GRIMM REAPER
-Codicia-
…
Veía sangre.
Mucha sangre.
Se vio levantándose de su lugar, de su sofá, de su trono, su cuerpo tenso, mirando aquel portal, aquella ventana que le mostraba a la humanidad moviéndose bajo sus pies, o tal vez sobre su cabeza.
Podía ver ese mundo con ojos omnipotentes.
Pero era impotente.
No podía hacer nada, solo veía las cosas ocurrir, sin poder hacer nada.
Y ahí estaba la sangre.
Era un edificio, uno alto, de los más altos, un edificio imponente en la cima de la ciudad, donde había personas malas haciendo de las suyas, usando sus recursos para mantenerse sobre los demás, monopolizando el aire, monopolizando las tecnologías, monopolizando la vida.
Y Ruby, su Ruby, no iba a permitirlo.
La máscara de gas, negra con luces fluorescentes rojas, voló lejos de su dueña, luego de que esta cayese al suelo, derribada por sus enemigos. Pero se levantó, sus ojos plateados brillando, llenos de juventud, llenos de vida, llenos de vitalidad, y, sobre todo, llenos de ímpetu, determinación.
La había visto disparar su arma, una eléctrica, que lanzaba pulsos de colores que lograba aturdir al enemigo, pero ahora ya no podía, el arma también había volado, alejándose de su alcance.
Pero el otro sujeto que permanecía en pie, si tenía su propia arma.
Ruby ya estaba cansada, tenía sangre en su rostro, en su ropa, luego de haber peleado con uno de los secuaces del bando rival, y ahora que pasaba al siguiente, se veía completamente vulnerable.
Pero sus ojos, esos ojos seguían brillando.
La muerte no le importaba con tal de conseguir su objetivo.
¿Así se sintió La Muerte cuando era humana? ¿La Muerte que eligió a esa Ruby como su sucesora?
Probablemente.
No había vacilación alguna, nada.
El sujeto frente a ella reía, gozando ese momento, el arma resonando en su mano, recargándose, preparándose para disparar una nueva descarga eléctrica, dispararle a Ruby, a la que consideraba apenas una adulta, y él ya un viejo en comparación, con más años de los que se le notaban en el rostro. Era una pelea sin comparación, sin justicia, sin legalidad alguna. A él no le importaba matar a una joven mujer que solo quería ayudar a sus compañeros, brindarles una nueva oportunidad, a él no le importaba ni un poco las buenas acciones que una desconocida podía hacer.
Y a Ruby, a Ruby tampoco le importaba, no le importaba atacar a un sujeto más poderoso que ella, el desafiar a la autoridad, el arriesgar su vida por otros. Era un alma caritativa, era un alma buena, justa, y ahora lo comprobaba por segunda vez.
Se vio apretando las manos, y por primera vez vio aquellas venas negras que solía ver en La Muerte, en ella, en sus manos. Eran débiles, borrosas, y solo llegaban hasta sus muñecas, pero eso le daba una prueba fehaciente de su inhumanidad, y a pesar de eso, la impotencia que sentía ahora le recordaba su tiempo como humana, el estar ahí, varada en la nada mientras su amaba sufría en un plano diferente, no podía cesar de molestarla.
Ruby se levantó del suelo, sus ojos sin dejar de mirar a su atacante ni por un segundo, fijos en el rostro artificial del hombre. Valientes, seguros, determinados, aunque no tuviese ni su arma ni su máscara cerca, lo que le impedía atacar o huir. Solo podía permanecer ahí, inerte, su rostro tenso para lo inocente y joven que era.
El hombre le empezó a hablar, pero no pudo poner atención alguna.
El arma seguía resonando.
Iba a disparar en cualquier momento.
Si Ruby moría, no podría hacer nada. No creía que el universo le otorgase un alma sin recipiente, no podía aceptar eso, no la dejarían. Si eso ocurría, tendría que llevar a Ruby a su destino, y eso las separaría para siempre.
No, debía de existir alguna forma.
Pero no, nada tenía que ver con ella, no podía hacer nada. Se vio acercándose aún más a aquella ventana, a aquellas imágenes, rozando la superficie con los dedos, sintiendo la impotencia atravesando su cuerpo eterno.
No podía perderla.
Se sintió sola los primeros años, y ni siquiera pasó una década en soledad, no creía que hubiese sido el caso, pero esos últimos años, observando a Ruby, anhelándola a su lado, la hacía sentir esperanzada.
Y ahora, ahora solo sentía como esas esperanzas se hundían.
Siempre sucedía aquello.
Obtenía las esperanzas con facilidad y rápidamente se esfumaban.
No había nada más ínfimo que la esperanza.
Su cuerpo, normalmente recatado, sin mayor emoción, dio un salto, un espasmo de la sorpresa, cuando los ojos plateados se fueron hasta ella, de nuevo, una vez más, como siempre. Observándola desde su incomprensión, desde su ignorancia, viendo a través de las realidades.
Los ojos de ambas se toparon, y luego estos se desviaron, mirando uno de los cuerpos tirados, uno de los enemigos que logró neutralizar. Había cierta melancolía en los ojos plateados, tristeza, arrepentimiento, decepción, y no entendió la mezcla de sentimientos que veía en ese rostro tan expresivo.
No le dio mayor vuelta al asunto, no pensó más en que podían significar los sentimientos que sobrecogían a la mujer, sin embargo, si se enfocó en la persona ahí tirada, al igual que otros, sus cuerpos más alejados. Pero ese, en particular, el que Ruby miraba, parecía en sus últimos momentos.
Y ahí lo entendió.
Esa mirada, la de Ruby, significaba lo mal que se sentía al ver a alguien muriendo, al notar lo que había hecho con sus propias manos.
Ruby no quería matar, no era su intención, solo quería oportunidades para todos, para sus compañeros, para sus amigos, sus camaradas, su familia, y si matar creaba un mundo mejor, lo haría, así como lo hizo antes, en su vida anterior.
Entonces, ¿A quién Ruby miraba cuando la miraba a ella? O más bien, ¿A quién creía Ruby que miraba? Esas preguntas quedarían sin responder, al menos por ahora.
Se vio sujetando su guadaña, el filo cortando el aire, el sonido resonando.
Ese cuerpo, estaba muriendo.
El sujeto seguía hablando, dándole una última lección a Ruby antes de matarla, disfrutando de aquella lenta muerte que le daría, reprendiendo a una niña.
Pero eso era lo mejor que podía hacer.
Ruby también intentaba crear más tiempo, probablemente esperando que llegasen refuerzos, lo que era un buen plan. Y le molestó de cierta forma, el que esta estuviese sin su máscara, porque la escuchó toser en esos momentos de espera.
Pero ya era el momento.
Ya no había más espera, más tiempo que perder.
Abrió el portal, y entró.
El mundo se detuvo a su alrededor, con su llegada. Los sonidos callándose, los movimientos deteniéndose, las respiraciones pausándose.
Todo el mundo humano se detenía con la llegada de La Muerte.
Menos las almas luchando por salir de sus recipientes.
Y menos Ruby.
No le importó el cuerpo ahí, muriendo, sus últimos segundos de vida desperdiciados en el eterno discurso que el mandamás daba. Y ella sobre todos sabía que era la eternidad. Solo pudo acercarse a la mujer ahí presente, su cuerpo pequeño, no con la altura de antes, pero se veía más viva, más expresiva, pero era evidente que era la misma persona. Por supuesto que lo era. Era la misma alma, la misma vida.
Los ojos plateados miraban alrededor, confusos sobre aquel paro en el tiempo, sin entender lo que a su alrededor ocurría, pero rápidamente los plateados se fueron a los de ella, mirándose de nuevo, ahora frente a frente, sin una realidad separándolas, y se sintió bien, mirarla, se sintió incluso mejor que cuando ocurrió durante esos años.
Estaban al fin frente a frente.
"Ha pasado un tiempo, Ruby."
Su propia voz salió diferente a lo que recordaba, no había hablado hace más de veinte años, volvió a los antiguos hábitos de mantenerse en silencio, y gracias a Ruby aprendió a hablar de nuevo, a usar su voz, pero al perderla, ya no tenía sentido hablar, ya no tenía razones para hacerlo, pero ahora sí, porque Ruby estaba de vuelta.
Los plateados la miraron, confusos, ladeando el rostro.
Podía notar sus perforaciones, sus mejoras físicas, los metales que le servían para ayudar a mejorar su calidad de vida, o para ayudarla a sostener la máscara de gas en su rostro, pero no eran nada más que arreglos básicos, simples, baratos, no como los grandes, los poderosos, que tenían los recursos para abordar el mundo toxico con mayor facilidad.
"¿Qué? ¿Cómo sabes quién soy?"
Esta la miró, frunciendo el ceño, mirándola con cuidado, sin perderse ningún detalle, pero conforme más la miraba, más confusa parecía, y a la vez, parecía más segura, más confiada, más decidida, como si lo entendiese todo.
"Siento que te he visto en algún lugar-"
"En otra vida."
Le dijo en respuesta, sin siquiera dudar.
Porque era así, tarde o temprano debería decírselo.
Se acercó un poco más, su guadaña ahora enterrada en el suelo metálico, la cuchilla siendo capaz de enterrarse sin problema, su poder más allá de las leyes físicas en esa tierra.
"Te he estado viendo desde siempre, esperándote, esperando el momento para que nos reencontráramos."
Ruby parecía confusa, cada vez más, su mente dando vueltas rápidamente, pero aun así, ocupada en eso, sus ojos parecían irse alrededor, como si tuviese cierta incertidumbre respecto a su alrededor, respecto al tiempo detenido, como si este fuese a volver en el momento menos pensado, así que parecía apresurarse, entender todo, y así poder hacer algo antes de que el tiempo se acabase.
Antes de que la suerte se acabase.
"¿Quién eres?"
La pregunta le vino de frente, pero no creía que esta fuese la pregunta que más quería hacerle, por el contrario, pero si era la más lógica. Ruby ya estaba pensando en un plan, lo veía en sus ojos. Parecía contar los segundos, parecía memorizarse las posiciones de todos los presentes, y tener ya lista la forma de proceder.
Y le iba a hacer el trabajo más fácil.
"Soy La Muerte."
Esta asintió en respuesta, como si se lo imaginase, sin siquiera dudarlo ni por un segundo, y no le cesó de sorprenderle la reacción de esta.
Los ojos plateados volvieron a vagar por la zona, y luego esta corrió deprisa donde estaba el mandamás de aquella banda de criminales, y con una patada mandó a volar el arma que este tenía en la mano, aun cargada, un solo movimiento de su dedo y esta hubiese disparado una descarga letal.
Ruby se enderezó, mirando alrededor, asegurándose que el arma estuviese fuera del alcance del sujeto, y volvió a su siguiente objetivo, corriendo hacía otro de los tipos, uno que estaba inconsciente, pero vivo, se estaba retorciendo hace solo unos momentos, intentando avanzar, y Ruby lo sujetó, y usando uno de los cinturones del sujeto, le amarró las manos por la espalda.
Nunca había pensado en intervenir así en el mundo detenido de los vivos, y probablemente lo tuviese prohibido, así que no iba a cometer un error que le quitaría la oportunidad de tener una eternidad con Ruby, y esta, sin siquiera preocuparse, parecía intervenir en el mundo detenido, sin dudarlo, amarrando a los que eran los viles, así cuando el mundo recobrase el movimiento, no podrían hacer mucho, y los refuerzos llegarían.
Cuando Ruby estaba amarrando al mandamás, la escuchó hablar, su voz carraspeando ligeramente.
"No sabía quién eras, pero siempre te sentía mirándome, desde que tengo memoria."
¿Cómo era eso posible? No tenía idea, y probablemente no hubiese suficientes registros para tener una idea de que pasaba entre ambos mundos, si había una brecha, una filtración, el portal siendo más que una ventana de un solo lado, si no que ambos lados podían verse mutuamente. No podía preguntarle eso al universo, porque sabía que no tendría respuesta.
Se acercó lentamente a Ruby, esta dándole la espalda, terminando con su trabajo.
Todos los sujetos ahora permanecían atados de manos y pies, sin posibilidad de escapar por si solos. Se vio mirando al hombre que estaba muerto, su cuerpo inerte, Ruby ni siquiera se había acercado a este, dejándolo en paz, y era evidente que sentía cierta culpa de aquella muerte, ya que solo quería evitar el que hubiese más muertes, y ahora se había manchado las manos.
Pero así era Ruby, se manchaba las manos si es que tenía que hacerlo, todo por un bien mayor.
Cuando esta se levantó, soltó un suspiro pesado, podía notarla aun tensa y cansada, luego de haber llegado ahí y enfrentarse a esos sujetos, y ahora el tener que moverlos para dejarlos con sus movimientos restringidos. Esta se paró a su lado, los plateados mirando al hombre inerte, su ceño fruncido, hasta que levantó la mirada, mirándola, y por su parte, por supuesto que no dejó de mirarla ni por un solo segundo.
Era su Ruby, lo era.
"¿Vas a llevártelo?"
Asintió, su celestes aún pendiente de cada detalle del rostro de Ruby, buscando cada cosa que se pareciera a la antigua Ruby que tuvo en su vida, por cientos de años. Sus ojos, su cabello, su voz, sus movimientos, todo le recordaba a la mujer con la que vivió por años eternos, y aunque era obvio que era una persona diferente, aun así, era más parecida de lo que imaginó que sería.
El universo funcionaba de maneras misteriosas.
Ruby asintió, su mirada bajando, culpa en su expresión.
"Hiciste lo correcto, al igual como en el pasado."
Quiso animarla, y solo causó confusión en la chica. Ya le había dicho algo al respecto, pero esta seguía sin obtener una respuesta que pudiese servirle para entender lo que ocurría. No era muy buena para hablar, debía culparse a ella misma de eso.
"¿En el pasado?"
Y Ruby tampoco parecía muy buena para hablar, pero lo estaba intentando. La escuchó toser, ahora más fuerte, su cuerpo removiéndose, retorciéndose ante el esfuerzo. El aire estaba detenido en el tiempo, pero Ruby ya había inhalado suficiente aire toxico en esa pelea, apenas perdió su máscara de gas.
Coincidencia o no, la máscara estaba cerca de su posición, y la agarró, llevándola al rostro de la chica. Sintió las manos cálidas y vivas rozando las propias, que se veían tan inhumanas en comparación, tal y como se veían sus manos en comparación a las de La Muerte cuando la llevó consigo. Esta la miró, agradeciéndole con la mirada mientras volvía a ponerse la máscara, respirando profundamente a través de aquel objeto que salvaba vidas. Pasó un rato, y la tos se calmó, al igual como la misma Ruby, su rostro luciendo más compuesto que hace unos momentos.
Se vio mirando el cielo oscurecido, pinceladas de colores verdosos y purpuras pintando algunos sitios del paisaje, la toxicidad siendo visible a simple vista. Se veía lúgubre, terrorífico, pero a eso había llegado el mundo, y no se podía esperar mucho más. Pronto aquel mundo se resetearía, la humanidad se extinguiría, y todo volvería a empezar de nuevo, tal y como ocurría en otros mundos, en otros universos.
Los plateados la estaban mirando, expectantes, y recordó lo que esta le había preguntado.
No sabía cómo Ruby había podido leer su mente en aquella época, pero por su parte no podía hacerlo, o al menos no sabía cómo, pero quizás era para mejor, probablemente le abrumaría el poder oír tantas preguntas sin poder tener la capacidad vocal para responderlas todas.
"La Muerte me recogió del mundo humano y me llevó al suyo, vivimos por años hasta que su cuerpo no resistió, y pidió volver al mundo humano, para que nos volviéramos a encontrar. El alma de mi amada es la tuya, por eso estoy aquí, buscándote."
Ruby parecía pensativa, sus ojos mirando alrededor, como si buscase respuestas en su entorno. Luego de unos momentos, los plateados volvieron a mirarla. Esos plateados tan similares a los de su Ruby, la misma esencia, no por nada llamaban a los ojos la ventana del alma.
"¿Me quieres llevar contigo?"
Abrió la boca, pero la cerró.
Si, quería eso, pero solo por su propio egoísmo.
Cuando Ruby la llevó consigo, no tenía otro camino, no tenía otra forma de surgir, no tenía otra opción, sus actos la llevaron por un callejón sin salida, donde solo le quedaba el sufrimiento, donde viviría con la culpa de sus actos, mientras su familia la perseguía, mientras las victimas de su padre cobrarían venganza. Esa no sería una vida, y lo tenía claro, así como La Muerte.
Ahora no tenía excusa para llevarse a Ruby consigo.
Sus ojos permanecían secos, siempre secos, pero su cuerpo, su pecho, se apretaba de agonía, sus sentimientos humanos aun frescos y nítidos a pesar de los años.
Recordó lo que Ruby le dijo, pero no fue capaz de hablar.
No tenía las fuerzas.
Sintió algo en su cuerpo, algo que no sentía hace décadas, y era la mano de Ruby en su brazo. Sus manos ahora eran pequeñas en comparación a cómo eran en su anterior vida, pero seguían demostrando tantos sentimientos con el más mínimo roce. La preocupación en los plateados era evidente. ¿Así miró Ruby a La Muerte de aquella época? Probablemente.
"Te necesito."
Le habló, sin ser capaz de retener más la mirada.
"Me diste una oportunidad de vivir en tu antigua vida, me prometiste que estaríamos juntas de nuevo, que me seguirías por siempre, pero ahora me siento egoísta al obligarte a ponerte en una tesitura así. Obligarte a vivir eternamente en una realidad oscura e infinita, para que luego tomes mi lugar y tengas que ver a millones de personas morir. No es justo obligarte."
Habló, y comenzó a caminar, avanzando hasta la guadaña que seguía en posición recta y firme, enterrada en el suelo, y a penas la tomó, a penas la levantó, el metal antes agujereado volvió a la normalidad. Sostuvo el arma firme en su mano izquierda, y movió la hoja, mirando su objetivo, el hombre ahí muerto, a quien debía enviar a su nuevo destino, y caminó hacia él a paso lento, a paso tortuoso.
Si cortaba su alma, se iría de ahí, dejaría a Ruby en su mundo y ella volvería al propio, volvería a su soledad eterna.
Pero así era su vida, solitaria, así lo fue siempre, y tal vez estaba inscrito en ella, en su vida, en su alma, quizás tenía un alma solitaria, y no importaba cuantas veces estuviese viviendo, en el mundo que fuese, su destino sería la soledad, la profunda y permanente soledad.
Fue codiciosa al esperar más, el obtener más, luego de pasar más de trescientos años en compañía. Eso era más de lo que debía pedir, y no podía perdonarse por creer que viviría eternamente, ciclo tras ciclo, teniendo a aquella mujer maravillosa a su lado.
La vida no era tan simple.
La vida era cruel.
El destino era cruel.
Levantó la guadaña, el cuerpo retorciéndose, dejando de ser inerte, el alma arrastrándose, desgarrando el cuerpo para salir a la superficie, soltando un grito de desesperación, listo para ser enviado al lugar donde pertenecía, y con él, ella también volvería al lugar donde pertenecía.
Solo le deseaba a Ruby una larga y feliz vida.
Lejos de ella.
