Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi.

What If…

Chapter 9: Enredos


- ¿Llegas tan tarde?

Kagome se giró en la oscuridad, un poco sorprendida. Se suponía que él no la esperaría esa noche, miró el reloj, eran pasadas las 3 de la mañana. La figura casi imperceptible en la esquina de su habitación se acercó a ella, permitiéndole ver su rostro, aún en la oscuridad se distinguía su mirada ambarina.

La azabache suspiró.

-Te dije que iría a una fiesta con mis amigos de la escuela, Inuyasha - se sentó en la cama para comenzar a quitarse sus pequeños zapatos.

-Lo sé - masculló - pero no creí que llegaras TAN tarde.

Kagome prendió la pequeña luz de su mesa de noche. Con la habitación iluminada de un tenue tono cálido pudo vislumbrar más claramente esos ojos dorados. Aquellos que no habría podido olvidar ni aunque hubieran pasado mil años.

- Creí haberte dicho que hoy no tendrías que esperarme…

Inuyasha estaba por terminar con su rápida inspección, Kagome lucía bien. Un leve olor a sake la cubría, pero no parecía emanar de ella, seguramente aquella fiesta había sido más alocada de lo que la miko le había querido decir la noche anterior. Sintió alivio al verla llegar segura al templo. Había hecho bien en esperarla para asegurarse de que estuviera bien, o no habría podido estar tranquilo.

- No es seguro que andes sola tan entrada la noche -siguió - ni siquiera en este tiempo.

No estaba sola, Inuyasha

La miko esbozó una sonrisa resignada. Makoto la había regresado al templo, la había llevado en su pequeño auto hasta la seguridad de su casa y había cuidado durante la fiesta que estuviera bien. Pero definitivamente, no era algo que quisiera discutir con Inuyasha.

-Lo tomaré en cuenta - contestó con una sonrisa, buscando conciliar con el peliplata - Puedes estar tranquilo.

El hanyou soltó uno de sus típicos "Keh!" mientras se cruzaba de brazos. La azabache tuvo que aguantar una risilla al oírlo. Cómo lo había añorado. Sus visitas no solían ser tan seguidas, salvo raras ocasiones, como aquella, en donde se le ocurría ir a verla dos días seguidos.

No tenían un día ni hora exacta, pero ella sabía que llegaría, tarde o temprano. A veces tardaba más de la cuenta en ir a visitarla y ella se sumía en la desesperación. Aquellas noches le era imposible para ella dormir, al imaginarlo junto a otra miko.

Desvió la mirada, ella tampoco estaba libre de culpa ahora, hacía un tiempo que era novia de Makoto, oficialmente; porque, aunque su corazón aun fuera de aquel hanyou, entendía que lo que ellos eran y seguirían siendo era amigos… nada más. Ambos estaban siguiendo con su vida, salvo esos pequeños momentos en las noches donde él la visitaba, donde todo volvía a ser como antes…

- Es tarde Inuyasha, ¿no deberías de volver…?

Con Kikyo.

Nunca la mencionaban, y mientras ninguno de los dos lo hiciera, no parecía real. Era un acuerdo tácito que se había impuesto entre ambos naturalmente. En sus visitas hablaban de absolutamente todo, menos de ella.

Aún así el hanyou pareció leer sus pensamientos, pues una mirada de disculpa pasó por su rostro fugazmente, antes de relajar su postura.

-Si… solo quería asegurarme de que estuvieras bien.

Kagome sonrió, ese era su Inuyasha, tan protector como siempre.

Ella se acercó a él y lo abrazó. El hanyou correspondió su suave toque. No siempre lo hacían, pero una que otra vez se despedían de esa manera. El leve aroma a bosque la inundó, y sintió su cuerpo relajarse.

Esa noche dormiría bien, estaba segura. Dormiría con el recuerdo de Inuyasha sellado en su mente.

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-¿Ocurrió algo en el bosque?

Inuyasha volteó a verla notablemente confundido y desorientado. ¿Desde hace cuánto estaría despierta? Sabía que se había demorado más de la cuenta, pero no contaba con que fuera a percatarse de su ausencia.

-No, solo rondaba la zona - Aquella respuesta no pareció satisfacer a Kikyo, después de todo, era una miko muy perspicaz - Es algo que hago a menudo, cuando no puedo dormir.

La miko pareció meditar su respuesta un momento, para después sonreírle.

-Es normal, no estás acostumbrado a dormir en cabañas - lo miró de forma condescendiente - ¿El aire fresco de la noche te ayuda a relajarte?

-...Algo así.

El silencio reinó entre ellos. Fue Kikyo quien lo rompió, deseándole las buenas noches para después acomodarse a dormir nuevamente. El hanyou contuvo un suspiro de alivio.

Tenía poco más de un mes con aquella extraña dinámica. Desde que Kikyo había insistido en cambiarse de cabaña… y desde que veía a Kagome en las noches.

Al principio le era fácil escabullirse, pero últimamente Kikyo había estado más al pendiente de él. Y aunque no le insistía propiamente en dormir dentro de la cabaña con ella. Dejaba muy en claro que lo quería cerca de ella.

Es una cabaña muy grande para mí sola, Inuyasha - le había dicho después de un par de semanas de verlo dormir en el árbol frente a donde se encontraba la pequeña cabaña.

Suspiró mientras se acomodaba como cada noche, recostado en la pared junto a la puerta, abrazando a Tessaiga. Pensó en lo irónico de la situación, sobre su haori estaba levemente impregnado el aroma a sakuras de Kagome.

Recordó la mirada de Kagome sobre él y contuvo el aliento, siempre lo hacía cuando veía su dulce rostro iluminarse al verlo. Eso era algo característico de ella, algo que no se había percatado y que había añorado todo el tiempo lejos de ella. Esa mirada chocolatada sobre la suya, dedicada solo a él.

Aquellas visitas fugaces se habían vuelto el momento más esperado de su día. La visitaba todos los días, aunque Kagome no se diera cuenta. La gran mayoría de las veces era por la noche, en donde encontraba a la miko del futuro ya dormida. En esas ocasiones se limitaba a observarla descansar y respirar el dulce aroma de su habitación. Le era más fácil visitarla de esa manera ahora, desde su primer encuentro, Kagome había dejado de cerrar la ventana.

Pese a la petición de ella, él no había dejado de rondarla durante el día. Aunque lo hacía pocas veces, y a una distancia más que prudente, no quería arriesgarse a ser descubierto nuevamente. No podía evitarlo, era su placer culposo y un tanto masoquista. Odiaba aquellas veces en que llegaba a observarla caminando junto a ese sujeto.

Gruñó, había noches en las que podía percibir en ella el leve rastro de aroma de aquel muchacho. Lo odiaba, pero no podía hacer nada al respecto, muchachos como aquel siempre buscarían cortejarla. Gruñó nuevamente, era inevitable, ese tema siempre lograba cabrearlo rápidamente.

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-Señorita Kikyo, muchas gracias por ayudar a mi abuelo el otro día, ya se encuentra mucho mejor.

La miko observó a la joven aldeana, que le tendía en agradecimiento una canasta con lo que parecían ser unos bocadillos de trigo.

- No hay porqué Susaki, es mi deber después de todo - le sonrió.

-Por favor, acepte los bocadillos - insistió la joven - mi abuelo se los manda con mucho cariño. Él la estima mucho, solía jugar con usted cuando era un niño.

Kikyo tomó la canasta, mientras ocultaba rápidamente su sorpresa, a veces, parecía olvidar la brecha de tiempo que se cernía entre ella y aquella aldea.

-Tu abuelo.. ¿es el pequeño Kotaru?

La joven asintió satisfecha.

-Ya no es tan pequeño - río - pero sí. Él solía contarnos muchas historias sobre usted, de lo poderosa que se veía con su arco y flechas, defendiendo la aldea de los bandidos que buscaban la perla de Shikon.

Kikyo dió un ligero traspié. Un sentimiento de opresión rozó su pecho. Que raro, eso era algo que nunca le ocurría a ella. Por un momento, pareció temer nuevamente a la perla.

-Lo recuerdo muy bien - contestó con una sonrisa, ya completamente repuesta - solía jugar con Kaede y los demás niños. Me alegra haberlo ayudado a sentirse mejor.

- Espero los disfrute - comentó señalando la canasta - la había estado buscando en la cabaña de la anciana Kaede, pero no había podido encontrarla, los aldeanos me dijeron que ya no pasa tanto tiempo ahí.

Kikyo contuvo su sonrisa, Susaki era una joven curiosa, a su edad cualquier joven lo era. Sin embargo, no se sentía demasiado cómoda hablando de ese tema, las cosas, no habían estado saliendo tan bien con la cabaña e Inuyasha.

- He estado fuera un poco más de tiempo de lo usual solamente, pero nada de qué preocuparse.

- Claro, tiene muchos deberes que cumplir por los alrededores - continuó la animada chica - lo bueno que el joven Inuyasha siempre está a su lado para ayudarla.

Kikyo contuvo un suspiro. Siempre a su lado, no era precisamente la manera en la que ella lo describiría. Sintió una opresión en el pecho, sinceramente, cuando el hanyou había aceptado levemente sonrojado a vivir con ella en la pequeña cabaña, había creído que las cosas cambiarían, pero más que los contados acercamientos siempre empezados por ella y terminados por él. Todo era igual… tal vez peor.

-Bueno, debo ir a cuidar de mi abuelo - la joven Susaki pareció percibir el cambio en su semblante. Se apresuró a despedirse, dejando a la miko aún sumida en sus pensamientos.

¿Cuántas veces lo había visto marcharse? ¿Todas las noches? Muchas de ellas, cuando creía que estaba dormida. Algunas tardes como aquella también, se escabullía de la mirada de todos, aunque nadie parecía notar su ausencia salvo ella.

Tampoco tardaba demasiado en volver, pero ella podía notar el cambio en su semblante a su regreso, una postura más serena, y una mirada más brillante.

Su pecho dolió nuevamente. ¿Tanto deseaba estar lejos de ella? ¿La había traído a la vida de regreso solo para alejarse de ella poco a poco? La miko que mucho tiempo pareció impasible sintió su mirada cristalizarse con la amenaza de lágrimas.

¿Por qué lo haces Inuyasha…?

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-Gracias Makoto-kun - comentó nerviosa la azabache al final de las escaleras del templo - por acompañarme.

El muchacho ojiazul le dedicó una de sus características sonrisas.

-Vamos Kagome, ¿cuándo vas a presentarme con tu familia? - la miko desvió su mirada - Llevamos ya un tiempo saliendo, creí que habíamos acordado que sería al terminar las vacaciones.

No es tan fácil. pensó Kagome. Seguía sin poder mirarlo, nerviosa. En realidad se le habían acabado las excusas para evitarle pasar.

-B-bueno… solo tenemos un par de semanas desde que regresamos a clases - le miró avergonzada - mi madre se preocupará de que no preste la suficiente atención a las calificaciones.

Miró el suelo sonrojada, ¿desde cuando era una mentirosa? Su hermano no era ningún tonto tampoco, Souta ya había preguntado varias veces por el muchacho que solía acompañarla tan a menudo. No le constaba, pero estaba segura de que ya le había dicho a su madre y abuelo. A su familia no le tomaría por sorpresa conocer a Makoto.

El chico soltó un bufido de broma y la tomó de la barbilla para evitar que volviera a bajar la mirada. Kagome se preguntó si aquellos ojos celestes podrían ver a través de ella y de sus dudas.

-Esta bien… - le contestó con un tono sereno, cálido - esperaremos el tiempo que consideres necesario, Kagome.

La azabache se preparó para lo que venía, conocía esa mirada en el chico. Éste dejó de verla a los ojos para fijarse en sus labios. Se inclinó lentamente, Kagome cerró los ojos y tragó despacio. Sus suaves labios se posaron sobre los de ella como una leve caricia. La mano que sujetaba su barbilla pronto acarició el costado de su rostro. La sensación le era agradable, lo reconocía.

Colocó sus manos sobre el pecho del chico para alejarlo un poco, Makoto se dejó hacer al tiempo que soltaba su rostro.

-Nos vemos mañana, Kag!

La chica se despidió de él al tiempo que lo veía bajar las escaleras. El sol estaba por ocultarse, ya en el templo, saludó a su madre y abuelo de camino a su habitación. Sentía su rostro aún levemente sonrojado por la situación.

Recordó las palabras de Makoto, ¿presentarlo con la familia? Realmente ese no era el problema, y lo sabía. Se regañó mentalmente. En realidad lo que ella no quería era que entrara al templo, no quería que hubiera indicios de él cuando apareciera Inuyasha, lo estaba ocultando de él.

Bufó, ¿Por qué le importaba? Era una tontería, seguramente el medio demonio se pondría feliz por ella, finalmente podría dejar su culpa de lado y alejarse de ella. Dejarla vivir en paz y él a su vez, retomar su vida… Eso era justo lo que ella no quería que pasara.

Entró a su habitación cerrando la puerta tras ella. Sintió un escalofrío en la espalda recorrerla justo antes de que el viento se colara por su ventana junto con aquella presencia más que conocida.

Miró atónita al hanyou tras ella, su expresión era de piedra, esa mirada le recordaba más a su hermano demonio que al mismo Inuyasha. La luz aún entraba por la ventana, era de día ¿Qué hacía en su habitación?

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La confusión en el rostro de la azabache era evidente. Él mismo no sabía lo que hacía en ese lugar, debió haber huido, regresar a su tiempo, evitar que la miko lo descubriera espiándola durante el día. Fingir que no había visto nada. Pero su instinto era más fuerte, casi podía sentir su parte demoniaca querer emerger.

Realmente le había costado controlarlo cuando vio a ese tipo acercarse y besar a Kagome. A SU Kagome. Trató de controlar los gruñidos que comenzaban a formarse en su garganta.

-Inuyasha ¿Qué haces aquí? - preguntó la azabache, claramente extrañada por su presencia.

La miró a los ojos, lucía nerviosa, tenía la boca ligeramente abierta aún por la impresión, miró sus labios y recordó lo que había visto. Ese estúpido humano, tomando su rostro y acecándolo a él. No podía creer lo que veía cuando la vio besarla. ¡Maldita sea! ¡Había besado a Kagome!

-Ese tipo… - se detuvo cuando notó su voz más grave de lo normal - es idéntico a… - La palabra "lobo" bailó en su mente.

-S-su nombre es Makoto - explicó la miko - Si… puede que se trate de la reencarnación de Kouga.

Gruñó. ¡Lo sabía!, siempre lo había sabido. Lo supo desde que escuchó a sus compañeros mencionarlo, lo supo desde que lo vio rondarla, y desde que comenzó a sentir ese olor presente en ella. Ese estúpido sujeto...

Se giró, debía irse, sentía la ira llamear por todo su cuerpo, su instinto era muy fuerte. No tenía nada que hacer allí en ese momento, si quería hablar con Kagome primero debía calmarse.

Sintió a la azabache sujetarlo por la espalda, con fuerza. Tener su menudo cuerpo junto a él, y las pequeñas manos sobre su pecho conseguían relajarlo, respiró entrecortadamente. Estaba actuando sin sentido.

-Inuyasha, no te vayas así - comenzó la miko con un hilo de voz - no quiero que las cosas cambien entre nosotros.

Bufó, las cosas ya habían cambiado. Se alejó de su agarre para poder mirarla a los ojos. La nerviosa mirada chocolate no consiguió apagar sus celos.

-No quieres que las cosas cambien, ¿eh? - él mismo se sorprendió por la aspereza de su voz - Y ¿Qué pasará cuando una noche llegue, y encuentre a ese tipo en tu habitación?

Kagome parpadeó un par de veces, ¿Qué insinuaba?, molesta lo encaró, no iba a permitir que la siguiera intimidando con esa mirada abrasadora.

-¿Qué cosas dices? - le espetó - Qué estés celoso no te da derecho a decir algo así.

-¡Keh! ¿Crees que estoy celoso de ese idiota?

El corazón de Kagome dolió, era cierto. Inuyasha no pensaba en ella de esa forma, ya no. Él tenía a Kikyo. Trató de alejarlo, logrando moverlo lo mínimo.

-¿Entonces por qué te importa? - Las lágrimas amenazaban con salir de sus ojos. - Tú fuiste muy claro, Inuyasha. Tú escogiste a Ki-

-¡Yo no escogí nada, Kagome!

El hanyou la había tomado de los hombros, y la miraba directamente a los ojos. Dorado fundido. Tenía una mirada agitada, rayando en la desesperación. Sus rostros estaban a escasos centímetros uno del otro.

-No he escogido nada. - Su mirada cobró profundidad - Nunca he podido… dejar de pensar en ti.

Kagome creyó que su corazón saldría de su pecho. Estaba segura de que aquella criatura mítica frente a ella podía escucharlo perfectamente. El agarre sobre sus hombros se suavizó, sintió el cálido aliento masculino sobre su rostro. Soltó un jadeo ante las emociones que la recorrían.

Inuyasha…

- Kagome

Cuando sus labios tocaron los de ella, cerró los ojos. Sentía sus piernas comenzar a temblar como una pluma. Los labios de Inuyasha eran tan cálidos y varoniles. Probaban los suyos en una caricia lenta y suave.

Kagome suspiró entre el beso, y lo sintió sujetar su nuca para adentrarse aún más en su boca entreabierta. Contuvo un jadeo ¿Cómo había aprendido ese hombre a mover los labios así? Una punzada en su pecho la paralizó cuando halló la respuesta. Seguramente, en ese tiempo el hanyou había agarrado experiencia con…

Se separó de él de un empujón, dejándole confundido.

-¿Cómo te atreves a besarme?

Observó el orgullo herido en el muchacho un instante que poco le duró. Nuevamente la miraba con fiereza.

-¿Por qué? ¿Acaso ese idiota besa mejor que yo?

La había abrazado nuevamente con sus poderosos brazos, el asalto que estaba teniendo a sus labios se alejaba abismalmente del anterior. Se había arrojado prácticamente a su boca, posesivo como siempre, tomándola con fiereza. Se reprimió por no haber podido contener un jadeo, que le permitió al semi demonio adentrarse más a su boca, su cálida lengua se encontró con la propia. Contuvo un gemido de satisfacción.

¿Qué estaban haciendo? Con la poca cordura que le quedaba buscó apartarlo, sin poder moverlo ni un centímetro. El hanyou notó su insistencia, separándose de ella para verla directamente a los ojos.

Su respiración estaba igualmente agitada, su mirada dorada tenía un matiz oscurecido.

-Kagome…

Su voz había sido un susurro, pero erizó cada poro de su cuerpo.

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N/A:
Hello! Hasta aquí hemos llegado de momento, por fin se rompió la tensión entre esos dos.
Necesitaba llegar a esta parte. Las cosas no serán tan sencillas, pero tendremos más momentos entre estos dos.

Muchas gracias a aquellas personitas que leen y dejan sus reviews. Realmente motivan a seguir :)

Espero nos estemos leyendo pronto!

Kattex