Ambarino

Inuyasha:

Nunca me había sentido tan molesto de regresar a casa, a mi "supuesto" hogar. Hace más de diez años que vivo apartado de Tokio, y de esas personas a las que se llamaban a sí mismos como "mi familia", cuando no eran más que solo otro maldito puñado de gente hipócrita. Realmente, me siento en el punto máximo del encabronamiento; Tenía muchos asuntos que atender en mis negocios, y entonces me surge este imprevisto. «¡Maldición! ¡¿Por qué diablos él no podía joder a Sesshomaru?!». Es injusto, es injusto que me hagan volver a este lugar después de tanto tiempo solo por una razón tan estúpida. Pero claro, el maldito de Inu No Taisho necesitaba de mi presencia. Y río con ello «menudo cabrón», ya que jamás le interesó la vida de este hijo tan desgraciado como yo, hasta este momento. Me place enormemente, reconocer que ese sentimiento sea mutuo.

Aún así, también soy su hijo. Y aunque no lo soporte a él, y viceversa, aceptaré el trabajo. Que todo sea con tal de poder marcharme con las ganancias nuevamente a Europa.

—Inuyasha, amor ¿Ya llegaste al aeropuerto?—La molesta voz de esa mujer resonaba en la bocina de mi celular. Y acepto que es divertido jugar con ella. Pero es muy agotador fingir que me interesa el matrimonio, del cual formo parte desde hace cuatro años.

—Si, me dirigiré a la mansión Taisho tal y como lo acordamos. Irás ahí en cuanto termines de trabajar ¿Entendido?—Le ordeno. Sin ningún tipo de preámbulo.

—Si, cariño—Ella acató, con una voz tan dulce y emotiva que rozaba con el sentimiento empalagoso.

—Bien—Respondo cortante. Dejando a un lado la llamada sin despedidas o promesas de reencuentro. Solo apago el aparato sin más, y lo guardo en el bolsillo interior de mi saco. Completamente consciente, de que pude haberla dejado con la palabra en la boca. Más eso no me importa en lo absoluto.

Los altos edificios me dan la bienvenida al salir de la Terminal malditamente concurrida de todo tipo de personas. Intento no sentirme ahogado por ello. Más todo el bullicio y el movimiento de los equipajes, resultaba tan hostigador, así como llamado molesto de la cabina de control, informando sobre los demás vuelos recientes. Me tomo un corto momento para admirar mi alrededor al apartarme de todo aquello. Hace mucho que no recordaba como se sentía pisar Japón. No me complace tampoco. Aunque me sea inevitable, el hecho de sentirme un poco extraño con el regreso. Ya que este sitio, dejó de ser mi lugar hace mucho tiempo.

He venido solo. Tenía que cerrar algunos asuntos pendientes antes de abandonar Italia del todo. No pienso radicar aquí por mucho tampoco. La empresa mayoritaria de mi apellido ahora mismo no es mi prioridad. Es por eso que muy pocos saben de mi retorno. No quiero rumores o gente entrometida que me persiga y atosigue con preguntas y demás. Finalmente me es imposible. Ya que muchos al ver mi cara se sorprenden y me fotografían, y por suerte, ningún molesto paparazzi me persigue.

«¡Diablos! con lo que me gusta llamar la atención» Sopeso algo sarcástico. Supongo que eso también me es inevitable.

Continuo con el pequeño recorrido. Maldiciendo en voz baja, al divisar a la curiosa persona que me esperaba como un idiota en la avenida. Cierro los ojos, lanzando un resoplido.

«¡Esto tiene que ser una puta broma! ¡Le dije que no viniera!» Pongo los ojos en blanco, gruñendo con enfado. Era de esperarse que el muy idiota, que hace tiempo no veo, se pasó por las bolas mi única condición. Sosteniendo un ridículo cartel con todo mi nombre en letras grandes. Da un silbido cuando me ubica. Y mi estado enfadoso se comienza a entremezclar con la vergüenza, cuando la gente nos observa y los flashes empiezan a dar a mi cara.

El maldito se ríe, haciéndome empuñar las manos con enojo. Lo hizo a propósito.

—¡Te dije que no vinieras imbécil!—No hubieron palabras lindas por mi parte desde el primer momento. Y el bastardo sonríe mucho más fuerte, en cuanto nota la cara de pocos amigos que acompañan mis expresiones directas—¡Ya quita esa cara de idiota!

Se encoge de hombros.

—¿Y qué querías que hiciera?—Me dice divertido. Como si no existiera más opción recurrente—Es la primera vez que me reúno con mi mejor amigo después de diez malditos años. Además ¡Tú no me mandas!—Finge ofenderse, es más por cuestión de orgullo que por cualquier otra cosa—¡Me tomé el maldito trabajo de venir a buscarte yo mismo, y me tratas así! Deberías de agradecer en vez de quejarte como niñita. Y también rezarle al cielo, porque mi plan realmente incorporaba toda una orquesta cantando tu nombre con bombos y platillos. Y por supuesto, las chicas sexys que no pueden faltar—Me sonríe con el típico toque de perversión tan característico de su persona. Señalando el tonto cartelito cursi con corazoncitos rosas. Medito por un momento la delicada caligrafía que pone "Inu-Chan" en letras grandes. Y bufo nuevamente con los ojos en blanco. Ya me había olvidado de la personalidad tan macabra que se trae este canalla desde que somos adolescentes. Con tal de hacerme enojar, hace cualquier estupidez como esta.

Pero no lo voy a negar del todo. Porque de cierta manera, también extrañé a este idiota.

—Algún día voy a matarte, Miroku—Al fin le sonrió. Y mi amigo imita mi gesto, abrazándome, y dando cortas palmaditas sobre mi espalda.

—Yo también te quiero mucho—Concuerda. E intenta besar mi rostro, provocando que me aparte bruscamente.

—¡No te pases de listo, maldito!—Le grito. Y él tan solo se ríe.

Tras el corto recibimiento, al fin subimos a su auto. Mi amigo tiene cierta pasión por lo simplón y lo humilde, por lo que no se caracteriza por conducir un coche de último modelo «Religioso de mierda». Yo bajo la ventanilla del copiloto, sin siquiera pedirle permiso o algo parecido para poder fumar con tranquilidad. No necesito de su aprobación. Ni tampoco me interesa que proteste después; porque el aire "descontaminado" expire el hedor de la nicotina por no sé cuanto tiempo. Y estaría muy bien que se deshiciera de esta cacharra. Aunque continúe con sus consignas de proteger a la naturaleza o yo que sé.

—Y dime refunfuñón—inquiere viéndome de reojo—¿Como están las mujeres de Europa?—Sonríe. Ya se había demorado mucho en preguntar algo así.

Expulso el humo por mis labios. Mirando hacia el exterior todas las manifestaciones del paisaje urbano.

—Pensé que en todo este tiempo al fin te habías decidido a sentar cabeza ¿Acaso sigues con esa ridiculez de "buscar el verdadero amor"?—Utilizo el típico tono irónico en el comentario. Parece mentira que conociéndolo, todavía se las dé de casanova de la vida. Más se encoge de hombros con mis palabras.

—Nunca es tarde para enamorarse hermano—Ni siquiera me mira. Como si detrás del azul de sus ojos viviera la esperanza de experimentar el sentimiento.

Sin embargo le sonrío. Porque toda frase venida de su persona esconde cierto aire de sarcasmo que solamente yo le puedo entender.

—Mujeriego de mierda—Niego hacia ambos lados, acompañando el gesto. Y pierdo nuevamente la mirada en los edificios, y las calles que hace mucho no recorría. Doy otra calada, expulsado el humo con demasiada paciencia.

—¿Y bien?—Miroku insiste en su pregunta anterior. Suspiro. Esto va a ser una maldita tortura en todo el camino si no le respondo.

—Si Miroku, están buenas—Pongo los ojos en blanco, volviendo a aspirar del cigarro entre mis dedos—Tuve la grandiosa oportunidad de follar con un par de rubias, como mi propia fiesta de despedida—Comento, sé cuan liberal es con este tipo de temas. Más solo se ríe como si fuera un hermano lleno de orgullo. Y tal vez me queje mucho de la personalidad perversa con la que se carga este imbécil. Sin embargo, no puedo negar que soy malditamente igual a él. O tal vez peor.

—Tú tampoco has cambiado hermano. Pensé que el matrimonio al fin había mejorado tu actitud con las mujeres. Y sinceramente siento que deberías aprovecharlo al máximo. La señorita Kikyo es una belleza.

Me morfo

—¡Bah! Ella es solo una mujer que sirve para tirarse cada vez que siempre esté aburrido. Sabes muy bien no la aguanto—Respondo sin sopesar. Ya que por muy cruel que suene el comentario, no tiene la mínima pizca de mentira. Mi amigo suspira, algo decepcionado seguramente por ello. Y esta es la diferencia existente entre Miroku y yo. Él es mujeriego, pero cuando está con una mujer se comporta como todo un galán. Yo al contrario...Sonrío. Hay demasiado que decir y esperar de mi.

—Eres una mierda de persona. Con lo que esa chica te quiere—No ha dicho nada nuevo que ya no sepa. Ya que, desde que conoce esta parte hija de puta de mi. Siempre me la ha criticado. Y hemos tenido un par de discusiones gracias a eso. Aunque, eso no impide que haga lo que me dé la gana al final.

—¡Vamos! No te hagas ahora el que no me conoce—Giro el rostro para observarlo con las cejas alzadas. Mantiene una postura semi resentida, con el rostro algo endurecido, y la vista al frente junto al volante.

Y luego, me sonríe con intrigada tranquilidad .

—Si amigo, te conozco perfectamente—Confirma. Más yo solo me concentro en fumar.

Llegamos a su departamento. A pesar de haber pasado el tiempo, aún reside en el penthouse que le regaló su tío Mushin cuando comenzó la Universidad. Miroku es fotógrafo, y tiene retratos suyos en muchísimas galerías y exposiciones. Incluso, ha trabajado en campañas promotoras; prestando sus servicios de editor de photoshop, entre otros aspectos en los que se especializa. Es del tipo de gente que aún mantiene el antiguo concepto de "ir hacia donde le lleve la vida", y me cuesta un montón no poner los ojos en blanco por eso. No voy a mentir en que su estatus de vida sea equilibrado al mío, pero Miroku es carente de ambición gracias a su educación de "monje" que se adopta a los principios de Buda. También, porque él es así por naturaleza y es evidente que no siente complejos en hacer lo que le gusta. "No todo es el dinero"—me dijo una vez. Más no opiné nada, porque él ya está bastante mayorcito como para pensar y hacer de lo que quiera con su vida. Es de los pocos, que aún continúan teniendo un corazón humilde. Lo conozco desde que somos adolescentes. Su padre trabajaba para el mío mucho antes de fallecer, además de haber sido una gran amistad para los miembros de mi apellido en su tiempo. Es por eso, que este imbécil no se me despega a pesar de ser un año mayor que yo. Parece mi maldita novia que se aparece en los momentos menos oportunos. Es, como si de mi segunda mamá se tratara.

Su casa se mantiene igual de aburrida a como era antes en mi última visita, de hecho, esa última vez ocurrió hace diez años. Conociéndolo, es perceptible definirlo como alguien extremadamente pulcro y arreglado. Siéndolo al punto de parecer una maldita mujer con costumbres refinadas. Y eso es bastante notable en el mantenimiento de este departamento, que continúa así tal cual como se lo regalaron. Con las paredes blancas y grises. Decoraciones simples. Jarrones de cerámica. Cuadros de paisajes. Música clásica. Luces tenues...«maldito intelectual» Solo le falta vestirse de traje y corbata.

Dicen que por más cercano que seas de alguien, el tiempo de separación lo convierte en otro desconocido. Me paso por las bolas el ridículo dicho. Tengo todo el derecho del mundo (más bien el descaro del mundo) como para dirigirme directamente a el mini bar de su casa. Sirviéndome algo de licor. Entonces, mi amigo me acompaña. Aprovechando para conversar sobre todos estos años que al parecer, pasan por inadvertidos .

—Y ¿Qué te trae a tu querido hogar que abandonaste hace mucho?—Comienza. E incluso esta pregunta la estaba esperando en cualquier momento. Más que su ansia de conocer como son las faldas europeas.

—Negocios—Respondo con calma al momento de descorchar la botella—El gran señor Inu No Taisho, tiene un proyecto o algo así en las afueras de Tokio. Y por desgracia yo debo ser uno de los ejecutivos. De hecho, los dirijo—Me sirvo en el pequeño baso de cristal. Y el líquido es tan dulce, que se entremezcla con la sensación de placer que producen los alcoholes de la alta sociedad.

—¿Qué clase de negocios?—Mi amigo se interesa. Y no lo culpo, han sido diez años sin saber de mi.

Me encojo de hombros.

—No tengo idea. Él maldito me dijo que eso lo íbamos a hablar más personalmente él y yo. Seguramente tiene algo que ver con agricultura o algo así. El lugar está en las montañas, así que no hay mucho que se pueda hacer por esa zona.

Mi amigo queda algo pensativo por un momento. Parece ido en sus pensamientos como si estuviese recordando u ocultando algo. Me es inevitable no fijarme en aquello. Más su gesto se suaviza cuando se da cuenta de mi inquietud, y me sonríe.

—Suerte hermano—Alza su vaso en brindis.

—No la necesito—Miroku se ríe, retrayendo su mano—Creeme que la idea no la soporté. Me hicieron venir desde muy lejos solo porque al malnacido de Taisho apenas y puede atender los negocios aquí. Aunque creo que fue más por hijo de puta que por cualquier otra cosa.

Miroku tuerce sus labios en una mueca contradictoria.

—¿Y qué hay de Sesshomaru?

Me morfo.

—¿De él? Todos saben que él imbécil no le habla tampoco. Ahora mismo, se encuentra en América en un viaje de trabajo. Por eso al viejo no se le ocurrió mejor idea que llamarme—Tomo otro sorbo del licor dulce. Recordando a la perfección el enorme entusiasmo que tuvo al decirme tales palabras por teléfono. Por un momento quise tenerlo enfrente para soltarle par de puñetazos en la cara. Fue demasiada impotencia en tan solo un momento, pero como quién dice "él es el jefe", y mis asuntos en Italia hubieran pendido de un hilo si lo rechazaba.

—No lo pienses así. Tu padre te está poniendo a cargo de algo, que probablemente también te beneficie Inuyasha—Miroku intenta encontrarle el lado positivo a todo, como siempre. Más reniego.

—Yo estaba perfectamente bien en Europa—empinó a mis labios en el pequeño vaso de cristal—Bien lejos de todos ellos—Mi mirada se oscurece, irradiando el tipo de brillo rencoroso que se refleja en mis orbes doradas. El mero sentimiento que me surge, al pensarme como un miembro más entre todos esos hipócritas.

—Inuyasha—Mi amigo sermonea, arrastrando la palabra por más tiempo del requerido—Ellos son tu familia, a pesar de que los odies. No lo olvides.

«¡Ja! Familia dice»

—Sabes muy bien que nunca los consideré algo mío Miroku—Lo observo con seriedad.

—Lo sé—Me da la razón—Pero eso no quita el hecho de que siga siendo tu gente. Hace mucho que no te ven, y tal vez no se trate solamente "por cuestiones de trabajo" sino porque verdaderamente te extrañan—Inquiere, haciéndome fruncir aún más la mirada.

Me levantó de la mesa. Soltando un bufido.

—Mira que hablas mierda, Miroku—Él se burla. Recién me doy cuenta, de que solo andaba divirtiéndose a mi costa. Que cabroncito me ha salido, más no le discuto y solo le puse los ojos en blanco—Mejor voy a darme un baño si no te molesta. Tengo que reunirme con Kikyo en la mansión Taisho—Me dirigí con toda la confianza del mundo a su cuarto de baño. Haciendo otra mueca de repulsión, entre las incontables del día. Ella es la otra razón, por la que no soporto darle la cara a este lugar.

«Cuanto detesto a esa mujer»

—Inuyasha—Vuelvo a sentir el tono de sermón en su voz. Volteo a ver a mi amigo, a pesar de saber exactamente lo que va a decirme—Por favor, no arruines a esa muchacha. Recuerda como terminó todo la última vez.

Blanqueo los ojos solo con el recuerdo.

—No hagas comparaciones absurdas Miroku—Me limito en responder.

Él suspira, intentando convencerme.

—Pero le estás haciendo lo mismo—Y me lleno de coraje cuando sigue insistiendo en eso.

—¡¿Quieres dejar de joder?!—Me dirijo al baño—¡Carajo! Que molesto...— Refunfuño. Y mi amigo vuelve a reír, claramente divertido.

La gran mansión Taisho abre las puertas de su entrada en cuanto el auto de mi amigo hace su aparición. Es una estructura bastante antigua al parecer, ya que los Taisho somos los descendientes de un Gran General en la Época del Sengoku. Hace mucho que no recordaba el lugar en donde crecí. No obstante, no a cambiado casi nada a lo que recuerdo; Con la fuente en forma de Perro Gigante, alrededor del jardín de lirios que mi difunta madre cuidaba con esmero. Me sorprende la verdad que le sigan dando mantenimiento. Esperaba ver todo este campo marchito y muerto, así como lo hicieron con Izayoi.

Bueno. Tampoco se iban permitir que el jardín principal, tuviera el aspecto de un sitio abandonado.

¡Houshi-Samaaaa!—Las sirvientas del exterior de la casa no se resisten ante los halagos de mi amigo. Parecen locas con tanto grito. Y maldigo a Miroku echándole más leña a ese ruidoso fuego, cuando les guiña un ojo, que las hace querer desmayarse en cualquier momento. Que molestas.

—No has perdido el encanto—Comento socarrón. A pesar de llevar mi cara amargada de la mano de mi ánimo.

—Sabes bien que soy un papucho—presume pícaro. Lo que me hace negar, y esbozar una corta sonrisa.

—Que engreído—Le mortifico junto a mi gesto. Logrado que solo se encoja de hombros.

No soy un hombre ciego. Por lo tanto, sé que muchas también se detienen a mirarme, aunque más disimuladamente. Las veo de reojo, y al percatarse, cambian la dirección de sus miradas nerviosas, tintadas en débiles tonos rojos sobre sus pómulos. Vuelvo a reír, deben notar el poco humor que tengo al venir aquí, y se muestran más reservadas. Seguramente porque saben quién soy y no esperan faltarme el respeto. Sin embargo, yo no reconozco a nadie entre toda esta gentuza ¿Hicieron limpieza de personal o qué?

Las puertas se abren dando paso a la sala de recibimiento, y luego al salón principal. Fue entonces, que por primera vez, experimenté la sensación de felicidad al estar en lo que llamaba "mi casa". Cuando la única persona que valía la pena en todo este lugar, me recibe con la sorpresa instalada en sus ojos oscuros.

—I...Inu...—Se le quiebra la voz. Y la taza de té que sostenía entre sus manos se le resbala e impacta contra el suelo. Queda segundos eternos embelesada con la mirada dorada. Y tal parece que no me reconoce cuando los ojos cansados se le humedecen de la emoción. La observo detenidamente. Se mantiene tan bella y madura, con apenas diminutos cambios físicos en su cuerpo. Y la larga melena azabache abarcándola en todo su esplendor. Entonces, le sonrió con suficiencia. Ella era una de los que no sabían que iba a volver.

—Midoriko—Pronuncio con solidez. Para poner mayor énfasis en su nombre como si fuera el detonante de todo, explotando en el llanto al terminar de reaccionar del todo. Más dejo que se lance a abrazarme. Ya que no es la única, a la que le llega ese pequeño gesto. Hace muchísimo tiempo que no sabía lo que se sentía al abrazar a una persona.

—¡Mocoso estúpido!—Exclama, balbuceando muchas más incoherencias mientras se desparramaba a lágrimas sobre mi camisa oscura—¡Algún día me vas a matar!—Me observa con los ojos lagrimosos. Sorbiendo por la nariz, mientras repasaba mi rostro como asegurándose de que en verdad estuviera aquí en la mansión. Le sonrió con algo más de suavidad. Permitiendo que me toque delicadamente por la mejilla.

Midoriko. Es la hermana mayor de mi madre, y quién la suplantó al momento de su muerte. Mi madre Izayoi, murió de cáncer cuando recién cumplía los 15 años de edad. Por ese entonces, mi tía residía aquí ya que me ayudaba con el avance de su enfermedad. Además, tras la muerte de su esposo, fue imposible para su hermana dejarla a su suerte por la vida y en completa soledad. Claro está, que el maldito de Taisho no tardó en follársela al poco tiempo de empezar a vivir con nosotros. Ni siquiera se molestó en respetar el recuerdo de su mujer antes de liarse con su hermana. Aunque, al contrario de ese bastardo, no le siento el mismo rencor a ella por lo sucedido. No obstante, no se lo perdono todavía. Y en cierto punto la entiendo. No fue muy fácil convertirse en viuda tan joven, y además el no poder tener hijos. Sumado, que poco tiempo después, se encontraría con la noticia de la muerte lenta de su hermana. Es por eso que me considera no solo como su sobrino, sino también, como el hijo que no pudo tener.

Me sorprende, que pese a mi partida aún continúe viviendo en esta casa de mierda.

—¡Dios Santo! Estás divino. ¡Diablos! La madurez te ha sentado muy bien. Seguramente tu esposa debe estar feliz de tener a semejante macho en su cama todas las noches—Ella se separa, analizándome de pies a cabeza. A cualquiera le hubiese dado vergüenza este tipo de comentario, más yo no. Midoriko tiene este tipo de confianzas conmigo desde que soy un niño. Es normal para mí ese tipo de insinuaciones. Solo que con respecto a lo de "mi mujer", es mejor obviar sus palabras.

«Ojalá fuese una sola mujer quién pasa por mi cama todas las noches»

Sin embargo, le sigo la rima. Sonriendo mientras mi amigo encarna una ceja divertido.

Houshi-sama. También sé bienvenido. Hace mucho que no nos visitas ¿Acaso te casaste también?—Ella inquiere. Midoriko tiende a ser demasiado confianzuda con la gente, sin llegar a las faltas de respeto. Mi amigo niega con una pícara risa.

—No señorita. Yo soy un hombre libre. Aunque, si algún día quiere salir conmigo sabe que estoy totalmente dispuesto—Alzó las cejas en una expresión que conozco a la perfección.

«Ya comenzó de mañoso» Blanqueo los ojos. A pesar de que una mujer tenga más de cuarenta años, y lo doble en edad. Si ella es hermosa Miroku por nada del mundo dejará de referirse a ella como "señorita".

—Querido ¿Nunca te cansas de hacer eso?—Inquiere. Negando hacia ambos lados con cierta expresión de diversión.

—¿El qué?—Se hace el idiota, acercándose más a ella. Más Midoriko pone una mano en su pecho, recuperando su espacio.

—Conquistar mujeres—Y a la vez, le sonríe coquetamente. Gesto que esconde mucho sarcasmo. En verdad, mi amigo es un imbécil.

—¿Qué puedo hacer? Ustedes son mi debilidad—Se encoge de hombros, lo ha entendido al parecer.

Ella le sonríe. Mirándolo de manera seria.

—Encuentra una esposa chico. Y cásate que ya es momento para eso—Se gira para verme. Con una expresión mucho más cerrada—Ve a ver a tu padre Inu, seguramente él ya te esperaba en su despacho.

Asiento, es mejor resolver de una sola vez lo que venía a hacer aquí. Lo lamento mucho por Midoriko, pero no aguanto ni un solo segundo respirando la peste de este lugar. Fueron muchos años sin poner un pie dentro de este sitio. Y quiero que continúe así hasta ahora. No le siento apego, ni tampoco albergo la sensación de nostalgia al volver a aquel espacio que me vio crecer. Eso es algo que ella comprende perfectamente. Entiende mis resentimientos hacía todo este alrededor. Por eso no me impidió que me marchara de este lugar.

Una chica del servicio le informa de algún reciente compromiso. Midoriko nos pide disculpas, y cuando se retira, me burlo de Miroku y de su vergonzoso intento por seducir a la mujer.

—No te rías Inuyasha. Incluso a tí te podría suceder—Se encoge de hombros.

—Si. Como digas—Lo ignoro. Reprimiendo otra sonrisita.

Avanzo por las escaleras oscuras hasta la parte superior de la mansión Taisho. Me quedo fijo por un segundo en la madera barnizada que reluce con elegancia. Esta casa, está adaptada al sistema urbano. Lo que significa que no hay la típica decoración japonesa, salvo algunos cuadros, jarrones, y algún que otro adorno. Este apellido, tiene muchas otras propiedades en casi todo el mundo. Más no se presumen tampoco los orígenes de la familia, al no ser si recurre a la "casa de campo", de aspecto más tradicional. Muchos recuerdos de estos pasillos se van acumulando por mente. Sobretodo los que incluían a mi querida madre. La única temporada de mi vida en la que verdaderamente me sentí en libertad. En la época de mi niñez, fui tratado como un príncipe, y siempre tuve todo lo que quise. Cada uno de mis caprichos fueron cumplidos. Y tampoco resultaba muy exigente, por así decirlo. Claro, todo eso fue posible mientras que mi madre estaba viva. Después de su muerte, comenzaron todos los problemas que me convirtieron en la persona que soy.

Y mi padre, el gran señor Inu no Taisho, contribuyó demasiado a que eso sucediera.

Abro la puerta de su despacho sin tan siquiera detenerme a tocar. Arrepintiéndome de inmediato de esa horrible manía que tengo. No por buena educación, ni nada por el estilo. Más bien, para tener que ahorrarme este tipo de escenas poco agradables a mi vista.

Carraspeo.

—Vaya. Así que escabullirte con empleadas es tu nueva costumbre—Sonrió picón, cruzándome de brazos, para alzar la vista ambarina hacia la curiosa escena que se proyectaba enfrente—Nunca me decepcionas—Anuncio además. Siendo consiente del sarcasmo, que al parecer no pasó desapercibido para su "gran" persona.

La chica semi vestida con el uniforme doméstico, pegó un gritillo ahogado con la intromisión. Intentando miserablemente cubrirse los grandes senos expuestos. Cierra las piernas abiertas para el alto hombre al instante. Subiéndose la braga que rozaba con sus rodillas. Observé con inquietud al hombre serio y vestido, con las únicas imperfecciones de tener la camisa desarreglada, y la pretina del cinturón en el pantalón desajustado a cada lado de sus laterales. Sonreí internamente. Acababa de arruinarle la diversión a este inepto.

—¡Señor Inuyasha!—Exclamó la chica con evidente sorpresa, y algo de pudor en sus mejillas. No consigue ajustar del todo su atuendo, debido a los nervios de ser encontrada mientras se retorcía con "su señor". Por lo que opta por cruzar ambas manos sobre las gloriosas tetas que la bendijeron en cuanto llegó a este mundo. La fulminé. Mirándola directamente con mis ojos dorados.

—Largo de aquí—Advertí sin alzar demasiado la voz. No lo necesitaba, cuando temblaba muy leve, a punto de mearse encima en cualquier momento. ¿Acaso no se da cuenta, de que ese ligero temblor va descubriendo el pezón rosáceo, oculto entre uno de sus brazos?

Mi padre también la mira. Al parecer más que enfadado. Y con solo un gesto cortante, consiguió agitarla lo suficiente y se apresurara en salir del despacho. La repasé por detrás. La muy puta también tenía un buen trasero.

«Maldito cabrón con buenos gustos» Sopesé, cuando al final nos quedamos a solas. Como dos enemigos que buscaban la manera de deshacerse del otro. Entonces, lo veo directamente después de haber transcurrido diez malditos años. Acción que solo reanuda todo el odio que le siento cuando mi mirada dorada, se conecta con los ojos del mismo color que heredé de mi progenitor, como si fuera el sello de todo el Clan Taisho. Más no quisiera parecerme tanto a este tipo. Donde su larga cabellera plateada se mantiene intacta, en la coleta que nace desde lo alto de la parte de atrás de su cabeza. Y me observa fijamente tal como yo. Con el rostro igual de contraído.

—Inuyasha—Menciona firme. Como si buscara no olvidarse de la pronunciación correcta de mi nombre. Como si hubiesen pasado varios siglos sin decir esa palabra. Posteriormente, ajustó la corbata de su traje. Algo más ofendido al romper con el contacto visual—¿Sabes que se puede tocar la puerta, cierto?—Inquirió con sarcasmo. Más me interesa un demonio si cree que me voy a disculpar por ello.

Frunzo el ceño.

–Se suponía que me "estabas esperando". Así que no era el momento preciso para tus marranadas de anciano—Lo miro mal. No tengo porqué guardarle respeto a este señor. Que sonríe ladino, recordando que mi actitud, continúa siendo tan mierda como la suya.

—No has cambiado mucho Inuyasha—Me morfo con el que se encoge de hombros. Esta vez arreglando su camisa un poco desabotonada—Y no pienso dar excusas de mis acciones cuando es demasiado evidente lo que pasó aquí.

«Qué descarado. Me causa demasiada repulsión»

—Descuida. No me interesa—Concuerdo con ello. acercándome a su mesa con seguridad. Poniéndole una seria mirada—Sabes bien a lo que vengo.

Él asiente. Menudo cariño familiar nos tenemos aquí. Entonces, se termina de arreglar. Tomando asiento en el centro de la mesa que reina en toda la habitación. Señalando la silla de enfrente, e invitándome a seguirle.

—Siéntate hijo—Me nombra. Como si la palabra"hijo" fuera a aligerar toda nuestra disputa. Más no puedo evitar el brillo que lo toma al referirse a mi de esa desagradable forma—Quiero que conversemos. Estoy seguro de que esto te puede interesar.

Finalmente asentí. Quería saber de una vez porque carajos me tomaba como un imbécil.

Una mujer trigueña hace su aparición en la noche. Parecía una bella ninfa enviada por los dioses para que su belleza pisase fuerte en la tierra. Siendo la tentación misma entre todo hombre (o mujer) que se sienta atraído hacia su persona. Incluso, desde la distancia se podía distinguir el perfume adherido a la piel de su cuello; pálido y suave. Así como en el resto de su esbelta figura que simulaba la porcelana por todo su brillo y limpieza, como si hubiese sido pulida por los escultores más dedicados y expertos en el mundo. Tal cual una hermosa escultura de barro, que se presumía en sus andares de la vida. Más en esta noche. Una noche oscura y carente de luz. Tan negra como sus cabellos largos y lisos, así como una suave cortina que caía como cascada por toda su espalda, y dejaba que sus hebras danzaran con la brisa leve que los movía. Y sus ojos eran grandes y poco expresivos. Caminando elegantemente, sin perder el equilibrio en aquellos zapatos altos. Reluciendo en un vestido corto y negro. Y manteniendo su mirada seria y discreta. Tal vez hasta algo tranquila.

Debo aceptarlo. Kikyo es una mujer demasiado hermosa para la vista. Que había nacido sin duda para vivir entre la riqueza y toda clase de lujos. Toda ella tenía aura de buena clase. Siendo extremadamente pulcra, educada, apacible, y tal vez un poco ingenua. De hecho, fue esa misma ingenuidad la que la llevó a tener un anillo en su dedo. Sin percatarse siquiera de con qué demonio se estaba metiendo.

—¡Mi amor!—Sonríe en cuanto me ve. Dejando relucir una dentadura completamente blanca y perfecta. Incluso, parecía de portada para promocionar pastas dentales. Hice un corto recorrido visual desde su boca, a sus ojos pardos, en donde había cierto brillo bastante llamativo y cálido. Y se puede notar con facilidad, toda la emoción con la que se acerca a mi, besando mis labios tan tímidamente que tal parece un típico roce pecaminoso. Porque Kikyo también era conservada, hasta incluso en ámbitos sexuales. Sin embargo, apenas y le correspondo su desesperada acción. Esos no son los besos que me atraen verdaderamente—Estuve ansiosa de terminar con la sesión de fotos en cuanto me dijiste que llegaste a la ciudad. ¿Qué tal el viaje? ¿Me extrañaste mucho?

Comienza con la típica ronda de preguntas. En las que evado o simplemente respondo a base de monosílabos. A pesar de mi evidente ignorancia me sonríe. Gesto que muy pocas es visible en su rostro. Aunque no me siento afortunado por ello, dado que resulta demasiado empalagoso.

—El viaje fue aburrido—comento poco interesado en ella. Y más bien me entretengo jugueteando con su cabello largo y sedoso, que le cae en línea recta hasta rozar con su cintura. incluído el cerquillo de su frente que sobrepasa mínimamente sus cejas—Y sí. Extrañaba a mi mujer—Ella se sonrojó furiosamente al escucharme musitar. Yo sonreí victorioso con ello. Esta chica me divierte tanto. Menuda tonta.

—Yo también te extrañé cariño—Se inclina para besarme nuevamente. Y esta vez sí que le respondo con más efusividad. Abarcándola con mi lengua. Para dominar y controlar el beso que poco a poco se consigue intensificar. Aunque a ella le cueste tomar el paso. La suelto, y ahora reluce con todo ese brilloso cabello rebelde y los labios hinchados. Manchando de rojo parte de su mentón. Igual que en el mío.

«Sí. es así como se besa, mujer»

—Vamos a dentro—Ordeno. Y sin pedírselo ella se engancha a mi brazo como si no pudiese andar por sí misma. Pongo los ojos en blanco. No tolero esta relación de Bad Boy y chica mimada de buena clase.

A Kikyo la conocí en Francia hace apenas cuatro años. Me habían invitado a un evento de moda. Y ella resultó ser la hija de uno de los diseñadores de ropa más famosos en el mundo. Uno de los apellidos más poderosos dentro de la alta sociedad, los Yaeda. Y desde que la ví, quise tenerla en mi cama. Kikyo es una mujer que denota mucho poderío. Y en su momento, las cosas en mi empresa pintaban mal. Es por eso, que la única salvación a la que recurrí fue al matrimonio. Vi su estatus y me interesó. Entonces me dediqué a enamorarla, y utilizarla todo lo que se me dio la gana. Por desgracia, mi magnífico plan funcionó "demasiado" a la perfección, y no pensé que eso iba a ser tan agobiador. Y si continúo en esto es por pura conveniencia. Y por supuesto, las ganas de follármela, porque no se le niega el hecho de que está bien buena.

—¿La provincia de Akamura?—Pregunta Miroku en la cena que llevamos a cabo. Su rostro parece muy impactado en cuanto suelto la noticia de mi traslado—Eso queda bastante lejos—No paso desapercibido el hecho de que conoce el lugar.

—Si. ¿Has ido alguna vez?—Inquiero, pero este solo se encoge de hombros.

—No. Pero me gustaría conocer el sitio—Respondió. Más creo que solamente intentó evadir la pregunta. No le pongo importancia, y me concentro en la mujer que roza su mano con la mía por debajo de la mesa. «Que repugnante»

—¿Mi amor, tienes que ir solo?—Pregunta ella. Y aunque pudiese ir acompañado, que ni sueñe siquiera de que me la llevaré conmigo. Quien sabe cuanto tiempo vaya a pasar allá, y no voy a soportarla como la "esposa feliz" a mi lado.

—No. Iré con el resto del equipo de la empresa—Le respondo a su pregunta. Y por suerte, no sugiere lo otro que anteriormente había sopesado.

Las sirvientas acomodan varios platos distintos sobre las mesas en ese momento. Cada uno se sirve lo que quiera. La pelinegra a mi lado lo único que come es hierva y vegetales. Y tuerzo la mirada. Ni siquiera soporto sus gustos alimenticios.

—¿De qué va el trabajo?—Habla mi amigo. Se ve profundamente interesado la verdad.

Sostengo un trozo de pescado asado entre los palillos. Llevándolo a mi boca para degustar todo el sabor jugoso que me abre mucho más el apetito.

—Es secreto. Inu No Taisho pidió discreción—Respondo sin más, y este frunció el ceño. Extrañado por mi actitud. Y no lo culpo, acabo de decir que era una orden de Inu No que voy a acatar sin más.

—¿Ni a mí me vas a contar?—Insistió Miroku. Viéndose algo ofendido.

Negué nuevamente.

—No—Mantuve mi decisión—Aunque eso nos va a beneficiar en exceso.

Tal vez, hacer esto lo haya odiado al principio. Pero es probable que yo también le saque provecho. Más no piensen que voy a seguir al paso de letra todo lo que me indique el maldito de Taisho. Dentro de lo que me interesa, se supone que voy a actuar. Ya que este proyecto, sin duda es algo grande.

Finalmente él se encoge de hombros. Vencido.

—Bueno, ya ustedes sabrán—Continúa comiendo—¿Cuándo vas allá?

Lo miro.

—Dentro de dos días. Aunque es indefinido el tiempo que deba permanecer ahí. Esto no es cosa de un día o dos—Todos parecen muy intrigados. Sobretodo Miroku, lo que parece algo extraño. No lo recordaba tan metiche en mis asuntos laborales. Después de eso, Midoriko compartió algunas palabras con Kikyo. Dejando el tema a un lado, cuando notaron que era en vano sacarme algo de información.

—Y ¿Dónde está el señor Taisho?—Puse los ojos en blanco ante la pregunta absurda de Kikyo «¿Por qué se tiene que entrometer tanto?»—No vino a cenar—Añadió además, y tuve que reprimir una sonrisa para dejar escapar un bufido.

—¿Qué más da eso? Él debe estar por ahí viviendo de la vida—«follando con alguna empleadita de tetas grandes o algo así»

Kikyo no dijo más sobre el tema. Creo que no tuve que hablar demasiado como para que entendiera de que no es algo prudente mencionarlo frente a mi persona. Al menos es intuitiva. Más no se calló, y comenzó a hablar sobre el nuevo lanzamiento de la marca de su padre. Ya que está muy emocionada porque será la modelo oficial que represente su línea. Sintiéndose feliz de trabajar con su familia. A mi no me interesa lo que dice. Pero parece muy entusiasmada ¿Y quien soy yo para romperle esa alegría?. Esa también era una de las razones por la que llegó a Japón antes que yo. Su trabajo como modelo en la compañía de su padre.

Seguimos cenando hasta el final de la noche. Miroku me invita a un bar pero niego la oferta para "estar con mi mujer". Me mira mal, sabe que solo busco pasar la noche con alguien, y no por un verdadero interés.

Las cosas han cambiado. Y tal vez, puede que en la tal "Akamura" encuentre algo interesante.

...

Nota de Autor: Seguramente se dieron cuenta de la personalidad tan macabra que se trae Inuyasha en este fic. Quiero dejar en claro desde el comienzo, en que si en algún momento sienten disgustos hacia su personalidad y no desean ver más de aquello. Pues vayanse retirando de esta historia. Inuyasha es totalmente MALO aquí. Y la idea la verdad me gusta bastante.

Bueno, esto es solo el pequeño principio a comparación del resto de la historia, que ya tengo publicada en Wattpad. Por supuesto, sin editar en los primeros caps.

Estaré más que encantada de leer todas sus inquietudes. Que seguramente sean bastantes. Hasta otra nueva actualización, cuídense mucho.

Atte : La Kamila.