EYE FOR AN EYE

-Sumisión-

El desierto estaba silente, las casas en aquel oasis también en silencio.

Estaban lo suficientemente lejos para ser completamente ajenas al barullo de la ciudad, y era lo mejor, considerando como iban avanzando en sus planes. Al fin tenían una buena pista, algo más seguro, y debían entrenarse cada día, para prepararse para el gran evento. Y ahí, podían hacerlo, sin sentir la mirada del resto del grupo, o de ciudad de Vacuo, en ellas.

Aun no era lo suficientemente fuerte.

Aun no era suficiente para matar a Salem, para disfrutar de aquella satisfacción que vendría pronto, casi podía saborearlo, pero para eso, debía ser indestructible.

Más fuerte que ese monstruo que la esperaba en el rincón más inhóspito del mundo.

Y ese mismo objetivo, era lo que las llevaba a ese punto de no retorno. Eran parias, se mantenían ajenas del grupo, y el grupo se mantenía ajeno de ellas. Lo veía animados, siendo héroes, ayudando en lo que podían, siendo cazadores, salvando el mundo.

Pero ¿De que servía rescatar al mundo si no se detenía al mal mayor?

De todas formas, ellos tenían un plan, y ella también, y quizás sus caminos terminarían coincidiendo. Pero no dejaría que llegasen ahí antes que ella, no, debía terminar el trabajo y ahí podría dejar que los demás se pusiesen la medalla de salvadores, algo que a si misma no le importaba. Lo único que le importaba, era que ellos no se llevasen premio. Así que debía hacerse fuerte, cada vez más fuerte. Invencible, así nadie se metería en su camino.

La sed de venganza la mantenía firme.

Tal y como antes.

Escuchó un disparo en la lejanía, y le sorprendieron sus propios reflejos.

¿Cómo sabía que la bala iba hacia ella?

Porque se lo merecía, por supuesto que las balas irían hacia ella y no hacía sus compañeras, siendo las únicas en ese campo muerto, desolado, marcado con los vestigios del arduo entrenamiento que llevaban a cabo cada día.

Sacó a Crescent Rose de su espalda, sin vacilar, su habilidad activándose, los petalos apareciendo ante lo rápido de su movimiento. Usó su arma como escudo para la bala que venía hacia su dirección, el sonido del metal resonando. Probablemente, si estuviesen en la ciudad, las personas habrían huido despavoridas ante el menor signo de pelea. Pero ahí, nadie lo escucharía.

Giró el rostro, lentamente, dirigiéndolo desde donde venía la bala.

Necesitaba saber quién osaba dispararle por la espalda, quien tenía el valor para hacerle frente, cuando ya con una mirada, alguien inteligente sabría que no tenía sentido darle pelea, al fin y al cabo, no podía morir, e intentarlo era inútil y estúpido.

Notó como su equipo se removió ante el primer disparo, Weiss sacando a Myrtenaster de su sitio, apuntando hacia su supuesto enemigo. Desde su posición no veía a Neo, pero escuchó el movimiento de su arma y el cambio en su postura. Notó también como Penny no se quedaba atrás, poniéndose a la defensiva, lista para que sus cuchillas saliesen de su espalda.

Los otros dudarían, dudaban.

Su equipo no.

Vacilar significaba morir.

En la lejanía notó a alguien, alguien encapuchado, prácticamente mimetizándose con el desierto. Las ropas eran largas, ocultando el cuerpo bajo esta, pero se meneaban con el cálido viento de la zona. Lo único que podía ver con claridad desde su posición, de la persona oculta, era un brillo verde provenir del arma que disparó, ambas apenas tapadas por la tela.

Pero sus sentidos eran agudos, podía distinguirla con una breve mirada.

Thief's Respite.

Si había algo en lo que se considerase buena, era en recordar armas, y no podía olvidar el revolver doble aquel, sobre todo cuando en su momento le fascinó que las cuchillas tuviesen una forma de luna creciente, como la de su propia arma.

El desconocido atacante se sacó la capucha, dejando de esconderse, y sabía quién era antes de verle la cara, sin embargo notó cierta sorpresa de sus compañeras, tal vez no pudieron reconocer a Emerald solo por sus armas, o tal vez la sorpresa se debía al rostro enfurecido de esta.

Odio.

Rencor.

Sed de venganza.

Se vio sonriendo, sin poder contener sus ansias de ver un rostro similar.

Entendía esos ojos, ya los había visto antes.

Había matado a la persona que Emerald más quería, a quien le había dado una nueva vida, a quien le debía la vida. Había matado de una manera lenta y dolorosa a Cinder Fall, quemándola de dentro hacia afuera, y si había alguien en el mundo que le tendría rencor por eso, era esa mujer.

Le gustaba ver ese rostro en las personas.

Ver su propio rostro reflejado en el ajeno.

Se vio soltando una risa, la cuenca de su ojo ardiendo, picando, y se vio llevando una mano a la zona, sin rascarse, pero lo quiso hacer, deseaba hacerlo, las imágenes de Cinder pasando por su mente, sus pensamientos turbios dándole placer, así como la sensación de alivio que quería sentir al rascarse.

No debía, pero como quería hacerlo.

Ahora volvía a sentir ese éxtasis. El que sintió cuando su hermana enloqueció en ira, el que sintió cuando vio los ojos bicolores de Neo mirándola con odio.

Si, era su castigo.

Emerald aún no superaba la perdida, su ira, su rabia, sus ganas de matar debían estar más frescas, más fuertes, intensas. Si, casi podía saborearlo.

El dolor, el ansiado dolor. Una emoción tan fuerte, tan intensa, la haría sentir algo.

Emerald le gritó, pero no le prestó la más mínima atención a sus palabras, aun sintiendo las ondas de éxtasis pasar por sus venas, la anticipación de lo que sería su castigo. Ahí al fin pagaría su castigo por volverse una villana, por mancillarse a sí misma, por mancillar a una pobre niña, llenando su mente inocente de pensamientos repulsivos, de ansias de venganza, de sangre, de dolor.

Si, debía pagar.

Y esa mujer la iba a hacer pagar.

Sintió como Weiss movió los cartuchos de Myrtenaster, preparándose para atacar, y aprovechó de mirar a su alrededor. Penny tenía a Floating Array tras su espalda, girando rápidamente, las cuchillas listas para atacar ante el menor movimiento, así como Neopolitan tenía la cuchilla de Hush fuera de su guarda. Era un enemigo, y debía ser aniquilado, y le gustaba ver como su equipo se mantenía firme, sin vacilar, listas para atacar, tal y como debía ser.

Nadie debía interponerse en su camino, en el objetivo común que tenían, el deshacerse del mal, y así tener la libertad.

Sin embargo, las detuvo, levantando una mano, calmando la guerra que parecía estar desenvolviéndose.

"Es a mí a quien quiere."

Habló, sintiéndose salivar.

No debía de disfrutar de su castigo, pero lo necesitaba, su piel, sus venas lo deseaban, y dio un paso adelante, aun así, se detuvo, solo para sacarse el parche del ojo, como cada vez, sin querer mancillar aquello, la luz, y se la pasó a Weiss, a su humanidad, para que lo mantuviese a salvo, esa era su rutina, su deber, para mantenerse cuerda, para evitar perderlo todo.

No podía dejar que eso ocurriese.

Nadie debía mancillar la luz, ya había sido mancillada demasiado.

"Te voy a hacer pagar por lo que hiciste."

Emerald habló, sin gritarle, su voz saliendo con un volumen bajo y grueso ante lo apretado de sus dientes, y quiso eso exactamente.

Los dos cañones de las armas la apuntaron, sin vacilar.

Y ella caminó hacia su enemigo, sin vacilar.

Era el momento, el deseado momento.

Guardó su arma tras su espalda, sin la menor intención de defenderse, y sabía que Weiss debía estar enojada en ese instante, sabía que esta iba a tirar de su oreja si sobrevivía, e iba a sobrevivir, como siempre, pero estaba dispuesta a pagar por sus estupideces.

Emerald la miró, frunciendo el ceño aún más, no había confusión en su rostro como pasó con Neo cuando no intentó defenderse de sus ataques, por el contrario, simplemente parecía más enojada aun, como si la estuviese insultando, y no era su atención. Solo estaba caminando directo hacia la hoguera, hacía el purgatorio.

Ni siquiera pestañeó cuando Emerald apretó los gatillos de Thief's Respite, las balas resonando al dejar el cañón.

Una, dos, ambas balas llegaron a su cuerpo, ambas venían hacia sus piernas, y si bien notaba la ira en Emerald, también era evidente que el que se estuviese acercando la puso a la defensiva, y lo mejor era detener su avance al dispararle en las piernas.

Era lógico.

Pero por el rostro de la mujer, esta no imaginó que las balas llegarían a su objetivo.

Se quedó inerte, viendo por donde las balas habían entrado, alojándose en la parte expuesta de sus piernas, los dos disparos perfectos, pero no lo suficiente para que estuviesen paralelos el uno con el otro.

Volvió a mirar a Emerald, sintiéndose decepcionada.

De nuevo, sentía decepción.

No sentía nada, absolutamente nada.

Se había acostumbrado a la vida sin tener su aura protegiéndola, ya que sabía que estaba ahí, por algo los petalos aparecían. Y aunque pudiese tenerla de vuelta, aunque pudiese crear esa barrera de nuevo, dudaba que lo hiciera, su necesidad de dolor, de sentir, siendo lo suficientemente fuerte para mantenerla abajo.

No necesitaba protección.

O vivía para vengarse, o moría al recibir un castigo digno del monstruo en el que se había convertido.

Sus heridas no sangraban, su aura la protegía desde adentro, o eso imaginaba, pero aceptaba cada daño, una y otra vez, y así pasó con los siguientes disparos.

Emerald gritó, eufórica, al verla avanzando, al ver como el primer ataque no la detuvo, al ver como sus balas no hicieron mayor daño a pesar de haber atravesado su piel.

Uno, dos, tres, cuatro.

Ambos gatillos no fueron presionados al mismo tiempo, así que notó la desesperación en sus movimientos, incluso una bala rozó su rostro, la puntería desvaneciéndose ante el pánico, esta disparando sin control, y eso no era bueno. Esa inestabilidad no era buena, pero quien era ella para hablar de inestabilidad.

Los ojos rojos de Emerald se llenaron de lágrimas.

Rojos.

Algo pasaba con los ojos rojos, parecían perseguirla, y creyó que eso serviría para hacerla pagar, pero pasó tal y como su hermana.

No eran los de Salem.

No eran su objetivo.

Sin embargo, si necesitaba eso de Emerald.

La rabia siguió, los ataques ahora siendo a corto alcance, ya no más disparos, si no que eran las hojas crecientes que pretendían herirla, pero de nuevo su rapidez era primordial. Ya sabía que esos ataques no le habían hecho sufrir, no había dolor, así que no podía perder más tiempo con golpes que no la harían hervir en éxtasis, hacerla recibir su ansiada catarsis.

Emerald no era la elegida tampoco.

Ni siquiera sacó a Crescent Rose de su espalda, no era necesario, podía esquivar cada uno de los golpes, podía esquivar cada una de las cuchillas, no tenía problema alguno, por algo se estaba entrenando, para desafiar a alguien más grande, a alguien más fuerte.

Todos eran peones en un mundo regido por la reina.

La reina era quien poseía el verdadero poder.

E iba a ser ella quien mancillase a esa reina, quien la hiciera sangrar.

Iba a hacer sangrar a la reina, teñirla de rojo.

Emerald tenía los ojos rojos, tenía rojo en ella, por supuesto, ahí estaba. Se vio riendo sin control, mientras que su rival golpeaba con más rabia conforme la escuchaba, completamente desesperada y enfurecida.

Pero ya no tenía tiempo.

Necesitaba a Emerald, por supuesto, estaba claro. Esta conocía el escondite de Salem, ahora que la tenía ahí, frente a ella, no podía perder la oportunidad de saber más, de estar más cerca de su objetivo. No estaba lista, pero encontrarla era fundamental. Necesitaba empezar desde ahora a formular un plan para su venganza, para la liberación.

Se movió y la tomó del cuello con una de sus manos y la estampó contra uno de los viejos edificios abandonados en esa zona, sin siquiera dudarlo. La mujer soltó un quejido, así como soltó una de sus armas solamente para sujetar su mano, intentar evitar que pudiese ahorcarla, matarla.

Pero matarla no era su intención, no aún.

Escuchó otro disparo, y tuvo que bajar la mirada para ver como el cañón del arma que esta aún mantenía sujeta, estaba justo en su abdomen. Podía saber que la bala había atravesado, así como las otras. No las sentía, pero debía tener varios disparos por todo su cuerpo, no tenía duda de eso, al menos unas diez balas haciendo agujeros en su piel.

Pero si no dolía, no importaba.

No era suficiente para hacerla pagar.

No había dolor existente que pudiese hacerla arder, tal y como merecía.

"Únete a mí, Emerald. Destruyamos a la reina del tablero."

Emerald la miró, sin saber que decir, sus ojos tan sorprendidos como incrédulos, sin entender absolutamente nada de lo que ocurría.

"Salem maltrató a tu querida Cinder, la hundió, la humilló, una y otra vez, ella fue quien guio a Cinder por el camino de la muerte, fue ella quien te la arrebató para siempre."

La soltó, solamente para que esta pudiese hablar.

Emerald cayó al suelo, tosiendo, una mano firme en su garganta. Pero cuando los ojos subieron para mirarla, estos seguían ardiendo, seguían iracundos, llenos de ira, de rencor.

Y se vio sonriendo, de nuevo.

Emerald se iba a mover, se iba a levantar, sus manos a punto de sujetar a Thief's Respite, con la intención de seguir peleando, aunque ya debía tener claro que sus balas no le harían nada, ni los cortes. Esta quería hacerla sangrar, hacerla gritar, hacerla llorar, hacerla pagar por lo que le hizo a Cinder, a quien fue su todo y más, pero no lo conseguiría, no sentiría éxtasis, no sentiría que su venganza sirvió con alguien que no sentía, tal y como sintió Neo cuando la cuchilla de Hush la atravesó, y no hubo mayor reacción a parte de la clara decepción que sintió en ese instante.

Pero no pudo hacer nada, sus compañeras ya estaban ahí, apuntando al enemigo, sin darle oportunidad de escape, o sea, si, podía hacerlo, una ilusión sería suficiente, pero la notaba cansada, la notaba agotada, y no sabía si debía de haber estado en una mala situación, o la perdida aun la tenía sin reponer fuerzas por completo.

Eso no era bueno, tenía que tenerla a su máximo nivel para lograr el objetivo, y si lograba hacerla entrar en razón, debería empezar a entrenarla de inmediato.

"Cinder te dio una oportunidad de ser útil, de tener un propósito, y ahora te ofreceré lo mismo. Si quieres matarme, puedes hacer lo que quieras conmigo una vez que exterminemos a Salem, que la despojemos de este mundo."

Emerald la miró, su enojo sin vacilar.

"¿¡Acaso eres estúpida!? ¿¡Crees que voy a unirme a ti luego de que mataste a Ci-!?"

Los ojos rojos se cerraron, las lágrimas contenidas cayendo. Su voz se rompió, sin siquiera ser capaz de decir el nombre de la persona que perdió. Una lástima. Emerald no era como las demás, aun le faltaba. Seguía siendo cobarde, pero en un ámbito diferente, así que no era tan importante.

Si tuviese cobardía para intentar matarla, ahí ni siquiera se lo habría ofrecido, pero si tenía cobardía para enfrentarse a la muerte.

No era perfecta, pero no todos podían ser perfectos.

"¿Eso es un no?"

Su voz probablemente sonó decepcionada, porque lo estaba. No esperaba que aceptase fácilmente, no era como las demás, era su propia persona, por supuesto que sería diferente, y con el duelo encima, era difícil que lo aceptara, con los recuerdos nítidos en su memoria, con su rostro como el segador que despojó a Cinder de ese mundo.

No era lo mismo que con Neo, donde esta no vio el momento donde perdió a Roman, y de haber estado ahí, su odio desde el comienzo habría sido enfocado en los Grimm, en Salem.

Pero no importaba, podía seguir sin Emerald.

Tal vez su antiguo yo, la niña del pasado, a la cual le brillaban los ojos cada vez que veía a esa mujer capaz y genial, se sentiría un poco mal al hacerle eso, pero no importaba. Ya había destruido a esa niña, muchas veces, ya había roto aquel futuro que esta deseaba, así que no le importaba el seguir destruyéndola.

Al final, con eso, se destruía a sí misma, ¿No?

Los ojos rojos la miraron, aun brillando, ardiendo, y eso era algo que le agradaba ver.

Pero bueno, no había mucho que hacer.

"¿Tu qué crees? Realmente eres estúpida."

Si, era estúpida, sin duda.

Tomó a Emerald del cuello, levantándola del suelo, apretando su garganta, impidiéndole el paso del aire, y volvió a empujar su cuerpo flácido contra el edificio. La escuchó apretar los dientes, ahora ambas manos sujetando la suya.

"Ahora tendré que deshacerme de ti. Si no me eres útil, entonces me estorbas."

Juró que sintió las miradas de sus compañeras en ella. No creía que estuviesen en desacuerdo con eliminar a Emerald, por el contrario, sabían el daño que había causado en Beacon, y luego en Mistral, y que estuviese bajo el mando de Cinder no la disculpaba de sus pecados.

Pero tal vez su elección de palabras no fue la correcta.

Bueno, ya no se preocupaba de eso, estas la entendían, entendían su posición, no la juzgarían, por algo seguían ahí, con sus armas listas por si Emerald intentaba huir usando sus ilusiones. Aun así, empezaba a creer que era el miedo lo que las mantenía ahí, no porque quisieran apoyarla en su misión para matar a Salem, para liberar a la humanidad.

Estaba usando el miedo para tenerlas de su lado.

No era mejor que Salem.

Sentía la cuenca en su rostro picar con fervor, y se vio sujetándose con su mano libre, apaciguando un poco el picor ante la presión de su palma sobre su ojo robótico.

Era una pecadora, que iba a eliminar a una pecadora. No tenía el derecho a hacerlo, por eso sentía la zona picar, arder, porque con sus pecados encima no podía hacer algo semejante. Pero un héroe no haría eso. Un héroe no ajusticiaría como se debía.

Siendo un héroe, no tendría la satisfacción que necesitaba, que la haría sentir de nuevo.

Había personas que no tenían remedio, que no tenían expiación, y probablemente ella misma estaba en esa lista, por lo mismo esperaba que un pecador la hiciese arder, solo un poder tan grande como el suyo, un pecado tan grande como el suyo, podría destruirla.

"Adiós, Emerald."

Le dijo, mientras dio un paso adelante, aplastando aún más la garganta ajena. Podía sentir la palma enterrándose en la zona, sintiendo la tráquea en toda su gloria, así como sus dedos se enterraban en la carne, como garras.

Así mismo la sujetó Cinder aquella vez, con su garra maldita, y ahora que lo pensaba, no sentía tanto dolor en aquel entonces, aun le quedaba algo de humanidad, y ahora ya no le quedaba nada.

Emerald dijo algo, pero creyó que era un sonido como los anteriores, solo su respiración y su desesperación saliendo por su boca como sonidos difusos e irreconocibles, pero este fue diferente. Algo le quería decir, pero no iba a soltarla, no iba a perder más tiempo.

La mano, una de las que sostenían la propia, se movió, lo suficiente para darle tres golpes en el antebrazo.

Me rindo.

Entendió el mensaje, pero no había rendición.

Los ojos rojos la miraron, ahora diminutos, las venas rojizas tiñendo las blancas escleras ante la falta de oxígeno, y notó la súplica en su rostro, la desesperación.

Así era Emerald, así era Emerald con Cinder.

Soportaba los gritos, los golpes, soportaba el constante abuso, porque era lo único que la mantenía a su lado. Con tal de ser útil, de tener un propósito, de permanecer como el perro fiel, la hacía capaz de mantenerse ahí a pesar del sufrimiento constante.

Quizás si era apropiado que esta estuviese ahí, a su lado.

La soltó, dejándola caer nuevamente al piso, esta tosiendo incluso más que antes, su garganta intentando con todas sus fuerzas el reponerse de tal ataque. Podía ver sus dedos aun enterrados en la zona, la marca antes más clara que el color oscuro de su piel, pero ahora se tornaba rojiza.

Mas rojo.

Se quedó mirando a la mujer tirada en el suelo, su tórax creciendo con cada bocanada de aire, esperando eternamente a que se repusiera, que al fin hablase.

"¿Vas a aceptar, o tendré que seguir ahorcándote?"

Emerald levantó el rostro, podía notar saliva cayendo por sus labios, así algo de sangre. Sus ojos se veían cansados, así como su rostro, y si ya lucía destruida cuando apareció, ahora era incluso más.

Pero notaba algo diferente en su mirada.

Resignación.

La resignación de alguien que no quería morir, que no quería perecer, que aún tenía un objetivo en la mira, y por ese objetivo seguiría adelante. Si, dejarse morir era cobarde, pero vivir con el dolor era algo que solo alguien inmensamente fuerte sería capaz de hacer.

"¿…Como sé que me dejarás matarte?"

Ladeo el rostro, pensando.

La voz ajena sonó completamente irreconocible ante el desgaste de su garganta, ronca y rota, pero seguía teniendo ímpetu, y admiraba eso, la fuerza, la convicción, la resistencia.

¿Iba Emerald a ser esa parte de ella?

"Diría que no rompo promesas, pero ya no soy aquella persona. Solo tendrías que confiar en mí, y tener mi cuello a tu alcance debería ser suficiente garantía."

Se vio apuntando a Neo, la cual ya había relajado su postura.

"Pero debes dejar que Neo me rompa un poco, se lo prometí primero."

Neo soltó un bufido molesto.

Honestamente, no tenía idea si Neo seguía con la idea de matarla, pero considerando el tiempo que llevaban recorriendo el mundo, lo dudaba, pero seguía ahí a pesar de todo, seguía viendo ese fuego en sus ojos, sin ser extinguido, aunque pareciera más una compañera que una enemiga a estas alturas.

A su derecha, Weiss parecía pensativa, y sabía que esta la iba a regañar cuando la cosa se calmara, lo tenía claro, pero le gustaba ver a Weiss enojada, así como solía sonreírle a pesar de que no se lo mereciera. Se enojaba porque la quería, porque no la quería ver morir, ver sufrir, pero ya habían dejado todo claro, y Weiss aceptaba el camino que había escogido, por algo estaba ahí, ayudándola a garantizar la paz mental que necesitaba para que su alma al fin se fuese al infierno.

Iba a cerrar un ciclo, al fin.

Emerald asintió, aceptando su destino, la segunda oportunidad de vivir, o tal vez la tercera, o la cuarta de su existencia. Morir no era una opción, y eso le agradaba, quizás esas ganas de vivir era algo que a su ser le faltaba, así que era bueno que estuviese ahí, para recordarle que aún no podía morir.

No aún.

Penny se acercó a levantar a Emerald del suelo, y al parecer le dijo algo, su ceño ahora fruncido.

Por supuesto que habría rencor, de todas formas, Emerald fue la principal causante del accidente que acabó con esta la primera vez, en Beacon. No tenía idea que le dijo, pero le hubiese gustado saberlo, porque por el rostro de Penny, no parecía estar muy feliz, y le gustaba verla así, sintiendo tanto cosas malas como buenas.

Sintiendo más de lo que estaba programada para sentir.

Humana.

Sonrió, mirando hacia el cielo brumoso del desierto, notando el sol ardiendo, listo para desaparecer entre las dunas.

Lo sentía, ahora estaba más cerca de su objetivo.

Ahora nadie podría detenerla.

Solo un poco más.