PIRATE JOURNEY

-Familia-

Y ahí estaba de nuevo.

Siendo una prisionera más.

Una vez más.

Levantó el rostro, mirando a la mujer al otro lado de la mesa, esta estaba mirando un mapa sobre la superficie, amarillento y desgastado. Parecía atenta, la mano de carne y hueso firme en su mentón, pensativa, y quizás era la primera vez que la veía realmente seria haciendo algo, no con esa mueca ebria y estúpida en su rostro.

Se miró a sí misma, las cuerdas ahora en sus manos, en sus muñecas, y lo agradecía, ya que sabía que las marcas de la soga alrededor de su cuerpo aun no debían de haberse borrado luego de esas horas, pero aun la trataban como una prisionera.

Creyó que mostrar cierto respeto sería suficiente para que la mujer la dejase en cierta libertad, pero no, volvió a terminar ahí, dentro de esa habitación bajo el timón del barco.

Giró el rostro, mirando por una de las ventanas de ese lugar, dejando ver la oscuridad que había afuera. Habían pasado varias horas desde que dejó de estar inconsciente, tuvo una discusión, casi cae por la borda, luego fue salvada por segunda vez, y finalmente visitó las letrinas, sin saber cuál era la necesidad de la que necesitaba más pronto alivio, sentía sus interiores aun revueltos luego de casi haber caído al mar.

Una sensación que no quería revivir.

Al menos, ahora, su cuerpo se acostumbró a los movimientos del barco, o no podría soportarlo ni un minuto más ahí arriba, y quizás el casi caer fue suficiente terapia de shock para que lo normal no le afectase.

Lo otro que le molestaba, era el barco en sí. Estaba acostumbrada a la buena vida, a los lugares limpios, con servidumbre al pendiente del más mínimo detalle, ahí se notaba que no había tales comodidades, y si seguía ahí, debería empezar a aceptar que no podría darse largos baños, ni tener la privacidad que acostumbraba, ya que la capitana no le quitó la vista de encima, ni siquiera para ir a la letrina personal que esta tenía en sus aposentos.

Sintió un dolor agudo y repentino en su ojo, y por inercia llevó una mano a la zona, solo que terminaron sus dos manos, estas amarradas.

No se sentía agradable esa situación, y si, comparada con la muerte, debería aceptarlo.

Pero no era esa clase de mujer.

"Pides respeto de mi parte, pero me tratas como una prisionera."

La mujer estuvo todo ese rato pendiente del mapa, bajando la linterna con su vela encendida a la mesa, solamente para ver con más claridad ante la oscuridad que poco a poco cubría todo, y cuando habló, esta al fin levantó el rostro, los ojos plateados observándola, curiosa.

Esta soltó una risa mientras volvía a acomodarse en su asiento.

Por inercia esta iba a agarrar la botella de ron, la segunda, pero ya se había acabado.

Ni siquiera sabía cómo esa mujer aún podía hilar palabras luego de beber tanto.

"¿Acaso quieres que te trate con respeto también? De seguro en tu hogar adinerado estabas acostumbrada a que te tratasen con respeto, así como respetuosamente te quitaron la vista."

Esta la miró, riendo como si hubiese dicho la mejor broma, pero muy lejano a la realidad, lo encontró de muy mal gusto.

¿Cómo se iba a reír de algo así?

Era retorcido.

Y lo peor… es que tenía razón. No sabía ni que esperaba, ni su misma familia la trataba con el mínimo respeto, ¿Cómo pretendía que una desconocida, y una pirata, la tratase bien? Solo era una ilusa, nada más. Aun sentía que estaba en lo alto de su familia, de su apellido, superior al resto, y ahí, sin nombre ni apellido, no era nadie, así que nadie la trataría como si se lo mereciese, como si se mereciese el respeto, porque no era así.

No se merecía nada.

Ni vivir al parecer.

No miró a la mujer, pero la escuchó soltar un suspiro, y levantó la mirada para buscar el rostro ajeno. Esta se dejó caer en su silla, tirándose hacia atrás, la madera chirreando, y ahí puso los pies sobre la mesa, las botas resonando y se vio en pánico cuando las vio tan cerca de la vela, a punto de botarla y ocasionar un incendio que los mataría a todos ahí dentro, antes de terminar siendo solo ceniza en el mar.

Por suerte no fue así, casi le da un infarto.

"Hay dos tipos de familia, chica, a la que le interesas tan poco que, si supieran de tu situación, te dejarían a tu suerte a manos de piratas para que ellos hagan el trabajo sucio, o la que pagaría todas las monedas del mundo para tenerte de vuelta y poder deshacerse de ti con sus propias manos, ¿Cuál es la tuya? ¿La primera o la segunda?"

Miró a la mujer, lo que esta le había dicho dando vueltas en su cabeza. Olvidó su enojo hacía la mujer en ese instante, desviándolo hacia su familia, pensando.

¿Cuál era su familia?

Le aterraba decirlo, pero creía que era la segunda. Que usarían todo el dinero que poseían para pagar por ella, solamente para tenerla de vuelta, el rencor que les causó su huida demasiado fuerte para siquiera pensar en el dinero que perdían. Al final del día, estos eran codiciosos, querían más y más dinero, aunque lo utilizaran en estupideces, sin embargo, también odiaban perder, y que ella lograse huir, que no pudiesen terminar el trabajo, los iba a dejar fastidiados por mucho tiempo, les iba a remorder la consciencia hasta que al fin lograsen su cometido.

Llegarían al fin del mundo por lograrlo.

No quería contestarle a la mujer, menos luego de ser tan desagradable con lo que salía por su boca, pero quizás debía hacerlo. Aun debía comportarse, o no dejaría de tener amarras alrededor de su cuerpo.

"…Tengo ilusas esperanzas de que sean la primera."

Lo deseaba.

Esperaba que fuese el caso.

No miró a la mujer, su ojo fijo en las amarras en sus manos, la idea pasando una y otra vez por su cabeza, el miedo aumentando, sabiendo que siempre existía la posibilidad de que ellos la buscaran, que hiciesen lo que sea para tenerla de nuevo en su poder, y volver a ser un esclavo en su retorcido juego homicida.

A pesar de no verla, podía sentir la mirada plateada en ella, observándola minuciosamente.

Esta volvió a soltar un suspiro pesado, levantándose del asiento, dejando sus pies de nuevo en el suelo, y menos mal no estaba mirando, o se hubiese vuelto a asustar de que esta golpease la lampara y ambas se incendiasen.

Morir ahogada o quemada, ambas eran horribles muertes.

La vio caminar, tomando la botella vacía en sus manos, mientras avanzaba hasta la puerta que llevaba a la cubierta del barco. Esta se detuvo frente al perchero, sacando una chaqueta de encima, esta roja, imponente, y se la puso, con bastante cuidado de no rasgar la tela con su garfio. Ya cuando estuvo lista, abrió la puerta.

Se giró, mirándola, y esta le hizo una seña para que la siguiera.

No sabía si seguirla o no, pero luego de lo que había ocurrido, sabía que, si volvía a hacer lo que quisiera, terminaría en aquella tabla, a punto de caer. Al menos agradecía que la mujer, en su evidente ebriedad, le dijese las cosas sin la innecesaria brusquedad. Esta era de armas tomar, y mientras no la hiciese enfadar en repetidas ocasiones, debería estar bien, o eso esperaba.

Esperaba poder lograrlo.

Avanzó rápidamente, siguiéndola, sus manos aun atadas, y sus pies aun descalzos, y también se iba a tener que acostumbrar a eso. Al menos no hacía frio ahí, no tanto como solía hacer en su hogar, así que debía agradecer que al menos no iba a morir de frio, por el contrario, se sentía inesperadamente cálida.

El barco se veía calmo ahora, había un par de personas sobre la cubierta, y asumía que todos los demás debían de estar en las plantas bajas de la embarcación. Levantó el rostro, viendo las velas oscuras meneándose, apenas visibles ante la oscuridad de la noche. Cuando giró el rostro, notó a la mujer frente a las escaleras que llevaban al timón, escalándolas, y se vio obligada a seguirla, sus manos aferrándose a una de las barandas para no caer ante cualquier mínimo movimiento brusco del barco.

Estar más alto de lo que ya estaba, le causaba vértigo, y no quería que su caída al mar fuese más eterna.

Vio como la capitana del barco se posicionó frente al timón, desbloqueando el rumbo fijo que tenía, para luego comandarlo al poner en la superficie su mano y su garfio.

Se paró a su lado, aun sintiendo las piernas temblorosas ante la altura, pero se distrajo al mirar al frente, al ver el mar oscuro rodeándolas por todas las direcciones, pero lo que más le llamó la atención, fueron las estrellas apareciendo. Se veían más claras que nunca, y le pareció agradable ver aquel espectáculo.

Se vio soltando un quejido, su ojo ardiendo. Era una sensación extraña, el tener su ojo izquierdo destrozado, ya que cada vez que intentaba fijar la vista con su ojo derecho, que hacía que lo que quedaba del otro ojo parecía hacer lo mismo, causándole un ardor molesto.

Aún era reciente, lo sabía, pero tenía claro que le esperaba un largo camino para que se recuperase por completo.

Cuando levantó la mirada, la mujer parecía estarla mirando, al menos por un segundo, para luego buscar en su chaqueta, hasta que encontró lo que buscaba, un catalejo, para luego alargarlo y mirar por el objeto. No dijo nada en ese rato, ni la mujer, así que la dejó hacer su trabajo de capitana de barco, del cual no sabía absolutamente nada.

Era una profesión muy ajena en su vida, sobre todo al haberse subido solo una vez a un barco cuando era niña, estando acompañada de su hermana mayor. Se sentía lejano, demasiado.

"Yo también solía creer que mi familia era del primer tipo."

Escuchó a la mujer decir, mientras dejaba de mirar a través del catalejo, guardándolo para volver a maniobrar el timón, despacio, al parecer rectificando el rumbo que estaban tomando, y se afirmó de las barandas, notando como las olas golpeaban el barco con más fuerza que hace unos momentos.

La miró, sin entender, pero no dijo nada, esperando, mientras esta se aseguraba de estar en el rumbo perfecto antes de volver a bloquear el timón, la turbulencia acabándose. Ahí recién los ojos plateados la miraron, y dio un salto cuando esta sacó una navaja de su cinto, y en un rápido movimiento cortó la soga que mantenía sus muñecas firmes, ahora dejando nada más que una marca rojiza en su piel.

Esa mujer le iba a causar un verdadero infarto con sus movimientos bruscos.

"Mi mamá murió, así que mi papá se vio solo y pobre, sin poder criar a sus dos hijas, así que me vendió al mejor postor. Un día en casa, y al siguiente sobre un barco entre un montón de piratas."

¿Un barco pirata?

¿Sola?

Ella misma se sentía vulnerable ahí, con un montón de personas que vivían sin ley, que hacían lo que querían cuando querían, robando a quien sea que se les atravesare, buscando ganar. Y ella era una adulta, ¿Cómo sería para alguien menor?

"¿Cuántos años tenía usted en ese entonces?"

Se vio preguntándoselo, por inercia, y agradeció no faltarle el respeto en el proceso. No quería volver a tener las manos amarradas.

La mujer miró al cielo, pensativa, mientras comenzó a caminar, bajando las escaleras, ambas alejándose de la popa del barco. Notó como la mujer dio un paso en falso, tambaleándose, pero manteniéndose de pie. Le avergonzaba admitir que se vio estirando los brazos para sujetarla, y por suerte no alcanzó a tocarla o esta se habría reído, y ya estaba harta de que esta se riese en su cara.

"¿Cinco? ¿Seis? Mis recuerdos están borrosos, ya hace tantos años de eso, pero me aceptaron, me crie con piratas y aprendí a volverme uno, y así sobreviví día a día. Es una buena vida, sin ataduras de sangre, solo compañeros de viaje a tu lado, todos cuidándose las espaldas."

Sin familias.

Sin que las personas que te dieron la vida te la quiten.

Si lo decía así, sonaba casi como un sueño hecho realidad.

Algo le quedó dando vueltas en la cabeza, esta dijo que solía creer que su familia era de ese tipo, pero eso daba a entender que al final no era así. ¿Estos la habían buscado?

La mujer se detuvo de golpe, y por suerte frenó a tiempo.

Se vio frente a la espalda de la mujer, esta más alta que ella, claramente estaba en desventaja por estar descalza.

Esta se dio vuelta, y se obligó a retroceder para no quedar tan cerca del rostro ajeno.

"Mantente cerca de mí todo el tiempo, a mis trece compañeros le confiaría mi espalda, pero no puedo confiar en que se comporten contigo, eres bonita e inexperta, eres un juguete nuevo ante un montón de personas aburridas en altamar. Así que ten cuidado."

Se grabó la advertencia en su cabeza.

Probablemente incluso para esa mujer era difícil comportarse, por algo parecía tan divertida en su presencia, asumía que con el resto sería similar.

Estar cerca de esa mujer, cerca todo el tiempo, era un martirio, al menos solo era una persona, la líder, era el juguete de esa mujer, y, por ende, no sería el juguete del resto, pero si se descuidaba, ellos se aprovecharían de ella, y eran muchos para hacerles frente.

Prefería una molestia a trece.

Avanzaron hasta la proa del barco, topándose con otras puertas, menos glamorosas que la de la popa, donde dormía el capitán. La mujer abrió las puertas, y se vio con la entrada que la llevaba al resto del barco, al interior. Bajó unas escaleras, topándose con lo que debía ser el lugar donde el resto de la tripulación dormía, y a los costados, veía largos pasillos, y no sabía mucho de eso, pero ahí debía estar la artillería.

Siguió bajando por las escaleras y empezó a sentir un aroma agradable.

Notó el lugar relativamente vivido, parte de la tripulación estaba ahí abajo, sentados en mesas, velas sobre estas, mientras hablaban entre ellos, comiendo. Ahí parecían tener las bodegas con todas las provisiones, grandes cajas que veía tanto ahí como al fondo del lugar que usaban de comedor. No iba a hacer un tour por el barco, pero lo que veía, eran dimensiones que no imaginó.

Había un hombre ahí, grande, corpulento, un pañuelo en su cabeza rapada.

La capitana avanzó hasta ese hombre, frente a él había una mesa de metal, y sobre esta, una gran cacerola. No sabía cómo cocinaban o con qué, pero esa era una de sus menores preocupaciones, la principal, era el ver esa especie de puré. La mujer le pasó un plato de cerámica, y la instó a acercarse al hombre, quien tenía un cucharón en su mano, usándolo para tomar un poco de ese puré para luego dejarlo en su plato.

Probablemente no ocultó su mueca de asco y desconfianza al ver aquello en su plato, donde evidentemente tendría que comérselo, ya que no comer era igual a no vivir, pero en cualquier otra circunstancia hubiese negado sin el menor respeto. Escuchó a la capitana reír a su lado, probablemente viendo su rostro expresivo. Miró de reojo al cocinero, quien parecía incluso consternado, dolido con su mueca.

"Se que estás acostumbrada a otros estándares, pero dale una oportunidad a este buen hombre."

¿Buen hombre, un pirata?

De acuerdo, le iba a dar cierta consideración, solamente porque lo vio como un cocinero y no como un pirata, aunque los tatuajes en su cuerpo y su ropa lo señalaran como tal.

Respiró profundo, agradeciendo que el olor no fuese desagradable, tomó una cucharada, y se la metió a la boca.

La textura, no era agradable.

Pero era delicioso.

Pudo escuchar la risa de la mujer y el suspiro de alivio del hombre, este diciendo algo que no pudo entender por lo duro de su acento, pero por lo mismo supo que su rostro de nuevo expresó exactamente lo que sintió.

Podría acostumbrarse a esa sensación de puré, sin ser puré, pero no sufriría con el sabor.

La mujer la guio a una de las mesas, y sabía que la tripulación la observaba de la distancia, pero se esforzó en ignorarlo y simplemente concentrarse en la comida. Aun no sentía del todo bien su estómago luego de tantas situaciones, pero el hambre era más fuerte, ni sabía cuándo había sido la última vez que probó comida alguna.

La capitana tenía el mentón apoyado en su mano, sin el más mínimo interés de comer, pero se sentía avergonzada al saber que la mirada plateaba iba directamente a ella, y a la forma correcta en la que debía comer, a diferencia del resto, y eso que tenía mucha hambre y sus modales se le olvidaron por un momento.

Escuchó un sonido en la mesa, alguien de la tripulación dejándole a su líder una botella llena de ron.

Si, favoreciendo el vicio, no diría nada.

"Espero pueda subir correctamente las escaleras luego de beber tanto."

Habló, cuidando su tono.

"Creeme que he ganado peleas con una botella en la mano, y un sable en la otra."

Notó orgullo en la mujer, y por su parte, solo pudo desviar la mirada de su plato para observar ambas manos de esta, donde claramente aquel relato parecía inviable. Los plateados notaron su mirada, y parecía divertida, a pesar de que su rostro debía decir con claridad lo que pensaba, y no pensaba cosas buenas.

"En ese tiempo si podía sostener cosas con ambas manos. Ahora el garfio es mi sable, ya que no soltaré la botella fácilmente."

No sabía porque, pero eso sonaba muy realista. No la había visto soltar la botella, o al menos siempre estaba pendiente de agarrarla y darle un sorbo, incluso cuando estaba vacía. Se lo creía, se creía aquel relato en su totalidad.

Se vio llevando la mano a su ojo por inercia.

Nunca había imaginado que estaría en esa situación, donde perdería parte de su cuerpo, o peor, que sería su propia familia quien se lo arrebatase.

¿Quién le había arrebatado la mano a la mujer?

Al parecer, poco a poco, iría conociendo más de ese mundo.

De la capitana.

Por ahora, disfrutaría de estar viva, y comería aquella comida. Tal vez extrañaría las comodidades, la limpieza, los banquetes, pero no extrañaría a su familia, esta lejos de ella, muy lejos. Y si esos piratas decidían aceptar el pago que su familia le darían por su cabeza, iba a procurar ser lo suficientemente capaz para defenderse.

Quien mejor para enseñarle que los mismos piratas.

Haría todo por sobrevivir.

Todo.

Y eso era lo único que importaba.