Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi.
What If…
Chapter 5: Tiempo
Su cuerpo se sentía agotado, a pesar de ver la luz del sol colarse por su ventana indicando lo entrada que ya estaba la mañana, Kagome se incorporó y frotó su rostro ¿qué tan mal debería verse? Esa noche se la había pasado llorando, luchando por no hacer mucho ruido, no quería alertar a su familia, sobre todo a su madre que desde el día anterior la miraba como si esperara más explicaciones.
Pero ¿qué más explicaciones podía darle? El día anterior en el que había regresado a su época le había contado todo lo que su madre necesitaba saber, sin mencionar a Kikyo en ningún momento, y como ahora viva, permanecería al lado de Inuyasha, no quería la compasión de su familia, ni siquiera quería expresarlo en voz alta.
Si bien su abuelo y Souta se habían mostrado resignados e incluso tristes, su madre se veía extremadamente seria.
- Kagome, ¿estás segura de no querer regresar?
El fuerte nudo en su garganta casi le había hecho borrar su sonrisa forzada.
- Hice todo lo que debía de hacer allá… mi tiempo es aquí.
Era obvio que la señora Higurashi no se había tragado ese cuento tan fácil. Pero por suerte, su madre nunca fue de inmiscuirse en sus dilemas. Sabía que le daría tiempo para hablar al respecto.
Siguiendo con su mañana, la joven miko se apresuró a tomar un baño, ese día buscaría a Ayumi, después de todo había vuelto en buen momento, dentro de poco serían los exámenes para ingreso a la preparatoria. Si ella quería retomar la vida en su época que se había estado perdiendo, debía comenzar a prepararse.
Quien sabe, tal vez poco a poco podría olvidar…
Olvidar el Sengoku, olvidar su dolor.
Olvidarlo a él.
- Con ese último estaremos bien, Inuyasha.
El hanyou dejó caer pesadamente el grueso tronco de árbol, junto al espacio donde los aldeanos partían la madera que utilizarían en la construcción de la cabaña de Miroku y Sango.
- ¿Estás seguro? puedo ir por más.
El monje le dedicó una sonrisa burlona.
- ¿Acaso piensas acabar con el bosque entero? Estoy cerca de tener madera suficiente para al menos 3 cabañas.
- ¡Keh!
Inuyasha metió las manos en su haori irritado, eso se ganaba por brindar ayuda extra donde no la necesitaban, los aldeanos estaban más que animados en construir la cabaña del monje y la exterminadora. Después de todo, eran los héroes que habían destruido a Naraku.
Mhp…
Realmente ellos no habían hecho mucho, la verdadera heroína ya hacía un par de días que se había ido, había abandonado aquella época después de cumplir con el que había sido tanto tiempo su deber. Sintió la palmada del monje en su espalda.
- Al paso que vamos probablemente terminemos hoy mismo, no sabes lo mucho que estoy esperando el poder llevar a Sanguito a nuestra cabaña, compartir cabaña con ese amable aldeano no nos ha permitido mucha "privacidad" si sabes a lo que me refiero.
La sonrisa socarrona del monje adornaba su rostro, no le sorprendía en lo maás mínimo, desde el día de su boda él y Sango se mantenían muy acaramelados, sonrientes y felices, junto con Kohaku, que de momento se mantenía en la aldea. El muchacho había expresado sus planes de buscar nuevas aldeas de exterminadores, y aprender más de ellos.
Sus amigos lucían plenos y felices, los planes de los que tan tímidamente habían hablado en caso de derrotar a Naraku, se comenzaban a cumplir poco a poco. ¿Y él? Realmente nunca se había detenido a pensar qué haría una vez lo derrotaran, no es que hubiera dudado de sus capacidades, simplemente siempre fue un hombre de vivir el momento. Él no había hecho planes… tampoco creyó que la derrota del malvado hanyou llegara tan pronto.
Un comentario del monje que hasta el momento se había mantenido hablando de cosas banales lo sacó de sus pensamientos.
-¿Cómo?
- Decía - continuó, ya sin dejo de burla - que una vez terminada nuestra cabaña, podrías empezar la construcción de la tuya propia.
¿Él? ¿Una cabaña?
- ¡Keh! No digas tonterías Miroku, yo no necesito ninguna cabaña.
El monje lo miró no muy seguro de querer presionar a su amigo con preguntas que podrían ponerlo de un peor humor.
- Entiendo… después de todo es demasiado pronto.
El hanyou se sintió incómodo al no entender su comentario y pegó un salto en dirección al bosque. Qué importaba lo que dijera ese monje, cortaría más madera.
- ¡¿Qué?! Kagome ¡No puedo creerlo!
- Pues… así es.
La joven soltó una risa nerviosa esperando apaciguar la actitud de sus amigas. El grito de Yuka había atraído unas cuantas miradas en el restaurante.
- Kagome, ¿ese muchacho violento se atrevió a irse con esa otra mujer? ¡Cómo es posible!
- Pero se veían tan bien juntos ¿Qué pasó?
Tal vez había sido muy pronto para contarles, definitivamente no estaba de humor para cuestionamientos, Kami, ni ella misma sabía lo que había pasado, todo había ocurrido muy deprisa.
- Simplemente, tuvo la oportunidad de por fin estar con la mujer que ama.
Entretuvo su mirada en jugar con la pajilla del refresco que había pedido.
-¿La mujer que ama? No digas tonterías. No puedo creer lo que me estás diciendo.
- Si, cuando lo conocimos no tenía pinta de ser infiel. - continuó Ayumi - Y parecía realmente quererte mucho Kagome
- Incluso venía a buscarte al colegio.
Kagome sintió ese nudo tan familiar últimamente formarse en la garganta. Y ya no pudo contener la falsa sonrisa más tiempo en su rostro.
- Realmente… no quiero hablar más sobre eso.
Sus amigas intercambiaron miradas entre ellas preocupadas. Tal vez habían sido imprudentes al preguntarle por el chico. Yuka tomó su mano que descansaba en la mesa.
- Tranquila, no queremos incomodarte. Pronto entraremos a la preparatoria, todas juntas si tenemos suerte, y veras como todo se vuelve un mal recuerdo.
La sonrisa de Yuka no la reconfortó ¿un mal recuerdo? No podía llamarle a esa época un mal recuerdo, no podían ser sus amigos un mal recuerdo, y mucho menos Inuyasha.
Se forzó a sonreír de nuevo mientras les permitía cambiar el tema, una cosa era cierta, los exámenes la habían mantenido ocupada las últimas semanas, y nunca se había sentido tan brillante por entender los temas tan rápidamente ahora que realmente le había dedicado tiempo a estudiar. La preparatoria era algo que no sonaba nada mal.
Un mes, exactamente ese día se cumplía un largo y tranquilo mes, desde que Kagome se había ido. Sentado a los pies del Goshinboku, el semidemonio descansaba en aquel lugar donde era habitual verlo desde hacía un mes; ese lugar le recordaba a ella, allí había comenzado todo. En ese mismo árbol se habían conocido, y debajo de esas mismas ramas se habían dado ese último abrazo.
Kagome…
Había querido comprobar si podía o no cruzar, si el pozo aún servía, la curiosidad le había carcomido por dentro los primeros días, pero no quería arriesgarse, si cruzaba, ¿Qué iba a hacer? O peor aún, ¿si no podía cruzar? Prefería dejarlo en duda, de esa manera existían las dos posibilidades. ¿No le había explicado Kagome algo similar sobre un gato y una caja?
- Inuyasha.
Kikyo se le acercaba serena con una pequeña canasta en sus manos, miró el árbol y luego a él, demonios, no la había sentido acercarse, realmente se ensimismaba en sus pensamientos últimamente, la miko se sentó a su lado.
- ¿Quieres un poco? - Kikyo le tendía un racimo de frutos recién cortados, mientras acercaba su cuerpo a él.
Evitó la sonrisa de la miko, su nueva sonrisa era más amplia y dulce que antes, y cuando sonreía de esa forma le recordaba a otra miko. Pero sus ojos eran diferentes, más serenos y menos brillosos… aceptó el puñado que le tendía y se las fue metiendo una por una a la boca.
- Aquí… ¿lo recuerdas?
El hanyou dio un brinco, ¿Había descubierto Kikyo sus pensamientos?
- Fue donde te selle, hace tanto tiempo, por una sucia trampa.
Inuyasha se relajó, también era cierto, pero hasta ese momento no había pensado en que en ese mismo lugar Kikyo lo había dejado sellado, ahí permaneció 50 años. 50 largos años hasta que ella llegó.
-Y ahora estamos aquí… juntos.
La miko apoyó su cabeza en el hombro del hanyou, este tragó, Kikyo casi no hacía esas cosas, cuando se conocieron hace 50 años nunca, pero ahora, lo hacía con bastante frecuencia. Él no hacía nada, solo la dejaba ser, aunque manteniéndose distante. No quería que los aldeanos malinterpretaran su relación, y llegaran a considerar a Kikyo impura por estar a su lado. Después de todo era la nueva miko de la aldea. Él pensaba ser su guardián, la vida que le debía se la había devuelto, pero aun así sentía la necesidad de protegerla. Esa había sido su promesa después de todo.
Solía acompañarla a donde fuera, exterminando monstruos o recolectando hierbas, se había vuelto algo habitual, eso mismo habían hecho tantos años atrás, solo que ahora su corazón no brincaba por su cercanía como lo hacía antes. Hace 50 años tampoco había tenido que estar pendiente de otras personas, como ahora lo hacía con sus amigos, sobre todo con Sango y Miroku, que estaban demasiado ocupados disfrutando de su vida juntos como para fijarse en su alrededor, eso le hacía husmear cerca de ellos de vez en cuando. Ese par de acaramelados no verían ningún peligro ni aunque lo tuvieran en las narices.
Otro cambio que podía notar, era que solía oler el nerviosismo de Kikyo y ver sus mejillas sonrojadas, lo cual le incomodaba, aunque él también se sonrojara y Kikyo fuera más hermosa con la dulce sonrisa que en ella había aparecido, no podía llevar las cosas más lejos, la había amado tanto un tiempo atrás, y realmente había creído que estar con ella sería su final, pero se sentía… extraño, como fuera de lugar.
La Kikyo que él tanto amó estaba viva, de nuevo, junto a él, sin ningún impedimento, ¿Por qué se sentía incapaz de tomar esa felicidad?
- ¡Souta es hora de irnos!
Sonrió al ver a su hermano despedirse de Hitomi, y correr hacía ella, como cada jueves en que sus horarios coincidían, regresarían al templo juntos. Kagome realmente agradecía su compañía.
- Sigues un poco sonrojado - Señaló la azabache aguantándose una pequeña risa.
-¿Eh? ¿Yo? No puede ser, ya tiene varios meses que Hitomi es mi novia.
Se defendió el muchacho con notorio nerviosismo, Kagome sonrió.
- Eso no importa, cuando quieres mucho a alguien cada momento es como la primera vez, y no tiene nada de malo.
El niño meditó extrañado por su respuesta.
-¿Solía pasarte lo mismo con Inuyasha?
La suave sonrisa en el rostro de Kagome se borró, y pegó su mirada al piso.
- Eh… disculpa. No quería incomodarte. Es solo… que nunca hablas sobre él.
Miró a su hermanito, que nervioso revolvía su cabello, había escuchado a su madre decirle de no mencionar al peli plateado si no era Kagome quién iniciaba la conversación, seguramente estaba preocupado por haberlo olvidado.
-No te preocupes por eso Souta- le sonrió. Y después de pensarlo unos segundos, se atrevió a contestar su pregunta - Y de hecho no… era diferente, con Inuyasha siempre fue… diferente.
Miró a su hermano aún más confundido, y notó que quería preguntarle más. Agradeció internamente cuando lo vio resignarse y caminar a su lado ahora en silencio.
Diferente. Así había sido, su relación con Inuyasha, casi inexistente y sin embargo entrañable. Siempre habían sido complicados, más que compañeros de batalla, pero menos que una pareja.
Él siempre supo mantener su distancia, siempre fue claro, tenía a Kikyo.
Sintió el palpitar de sus poderes abandonar su cuerpo, y frunció el ceño aún con los ojos cerrados, hubiera sido buena idea comentarle a Kikyo sobre lo que ocurriría esa noche sin luna, pero no había reunido el coraje. Abrió los ojos observando a la miko mirarle sorprendido desde el otro lado de la cabaña de Kaede, no era de extrañarse, era la primera vez que lo veía en su forma humana.
-¡Oh sí! - comentó Kaede - Inuyasha pierde sus poderes cada noche de luna nueva y se convierte en humano.
Agradeció en silencio a la anciana por explicar aquello que le era ciertamente incómodo expresarle a la miko, 50 años atrás, cuando la anciana era una pequeña niña, solía esconderse en los alrededores de la aldea, siempre alerta, siempre reacio a que alguien descubriera su secreto. Kikyo le hacía recordar esa época.
- ¿Te conviertes en humano? - preguntó la miko.
- Solo hasta el amanecer - la joven mirada sobre él seguía siendo curiosa y un tanto analítica.
- Había escuchado que los hanyou solían tener esos momentos de debilidad, pero nunca te había visto así Inuyasha.
El aludido desvió la mirada avergonzado. Su forma humana siempre le había parecido una faceta incomoda.
- Me alegra ver que confías más en mí ahora.
El pelinegro fue consciente de la sonrisa de la miko, y de cómo ella desvió su mirada dando por concluida la pequeña conversación. Era la primera vez que se mostraba así ante ella, en la luna nueva anterior no había reunido el valor de aparecerse, y se había pasado la noche en un árbol no muy alejado bajo las reprimendas de Shippo sobre lo peligroso que era.
¿Era eso? ¿Acaso ya confiaba más en Kikyo? Si bien era cierto que los problemas que un día habían tenido entre ellos habían desaparecido, le atribuía su comportamiento a algo más, a alguien más. Con el tiempo más personas se habían enterado de su secreto, haciendo que poco a poco dejará de importarle, después de todo ya no estaba solo, tenía en quienes confiar aquellas noches llenas de ansiedad, tenía amigos, tal como una vez le había dicho Kagome.
Kagome…
Se recargó nuevamente contra la pared de la cabaña, esa sería una larga noche, con sus sentimientos humanos a flor de piel, el recuerdo de la joven pelinegra rondaría su cabeza sin descanso durante la noche entera.
- ¡Kagome!
La muchacha giró reconociendo la voz, el joven, alto y moreno muchacho, dueño de esa voz, la alcanzó y le tendió una libreta.
- Gracias por prestarme tus apuntes, sin ellos no habría pasado el examen.
La amplia sonrisa del chico hizo sonreír a Kagome. Kami como se parecía a Kouga, aunque su cabello fuera corto y no vistiera con pieles estaba totalmente segura de que era su reencarnación, esos ojos azules eran inconfundibles.
- No tienes por qué agradecerme Makoto, tú también me has hecho favores antes.
- Tienes razón, ¿Qué te parece si para quedar totalmente a mano, cenamos juntos esta noche?
Kagome sonrió, en eso también se parecían, Makoto era determinado y muy directo, no era la primera vez que la invitaba.
- Lo siento, he hecho planes con mis amigas.
El muchacho sonrió, no había ningún signo de tristeza o resignación en su rostro.
- No podrás huir para siempre Kagome, un día tú serás mi novia. Nos vemos.
Kagome agitó la mano en señal de despedida mientras él se iba casi corriendo, era muy veloz. Un atleta sobresaliente de la preparatoria donde ahora asistía. La pelinegra casi suelta una carcajada, si hubiera cambiado la palabra "novia" por "mujer" hubiera creído que escuchaba al mismísimo Kouga. Soltó una pequeña risita y al siguiente instante su expresión cambió a tristeza total, algo que muy a menudo le ocurría.
Hablar con Makoto le hacía pensar en Kouga, pensar en Kouga le hacía pensar en el Sengoku, y eso la hacía recordar a…
Suspiró. Tres meses después no lo había dejado de querer ni un poco, tampoco había dejado de dolerle el saber que estaba con Kikyo, nada había cambiado, era como si el tiempo no trascurriera.
Suspiró de nuevo, se había prometido ir a visitarlos al año, con un poco de suerte vería al primer hijo de Miroku y Sango, habían transcurrido solo 3 meses, aún no era tiempo. Pero qué más podía hacer, si su corazón no dejaba de doler, tal vez necesitaba ver con sus propios ojos a Inuyasha y Kikyo juntos, necesitaba ver el amor entre ellos para olvidarlo para siempre.
Claro, como si ese beso no hubiera sido suficiente…
Su pecho dolió de nuevo, empezaba a preocuparle que fuera una masoquista, pero, solo necesitaba ver a Inuyasha una vez más, necesitaba decirle a Kikyo lo que no le pudo decir para cerrar con esa parte de su vida, y tal vez… necesitaba confesar su amor, solo para que saliera de ella, para no volverse loca.
Claro, si veía a Inuyasha muy acaramelado con Kikyo, esas palabras serían una completa incoherencia, pero para todo eso, necesitaba verlo.
Miró sus manos, una idea cruzó por su mente, pero trató de desecharla tan pronto apareció. No había funcionado, era una mala idea pero seguía ahí, dentro de su cabeza e iba tomando cada vez más fuerza.
¿Y si cruzaba el pozo el día de mañana? Sería sábado, no tendría problemas con la escuela.
Sacudió la cabeza, era muy pronto, dolería demasiado. Desde que se había ido no se había acercado al pozo siquiera, y ¿si no funcionaba ya?, la anciana Kaede le había dicho que era muy probable que no pudiera regresar, quedándose para siempre en su época.
Lo meditó por un momento. Tenía que intentarlo.
Estaba decidido, mañana, a primera hora iría. De todas formas, era muy probable que no viajara al Sengoku, que no viera a Inuyasha.
-¡Inuyasha!
La voz de Kikyo lo hizo abrir los ojos, bajó del árbol. La miko llevaba un pequeño bolso donde guardaba lo que necesitaría más tarde, le habían pedido que efectuará la boda de la hija de un noble rey, en una aldea, no muy lejos de ahí, y él la acompañaría.
- ¿No es muy temprano aún?
La claridad en las montañas no alcanzaba a distinguirse todavía.
- Tal vez, pero la boda será a medio día y hay que prevenir retrasos.
¡Keh! Él llegaría corriendo antes de una hora, y si Kikyo se subiera a su espalda no habría que ir tan temprano. No pudo evitar hacer una mueca, solo de imaginarse a Kikyo haciendo algo así era raro, no se vería bien, una miko sobre la espalda de un hanyou, si con solo viajar a su lado sentía que la denigraba.
Comenzaron a caminar, al paso de Kikyo, un paso lento y calculador.
¿Por qué con Kagome no había sido así? Sentirla sobre su espalda, se sentía bien, se sentía correcto, era su lugar, compañeros de batalla, protegiéndose uno a otro. Se sorprendió al descubrir una sonrisa en su rostro, inmediatamente la borró, eso solía pasar con frecuencia cuando pensaba en Kagome, algo que ocurría a menudo a lo largo del día.
Ya no dolía tanto, ya ni siquiera había sentido el impulso de brincar al pozo, había estado reflexionando que Kagome estaba mejor donde estaba, estaba en su hogar, con su familia, seguramente era feliz. Los primeros días después de pensar en ello, preguntó al cielo porqué él no podía ser parte de aquella felicidad; pero se recordó que era un hanyou, el haberla conocido y convivido con ella había sido más de lo que un ser como él merecía, tenía sus recuerdos juntos que nadie le quitaría, ni el recuerdo de su mirada, ni aquel último abrazo…
-¿No te importa volver hasta mañana? - Preguntó la miko, mientras subía al caballo.
- No, no me importa.
El paso del caballo era más rápido, pero aun así él prefería ir a pie. Se sentó detrás de ella, manteniendo su distancia. Kikyo giró a verlo para regalarle una de sus nuevas sonrisas.
Kami, no se acostumbraba a aquello.
- Excelente. Pienso que quedarnos a la fiesta podría ser divertido.
Él se limitó a asentir, también eso era muy extraño, pero no quería hacer ver su asombro, Kikyo realmente parecía querer disfrutar su segunda oportunidad de vivir.
Los pájaros cantaban, el prado resplandecía de verde, el cielo estaba despejado, azul brillante.
Kagome no cabía en su felicidad, sonreía de oreja a oreja. Funcionaba, ¡El pozo funcionaba! Se sentó en el pozo y miró alrededor, se sentía feliz, en casa.
Inuyasha...
...
Hola de nuevo.
No pensaba subir también este capítulo. Pero como el anterior era verdaderamente corto, y no quería dejarles con el mal sabor de boca de esa despedida, henos aquí.
Este fue el primer capitulo en venir a mi mente cuando la historia llegó a mí. Pensar en como ambos intentarían continuar con su vida, sin poder olvidar al otro fue fácil de escribir. Digamos que fluía con la historia.
Siempre he pensado que la distancia permite aclarar los sentimientos, eso es algo que vemos pasarle a Inuyasha en este cap, veremos como se toma el hecho de haberse perdido la visita de Kagome justo cuando el se encontraba fuera de la aldea xd.
Tengo pensada la próxima actualización la siguiente semana. Espero poder regalarles nuevamente dos caps :3
Hasta entonces. Nos leemos *
