Desobediente
Moroha:
Me encierro en mi habitación, y el portazo que resuena por toda la casa tal parece el estallido de alguna especie de bomba nuclear «¡¿Cuál es su maldito problema?! ¡¿Por qué siempre tengo que tener yo la culpa?!» Acepto que algunas veces me equivoco, que puedo ser muy pesada y altanera, que casi siempre soy yo la fuente de muchísimos líos y problemas, pero...¡¿Eso me transforma en la culpable todo el tiempo?! Siempre soy quien carga con los castigos, con las llamadas de atención y los regaños ¡Siempre soy yo quien termina pagando absolutamente todo! ¡Yo siempre termino siendo la culpable! Tenga o no tenga que ver, cada vez que pasa algo en la faz de la tierra ¡Zas! Todo el mundo me señala, y tengo que bajarles la cabeza como cachorrita regañada. Pero ¡Ya estoy harta de eso! Y ahora más, porque me culparon completamente de toda esa tonta pelea, que esa trenzas largas ocasionó con todos sus mediocres insultos hacia mis amigas y hacia mi. Pero sobretodo a hacia mi madre.
Eso fue lo que me hizo estallar del todo. El hecho de que mi madre sea ofendida delante de mí me enfurece ¡Porque nadie la insulta! ¡Y nadie le falta el respeto! Mucho menos en mi cara. Yo no me pelee por orgullo, o porque me dejase provocar. Yo solo pelee para defender a mi madre. Y enseñarle a todos que esa mujer se respeta, como respetan a todo el mundo en este lugar. Aún así, ella no me quiso escuchar. No quiso oír mi versión de los hechos. Y mira como acabó todo.
No pienso quedarme encerrada por mucho tiempo si ese es su objetivo. No pienso aceptar quedarme dentro de casa todo el maldito fin de semana ¡Tenía mis planes! y va ella, y lo destruye todo con una sola palabra: CASTIGADA.
—Moroha ¿Entonces no vendrás?—La voz de Towa suena algo desilusionada desde la línea de mi celular. Termino de anudarme los zapatos, apoyando el aparato entre mi oreja y mi hombro.
—¡Por supuesto que iré!—suelto un bufido—Mi madre solo está un poco molesta y en algún momento se le pasará—Estoy segura de que ella no va a ser tan mala como para no dejarme salir.
Towa suelta una ráfaga de aire en contención. Claro signo, de que no está del todo convencida.
—Oye...no quiero ser aguafiestas, pero no deberías de provocar a Kagome-sama.
Me morfo. Dejando salir una sonrisita traviesa desde la comisura de mis labios.
—¡Keh! Tú no la conoces realmente Towa. Descuida, me las apañaré para ir—Ella suspira. Y sé que me a dado por incorregible tras ese gesto. Aveces, siento que no confía mucho en mi...o en mis palabras.
—Ok, pero ya estás advertida. ¡Si Kagome-sama se entera...!
—Ella no tiene por qué enterarse ¿entiendes?—Le refuté con cierto tono sarcástico y acusador. Conozco muy bien a mi amiga. Y sé lo fatal que es para guardar secretos. Ni hablar de mentir. Towa realmente es muy tonta. Demasiado mansa para mi gusto.
Siento un suspiro leve, seguido de una maldición. No está de acuerdo con esto, pero no me interesa. Dije que iba a ir y punto. De lo demás ya me encargaría luego.
—Bien. Entonces, te esperaremos en el Yambani—Se rinde, al parecer no tiene la disposición de refutarme mis palabras.
—Vale—sonreí victoriosa con ello.
La llamada termina, y guardo el aparato en el bolsillo delantero de mi abrigo; uno negro con capucha, el cuál llega hasta la mitad de mis muslos. Mantengo mi cabello suelto. Dejando que caiga en débiles ondas, como los pequeños mechones delanteros que sobrepasan algo más de mis orejas. Por lo general suelo atarlo en una coleta con una cinta roja. Pero hoy quise mantenerlo al natural.
Me aseguro de que mi madre no esté cerca, en cuanto la oigo recibir a la tía Sango. Sonrió, si se mantiene ocupada no tendrá idea de que estoy haciendo esto. Me encierro en mi habitación. Y con cuidado, levanto el cristal de mi ventana. Apoyándome en la fuerte madera para pasar mi pie, que aterriza en la pequeña plataforma que hay junto la ventana. Subo la capucha de mi abrigo para cubrir mi rostro. Calculando la distancia aproximadamente, antes de lanzarme al suelo. En el que me pego un pequeño golpe sobre la cadera, que me hace chillar y maldecir en voz baja.
—¡No me voy a quedar encerrada por nada del mundo!—Protesto, renegando otras muchas veces, en lo que tomaba "prestada" la vieja bici de mi madre. Aparcada en el patio antes de salir de ahí.
La tarde indica el caer de la noche y me aseguro de darle fuerte al pedal para llegar a mi destino rápidamente. Me coloco mis audífonos, y dejo que The Loneliest de Måneskin se reproduzca y me relaje. Atravieso la carretera del mirador con la vista al frente. Desde donde estoy, se aprecia el lago, y el pequeño complejo de edificios que conforman la pequeña ciudad, alrededor de los arboles y todo el follaje montañoso de Akamura. El ocaso se refleja en las aguas del lago. Y suspiro con profundidad en el momento en el que desciendo por la pendiente, y me dirijo al interior del lugar. "El Yambani", es un centro recreativo en el que los jóvenes pueden pasar el rato. Hay una cafetería, zona de juegos, y máquinas dispensadoras. Incluso un cuarto de Karaoke. Siempre vengo de vez en cuando. Algunas veces para pasar el rato con mis amigas. Y en otras palabras, se puede decir que es nuestra zona de confort.
Aparco la bici frente al establecimiento. Akamura es un lugar extremadamente tranquilo, y estoy totalmente segura de que no la van a robar. Además, mi madre me mataría si algún día eso ocurre. Ella adora su bici. El pequeño establecimiento me recibe con las pequeñas luces tenues encendidas. Tienen puesto rock ligero como música ambiental. Y algunos chicos están sentados en diferentes mesas conversando y sonriendo. Otros, solo se dedican a jugar en los juegos de máquina. Towa me alza la mano en cuanto me ve.
—¡Moroha!—Me llama, y la ubico junto a su hermana en una mesa al fondo. Lleva puesto un top gris y pantalones anchos a juego. Y señalo, de que Towa podrá ser muy tonta aveces; pero debo reconocer que tiene buen gusto en la ropa.
Setsuna se encuentra a su lado bebiendo un capuchino. Me observa detenidamente, mientras se lleva la pajilla ondulada a su boca. Parece algo molesta cuando me ve. Pero la ignoro, ya que esa siempre es la típica expresión de su cara. Al contrario de la moda "aesthetic" de su hermana. Ella está vestida mucho más casual. La larga veta roja de su cabello; resalta en toda su coleta castaña por las luces oscuras que se alternan. Junto a la música débil y suave, donde apenas el sonido de la guitarra eléctrica y la batería, se aprecian mucho más que la de los mismos cantantes.
—¡¿Te escapaste por la ventana de tu cuarto?!—Towa se sorprende cuando les hablo de mi hazaña.
—Si, salte desde el segundo piso—Respondo con naturalidad. Mi mirada se pierde en el pequeño gatito negro que salta bloques al estilo Mario Brox de la máquina de juegos. Tengo un Chupa Chups rosa en mi boca. Moviendo ávidamente mis dedos sobre los controles de la máquina.
—Podías haberte roto algo—Reprende ella.
—¡Bah! Ni que hubiese sido gran altura—Le hago de menos. Frunciendo la mirada a punto de hartarme—¡Diablos, perdí otra vez!
La frase GAME OVER se refleja pixelada en la pantalla, con un diseño parecido al de los juegos de los 90. Se reinicia con una música tipo "súper Mario" y bajo mi cabeza apoyándola contra el monitor del juego. Ya es la quita partida que intento ganar. Al parecer hoy no es mi día.
—Setsuna y yo estuvimos preocupadas por tí, desde que te peleaste con Komori.
Jugueteo con el palillo blanco del dulce en mi boca. Haciéndole un puchero de agotamiento a sus palabras.
—Me dieron una ridícula advertencia de que iban a expulsarme si volvía a tener otra pelea—Pongo los ojos en blanco.
—Y tienen razón—El comentario poco necesario de Setsuna me hace mirarla con molestia—Eres muy tonta Moroha, siempre te dejas provocar con facilidad.
Sabía yo que esa mirada de pocos amigos que tenía desde que llegué tenía una razón, además de su común expresión de desabrida. Era demasiado evidente que en cualquier momento Setsuna me asaltaría con sus comentarios poco divertidos. Me incorporo rápidamente y la desafío a los ojos por ello.
—¡Se metieron con mi madre! ¿Qué querías que hiciera?—Me le enfrento.
—No te costaba nada ignorarlas, eres una débil.
—¡¿Y que siguieran burlándose de mi madre?!—La señalo—Setsuna, igual se rieron de ustedes!—No puedo creer lo que dijo. Más se encoge de hombros como si eso no la afectara en lo absoluto.
—Es verdad. Pero yo no fui la tentación de una ridícula discusión al contrario de ti. Por tú culpa, nos castigaron a nosotras también y ahora tenemos que limpiar la biblioteca—Hago una mueca de hostigamiento ¡Como odio que siempre sea tan correcta! La regañan por un día, y ya me está montando el berrinche a su modo.
—¡No digas eso como si yo me hubiese escapado del regaño también, tonta!—Acorto el espacio que hay entre nosotras. Ella, solo me mira fija en su lugar.
—Eres una imbécil—me dice, levantando mucho más su mirada. Y estoy absolutamente segura, de que se puede apreciar perfectamente el típico rayo de rivalidad que existe entre Setsuna y yo.
—¡Perfeccionista!—Le grito colmada, despertándole una provocadora sonrisa.
—Desastre humano—Lanza, y acto seguido me observa con frialdad. Más yo, le devuelvo la misma sonrisa con un toque de maldad.
—¡¿Desastre humano?! ¡Ahora vas a ver!—Me lanzo sobre ella. Quien me agarra de los hombros emitiendo un pequeño quejido. Ambas nos comenzamos a pelear de forma infantil como siempre hacemos cuando discutimos sobre algún tema. No es una pelea a muerte. Tan solo es la inmadurez de las dos manifestándose. Y sí, con esto quiero decir que mi querida amiga "princesa" es tan inmadura como yo. Es algo natural que este tipo de escenas entre Setsuna y yo se manifiesten. Es parte de nuestra rivalidad.
—Jaaaaaaz...¡Maldición!—Exhala Towa con una mano sobre su cabeza y el rostro agotado. Una gota azul resbala de su frente, y niega a ambos lados—Ya se habían tardado demasiado en volver a pelearse. Que vergüenza...—Se mantiene ajena a nosotras. Mientras encuentra algún modo de escapar del momento que apenas y llama la atención. Entonces, sus ojos escarlata se pierden en la entrada del Yambani. Ignorándonos por completo, ya que seguimos con nuestra disputa infantil.
—Moroha—Pregunta Towa, quién ahora tiene puesta toda su atención hacia delante—¿Ese no es el tipo que ronda a tú mamá?
Me exalto, sintiendo el amargo estremecimiento recorrerme por toda la columna vertebral.
—¡¿Qué?!—Detengo mi mano vuelta un puño, en el momento en que miro a mi amiga albina. Setsuna aprovecha la oportunidad y me lanza lejos de ella. Cayendo al suelo con un gritillo. Me levanto a la velocidad de la luz. Y froto mi cabeza con los ojos entrecerrados, mirando con inquietud hacia la puerta en busca del inquilino. Y en cuanto ubico a ese maldito doctor ingresando al lugar, mi cara hace una mueca de repulsión. De verdad no me agrada nada. De hecho, hasta me asquea.
—¿Ese es el señor Mukotsu?—Pregunta Setsuna. Arreglando la coleta de su cabello que ambas convertimos en un enjambre desordenado.
—Si. Es ese tipo—Suspiré con pesar. Sin perder de vista al hombre de bata blanca, que pidió un café «¡por favor, que no nos vea!» e hizo el ademán de mirar hacia donde estábamos nosotras «¡Mierda!»—¡Vamonos de aquí!
Insistí dando media vuelta. Presentía que lo que se acercaba podría ser un instante demasiado incómodo. Efectivamente, así fue.
—¡Morohita!—Exclamó el hombre con más ánimo del necesario, haciendo que me helara con su voz gangosa. Me mantuve de espaldas a él, entre mis dos amigas. Como si así pudiese ocultar mi presencia—Que bueno es verte, querida.
Pongo los ojos en blanco «¡Maldición! ya me vio» Sin tener el mínimo deseo de ver su asquerosa cara. El muy cuarentón se piensa que tiene derecho sobre mi, y se da demasiadas confianzas.
—Hola, señor Mukotsu—Pronuncié de manera incómoda.
—Hace mucho que no te veía. Estás preciosa, igual que tú mamá. Por cierto ¿Cómo está ella? Escuché que pronto dará una función a los ejecutivos—Intento mirar hacia otro lugar. ¿Acaso no se da cuenta de que no me gusta para nada? Viejo baboso.
—Mi mamá está perfectamente—Me limito en responder. Ya que si suelto la palabra terminaré faltándole el respeto. Y hoy ya cumplí con mi cuota de regaños.
Entonces, el sapo verde posó la mirada en mis amigas. Se estremecieron las dos al ver su cara.
—Hola niñas ¿Towa y Setsuna, cierto?—Les sonríe, y repito; le pone demasiada empalagosa efusividad a sus frases optimistas. Ellas asienten algo inseguras. Setsuna con lo superficial que aveces es, intenta con todas sus fuerzas no torcer su cara en una expresión de asco. Towa lo mismo, aunque con una cara de idiota increíble. La escena no me divierte en lo absoluto. De hecho me siento igual o peor que ellas.
—Están preciosas las tres, justo acababa de venir del pueblo vecino y decidí darme un paseo por el Yambani ¿Qué opinan si me acompañan un rato? Hace tiempo que no las veía niñas.
«¡Noooo!» Miro a mis amigas como negando la oferta mentalmente. Setsuna hace un gesto muy leve de desagrado, y Towa sonríe forzada. Tal vez su amabilidad y simpatía tiene ciertos límites. Por lo que es evidente, que ninguna de las tres soporta a ese tipo.
—No. Muchas gracias señor, pero nosotras ya nos íbamos—Es sorprendente que mi amiga albina sea la que lo despache. Quién al parecer es más imbécil de lo que pensaba, cuando ni siquiera se incomodó y solo mantuvo su excesiva simpatía en su arrugado rostro.
—Entiendo, pero si algún día me las vuelvo a encontrar las volveré a invitar. Y está vez no podrán negarse—Señala, haciéndonos esbozar risitas falsas, y asentir con la cabeza.
—Dale saludos a tu linda mami, Moroha—Al fin se despide y da media vuelta. Puedo asegurar que han sido los minutos más eternos de mi vida. Por lo general esos comentarios me molestan, pero viniendo del señor Mukotsu, más bien me incomodan. Recuerdo muy bien que cuando niña, vomité al ver su cara. Y llámenme mal agradecida si es uno de los pocos que consideran a mi madre, ya que, es muy obvio el hecho de que existe una atracción hacía ella. Que por suerte no es correspondida. Me moriría si este desgraciado fuera mi padrastro o algo así. El solo pensamiento me reproduce escalofríos por todo mi cuerpo.
Se marcha del Yambani, y las tres expulsamos el aire retenido.
—Ese tipo me da miedo—Comenta Towa.
—¡Huyamos!—Sugiero, y salimos disparadas del lugar. Nunca se sabe cuando se pueda dar media vuelta.
Pasamos el resto de la noche caminando por el pueblo. La noche es animada, ya que la gente está terminando con los preparativos para la llegada de los ejecutivos. Creo que están siendo algo exagerados. Akamura es una especie de atracción para turistas en casi todo el año, por lo que no entiendo está ridícula emoción hacia la llegada de unas personas que se desconocen sus verdaderas intenciones. Towa y yo competimos en un torneo de comida en uno de los puestos aparcados. Y le termino ganando a mi amiga con seis tazones seguidos. Setsuna niega con la cabeza diciendo que eramos unas inmaduras ¡Bah! «Menuda aburrida». Le reprocho lo amargada que es, y nos terminamos peleando nuevamente. Con Towa pidiéndole disculpas continuamente al dueño del puesto de comida.
—¡Haaaaaa! ¡Vaya que estoy llena!—Caminábamos por la carretera vacía. Observando el cupón que me regalaron en el puesto por haber ganado. Dudo mucho que lo vaya a usar seguido.
—Eres una tragona Moroha—Se quejó otra vez Setsuna. Yo le sonrío divertida.
—¡Ja! Eres envidiosa, porque al final te gané la pelea—Pinché en su orgullo, sacándole un pequeño morfido.
—¡Tú no me ganaste nada!
—¡¿Qué?! ¡¿Acaso quieres pelear?!—Me pongo en posición nuevamente.
—¡Chicas, chicas!—Towa nos detiene—Por favor ya dejen de pelearse ¡Maldición! Ya no las aguanto—Parece un poco agotada por nuestro comportamiento. Setsuna y yo nos volteamos la cara ofendidas, y debo reconocer que hace bastante que no compartía momentos así con ellas. Las hermanas se despidieron bien tarde en la noche. Y yo regresé a casa con la bici de mi madre.
—¡Ay, Au! ¡Maldición!—Casi me raspo una rodilla intentando subir otra vez por la ventana—¡Listo! Ya estoy en casa—sonrío triunfadora. Entrando con mucho cuidado y...
—¡Mamá!—Mis ojos se abren súper que sorprendidos. Ella estaba en mi cuarto. Más bien en mi cama, y al parecer llevaba buen tiempo ahí sentada.
—¡Puedo explicarlo!—Me excusé rápidamente.
—¿Ah sí?—Me miró. Y casi sentí como me clavaba puñales encima. Se cruzó de brazos, sin bajarme la mirada—Pues habla, te escucho.
—Bueno...yo...eh—Miraba hacia todos lados buscando algún argumento creíble. Mi madre alza las cejas impaciente por mi respuesta.
«no tiene caso ocultar lo obvio»
—¡Vale! ¡Tú ganas! Me escapé de casa—Solté un bufido. Más ella no quitaba su mirada de mi. Me observa muy seriamente, mientras yo no dejaba de hablar con tal de ahorrarme el regaño—Y sé que vas a aumentarme el castigo por...—Me detengo. Notando como sus ojos se humedecen y se cristalizan—¡¿Mamá, estás bien?!
Sorbe por la nariz, y pasa sus manos por sus mejillas carentes de lágrimas. De repente me sonríe como si todo estuviera en orden.
—Si, si. Todo bien, solo estoy...nerviosa—Toma aire, y me mira directa a los ojos. El semblante cerrado y cortante de antes, se ha desvanecido a uno más afligido.
—Eso debe ser lo de tu función. Realmente es muy importante para ti—Intento calmarla. Sonriendo relajadamente, cuando noto que está demasiado inquieta. Debo reconocer que nunca había visto a mi madre tan emotiva por algo.
Ella asiente.
—Si, lo es—Me mira con ojos melancólicos. Hay un brillo extraño en su mirada que no logro descifrar del todo—Moroha quiero preguntarte algo—Suelta un suave suspiro que me hace fruncir el ceño. Ese tono de voz tan vacío no es muy común en ella. Asiento dubitativa, y se toma un corto instante antes de hablar.
—Tú...¿Me prometes que pase lo que pase, nunca dejarás de quererme?—Relame sus labios. A la espera de una respuesta. Mi ceño se frunce un poco más, sin comprenderla del todo.
—¿Qué clase de pregunta es esa? Sabes bien que si—Le respondo sin tan siquiera pensarlo. Estas cosas no se analizan demasiado cuando son evidentes. Ella me sonríe. Como si se estuviera dando cuenta por primera vez de lo tonto que sonó eso.
No obstante, no parece del todo convencida.
—Y si...¿te encuentras muy molesta?—Continúa con el interrogatorio extraño.
La miro directamente, y le sonrío a mi madre.
—Eso nunca pasará mamá. Nada en este mundo me puede arrebatar mi cariño hacia ti—Intento parecer clara. Más sonríe complacida. Como si ahora, se hubiese asegurado de algo importante.
—Tienes razón, eso jamás pasaría—Concuerda. Más para sí misma, que como un mero comentario. Reprime una risita de satisfacción. Y se levanta de la cama.
Frunzo el ceño.
—¿Eso es todo? ¿Que hay del castigo?—Pregunto algo confundida por el instante anterior. Ella voltea a verme, suspirando en el acto.
—Ya no importa Moroha. Eso ya no tiene importancia ahora—Insiste en que baje a cenar antes de retirarse completamente.
Siento como si algo no encajara en todo esto. Estaba totalmente segura de su molestia en cuanto la vi esperándome sobre mi cama. No pensé que me viniera con eso. ¿A que vino esa actitud y aquella pregunta? Será mejor no preguntarle. Tal vez, sea uno de esos momentos en el que las madres se ponen sentimentales.
Si, eso debe ser.
...
Nota de Autor : Espero que les haya gustado este cap. Muy pronto las cosas se irán poniendo mucho más interesantes.
Atte: La Kamila
