CORRUPTED BODY

-Transformación-

Podía ver sangre por doquier.

Sobre todo, donde sus enemigos antes yacían.

Los lobos habían rodeado todo, los veía moverse como la jauría que era, siguiendo los comandos del Alpha, desesperados avanzando a sus víctimas como una estampida, y sin importar lo que hicieran, sin importar cuantas balas chocasen con sus cuerpos efímeros, seguían avanzando, apareciendo más y más.

La manada creciendo.

Escuchaba a Ruby rugir fuertemente, ensordeciéndola por un momento, sus llamados atrayendo a más Grimm, a más Beowolves.

No había oportunidad.

Cinder no tenía oportunidad.

Ni siquiera Emerald ni Mercury tenían oportunidad de sobrevivir a tal ataque.

Siguieron la pista de sus enemigos, o más bien, Ruby siguió la pista, como un sabueso, y llegaron a su objetivo. Era demasiado tarde para Ruby, así que tomó la decisión de ir a por sus enemigos, que, si iba a desaparecer de ese mundo, prefería llevarse con ella a todos los que causaron semejante daño.

Y apenas se vieron, apenas se encontraron en ese terreno baldío, el instinto de Ruby apareció, furioso, claramente seguía teniendo a Cinder en la mira, a pesar de no haberse notado mayor rencor, resignándose a esa vida, más que buscando venganza, al final, Ruby era una heroína, siempre lo era, a pesar de llevar encima nada más que oscuridad.

Así que debía hacer lo correcto, debía eliminar a Cinder y acabar con todo, y tanto su humanidad como su lado Grimm cooperaron para lograrlo. Y Ruby habiéndose transformado en una bestia, sumado a las capacidades que ya tenía, se volvía una cazadora imparable.

Nunca tuvo duda de eso.

Frente a frente, ambas batallaron, sin parar, los dos bandos enfrentándose, las balas resonando y si, fueron más capaces de pelear que hace meses, cuando se encontraron por ultima vez, cuando se vieron en la zona de guerra, cuando las creaturas aparecieron, llenando el lugar de piscinas negras, atrayendo más monstruos.

Ahora era diferente.

Sus objetivos ya no tenían forma de atraer a las bestias, de tener esa ventaja que su maestra les daba, pero Ruby si, rugiendo, los Beowolves acudiendo al llamado, saliendo de la nada misma, sin detenerse, sin vacilar, avanzando para buscar a la presa.

A buscar a Cinder.

A la presa de Ruby.

A la presa de su Alpha.

Desvió la mirada, no pudo seguir mirando, la situación se había salido de control. Ellas ni siquiera tenían que meterse a la batalla, los monstruos manteniendo la situación a raya, pero la mera idea de ver las mandíbulas mordiendo carne, la hacía sentir nauseabunda. Nunca le gustó ver a los Grimm asesinando personas, incluso si se trataba de sus enemigos.

Ahí recién tuvo la fuerza de mirar a Ruby.

No la había mirado, su cuerpo atento por si aparecían más bestias, por si debían seguir peleando, por si debían mantener su posición y seguir adelante, por si aparecían más enemigos, pero ahora, ahora tenía tiempo de hacerlo, sabiendo que los lobos tenían la situación bajo control, tal y como esa vez, cuando Ruby cayó en la piscina oscura, cuando el caos arremetió, cuando el Grimm aquel apareció, dispuesto a matarlas.

Su llamado les salvó la vida, los Beowolves protegiendo al líder, siguiendo las ordenes, matando sin dudar.

Y ahora no era diferente.

Pero si había algo preocupante.

No era como antes.

Ruby iba cambiando, Ruby iba mutando, su cuerpo corrompiéndose más y más. Cada vez que enloquecía, cada vez que sus ojos se teñían color sangre, una pieza de hueso aparecía en su piel, a veces pequeñas, a veces más grandes, a veces notorias, a veces pasaban desapercibidas.

Pero ahora…

El grito de Ruby, su rugido, se volvió más desgarrador, más animalesco, y se enfocó en su rostro, se enfocó en el cráneo cubriendo su rostro, prácticamente por completo. Era el cráneo de un lobo sobre su rostro, ahora además con la mandíbula, ya no era solo ese trozo, ese antifaz como en un comienzo, no, ahora se notaba que su corrupción había llegado al límite, y también era claro por su postura, como su cuerpo se encorvaba, parte de su ropa desgarrándose con lo mucho que crecían las piezas de hueso.

Se quedó inerte, sabiendo lo que estaba ocurriendo.

El momento que tanto temió había llegado, antes de lo que imaginó, antes de lo que deseó.

Sintió pánico, y miró a Blake, los ojos ámbar de esta pegados en Ruby, sus orejas moviéndose de un lado a otro, en un pánico similar al propio. Luego esta miró su arma, pensando, recordando lo que Ruby le dijo, lo que Ruby le había pedido, su ultimo favor, el favor antes de su muerte, de su final.

La promesa.

Y ahí, notó determinación en Blake.

Era su deber.

Era el final.

Ruby había perdido su humanidad, había sido corrompida por completo, y si bien sabía que el día llegaría, no estaba preparada.

Pero no era la única que no estaba preparada para dejarla ir.

Yang notó lo que pasó por la mente de Blake, conocía a su compañera mejor que nadie en el mundo, así que le fue fácil saber que esta iba a cumplir con su promesa, que iba a matar a Ruby, que le iba a hacer el favor, que iba a liberar lo que quedaba de su alma humana, y le daría un final digno.

Pero Yang no estaba de acuerdo, tal y como dijo Ruby, que esta no sería capaz de hacerlo, de matar a su pequeña hermana. Sin embargo, Ruby jamás logró prever que Yang no solo no la mataría, si no que no dejaría que nadie la matara.

Así que Yang se tiró sobre Blake, dispuesta a pelear contra su compañera para salvarle la vida a su hermana, impidiendo que esta lograse dar el primer golpe.

Protegería a Ruby.

Pero…esa ya no era su hermana.

Por su parte, cayó al suelo, sus piernas débiles y temblorosas, sus ojos celestes fijos en Ruby, en el cuerpo ajeno encorvándose, en el rostro apenas visible dentro del cráneo, en los rugidos animalescos, carentes de humanidad.

Ya era tarde, no había nada que pudiese hacer.

No fue suficiente, no hizo suficiente.

Siempre fue una inútil, y ahora aquel peso se sentía más pesado que nunca.

Empezó a llorar, mirando sus manos ahora enterradas en el suelo, los copos de nieve formándose en su piel ante su inestabilidad emocional.

Necesitaba tiempo, si, solo así lograría salvar a Ruby, pero debió darse cuenta hace mucho que tiempo no le quedaba. Cuando la vio pelear con aquel Beowolf Alpha, esta ya parecía a punto de perderse para siempre, y por supuesto que sería Cinder su gatillante, a quien escogió para hacer su ultimo labor como Cazadora, como heroína.

Y Cinder merecía el castigo.

De no ser por Cinder, seguirían en Beacon, se habrían graduado, habrían cumplido su sueño de ser cazadoras, y seguirían adelante como equipo, viajando de un lado a otro salvando a las personas, pero no, sus vidas se arruinaron, una y otra vez.

Ahora estaba muerta.

Cinder estaba muerta.

Ni siquiera podía reconocer su cuerpo entre el caos que los lobos dejaron, estos aun peleándose entre ellos para obtener más comida, para destrozar aún más los cuerpos ya inertes bajo sus garras.

Se había ido para siempre.

Así como Ruby.

Su Ruby.

Escuchó caos, podía ver de reojo como Blake y Yang se revolcaban por el suelo, una intentando asesinar a Ruby y la otra desesperada para evitarlo. Ambas luchando incansablemente para quitarse a la otra de encima, intentando convencerse, sin tener que usar la fuerza, sin tener que herir a quien más querían para lograr sus cometidos.

Por su parte, no podía dejar de mirarla, de mirar a Ruby.

No quería dejar de mirarla, nunca.

Estaba tan agradecida de tenerla, de haber sido compañeras, ¿Cuántas veces Ruby la salvó? Y por su parte no pudo ayudarla, no pudo devolverle su humanidad. Era una pésima compañera, su apoyo era irrelevante.

Solo tenía un trabajo, y no lo logró.

Siempre fallaba.

Nunca lograba ganar una sola batalla, por supuesto que tampoco lograría aquello, debió saber desde un principio de sus limitaciones.

Golpeó el suelo con uno de sus puños, el copo de nieve de su mano brillando ante sus emociones abrumadoras. Ni siquiera sintió dolor alguno, y luego de todo ese tiempo sometiéndose a los antídotos, a las pruebas, se sentía inmune al dolor, ya que sufría incontables martirios en aquel lugar.

Moriría por salvar a Ruby.

Y ni así lo logró.

Golpeó de nuevo, sintiéndose que merecía aquel dolor, aquel castigo, por no haber hecho suficiente, por no haber conseguido nada, y escuchó algo caer.

El frasco.

Su último experimento fallido, doloroso, como todos. El tener el vial del antídoto con ella le recordaba que tenía que seguir adelante, que tenía que seguir probando con muestras diferentes hasta conseguir el resultado deseado.

El tener el vial le recordaba que no podía detenerse.

Que debía seguir adelante, para salvar a Ruby, para salvar a su salvadora.

Sujetó el frasco en su mano, el líquido azul moviéndose dentro, enloquecido, volátil, como era el Dust.

Luego miró a Ruby, su vista aclarándose, las lágrimas deteniéndose.

Ya la había perdido, así que ya no tenía nada más que perder. Tenía el antídoto en caso de emergencia, y ahora, era una emergencia. Pero Ruby no lo tomaría, no tenía la conciencia para hacerlo, para beberse el contenido.

Solo tenía una oportunidad, y tenía que moverse rápido. Si su lado Grimm no destruía su humanidad, sería Blake al enterrar su cuchilla en el corazón de esta.

Se levantó, y apuntó con la punta de su arma hacia Ruby, giró la cámara, buscando el vial de Dust indicado. Respiró profundo. Al menos agradecía que Ruby se moviese lentamente, transformándose, aun así, necesitaba un golpe preciso.

No podía fallar, no ahora.

Entonces, activó el mecanismo.

Frente a Ruby, levantó una pared de piedra, a milímetros de su rostro. El movimiento fue preciso, y fuerte, más que nunca, ya que necesitaba la fuerza suficiente para romper hueso, y eso hizo. Escuchó las piezas de hueso caer lejos de su dueña, todo el hocico duro partiéndose, mientras esta soltaba un alarido, como un animal malherido, y sintió su pecho apretarse, pero no iba a dudar.

Debía darle su humanidad, devolvérsela.

Aunque sea en ese estrepitoso final.

Ruby no alcanzó ni a notar que ocurría, moviendo su rostro de un lado a otro, sabiendo que había perdido parte de su cráneo, pero no hallaba culpable más que la pared que se presentaba frente a esta. Podría saber que había sido ella, usando su cabeza, pero era claro que no podía razonar.

Era una bestia, se había corrompido hasta ese punto, sin retorno, pero de nuevo, por lo mismo no tenía nada que perder.

Miró el vial por última vez, antes de abrirlo y verter el contenido dentro de su propia boca. Podía sentir lo volátil del denso liquido en su lengua, como tantas otras veces, y por poco y se lo traga, ante la frecuencia en la que lo hacía. Un mero impulso ante la rutina.

Pero ahora no debía, no era para ella.

Usó sus sellos para avanzar velozmente hasta Ruby, para tomarla desprevenida, y funcionó.

Tomó a Ruby de las mejillas, sintiendo los trozos de hueso restantes aun pegados a su piel, pero ya no había nada que protegiese su rostro, su nariz, sus labios. Los ojos rojos la recibieron, enloquecidos, sin siquiera percatarse de quien era, completamente ajena a su humanidad, ahora nada más que una bestia más de la oscuridad.

No dudó, se aferró a esta, y agradeció cada momento en el que esta se quedó quieta, sin intentar herirla. O era suerte, o Ruby se había acostumbrado a tener cuidado con ella, a comportarse, y podía hacerlo ahora por inercia, al fin y al cabo, el lado Grimm de Ruby nunca la había lastimado, por el contrario.

Debía hacerlo.

No tenía tiempo.

Solo quedaba esa última oportunidad, o la perdería para siempre, la humana desapareciendo entre huesos, pelaje y oscuridad.

Entonces, la besó.

No se había dado cuenta de cuanto anhelaba aquello hasta que tuvo los labios ajenos en los suyos, pero intentó concentrarse en su acto, el dejar de lado la emoción y la tristeza que le generaba la situación, y se enfocó en obligar a que Ruby se tragase hasta la última gota del antídoto, moviendo su rostro hacia atrás para que el líquido pasara por su garganta sin problema.

La escuchó tragar.

Los ojos rojos se tiñeron de azul de inmediato, brillantes, tal y como los propios, y se vio alejándose, sabiendo lo que vendría.

Sabía exactamente lo que pasaría, y no estaba preparada.

El alarido que Ruby soltó era humano, era dolorido, era desesperado, era desgarrador.

Se vio en el suelo, de nuevo, llorando al verla.

Ruby cayó, su cuerpo revolcándose, sufriendo, sus venas tiñéndose de azul, así como antes se teñían de rojo. La veía gritar, la veía patalear, la veía aferrándose al suelo, a la tierra, a sus propias ropas, sus garras llegando a rasgar su propia capa, sus movimientos completamente irracionales llevados por el dolor.

Había sentido ese dolor, pero creía que Ruby estaba pasando por algo incluso peor.

En ella, el antídoto intentaba eliminar algo que no existía, pero en Ruby, estaba lográndolo, así que debía sentirse horrible.

La oía jadear, mientras parecía querer desgarrarse la piel, sacársela, liberar su carne de aquel dolor en sus venas. Vio como sus garras rozaron su piel y se vio apuntándola de nuevo con su arma, ahora escogiendo un frasco diferente de Dust, y rápidamente congeló a Ruby, dejando su cuerpo completamente inerte por el hielo.

Siguió llorando y no despegó la mirada de la escena, ahora habiendo atado a Ruby a una posición, sus manos ahora no podían hacer nada para mermar el dolor, pero tampoco podían causarse aún más daño, pero sus gritos se seguían oyendo.

Siempre se oían.

No le gustaba ver a Ruby sufrir, pero verla sufrir por su culpa, era incluso más doloroso.

Jamás se perdonaría a sí misma.

Creyó que liberar su alma de la corrupción, que darle una muerte digna, humana, no sería así, que sería más pacifica, pero se equivocó.

Blake y Yang ya no peleaban, si no que miraban la escena, perplejas.

Hubiese deseado que Blake la matase antes de que cometiese el error de darle el vial, antes de que cometiese el error de hacer pasar a su compañera por aquella tortura.

Se quedó inerte, ya sin poder mirarla, sin poder ver lo que había ocasionado, no era tan fuerte, y solo podía insultarse a sí misma, en silencio, por cometer tal delito, tal estupidez, y daría lo que fuese por estar ella en esa posición, y no Ruby.

Los gritos siguieron, hasta que empezaron a perder fuerza.

Vida.

Ruby iba a morir, si o si, o por el Grimm tomando su cuerpo o por la espada de Blake, y tenía claro que la muerte que le había dado ella era la más horrorosa.

Luego de minutos eternos, los gritos se detuvieron.

Levantó la mirada, viendo a Ruby aun atrapada en el montículo de hielo, el cual se iba derritiendo conforme pasaban los segundos. Su rostro caía gacho, sin fuerzas, débil, y ya no escuchaba su voz, ni sus jadeos, ni siquiera su respiración.

Al final, Ruby había muerto.

Se vio arrastrándose hacia ella, obligando a que el hielo desapareciera de una vez por todas, y estuvo ahí para sujetar a Ruby, cuando esta cayó flácida al suelo. La sujetó, se aferró a ella, la mantuvo cerca, sintiendo su cuerpo frio, inerte.

Era ese su peor error, y jamás se perdonaría por darle un final tan doloroso a quien más quería en el mundo, por hacerla sufrir así.

Lloró más, enterrando el rostro de Ruby en su pecho, enterrando su propio rostro en el cabello de esta, intentando estar lo más cerca posible, como si eso pudiese ayudar a que su alma se fuese en paz, como si su llanto pudiese ayudarla a redimirse.

Podía oír como su llanto se mezclaba con el de Yang, a unos metros de ellas, mientras Blake intentaba apaciguar su dolor.

Nada podría apaciguar ese dolor.

Escuchó algo duro caer, y bajó la mirada, sus ojos aun viendo todo borroso y nublado ante el llanto, y notó como lo que quedaba de hueso en el rostro ajeno, caía. Cada trozo de blanco se separaba de la piel con facilidad, como si nunca hubiese estado pegado con firmeza, como si nunca hubiese sido uno con la piel, con el esqueleto humano.

Pronto vio el rostro de Ruby por completo humano, y se vio mirándola detenidamente, notando la paz de la muerte en sus facciones.

No más dolor, no más enojo, nada.

Libertad.

Los trozos grandes en su espalda también cayeron, poco a poco, cada trozo de hueso cayéndose, separándose de la piel. Y solo podía alegrarse de una cosa, y era de que al menos el cuerpo de Ruby, de su compañera, de su heroína, quedaría libre de Grimm.

Se podría ir lo más humanamente posible.

Volvió a apegarla a su cuerpo, hundiéndose en el cuerpo ajeno, disculpándose, una y otra vez en voz baja, solo para que Ruby la oyese. Aunque Ruby ya no la oía.

Ruby ya no estaba ahí.

Ruby estaba en un lugar mejor.

Sin peleas, sin maldad, sin rencor.

Sin Cinder, sin Salem, sin Grimm.

Sintió un cosquilleo en su mejilla, y se obligó a mirar la razón.

Una de las orejas de Ruby se había movido.

Se quedó inerte, sin palabras, mirando la oreja peluda con detención, esperando otro movimiento, sabiendo que podían ser espasmos post mortem, así que no se dio la más mínima falsa esperanza, sin embargo, si sintió cierto alivio de verla moverse, aunque supiese cual era la verdad.

Pero de nuevo se movió, una, dos veces, y se volvió a decir que era solo un espasmo, nada más.

Hasta que la escuchó quejarse.

No podía ser.

La sujetó de los hombros y la movió para que sus rostros se topasen.

La vio fruncir el ceño mientras apretaba los dientes, quejándose. Los ojos, plateados, brillantes, se abrieron levemente, pesados, débiles.

No podía creer lo que veía, y su raciocinio la obligaba a creer que todo eso era parte de su imaginación.

Pero elegía seguir sus instintos.

"¿Ruby?"

Le habló, y los ojos cansados la miraron, enfocando lentamente. Se veía destruida, jadeando, recuperando el aliento, su garganta resonando con cada movimiento de su pecho. Pasaron unos segundos hasta que al fin esta le ofreció una sonrisa, débil, pero una sonrisa al fin, y aquello le hizo llorar incluso más.

"A-acabo de tener la pesadilla dolorosa del mundo, lo único bueno fue que al final me besabas."

Ruby le dijo, su voz ronca y rasposa, mientras soltaba una risa, su cuerpo notándose dolorido con el mero gesto. Rápidamente esta dio un salto, más vivida, más despierta, removiéndose sorprendida y avergonzada al notar lo que acababa de decir, y se vio sonriendo al verla así, tan normal, tan Ruby.

Viva.

Hace tiempo que no la veía así.

La muerte persiguiéndola quitándole aquello, resignándola a la muerte, con nada de esperanzas ni felicidad en su ser.

"No debería haber dicho eso."

Esta habló, rápidamente, su voz sonando más aguda, más normal, y su rostro ahora completamente humano tomó algo de color.

El beso. Cierto.

Realmente debió haberlo hecho antes.

Pero no fue lo suficientemente valiente, y con Ruby así, cerca del final, no podía enfocarse en nada más que salvarla, aunque tenía claro que el sentimiento sería bien recibido. Ruby siempre demostrándoselo con actos, estos muchos más evidentes ante su trasformación, sus impulsos haciéndolo obvio.

Era evidente.

A pesar de todo lo malo, adoró la honestidad que Ruby tuvo en esos momentos.

Volvió a acercarse, y la besó de nuevo, a su Ruby, no a la bestia que la había consumido, y escuchó con claridad un chillido de sorpresa escapándose de esta, pero no la quitó, para nada, por el contrario, sintió las manos ajenas aferrándose a su cintura, el beso siendo correspondido sin demora.

No alcanzó a decir nada cuando se separó, más que reír, al ver a Ruby con los ojos abiertos y sus orejas bien erguidas. Cuando esta iba a decir algo, vio como Yang le cayó encima, abrazándola, sus ojos lilas hinchados por el llanto. Ruby solo rio luego de superar la sorpresa, abrazándose a su hermana, como no lo había hecho desde hace mucho, disfrutando de estar viva.

Por su parte, dio un salto cuando sintió a Blake a su lado, los brazos de esta rodeándola. Pudo distinguir la gratitud proviniendo de esta, como parecía agradecerle, y lo entendía, Blake debía cargar con la muerte de Ruby, pero le quitó su deber.

Y por suerte lo hizo. Por suerte sirvió.

Fue doloroso, fue horrible de ver, pero estaba viva.

Ruby estaba viva.

Se arrepentiría de muchas cosas, pero jamás de salvarla.