Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi.

What If…

Chapter 8: Expuestos

Su mirada se encontraba fija en el cono de helado que mantenía en su regazo. Nerviosa esperaba en aquella banca del parque frente al cine principal donde el chico de cabellera azabache y ojos azules había entrado a comprar los boletos para la función de película.

La última vez que fuimos al cine juntos intentó besarme…

Kagome podía recordar claramente el brazo del chico al rededor de ella, algo que ella había dejado pasar, luego un poco de presión en su hombro, para invitarla a verlo y encontrarse con esos ojos zafiros cargados de sentimientos, dándole una mayor profundidad en la mirada.

La chica lo había visto acercarse a ella, sin saber cómo reaccionar, para su suerte una sonora carcajada de la sala de cine había cortado el momento y le había permitido escapar de aquella situación.

Dudo contar con la misma suerte

No podía culpar a Makoto, el verano se encontraba cerca de terminar, y luego de tener un par de semanas oficialmente saliendo, era normal que buscara acercarse a ella. Si ella fuera una chica normal estaría encantada con sus atenciones, con su amabilidad, gestos y detalles que tenía con ella.

Si tan solo fuera una chica normal, y no una reencarnación de sacerdotiza que había tenido que viajar al pasado 500 años atrás a otra época. Suspiró, de eso hacía más de medio año. Pero seguía presente en ella. En sus recuerdos.

Sobre todo el recuerdo de Inuyasha, plasmado eternamente en su mente, su cabello plateado, su gallardía, su tosca actitud y su mirada dorada.

Tanto tiempo había pasado y podía imaginar perfectamente su mirada sobre ella, su actitud altanera si la supiera en esa situación. ¿Cómo reaccionaría de saber que había estado saliendo con Makoto? ¿Cómo se tomaría el saber que era seguramente la reencarnación de Kouga?

Soltó una pequeña risa, luego sus mejillas enrojecieron y ella tocó su rostro abochornada. Era una tontería, solo se engañaba a sí misma, Inuyasha no estaba al pendiente de ella, no cruzaba por su mente… él tenía a Kikyo.


Ocultó en lo alto del edificio más cercano de aquel parque se encontraba el hanyou, muy frustrado de presenciar aquella escena.

Desde que la azabache había dejado de acudir a sus clases le era más difícil encontrarla en su tiempo, ese periodo en el que él recordaba Kagome no tenía que preocuparse por la escuela había llegado.

En el tiempo en que viajaban juntos había sido una ventaja, ya que no tenía que regresar a su época en un largo tiempo, y podía acompañarlos mucho más tiempo en la búsqueda de los fragmentos y de Naraku. Ahora era una molestia, era más difícil seguirle la pista. Casi no estaba en el templo, y si no estaba de paseo con sus amigas, estaba con ese tipo.

Gruñó para sus adentros. Podía tolerar que caminaran juntos, que conversaran, incluso que Kagome le sonriera de esa manera tan única y propia de ella. Pero no soportaba al sujeto, y sus claros intentos de acercarse más a ella. Veía constantemente como buscaba tomar su mano, apoyarse ligeramente en su hombro o acariciar su cabello por breves momentos. Gruñó. Los obvios roces que buscaba tener con la miko lo ponían de muy mal humor, sentía su instinto posesivo surgir intensamente, tenía que clavarse las garras en la palma de la mano para evitar cometer una tontería. Una tontería como aparecérsele enfrente para ponerle un alto...

¿Cómo podría aparecer de la nada frente a Kagome? En su época. Mientras deliberadamente la espiaba. La miko no había mostrado señales de acercarse al pozo para viajar al pasado de nuevo, para nada, en todo ese tiempo siguiéndola. ¿Y si ya no le interesaba? ¿Su recuerdo se había desvanecido tan rápido? ¿Ese sujeto cortejándola le había hecho olvidarlo?

En ese momento aparecer frente a ella no sonaba a tan mala idea, después de todo él podría también tener la iniciativa de visitarla ¿cierto? Incluso podría culpar a Shippou de insistir en saber de ella. El Pequeño zorro tampoco había visto a la miko desde que se había marchado.

Kagome…

-¡Kagome, la función comienza en 15 minutos! - la llamaba el muchacho de coleta.

Su mirada se desvió hacia el moreno que buscaba llamar la atención de la azabache. Kagome se levantó y caminó en su encuentro, vestía un conjunto de falda blanca y polera amarilla que al hanyou le pareció hacía resaltar aún más su belleza.

Vio a la pareja encontrarse, alejándose de él y evitando que pudiera oír lo que decían. No estaba seguro de acercarse más o no, podría ser demasiado arriesgado acortar la distancia con la miko.

Aún así, cualquier duda sobre su siguiente movimiento se disipó cuando notó al muchacho tomar confianzudamente la mano de Kagome para guiarla dentro del edificio.


Caminaba tras el entusiasmado muchacho cuando lo sintió de nuevo. Ese cosquilleo imposible de ignorar.

El sentimiento creció dentro de su pecho con fuerza, alguien la miraba. Se detuvo soltándose de la mano de Makoto para mirar detrás suyo. Aún se encontraba en el límite del parque, estaba lleno de personas y más de una seguramente la había estado viendo, pero el peso de una mirada cayó en ella con más fuerza que cualquier otra.

-¿Ocurre algo? - preguntó Makoto.

El muchacho se había detenido con ella, pero Kagome no lo miraba, su vista seguía escudriñando el parque.

-No, nada - le respondió aún viendo hacia el parque - Me pareció oír algo.

Estaba a punto de girarse para continuar el recorrido al cine junto al ojiazul cuando notó un rápido movimiento entre las ramas de un árbol, el nombre de cierto hanyou se escabulló dentro de ella como un susurro.

No, es imposible

-Makoto - esta vez la miko si se giró para mirar al muchacho - ¿podrías adelantarte a la dulcería? Te alcanzo en un momento.

El chico parecía confundido, pero su confiada sonrisa de siempre no desapareció de su rostro mientras asentía.

-No demores mucho - soltó suavemente su mano - nos falta poco para entrar.

Una vez lo vio alejarse la azabache se adentró al parque nuevamente, no estaba segura de lo que estaba haciendo, pero el latir en su pecho no mentía.

Caminaba rumbo a aquel árbol, él más frondoso del lugar, escudriñaba sus hojas con una mezcla entre nervio y esperanza. Nada, no veía nada, y ni siquiera estaba segura si el cosquilleo en su pecho era una señal o simplemente nerviosismo.

Inuyasha…

El hanyou la vio acercarse. Maldición había abusado de su suerte y ahora sería atrapado. Permanecía pegado al tronco de las ramas más altas, si se quedaba sumamente quieto puede que no lo notara.

Kagome se encontraba ya justo debajo del imponente árbol. Revisaba las ramas de manera sutil sin alcanzar a verlo. Él por su parte, podía jurar que se encontraba casi aguantando la respiración.

Finalmente la azabache pareció rendirse y comenzar a marcharse, él soltó el aliento que venía conteniendo. Pero una palabra dicha por la miko en un susurro tensó todo su cuerpo.

-Oswari…

¡Trash!

Una mancha roja cayó frente a sus ojos, unas demasiado añoradas orejas se hallaban en el suelo, y con algo de trabajo, esa cara, tan confundida consiguió devolverle la vista robándole el aliento…

- I-Inuyasha…

Esos ojos dorados estaban clavados en ella, sin saber que decir, ella estaba en igual de condiciones.

Miró detrás de ella, Makoto no tardaría en buscarla, mordió distraídamente su labio. Apenas estaba pensando en qué excusa le diría para alejarse de su cita cuando notó que el hanyou había desaparecido. En el lugar donde lo había visto caer solo se encontraba la marca de su caída.


Inuyasha se encontraba frente al pozo, recargado con ambas manos en él dudoso de saltar. De acuerdo, había huido, sin lugar a dudas se había comportado como un auténtico cobarde.

La azabache lo había descubierto, y el no pudo hacer más que correr apenas el hechizo perdió su efecto. Pero no podía marcharse. Sabía que le debía una explicación a Kagome.

Por Kami, menudo lío se había armado, no había manera de zafarse de esa. La azabache seguramente estuviera de camino de regreso al templo, la conocía, y sabía que llegaría esperando verlo, aclarar el qué hacía ahí. La miko tendría muchas preguntas que hacerle.

Maldición

Soltó un suspiro mientras se alejaba del pozo para cruzarse de brazos. Debía hablar con ella, no podía simplemente hacer como si nada hubiera pasado.

Sintió sus mejillas calentarse y su corazón latir con fuerza. Su ceño fruncido se acentuó más, jamás lo admitiría, pero estaba nervioso de hablar con la miko después de tanto tiempo.

El recuerdo de la mirada chocolatada sobre él lo mantenía con un sonrojo constante.

Kami, Kagome…


Kagome entró a su habitación con cierto recelo. Le había tomado su tiempo pero por fin había llegado al templo. No había noticias de Inuyasha pero sabía que no estaba lejos, podía sentirlo. Seguramente se encontraba rondando el templo esperando su llegada.

¿Qué le diría cuando lo viera? ¿Cómo debía reaccionar?

No tuvo tiempo para pensar en nada de ello, pues una brisa se había colado por su ventana, acompañada del hanyou.

Giró lentamente hacia él, casi podía sentir como contenía la respiración, frente a ella, tal y cómo lo recordaba, estaba Inuyasha con sus ojos dorados fijos en los suyos. ¿Siempre había sido tan alto? Era imposible que hubiera crecido en el tiempo separados, quizás era ella la que se sentía más pequeña, más vulnerable. El peliplata mostraba una expresión de aparente tranquilidad, pero ella lo conocía, demasiado bien, estaba conteniéndose, sus ojos no podían mentirle.

-Kagome… - el hanyou fue el primero en romper el silencio. Tenía tanto tiempo de no escucharlo decir su nombre que le provocó un respingo.

Luego de eso su cuerpo se movió solo, y lo abrazó, sin reprimendas ni preguntas, Kagome se aferró a su haori hundiendo la cabeza en su pecho. El gesto fue devuelto con la misma intensidad por el hanyou. La rodeaba con sus brazos mientras la pegaba a su cuerpo, sintió que su corazón estallaría de lo fuerte que latía. Inuyasha estaba allí, realmente, había vuelto.

El hanyou respiró profundamente el aroma a sakuras de Kagome, kami lo había extrañado tanto. Sintió las manos de la colegiala aferrarse a la tela de su traje. ¿Realmente había creído poder olvidarla? ¿En que momento dejarla marchar para continuar su vida en su tiempo le había parecido una buena idea?

Se sintió con la necesidad de excusarse, tranquilizarla de alguna forma, podía oír el fuerte latir de su pecho. Quería decirle que no debía de preocuparse más, que él estaría con ella. Pero ninguna palabra salió de su boca, de alguna forma todo aquello se sentía como un sueño, fuera de lo que había sido su realidad por ya bastante tiempo.

-Kag-

-Inuyasha… - le interrumpió - Quería verte...

Yo también

Separó suavemente a la miko de él para ver su rostro, las lágrimas comenzaban a salir de su mirada cristalina. Kami nunca había sido bueno con las lágrimas de Kagome.

-N-no llores - la tomó de los hombros para poder verla a los ojos - Kagome...

Pero el llanto estaba ahí, mientras la azabache intentaba controlarlo con pequeños gimoteos. Tiempo atrás eso lo hubiera hecho intentar huir o buscar decirle alguna tontería para que se enojara con él. Prefería mil veces verla enojada que llorando, aunque lo terminara mandando al suelo. Esta vez se limitó a volver a abrazarla, y dejarla llorar en su pecho.

Kagome devolvió su abrazo, y se permitieron estar así por un tiempo en lo que su llanto cedía.


Después de un rato sus lágrimas habían finalmente desaparecido, y luego de una nada severa reprimenda al hanyou por haber estado espiandola pudieron sentarse a conversar, después de todo, tenían meses de no haberse visto.

Por un momento temió lo peor, y preguntó por la situación en el Sengoku, ¿había ocurrido algo?. Inuyasha se había apresurado a tranquilizarla. Sus amigos y la gente de la aldea se encontraban bien, y la paz que había aparecido tras la muerte de Naraku seguía intacta. Kagome dejó escapar un suspiro de alivio.

-Entonces... ¿Qué haces aquí Inuyasha? - ¿Por qué ahora? ¿Por qué no antes? quiso agregar, pero se limitó a observar al muchacho notoriamente nervioso por su pregunta.

- Yo… quería verte, Kagome.

La pelinegra sintió el revoloteo en su vientre, el nerviosismo inicial volver con fuerza.

- Sé que hace no mucho fuiste al Sengoku - continuó - pero… necesitaba saber que estabas bien.

La miko le dedicó una sonrisa, mientras comprendía. Claro, solo estaba preocupado por ella. Seguramente sus amigos le habían insistido en ver que ella estuviera bien, su estado no había sido precisamente el mejor cuando fue a visitarlos aquella vez.

- Estoy bien - le tranquilizó - Las cosas han cambiado un poco pero estoy bien. Cambié de escuela, pasé los dichosos exámenes para los que tanto me veías estudiar. Mamá, el abuelo y Souta también están bien. Souta se pondrá muy contento de verte.

Dudó un poco, realmente hablaba sólo por su hermano, estaba segura que el abuelo y su madre tendrían más incógnitas en mente para preguntarle al hanyou antes de alegrarse por su presencia. Quizá era mejor que no supieran de su visita.

-Keh, no sabía que habías cambiado de escuela, tampoco que ahorita no estarías en clase, me costó un poco seguirte la pista.

De repente se dio cuenta del hecho de que Inuyasha la había visto acompañada por Makoto, un tenue sonrojo apareció en su rostro. ¿Le debía una explicación? ¡Por supuesto que no! Él había sido el que había decidido seguir con su vida. Él había decidido dejarla marchar para quedarse con...

-¿Cómo está Kikyo?

Se arrepintió tan rápido como esas palabras salieron de su boca de hacer esa pregunta. No había sido su intención que sonara así, tampoco que el tono fuera un poco a la defensiva. Observó la sonrisa del hanyou borrarse, así como desviar su mirada. No debió de haber preguntado.

- Ella está bien… Kaede ha estado instruyéndola nuevamente en sus deberes de miko. Será la encargada de la aldea en unos años después de todo.

Inuyasha notó como Kagome guardaba silencio esperando que continuara, pero no le apetecía mencionar nada más. La azabache seguía creyendo que él y Kikyo tenían una especie de relación, donde seguramente en su imaginación iba mucho más allá de lo que en realidad pasaba entre ellos. Era verdaderamente frustante, pero no podía culparla.

- Es bueno saberlo - mencionó la pelinegra - que está adaptándose nuevamente.

El hanyou asintió. Una parte de él quería intentar cambiar la percepción de Kagome sobre lo que realmente ocurría con él y la promesa que le había hecho a la otra miko, pero esa noche no quería hablar de Kikyo.

- Ha sido un cambio muy grande - mencionó el oji dorado - no tenerte en la aldea.

Kagome sintió un matiz diferente en la mirada del hanyou mientras le decía aquello, como si sus palabras tuvieran más peso del que expresaba tan sencillamente.

- También ha sido un cambio para mí - suspiró - estoy agradecida de haber acabado con Naraku y el conflicto de la perla, pero todo fue tan... rápido.

Demasiado rápido.

- Cuando cruzaste el pozo - continuó el hanyou - y supe que seguía abierto a pesar de todo, quise venir inmediatamente a ver que estuvieras bien.

- Estoy bien, Inuyasha - aclaró Kagome. E ignoró el deseo de preguntarle porqué había tardado tanto en decidirse.

-Ahora lo sé, pude verlo - mencionó el peliplata silenciándose al instante. Sabía que debía dejar ese tema. No quería mencionar al muchacho que la cortejaba. Pero le era casi imposible, su carácter impulsivo no lo dejaba pensar antes de hablar, y el ligero pero presente aroma de ese muchacho aún en ella lo mantenía alerta.

La azabache tuvo la decencia de sonrojarse, lo que le hizo reprimir un gruñido.

Si - mencionó la miko - he tenido la oportunidad de seguir con mi vida después de todo.

El hanyou tensó la mandíbula, pero se obligó a pensar con claridad. Él no tenía nada que reclamarle a la miko. No tenía ningún derecho sobre ella. Ese hecho más que tranquilizarlo lo hacía enfadar más.

-Aún así, ¿seguirás visitando el Sengoku? - le preguntó

- Si, aunque no será pronto… - aclaró - no me es tan sencillo ir.

Kagome vio el gesto de confusión en el hanyou. ¿Qué debía decirle? ¿Que no creía soportar el ver a Kikyo cerca de él? Prefirió dejarlo con la duda.

-Y tú, Inuyasha ¿Seguirás visitándome?

Keh, si supieras las veces que he venido para verte, Kagome.

- Si - La azabache no ocultó su sonrisa - ahora que pude comprobar que el pozo está abierto, vendré a asegurarme que estés bien - un sonrojo apareció en el hanyou mientras le huía la mirada nuevamente - Si… tú estás de acuerdo con ello.

El silencio que siguió a su cuestionamiento puso aún más nervioso al hanyou.

-Claro, solo no creo que sea buena idea que… me visites en cualquier momento. No puedes ir a buscarme a dónde esté si simplemente no me encuentras - Ya no es como antes, pensó la azabache. No quería que sus amigas o familia pudieran descubrirlo. Traería muchas preguntas a las que ella no estaba lista para dar respuestas.

El hanyou pareció pensarlo por un momento.

-Puedo venir por las noches… y buscarte en el templo - sugirió.

-A veces llego tarde - se excusó - no querría que…

-Más entrada la noche entonces - la interrumpió el peliplata.

Kagome sintió un escalofrío recorrerla. Eso sonaba… tentador. Básicamente se verían solo por las noches, en su habitación. Sabía que estaba jugando con fuego, si se había dispuesto a olvidar a Inuyasha, aquello no la haría más que sufrir. No quería revivir sus ilusiones.

-¿No es problema para ti? - se atrevió a externar uno de sus temores - ¿Venir a verme tan tarde en la noche?

Eso nunca había sido un problema para el hanyou, pero ahora que… estaba con Kikyo. No creía la miko estuviera muy de acuerdo con la idea. Mordió su labio nerviosa desviando la mirada.

Inuyasha entendió lo que la azabache estaba realmente preguntando de manera sutil, y esbozó una leve sonrisa.

-No - la miko volteo a verlo de nuevo - No es para mí ningún problema, Ka-go-me.

La mirada que el peliplata le estaba dedicando era tan dulce, que Kagome sintió su sonrojado rostro arder aún más. ¿Porqué sentía que no solo había aceptado jugar con fuego, sino también estar dispuesta a quemarse?


Notas de la Autora:
Hola! He vuelto después de una pausa no tan corta como quería jeje.
Gracias a todas las personitas que me han estado dejando reviews. Realmente es muy reconfortante saber que les ha interesado la historia.
Realmente tengo pensado terminarla. Tengo una buena parte de la historia escrita, solo que por pedazos: partes del inicio, partes del medio y partes del final. Solo debo encontrar el tiempo y la inspiracion para unirlo todo jaja :)

Espero estarnos leeyendo pronto.

Ciao!