CORRUPTED BODY
Epílogo
-Oscuridad-
…
La oscuridad la consumió.
Lo sentía dentro, bombeando en sus venas, su sangre tornándose de roja a negra, corrompiéndose y corrompiéndola a ella en el proceso.
Su cuerpo, su mente.
Su alma…
Aun lo sentía, moviéndose, escalando, alentándola, las voces en su mente hablándole, susurrándole, obligándola a seguir, tiñendo su humanidad, haciéndola volver a su estado más primitivo, más salvaje.
Lo peor, es que le agradaba aquella sensación.
Ya no era débil como antes, ya no se sentía débil como antes, donde sus capacidades nunca eran suficientes para salvar a nadie, donde sin importar cuan rápido se moviese, nunca llegaría a tiempo, y aunque llegase, no sería capaz de derrotar a sus enemigos. Al final, como humana, nunca fue suficiente para seguir adelante, para dejar la ira, para abandonar el peso que llevaba sobre los hombros, el trabajo que le había sido heredado desde que nació, así como la culpa de no haber logrado derrotar al mal y haber visto frente a ella la destrucción, sin poder moverse, sin defender a nadie, sin poder defenderse a sí misma.
Por eso estuvo en esa situación, porque no pudo controlarse, porque no fue suficiente, y en realidad, ¿Cómo iba a ser suficiente si ni siquiera fue capaz de ser honesta con sus propios sentimientos? ¿Cómo iba a ser suficiente si no fue capaz de ser genuina, de ser ella misma? Oh no, estaba destinada al fracaso, sin importar cuanto luchase, cuanto quisiera hacer el bien.
Hacer lo correcto.
El deber intrínseco en su sangre era imposible de ser cumplido, y estaba harta de pretender que podía lograrlo, que, si lo intentaba, una y otra vez, lograría llenar los zapatos de sus antecesores.
Pero la oscuridad no la dejó pensar en eso, no, por el contrario, eliminó ese peso en sus hombros, la distrajo de todo lo que la atormentó. Incluso cuando cayó en aquel mar negro, sintió el peso desvaneciéndose, las voces hablándole, diciéndole que era fácil, que era cosa de rendirse, de morir y dejar de sufrir por lo que ocurría en el mundo, y dudó ese entonces, dudó si debía nadar a la superficie o simplemente dejarse ahogar, y peleó, luchó hasta el último segundo, porque ya le había fallado a su equipo, a sus amigos, ya había cometido errores, y la culpa la obligó a salir de ahí, y aun así, siguió culpándose por eso, por haber caído desde un comienzo, por no haber sido lo suficientemente fuerte para no caer en la tentación.
Sin embargo, la corrupción era más fuerte que su mente, que su cuerpo, y conforme la fue contaminando, conforme su cuerpo se comenzó a teñir de negro, de blanco, de rojo, su yo dejó de sufrir, porque ahora era fuerte, ahora era capaz de lograr cosas que antes no pudo, y esa fuerza, esa habilidad, esa oscuridad que la corrupción le dio, le causó alivio, porque ya no sería la misma persona, ya no sufriría, ahora podría proteger a quien amaba, y era capaz de invocar a un ejército para que cumpliese con su deber por ella, que lograse pelear en su comando, y así no tendría que sacrificarse, de nuevo.
¿Acaso, sacrificarse, no era parte de ser un cazador, un héroe?
Si, lo era.
Pero no creía estar dispuesta a sacrificar tanto, no luego de ser obligada a ser la persona que era, ser digna de los ojos que tenía, ahora que había encontrado un atisbo de sí misma, de la verdadera persona bajo su piel, no iba a sacrificarse. Si tenía la oportunidad de usar la maldad en sus venas para destruir a aquellas personas que detestaba, lo haría, si Ruby Rose no era suficiente para salvar al mundo, dejaría que la misma oscuridad la destruyese.
Se abandonaría a si misma de alguna forma.
No, se abandonó a sí misma, abandonó el lado de sí misma que tanto dolor le causó.
La que hacía promesas que nunca se cumplirían.
La que se sacrificaba por el bien de otros.
La que hacía lo que sea con tal de ser la imagen perfecta de su madre.
Ahora veía a plena luz del día lo peor de sí misma, y ni siquiera era su parte corrupta, no, era la parte de sí misma que permitió ser consumida tan rápido, que disfrutó de la oscuridad, del poder, de lo imponente que se había vuelto así como disfrutó de las miradas asustadas a su alrededor, que la miraban aterrorizados, sin saber qué hacer, sin saber cómo actuar, porque era impredecible, mucho más que antes, y debían temerle, porque era capaz de todo.
Incluso de abandonarse a sí misma con tal de sentir satisfacción, de satisfacer su propio egoísmo, de ser superior a su versión anterior.
Pero…
Había algo que la mantenía aun ahí, su mente aun atrapada dentro de la oscuridad, aun alerta, aun despierta, y era extraño, porque a esta altura, ya debía de desaparecer por completo, la corrupción terminando de destruirla por completo, pero no le aterraba, porque había podido ser ella misma, al menos por un tiempo.
Y… ¿Por qué ocurría eso?
¿Qué la mantenía ahí?
¿Quién?
Oh, por supuesto.
Era ese rostro, eran esos ojos, era esa voz, era lo que la mantenía despierta, lo que la hacía reaccionar, quien comandaba a la oscuridad incluso cuando su mente no tenía la capacidad para hacerlo. Ella, aun no recordaba su nombre, debía saberlo, debía recordarlo, pero no estaba por ningún lugar aquella información, pero sabía de lo que era capaz, como manejaba las sombras, las moldeaba, las voces chirriantes y sombrías acallándose por completo por su comando, y por esa mujer se convirtió en un animal, se convirtió en un arma, porque por ella…
Haría todo por ella.
Incluso salir de ahí.
Abrirse paso por la oscuridad, y salir a la superficie.
Porque todo estaba oscuro, demasiado oscuro, solitario, sin voces, sin oscuridad, sin poder emergiendo de sus dedos, era débil, horrorosamente débil, y no lo soportaba, no, necesitaba ver a esa mujer una vez más, necesitaba emerger de esa piscina de oscuridad, necesitaba salir y seguir adelante, porque podría abandonar todo, abandonarse a sí misma, abandonar sus sueños, su pasado, sus promesas, su camino heroico, su deber como la hija de su madre, pero jamás la abandonaría a ella.
No era lo suficientemente fuerte para hacerlo.
O quizás era esa mujer la que le daba la fuerza de continuar.
No importaba.
Encontraría la fuerza.
Solo por ella.
…
Se sentía extraña.
Adolorida.
Sentía los huesos arderle por dentro, y conforme fue recuperando la conciencia, notó donde estaba, la sensación en su piel, el aroma del lugar, y la historia volvió a repetirse, una vez más la tortura comenzaba.
No, no era lo suficientemente fuerte para soportarlo dos veces.
La mente la tenía nublada, no era capaz de recolectar los últimos momentos, los recuerdos revueltos, pero verse ahí de nuevo, el que sus sentidos le dijesen a gritos que volvía a aparecer en el mismo lugar, luego de haber logrado salir de la oscuridad, le hacía darse cuenta de que todo empeoró.
O peor, que todo fue nada más que un sueño.
¿Siquiera estaba viva?
No lo sabía.
Su memoria estaba deshecha, exhausta, y solo recordaba a Cinder, luego todo se iba a negro, todo se iba a rojo, y no sabía si era la primera vez que la vio, o si fue la última, no estaba segura, porque todo se veía como una película, como imágenes borrosas que vio hace años, corruptas. Pero creía que no era una película, porque tenía recolección del lugar donde estaba en ese preciso instante, jamás olvidaría ese aroma, esa sensación de las sabanas en su piel sensible, jamás, así que era demasiado claro para imaginárselo.
Pero eso significaba que había vuelto ahí, ¿Al inicio o al final?
Había caído, la oscuridad la había llenado, y encontró su prematura muerte, tal y como imaginó, y todo por que permitió que todo lo que llevaba dentro, el monstruo, el demonio, la corrupción, saliese a la superficie, porque así lo quería, porque lo deseó, porque solo así sería lo suficientemente fuerte para matar a Cinder, para hacerla sufrir, para satisfacer el deseo de verla morir, de hacerla pagar por todo lo que hizo, por todo el daño que causó, por dejar cicatrices en el cuerpo que adoraba.
Y también la seguiría culpando por convertirla en eso, por hacerle ver lo peor de sí misma, que estaba ahí, incluso sin la oscuridad, obligándola a reconocer que no era la persona que solía pretender que era, y la realidad era desagradable.
Si, lo sabía, ese había sido el final, esa última escena fue lo último que su mente le mostraba, lo último que fue capaz de recolectar antes de desaparecer ante la oscuridad, cediéndole todo su cuerpo, toda su alma, a la corrupción, liberándose de la carga de la vida.
Fue consumida por completo.
Y eso significaba, que había muerto.
Que Ruby Rose había muerto.
Pero…
Entonces…
¿Por qué estaba viva?
¿Por qué su cuerpo sentía, olía, si estaba muerta?
Iba a indagar en su cabeza, pero un dolor punzante la apuñaló de golpe, haciéndola retorcerse, negándole el paso a las memorias, o a la nitidez de estas, y sumado a ese dolor, vino el pánico, el saber que, si estaba viva, si estaba ahí, significaba que había vuelto, que volvía al inicio, que todo se repetía.
La vida era cíclica, siempre se repetía.
Y se sintió nauseabunda con la idea, con la idea de volver a vivir aquello, y no, no era fuerte para contenerse, sabía que apenas sintiese la oscuridad abrazándola, sujetándola, alentándole, a penas las voces volviesen a su cabeza, a inundar sus pensamientos, se dejaría, no lucharía, se rendiría.
Y le aterraba como ansiaba que así fuese.
Dejar todo, ese era el respiro que necesitaba luego de tanto pretender, luego de tanto sacrificio.
Dio un salto, el dolor avanzando de su cabeza a su columna, bajando, bajando, ardiendo, ardiendo, asentándose en la espalda baja, como si desgarrase su piel, sus huesos, y se vio sentándose de golpe, esperando que eso acabase con el dolor, con la molestia.
Probablemente gritó, porque sentía la garganta dolorida.
"¿Ruby? ¿Estás bien?"
Esa voz.
Su propia mente se acalló, su pánico, su dolor, el lado más retorcido de sí misma que ansiaba rendirse, que ansiaba dejarse hundir en esa piscina de oscuridad y no volver nunca más, se silenció por completo, prácticamente inexistente.
Ahora lo recordaba.
Esa era su razón para surgir.
Para emerger.
Para vivir.
Y ahora, abrió los ojos, necesitando ver que era real, que no era solo una voz más en ese mar de voces que siempre oía, que la alentaban a matar, a hundirse, a destruir, a morir.
Pero lo primero que vio, fue esa habitación, la misma maldita habitación, y se vio apretando los dientes, escuchándolos chirrear, su garganta resonando como un motor, iracundo.
¿Había vuelto?
¿Realmente volvió al principio?
¿Su denigrante historia, su denigrante final, volvía a repetirse?
Más que alivio, más que impaciencia por volver a la nada y sumergirse en la corrupción, fue el pánico que la atacó, un pánico diferente, el de su humanidad, todo lo bueno que tenía, todo lo bueno que se convenció que tenía, se vio lamentando volver al inicio. No quería pasar por eso, por sentirse ajena, por ser un experimento, por perderse a sí misma, como lastimó a sus amigos, a las personas, como escogió el camino incorrecto una y otra vez.
Y lo que más la amargaba, era el saber que aquella mujer se sacrificó por ella, que se hizo daño, que se sometió a diferentes torturas con tal de salvarla.
No, eso sí que no lo soportaría, no de nuevo.
Y ahora, más que nunca, sentía la necesidad de hundirse, de huir, de morir, porque a pesar del alivio de dejar sus responsabilidades, su deber, se añadía el miedo de ver, una vez más, a la mujer que amaba destruirse a sí misma por ella. No, su corazón no sería capaz de pasar por eso de nuevo. No quería ver esa realidad de nuevo.
Porque era débil, tan débil que ni siquiera era capaz de protegerse a sí misma.
Sus ojos se nublaron, probablemente estaba llorando, las lágrimas cayendo, una tras otra, y deseó volver a la oscuridad, a la nada, sin peso, sin miedo, sin dolor, sin culpa, que un ser ajeno se llevase por completo el significado de ser una cazadora, desvaneciéndolo, que se llevase la debilidad, la impotencia.
Sintió las manos de Weiss en sus antebrazos, Weiss, Weiss, Weiss, y dio un salto, tal y como el primer día, sin querer que esta se acercase a ella, a su cuerpo deforme, a su cuerpo corrupto. Por una parte, no quería que la viese, que notase el monstruo que era, ni quería que viese como vacilaba, como de nuevo caía ante su propia debilidad, y, por otro lado, no quería verla, porque sabía que, si veía esos ojos, se obligaría a si misma a permanecer, a vivir.
Y honestamente, ya no estaba segura si quería permanecer en ese mundo.
No después de lo que hizo.
No después de lo que sin duda haría.
Y sobre todo a Weiss, no quería decepcionarla, porque le prometió tanto, le dijo tantas cosas, mentiras, mentiras, puras mentiras, promesas, promesas, promesas que no podía cumplir, que no creía ser capaz de cumplir en ese estado. Pero, cuando la vio, cuando sus ojos sin su permiso se enfocaron en la mujer a su lado, su pánico se calmó abruptamente, y lo abrasador de su cabeza, de sus pensamientos, de sus recuerdos nublados apareciéndose uno tras otro. Se calmó también cuando la frente de Weiss se apoyó contra la propia, sus rostros pegados, más de lo que era físicamente posible en su estado. Y el frio, ese frio gélido, la ayudó de manera instantánea, olvidando por completo todo lo que dijo, todo lo que pensó, las voces silenciándose.
Su propia voz.
"Estás bien, intenta recordarlo, respira conmigo."
¿Qué?
¿Estaba bien? No se sentía bien, dudaba poder estarlo alguna vez.
Pero los ojos azules la observaron, y se vio perdida en estos, en su rostro, en lo hermosa que era, y no sabía cómo por un momento la olvidó, como su mente se oscureció tanto que eliminó todo, que tornó todo en memorias difusas, tanto así que olvidó como lucía la razón principal que tuvo para resistir, el nombre de su salvadora, así mismo como fue la razón principal para rendirse.
Estaba dividida.
Pero… ¿Qué?
¿Ojos azules?
No, no, eso no estaba bien.
No eran azules cuando despertó, lo recordaba, cuando despertó se topó con ojos celestes, los ojos brillantes que reconocía bien, y estos eran diferentes, pero no le causaba extrañeza, como si siempre hubiesen sido de ese color.
Pero…tampoco estaba bien su posición, donde estaba, donde sus pieles conectaban. El hueso en su rostro no debía permitir que esta se acercase tanto. Donde las manos estaban, no debería ni siquiera ser capaz de sentir la piel ajena en la suya ante la cantidad de blanco, blanco, tan blanco, de corrupción, que tenía en su carne desde el comienzo, desde que despertó en esa misma maldita habitación, tan blanca, blanca, blanca, y no sabía por qué en ese instante le molestaba aquel color cuando ese mismo parecía ser su razón de vivir, de respirar, de morir incluso.
Se obligó a cerrar los ojos, a hacerle caso, a respirar, a escuchar la respiración ajena y seguirla.
Inhalando, exhalando.
Porque siempre asentía a ese comando, siempre, esa mujer controlaba todo, su vida y su muerte. Y le aterraba que le dijese que viviese tanto como le aterraba que le dijese que muriese. Quería verla, no quería dejarla, y estaba dispuesta a todo para seguir a su lado, incluso abandonarse a sí misma, si, lo haría, mil veces.
Su cabeza ardió, dolió, pero no le importó, volvió a pensar en lo que sucedió, en aquel día, debía hacerlo, eran las ordenes, solo así iba a entender, solo así volvería al presente y los recuerdos dejarían de estar en posiciones extrañas, confundiendo su mente inestable.
Y si su mente no lo recordaba, su cuerpo debía de hacerlo.
"…El cuerpo me ardía, mis huesos me ardían, quemando… luego, comencé a sentir mucho frio, mi carne congelándose."
Su voz sonó rasposa, pero logró hacer que las palabras saliesen.
Las sensaciones tan nítidas le causaron escalofríos, su cuerpo sí que lo recordaba, y era agobiante hacerlo, porque era objetivo, imparcial, no como su mente hundida en la oscuridad durante tanto tiempo, ahora dividida, carente de claridad.
Cuando abrió los ojos, los ajenos parecían preocupados.
"Eso fue mi culpa."
Oh.
Claro.
El antídoto.
No lo recordaba, pero lo sabía, Weiss dijo que andaría siempre con una dosis en caso de emergencia, y debió utilizarlo cuando ella se perdió por completo, cuando se hundió, su mente recordando solamente a Cinder, solamente la sangre y los trozos de su cuerpo siendo desgarrados por su manada, por su ejército, y la imagen le causaba tanto asco como gusto.
Su cuerpo recordaba el dolor sin problema, y, de hecho, aun sentía los vestigios en su cuerpo, y probablemente lo seguiría sintiendo por un largo tiempo, como si aún estuviese ahí, el hielo pasando por sus venas, quemando la ira, la oscuridad. No, nunca había sentido tal dolor, pero luego sintió alivio.
Y el frio, el frio siempre se sentía bien.
Su mente volvió, debió de volver, resucitó de la oscuridad, el hielo quemando la corrupción.
Y por un momento se sintió viva, normal.
"Luego…estuve bien."
Y el alivio aumentó al despertar en los brazos de Weiss, la sensación acogedora calmando el dolor abrumador que sentía, y sabía en ese instante que estaba dispuesta a pasar por aquella tortura una y otra vez, en morir si era necesario, con tal de sentir ese cuerpo pegado al suyo, se sentía bendecida luego de ser maldecida.
Y Weiss la había salvado.
"Me salvaste."
Weiss negó de inmediato, los ojos azules sin mantener el contacto visual, y no le gustaba eso. Weiss la miraba, incluso cuando tenía aquel inmundo cuerpo, aun cuando su mente tenía pensamientos repulsivos, las voces ahogando su humanidad. Cuando era la peor versión de sí misma, Weiss siempre la miraba, la perdonaba, lo que no era bueno, pero lo disfrutaba, siempre lo disfrutaría.
"Te provoqué un daño inimaginable. Volviste, sí, pero ¿A qué costo?"
Bajó la mirada, notando su cuerpo, sus brazos expuestos por la bata de hospital, libres de cualquier hueso, sin nada, como si nada hubiese ocurrido. Creyó que jamás vería así su piel, limpia, humana.
Se miró las manos, y las apretó.
Si, fue un dolor horrible, pero aquel dolor era por el que Weiss debía pasar cada día, cada vez que volvía a ese centro de investigación. Era un dolor horroroso, y Weiss se expuso a ese dolor incontables veces para hacerlo más inofensivo para su salud, pero no lo consiguió, ningún intento fue suficiente, pero no importaba.
Weiss lo hizo por ella.
Y si Weiss lo soportó, ella debía de hacerlo también, le debía eso y más, e incluso se hubiese sometido ella misma a esos experimentos con tal de que Weiss no pasara por eso, nunca. Pero ya había ocurrido, y no había nada que pudiese hacer.
No, si había algo.
Llevó una mano al hombro de Weiss, dándole un leve apretón, sujetándola.
Estaba viva, viva, siempre viva.
Se iba a asegurar de eso.
"Tu sufriste lo que yo cientos de veces, todo por mí, y de poder devolver el tiempo, hubiese tomado el primer intento con tal de que no tuvieses nunca que sacrificarte por mí, porque eso duele más que el dolor en sí. Además, me devolviste la vida, me salvaste de la oscuridad, no te sientas mal por lo que ocurrió durante el camino, solo piensa en lo que lograste al final."
Le sorprendía su habilidad innata para hablar así, para decir tales cosas, cuando hace solo unos minutos se sentía capaz de tirar todo por la borda.
Quizás su mente aun tendría que lidiar con la oscuridad en la que permaneció.
Así como siempre tendría que lidiar con la luz con la que nació.
La mirada de ambas se unió de nuevo, y esta le dio una sonrisa, hermosa, tan hermosa, las manos ajenas ahora llegando a sus mejillas, frías, tan frías, y disfrutó del calor del cuerpo ajeno, tanto así que las sujetó con sus propias manos, manteniéndolas ahí, disfrutando de la sensación. Siempre se derretía con el tacto ajeno, a pesar de no haberlo sentido tanto antes, pero más si en su final, Weiss dejándose llevar ante la separación que tendrían, y lo agradecía, porque su cuerpo lo recordaba, incluso si su mente aun no. Y era algo que se sentía indescriptible, pero de la mejor forma.
Al final, ni la oscuridad logró mermar aquello que sentía, lo que esa mujer causaba en ella.
Y quizás era algo mucho más fuerte que cualquier oscuridad.
Que cualquier luz incluso.
"Estoy tan feliz de que estés de vuelta, no sabría que hacer sin ti."
¿Weiss, sin ella?
Se vio soltando una risa, provocando cierta sorpresa en su compañera, y en sí misma, reír de manera normal no parecía ser su normalidad últimamente, su cuerpo sin recordarlo.
"Estarías bien, eres fuerte, en cambio, ¿Yo sin ti? Pues no estaría aquí ahora, así de simple."
Los azules se cerraron, esta soltando un suspiro. Al parecer no debió decir eso. Pero cuando esta volvió a mirarla, sus ojos brillaban, luminosos, hermosos, los más hermosos.
Sintió sus mejillas siendo tiradas por los dedos de la mujer, y se vio soltando un aullido.
"Realmente aun no entiendes lo mucho que me harías falta."
Su voz sonó tan dulce, tan suave.
Oh.
Se vio recordando algo más.
Su cuerpo lo recordó, la suavidad, la calidez, y su mente ya estaba libre de oscuridad cuando ocurrió, así que el recuerdo llegó claro a su cabeza. No sabía cómo fue capaz de olvidar aquel beso, y podía ser de lo que más se culparía de ahora en adelante, porque, como deseó eso, sobre todo ante sus impulsos animales que apenas pudo mantener contenidos, porque no era capaz de hacer algo así, besarla, la luz conteniéndola, conteniendo al animal que era bajo su piel, que ansiaba ser corrompida así como ansiaba corromper a esa mujer.
Débil, tan débil.
Cobarde, tan cobarde.
De haberse hundido más en la oscuridad, lo habría hecho, lo habría conseguido.
Y la habría tenido solo para ella.
Solo suya.
Aun así, Weiss debió notar sus instintos, sus impulsos, apenas contenidos, para nada sutiles. ¿Y esta aun la quería a pesar de eso? ¿Con sus actos descarados? ¿Con su posesividad? Al parecer no eran tan diferentes después de todo, las dos cayendo ante la otra, haciendo lo que sea, perdonando lo que sea.
Se vio riendo, aun sus mejillas siendo atacadas, pero no le importó. Se sentía feliz, realmente feliz, porque a pesar del dolor que sentía, de tener la mente tan nublada y el cuerpo tan debilitado, tenía a Weiss a su lado, aceptándola, queriéndola tanto como ella la quería. Y si, sin duda fue maldecida y bendecida por igual.
Weiss soltó su agarre, pero no quiso que esta se alejase más, porque ya no iba a ocultarse, a ser una cobarde, porque ya todas las cartas estaban sobre la mesa, y la abrazó, sujetándola de la cintura, obligando a que sus cuerpos se apegasen, y no tenía que tener ningún cuidado porque no había nada en su cuerpo que pudiese lastimarla. Weiss se acomodó sobre la camilla, entre sus piernas, y sintió los brazos ajenos rodeándola por el cuello, aceptando su agarre, convergiendo en el mismo espacio.
Adoraba sentir ese aroma, esa sensación del cuerpo ajeno contra el propio, el sonido de su respiración, incluso el frio de su piel.
Si, por eso, por sentir aquello cada día, viviría.
Haría lo que sea para quedarse a su lado.
Lo que sea.
Respiró profundo, tan profundo, procurando recordar ese aroma siempre que pudiese, así como la sensación del cuerpo ajeno en el suyo, aunque su piel humana, así como la corrupta, necesitase más para sentirse satisfecha…
Al menos ahora solo tenía que pelear con una sola parte de sí misma, y no tendría a la muerte persiguiéndola.
"Gracias por salvarme, Weiss, por eliminar la corrupción"
Le agradeció, soltando un suspiro, y notó como el cuerpo abrazado al propio se puso tenso. Giró un poco el rostro, buscando el ajeno, cuestionándola, pero esta miraba hacia el otro lado, prohibiéndole el mirar su expresión.
"O sea, no del todo."
¿Qué?
¿No del todo?
Weiss se alejó, y extrañó la cercanía, su piel tirando, picando, necesitada, queriendo más, necesitando más, pero si Weiss se alejaba, no podía acercarse, era incapaz.
Era débil, tan débil.
El rostro ajeno finalmente la enfrentó, disculpándose con la mirada.
"Tampoco eres la misma de siempre."
Pestañeó, sin entender, temiendo por un momento que lo peor de sí misma estuviese a plena vista, no oculto donde debía estar, y Weiss apuntó, sobre su cabeza, y se vio llevando las manos a la zona.
Oh.
Era eso a lo que se refería.
Se vio sujetando las orejas sobre su cabeza, causándose daño en el proceso. Si, seguían pegadas a su cabeza, por supuesto. Se giró, viendo tras su espalda, notando la cola que ahí seguía, y ahora entendía el dolor que le dio en la columna, debió haberse lastimado en algún movimiento brusco, en los movimientos que su pánico causó.
Cuando volvió a mirar a Weiss, probablemente se le notaba la incredulidad en el rostro.
"¿Por qué el antídoto no quitó lo demás?"
Weiss parecía reticente a contestarle, pero asintió, su rostro tornándose pensativo, como cada vez que le explicaba algo, y siempre adoraba esa expresión.
"Te dije esa vez que el ADN Grimm, al unirse al tuyo, añadió unas cadenas de Fauno, ayudándola a que se mezclasen a la perfección, lamentablemente solo pudimos hacer funcionar el Dust para eliminar la parte Grimm, lo demás se quedó ahí, como si siempre hubieses sido un Fauno."
De acuerdo, eso no se lo esperó, no lo recordaba, ni siquiera el haberlas sentido ahí cuando recuperó la consciencia, pero al final, su cuerpo se acostumbró, hizo de esas piezas de carne parte de sí misma. La corrupción la absorbió, pero esa parte convergió con su humanidad, aceptándola, no siendo un parasito como fue la misma oscuridad.
Se acomodó en la cama, llevando su cola a su regazo, sujetándola.
¿Tendría que estar así por siempre entonces?
O sea, no le molestaba a ella en sí, a su cuerpo, pero si tenía dos problemas;
"¿Crees que los Faunos se darán cuenta que no soy como ellos?"
Se sentía en parte, un Fauno falso, y el aparecerse así de la nada se sentía un poco irrespetuoso, considerando las opiniones que había en la sociedad. Bueno, tampoco es como que pudiese hacer mucho al respecto, al final, sería incluso más feo el hacer una investigación para quitarse lo Fauno de encima.
Weiss la miró, sin saber que decir, hasta que finalmente soltó otro suspiro.
"Tienes dos aditivos, eso no suele ocurrir con los Faunos, así que estoy segura de que te harán muchas preguntas."
Podría vivir con eso.
Pero le preocupaba, y era su segundo problema, el que aquellas piezas de carne le recordasen lo que ocurrió, que al verlas en el espejo volviese a oír las voces, que le hicieran volver a ese lugar, a la oscuridad, necesitando el resto de su inhumanidad para continuar, para rellenar su piel vacía, y de nuevo, seguía dividida, y probablemente tardaría mucho en sentirse humana de nuevo, en aceptar esa realidad, esa vida.
En aceptar a quien fue.
Quien era bajo la piel.
Negó, acallando sus preocupaciones, ese sería un problema para después.
"Ya no soy un monstruo, es lo único que me importa."
Lo era, siempre lo sería, pero ya nadie lo notaría, nadie vería al monstruo antes que a su humanidad, así que podría seguir siendo Ruby Rose.
Los azules brillaron, y esta se acercó, removiéndose, sentándose a su lado en la camilla, y ahí, de nuevo, su mente se acalló por completo.
A su lado no tenía preocupaciones, solo felicidad, nada más.
Weiss apoyó la cabeza en su hombro, y le agradó la cercanía. Y a pesar de su maldición, agradecía inmensamente que su cercanía incrementase, que pudiesen estar así, al lado de la otra, que la oscuridad le guiase.
"Me alegra tanto que estés de vuelta."
Rodeó a su compañera con uno de sus brazos, sujetándola, apoyando la mejilla contra el cabello claro.
Si, estaba agradecida de la oscuridad.
"Yo también."
Estaba de vuelta, a pesar de no ser la misma.
No, nunca lo sería.
Algo faltaba, lo sentía.
No solo su mente quedó diferente, su cuerpo, las sensaciones, sus pensamientos, la corrupción dejó su marca, no se desvaneció en silencio, y sabía que eso podría llegar a ser un problema, pero también estaban los instintos animales que obtuvo con el cambio, que seguían ahí, así como sus aditivos, porque eso era algo que no pudo ser eliminado, y ese animal en el que se convirtió seguiría presente, y sabía que eso causaría problemas.
Incluso ahora.
Pasó la nariz por el cabello ajeno, respirando profundo una vez más, sin poder evitarlo, sintiendo la esencia de Weiss, que reconocería en cualquier lugar, y por supuesto, vestigio de otros aromas rodeándola, ensuciando el aroma perfecto de Weiss, y se sentía hervir en ira. El fuego en sus venas siempre presente, sin desaparecer, ni siquiera con el mejor antídoto.
Pero sus ojos no estaban rojos.
Ya no era así, lo sabía, lo sentía.
No era aquel monstruo, no más, pero seguía sin ser ella misma, y era una preocupación que se volvería constante. No sabía de lo que sería capaz de hacer, no sabía que tan difícil sería controlar sus impulsos de ahora en adelante. Como podría mantener sus instintos a raya cuando Weiss estaba ahí, para ella, como nunca antes. Y sus pensamientos, aun no sabía si sería capaz de mantenerse firme ante la tentación de sus memorias, de sus recuerdos, del alivio.
Pero viviría para descubrirlo.
Si, viviría, y eso era suficiente para hacerla sonreír, porque esa vida valía la pena vivirla.
Viviría, con Weiss y para Weiss.
Por ella, viviría y moriría.
