EYE FOR AN EYE
-Liberación-
…
Sentía su cuerpo tal y como cuando despertó luego de matar a Cinder.
Inerte, en una camilla.
Si, ahí estaba.
Viva.
Podría haberse alegrado, haber disfrutado que no fue su final, que los Dioses le habían dado una oportunidad de seguir con los vivos, de enderezar su camino ahora que tenía a la luz a su lado, pero…
No estaba sola.
Podía escuchar ruido a su alrededor, bastante, voces hablándose entre ellos, una pelea, o una discusión, y no podía distinguir que era lo que decían ante lo nublada que tenía la cabeza luego de despertar, pero si sabía con seguridad que no era su equipo quien hablaba, porque no eran sus voces, no eran sus olores, no eran sus movimientos.
Se había acostumbrado a estar rodeada de esas cuatro mujeres, de su equipo, y se dio cuenta que no estaban ahí, aquello haciéndola sentir ansiosa.
Nunca estaba sola, nunca estaba sin ellas, mucho menos con el resto del grupo.
Solo estaban ellos.
Sus enemigos.
Había vivido, la muerte de Salem no fue suficiente para redimirla, para castigarla, no, pero lo imaginó, imaginó un final así, donde el universo no le daría lo que su cuerpo tanto ansiaba. También sabía que ese día llegaría, donde ese grupo se tiraría a su cuello, donde tomarían la sabia decisión de detenerla antes de que fuese demasiado tarde, antes de que siguiese mutando y se convirtiese en un villano más, aunque ya lo era.
Pero debían detenerla, por supuesto, era lógico.
Y luego de lo que vieron, luego de como vieron a Salem, debieron darse cuenta de que se había vuelto demasiado fuerte, y que en cualquier segundo no podrían darle caza, no tendrían el poder para hacerlo.
Ni siquiera todos ellos lanzándose encima.
Pero debía abrir los ojos, debía verlos, debía asegurarse de sus intenciones.
¿Y qué haría entonces?
No podía matarlos, por mucho que sus instintos se lo suplicasen. Se había vuelto adicta a la sensación aquella, a la de tener la vida de alguien en sus manos, así como tenía la vida de sus compañeras.
Era igual que esas dos mujeres.
Que Cinder, que Salem.
Pero sentía que ya no tendría perdón si mataba a los héroes de la historia, ahí ya no tendría salvación alguna.
Finalmente, abrió los ojos.
La luz de la habitación era brillante, por las ventanas entraba la luz matutina, era temprano, quizás demasiado. De inmediato vio colores a su alrededor, demasiado nítidos.
Su ojo izquierdo, su ojo falso, podía ver las figuras con facilidad, podía distinguir rostros en la distancia con precisión, aumentando su rango visual, pero su ojo derecho, era más nublado, más oscuro, pero los colores parecían brillar incluso más de lo normal, como los de una bestia oliendo su presa, viendo el color del calor de sus cuerpos humanos.
Así que el ojo, su premio, seguía ahí.
No fue aniquilado como creyó, desapareciendo ante la eliminación del mal.
Era extraño ver ambas visiones tan diferentes, juntas, pero no le molestaba.
Lo que le molestó, era no tener el parche sobre su ojo.
Su humanidad.
¿Dónde estaba Weiss con su humanidad?
¿Dónde estaba?
¿Dónde estaban?
Empezó a sentir el calor subirle a la cabeza, la ira avanzando, cuando debía mantener la calma y averiguar que ocurría. No, claramente no tenía a Weiss al lado para mediar entre ambos bandos como solía hacer desde un comienzo, o a Penny para que le hablase sobre probabilidades y cálculos que siempre lograban hacerla sentir más segura con sus decisiones, por muy erróneas que fuesen.
Tampoco tenía a sus dos antiguas enemigas, quienes le salvarían el pellejo, porque solo ellas tenían permitido hacer tal acto homicida. Nadie le tocaría un solo pelo con esas dos presentes.
Estaba sola, con un montón de personas que conocía hace tanto, pero cada día se volvían más desconocidos a sus ojos difusos, cada día cambiaban, hablaban diferente, pensaban diferente, o tal vez era ella misma la del problema en la ecuación.
Y se lo creía.
Era la pecadora, tenía sentido ser la raíz del problema.
Estos la observaron, se dieron cuenta de su consciencia, y los rostros frente a ella variaban entre la preocupación, el rencor y la desconfianza.
Vio rostros similares cuando sus caminos cambiaron en Atlas, pero jamás creyó verlos tan intensos. Sobre todo, el de su propia hermana. Ya habían peleado una vez, y no le importó el mantener su máscara en alto con esta, porque sabía que jamás podría lastimar a Ruby, a su hermana, por mucho que no fuese nada más que un ser inexistente en su cuerpo sucio.
Ya ni siquiera tenía los ojos de Ruby para ganar tiempo.
Pero ahora, Yang no parecía dudar, no dudaría más.
Ya no había luz alguna en ella, lo entendía.
Pero no se iba a dejar morir, no ahora que estaba cerca de la luz, que estaba cerca de la salvación, no podía morir ahora.
"¿Hay algún tipo de reunión de la que no me había enterado?"
Habló, intentando mantener un papel, mientras volvía a mirar al grupo frente a ella.
Estaba en problemas.
Si, sobreviviría, pero dudaba poder escapar sin matar a alguien, y tendría problemas si lo hacía, no era lo más inteligente. Además, todos tenían sus armas, todos estaban preparados para atacarla, y nadie parecía estar de su lado.
Sintió picor en su cuenca, ahora ambas, y deseó rascarse.
Pero eso mismo le dio una idea.
No tenía su scroll, ni tampoco su parche, lo cual era una desgracia, pero si tenía aquel invento que Penny hizo, una especie de botón de pánico detrás de su ojo robótico. Se les ocurrió hacer algo así antes de ir a la fortaleza de Salem, sabiendo que había una posibilidad de necesitar la ayuda de su equipo, y aquello les daba un aviso, y no solo eso, si no que les daba su posición exacta.
No les costaría encontrarla, ni en el lugar más perdido del desierto.
Solo tenía que apretar su ojo. Solo tenía que rascar la parte trasera de su ojo, y sentir el placer de que el picor desapareciera.
"Estábamos discutiendo acerca de que hacer contigo."
Fue Yang quien habló, y usó ese momento para llevar su mano izquierda a su ojo robótico, usando su palma para apretarlo. Escuchó un clic, que nadie más debió oír, porque estaba dentro de su cabeza.
Era su secreto.
Soltó una risa, intentando fingir demencia.
Aunque ya estaba demente.
"¿Qué hacer conmigo?"
Se removió de la cama, sentándose, mirando ahora de mejor manera a las personas frente a su camilla. Notó como más de alguien dio un salto de alerta con su movimiento. Blake y Oscar, en particular. Parecían los más preocupados con la situación. Blake haría lo que sea que Yang eligiese, y Oscar tendría que acatar cualquier decisión que el grupo tomase.
No tenían voz ni voto en la situación.
Si, había llegado el día.
Iban a matarla.
Antes de que el mal creciera.
Y ahora, con ese ojo en su rostro, debía verse más como un objetivo, una presa para esos cazadores, el mal encarnado, los vestigios de Salem.
Yang cerró la boca, sin ser capaz de decirlo, sin ser capaz de decirle que la mataría. Una cobarde, incluso para eliminar el mal en su hermana.
Lo supo desde el comienzo.
La mano de Jaune estaba sobre el mango de Crocea Mors, así como las manos de Ren fijas en Storm Flower, sus dedos listos para apretar los gatillos. Ellos no dudarían. Ya la miraron con cierto desprecio cuando ocurrió la separación en Atlas, y ahora no era diferente.
Era un bache.
La pregunta era…
"¿Están siguiendo órdenes de sus queridos superiores, o es una decisión que han tomado como grupo?"
Los ojos de todos los presentes la observaron, diferentes emociones en cada uno de ellos.
Pero en general, determinación.
Probablemente un poco de ambas, pero más de ellos.
Si, lo que vieron, durante ese tiempo, fue suficiente para estar seguros de cuál era el camino correcto, y como cazadores, como defensores del mundo, luego de haber eliminado a la más grande causa del caos, no podían dejar cabos sueltos.
Y ella, con ese ojo, con esa maldad, era un objetivo claro.
"Luego de lo que hiciste, no podemos dejarte ir."
¿Lo que hice?
Yang parecía la única que tenía el valor para hablar, y si ella era una cobarde, el resto también.
Ladeo el rostro.
Y sonrió.
Sentía su cuerpo arder, de ira, y de placer, recordando lo que hizo, las imágenes, los recuerdos, nítidos en su memoria. El caos de carne y sangre que provocó.
"¿Hacer qué? ¿Destrozar a Salem? ¿Derrotarla para que ustedes pudiesen llegar a hacerse los héroes? Les hice todo el trabajo, el que ustedes no hubiesen podido lograr. Les regalé la victoria."
Se vio mirando a Oscar, este saltando bajo su mirada, aterrorizado.
"Ni siquiera Ozpin pudo lograrlo."
El chico miró al suelo, susurrando.
No lo escuchó, pero pudo leer sus labios.
El ya no está.
Por supuesto que no, por supuesto que iba a desaparecer, se necesitaba la inmortalidad para derrotar a la inmortalidad, y con Salem desapareciendo, también desaparecía Ozpin, quien obtuvo su poder con la única razón de detener a la mujer.
Le agradaba que no estuviese.
Aun sentía ira por las mentiras.
Si no hubiese estado en el cuerpo de un niño, lo habría matado.
"Fue retorcido."
Ren habló, su voz fuerte, rencorosa. Nora estaba en silencio, a su lado, desconfiada, sí, pero no parecía querer matarla. Habían estado en el mismo bando durante un tiempo, así que lo entendía.
Había opiniones divididas, por supuesto.
Pero si había determinación.
Soltó un suspiro, y miró alrededor.
Su ojo robótico siempre le ayudó para encontrar a Crescent Rose, pero no la veía a su alrededor, no estaba ahí, así como su parche, así como su scroll, así como sus compañeras.
Y rio.
El grupo frente a ella se puso tenso, pero no podía controlarlo.
Eran unos cobardes.
"Ustedes en grupo, armados, y yo sin nadie a mi lado, ni siquiera mi arma. Me sorprende lo cobardes que pueden llegar a ser. No esperaba nada de ustedes y aun así logran decepcionarme."
"No eres Ruby."
Escuchó con claridad como Jaune sacaba su espada de su vaina, el chirrido del filo rozando el resistente material, y luego, la punta de esta, la apuntó. Él tenía razón, ya no era Ruby, la había oscurecido lo suficiente para que esta estuviese encerrada en lo más profundo de su cuerpo, sin posibilidad de volver.
Pero si era así, entonces Jaune tampoco era Jaune, Yang tampoco era Yang, Ren tampoco era Ren.
Y ella, ahora, tenía la posibilidad de recuperar un poco su humanidad, volver a tener algo de sí misma, recuperar algo de su pasado, al tener a su madre de nuevo, su luz, su salvación.
Pero al parecer, no tendría esa oportunidad. Ellos no la dejarían volver, ni con su madre ni con su equipo, por algo las habían separado. Para ellos, ya no era Ruby, era un enemigo, su enemigo, y debía ser tratado como tal, como alguien que debía ser aniquilado lo más pronto posible, y ni siquiera le iban a dar una pelea justa, la más mínima ventaja.
Era un fusilamiento.
Ruby velaba por la justicia, y ella misma quería seguir ese camino, así que detestaba ver una actitud así de quienes fueron sus amigos en el pasado. Estaba decepcionada, y Ruby también.
Ambas eran la misma persona.
Ambas sentían decepción, asco, en ese segundo.
Cerró los ojos, y respiró profundo.
No quiso morir cuando escaparon del castillo, y mucho menos iba a querer morir castigada por esas personas. La mera idea le daba asco. No se iba a dejar morir por esas personas, mucho menos por una pelea injusta.
Ahora sabía qué hacer, sabía cuál era su camino de ahora en adelante, sabía que debía repartir justicia y aniquilar el mal del mundo, como siempre soñó, era su camino, y si, ya había pagado, tenía su castigo marcado en el rostro, la cruz la llevaba a cuestas cada día, así que no necesitaba que estos la castigasen, porque ya estaba pagando.
Viviría cada día pagando.
Así que iba a vivir, siempre.
Pero…
¿Si los asesinaba, podría conseguir la redención?
Creyó que la tendría al matar a Salem, pero el grupo la había alejado de ese futuro. No iba a tener esa oportunidad. Matar el mal no era suficiente para tener el perdón del mundo.
Abrió los ojos, sabiendo cual era el camino indicado.
Si, solo podía sobrevivir, sin importar que.
Por su madre, por su equipo, por el futuro que Ruby deseó cuando era niña.
Sintió su cuerpo hervir, sus células moviéndose dentro de su cuerpo, mientras unos petalos empezaban a salir a través de su piel.
Si, estaba lista para matar.
Se las podría ingeniar, había entrenado lo suficiente para hacerse fuerte, y el dolor no la detendría.
Pero no se movió, no fue necesario.
Una pared de hielo se formó entre el grupo y su camilla, dejando atascada la hoja de la espada de Jaune en el frio. No pasó ni un segundo para que se escuchasen los disparos, las ventanas de la habitación reventándose en pedazos.
A su izquierda, abriendo la puerta de un golpe, aparecían Weiss y Neo, ambas con los ojos determinados e intensos, las cuchillas de Myrtenaster y Hush apuntando al grupo ahora atrapado detrás de una pared de hielo, y a su derecha, pasando a través de las ventanas, había una nave flotando, lo suficientemente pequeña para no emitir sonido, pero lo suficientemente grande para verse imponente a través de las ventanas, veía una de las puertas abiertas, mostrando a Emerald y Penny, ambas en posición de ataque, listas para continuar.
Se vio sonriendo, viendo como el grupo atrapado se ponía en posición para derribar la pared de hielo, y teniendo con ellos a Nora y Yang, no les costaría. Sin embargo, les mostró la palma, obligándolos a detenerse, y le sorprendió que lo hicieran. Al parecer, de verdad les generaba el suficiente miedo para que le hiciesen caso.
Se levantó de la camilla, y sus piernas respondieron, diferente a aquella vez, y comenzó a caminar al único mueble del lugar, donde asumía que estaba su ropa, y era así.
"Entréguenme lo que me pertenece, y los dejaré vivir."
Les dijo, una vez teniendo su ropa abajo del brazo.
No iba a huir usando una bata de hospital.
De hecho, ¿Siquiera estaba herida? Debió ser la perdida de Salem lo que le causó aquel daño, aquel dolor extraño y ajeno, pero ahora se sentía más viva que nunca.
Estos se miraron entre ellos, dudando.
"No es necesario."
Le sorprendió escuchar a Weiss.
Su voz no dudaba, sus ojos sin dejar de observar al grupo encerrado en la prisión de hielo, y, por el contrario, los ojos del grupo la miraron llenos de terror, de incredulidad también.
"Ya les robé lo que te robaron."
Ahora fue Emerald quien habló, su voz segura, sin que el viento cálido del desierto lograse llevarse la intensidad de sus palabras.
El grupo tras el hielo mostró preocupación en sus ojos.
Estaban encerrados, estaban en la mira de cuatro personas diferentes, todos fuertes. Tal vez tendrían algo de confianza siendo solo Weiss y Penny, dudando tal vez de que estás fuesen capaces de lastimarlos, pero teniendo a Neo y a Emerald, sus dudas caían. Nadie ahí iba a dudar en disparar.
Eran seis contra cuatro, estos tenían la ventaja, sin embargo, no parecían querer moverse, inseguridad llenándolos.
Tal vez la persona que le hizo semejante daño a Salem valía por dos, y no estaban dispuestos a arriesgarse, o quizás los antiguos lazos del pasado los hacían vacilar.
Cobardes.
Miró al grupo, uno por uno.
"A Ruby no le gustaría que los matase, así que no lo haré, pero den por hecho de que, si mis compañeras no hubiesen llegado a tiempo, lo habría hecho, ya que no me daban otra opción."
Se acercó a la pared de hielo, y si bien estos estaban seguros ahí adentro, así como ellas estaban seguras ahí afuera, fue Jaune quien dio un salto, por inercia intentando quitar su espada atrapada en el hielo, sin éxito.
"Al parecer no habrá más paz entre ustedes y yo, así que debe ser el momento de separar nuestros caminos. Así que, si quieren vivir, aléjense de mí, de nosotras. A la próxima no seré tan generosa. No los dejaremos vivir si se entrometen."
Sus ojos inhumanos se toparon con los ojos lilas de Yang, estos humedecidos, dolidos, angustiados. Era su separación, la definitiva, y no sentía absolutamente nada.
Esa no era su hermana.
Miró a Weiss y a Neo, estas asintiendo.
Esas mujeres eran su familia ahora.
Volvió a mirar al grupo, y cerró los ojos, sintiendo de nuevo el calor, sintiendo sus células moverse en su cuerpo, y luego llenó el lugar de petalos de rosa.
Tomó a sus dos compañeras consigo y las llevó a la nave, y la situación le causó cierta reminiscencia de su huida de Atlas.
Ahora huían de Vacuo.
¿Cuál sería su destino ahora?
Las cuatro chicas no bajaron su estancia defensiva hasta que la nave comenzó a moverse, alejándose lo suficiente hasta quedar completamente fuera de alcance, ahí recién estas se calmaron, cuando ya nadie podría dispararles, ni seguirlas.
Estaban a salvo.
Esa fue una emboscada completamente desagradable, no quería volver a ser despertada así.
Weiss fue la primera en acercarse, lanzándose a sus brazos, y no esperó siquiera que esta tomase la iniciativa. De nuevo, era egoísta, y a pesar de lo mucho que había escurecido el alma de Ruby, Weiss aun la aceptaba, porque aún era Ruby para ella, y tal vez lo era, así que iba a disfrutar aquello. La abrazó de vuelta, sin dudarlo, sabiendo que quizás la fuerza que usaba era más de la necesaria, pero Weiss siempre podía con su brusquedad. Su aroma le traía recuerdos antiguos, que se sentían ajenos, pero los disfrutaba inmensamente.
Por poco muere, o por poco asesina a todo el mundo, y se sentía aliviada de estar en el cielo, alejada del peligro, y de no haber cometido error alguno. Aquello sonando a una ironía en sí misma, ya que merecía el infierno, no el cielo.
Ese era sin duda era el mejor desenlace.
Cuando Weiss se alejó, le dio una sonrisa de esas que tanto adoraba, mientras se puso a rebuscar en sus cosas, sacando su parche, el cual esta siempre tenía seguro, a salvo, su humanidad, tal y como lo imaginó. Esta se acercó, y comenzó a ponerlo en su lugar, sobre el ojo que no eligió, sobre su castigo, no en el otro que era su recompensa.
De inmediato se sintió más calmada, menos ansiosa, al sentir la tela cálida en su rostro.
Sintió una mano en su hombro, y giró el rostro. Penny se había acercado, sosteniendo a Crescent Rose en una de sus manos. Probablemente era la única ahí que tendría la fuerza para hacer eso, a parte de ella misma.
"El botón funcionó."
Esta le dijo, mientras que ella le quitaba el arma de las manos. Siempre se sentía bien el sostenerla de nuevo, el sentirse a salvo con quien podía cargar con parte de su pecado.
Miró a Penny, luego miró a Weiss, y luego se posó en el par de miradas que la observaban, un poco más alejadas, pero pendientes.
"Les agradezco que fueran por mí."
Neo se cruzó de brazos, una sonrisa engreída en su rostro mientras Emerald volvía a guardar sus cuchillas en su lugar.
"Nos debes tu vida, no dejaremos que unas ratas nos quiten el placer."
Cierto, Emerald tenía razón. Les debía la vida a esas dos mujeres, y esperaba que estas tuviesen la fuerza para eliminarla, para que su alma pudiese dejar ese mundo y liberarse, ya sea en el cielo, o hirviendo bajo tierra.
Sintió la mano enguantada de Weiss en la suya, y la volvió a mirar. Tenía una mirada que no pudo describir, pero no alcanzó a preguntarle, mientras esta la jalaba hasta el frontis de la nave, hacia el mando, y ahora recién se daba cuenta que la nave se estaba moviendo por sí sola, pero no era así.
Ahí estaba su madre.
Los ojos plateados estaban fijos en el camino, pero la sintió acercarse, estos observándola. Ambos ojos, vivos, luminosos. Hace tantos años que había visto esos ojos por última vez, vivos, y ahora volvía a ocurrir, y le causó nostalgia, y alegría al mismo tiempo.
Era verdad, ahí estaba su luz, viva.
La había salvado.
Esta puso el piloto automático mientras se levantaba de su asiento.
Sintió las manos ajenas en su rostro, las manos cálidas de su madre, tal y como las recordaba en sus memorias difusas, en sus buenas memorias, años atrás, antes de sufrir, antes de comenzar a marchitarse, antes de perder la felicidad.
Las manos no estaban débiles como la última vez, huesudas, y así tampoco la mujer en sí. No estaba por completo recuperada, eso tomaría tiempo, pero se notaba que tenía su aura de vuelta, así como la fuerza. En unos meses esta volvería a ser quien solía ser, tener la vitalidad que solía tener.
Ya no tendría que vivir encerrada, alejada de quienes amó.
"No podía dejar que le hicieran daño a mi niña, mucho menos luego de todo lo que hiciste para rescatarme."
Su voz también recuperó su fuerza, ya no era un susurro roto, no, era la voz de su madre, la que le cantaba, la que le leía, la que la apaciguaba.
Había vuelto.
Sujetó una de las manos en su rostro con una de las suyas, sintiendo de nuevo la calidez de las manos de su madre, calidez que ella misma ya no tenía.
"Si es que te quedas conmigo, te volverás un enemigo de Remnant."
Su madre asintió, sabiendo exactamente lo que significaba el haberla ayudado a escapar, pero no parecía arrepentida, para nada.
"Lo sé. Pero fue injusto como te trataron, como te tendieron una emboscada, como te dejaron indefensa, tus compañeras tuvieron que tomar la decisión a penas se enteraron de que el grupo tramaba algo. Ruby, no siempre hay un camino correcto, pero tienes que saber que escoger el camino más justo, también es la tarea de un héroe."
Y su madre, siempre fue un héroe.
Su héroe, sobre todo.
Justicia, si, ese era su camino, ese seguiría siendo su camino.
Los ojos plateados se fueron donde los celestes. Su compañera seguía ahí, dándoles su espacio, pero al mismo tiempo permaneciendo a su lado, y tenía claro que seguiría así, a su lado, acompañándola, en las buenas y en las malas, como siempre. No estaría ahí de no ser por Weiss, le debía la vida en más de un sentido.
"Tus compañeras me liberaron del hospital, y me dieron la oportunidad de escoger mi camino de ahora en adelante, y honestamente, lo único que quería era volver a mi casa, a mi hogar, al lugar donde mi familia siempre volvía."
Vio de reojo como Weiss asentía.
Si, a su casa, a su isla, a su hogar.
Su padre la extrañaba, lo sabía y no tenía ningún tipo de rencor hacia él. Era mejor devolverla donde ya no había guerra, donde estuviese a salvo. El lugar al que Raven llegaría, el lugar al que Qrow llegaría. Ahí se reencontrarían, y podrían sanar las heridas que jamás sanaron.
Si eso hacía feliz a su madre, entonces estaba dispuesta a dárselo.
Se lo prometió allá abajo, y cumpliría.
Patch, sonaba a un buen plan.
"Te llevaremos, madre."
Le dijo, y esta asintió, sus ojos plateados brillando.
Sentía que había perdido sus propios ojos, pero aún tenía los de su madre, no permitió que se los quitasen por siempre.
Su luz.
Ahora era hora de iniciar su huida, de iniciar una vida nueva.
No había mal en el mundo, o al menos nadie como lo era Salem. Empezaría un nuevo ciclo de paz en el mundo, pero siempre habría gente horrible que seguiría de pie.
Se miró las manos.
Era fuerte, más que nadie, había conseguido el poder que siempre deseó cuando niña, para hacer el bien, y eso haría, de una u otra forma, escogería su propio camino, y haría justicia.
Solo un villano podía matar a un villano.
Solo ella podía detenerlos, eliminarlos.
Tomar la vida ajena a costa de la propia.
Si, ese iba a ser su camino.
Ojo por ojo.
