EYE FOR AN EYE
Epilogo
-Justicia-
…
Se detuvo.
Sus botas ahora inertes en la cálida arena del desierto.
De inmediato sintió a las mujeres a su alrededor deteniendo su paso, moviéndose, volteándose, y solo ahí decidió girar también, mirando al hombre que acababa de detenerlas. Que acababa de gritarles, de buscar pelea, iracundo, desesperado.
Lo observó por un momento, y supo de inmediato quien era.
Lo sentía.
Solo una mirada bastaba para reconocer a esa escoria.
Por supuesto que era así, llevaba demasiado tiempo dándole caza a esas personas, por supuesto que podía reconocerlos.
Este siguió gritándoles, pero no le impresionaba. Era débil, como todos, sin importar las amenazas que dijese, o como se diese ínfulas a sí mismo con la intención de amedrentarlas, de rebajarlas. Pero al mismo tiempo entendía sus intenciones de perseguirlas, de querer vengarse por lo que le hicieron a su jefe, así que lo aceptaba, aunque supiese exactamente cómo iban a terminar las cosas.
Para ella, la venganza siempre era bienvenida.
Finalmente, habló.
"Si, matamos a tu jefe. Y tú eres el siguiente."
Le dijo, retirándose el parche que tenía sobre su ojo, sabiendo que eso la haría ensuciarse, y jamás había ensuciado su humanidad, mucho menos ahora, y el hombre frunció el ceño en respuesta, moviendo su mazo de un lado a otro, sus músculos tensándose, listo para pelear. Su cuerpo era fuerte, se notaba que había peleado bastante, pero, sobre todo, sabía que había peleado contra inocentes.
Era un cobarde, así que le impresionaba que estuviese ahí, parado frente a ellas, dispuesto a todo, sabiendo exactamente quienes eran ellas, sabiendo exactamente el poder que tenían en sus manos, y sabiendo lo que habían hecho, lo que le habían hecho a su jefe.
Le dio una mirada rápida a Penny, y esta de inmediato asintió, dándole la confirmación que necesitaba.
Era él.
Uno de los objetivos.
Se vio sonriendo.
No tenían que buscarlo, que darle caza, él mismo se había acercado a ellas, les había ahorrado el trabajo, y lo agradecía. La presa había aparecido frente al cazador, y era aburrido de cierta forma, pero le parecía honorable.
Vino por su castigo, ¿Por qué no dárselo?
No tuvo que hacer mayor cosa, solo levantó la mano, dándole a su equipo la señal para avanzar, para proceder con el castigo.
Weiss fue la primera en moverse, haciendo girar la cámara de Myrtenaster, y en menos de un segundo el sujeto tenía las piernas congeladas, manteniéndolo en su lugar. Este soltó su mazo, sus ojos mirando la nada, llenos de sorpresa, de preocupación, de consternación, y estaba segura de que Emerald lo estaba distrayendo con una de sus ilusiones, manipulando la realidad. Neo fue la siguiente en moverse, cambiando su forma, acercándose al hombre, ahora usando la piel de su jefe, tal y como lo vio hace unos momentos, muerto, sin vida, sin ojos. Penny comenzó a hablar, mencionando cada una de las quejas de las personas, cada una de las razones por la que estaba en su lista, en su cacería.
Estaba enlistando sus pecados.
La razón por la que ellas estaban tras su pista.
El sujeto se quedó temblando ahí, confundido, pero poco a poco el miedo superó cualquier otro sentimiento. Esa tortura era algo que usaban contra todos los que debían castigar. Les mostraban sus pecados, les mostraban sus malos actos, las razones por las que merecían desaparecer del mundo, y les hacían revivir sus fechorías hasta que llegase el momento de darles final.
Jugaban con ellos, los hacían arder.
Lo vio ahí, durante segundos eternos, este temblando, murmurando algo, despacio, lo suficiente para que nadie ahí pudiese oírlo. Ya no parecía ser el mismo tipo que les dijo que pelearía con ellas, sin contenerse, ahora solo parecía un niño asustado ante la realidad que tenía en frente.
Se dio cuenta de inmediato…
Ese solo era un peón más.
No era para nada la reacción de su jefe, minutos atrás. Un hombre que no se arrepentía, que no buscaba perdón, redención, que disfrutaba el daño que ocasionaba, que saboreaba el sufrimiento ajeno, así como la muerte. Que se regocijaba de cada uno de sus pecados. Sus manos estaban manchadas de sangre, así que ahora debía de estar camino al mismo infierno.
Ellas lo enviaron al mismo infierno.
Se acercó, finalmente.
Los ojos del hombre yacían nublados, las lágrimas cayendo por sus mejillas, su rostro pálido, su cuerpo fuerte completamente vulnerable, ante el miedo, ante la culpa, ante la posibilidad de ser ajusticiado por cada una de las cosas que hizo.
"El infierno es donde perteneces, y ahí te mandaré."
La tortura acabó, y el hombre finalmente la miró a ella, solo a ella, horror en sus facciones mientras negaba, desesperado. Su llanto se hizo notar, sus gritos desesperados, sus plegarias, pidiendo clemencia.
Hice lo que él me decía, él me obligó.
Por favor, perdoname.
No lo volveré a hacer.
Voy a cambiar.
No volveré a lastimar a nadie más.
Quiero vivir, permíteme remediarlo.
Y así, más y más frases, una tras otra, el hombre ni siquiera se tomó respiros para continuar, su voz rompiéndose, su garganta exigiéndose mientras perdía el aire poco a poco.
Lo miró, deteniendo su avance.
También podía aceptar las suplicas.
La redención.
"Todos te conocen aquí, si vuelves a cometer pecados, sabrán que eres tú, y no nos costará encontrarte de nuevo."
Este asintió, las lágrimas cayendo por su mentón.
"¡Si, lo sé! ¡Seré bueno! Por favor, dejame vivir."
Sujetó al hombre del cuello, este quedándose en silencio de inmediato, su garganta chirreando ante el paso del aire exagerado de hace solo unos segundos. Lo miró, detenidamente, observando sus ojos verdes, oscuros, estos vidriosos, débiles, vulnerables.
Apretó un poco, este sin parar de suplicar a pesar de que no tuviese apenas aire para lograrlo.
Pero admiró aquello.
"De acuerdo."
Notó como sus compañeras se sorprendieron con sus palabras, al aceptar las suplicas del hombre.
Lo sabía, debían cumplir con un trabajo, porque eso era, un trabajo.
Pero ¿Quién era ella para negar la redención?
"Entonces, te dejaré vivir."
El hombre dejó de llorar cuando le soltó la garganta, sus ojos ahora más tranquilos, aliviados, mientras una sonrisa temblorosa aparecía en su rostro.
"¡Gracias! ¡Gracias!"
Se iba a dar la vuelta, irse, dejar al hombre vivir, pero olvidó algo fundamental.
Olvidó el castigo.
Oh no.
No se puede pecar y no recibir un castigo, nunca.
Ella lo sabía, su castigo permanente en su rostro, y por lo mismo, nunca olvidaría lo importante que era el pagar, en cementar el camino de la redención, del perdón, solo así la justicia se haría implacable, y perduraría.
Movió su mano, subiendo sus dedos por el rostro ajeno, rozando lo duro de su piel, de su barba mal cuidada y de sus lágrimas bañando cada parte de sus mejillas.
Su destino, los parpados.
Este la miró, en pánico, sabiendo lo que se venía, pero aun horrorizado por la anticipación. Metió los dedos dentro del parpado izquierdo, sensación a la que ya se había acostumbrado, y sintió el ojo ajeno en la yema de sus dedos. Lo sujetó y lo sacó en un rápido movimiento.
El hombre soltó un grito desgarrador, sujetándose el rostro, dolorido.
Ya no había hielo que lo mantuviese de pie, así que cayó de rodillas al suelo.
Por su parte, se quedó mirando el órgano esférico en sus dedos, notando como antes brillaba y ahora se iba tornando opaco rápidamente. Siempre le causaba cierto asombro el ver a los ojos fuera de su lugar, cierta emoción, cierta melancolía, y tal vez todo comenzó con Cinder, todo ese camino que había perseguido tras convertirse en esa mujer, para luego convertirse en Salem.
A veces se preguntaba, como sería volver a tener unos ojos plateados en sus manos, entre sus dedos, unos ojos ajenos, brillantes, poderosos, llenos de luz.
¿Lo cambiaría por el suyo?
¿Se quitaría su recompensa para recuperar la luz que perdió?
¿Se quitaría su castigo para recuperar la luz que perdió?
La respuesta era simple.
No.
No soportaría la picazón al quitarle a alguien su luz y tomarla como propia, dudaba tener redención alguna después de tal acto barbárico, mucho menos retiraría su castigo, no, debía vivir con el castigo a cuesta por sus actos, por mentir, por ansiar la venganza, por querer ver la sangre correr, por algo aún seguía ahí, en su rostro.
Sintió las miradas de sus compañeras en ella, expectantes. De nuevo quedándose atrapada en sus pensamientos, y ellas debían de esperar a que volviese en sí, para dar por terminada la labor, así que se obligó a recuperar la compostura. Dejó caer el ojo, este rodando hasta quedar frente al hombre, este aun llorando, gritando, sufriendo, sujetándose su cuenca vacía.
Y diría que sabía lo que eso se sentía, pero solo recordaba la sensación de su Aura rompiéndose, abandonándola, y la sensación en su cuenca vacía, pero no recordaba el dolor, o quizás solo estaba burbujeando en éxtasis, en anticipación, para darse cuenta de cualquier otro sentir.
"¿¡Por qué!? ¡Te dije que cambiaría! ¿¡Porque me hiciste esto!?"
Que iluso.
Pecar no era algo que salía gratis.
Ella lo sabía, su equipo lo sabía, y cargaban con las responsabilidades a cuestas.
Se limpió las manos de la sangre ajena, ya ignorando el llanto ajeno. Perder un ojo no era nada en comparación con perder la vida, y ella misma lo sabía mejor que nadie, y él merecía la muerte luego de a todos los que había mancillado, luego de todos los inocentes a los que mató.
"¿Realmente creías que te dejaría ir sin un castigo? Esta gente pagó para matarte luego de que matases a sus familias, pero como suplicaste, te daré un tiempo más de vida, y cada vez que te veas al espejo, debes recordar lo que prometiste este día, o volveremos por ti."
Le dijo, dándose la vuelta, pero se detuvo, girando el rostro, su ojo corrupto conectando con el ojo verdoso, enojo, rabia, impotencia en la expresión ajena.
"Si continúas haciendo lo que hacías hasta ahora, vas a tener que suplicar de nuevo cuando volvamos por ti, pero ahora para que acabe rápido con tu vida, porque el siguiente castigo será peor que este, lento y doloroso, te daremos lo que mereces por toda la gente que asesinaste y mucho más. Desearas que te hubiese matado hoy."
Ahora, su expresión se llenó de miedo, de terror, sus hombros cayendo, rendidos, sin fuerzas, ni siquiera para darle una mirada de ira. Si valoraba su vida, iba a cooperar, y si no, iba a estar dispuesta a quitársela, su vida, su alma, su cordura.
Iba a ajusticiarlo de la peor forma posible, para que todos los que sufrieron por sus actos puedan respirar en paz de una vez por todas.
Ascender.
Finalmente miró al frente, observando el camino que debían seguir para llegar al centro de la gran ciudad, donde las esperaba su nave, donde las esperaba el futuro.
Ya había terminado con él.
Había confusión en sus compañeras, ya lo sabía, debía matarlo, debía hacerlo, un sujeto como aquel no debía siquiera respirar, porque era un peligro para toda la comunidad, y si seguía viviendo podía seguir matando, robando, hiriendo a las demás personas de la ciudad, pero no podía negarle a alguien la redención que tanto quería, por la que tanto suplicaba, y ellas también lo sabían.
Era inevitable.
Escuchó un disparo, y estaba segura de que había sido Emerald la culpable. Y sabía que esta no había matado al hombre, no lo haría sin una orden directa, nadie se atrevería a llevarle la contraria a estas alturas, sin embargo, asumía que debió haber explotado el ojo cercenado, para que este no pudiese volver a ponerlo en su lugar.
Debía permanecer así, con su castigo a cuestas, solo así aprendería.
Siguieron caminando, habiendo terminado el trabajo que tenían pendientes en ese lugar, y había sido difícil encontrar a todos los involucrados en esa pandilla, así que agradecía que el ultimo hubiese llegado a ellas primero.
Era extraño llamarle trabajo a eso, pero lo era, pronto se acostumbraría.
Notó de reojo como Neo sacó algo desde detrás de su capa, esta se veía satisfecha, probablemente el botín del jefe, el cual se hacía rico a costa de muchos. No tenía sentido dejarle tal cantidad de dinero a un muerto, así que lo tomaron, por supuesto. Por su parte no lo habría hecho, el dinero nunca había sido su prioridad, pero no iba a decir nada si dos ladronas cometían el crimen.
Ellas también cargaban con el dolor a cuestas, con el castigo marcado en sus almas.
Escuchó a Emerald soltar una carcajada.
"Ganamos aún más de lo previsto, incluso los clientes nos dieron una gran cantidad por aquel asesino."
Si, las personas estaban desesperadas.
Cuando las llamaron, y les ofrecieron tanto, le pareció demasiado, pero cuando llegaron ahí, se dieron cuenta del porqué. Nadie hacía nada contra el sujeto, tenía demasiado poder, sobrepasaba a la misma ley, así que ellas ofrecieron sus servicios para eliminarlo, y ellos estaban deseosos de que acabasen con él rápido, con él y sus secuaces.
Ya llevaban un año entero siendo víctimas de sus ataques, de sus robos, de las muertes, ya era algo insoportable.
Probablemente tendría que hablar con los clientes en la mañana para decirles del castigo que le dio a uno de ellos, se haría responsable por dejarlo vivir, y tendría que ofrecer el matarlo gratis si es que volvía a hacer lo mismo que llevaba haciendo durante ese tiempo.
Escuchó un sonido, y se vio mirando su Scroll. Había visto de reojo a Neo escribir, y ahora podía al fin leer aquel mensaje.
"¿Significa que vamos a poder dormir en buenas camas hoy?"
¿Buenas camas?
No lo había pensado.
Por supuesto que era agradable el dejar la incómoda nave en la que viajaban y aprovechar de descansar cómodamente, aunque a veces los pequeños pueblos no tenían buenos lugares para pasar la noche, debido a la misma decadencia de los lugareños. Ahora era diferente, la ciudad vecina iba creciendo a cada paso que daban y desde ahí podía ver los edificios creciendo exponencialmente. Tuvieron que estacionarse ahí, el pueblo atacado siendo demasiado pequeño, y el desierto siendo demasiado peligroso para dejar la nave abandonada.
Pero ella en particular no le importaba demasiado donde dormir, ya que no solía dormir mucho, aunque, ahora, al menos dormía, lo que era un avance.
Su mente estaba tranquila, al menos una parte del tiempo.
Había cambiado.
"Hay un gran hotel en medio de la ciudad. Tiene buenas vistas y lujosas habitaciones."
Penny añadió, podía notar en su voz cierto ánimo.
De acuerdo, ellas no habían tenido un buen descanso hace mucho, era entendible, las habían llamado de varias partes, así que viajaron bastante. Necesitaban unas vacaciones luego de esos dos años moviéndose por Remnant, ofreciendo matar a los villanos, cazando la maldad.
Haciendo justicia.
"Al fin podríamos tener una cena de cinco estrellas para poder satisfacer el paladar refinado de la señorita Schnee."
Emerald soltó una risa, apoyando la causa, ganándose un bufido de Weiss, la cual la miraba frunciendo el ceño.
"Por favor, no empieces con eso, solo me quejé una sola vez."
Y no fue la única, todas se quejaron, incluso Penny, que ni siquiera necesitaba comer.
El ultimo pueblo dejó mucho que desear, pero liberaron al mal, así que esperaba que pronto se recuperasen.
Ahora se encontraban cerca de una gran ciudad, y tenían un gran botín que al parecer todas estaban de acuerdo en malgastar, y no le importaba, ya lo dijo, no hacía eso por dinero. Y también sabía qué si llegaban a necesitar dinero, parte de su equipo iría a hacer de las suyas, y no las iba a detener, mientras que supiesen bien a quien debían de asaltar.
Aún tenían principios, Ruby Rose aún tenía principios, y debían seguirlos al pie de la letra.
El que osaba tocar, dañar, o herir a un inocente, tendría su castigo.
No podían manchar la luz.
Y no necesitaban más cicatrices, más castigos.
"¿Están todas de acuerdo en tomarnos un descanso en la ciudad?"
Les preguntó, mirando a la izquierda, luego a su derecha, observando el rostro de cada una, esperando las confirmaciones, y todas asintieron, al final, asintió también. Era lo menos que podía hacer en esa situación, y era dejarlas escoger la forma en la que se gastarían el dinero que conseguían cazando.
Cazando personas en su mayoría.
Pero monstruos, al fin y al cabo.
Todas hacían lo que ella quería, seguían sus demandas, seguían sus reglas, así que en estas cosas podía darles el gusto, además, eran las que necesitaban dormir cómodamente, excluyendo a Penny, claro, que esta iba a hoteles más para mirar alrededor más que para dormir plácidamente.
Le sorprendía la normalidad que había ahí, ahora.
Eran un equipo de verdad.
Con un objetivo de verdad.
Al principio, solo avanzaban a ciegas, buscando personas en malos pasos para castigarlos, y robarles también para poder seguir sobreviviendo, pero luego, se empezaron a formar fama de ir repartiendo cierta justicia, haciendo el trabajo sucio que nadie más se atrevía a hacer. Por supuesto, algunos las consideraban héroes, y otros villanos, pero ya habían aprendido que se podía ser ambas cosas.
Un héroe también repartía justicia, eso le dijo su madre, y esas personas, esos clientes que les lloraban, desesperados, para eliminar aquello que tanto daño les hizo, merecían tener justicia, la que no les daba la ley, ni los gobiernos, ni los mismos cazadores.
Ahora tenían una reputación.
Un nombre.
Y eran necesitadas, y si podía ser el héroe de la historia de alguien, la pequeña Ruby, dentro de su piel infecta, estaría feliz.
Se quedó un momento pensando, y luego volvió a reconocer como las chicas a su alrededor volvían a hablar entre ellas.
"No me importa compartir cama, ni habitación, me conformo con no despertar de madrugada y toparme con los ojos de Penny cuando se está recargando."
No entendió de que estaban hablando, pero podía notar como Emerald ponía una expresión de miedo, escalofríos en su espalda. Recordaba haberla oído gritar una vez de madrugada, estas dos compartiendo cuarto.
"Me disculpo."
Penny dio un salto, avergonzada. Pero no era su culpa, probablemente era culpa de Emerald por no acostumbrarse luego de todo ese tiempo, y esa mala costumbre que tenía de levantarse de madrugada cientos de veces.
Escuchó el sonido de su Scroll, y se vio mirando el mensaje de Neo que le acababa de llegar a todas.
"Duerme con Weiss, y la tendrás retándote por horas por arruinar su sueño reparador con tus despertadas de madrugada."
Escuchó el chillido indignado de Weiss, y se vio soltando una risa.
Weiss tenía el sueño muy liviano, lo más mínimo la despertaba, y del peor humor posible, así que no tenía duda que sería así. Cuantas veces esta no la retó por no dormir, o por levantarse por el insomnio, e incluso ahora seguía haciéndolo, incluso cuando dormían juntas temía siquiera respirar para que esta no se enojase.
Quien diría que la persona que enfrentó al mismo demonio le tendría miedo a Weiss, pero quizás no era miedo de terror, si no que era el miedo latente de que Weiss no quisiese estar más a su lado. Eso sin duda le aterraba más que la misma muerte.
Pero, debía admitir que le había agarrado el gusto a esas dinámicas.
Con Weiss, y con el resto de sus compañeras.
Llevaban juntas bastante tiempo, y desde que salieron de Patch que están prácticamente todas las horas del día en un mismo espacio, viajando, comiendo, durmiendo, matando.
"Oh, por favor, me están haciendo ver como que soy una tirana."
Sintió como la mirada celeste estaba fija en ella, y se giró, mirándola de vuelta. Esta le estaba reprochando, claramente, debió escucharla reír.
Error fatal.
"Al menos podrías ser una buena compañera y ponerte de mi lado."
Desvió la mirada de esta, buscando en su memoria.
No podía mentir con eso.
"Sueles regañarme bastante, y nadie me regaña, entonces, si me regañas a mí, por consiguiente, está claro que también regañarás a los demás."
Le dijo, y cuando la miró de nuevo, esta parecía incluso más indignada.
Tal vez no debió decir eso.
Podía escuchar reír a Penny desde su izquierda, despacio, sin la intención de que Weiss la oyese, y, por el contrario, Emerald soltaba una carcajada, sin siquiera importarle el enojo ajeno, disfrutándolo.
Se vio sonriendo al ver calma en rostro de Weiss, sin tomarlo personal.
Si, adoraba esas dinámicas, ni siquiera las peleas, el caos, la sangre alrededor era suficiente para mermar lo que tenían. Había paz ahí, y le sorprendía, pero no se quejaba, por el contrario. Ya no había miedo, no había dudas, a pesar de como empezaron las cosas, cada una podía estar segura de que la otra haría lo que sea para salvaguardarlas. Eran un equipo, y la venganza, la maldad, el peligro, las unió.
Las miró, a todas, una por una.
"Descansemos en un buen lugar, recuperaremos energías, y volvamos a Patch, nos vendrían bien unas vacaciones."
Notó sorpresa, pero también notó cierta emoción en cada una de ellas, lo cual era bueno, así no se sentía tan egoísta de volver con su madre, cuando estas no tenían esa misma posibilidad. Pero al final, realmente necesitaban unas vacaciones, también necesitaban suministros para seguir adelante, pero sobre todo, necesitaban recargar energías, relajarse, luego de vivir día a día, tensas, sabiendo que podría ser atacadas en cualquier momento.
Emboscadas.
Destruidas.
Sus actos no eran venerados, por ende, siempre cabía la posibilidad que intentasen algo en su contra. Pero por su parte, no temía. No había nadie como Salem en el mundo, así que le podía hacer frente a quien sea, y protegería a su equipo con su vida, así como lo había hecho durante esos años, así como estas la protegieron a ella.
Penny fue la primera en mencionar que siempre había querido disfrutar de la playa en verano, y Weiss no parecía la más entusiasmada al mencionar la playa. Estas comenzaron a hablar entre ellas, y por su parte, su mente volvió a enfocarse en sí misma. Pensando en cómo habían llegado ahí, como se habían vuelto esas personas luego de haber sido completamente diferentes.
Al final, todas se unieron por su egoísmo, pero se mantuvieron ahí, incluso cuando creyó que la motivación de estas flaquearía en algún momento y la dejarían de lado.
Pero desde que la sacaron de la emboscada aquella vez, luego cuando la acompañaron a dejar a su madre a Patch, y estuvieron ahí ayudando a su rehabilitación, siguieron juntas.
A veces se preguntaba, ¿La matarían cuando llegase el momento? ¿Se vengarían? ¿Destruirían el mal dentro de ella? ¿Harían lo correcto?
Probablemente, pero tenía claro que para que eso pasara, debía dar pelea. Y al menos vivía con la tranquilidad de que ninguna de las presentes la mataría mientras dormía, porque era injusto, era cobarde, y si estaban ahí, con ella, si las mantenía a su lado, era porque no eran así, porque eran todo lo contrario.
Al final, la justicia prevalecería.
Eran una herramienta del mundo para repartir justicia, sin sufrir por lo moral, por la ley, por el que dirán. Todas tomaron su camino, y ahora se unían al suyo, porque obtenían algo de eso.
¿Qué?
A veces se lo preguntaba, sí, pero luego simplemente dejaba de darle vueltas. No necesitaba cuestionarse la lealtad de sus compañeras, porque estaban ahí, porque la ayudaron a limpiar sus pecados, a limpiar el mundo, y lo seguían haciendo, y no dudaría de ellas ni por un minuto.
No era la mejor líder, no era la mejor persona, había perdido mucho de su antiguo yo, así como había sacado rasgos dañinos de personas detestables, y se odiaba a si misma por eso, por sacrificar parte de su humanidad por ser alguien más, para poder derrotarlas, pero valía la pena.
Agradecía no haberse quedado sola, porque ese día, con el grupo, estos dispuestos a matarla, se dio cuenta que estaba sola, que el camino que escogió era el errado. Pero al final del día, no lo estuvo, obtuvo compañeras fieles a ella, así como logró volver a reconectar con su madre.
No necesitaba nada más.
Pudo sentir la mano enguantada de Weiss en la suya, sujetándola, quizás notando alguna expresión en su rostro, o simplemente validando su idea, o quien sabe, no estaba ni siquiera escuchando la conversación que se llevaba a cabo, pero eso no la detuvo para sujetar a la mujer de vuelta, a su compañera, a quien la mantenía humana a pesar de todo, a quien le sonreía cuando no merecía nada más que la muerte.
Si, sin Weiss no habría llegado hasta ahí.
Habría muerto en esa camilla de hospital.
Por supuesto que aún le aterraba que el pasado volviese, y sabía que vendría por ella tarde o temprano. Si, algún día quienes solían ser sus amigos finalmente darían con ella, con la intención de hacer el bien, hacer lo correcto, eliminar la maldad del mundo, y le darían su merecido castigo.
Pero no se dejaría.
Estaba redimiéndose haciendo lo que hacía, eliminando malas personas del mundo, limpiando el mundo, y con eso estaba pagando la vida que tenía. Cargaba cada día con su cruz, con su castigo, con sus pecados sobre la espalda y la culpa en sus venas.
No necesitaba rogar por un castigo, porque ya había pagado.
Y como le dijo Weiss, vivir en ese cuerpo, el sentir aquel vacío que sentía, era su cruz, su castigo, y estuvo pagando por sus pecados con eso durante mucho tiempo.
Era egoísta, así que viviría.
Viviría por su madre, viviría por su equipo, viviría por Weiss, viviría por la niña que una vez fue.
Y también viviría para matar a otros.
Matar a quienes nadie se atrevía a aniquilar, ya que solo alguien con el alma así de oscura podría lograrlo.
Les daría su castigo y los ojos tomaría.
Y así, haría justicia.
