Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi.
What If…
Chapter 2: Cambios
- ¿Cómo está Kikyo?
La anciana Kaede terminó de salir de la cabaña antes de responderle al hanyou.
- Está bien, algo débil pero bien.
Inuyasha relajó su postura, Kagome observó a los presentes, todos estaban preocupados por la miko y por primera vez, nadie estaba al tanto de su reacción.
Naraku había sido destruido, Miroku ya no tenía su kazanna y por lo tanto el veneno en su cuepo se había ido, Kouga había perdido los fragmentos, Sango, Inuyasha y Kikyo tenían su venganza. Y ella, tenía la perla de shikon bien sujeta a su mano, solo faltaba el fragmento de Kohaku para que se completara.
Inuyasha regresó a sentarse sin mirarla, como venía haciendo desde que la pelea había terminado. Su misión se había cumplido ¿Qué pasaría ahora? Naraku ya no estaba, y Kikyo… No tenía la menor idea que pasaría ahora con Kikyo.
A la mañana siguiente Kagome se dirigía rumbo al pozo, se había convencido de que era más seguro llevarse la perla a su tiempo que tenerla en la aldea, Kikyo aún no despertaba, y estaban pasando tantas cosas alrededor que prefería alejarse un poco. Sango y Miroku no paraban de hablar de sus planes de boda, y era algo que ella no podía soportar en ese momento, no con Inuyasha tan indiferente con ella. Solo Shippo sabía que se iría, él les debía decir a los demás que no había nada de qué preocuparse, ella y la perla estaban bien.
Estaba a unos pasos del pozo cuando los vio acercarse a todos, Kikyo, vestía únicamente su blanco Kosode, detrás de ella se miraban Inuyasha, Sango y Kaede, bastante nerviosos.
- Hermana, por favor, aún debes descansar.
- No, Kaede, Inuyasha dice que Kagome aún está aquí, debemos buscar a Kohaku pronto…
En ese momento se vieron, Kikyo caminó hacia a ella determinada y segura, como solo ella podía lucir siempre y extendió su mano.
- Dame la perla, como su protectora, soy la única que puede cuidar bien de ella
Kagome seguía sorprendida, se sentía extraviada, se sentía fuera de lugar. Tiró de la cadena en su cuello soltándola de un jalón y se la entregó a Kikyo, de ella pendía la casi completa perla de Shikon.
- No deberías de llevarla tan descuidadamente - reprochó la miko de barro.
Kikyo miró a la exterminadora, invitándola a continuar. Sango le pidió a Kirara que se transformara, la miko subió como pudo en ella sin preocuparse por su escasa vestimenta, tenía las piernas al descubierto ¿tanta prisa había tenido para no terminar de vestirse?
- Kagome tu irás con Inuyasha y nos guiarán, hay que encontrar a Kohaku cuanto antes.
- C-claro solo dejaré mi mochila y…
- ¡No hay tiempo! - Kikyo la veía como si de una chiquilla tonta se tratase - Mientras la perla exista no tendremos paz, nada nos asegura que un nuevo Naraku aparezca, tenemos que destruirla cuanto antes.
Kagome no entendía del todo la desesperación de la miko, pero no se opuso, dejó su mochila con Kaede y subió a la espalda de Inuyasha, ni siquiera en ese momento, el hanyou la miró a los ojos.
Iban sin rumbo, buscando el olor de Sesshomaru o la presencia de Kohaku, el silencio estaba matándola, Sango y Kikyo iban bastante atrás así que podría hablar sin ser escuchada.
- Inuyasha…
Sintió los hombros del hanyou tensarse
- ¿Qué es lo que Kikyo piensa hacer con Kohaku? - el medio demonio se tomó su tiempo para contestarle.
- …Ella espera que ustedes dos juntas puedan salvarle la vida, cuando el fragmento le sea quitado.
Sintió su rostro palidecer, eso era muy arriesgado, y si la legendaria Kikyo no creía poder hacerlo sola, que le hacía pensar que su mísero poder podría hacer la diferencia.
- Y… ¿la perla?
El hanyou se alejó un poco más de sus seguidoras.
- Ella… no sabe cuál es el deseo correcto… pero cree que, tal vez… debería desear que reviviera.
- Pero si ya fue revivida-
La realidad le golpeó con fuerza, Kikyo desearía un cuerpo humano, su viejo cuerpo, su alma ya estaba ahí solo necesitaba un cuerpo real, que pudiera sentir, suave y cálido, lo quería para estar con…
- ¡Pero eso es egoísta, la perla no lo concedería!
Ahora entendía porque Inuyasha se había alejado de sus seguidoras, ella prácticamente había gritado.
- Cree que no sería egoísta… si yo lo pidiera.
Su corazón se estremeció, todo estaba planeado, ya estaba todo listo y ella no podría hacer nada, no es que deseara que Kikyo muriera, solo que sabía que, si conseguía su vida tal y como era antes, nada le impediría estar con Inuyasha, nada, ni siquiera ella.
El resto de la búsqueda transcurrió en silencio, recorrieron los bosques cercanos un buen tiempo, hasta que la presencia del único fragmento faltante comenzaba a sentirse más cerca. Las orejas del hanyou bajaron antes de dar un largo salto perdiendo de vista a Sango y Kikyo. Corrió un poco más rápido y finalmente se detuvo. Frente a ellos, el imponente youkai de cabellera lisa y plateada los miraba sin expresión alguna.
- Sesshomaru…
El youkai la miró a ella un instante y luego miró a la exterminadora y la miko, que ya los habían alcanzado. Jaken venía detrás tratando de hacer que Ah-Un caminaran más deprisa, pero ellos insistían en ir despacio para no despertar a la pequeña Rin, que dormía sobre ellos.
- Lárguense torpes humanos, ¿Qué hacen aquí?
- Solicitamos tu permiso para hablar con Kohaku
La voz de Kikyo era serena y controlada, había ignorado a Jaken y miraba sin ningún temor al imponente youkai frente a ella.
-…No he visto al chico.
Jum mentira
Kagome sentía claramente la presencia de Kohaku cerca, muy cerca. Probablemente se había escondido entre los arbustos por órdenes de Sesshomaru
- Nuestro propósito es sanarlo, no tienes porqué desconfiar.
Kagome volteó a ver a Sango, estaba esperando aparentemente serena, pero era obvio que estaba ansiosa, no había garantía de que funcionara. Kagome sintió la presencia moverse, miró directo a su derecha, el lugar donde había sentido la energía, un poco más atrás de donde estaban Ah-Un. El hecho no pasó desapercibido para ninguno de los presentes y al voltear se encontró con los ojos calculadores del youkai. Había puesto sutilmente la mano sobre su espada, si revelaba la ubicación de Kohaku desataría una pelea.
Aclaro su garganta antes de dirigirse al imponente youkai.
- Naraku ha sido derrotado – la revelación no pareció tener ningún efecto en el peliplata – Pero aún debemos completar la perla para hacerla desaparecer… no pretendemos hacerlo a expensas de Kohaku, nosotras... lo salvaremos.
El youkai seguía viéndola detenidamente, su voz no había salido con la misma seguridad de la de Kikyo, pero su opinión pareció significar algo para el peliplateado. Todos guardaron silencio, mientras el youkai parecía considerar su siguiente acción.
- Kohaku
Jaken miró a su amo sorprendido. El niño salió justo de donde Kagome había mirado, se acercó con la cabeza baja para luego mirar a Sango.
Kikyo caminó segura hacia él, tal vez con demasiada prisa pues provocó que el youkai frunciera el ceño, al parecer no confiaba en ella, la miko volteó a verla mientras se ubicaba detrás del muchacho invitándola a acercarse. Kagome dudo, pero supo no tenía alternativa, miró a Sango que ocultaba su rostro abrazando a Kirara, también busco a Inuyasha, pero como había sido desde hace un tiempo, él no la veía a ella, tampoco a la miko como ella había esperado, miraba con cierto temor al joven humano que se había colocado de rodillas frente a ellas. Kohaku parecía confiar totalmente en la fría miko, o no importarle demasiado su destino ¿Qué debía hacer? ¿Era eso correcto?
- Escucha Kagome – Kikyo la había sacado de sus pensamientos - Tú sabes que la luz del fragmento permite sanar, ahora que no existe Naraku no hay por qué preocuparse por purificar el fragmento, usemos toda esa luz para salvar la vida de Kohaku.
Ella asintió, no muy convencida y colocó sus manos cerca del muchacho como Kikyo le había instruido, miró una última vez en dirección de Sango que veía la escena entre el pelaje de su mascota, Kagome no tuvo tiempo siquiera de reconsiderarlo cuando se percató de que Kikyo extraía la joya de un movimiento…
Despertó aturdida, la anciana, Shippo y Rin la miraban esperando, se levantó despacio sintiendo cada músculo de su cuerpo exhausto.
- Kagome ¿estás bien? - preguntaba preocupado el zorrito.
Su cabeza dio vueltas por un momento, recordaba haber quitado el fragmento de Kohaku, y luego mientras su cuerpo caía, usar todas sus fuerzas para tratar de salvarlo. Ella y Kikyo habían generado tanta energía que habían iluminado por completo el cuerpo del chico.
- ¡¿Qué pasó con Kohaku?!
- Todo está bien querida, lograron salvarlo, está con Sango y Miroku
Su cuerpo se relajó y soltó un largo suspiró. Lo habían logrado, ahora la perla sería completada.
- ¿Dónde está Kikyo?
- En el río, reuniendo sus fuerzas para poder purificar la perla.
¿Dónde está Inuyasha?
No se atrevió a preguntar, seguramente, protegiendo a Kikyo junto con la perla. Miró a la pequeña niña junto a ella con más detenimiento, no sentía la presencia de Sesshomaru cerca.
- Rin, ¿Qué haces aquí?
La niña la miró con sus enormes ojos.
- Sesshomaru-sama me dijo que debía quedarme aquí
- Cuando Rin sea mayor - continuó la anciana - Será cuando podrá decidir si quiere seguir su camino con ellos, por el momento, vivirá con nosotros y el youkai la visitará cada determinado tiempo.
Kagome miró de nuevo a Rin, no parecía triste, supuso que pensaba que sólo tenía que esperar un poco para reunirse con su amo. Intentó pararse, pero la mano de Kaede la detuvo.
- Aún estás débil, tanto tú como mi hermana usaron gran parte de su poder para salvar a Kohaku, deberías descansar más.
Pero Kikyo no se desmayó.
Se reprimió mentalmente por ser tan débil. Sonrió a los presentes y volvió a recostarse, tendría que ser paciente y esperar, quería, necesitaba ver a Inuyasha… no soportaba más esa situación, necesitaba hablar con él, despedirse…
Inuyasha…
Al cabo de un rato Sango, Miroku y Kohaku entraron para agradecerle, ella les respondió amablemente que no tenían que agradecer, el que Kohaku estuviera vivo, era más que un milagro para ella. La anciana y Rin salieron para buscar más yerbas, Kohaku decidió ir con Rin, y Shippo decidió acompañar a Kohaku.
- Tal vez ha sido un poco precipitado organizar nuestra boda para mañana, ¿verdad Kagome-chan?
- Por supuesto que no Sango-chan, no puedo esperar en verlos cumplir su promesa.
- Deberíamos prepararnos de una vez Sango, hay ciertas cosas que debemos poner en orden para el día de mañana
- Hay tiempo para eso Hoshi-sama, no se preocupe
- Por favor, no se detengan por mí, ya me he recuperado, vayan a hacer sus preparativos.
La joven pareja no se veía muy convencida, claramente estaban preocupados por ella más allá de su estado de salud.
- Iremos cuando regrese Kaede-sama
- Estoy bien, enserio, quiero que lo primero que haga al recuperarme sea ir a su boda.
Los prometidos se miraron un momento, luego asintieron sonriendo.
- De acuerdo señorita, pero por favor descanse.
- Estese tranquilo Miroku-sama
Ambos salieron de la tienda. Kagome cerró los ojos un momento juntando valor, cuando consideró que ya nadie se percataría de su ausencia, se levantó y salió de la tienda, no quería esperar más, solo se haría más daño, debía ver a Inuyasha y hablar con él de una vez por todas.
