Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi.

What If…

Chapter 3: El Deseo

Kikyo no había parado ni un instante, aun cuando su cuerpo se había tambaleado al sanar a Kohaku, aun cuando sus manos habían temblado ligeramente al sostenerse de Kirara todo el camino de regreso, se había negado a descansar. Y allí estaba, dentro del río, bajo una pequeña cascada, concentrada con la perla entre sus manos, y él, estaba cuidando de ella. Kagome llegó a su mente, él la había sostenido cuando sus piernas cedieron, la había cargado de regreso a la aldea, dejándola en el futón al cuidado de Kaede y con su corazón en la garganta había observado su dulce rostro antes de salir de la cabaña, dejándola aún inconsciente.

Hubiera querido quedarse con ella hasta que despertara, pero como Kikyo había decidido no esperarlo y se había ido sin dudar al río. Sola. ¡Con la perla! Era demasiado peligroso como para dejarla por su cuenta.

Keh. Demasiado rápido había ocurrido todo a su alrededor desde la muerte de Naraku.

La luz de la Perla era cada vez más limpia, pronto estaría totalmente unida y purificada, y él tendría que pedir un deseo… el deseo de Kikyo.

Desde que habían tomado la decisión, se dio cuenta de que no era SU deseo, sino el de Kikyo, no es que él quisiera que ella muriese, pero todo estaba ocurriendo Demasiado rápido, y si Kikyo volvía a la normalidad… él no sabría qué hacer.

No había podido ver a Kagome a la cara desde entonces. Sabía que, si Kikyo revivía para ser la de antes, todos esperarían su decisión. Maldita sea, todos presionarían por saber qué haría él ahora. Kikyo creía que ya estaba decidido, lo sabía por la manera en que le había impuesto su deber, sin dudar ni un segundo. Al fin y al cabo ¿No tenía él una promesa con ella? ¿Podría defraudarla? ¿Quería defraudarla?

Kagome por su parte pensaba lo mismo, lo sabía por el profundo olor a tristeza que percibió en ella cuando le dijo que él pediría el deseo, también por qué desde ese momento, ella no se había esforzado más en buscarle la mirada.

¡Kagome tonta!

¿Tan poco confiaba en él?, aunque lo tenía bien merecido y… tal vez… era lo mejor. Si se decidiera por lo fácil, por lo que todos creían que él haría, ella no le reclamaría nada. Kagome regresaría a su tiempo, a la época que pertenecía ahora que su destino estaba cumplido. Pero ¿era lo que realmente quería?

¿Qué pasaría si decepcionaba a Kikyo? ¿Con una nueva vida por delante lo perdonaría o sentiría más rencor hacia él?

Realmente se dio cuenta de lo importante que había sido que tomara una decisión en su momento, pero él había creído que tendría más tiempo, y ahora se sentía contra la espada y la pared.

Sus pensamientos fueron interrumpidos al oír a la miko salir del agua. Su Kosode empapado se transparentaba en algunas partes, así que evitó mirarla, bajó del árbol donde se encontraba y la cubrió con su Haori.

Kikyo lo miró con las pestañas mojadas y cristalinas y un brillo distinto en sus ojos, ¿Esperanza? ¿Felicidad?

- Démonos prisa Inuyasha, quiero volver a ser la de antes.

La manera en que lo dijo, llena de entusiasmo, sorprendió al hanyou, desde cuando deseaba ella ser como antes, y fue que comprendió: Al no existir más Naraku, la perla dejaría de existir al cumplir su deseo, Kikyo sería una mujer normal, como ambos habían deseado hace tanto tiempo.

Inuyasha tomó la brillante perla en sus manos, realmente, no sabía cómo pedir el deseo, no se había detenido a pensarlo. La perla era conocida por transformar los deseos en cosas totalmente diferentes por malentendidos. Debía pensar cuidadosamente sus palabras. La mirada de Kikyo hacía todo más difícil.

La perla brillaba esperando su deseo.

Miró a Kikyo.

Deseo… que el viejo cuerpo de Kikyo regrese.

La perla se iluminó y estalló en un haz de luz, Inuyasha retrocedió y escuchó algo caer al agua. Cuando recuperó la vista no vio a Kikyo, su haori rojo estaba tirado en el suelo, se acercó al río, una figura se divisaba en el fondo, se lanzó al agua para sujetar a la miko y subir rápidamente a la superficie.

Abrazando el cuerpo de Kikyo, se sentó en la orilla, una luz brillaba dentro de su pechó, hasta que poco a poco ésta desapareció, hasta ese momento Kikyo abrió los ojos.

- ¿Estás bien Kikyo?

La miko le sonrió al hanyou, miró sus manos y colocó una en la mejilla del peliplata. La vio cerrar los ojos y suspirar.

- ¿Lo notas Inuyasha?

Lo miró de nuevo y él vio en los ojos de Kikyo algo que jamás había visto.

La mano de Kikyo recorría su mejilla, en una caricia cálida, sutil. ¡Un momento! ¿Cálida? El hanyou miró donde sus manos la sostenían, aún con la ropa mojada el cuerpo de Kikyo se sentía cálido; su duro y frío cuerpo de barro y huesos se había esfumado, el olor a muerte ya no estaba en ella, de nuevo, le llegó al hanyou el fino aroma a campo que, en tanto tiempo, quizá demasiado, no había olido en Kikyo.

Kikyo estaba de vuelta, la Kikyo de hace 50 años…

Miró de nuevo sus ojos, brillantes. El deseo se había cumplido, ahora que prestaba atención, lo podía oír, el corazón de Kikyo latía nuevamente, cada vez más rápido, aumentando su ritmo cuando empezó a aproximarse a él, cuando cerró los ojos y lo beso.


Rompió a correr sin rumbo, sin importarle las ramas arañándole al pasar, el cansancio de su cuerpo, su vista cegada por las lágrimas. Solo corrió, no importaba a donde, solo tenía que alejarse de ahí, tenía que alejarse de él, de ellos…

En su mente aún lo veía, la perla desaparecer, Inuyasha cargando el cuerpo de Kikyo, su beso. Un nuevo beso, uno con Kikyo viva.

Tenía que correr, lo suficiente para olvidarlo, olvidarse de él, de que jamás habían tenido un futuro juntos, de que en todo ese tiempo nunca tuvo oportunidad, y ahora, con Kikyo, con ella viva…

Cayó de rodillas, en el sucio barró, y lloró, lloró como nunca antes lo había hecho, como nunca creyó hacerlo, como una persona que pierde la esperanza…


Podía sentir el calor de sus labios, contra los suyos, nada comparado con el beso que le dio hacía un tiempo, un beso frío, que le había tomado por sorpresa, cuando no había visto que Kagome estaba ahí.

¡Kagome!

Se separó de los labios de Kikyo, sintiéndose sucio, cruel; si aún no estaba seguro de su decisión ¿por qué la besaba? Vio el rostro confundido de la miko, así estaba él, confundido, porque un tiempo atrás si hubiera tenido a Kikyo viva de nuevo, besándole como hasta hace un momento, él hubiera mandado todo al diablo sin dudar, pero ahora…

- ¿Qué ocurre Inuyasha?

La mano de Kikyo volvió a posarse en su rostro, una mano cálida y viva. Inuyasha se apartó de la caricia siendo un poco hosco.

- Nada.

Se puso de pie levantando a la miko consigo, se dio cuenta de su corta vestimenta, y de la situación en la que habían estado, lo que solo le hizo sentir más culpable por corresponderle a su beso, levanto su haori rojo y se lo tendió a la miko.

- Cúbrete, tenemos que regresar a la aldea Kikyo.

Kikyo tomó la prenda, pero no se cubrió, se acercó al hanyou y lo miró a los ojos, unos ojos que le evadían, que la esquivaban. La miko se alejó.

- De acuerdo, supongo que todo es muy repentino

Hasta ese momento se cubrió, sus largas piernas aún seguían visibles, pero era lo que se podía por el momento, el hanyou caminó detrás de ella hacia la aldea, a un paso lento, el paso de Kikyo, calculador y sigiloso, aun con su nuevo cuerpo, eso no había cambiado en ella, tal vez incluso, se había acentuado un poco más.


- ¿Kagome?

El pequeño kitsune le veía preocupado, único testigo de su ausencia, la había visto regresar a la cabaña de Kaede.

- Perdona Shippo, necesitaba aire fresco.

Vio que la preocupación aún estaba presente en el rostro del zorrito, seguro ella se veía fatal, había llorado todo lo que había querido y luego se dirigió a la aldea, dándole tiempo a sus ojos para volver a la normalidad.

Tocó su rostro. Tal vez debió haberse esperado un poco más de tiempo.

- Kagome tus rodillas

Bajó su mirada, estaban sucias, y una tenía un pequeño raspón, solo eso.

- Tranquilo Shippo, solo tropecé

Le sonrió al zorrito, que extraño, había creído que le sería imposible volver a sonreír.


La noche había caído, él descansaba en una rama de un árbol, él más alto, desde donde no pudiera oír las conversaciones, pero pudiera vigilar ambas cabañas, donde descansaba Kagome, con Sango, Kohaku y Miroku, y donde lo hacía Kikyo, con la anciana Kaede.

A pesar de las prisas, Miroku y Sango no habían tenido problemas en obtener una morada temporal perteneciente a uno de los aldeanos, una muestra de cortesía para los héroes que habían derrotado a Naraku, por su parte Kaede lo había invitado a pasar a su cabaña si quería descansar, se había negado, ¿para qué? Prefería dormir solo en el bosque.

Mentira. Prefería dormir junto a sus amigos, velando el sueño de Kagome, acampando en el bosque.

¡Keh! Pero eso se acabó ¡Idiota!

Suspiró, era demasiado, todo había sido demasiado y tan jodidamente rápido: la muerte de Naraku, la vida de Kohaku, el deseo de Kikyo… al regresar a la aldea al atardecer había tenido que aguantar las acusadoras miradas de todos al verlo llegar con una miko semidesnuda, y él solo con su kosode, rogó en silencio porque Kagome no los viera llegar también, Lo que pudiera pensar solo haría las cosas más difíciles.

- Kagome está descansando en la cabaña de la anciana Kaede.

Había sido la advertencia de Miroku, cuya mirada también era juiciosa. Por suerte la anciana estaba por otra parte y había hablado a Kikyo, con la noticia de la nueva vida de la gran sacerdotiza regándose por toda la aldea, pronto había una multitud rodeando a Kikyo, y a él haciéndolo a un lado.

Al caer la noche todo se había ido calmando, según lo que le había dicho Miroku: Kagome había aceptado descansar junto a Sango, mientras vigilaban el sueño de Kohaku, y Kaede estaba encantada de compartir con su hermana mayor, incluso le había parecido ver sonreír a Kikyo, el monje le había comentado lo diferente que parecía ahora la calculadora miko. El hanyou suspiró, una nueva Kikyo, una mujer normal.

Tenía esa noche, solo esa noche para decidir qué hacer, no pegaría el ojo, de eso estaba seguro, el frío de la noche le ayudaría también, no había podido recuperar su Haori.

- Inuyasha…

Dio un respingo.

- ¿Qué ocurre Shippo?

El pequeño kitsune evitaba su mirada, era notable su tristeza y preocupación. Parecía no encontrar las palabras para lo que quería decir.

- Kagome estuvo llorando

Sintió una punzada en el pecho, ¿Llorando? ¿Por qué? ¡Qué pregunta más tonta! En ese momento Kagome tenía muchas razones por las que llorar, aunque la mayoría serían suposiciones suyas seguramente. Recordó el beso de Kikyo, bueno, quizá tendría razón en algunas.

- ¿Por qué lloraba?

Un murmullo, una pregunta tonta por ser la respuesta tan obvia.

- No lo sé…

El hanyou miró al kitsune, era extraño no tenerlo gritándole y reclamándole, exigiéndole que le fuera a pedir perdón a Kagome. Tal vez incluso el zorrito tenía idea de cuál sería su decisión.

La rabia creció en su interior, ¿Por qué todos creían saber que decidiría? Ni siquiera él lo sabía, y lo mismo pensaba Kagome, por eso lloraba, ¿Qué acaso no confiaba en él?, sabía que no se lo merecía, pero… mierda, acaso creía que se olvidaría tan fácil de todo lo que vivieron juntos, de sus promesas, si gracias a Kagome él... ella lo había cambiado tanto. Era imposible olvidarla.

Ambos seguían callados, pendientes de sus pensamientos.

- Descansa Shippo… mañana se arreglará todo

- ¿Inuyasha?

- ¿Qué?

- ¿El pozo seguirá funcionando aún sin la perla?

Sintió un balde de agua fría caerle, ¡el pozo! ¡sin la perla!, con las prisas ni lo había pensado, ¡Mierda!, seguro que ni a Kikyo se le había ocurrido, el pozo no había funcionado antes sin la perla. ¿Kagome podría regresar a su tiempo? ¿Podría volver al Sengoku?