Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi.

What If…

Chapter 4: Despedida

Cercano el mediodía vio a Kagome salir de la cabaña de Kaede, las voces en el interior seguían su conversación, como habían hecho desde que la claridad del día había aparecido por las montañas, desde que él hubiera llegado con las preguntas por el pozo, y que todos se hubieran puesto a discutir diferentes maneras de lograr abrirlo nuevamente.

La joven miko caminaba rumbo al bosque, y él se dispuso a seguirla. La noticia no parecía haberla conmocionado, aunque no había dicho gran cosa desde que todos los demás habían empezado a discutir las opciones, su mirada pensativa y esquiva lo había hecho dejar la cabaña temprano esa mañana. Le mataba no saber que pasaba por su mente, parecía realmente no importarle en qué condiciones llegaría a quedar el pozo.

Pero eso no tenía sentido ¿cierto?. Kagome no podría ser tan indiferente al hecho de quedarse o no en el Sengoku.

La miko se dirigía hacia el bosque, ¿estaría molesta? ¿asustada? La siguió oculto entre los árboles hasta que se dio cuenta de que era una actitud ridícula, Kagome podía sentir su presencia. Bajó de entre las ramas y camino a su lado, la azabache continuó su camino en silencio. Un mortal y pesado silencio.

Llegaron hasta el Goshinboku, por fin Kagome se había detenido, aún dándole la espalda.

-Inuyasha…- dijo su nombre casi en un suspiro.

Sus orejas bailaron, sentía que tenía mucho tiempo que no la escuchaba llamarle. Realmente no habían podido hablar para nada desde que lograron completar la perla.

La joven miko se giró y lo miró, directo a los ojos, el hanyou sintió como su pecho dolía al ver tanta tristeza en esos iris cafés, a pesar de la sonrisa que se esforzaba en regalarle.

- ¿Estás feliz ahora? – le preguntó. Inuyasha dio un respingo. No esperaba esa clase de pregunta.

- Kikyo está viva, realmente viva – continuó – justo como hace 50 años, Naraku ya no existe y la perla no es un problema. Todo será paz a partir de ahora.

El hanyou se limitó a mirarla. Pero parecía que ella esperaba a que él respondiera algo, así que suspiró y habló.

- Ni siquiera he pensado mucho en el hecho de que Naraku ya no existe, todo ha ocurrido tan deprisa.

Demasiado deprisa

La vio asentir. No parecía satisfecha con su respuesta. La vio tomarl una gran bocanada de aire, como dándose valor.

- Me voy, Inuyasha. La anciana Kaede cree saber cómo volver a abrir el pozo, solo le he pedido hacerlo después de la boda de Sango y Miroku. Esta tarde.

Sintió su pecho doler, y las palabras parecían habérsele atorado en la garganta, ¿Se iba? ¿Tan pronto? Pero él aún no había decidido. De repente la realización llegó a él, Kagome estaba muy segura de lo que él decidiría, o tal vez, ella había tomado su propia decisión, sonrió dentro de sí. Claro, ¿cómo se le pudo ocurrir que Kagome iba a querer permanecer a su lado?, él solo era un sucio hanyou, y ella era la más dulce y amable chica que había conocido. Había sido un tonto al creer que lo preferiría a él, en vez de a su época, con su familia.

Tan ensimismado estaba en sus pensamientos, que el abrazo de Kagome lo tomó por sorpresa, de repente se encontró rodeado de su dulce aroma.

- Te extrañaré, Inuyasha

Los brazos de la muchacha rodeaban su cuello, le abrazaba con fuerza y ni su mente ni su cuerpo parecían reaccionar ¿Esta era su despedida? Respiró el suave aroma a sakuras de Kagome, tan cerca de él. Colocó sus manos en su cintura y le pegó a él, enterrando la nariz en su cuello. Respiró de nuevo, intentando memorizar su aroma y cada instante de ese momento. El menudo cuerpo que sostenía contra él, y las promesas que se habían hecho tiempo atrás.

Kagome, te extrañaré con toda mi alma.

No supo por qué las palabras murieron en su garganta, sin atreverse a decirlas. Kami había tantas cosas que quería decirle.

Permanecieron así un largo momento, hasta que la muchacha puso distancia entre los dos, él sintió como cada músculo de su cuerpo le gritaba que la abrazara de nuevo, más fuerte, y que jamás la soltara; pero era Kagome la que había decidido irse, y él no tenía derecho a detenerla.

-Sé que estarás bien, Inuyasha.

- Kagome…

Una última sonrisa, y la muchacha que tanto había entrado en su corazón, se alejó rumbo a la aldea.


- Eso debería ser suficiente – pronunció la anciana Kaede.

Tanto ella como Kikyo dejaron de recitar la serie de conjuros que habian estado haciendo junto al pozo. Los talismanes puestos alrededor de la madera dejaron de brillar intensamente, Kaede volteó a ver a Kagome que miraba todo atenta, y le sonrió.

- No tienes nada de qué preocuparte, es seguro que funcionará – le dijo Kikyo con una dulce sonrisa en el rostro.

Kikyo…

Kagome desvió la mirada, sabía que era una tontería, pero ahora le parecía ver a Kikyo más hermosa, más alegre… más viva. Inuyasha debía estar muy feliz.

- Cuando a ti te parezca Kagome puedes intentar cruzar.

- Pero piénsalo bien - interrumpió la anciana - No te aseguramos que puedas regresar.

Kagome sonrió con tristeza, ¿Regresar? ¿Para qué? Tal vez luego de unos años, a saludar a sus amigos, a ver como Shippo había crecido y como Kikyo cargaba a un niño con orejitas como las de…

Sintió una punzada en el corazón, tal vez después de muchos, muchos años. Abrazó a la anciana, agradeciéndole por todo, miró a la impresionante Kikyo, se acercó a ella y la abrazo también, para su sorpresa la miko correspondió a su abrazo. 'Cuídalo'. Una palabra que quiso decir, pero se atoró en su garganta.

- Que seas muy feliz Kikyo.

- Tú también Kagome.

Esa era la frase que daba por finalizada su rivalidad, todo había terminado, Kikyo había ganado. Tomó sus cosas y miró hacia atrás, ya se había despedido de todos, justo después de la boda de sus amigos, se sentía culpable por haber hecho llorar a Sango en un día tan especial para ella, pero tenía que irse. El monje no había llorado, pero la había visto con mucho pesar. Ninguno de los dos había mencionado a cierto hanyou y ella realmente lo agradecía. Sonrió tristemente, ya le había dicho a Inuyasha lo que necesitaba, miró las copas de los árboles esperando verlo, pero no parecía estar cerca, tampoco sentía su presencia.

Adiós, Inuyasha…

Y saltó al pozo.


Observaba todo, desde lejos, sus ojos no se apartaban de ella, de esa muchacha que había hecho tanto por él y ahora se marchaba, tal vez para siempre. Sintió dolor. No, no podía ser para siempre, Kagome regresaría, estaba seguro, ¡Kagome siempre regresaba!

La vio abrazar a Kaede, luego a Kikyo. ¿Estaba haciendo lo correcto? ¡Maldita sea! ¡¿Por qué no solo iba y la detenía?! Arrojaba una piedra en el pozo para que no pudiera cruzar nunca más y listo. Recordó las palabras de esa mañana, gruñó y enterró sus garras en el árbol.

Kagome…

Tonta. Tonta Kagome. Sabía que se separarían, siempre había estado consciente de que luego de acabar con Naraku, Kagome volvería a su época, pero no así, no tan pronto, no dejándolo con Kikyo, no dirigiéndole esa mirada de tristeza y resignación.

Su olor estaba todavía sobre él, el recuerdo de su dulce aroma que lo torturaría por los meses siguientes. Gruñó de nuevo, y saltó del árbol, alejándose del lugar para no verla partir. Kagome… ella, nunca creyó en él.