PIRATE JOURNEY
-Decisión-
…
Odiaba estar en esa posición.
"¿Qué decides, bonita?"
La mujer volvió a hablar, aun sobre la mesa, su postura rígida, pero menos amenazante que hace unos segundos, de nuevo luciendo divertida.
Ese era un juego.
Ella era un maldito juguete.
Y no iba a ser el juguete de nadie.
"¿Vas a ser una buena chica y vas a tratarme como corresponde?"
El agarre en su mandíbula se intensificó, esta dándole entender con el mero agarre la fuerza de sus palabras.
Y esas palabras, resonaron tal y como las de su familia.
Ser una buena chica.
Ser una buena chica solamente para que ellos tuviesen control de su vida, para que la pudiesen maniobrar a su antojo y sacar el mayor beneficio económico. Para ellos no era su hija, si no que era un trabajador, un esclavo, al que explotaban, del que estrujarían hasta la última moneda.
Y no iba a volver ahí.
Prefería morir a sentirse así de nuevo.
A volver a ser un peón.
"No."
Su respuesta fue certera.
La mujer la miró, los ojos plateados sorprendidos, incrédulos, hasta que la escuchó soltar una risa y la mano la soltó, esta yéndose al rostro de la mujer. Esta seguía riéndose, parando solamente para que se escuchase el hipo escapándosele.
Si, era un maldito juego.
Su ira pasó a sorpresa cuando la mujer se levantó, bruscamente.
La vio ahora de pie, mostrando su altura, mostrando el poder que tenía como dueña del barco, como el capitán, quien tenía el poder ahí. No supo que decir, ni siquiera podía decir nada, porque cualquier cosa la haría lucir débil, y no quería que así fuese.
"Dime tu nombre."
La mujer le exigió, y desde esa posición, sus ojos estaban oscurecidos por su sombrero y por su cabello, así que se veían oscuros, intimidantes, quitando esa mueca que tuvo durante esos momentos.
Pero no iba a hacerlo, no iba a decirlo.
No iba a ser intimidada.
"No tienes por qué saber mi nombre."
Obviamente con su nombre, esta podría descubrir cuál era su familia, y así poder sacarle provecho a su existencia, y no lo diría. No iba a ponerse la soga al cuello. Si los piratas sabían su verdadera identidad, sería devuelta a su familia, quienes la matarían finalmente, y no iba a hacer tal estupidez, no lo permitiría.
Prefería irse de ese mundo sin ser prisionera de nadie.
La mujer soltó un suspiro pesado, mientras agarraba la botella de la mesa, dándole otro largo sorbo.
Los ojos plateados la miraron, fijamente, hasta que dejó de beber, volviendo a poner la botella donde estaba.
"Te di una oportunidad, chica, solo tenías que comportarte, nada más."
Entonces la mujer se acercó.
Se vio alerta, pero no pudo moverse, la cuerda que la rodeaba apretando aún más sus extremidades, su pecho, y fue aun peor cuando la mano ajena las sujetó, tirando de ella. No supo que ocurrió, cual movimiento usó esta, pero se vio encima del hombro ajeno, cargándola como si no fuese nada más que un saco de estiércol.
Gritó, se retorció sobre esta, y ahí notó que sus pies tenían movilidad aún, así que pataleó, pero la mujer no cedió, los brazos de esta rodeándola y llevándola encima sin problema, como si hubiese hecho eso cientos de veces, y cada paso que dio la mujer, y cada movimiento que hizo ella misma, le causó nauseas, pero continuó, no iba a dejar de pelear por un mareo, debía sobrevivir a cualquier costo.
Por primera vez vio su alrededor, notando que era una habitación y oficina, el camarote del capitán, y dio un salto cuando escuchó la puerta abriéndose de una patada, presuntamente de la mujer, y de inmediato sintió la brisa en su rostro y el aroma salino del mar.
Se vio afuera, la luz del sol cegándola por unos momentos, lo suficiente para olvidar su mareo.
Cuando pudo ver con su ojo, notó el lugar en el que estaba, ahora en la cubierta del barco de madera, enorme, grandes velas negras levantándose en lo alto, intimidantes. Sabía de los piratas, pero nunca había visto un barco tan grande, y de seguro desde afuera se vería incluso más grande, imponente.
"Compañeros, miren a esta pequeña desagradecida que se rehusó a respetar a su capitán. ¿Saben lo que eso significa?"
Escuchó voces, muchas.
Pero no veía a nadie desde su posición, solo veía el mar, el eterno mar. No veía continente, nada, y sintió alivio. Estaba lejos de casa, lejos de aquella eterna tortura, de esos monstruos con los que vivía.
Si, al fin estaba lejos de ellos.
No alcanzó a disfrutar aquel regocijo cuando escuchó las voces ajenas gritar, todas al unísono.
Tabla, tabla, tabla.
¿Qué?
La mujer volvió a caminar, sus botas resonando en la madera, y luego la movió, y se vio sobre lo que ellos acababan de mencionar.
Una tabla.
Había escuchado historias, pero no imaginó que se vería en una situación similar. Se vio frente a un grupo de personas, una docena al menos, todos estos con bandanas en sus cabezas, con sables en sus cinturones, con cicatrices en sus cuerpos. Todos y cada uno de ellos golpeando el suelo con uno de sus pies, haciendo que sus oídos escuchasen algo semejante a tambores.
Tambores de la muerte.
Bajó la mirada, notando como sus pies estaban descalzos, y nunca le había agradado la sensación de sus pies descalzos, sin embargo, ahora, estando parada sobre aquella tabla de madera, se alegraba de no usar sus tacones o dudaba poder mantener el equilibrio, ya que el acto del barco pasando por el agua, causaba movimientos que le haría imposible de contrarrestar y mantenerse en su lugar de estar usando incomodos zapatos.
El solo mirar el mar bajo sus pies, a varios metros de distancia, la hacía sentir vértigo.
Nunca lo había pensado, pero el mar le parecía terrorífico, y tanto miedo sintió que los mareos se vieron completamente ínfimos.
Escuchó el viento soplar con fuerza, su cabello ondulado moviéndose de un lado a otro, y por inercia se agachó un poco, temiendo que este fuese suficiente para hacerla caer de la angosta plataforma.
"Ya que no quieres obedecerme a mí, ni darme tu nombre, este es el destino que escogiste, preciosa."
Levantó la mirada, escuchando la voz de la mujer, del capitán, su voz sonando más fuerte que cuando estaban ahí dentro, en la privacidad, con la clara intención de que toda la tripulación escuchase sus palabras.
Dio un salto cuando la mujer sacó una pistola de su cinturón, y se vio estupefacta. No esperó algo así. El pánico volvió a resurgir en su cuerpo, haciéndola sentir una sensación horrible, haciéndola sentir indefensa, vulnerable.
Un proyectil a esa distancia la mataría de inmediato.
Por inercia retrocedió, su cuerpo teniendo un equilibrio innato el cual agradeció, ya que se vio en una parte ya más frágil de aquella tabla de madera, esta meneándose al moverse.
Miró al mar, de nuevo, sintiendo ese golpe de vértigo, y luego volvió a mirar a la mujer, esta apuntándola, sin dudar, su rostro aun disfrutando de la situación, sonriendo, divertida, y de inmediato se vio molesta. Si, su vida era solo un juego, nada más.
"Vivir o morir, pequeño Kraken. Si no quieres seguir aquí arriba, solo tienes que saltar."
Solo tenía que saltar.
Si.
No iba a ser prisionera, no más, así que debía ser fuerte.
Se giró, mirando el mar, mirando la eternidad azulada, así como el cielo, prácticamente libre de nubes. El viento volvió a remover su cabello y su vestido, y habría una calma ahí de no ser por la tripulación, quienes seguían esperando que saltase, impacientes, gritando, pisoteando, como animales salvajes esperando a que la presa bajase del árbol.
Si se tiraba, moriría.
No podría sobrevivir ahí, ni siquiera podría nadar, su cuerpo aun amarrado. Probablemente flotaría, ¿Y por cuanto tiempo viviría así? Con un poco de suerte, otra embarcación la salvaría, pero conociéndose, conociendo la suerte que llevaba encima, eso no sucedería.
No podría salir de esa con vida.
Deseó muchas cosas, y ahora todas esas cosas volvieron a su mente, sobre todo lo que era la libertad. Soñó con ser libre, el dejar de ser un esclavo de su familia y poder vivir una vida nueva, el forjar su propio camino fuera de sus raíces.
Pero si moría, jamás lo conseguiría, nunca.
Jamás sentiría la libertad.
La calma.
La felicidad.
Ya había perdido un ojo por la culpa de ellos, y no quería perder también la vida.
Ellos mancillaron su vida, tampoco quería que lograsen acabar con ella, destruirla.
No deseaba morir.
No quería morir.
No iba a morir.
Pero tampoco quería hacer caso omiso de sus propios valores, tampoco quería perder la dignidad, quería irse con la frente en alto.
…Quizás no era lo suficientemente fuerte para hacerlo.
Para morir…
Se dio la vuelta, volvió a mirar a la mujer, al capitán de ese barco, cuyos ojos plateados la miraron con sorpresa, sorprendidos con su movimiento, con su determinación.
Se mordió la lengua.
Solo eran palabras, nada más.
La mujer la observó, sonriendo mientras movía la pistola de un lado a otro con sus movimientos inestables, una mezcla entre la ebriedad y el acto de buscar estabilidad sobre un barco en movimiento, y tenía claro que ella misma estaba haciendo los mismos movimientos para mantener el equilibrio.
"¿Qué pasa? ¿Te arrepentiste?"
Soltó un suspiro pesado, las voces de la tripulación resonando con más fuerza, enloquecidos, en el proceso, volvió a mirar el mar, este furioso a sus pies, y le sorprendía que con los movimientos que hacía el barco no se hubiese caído ya, o vomitado.
Esa situación era demasiado intensa para siquiera preocuparse de un posible mareo.
Cuando volvió a hacer contacto visual con el capitán, se obligó a ser fuerte.
Se obligó a repetirse de nuevo que quería vivir.
Que quería vivir al fin libre de su familia.
"Si, señora."
Habló, las palabras sonando tan ajenas en su boca, pero ya sabía cómo era esa situación, ya que solía estar obligada a hablar con ciertas personas, y debía fingir, debía pretender que tenía el más mínimo respeto por esas personas que no le interesaban en lo más mínimo. Y no sabía cómo, ni porqué, pero la mujer notó que estaba fingiendo, ni tampoco sabía cómo, ni porqué, ella misma se dio cuenta de eso, pero lo supo.
Ninguna parecía ocultar su sentir.
Sus expresiones transparentes.
Y detestó tener algo en común con esa mujer.
Esta negó, haciendo un sonido con la boca que ni siquiera sabía cómo había logrado oírla con el siseo del viento entre ellas y la tripulación inquieta alrededor.
"¿Qué dijiste? Tienes que hablar más fuerte, ¿Te arrepientes? ¿Estás dispuesta a comportarte para permanecer aquí?"
Se vio apretando los dientes.
No podía pretender, era un pirata después de todo, conocían a las personas, a lo más bajo e instintivo de ellas. Sabían cómo ganar siempre, y aquello la hacía sentir enfurecida.
Odiaba a esas personas.
Pero…
Esa mujer era su única salvación.
La salvó de morir ahogada, y ahora podría salvarla de su destino, y si, su cabeza volvía a decirle que era imposible que confiase en un pirata, confianzas falsas o reales, simplemente era alguien a quien no debería confiarle lo más mínimo, mucho menos su vida, lo más preciado.
Pero era la única oportunidad que tenía.
Y quería vivir.
Estaba dispuesta a hacer lo que sea con tal de vivir.
"¡Si, señora!"
Notó como de inmediato todos los tripulantes del barco dejaron de hacer aquel rito para que se tirase por la borda, ahora parecían divertidos, hablando entre ellos, disfrutando de aquel espectáculo que el capitán les había dado. Ellos también notaron su farsa, sus palabras, su carencia de respeto. Ellos sabían lo que era respetar a su capitana, así que podían discernir.
No eran tan salvajes como creyó.
La mujer la observó, sonriendo, una mueca de satisfacción en su rostro.
Por supuesto que era satisfacción, lo estaba disfrutando.
¿A cuántos había puesto en esa situación? ¿A cuántos había amenazado con la muerte con tal de recibir respeto? ¿A cuántos había obligado a rebajarse para darles un lugar en aquel barco? No quería pensar en eso.
Esta guardó su pistola en su cinto, para luego acercarse, ofreciéndole la mano, cuyos accesorios dorados brillaron con el sol.
"¿Ves? No fue tan difícil, pequeño Kraken."
No se alcanzó a mover, no alcanzó a acercarse a la mano salvadora o siquiera caminar en dirección del barco, cuando una gran ola golpeó el barco, este meneándose más fuerte que en todo ese momento, los más inexpertos perdiendo el equilibrio.
Como ella.
Vio por un segundo, mientras sus pies fueron incapaces de mantener su posición sobre la madera, el mar profundo bajo ella, ahora más cerca que antes.
Su corazón latió con fuerza, el pánico surgiendo, la caída inminente.
Iba a perecer al final.
Todo ese acto, toda esa determinación, había sido en vano.
Su destino estaba bajo el mar.
Pero no cayó.
Sintió las cuerdas en su cuerpo apretándola, sus brazos, su pecho, su torso siendo aprisionado por las sogas.
Pero no había caído.
Levantó la mirada, la mano ajena de carne y hueso sujetando las sogas que la rodeaban. Esta la estaba agarrando, una bota sobre el borde del barco, y veía su brazo derecho con sogas alrededor de este, sujetándola, evitando que cayese con ella al mar.
La mujer le dio una sonrisa, divertida, y ni siquiera encontraba viable el que la mujer, en su estado de ebriedad, pudiese sujetarla, pudiese salvarla de la caída, pudiese tener el más mínimo reflejo. Y a pesar de eso, agradecía que esta fuese capaz.
Esta la mantuvo firme mientras la levantaba, poco a poco, subiéndola, mientras que un par de piratas sujetaba a su líder, evitando que el rescate pudiese salir mal.
Se vio sobre el barco, sus pies sintiendo la madera, y sus piernas, aun temblorosas por estar ahí arriba y por estar a punto de caer al mar, la hicieron caer de rodillas. Su respiración estaba agitada, en pánico, pero poco a poco comenzó a sentirse más tranquila, sobre todo al tener su cuerpo fijo en aquel barco, ya sin tener la muerte inminente en frente de su rostro.
El capitán no iba a matarla luego de haberla rescatado dos veces, ¿No? Quería apelar a su humanidad, aunque estuviese escondida muy adentro de su ser, de su máscara como pirata.
"Buena atrapada."
Escuchó a uno de los tripulantes decir, su acento aún más intenso que el de la mujer, a la cual podía entender con más facilidad.
El capitán soltó una risa, claramente dejándose halagar por sus camaradas.
"No creo que hubiese podido sin la botella de ron que me tomé."
¿Sin?
Todos a su alrededor se rieron, dándole la razón, elevando su ego.
Levantó el rostro, mirando a la mujer a su lado, esta bien parada, orgullosa, sus manos y su garfio en las correas de su corsé, haciéndola lucir incluso más imponente. No era una hazaña fácil de lograr, mucho menos con alcohol, a menos que el organismo de la mujer fuese completamente opuesto al resto de humanos.
Y era un pirata, quizás era así.
Los ojos plateados la miraron, esta sonriéndole.
"Bienvenida a bordo, preciosa."
Todos estaban locos ahí arriba.
