DRAGON CASTLE

-Congelación-

Respiró, notando su respiración volverse nada más que vapor a su alrededor.

Hacía frio, tal vez demasiado.

Aquel vapor provocado por el calor de su cuerpo le nubló la vista por un segundo, y se obligó a cerrar la boca, a calmar lo acelerado de su corazón, de sus latidos, de su respiración, y así poder tener todos sus sentidos enfocados al frente.

En su presa.

El rugido la obligó a apegarse más al árbol en el cual se estaba ocultando.

Apretó su mano, su guadaña en esta, helada, al igual que todo su cuerpo.

Pelear así, en medio de una nevada, no era la mejor decisión, pero tuvo que tomar el trabajo, un campamento necesitaba la ayuda, e iba a ir a ayudar. Se prometió hacerlo, le prometió a su madre que iba a ayudar a quien pudiese, se lo prometió a su pueblo, se lo prometió a si misma.

Debía pagar por sus errores.

No dejaría a más gente morir.

Miró alrededor, notando la helada nevada cayendo sobre los árboles, tiñendo la madera y las hojas de blanco. No veía más luces, nada. No escuchaba nada más que la bestia sedienta de sangre moverse por los alrededores, despojando de sus vidas a inocentes que solo estaban explorando la zona.

Apretó los dientes, sabiendo que había fallado, por supuesto que había fallado, no había llegado a tiempo.

¿Cuántos habían muerto por su retraso?

Si los contaba, sabría que terminaría enferma.

Siempre terminaba enferma, la culpa consumiéndola.

El rugido volvió a traerla al presente, este ahora más cerca, el sonido como un eco rebotando entre los árboles, un chirrido agudo al final que le hacía arder los oídos.

Dobló las rodillas, y giró la guadaña en su mano, preparándose.

Cuando comenzó su cacería, todo estaba en completo silencio. Y esa era un punto clave en ser un cazador. Si no escuchas nada, si todo está silencioso, significa que no eres el único depredador, es la prueba de que alguien te está dando caza.

Y en ese momento, fue la presa.

Pero ahora, no era así, ahora era el depredador.

Se había posicionado, había ganado terreno, era rápida, lo era. Siempre lo era.

El ardor en su pierna se volvió presente, refutando sus palabras.

No, no fue lo suficiente.

Tomó un poco de la tela de su capa para hacerse un torniquete, y así detener la hemorragia, ya que no necesitaba dejar un rastro de sangre para que la bestia lo siguiese, como hizo en el pasado. Aun así, sabía que su aroma debía estar en el lugar, pero también estaba el aroma de su presa en el aire, así que estaban a mano.

Necesitaba buscar un lugar seguro para descansar y así entrar en calor, de otra forma, la herida estaría abierta por demasiado tiempo, su Aura ya le estaba haciendo las cosas difíciles, o más bien, lo frio del lugar. No podía curar la herida correctamente si luchaba por sobrevivir al frío.

Realmente tendría que conseguir más ropas si iba a quedarse por más tiempo.

Sintió un golpe en su pierna, la que no sangraba, la cabeza de Zwei dándole un golpe.

Si, lo sabía, ya estaba en su rango de ataque.

Mantuvo la distancia, pero no dejó de mirar en dirección donde estaba su presa, no debía quitarle la vista de encima, y ahora que sabía exactamente dónde estaba, no cometería tal error. No más errores, no más.

La creatura dejó de andar a cuatro patas, parándose erguido, humanoide, recobrando la postura antes de convertirse en lo que era, su cuerpo, antes humano, ahora siendo una fortaleza de hielo. Lo veía mover su rostro de un lado a otro, olfateando, mientras que el gruñido de su garganta resonaba en un tono grave, amenazante. Abrió la boca, sus colmillos congelados notándose con el brillo de la noche, así como la sangre fresca cayendo por su boca.

Imaginó que se encontraría una creatura propia de la zona, propia del frio, pero no imaginó que sería así, tan humano, y a la vez tan bestial y enorme, que parecía crecer más con cada gruñido iracundo.

Pero daba igual, ya tendría tiempo para analizar lo ocurrido y aprender más de las creaturas a su alrededor, por ahora, debía cazarlo. Esas garras ya la habían lastimado, y no podía permitirse un segundo ataque similar ahí arriba, estaba demasiado lejos del pueblo para que alguien pudiese rescatarla, probablemente moriría ahí, con el frio, con la pérdida de sangre, si es que esa creatura no la consumía, así como consumió a todos los otros que vinieron antes de ella.

Sujetó su guadaña, ahora con ambas manos, y se preparó

Movió su pie, asegurándose que tenía la movilidad necesaria, y avanzo. Era ágil, era rápida, pero notaba como la herida aun abierta la ralentizaba. Pero era su sobrevivencia, así que tenía que seguir avanzando. Tenía que terminar lo que vino a hacer.

Saltó desde detrás de la bestia, esta sin percatarse de su presencia, gracias a que Zwei comenzó a ladrar a la distancia, sirviéndole de distracción. Lo primero que hizo fue enterrar el filo de su hoja en la nuca de la creatura, y usar el peso de su cuerpo para cortar lo más posible.

Su carne estaba congelada luego de tantos años mutando ahí en la nieve, así que le costó causar un buen corte, su hoja quedando atrapada en las capas de hielo y carne humana. Pero no se rindió. Puso las botas en la espalda de la bestia y las usó para empujarse, para zafarse, y funcionó, la creatura soltando un chillido agudo, perdiendo estabilidad. Las garras delanteras volvieron a posarse en el suelo, este removiéndose, digiriendo lo ocurrido.

Pero no le dio más tiempo, volviendo a atacar antes de que pudiese recuperarse, antes de que la carne volviese a unirse, así como el hielo. Cortó de nuevo, su hoja logrando pasar a través de la cintura de la creatura, pero no logró cortarla por completo, y una vez más su arma quedó atrapada en el proceso. Apretó los dientes, volviendo a saltar, poniendo las botas ahora sobre el mango de su arma, empujando la hoja más adentro, usando todo su peso en el proceso.

Escuchó un rugido brutal salir de la bestia, rompiendo uno de sus oídos, sintiendo el líquido caliente salir por su oreja. Pero valió la pena, las piernas de la creatura quedando inutilizables.

Pero no estaba destruido.

No era así de fácil.

Había escuchado historias, y sabía que esa creatura no sería fácil de asesinar. No por nada en el gremio pedían el corazón de la bestia como prueba de una cacería exitosa. La única forma de exterminarlo de verdad y para siempre.

Y tendría que dárselos.

Sacó su guadaña mientras la creatura se removía, las garras filosas firmes en la nieve, tiñendo esta de sangre, sangre ajena y sangre del mismo ser, probablemente su propia sangre seguía en esas uñas.

Los ojos de la bestia la observaron, notándola por primera vez como el enemigo, notando que la presa que antes había atrapado ahora venía por venganza, y era así. Iba a vengar a todos los que perecieron en las garras de un ser así.

Hizo una seña y Zwei volvió a ladrar, la bestia volviendo el rostro hacia la oscuridad del paraje, distrayéndose de nuevo, y usó ese tiempo para ir directo al cráneo de la bestia.

Le dio. La hoja pasó a través, pero fue casi irónico como las garras hicieron su último movimiento, esas volviendo a encajarse en su pierna, ahora más arriba en su muslo. Ni siquiera soltó un grito, ya que el frio la tenía tan adormecida, que apenas sentía sus piernas, o tal vez estaba perdiendo mucha sangre, pero no quería ni siquiera mirarse.

La bestia cayó al suelo, y pudo notar que aun con su cabeza herida, su regeneración seguía funcionando, así que se apresuró a sacar una navaja y pasar a través del pecho de esta, rompiendo hielo y carne, luego hueso, para así llegar al corazón, y así era, dentro del torso antes humano, estaba el órgano, envuelto en una capa de hielo, protegido, así mismo el hielo protegía a lo que antes era humano.

Cuando lo tuvo en sus manos, este tan frio que sus dedos enrojecieron, quemándose, la bestia dejó de moverse.

Guardó el corazón en un pequeño bolso tras su espalda, y cuando iba a dar un paso hacia Zwei, cayó.

Sintió el rostro lleno de escarcha, de nieve, de frio, quemando su piel, y notó la oscuridad de la noche frente a ella, tan oscuro, sin luna, sin ninguna luz, nada. Ese era el camino de vuelta, el que debía de seguir para llegar al pueblo, pero no lograba moverse.

Bajó la mirada, y todo su alrededor estaba bañado en sangre, la nieve ahora roja, así como su ropa ahora húmeda.

Alguno de sus movimientos debió empeorar su anterior herida, y la última, el ultimo regalo de despedida de la creatura, parecía haber dañado más que su piel.

Se dejó caer en la nieve, sin siquiera fuerzas para reclamar, para quejarse, para soltar sus pesares, nada. Estaba agotada.

Subió la montaña deprisa, en medio de una tormenta, buscando al campamento que se encontró sin forma de devolverse, de defenderse, y perecieron ahí, e intentó pelear con una creatura que apenas conocía, una creatura que sin importar cuanto la atacase, el hielo lo mantenía a salvo. Se le complicó más de lo que creyó.

Al parecer, realmente era mala con el frio.

Miró hacia adelante, escuchando a Zwei ladrándole, el sonido llegándose difuso a los oídos, uno de estos ahora inútil ante el chillido de la creatura. Cuando lo vio a este frente a ella, también lo vio difuso, sus sentidos debilitándose. Podía sentir su Aura intentando con todas fuerzas mantenerla viva, pero no podía mantenerla caliente y curarle las heridas al mismo tiempo. Probablemente debía intentar curarla para salvarla de desangrarse, y al hacer eso, su cuerpo se congelaba poco a poco, y con eso, su debilidad aparecía.

Al menos no sentía nada.

Zwei olfateó, y volvió a ladrar. Este se giró, mostrándole el rabo, corriendo hacia la oscuridad.

Lo vio alejarse.

Más y más.

Y se sintió dolida de que este se fuese, que la dejase ahí, sola, pero era peligroso para él el estar ahí, en medio de un bosque, sin que nadie lo cuidase.

Así que lo perdonaba por huir de ahí.

Finalmente, cerró los ojos, sintiendo los parpados pesados, insoportables.

Al menos no sentía nada, absolutamente nada.

Y se sentía bien.

Dio un salto, sintiendo unos escalofríos pasar por su espalda.

Se abrazó a sí misma por inercia, sintiendo su cuerpo extraño, adormecido, y poco a poco comenzó a sentir la cabeza más lucida.

Casi muere.

No veía nada, estaba todo oscuro, no podía distinguir nada, ni los arboles ni la nieve. Enfocó sus otros sentidos, sus manos yéndose al suelo, y no había nieve ahí, nada. Tocó también su pierna, sintiendo su ropa completamente húmeda, pero no había rastro de dolor o de su carne abierta, así que su Aura debió curarla de sus heridas correctamente.

Estaba viva, pero ¿Dónde estaba?

No sabía si eran sus ojos los que no veían, o se había adentrado en una oscuridad permanente, o quizás estaba muerta, y a esta altura le parecía coherente.

Escuchó un ladrido, un ladrido que conocía muy bien, pero sonaba lejano, pero cercano al mismo tiempo, lo que no tenía sentido, pero no sabía cómo explicarlo.

Ahí recién vio luz.

Se quedó completamente fascinada cuando el lugar donde estaba, lo que la rodeaba, se movió. La oscuridad pasó a ser más visible, luz entrando poco a poco a su refugio, la luz de una fogata, hasta verse liberada por completo.

Era el ala de un dragón.

Se quedó boquiabierta, ignorando por completo el hecho de que estuvo tan cerca de morir congelada, ahora no como una broma.

Los ojos grandes, celestes, la observaron desde arriba, y no supo que decir, simplemente se quedó sin palabras, y solo fueron los ladridos de Zwei quien la sacó de su estupor, este lanzándose hacia ella de un salto.

Lo sujetó, sintiendo como la lengua de este pasaba por su rostro, su rabo meneándose, completamente feliz, y se vio riendo ante su euforia.

"También te eché de menos, amigo."

Se abrazó a él, y volvió a mirar a la dragona que permanecía ahí, en silencio, sentada en el suelo sin mover ni un musculo.

"¿Qué pasó?"

Le preguntó a la dragona, y esta de inmediato se removió, soltando un bufido grave que hizo que las llamas de la fogata se meneasen, casi al punto de apagarse. Notó en sus facciones como parecía enfadada, y quizás tenía una especie de don haciéndola enfadar.

Eso deberías decírmelo tú. Tu pulgoso vino corriendo hasta acá, llorando, y tuve que seguirlo porque imaginé que le había pasado algo a su estúpida dueña.

Oh, y era así.

Se vio soltando una risa nerviosa.

No se imaginó en esa tesitura, probablemente se sentiría menos avergonzada al haber muerto congelada sin testigos, bueno, estaría muerta, no tendría como avergonzarse.

Weiss se levantó del suelo, solamente para volver a acomodarse, el sonido retumbando tanto como sus quejas, y tal vez solo hizo el gesto para que su molestia fuese más evidente, pero era una experta leyendo rostros inhumanos, podía notar su enojo.

Estabas más congelada que esa cosa que mataste, así que te traje aquí para que entrases en calor. Que conste que no lo hice por ti, pero tu cosa pulgosa iba a molestarme para siempre si no te sacaba de la nieve.

Si, Zwei probablemente se hubiese quedado a vivir ahí en el castillo, ladrándole a la dragona cada día en muestra de enojo.

Se vio sonriendo, dándole unas palmadas a Zwei en el lomo, este acomodándose entre sus piernas, dispuesto a tomarse una siesta ahora sin preocupación alguna. Debió estar muy preocupado por ella, le iba a conseguir algo delicioso para comer.

"Eso es lo que hace un buen compañero."

No entendía porque le daba tanta vergüenza que hubiese escogido a Weiss para salvarla, pero probablemente era a la persona más cercana que pudo oler, y sobre la montaña, tenía sentido. No, persona no, cierto.

Volvió a levantar la mirada, observando a los ojos celestes que aun la miraban molestos, y le dio una sonrisa.

"Lo hayas hecho por él o por mí, creeme que te lo agradezco. No sé qué habría sido de mi si no me sacabas de ahí, bueno, no, si sé que habría sido de mí, y la respuesta es un trozo de carne congelado, si es que los lobos no me comen antes."

La dragona dejó de mirarla por un momento, y le causó cierta gracia su expresión, que no era ni enojada ni nada así, uh, quizás si un poco enojada, pero no era lo mismo.

Al parecer apreciaba el agradecimiento, aunque no lo dijese.

Dio un salto.

"¿Debería agradecerte con gemas? No tengo, pero puedo devolverte la tuya."

Ahí recién la dragona la miró, soltando otro bufido, el aire saliendo cálido por suerte, y no frio, o no lo habría soportado. Realmente tenía que hacer algo contra el frio, ya eran demasiadas señales del universo para que se pusiese un estúpido abrigo.

Ya habías hecho algo por mí la última vez que subiste a la montaña, estamos a mano.

¿Estaban realmente a mano?

Ya no lo sabía con seguridad, pero eso era bueno. Le agradaba estar a mano con la dragona, y quizás cuando tuviese la oportunidad volvería a hacer algo por ella, y así poder recibir una nueva salvación. No, mejor se mantendría a salvo y se compraría unas pieles para andar en la intemperie, y así no le causaría más problemas.

No quería ser una carga.

Volvió a llevar su mirada por el cuerpo imponente de la creatura frente a ella, esa creatura helada, propia del hielo, y era impresionante como creaturas tan diferentes podían vivir en el mismo lugar. Sintió un escalofrío de inmediato al recordar esa bestia, era tan humana que le causaba nauseas. Muchas creaturas que vagaban no eran nada más que humanos que perdieron su humanidad, o animales que evolucionaron hacia un camino desviado, condenados a vivir bajo una piel externa.

Le gustaría saber que les ocurrió, saber a quién se llevaba a la tumba, saber cómo se volvieron en eso, pero eran preguntas que jamás podría responder.

Sintió los ojos celestes mirándola fijamente, la pupila muy pequeña en ese mar de color claro, y se vio de nuevo avergonzada de sentir la mirada tan fija en ella. Realmente le parecía una creatura fascinante para tener esas reacciones.

"¿Sí?"

Le preguntó, pero la dragona no cambió la expresión, aun observándola con detención.

¿Sigues teniendo frio?

Oh, cierto, sus escalofríos. No era realmente por el frio, pero tampoco podía negar que tenía frio, aunque luego de todo el que sintió antes, se sentía como algo ínfimo, aun así, asintió, siendo la respuesta más honesta.

Probablemente no dejaría de tener frio en ese continente.

Notó como poco a poco la extremidad voladora se movía, la membrana notándose tan gruesa ante la cercanía, y esta volvió a posarse sobre su cuerpo, quedando lo suficientemente en alto para no taparle la vista pero lo suficientemente abajo para que la membrana firme la tapase como un manto del frio del lugar, el castillo en ruinas permitiendo que todo el frio fuese libre de entrar, aunque dudaba que hiciese tanto frio como afuera, la tormenta aun siseando.

Tal vez debió quedarse quieta, y simplemente disfrutar del acto amable de la dragona, uno de los tantos actos amables que tuvo con ella, pero bueno, no pudo. Sus manos de inmediato se fueron hacia esa membrana, tocándola, curiosa. Se sentía suave al tacto, diferente a las escamas, eran realmente delicadas, pero sabía que no debía subestimarlas porque podían levantar el peso de Weiss, así que eran resistentes, todo el cuerpo de la dragona era resistente.

¿Qué haces? ¿Te ayudo y me agradeces con esa falta de respeto?

Ups.

La miró, sonriéndole, pero sus manos siguieron tocando la zona. Era suave y cálido, como un manto, y podría estar ahí todo el día, o la noche más bien.

"Eres realmente fascinante, Weiss, no dejas de impresionarme."

Notó incomodidad en el rostro ajeno, los ojos ya no la miraban fijamente, si no que se fueron a la pequeña fogata en el centro del destruido salón. Tenía claro que a Weiss le costaba aceptar cumplidos, lo notaba, pero le agradaba aquello, era divertido, era diferente.

Solo callate y termina de recuperarte. Te dije que no te dejaría volver a molestarme si es que venías con las manos vacías.

Cierto, eso le dijo cuando se fue la última vez, una especie de pago por su atención, y por supuesto que le agradó el escuchar eso, porque significaba que era bienvenida de nuevo, y tenía pensado volver, por supuesto, apenas estaba ahí ya quería volver, pero al final se distrajo, o más bien, buscó otra excusa para subir la montaña, pero no encontró ninguna.

¿Morirse servía de excusa?

Al parecer sí.

Se vio soltando una risa, llamando la atención de Weiss. Los ojos de nuevo observándola, pero su cuerpo se mantuvo firme, y creía que su quietud era porque si se movía, su pequeño refugio cálido se movería con ella, y parecía realmente enfocada en ayudarla, en mantenerla protegida y cálida, también cómoda.

Esa dragona era realmente una buena per- dragona.

"¿Qué quieres que te traiga la próxima vez? ¿Café? ¿Algún bocadillo? Aprendí a cocinar algunas cosas en mis viajes."

La dragona soltó un sonido pensativo, y pudo notar de reojo como la cola de esta empezaba a serpentear. Le causó ternura aquello, pero no iba a decir eso o la iba a hacer enojar. La ternura en un ser casi omnipotente debía sonar ridículo para esta.

Café, y si quieres traerme algo para comer, lo aceptaré, mientras no sea algo que caces.

Eso le hizo surgir una pregunta, ¿Qué comía Weiss? Pero no le iba a preguntar, al menos no ahora, ya cuando le trajese cosas se tomaría su tiempo para preguntarle cosas referentes a los alimentos.

Ahora fue consciente del frio tras su espalda, en su pequeño bolso, el corazón congelado aun palpitando en el interior.

Oh, y definitivamente no le iba a dar de comer lo que acababa de cazar.

Asco.

Pero volvería, y la idea la hacía sentir feliz.

Si, casi morir valió la pena.