Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi.
What If…
Chapter 7: Intervalos
Un sonido proveniente de la ventana despertó a la azabache, ¿Otra vez ese insistente ruido?
Se levantó pesadamente de su almohada mirando a duras penas el reloj, las 2:36 de la mañana. Era el colmo. A una semana de la visita al Sengoku, ya había logrado conciliar nuevamente el sueño. Pero esos repiqueteos en la ventana empezaban a volverse constantes, y solían despertarla.
Se acercó a la ventana, el seguro estaba puesto. Aparentemente, el viento había estado haciendo estragos en su viejo marco de madera. Al principio solía abrirse con facilidad, dejando entrar el frío de la noche. Y ahora parecía hacer a la madera crujir constantemente.
Retiró el seguro, y abrió la ventana, comprobando que no tuviera ninguna obstrucción. La cerró nuevamente y se dispuso a regresar a su cama. Esperaba que la vieja ventana parara de hacer ese insistente sonido que no la había estado dejando dormir.
Con un gran bostezo, la azabache regresó a su cama.
— —
Fuera de la habitación, en ese mismo momento se encontraba un escurridizo hanyou. El corazón le latía a galope de lo cerca que había estado de ser descubierto.
Pff, Kagome tonta, ¿por qué agarraste la manía de cerrar esa estúpida ventana?
Finalmente dejó de escuchar movimiento dentro de la habitación, seguramente se había vuelto a dormir. Dejó escapar un suspiro de alivio. Okay, lo admitía. Había cometido el error de dejar la ventana abierta en sus primeras visitas. La rapidez con la que solía escabullirse de vuelta a su época no le había dado tiempo de pensar en cerrarla nuevamente.
Ahora, eso le jugaba en contra. Obviamente la miko del futuro se había percatado de amanecer con la ventana abierta de par en par. Era la tercera noche que encontraba la habitación cerrada.
Maldición.
Se sentía frustrado, apenas había comenzado a aumentar sus visitas a la miko durante esos días, y ahora se encontraba con ese obstáculo. Colarse por las noches le había resultado muy sencillo. Había tenido el gusto de contemplar a la azabache dormir nuevamente, como lo había hecho en tantos viajes juntos.
Y ¿Cómo no hacerse adicto a esas visitas? Su suave aroma era algo que rodeaba toda la habitación, visitarla por las noches le permitía disfrutar de su dulce aroma en pequeñas dosis. También había podido observar su dulce rostro mientras se entregaba a los brazos de Morfeo. No estaba muy seguro del tiempo que dedicaba a sus visitas, pero sabía que simplemente no se cansaba de observar a la azabache dormida. Parecía una especie de sueño para él mismo.
¿Qué haría ahora? ¿Era ese el momento de terminar con aquella osadía?
Frunció el ceño. No. Debía haber una forma, no se daría por vencido tan fácilmente ¿Sería muy arriesgado visitarla de día? ¿Aunque fuera por breves momentos?
La idea lo entusiasmó, se imaginó ver a la azabache sonriendo y charlando animadamente como solía hacer. Solo tendría que guardar las distancias, sabía que si se acercaba demasiado, Kagome podría percibirlo. No representaba mayor problema, gracias a sus desarrollados sentidos, él podría observarla desde una distancia prudente.
Sonrío, podría intentarlo,
Lo más difícil sería abandonar la idea en pleno día. No creía que fueran a notar demasiado su ausencia, pero no podía ser tan obvio si no quería que los demás lo descubrieran, sobre todo Kikyo.
- Kaede, ¿has visto a Inuyasha?
La miko miraba pensativa a su hermana menor, su semblante era muy parecido al que solía portar cuando su cuerpo era de barro.
- No realmente - contestó la anciana - creí que estaría contigo.
- Eso es lo raro, siempre me acompaña a recolectar hierbas.
Últimamente no estaba a su lado con la misma frecuencia que hacía desde que habían desaparecido la perla juntos.
- No tienes nada de qué preocuparte hermana, después de todo no puedes esperar a que esté pegado a ti como sombra todo el tiempo. Las habilidades de Inuyasha pueden ser de mucha utilidad para el resto de los aldeanos también ¿sabes?
Kikyo seguía en silencio.
-Está muy distante… - susurró
-¿Dijiste algo?
Desde que se enteró de la visita de Kagome lo ha estado más todavía.
-No, no dije nada.
Salió de la cabaña pensativa, tal vez no debió de ser tan insistente la noche de la boda, Inuyasha la había evitado todo el camino de regreso, y desde la tan larga conversación de la visita de la otra miko se había alejado aún más de ella. El miedo había crecido en su interior desde entonces, realmente el hanyou nunca le había dicho que la había escogido a ella, por las prisas de desaparecer la perla no había podido hablar seriamente con él en ese momento.
¿Se había apresurado a suponer que tendrían una relación? No, no creía que fuera así, ellos siempre habían tenido una promesa.
Además, la había besado, ¿cierto?. Ese mismo día, cuando el deseo de traer su cuerpo de vuelta se cumplió.
Suspiró, la incertidumbre le estaba matando. Incluso tiempo después de que su reencarnación por fin se había ido, no le había tratado diferente ni mucho menos se le había declarado.
Podría considerar que el hanyou siempre había sido reservado. Quizá esperar una iniciativa por su parte, era esperar demasiado.
Le quedaba más claro ahora, si quería que la relación con Inuyasha avanzara, tendría que ser ella la que diera los primeros pasos.
- ¡Hermana! ¡Llegarás tarde!
Kagome bajaba las escaleras rumbo a la salida con mucha prisa, ataba el moño de su uniforme mientras hacía un recuento mental de lo que necesitaba para esa mañana de escuela.
- ¡Ay no! - exclamó mientras buscaba sobre la mesa de la cocina - No debo olvidar mis papeles.
- Tienes suerte de que los acomodara para ti - Souta apareció detrás de ella con una gruesa carpeta en la mano - Tenías todo hecho un desastre.
La azabache le arrebató las hojas sin mucha delicadeza. ¿Desde cuando ese niño se creía un genio? Un par de veces le había ayudado con sus tareas y ya se sentía un sabelotodo.
Revisó rápidamente la carpeta de apuntes, estaba en exámenes finales de su primer cuatrimestre en la preparatoria y debía entregar todos sus informes sin falta para obtener el pase necesario para presentarlos.
Bien, todo está en orden.
Miró su reloj, ahora solo debía llegar a tiempo a la escuela, ¡dentro de 3 minutos!
-¡Mamá! ¡Abuelo! Ya nos vamos.
Salió del templo junto con su hermano y se apresuró a bajar las gradas de la entrada, no había manera en que pudiera llegar a tiempo por mucho que se esforzara. Debía de ir pensando en alguna excusa válida, para que el supervisor le permitieran entrar un poco tarde a la evaluación.
Comenzaba a formar las excusas en su mente cuando una familiar sensación recorrió su cuerpo, una sensación que no había sentido en mucho tiempo. Percibía una presencia. Se detuvo en medio de las escaleras y giró detrás de ella.
Era un impulso que seguía más por costumbre que por realmente estar buscando el origen de la sensación.
Todo a su alrededor estaba completamente normal, el templo, las gradas, los árboles que se mecían con el viento que soplaba levemente. ¿Lo había imaginado?
- ¡Kagome, deja de perder el tiempo! ¡Llegarás tarde!
Así es, su pequeño hermano estaba realmente preocupado por sus exámenes, desde que había regresado a su tiempo, se creía el hermano mayor. Menudo cabezota.
Kagome observó con detenimiento el panorama una vez más, había sido breve, y muy leve la sensación. Pero había estado ahí. Reanudó un poco dudosa su decenso por las escaleras.
No estaba del todo segura, pero la fugaz presencia le habían recordado a cierto hanyou que surcaba su mente a menudo.
Bueno, oficialmente podré decir que caí en la locura
Contuvo un suspiro, al tiempo que llegaba al final de las escaleras. Ahora imaginaba cosas. Sonrío levemente al recordar como el ambarino solía cargarla en su espalda. Con Inuyasha allí, llegaría al colegio en un santiamén.
Respiró hondo una vez salió del pozo. Gracias a su olfato se había asegurado de que no hubiera nadie por los alrededores, por lo que se permitió recargarse en la estructura de madera.
Eso había estado cerca. Bastante cerca
Debía ser más cuidadoso, sabía perfectamente de la habilidad de Kagome para detectar su presencia, una que se había perfeccionado con el tiempo mientras viajaban juntos. Se había sentido tan confiado últimamente que se había acercado un poco más que otras veces, y ella se percató.
Kami, aún tenía el corazón acelerado en ese momento. La azabache había mirado directamente al árbol donde se ocultaba, pero no lo había visto. Su mirada chocolate había recorrido el lugar buscando al dueño de la presencia, mientras el casi contenía por completo su respiración.
Se permitió esbozar una franca sonrisa. Su dulce Kagome estaba creciendo y sus habilidades seguían mejorando.
Era ya la cuarta vez que se escabullía durante el día de la mirada de todos en el Sengoku para ir a la época moderna, y la segunda vez que iba con la intención de seguir a la miko rumbo a su escuela. Se había sorprendido al notar que no era el mismo colegio de antes, el uniforme también era distinto, y los estudiantes que asistían se veían mayores. Aquellos cambios despertaban su interés.
Kagome estaba cambiando, su vida avanzaba… sin él. Ese pensamiento consiguió borrar su sonrisa. Comenzó su camino de vuelta a la aldea, perdido en sus pensamientos.
Había notado a Kagome aún más hermosa que antes, ese nuevo uniforme si bien no era tan revelador como el anterior, acentuaba su fina cintura y hacía lucir sus ojos cafés más cautivadores, realmente el encuentro nuevamente con su mirada, aunque hubiera sido solo un fugaz instante lo había dejado mudo.
Su mirada no había cambiado en absoluto, esos ojos chocolates seguían igual de expresivos como recordaba ¿Qué hubiera hecho Kagome si lo hubiera visto realmente?
-¿Dónde estabas Inuyasha?
Detuvo su andar abruptamente, había llegado a los alrededores de la aldea y se había encontrado con una Kikyo que aparentemente, se había alejado de más para buscar más hierbas. Nunca solía encontrarla allí. ¿Lo habría estado buscando?
-Eh - Maldición, no había preparado ninguna excusa - Revisaba la zona.
La miko lo miró a los ojos y él no pudo evitar recordar cuando poseía un cuerpo de barro, su mirada era igual de fría y calculadora.
-Solemos hacer eso juntos.
-No quise molestarte… Además, es algo que puedo hacer solo sin problemas.
Kikyo pareció meditar su respuesta. Finalmente la sonrisa de la miko reapareció.
-Tienes razón, después de todo, no tienes que estar siempre a mi lado.
Inuyasha lanzó un suspiro de alivio mentalmente.
-Estuve hablando con los aldeanos - continuó la miko - No sabía que te habían ofrecido una cabaña, Inuyasha.
-¡Keh! Fue idea de Miroku, la tienen lista desde hace tiempo, pero no he ido a verla siquiera.
Ese terco monje le había construido una cabaña prácticamente contra su voluntad. Según sus palabras, los aldeanos habían insistido. Se encontraba a las afueras de la aldea, justo en el límite, así tendría un cierto grado de privacidad.
Keh. Menuda tontería. ¿Para qué demonios necesitaría él una cabaña?
-Me gustaría saber - continuó la miko - ¿Si me dejarías echarle un vistazo?
-Mhm. Seguro, si es lo que quieres - contestó un tanto distraído.
Hasta el momento en que notó las mejillas sonrojadas de la miko, se dio cuenta de que había algo que no estaba comprendiendo del todo con su solicitud.
-Me parece perfecto. Es poco el espacio que hay con Kaede después de todo. Me gustaría ocuparla si no tienes problema con ello... y así ya no tendrías que dormir solo en el bosque.
El hanyou palideció por un momento, finalmente comprendiendo. Su cara de asombro pareció causarle gracia a la miko.
- No tienes nada de qué preocuparte, Inuyasha - continuó Kikyo con una gran sonrisa - Kaede no dirá nada al respecto y nadie tiene porque enterarse de momento, lo más natural es que busquemos tener un espacio para los dos ¿no crees?
El peliplata seguía enteramente mudo. Pero ¿Qué cosas estaba diciendo?
- Pero bueno, primero le echaremos un vistazo, quizá más tarde.
Kikyo no esperó más respuesta de su parte, y comenzó a alejarse con las mejillas sonrojadas. Aparentemente haber dicho aquellas palabras había sido mucho para ella.
El hanyou empezaba a odiar la habilidad que tenía Kikyo para ponerlo en aprietos. ¿Un espacio para los dos? ¿Compartir cabaña?
Bufó incómodo. ¿Porqué tenía que ser todo tan complicado? Definitivamente no se veía compartiendo una cabaña con la miko.
Maldita sea. Tampoco sentía que pudiera negarle la cabaña, él sabía que la cabaña de la anciana Kaede les había quedado sumamente pequeña con la incorporación de Rin en ella. Pero de eso a compartir él también la cabaña había mucha diferencia.
Suspiró. Debía de ponerle un alto a Kikyo. Estaban comenzando a formalizar una relación que no tenían. Pero tampoco quería tener problemas con ella, después de todo le seguía debiendo su promesa, de permanecer a su lado.
¿Porqué te esfuerzas en complicármelo todo, Kikyo?
- ¡Kagome!
La azabache giró ante aquella voz que ya le era familiar. Sonrió al moreno que se acercaba corriendo a ella. Aquel día era el final de su primer cuatrimestre, luego de terminar los parciales los estudiantes de la preparatoria tendrían su periodo vacacional.
-¿Te vas tan pronto? - preguntó el ojiceleste al alcanzarla.
- Así es, justo estaba por regresar al templo - contestó sonriente la miko - Por cierto, ¡Felicidades Makoto-kun! Vi que tu equipo quedó en primer lugar esta temporada.
El joven le dedicó una amplia sonrisa. Era un excelente atleta de baloncesto y un buen estudiante. Kagome se había dado cuenta de ello al verlo siempre presente en los periódicos escolares.
-Así es, estas vacaciones nos tomaremos nuestro merecido descanso de los entrenamientos, ya era justo si me permites agregar - el muchacho observó la acera por donde se estaría encaminando la azabache, inclinándose, le hizo ademán de seguir avanzando - ¿Me permites acompañarte a casa?
Kagome no reaccionó lo suficientemente de prisa, y el moreno comenzó a caminar por la calle que la llevaría de vuelta al templo, la azabache se limitó a ir junto a él. El muchacho no había dejado de invitarla a salir durante todo el periodo escolar, y a pesar de su negativa, Makoto se las había arreglado para volverse un buen amigo, Kagome no sabría decir en qué momento sus acercamientos se volvieron familiares para ella.
- Me parece que a ti también te fue bien - continuó el ojiazul - te vi celebrar con tus amigas en la entrega de calificaciones.
Kagome sonrió, era cierto. Todas habían sacado excelentes calificaciones. Estaba particularmente orgullosa de sí misma, y de cómo había mejorado su desempeño escolar en tan poco tiempo. Con un poco de pesar, tuvo que agradecerle mentalmente a Souta por haberla ayudado a estudiar.
- Así es - respondió - no se lo digas a nadie, pero son las mejores calificaciones qué he tenido en un buen tiempo.
-¡Me alegro! ¿Sabes? Eso merece una celebración - Kagome sonrió ante lo que suponía venía a continuación, el ojiazul la invitaría a un cita de nuevo - ¿Qué te parece si vamos al boliche? Junto con tus amigas, y celebramos todos.
Kagome soltó una pequeña risa, mientras seguían juntos el camino, miró al muchacho de reojo. Había insistido durante ya bastante tiempo. Seguía recordándole a su amigo Kouga, pero al mismo tiempo era muy diferente. Era evidente que Makoto era más perspicaz, el muchacho se había dado cuenta de su nulo interés en tener una relación amorosa. Pero aún así no había desistido, probaba siempre nuevas maneras de acercarse a ella, de estar a su lado. No le importaba tener que incluir a sus amigas en sus planes, si eso la hacía bajar la guardia lo suficiente para que pudiera estar junto a ella.
Se frustró consigo misma por no querer darle una oportunidad. ¿Qué la detenía? ¿Un recuerdo? ¿Una mínima pero existente esperanza? Por más que le doliera admitirlo, Inuyasha ya no estaba a su lado, él se encontraba 500 años atrás, en el Sengoku, y no sería parte de su futuro tampoco. Entonces ¿Por qué sentía la necesidad de rechazar a un chico tan caballeroso, atento y carismático como Makoto?
El aludido pareció notar su debate interno.
-No tienes que contestarme ahora, Kagome - dijo tranquilo, su segura sonrisa seguía adornando su rostro - tenemos todas unas vacaciones para pasar juntos ¿sabes?
Kagome sonrió genuinamente, la idea de unas vacaciones conociéndolo sonaban a una buena idea. Por más que se esforzara en negarlo.
-Puedo esperar un poco más-
-Me encantaría, Makoto - le interrumpió.
El ojiazul detuvo su caminar, al tiempo que se detenía a mirar con sorpresa a la azabache.
- Una celebración en el boliche suena perfecto.
Kagome vio la sonrisa del chico ensancharse. Ella misma se sorprendió de devolverle la sonrisa con el mismo entusiasmo.
Quien sabe, quizá empezar a salir con muchachos de su época era justo lo que necesitaba para finalmente dar vuelta a la página. Se daría a sí misma esa oportunidad. Estaba cansada de torturarse a sí misma con el recuerdo de Inuyasha junto a Kikyo.
- ¿Se puede saber por qué estás tan molesto? Inuyasha - preguntó un confundido zorro después de haber estado observando al hanyou.
El aludido se limitó a gruñir.
- Debo admitir, que estoy de acuerdo con Shippo - concordó Miroku - estás más irritable que de costumbre.
- ¡Keh! Cierren la boca, soy el mismo de siempre.
Los presentes se miraron un momento, antes de seguir con sus alimentos. El grupo se encontraba reunido en la cabaña de la anciana esa noche. Algo que rara vez hacían. No es que no pasara tiempo con sus amigos. Simplemente todos se encontraban ocupados con sus vidas. Aunque, sabía que Sango y Shippo solían evitarle con regularidad, especialmente cuando lo veían al lado de cierta miko.
Al qué había empezado a ver más seguido era a Miroku, desde que le había pedido ayuda para uno que otro trabajo de exterminación, solía acompañarle. El monje estaba consiguiendo muchos pagos para el futuro nacimiento de su primer hijo.
- ¡A mi no me engañas! - el pequeño kitsune seguía sin saber cuando quedarse callado - Llevas refunfuñando toda la tarde. Ya me tienen harto tus gruñidos.
El hanyou le dedicó la mirada más asesina que pudo al pequeño demonio, cosa que por fin lo hizo callar. Su mirada se encontró por un momento con la de Kikyo. Al parecer, ella también encontraba extraño su comportamiento.
Keh.
Se apresuró a terminar su comida para alejarse del grupo. Así podría limitarse a refunfuñar en algún árbol del bosque. Estaba realmente cabreado, pero no podía decirle a ninguno de los presentes el motivo.
Había visto a Kagome, de nuevo. Solo que esta vez había estado acompañada de un estúpido sujeto. Gruñó solo de recordarlo. Estaba seguro de que ese era el dichoso Makoto. La azabache se dirigía hacía el templo, como solía hacer cada tarde después del instituto, cuando ese maldito la había alcanzado.
La familiaridad con la que caminaban juntos, y la manera en que el desvergonzado muchacho le había sonreído a Kagome le había hecho hervir la sangre.
Mierda. Pero si era idéntico a Kouga, solo le faltaba la asquerosa cola para ser su clon, ¿¡Cómo no iba a cabrearse!?
Sus gruñidos subieron de intensidad. Pero aparentemente los presentes se habían decidido a por fin ignorarlo.
Había algo más que lo tenía aún más molesto, y lo tenía con un constante sentimiento incómodo en el pecho desde su regreso de la época moderna. La manera en que Kagome, le había sonreído de vuelta...
Él no era ingenuo, sabía que eso era una posibilidad. Solo se negaba a creer la calidez con la que la azabache había tratado a ese idiota. Kagome... ¿estaría interesada en ese sujeto? Lo dudaba, aún así, no le daba buena espina esa situación. En ninguna de sus visitas al futuro había visto a ese humano, tampoco había notado ningún aroma desconocido en la azabache cuando solía visitarla por las noches.
¿Se habría perdido de algo?
Sin decir mayor palabra salió finalmente de la cabaña. No había podido ocultar su mal humor desde entonces.
Estaba seguro una cosa. Ese humano era un idiota que no podía tener ninguna buena intención con Kagome. No podía confiar en él, lo vigilaría muy de cerca, aún en la distancia, le debía a la miko del futuro protegerla. Y comenzaría alejando a ese idiota de su camino.
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Hola de nuevo.
Regresé pronto con este nuevo capitulo. Tenía muchas ganas de escribir las visitas de Inuyasha, y cómo se da finalmente cuenta de que Kagome está decidida a dejarlo ir. Ahora le tocará sufrir un poco por su indecisión. Makoto será un personaje un tanto más recurrente a partir de ahora, para su mala suerte.
Les agradezco mucho a las personas que han dejado sus comentarios, así como las que han apoyado al fic agregándolo a favoritos.
No tengo seguridad de cuando podría venir la siguiente actualización, ya que comenzamos a saturarnos un poquito con el trabajo. Pero espero pueda seguir siendo una actualización regular.
Sin más, nos seguimos leyendo.
