contigo?! ¡Ya no te reconozco!
La chica comadreja se detiene al escuchar la desesperación con la que su hermano le habla, y se gira para enfrentarlo con esa mirada maliciosa que comenzaba a hacerse característica de ella, antes de soltar unas palabras con marcado desprecio.
─¿Tú no me reconoces? ¡Yo no te reconozco, George! ¡¿Cómo puedes ser tan débil?! ¡¿Cómo puede importarte lo que le ocurra a una basura como Malfoy?! ¡Fred estaría avergonzado de verte teniendo tanto remordimiento por la vida de un asqueroso Mortífago!
Los ojos de George se llenan de enfado al escuchar el nombre de su gemelo de la boca de su hermana, y eso parece ser todo lo que necesita para eliminar cualquier pretensión de que estuviera de acuerdo con este plan. En un rápido movimiento, George se lanza hacia adelante e intenta quitarle el frasco de poción, pero la chica Weasley parece haber estado esperando una reacción como esa, porque rápidamente levanta la varita que tenía escondida en su manga y le lanza un hechizo aturdidor a su hermano. La fuerza del mismo es tal que el cuerpo de George rebota contra la pared y cae inerte al suelo, aunque la perra de Weasley no parece preocupada por este hecho y se gira hacia donde me encontraba retenido.
Y es entonces cuando en verdad me aterrorizo, porque no quería perder mis recuerdos. A pesar de todo el dolor por el que Harry me había hecho pasar con su engaño, a pesar de todo el sufrimiento que había tenido que vivir debido a los errores cometidos en mi pasado, aun así, no quería olvidar. No quería que ella me hiciera olvidar a mis amigos, quienes habían estado incondicionalmente a mi lado durante todo este tiempo; no quería tener que olvidar los pocos momentos que había vivido junto a Teddy y Andrómeda, quienes eran la única familia que me quedaba con vida; tampoco quería olvidar a aquellos a los que la muerte me había arrebatado. No quería que el recuerdo de mis padres y de Vince desapareciera de mi mente; y tampoco quería olvidar a Harry, sin importar lo doloroso que fuera en estos momentos el recuerdo de mi gatito; pero, por sobre todas las cosas, no quería olvidar quién era. No quería olvidar a Draco Malfoy, porque olvidarme a mí mismo sería un destino aún peor que la muerte.
Con esta realización en mente, comienzo a tratar de reunir las pocas fuerzas que me quedaban para intentar de escapar. Sin embargo, las cuerdas permanecen fijas en su lugar y me impiden huir de este inminente final. Teniendo la certeza de que no podría liberarme por mi cuenta, apelo a la última opción que me quedaba para poder huir, aunque sabía que esto sería inútil incluso antes de que lo hubiera llevado a cabo.
─¡No lo hagas! ¡Por favor, no lo hagas! Si lo que quieres es que me aleje de Harry, entonces lo haré. ¡Lo haré! ¡Lo prometo! Pero, por lo que más quieras, no me borres la memoria. No quiero… no quiero olvidar quien soy.
Le ruego.
Le ruego a esa jodida comadreja. Incluso le prometo que me alejaré de Harry si eso era lo que ella quería, por más que esto último fuera una mentira absoluta. No obstante, y como ya lo había anticipado, Weasley me ignora por completo y termina de acercarse hasta donde me encontraba. Y con un rodar de ojos, detiene mi desesperada petición, y dice: ─Ya me cansé de escucharte.
Weasley apunta su varita a mi rostro y por ella sale un resplandor amarillo. De inmediato, siento mis cuerdas vocales silenciarse y, por más que grito con todas mis fuerzas, ningún sonido sale de mi boca. Completamente mudo y sin posibilidades de gritar por ayuda, observo con desesperación cómo la chica comadreja acerca la pócima a mis labios. De inmediato, cierro con fuerza la boca y me obligo a hacer lo imposible para no beber nada de ese blanquecino líquido. Mis ojos se cierran con fuerza y me siento temblar por todo el cuerpo, pero aun así no me rindo. Weasley continúa tratando de forzarme a beber, y sabía que era cuestión de tiempo antes de que ella se cansara de esto y me obligara a beberla mediante un hechizo.
En un momento de absoluta desesperación por hacerme oír por algún vecino o por algún otro ocupante de la casa, hago lo último que puedo hacer para llamar la atención a lo que estaba ocurriendo en el sótano. Llevo mi cabeza hacia adelante lo más que me permitían las cuerdas, y luego la dejo caer hacia atrás para golpearla con la mayor fuerza que puedo contra la tubería a la que estaba retenido. El sonido retumba con gran fuerza por todo el sótano, y me parece escuchar pisadas apresuradas por encima de mi cabeza, aunque no podía estar seguro de que no eso no fuera más que un producto de la contusión cerebral que me había generado a mí mismo en mi intento por escapar.
Mi vista comienza a hacerse borrosa a alarmante velocidad, y sabía que estaba a un paso de perder la conciencia y quedar a completa merced de Weasley. Un líquido espeso y caliente comienza a caer desde mi cabeza, el cual reconozco como mi propia sangre incluso sin haberla visto. Lo último que veo antes de perder la conciencia es a la perra de Weasley sosteniéndome con fuerza del cabello y acercándome la Poción del Olvido Total a la boca; y luego, todo se vuelve oscuridad.
Respuesta review: ¡Hola Aurora! No puedo adelantar nada para no soltar spoilers, sólo diré que no todo es lo que parece. Ya sabremos más adelante la verdad de esto. ¡Infinitas gracias por comentar! En verdad lo aprecio.
Notas finales: espero que les haya gustado. Les voy a pedir un segundo más de su tiempo para que me dejen en un comentario sus opiniones. Ahora sí, me despido. Nos leemos la semana que viene.
