La pequeña busca pleitos

El recreo había comenzado, la estúpida campana al fin había dado inicio a los treinta minutos de descanso, y mientras cada uno de los estudiantes los aprovecha a su manera, yo solo me encuentro apartada comiendo de mi almuerzo. Casi no tengo hambre, por lo que apenas y le doy una mordida a mi manzana.

Miren...ahí está la hija de la bailarina prostituta—bufé por lo bajo cuando esas malditas voces se volvieron a escuchar—Pobre, si mi mamá tuviera que trabajar en ese maldito lugar de mala muerte, ni le hablaría.

Miro fija a la fruta que tengo entre las manos, cuando la ira comienza a subirme por el cuerpo.

No deberías de menospreciar—susurró otra chica—Recuerda que su papá las abandonó, y la mujer tuvo que cuidar a la niña completamente sola.

Y como no—la otra se río—Hasta yo me hubiese marchado, de saber que iba a tener una bastarda.

Sus risas no me alegran para nada, siempre ha sido así ¿Acaso no tienen nada más interesante de lo que hablar? Ya basta de ser un maldito objeto de burlas por parte de todas. Odio el recreo más que otra cosa. Lo detesto.

—¡Moroha!—miro a mi lado, y justamente ahí venían ellas, Towa y Setsuna. Mis amigas del orfanato.

—Hola chicas—Saludé algo desanimada y cortante, en cuanto voltearon a ver el porqué, y la razón de aquellas risitas que se volvieron más fuertes.

Y ahí van las otras dos—comentan—Su circulo social si que es bastante extraño. Mira que juntarse con esas dos desquiciadas...

Mis manos se empuñaron con enojo. ¡De verdad que me están provocando! Mis amigas bajaron la cabeza algo tristes por lo que acababan de decir, pero yo no podía sentir más que coraje. Y ambas hermanas se dieron cuenta de ello.

—Moroha no las escuches—pidió Towa tratando de calmarme—No valen la pena—Las miró mal.

—Mi hermana tiene razón, solo no las escuches—Añadió Setsuna.

Suspiré. Es difícil fingir que no me afecta, cuando en realidad, sí que lo hace.

Soy la hija de una mujer joven que baila en las noches en un palco del centro. Y todo el mundo en este maldito lugar, la clasifica de prostituta ya que son unos malditos ignorantes. Por ende, soy menospreciada gracias a ese hecho.

En realidad, mi mamá solo es acróbata y bailarina de circo, pero en la provincia de Akamura no hay muchos centros recreativos; por lo que son muy atrasados en ciertos aspectos, y marcan a mi madre de mujerzuela, cuando solo es una maldita suposición errónea.

En lo que sí tienen razón; Es que, mi padre, o como yo lo bauticé "el maldito que me engendró" la abandonó mucho antes de que yo naciera. Otro dato más para dar de que hablar a la gente de este lugar.

Por otro lado, Towa y Setsuna son mis mejores amigas. Ellas dos son hermanas gemelas pertenecientes al orfanato de Akamura, así que son tan menospreciadas como yo por cierta gente. Por lo que se sabe, hay un rumor que dice que sus padres las abandonaron cuando bebés. Algo que no ha sido probado hasta ahora. Y pues, como nadie las quería adoptar a ambas, se convirtieron en las concubinas de la señora Kaede.

Nosotras nos conocemos desde pequeñas. La señora Kaede cuidaba de mi, en los cortos períodos en los que mi mamá se iba de gira, gracias a eso pudimos convivir juntas. Y aveces, creo que yo y ellas, estamos conectadas de alguna forma, de lo tan cercanas que somos.

Ambas hermanas son gemelas. Towa es la mayor; albina y con un pequeño mechón rojo que sobresale de su flequillo, y ojos escarlatas. Es cálida, expresiva, amable...bueno demasiado amable. Siempre se muestra dulce con todos, es tranquila, apacible. Y algo tonta también.

En cambio, Setsuna es mucho más seria y reservada que su hermana. Es la cabeza "pensante" de las tres; inteligente, discreta, se podría decir que hasta fría. No se suele molestar por nada, no suele interesarse por nada, y tal parece que ella es la mayor de las dos hermanas debido a su madurez.

Eso es lo bueno. Lo malo es que puede llegar a ser un poco superficial algunas veces. Le gusta la perfección y la calidad. Lo que nos conduce a mi y a ella, a pelearnos en numerosas ocasiones, puesto que yo, soy todo lo contrario.

Y es que de mí...bueno, en realidad, hay mucho de que hablar sobre mi. "Moroha es mucha Moroha", así me llamó un amigo lejano de mi mamá, y eso resume bastante el quien soy yo.

Pasado un tiempo, Towa saca de su mochila un folio con hojas blancas. Toma su lápiz, y empieza a trazar líneas por el papel con gran concentración. A ella le gusta dibujar, y le gusta enmarcar todo lo que ve y observa. Su hermana, tan solo lee un libro, bajo la sombra del árbol en donde estamos sentadas...

Mientras que yo no abandono la tarea, de mirar con rencor a esas niñitas, que continúan burlándose a nuestras espaldas...

—Moroha ¿vas a ir entonces?—Me pregunta Towa de repente—Hace rato que no vamos "al Yambani".

—Voy a ver que se hace—Menciono sin quitar la mirada de mi lugar—Mi madre ha estado muy alterada estos días, no sé si pueda ir...

—Está claro que se encuentra alterada. ¿No tiene una presentación muy importante, cierto?—Añade, mientras se concentra en lo que dibuja en el papel.

Muerdo la manzana que tenía entre manos.

—Si. Creo que es por los "famosos ejecutivos de Tokio"—pongo los ojos en blanco—Que visitarán la ciudad en unos días.

Setsuna se une a la conversación.

—Vaya...hasta que al fin el mundo se da cuenta, de que este lugar existe—Dice ella con cierto tono de recelo.

Las tres suspiramos. Es verdad, Akamura no es un lugar muy poblado. Es hasta invisible. Es por eso, que la visita de dichos ejecutivos tiene a todos un tanto alterados. Aunque la razón de dizque visita nadie la conoce exactamente. Solo se rumorea en que van a "demoler acá" y "construir por allá" , haciendo negocios raros que desconocemos. Pero eso son solo suposiciones. Mi madre dará una presentación a esa gente, en celebración a su recibimiento. El grupo de acróbatas de Akamura, será el primero en darles la bienvenida esa noche.

La campana suena, y el maldito recreo al fin termina. Towa guarda su folio, Setsuna su libro, y cada una se levanta llendo a sus respectivos salones. Tendré que ser fuerte. Solo me faltan soportar unas cuantas horas más, para irme de este lugar.

Caminamos por los pasillos concurridos, dirigiéndonos a nuestro salón correspondiente. Sin embargo, se nos interponen, y bufo por lo bajo debido al hostigamiento.

«No puede ser...»

—Déjame pasar—Exigí, cuando una de esas molestas niñas nos impiden el paso.

Ella sonrió junto con las otras que la acompañaban. Realmente no le encuentro el chiste a todo esto.

—¡Oh! Pero miren quién está aquí...

Mis ojos rodaron. En serio que no quiero aguantarlas hoy. A ninguna. Me siento en uno de esos días en los que todo me molesta. Por lo que no es muy aconsejable que se metan conmigo. Y lo digo enserio.

Más el tumulto de niñitas ñoñas se acumula frente al salón. No parece que vayan a quitarse del medio, y todo porque esta niña estúpida no lo permite ¡Ja! ¿Qué se cree?

Sin embargo, no quiero discutir.

—Komori...déjame entrar al salón—Volví a pedir nuevamente. Intentando darle una oportunidad a mi lado pacifista que siempre margino de todo.

Bueno...más que una súplica, mi voz sonó a pura advertencia.

—No quiero—refutó ella con una sonrisita, de esas que te colman al punto de quererle romper la boca. Sabía que tenía que mantener la compostura, pero era todo un reto aguantar a la que jugaba con sus trensitas rojas de princesita medieval a cada lado de sus laterales, señalándome con sus delicados y finos dedos—No queremos hijas de prostitutas en nuestra escuela.

«Le voy a arrancar su estúpido cabello»

Empuño mis manos, sus palabras hacen que el puto pacifismo se vaya al garete. De verdad, realmente no quiero explotar, pero ya me está colmando...

—¿Qué dijiste?—La miré crudamente, con aquel matiz oscurecido que se iba adaptando a mi voz.

—Lo que escuchas, pendeja miserable—continuó burlándose—Dime...¿Qué se siente, que tu padre no se preocupe por tí?

Gruño. Y hago el ademán de lanzarme con furia hacia ella, pero me detienen antes de poder hacer nada. Resoplo con impotencia e indignación, y desvío mi vista a otro lado. Sintiendo como mis amigas me piden que me calme, acercándose a tomarme de los hombros; pero no las escucho, y simplemente observo fija a la trenzas largas y todo su ridículo discurso provocador. Sus risas amargas llaman la atención, y algunos chicos se detienen a mirar todo el espectáculo.

—Moroha ¡Cálmate!—Towa y Setsuna intentan apartarme pero les es imposible. En mi mente, sopeso cada una de las maneras en que podría despellejarla, hasta que su piel libere el líquido compatible a su tono de cabello.

Komori y las demás continuaban con sus insultos. Sé que me provocan fácilmente, y no lo niego. Eso forma parte fundamental de mi carácter. Y justamente es lo que he tratado de evitar. Que me harten del todo.

—¿Qué pasa, Moroha? ¿Acaso vas a llorar?—Se ríen—¿O llamarás a tu papi? ¡Cierto, el imbécil no te quería!

Mencionando a ese tipo desconocido tampoco ayuda en nada. Quisiera reírme de las tonterías que escupe con sus labios. Más solo la observo, amenazante.

—¡Komori detente!—Towa interfirió, intentando hacer que esto no se extienda, y se empeore—¡Ya fue suficiente, te estás pasando!

Ella solo río más.

—¡Ay, por favor! Ustedes dos, solo son unas malditas huérfanas que sirven para estorbar. Sus padres tampoco las quisieron, y por eso se deshicieron de ustedes...

Las chicas guardan silencio ante sus risas. Bajan la mirada con tristeza, sobretodo Towa. Sin embargo, Setsuna parece más resentida por sus palabras pero solo se limita a observarla con frialdad. Ella odia los conflictos, pero más odia que se metan con su hermana.

—No deberían estar en esta ciudad ninguna de las tres—Komori continúa—Deberían de vivir bien lejos de aquí. Sobretodo tú Moroha, y la puta de tu ma...

Me le aviento encima. Towa grita mi nombre, y junto a Setsuna intentan deternerme, más ya no puedo parar. Caí sobre Komori, y comencé a jalarle y tironearle del maldito cabello rojo desde la mismísima raíz. Haciendo que ella chille del dolor ¿A que no le gusta? Se lo merece, ella me buscó, y me encontró. Así que asuma las consecuencias como toda una señorita.

Como era de esperarse, los demás chicos comienzan a hacer tremendo alboroto. Sus gritos de apoyo se incrementaron en el momento en que lancé a Komori dentro del salón. Sus tontas amigas intentan defenderla y me agarran del uniforme oscuro, sin embargo, yo solo me concentro en partirle la madre a esta desgraciada. Dentro del forzageo, caemos de espaldas a un pupitre que se quiebra. Sonrío maligna cuando Komori me suplica a gritos que me detenga. Ella llora y solloza, y yo me le subo encima para pegarle con mucha más fuerza e intensidad. Percibiendo como toda mi sangre se calienta, y la rabia se acumula en mis manos donde la descargo en esta niñita pesada. Siento que algo de mi uniforme se rompe, o tal vez se trate del suyo, o seguramente se trate de su nariz que comenzo a derramar sangre. No lo se. Más me divierte verla con la cara toda enrojecida, y aunque también estoy algo colorada, no me importa, ella se encuentra mucho peor que yo.

—¡ Suelténme!—Grité, al ser separada bruscamente de ella. Me retorcía entre las manos que sostenían mi cuerpo. Con los nudillos rojizos, que suplicaban en volver a tallar su rostro—¡Déjenme matar a esa maldita perra!

—¡Moroha cálmate—Towa y Setsuna me sostenían fuertemente por detrás. Unos chicos se acercaron a ayudar a Komori, con todo el pelo alborotado, y sus labios y nariz partidos. Llorando, y llamando a su madre del impulso. Creo que me excedí esta vez. Pero repito; eso no me importa, ella se metió con mi madre.

—¡¿Qué demonios está sucediendo aquí?!—El profesor Hoyo apareció con el semblante enfurecido. Tras él, le seguían otros niños que venían corriendo. Y supongo, que fueron ellos quienes lo alertaron de la pelea.

Es cuando entonces, me permito respirar con un poco de profundidad. Observando a todo él mundo nuevamente, que tampoco apartaban la vista de mi. Y por primera vez, me doy cuenta de lo que acabo de hacer.

«Maldición»

—¡Su hija es un peligro para la sociedad!—La madre de Komori reclamó con braveza en la oficina del director—¡Mira como le ha dejado la nariz a mi hija!

Intento no reírme con ese tonto comentario. Ella se lo merecía.

—Lo siento—Musitó mi madre, quien fue llamada con urgencia al colegio.

—Debe tomar medidas estrictas con ella señorita Higurashi. Ya es la quinta pelea, en lo que queda de semana—Señala el director Totosai.

Pongo los ojos en blanco, cansada de volver a escuchar la misma cantaleta. Y por un momento veo a mis amigas, dándome ánimos en la ventanilla, fuera del despacho del director.

—Mi hija es muy impulsiva. Ya sabré como manejarla—Excusó mi madre. Provocándole un bufido a la madre de Komori, quien se ríe sonoramente.

—A esa niña le falta mano dura—Sugiere la señora canosa, que viste con un maldito kimono tradicional, como si fuera un día festivo—Y tal vez, una figura paterna le hubiese sido necesaria.

La mira con superioridad como si mi madre fuese alguien muy inferior. La fulmino a ella y a su niñita asustadiza con la oscurecida mirada. Dándome las mismas ganas de pegarle la misma paliza que a su hija, o tal vez hasta más fuerte. Y sin medir el hecho de que se trate de una mujer, algo mayor. No le debo ningún tipo de respeto a esta gente clasista.

No obstante, esa misma mirada se proyecta en los ojos castaños de mi madre.

—He criado a mi hija sola. Y estamos perfectamente bien las dos—La fulminó directamente, sin perder la compostura. Y les puedo asegurar, de que la mujer se cagó del miedo. Es bastante evidente, que a mi mamá no le agradan mucho los comentarios de esa señora. Lo sé, por el tono y la mirada dura que le dió. La verdad, ella es mucho más temerosa que yo si solamente se lo propone.

—Lamento todo lo que Moroha ha estado ocasionando, pido disculpas por eso—Se mantiene observando fija a la pared. Con ambas manos entrelazadas. Y trago saliva, porque sé que se me viene tremendo regaño encima, prontamente.

Estoy sentada a su lado. En una silla de madera, algo aburrida mientras jugaba con un boli. Frente a nosotras, están la señora anciana y su hijita llorona llena de vendas. La miro temblar de miedo en cuanto mis ojos dorados la repasan. Sonrío, imitando un gesto de degollamiento con el boli entre mis manos. Y si es buena haciendo interpretaciones, entonces sobran las palabras.

—Moroha—Susurra mi madre. En clara advertencia. Por lo que desvío la mirada, ofuscada.

—Esta, es la última advertencia. Si ella continúa con ese comportamiento tan violento, la expulsaremos del colegio—El director Totosai mantiene una firme postura en su mesa, y nos observa a ambas.

—Descuide—Ella me observa, y trago saliva con la amenaza aparente—Eso no va a pasar. ¿Algo más?—Pidió, intentando ver que otra cosa encontrar, para añadirle más argumentos a mi regaño.

—Nada más, hasta el momento—Contestó solemne. Haciendo que ella asintiera convencida.

—Entonces, con su permiso. Ya nos retiramos.

Mi madre se levanta de su lugar, y con solo una mirada hiriente me hace levantarme y agarrar la mochila con brusquedad. Mi ceño se mantiene fruncido. Más, la madre de Komori me mira con recelo, y ni hablar de su tonta hija. Tan solo detallan el desastre de uniforme que tengo, y lo desaliñado de mi cabello que cae en ondas por toda mi espalda.

—Niña mugrosa—musita la vieja, tensando a mi mamá en su lugar.

—¡Mire señora!—Intento defenderme.

—¡Moroha!—regaña mi madre, y callo con el enfado brotándome nuevamente por todos los poros de mi piel—No vale la pena discutir.

Sé que se siente humillada e intenta evitar problemas. Como también sé, que le molestó a sobremanera lo que insinuó esa señora de mi.

Salimos del despacho. Y rápidamente ella me hala furiosa del brazo. Además, sé que también está muy enfadada, porque la molestaron de sus ensayos y la hicieron venir hasta acá.

—¡Moroha!—Mis amigas intentaron acercarse a mi al verme salir del despacho del director, pero mi madre las corrió enseguida.

—¡Niñas, Moroha no va a hablar ahora con ustedes!—Mi piel se erizó con el tono encabronado de su voz. Prácticamente me arrastra para afuera del edificio, y les hago una seña por detrás, que dice claramente "las veré en otro momento". Alejándose, cuando la mirada de mi mamá, se vuelve mucho más tenebrosa.

—¡Moroha al auto!—Me grita, y rápidamente corro hacía allá, cuando atravesamos por las puertas del colegió.

Mi cabeza se pega a la ventana en cuanto subo. Perdiendo mi vista en el paisaje verde, e ignorando la típica pelea previa al regaño, una y otra vez. Ya me lo esperaba.

—¡¿Cuántas veces, moroha?! ¡¿Cuántas malditas veces tendré que pasar por algo así?! ¡No hay un día de este mundo, donde no reciba una advertencia por tu comportamiento!

—¡Mamá esta vez fue Komori quién comenzó con todo!—le digo irritada.

—¡Y a mí me importa un bledo esa niña! ¡Maldición!—Se queja cuando un tipo se interpone con su camión en el camino. Pegándole al claxon con furia, adviertiéndole al conductor que no se quita de la estrecha carretera—¡Haste a un lado imbécil!

Ella realmente está enfadada por la manera en la que le da al volante.

—Mamá si me dejarás explicarte las cosas...

—¡¿Qué hay que explicar, Moroha?! ¡¿Qué?!—Ella continua gritando, y mi rostro se contrae con enfado—No sé porqué demonios no puedes comportarte como una niña normal, sin tener que estarme dando tantos dolores de cabeza...

—¡De verdad que esta vez no fui yo quien empezó las cosas!—«¿Por qué no quiere entenderme?»

Niega a los lados indignada, como si me estuviera dando por incorregible.

—No importa ¡Ya no importa! La humillación sucedió de todos modos.

Volteo la mirada sin querer enfrentarla. No sé que sucede con ella. Antes era más comprensiva y me escuchaba. Ahora, no sé porqué demonios está así. De un tiempo para acá, la noto más inquieta, y todo le molesta a sobremanera. Tan solo quiero pensar, de que eso se debe a lo de esa función que tendrá con los ejecutivos.

—Como quieras—Le doy la razón. No vale la pena discutir con ella.

—Escucha—sugiere—Te disculparás con esa niña—Ordena con calma, y al instante volteo a verla con rudeza. Ella sigue con la vista en el volante—¿Qué?

«No está hablando enserio»

—¡¿Estás de broma?! ¡Ni muerta!—Se encoge de hombros.

—Pues...entonces tendré que castigarte este finde. Lo siento, pero de un modo u otro, tengo que reprenderte por lo de hoy.

—¡Mamá, por favor!

—Moroha tienes 14 años ¡Ya deja de hacer el berrinche por todo!

Me contengo mirando hacia la ventana, reprimiendo un gruñido que ansía escapar del fondo de mi pecho. Más, intento relajarme con la vista de la naturaleza.

Akamura es zona rural. Hay árboles que conforman los bosques y montañas empinadas. Donde en su centro, reina un enorme lago en excesiva calma. Considerado como el símbolo que representa al lugar.

Ahora mismo, vamos por la carretera del mirador en una de esas montañas altas. Que bajo de la baranda limitante, hay un gran vacío altísimo con más árboles y parte del bosque. Y si te caes ahí, no vivirías para contarlo. Nos dirigimos a la casa de mi mamá. Nosotras vivimos solas en un viejo templo. Bueno, esa realmente es la casa del abuelo de mi mamá, pero él murió hace unos...diez años aproximadamente.

Viví en este pueblito de mala muerte toda mi vida, no viven muchas personas así que es un sitio tranquilo. Al contrario de mi madre, que viene desde la gran cuidad.

Tengo por entendido que creció en Tokio y estudió medicina hace muchos años. Donde en sus tiempos libres, se dedicaba a hacer otras actividades artísticas; estuvo en compañías de danza y circo desde pequeña, entre otras colaboraciones acrobáticas.

A sus 32 años, aún luce como una mujer de 20, o tal vez de menos edad. Su anatomía envejece con mucha lentitud, manteniendo un rostro angelical y dulce. Con su cabello azabache, que aún no posee ni una sola cana a pesar de ser tan lizo y largo. Es bellísima; con ojos achocolatados, tez clara, abdomen plano, y piernas toreadas. En fin, una tentación para los hombres, ya que las mujeres de su edad, a comparación de mi madre, parecen todas unas ancianas cincuenteras. Además, la apariencia de mi madre se debe también a su actual oficio. Por lo que siempre trata de ser muy cuidadosa con su cuerpo, y realiza ejercicios diariamente para mantenerse en forma...y algún que otro dote familiar que haya recibido. También, suelen pensar que en vez de mi madre, se trate de alguna hermana mayor que solo me lleve un par de años y estudie en la universidad. Es por eso, que recibimos miradas recelosas como la de aquella señora. Sienten envidia de mi mamá aunque lo nieguen.

Y bueno...yo también sentiría envidia de ella. Aveces hasta yo me pregunto como hace para lucir tan perfecta sin esforzarse tanto. Cuál es su secreto de vida.

Supongo, que se trata de aquello que muchos le llaman experiencia. Porque sin duda, mi madre es la persona más madura que conozco, y en quien verdaderamente me puedo apoyar. Yo la admiro demasiado, y quisiera ser tan decidida como ella en el futuro. Aunque siempre nos estemos peleando por trivialidades. Es muy fuerte, ya que es muy difícil ponerse el reto de ser madre soltera de una niña; En una sociedad de mierda que la llena de prejuicios.

Volviendo a su trabajo. El arte principal de ella son las acrobacias, todo aquello que implique altura es su especialidad. Las telas, vienen siendo sus favoritas, y las práctica con una amiga desde que son muy pequeñas. Claro, que mi mamá siempre dejó su lado artístico oculto de muchos. Ya que lo consideraba una especie de hobbie para ella. De hecho, ella quería continuar con su labor de medicina. Hasta que sucedieron cosas que desconozco, y que hicieron que dejara la Universidad a mitad de su primer año. Y la verdad, ella intenta no hablarme mucho sobre el tema.

—Mamá, no pienso pedirle disculpas a esa niña—Respondí tras un tiempo de silencio. Exhalando el aire retenido como una fuerte ráfaga.

—Pues estarás castigada este fin de semana. No se hable más del tema.

Aparca el auto frente a la estructura del templo, y bajamos del auto con caras largas. Yo más que ella.

—Maldita sea...

—Ya deja de maldecir, y solo concéntrate en estudiar. Siempre te lo he dicho, esas chicas siempre te van a molestar. Pero si te sigues dejando provocar te van a expulsar de la escuela ¡Y ahí sí que te mato!

Entramos a casa, y el gato Buyo se despierta de la larga siesta que tenía sobre el sofá. Este se restriega entre mis piernas cuando me quito los zapatos en la entrada.

—Esta es tu última oportunidad Moroha. La única que tenemos para que puedas salir adelante ¡Así que no jodas lo poco que tienes!—Continúa, quitándose su suéter negro, que cuelga en la percha de la pared. Quedando solo en una blusa blanca de tirantes, mucho más liviana.

Va hasta la cocina, y se sirve una taza de té. Pero su reciente tranquilidad, contrasta perfectamente con mi protesta. Echando al estúpido gato a un lado, cuando ya llegué a mi tope.

—¡Mamá crees que no lo sé! ¡Pero simplemente ya no quiero aguantarlas más! ¡Siempre lo hago! ¡Y ya estoy cansada de quedarme a soportarlo!—Lanzó la mochila al suelo con el arrebato. Más, mi madre solo deja la taza de té a un lado, lista para volver a regañarme.

—¡Oye, no me grites así señorita!—Amenaza. Pero yo no le vuelvo a hacer caso. Solo gruño con rabia subiendo a paso veloz hasta mi habitación. Donde me refugio de todo. Porque no quiero verla ¡No quiero ver absolutamente a nadie!

...

Nota de Autor: Si se habrán dado cuenta, en este fic, haré la personalidad de Moroha mucho más parecida a el carácter de su padre. Les recuerdo que hice algunos cambios en comparación a su primera publicación en Wattpad, sin entrar a tanto detalle. Espero que les guste ;)

PD: Sobre la provincia de Akamura: Es un sitio totalmente ficticio, creado por mi. Por ende, este no existe en Japón. Me inspiré en el pueblito de la película Your Name (Kimi no Nawa), y en el anime Another para hacer dicho sitio.

Con esto, más o menos tienen una referencia de como es exactamente el lugar.

Atte : La Kamila