Gracias por los mensajes. a quien este por aquí leyendo esto, se agradecen los comentarios. Disfruten.

Meses atras…

¡Bardock! — una voz le distrajo del intercambio que acontecía en el descenso— Raditz trajo una sorpresa para ti en el área de jaulas.

Era un nuevo cargamento proveniente de los límites de su cuadrante; sin embargo, las insignias de reconocimiento le hicieron saltar un latido. Conocía a la perfección el planeta de donde provenían las nuevas cargas de tesoros, provisiones y esclavos. Las marcas ineludibles del engaño propio, al haber considerado que ese sería el ultimo sitio seguro en donde su último vástago podría llevar una vida libre. No había ya sitio alguno sin teñir del oscuro color de la ambición de esos nuevos lideres.

Corrió sin pensarlo, ingresando al fondo de las celdas, intentando descifrar si el aviso previo de esos soldados suponía una esperanza para lo que esperaba.

Y ahí estaba él. En una imagen un tanto perturbadora.

Destruido hasta los huesos, humillado en todo lo posible, sin embargo, enfrentando a sus captores, con ansias de pelea hasta en el último instante. Intentando resguardar una pequeña colección de esos nuevos seres: uno inconsciente bajo sus pies, otra visiblemente maltratada, temblando detrás de su ídolo arrodillado. A su alrededor el resto de los carceleros lanzaba burlas sonoras, sus risas sombrías deleitadas en los pobres esfuerzos del joven buscando resguardar a sus caídos.

Olvídalo ya pobre diablo — Uno de los más fuertes se acercó, esquivando con facilidad los disparos que el muchacho expedía. Tomó por el pie al anciano desmayado en su custodia, provocando la ira del joven. El suelo de la nave comenzó a temblar bajo sus efectos, el padre sabia que un golpe más acabaría con esa joven vida. De inmediato se puso a la vista del mártir de las circunstancias.

Kakarotto – le llamó de forma severa — Desiste de inmediato.

La similitud de su estampa se coló hasta los huesos del desfavorecido rehén. ¿Esa voz? ¿Ese rostro? ¿Por qué sentía que lo conocía? Confundido, viró en todas direcciones esperando que se tratara simplemente de una pesadilla, recordaba una serie de imágenes complejas, pero las manos que le aferraban la espalda le daban a entender que no se trataba de una ilusión.

Otro sujeto se acercó para llevarse a la última persona bajo su pobre amparo. Pero de inmediato resurgió su rabia, impidiéndoselo aun a costa de su pobre energía. De un golpe toda su vista se terminó.

¡Goku! — Lloraba la joven con los ojos llenos de miedo, observando como esa especie de clon de su amigo lo levantaba después de haberle noqueado de súbito — ¡No lo toques! — exigió sin tener por entendido ella misma su bravuconería.

¡Cállate estorbo!— otro de los soldados la levantó del cuello dispuesto a ingresarla de nuevo en la celda que le correspondía.

Espera— Bardock le llamó — Yo tomaré esa esclava — Explicó acercándose —Seguramente será de alguna utilidad ahora que Gine ha enfermado.

Los soldados circundantes dieron un vistazo de complicidad delictiva.

No creo que Gine esté de acuerdo — Replicó el altivo sujeto — Ni entiendo por qué crees que tienes derecho a cualquier trofeo de esta misión, cuando estuviste aquí escondiéndote como una rata.

La orden del rey fue encargarme de los embarques — Contestó visiblemente sereno —Además, si esa mujer conoce a mi hijo, muy probablemente es de su pertenencia — Continuó oscureciendo el tono de su voz —A menos que quieras retar a mi casa por los derechos de su propiedad— Pausó acomodando el cuerpo inerte en su hombro — Kakarotto sigue siendo un ciudadano Saiyan y no me molestaría atender a uno de los juicios de pelea en su lugar — Gruñó, levantando su fuerza en amenaza y extendiendo el otro brazo en busca del botín en cuestión.

Sabía que no aceptarían el reto. De un golpe el guardia la arrojó al suelo, quitándole la conciencia de inmediato.

El experimentado capitán se acercó sin quitar la vista del resto de celadores, levantó su carga y se dispuso a salir del sitio. Ya habría momento de conocer las circunstancias de la captura, pero en ese momento a su hijo menor le venía urgente el uso de un tanque de rehabilitación.

Abrió los ojos, la oscuridad nubló su visión de forma momentánea. Resopló dándose cuenta de que aun faltaba mucho para el amanecer. Una mano tibia subió por su costado.

—¿De nuevo han regresado esas pesadillas?— Preguntó la voz suave de su compañera.

—No — contestó con hosquedad, levantándose dispuesto a salir — Solo estoy sediento.

Un tiempo habría pasado desde aquel incidente. No era un hecho remarcable en su memoria, peores pesadillas de los últimos tiempos rondaban su cabeza: crueldades de la nueva regencia que incluso para su raza eran actos totalmente carentes de honor. Usualmente despertaba bajo la influencia de esos recuerdos ingratos, más desde que su hijo pisó de nuevo el planeta, las preocupaciones habrían adquirido otro tipo de aventura.

Inició con su llegada, el principio de una serie de conflictos que ahora rondaban su rutina.

Era una mezcla entre lo risible y lo inadmisible, la conducta de su hijo estaba sumamente viciada por las costumbres extranjeras. No había un gramo de malicia en su temple, no había del mismo modo un solo gramo de pericia. Sin embargo, el combate era una habilidad completamente innata y resaltable. Habiendo aprendido en repetidas ocasiones, de la forma más cruenta, que el beneficio de la justicia era considerado un lujo en esos días.

Sirvió un recipiente con el agua guardada en las vasijas. Incluso el mobiliario habría dado un retroceso considerable, la pobreza e injusticias se habrían incrementado a tal grado, que la única ley que predominaba en esa dimensión era la de la fuerza superior. Atrás quedaron los días de las audiencias y consejos, atrás quedaron las tradiciones de las clases nobles y la inventiva en general. Vegeta-sei era ahora un agujero primitivo, con hambre, enfermedades y un cúmulo apocado de beneficiados. Pese a ser una raza de grandes conquistadores, los beneficios de los tesoros recolectados se daban al pueblo de las formas más básicas y poco benéficas a largo plazo: disposición de seres variados a los cuales utilizar, peleas con premios para saciar la morbosidad y exceso en estupefacientes o placeres diversos que mantuvieran en cohesión los ánimos que los primeros dos donativos proporcionaban.

La propaganda del orgullo Saiyan, estaba totalmente tergiversada en historias de bravuconería y beneficio personal. La raza que nunca volvería a ser servil, se escuchaba frecuentemente en el candor de las reuniones más recurrentes. Pero toda la grandeza de su historia quedaba ahora opacada por el derroche y labilidad. Decadencia de un mundo sin ideales ni valor alguno. No le sorprendería que los dioses decidieran borrarlos de su existencia.

—¿Meditando en tus pecados Bardock? .

Escuchó en el rincón contiguo, donde en un pequeño salón improvisado la mujer que habría llegado a complicar todo, trabajaba en una clase de proyecto tecnológico. Algo de lo que suponía saber de qué trataba.

—¿Otro artefacto para matarlo? — Se carcajeo recargando su antebrazo en el marco de la entrada —Es tarde para que estes perdiendo el tiempo en esas tonterías — Bostezó sin ponerle especial atención a lo que esta vez reconstruía con tanto ahínco.

—Quizá no tuve éxito la primera vez— Contestó sin volver el rostro, sumergida bajo unos goggles de mucho mayor tamaño que su cabeza, utilizaba una serie de herramientas también fraguadas por su propia hechura — Pero puedo asegurar, que la muerte de tu hijo es algo que vendrá de mis manos — Afirmó en un tono suficientemente altivo para molestar a su oyente.

—Haces mal en odiar a un soldado por cumplir su misión — Contestó en un tono tan neutral como si ambos fuesen desconocidos — Olvídalo niña, nada puede regresar a tus muertos, del mismo modo que no puedes hacer nada contra Raditz sin que yo te lo permita — Prestó especial interés a su reacción ante tal afirmación — Concéntrate en sobrevivir, pues es un trabajo que no estás haciendo nada bien— Se acercó a tomar un par de objetos de los que conocía muy bien el origen. Los sensores de energía de un rastreador robado —Si alguien se entera de que hurtaste esto, lo pagaras con peor precio que tu vida — Aleccionó molesto — Seguir fingiendo que eres propiedad de mi hijo no te servirá de nada— Finalizó aventando de floja manera los aditamentos. Dio la vuelta, dispuesto a marcharse de nuevo a su dormitorio.

Uno de los circuitos rodó hasta los pliegues de la enorme ropa que ella utilizaba. Atuendos pertenecientes al único amigo que creía quedaba en cercanía y del que se beneficiaba indirectamente con suposiciones ajenas.

—¡Maldición! — Exclamó buscando con detenimiento la delicada pieza entre la tela— Aunque no lo creas este aparato no será para esos fines — Continuó sin importar la actitud indiferente del otro —Creo que uno de nuestros amigos está cerca de esta colonia — Prosiguió levantándose para alisar su ropa —Pero con los collares inhibidores es difícil encontrarlos…. Entonces construyo un detector de humanos —Explicó con una sonrisa al encontrar el pequeño material de nuevo —Los encontraremos y esta vez será un éxito su rescate — Aseguró con vaga esperanza, tallando su brazo en un pequeño atisbo de recelo.

—Tú no puedes volver a aventurarte fuera de este lugar y esperar salir ilesa sin cumplir con lo que la ley señala — Replicó en fría estampa —¡Esclavo en las calles será de quien lo reclame! Dudo mucho que quieras inmiscuirte en otro grado de libertar y asumir las consecuencias— Resopló despectivo — Si de verdad quieres dañar la única oportunidad de Kakarotto de integrarse a su propio planeta, sigue por ese rumbo — Se cruzó de brazos encarándola de nuevo — Haremos todo el ritual como la ley lo señala, ante todos quedará reconocida tu condición y dejarás a mi hijo como un lisiado social por el beneficio de tus patéticos terrícolas.

El claro estatuto de lo que implicaban sus palabras la dejó sin habla. Incapaz de encontrar la fuerza para responder a tal ofensa permaneció de pie, simplemente mirándole con un semblante de odio digno de las mejores representaciones artísticas de la palabra.

Exhaló, tomando compostura de nuevo y sonrió de forma escalofriante pasando los dedos sobre su falso collar de esclava.

—¿Cómo esta Gine? — Preguntó con una voz tan dulce como agria su actitud.

El interrogado levantó la ceja comprendiendo de inmediato lo que pretendía. No contestó, únicamente sosteniendo el duelo visual sin ceder.

—Recuerda siempre —Ella amenazó con un brillo especial en la mirada— Que del mismo modo en que la mente de este ser inferior te ha beneficiado, puede convertirse en algo que hará que tus pesadillas anteriores se vean como una canción de cuna— Susurró sin despegarle la vista, únicamente jugueteando entre los dedos el delicado circulo de los sensores. De inmediato percibió el abrupto cambio de humor en su oyente, rabiando en el desafío de esa aseveración.

—No pruebes mi clemencia humana — Gruñó soltando la cola de modo involuntario —Aunque seas el ente más preciado en la vida de mi hijo, para mí no eres nada— Despegó ambos brazos en amenazadora pose, la cola meneándose como un gato embravecido.

—Tu hijo es un guerrero mas sorprendente de lo que todos ustedes piensan — Contestó sin prestar atención — Proseguirá con mi plan y estoy segura de que no tiene interés alguno en unirse a sus filas — Contestó despótica — Con mi ayuda podrán presenciar el grado de superioridad que posee, se sentirán afortunados de que siquiera les dirija la palabra. Te aseguro que NO será visto como un lisiado social por mucho, aunque tome decisiones que ustedes consideren indignas — Cerró su discurso escuchando con claridad el gruñido enfurecido de su oyente.

—¿Qué sucede? — Tallando sus ojos, el tercero en discordia se levantó de su sueño al sentir la variación en el cambio de las energías de su familia.

Entendiendo que esa era una batalla que no podía darse el lujo de tener, el mayor cerró los ojos intentando encontrar el control de sus emociones. Suspiró pasando una mano por su cabello.

—No es nada— aseguró molesto aclarando su voz, dispuesto a salir del sitio — Solo continúa usando su olor y no te alejes de casa — Contestó a la mujer de forma amarga sin mirarle más —No intenten nada estúpido sin antes consultarme.

El ver la figura de su padre desaparecer de modo tan abrupto no era anormal, sin embargo la visión retadora de su compañera de cuarto le hacía creer que algo habría salido muy mal en ese intercambio. No es que fuese extraño verlos discutir, pero usualmente dichas peleas terminaban en divertidos insultos y quejas. El silencio era un aviso de mayor preocupación.

—¿Es por lo que sucedió con ese desagradable vecino? —Preguntó con inocencia — Porque creo que ahora puedo vencerlo — Sonrió confiado en sus nuevas habilidades adquiridas, una gran emoción implícita en su juvenil estampa —¡Podre vencer a los retadores que vengan! — anunció con alegría dando un golpe seco al aire.

Pero ella sabía que no importaba cuantas veces lo intentaran, si no solucionaban esa condición de esclavitud supuesta, seguirían perdiendo el tiempo y las vidas de sus seres queridos. Necesitaba salir para encontrarles, conseguir materiales, correr el riesgo para salvarles, nadie mas les ayudaría en esa encomienda. Quizá lograr su cometido le costaría más que la suma de sus esfuerzos, quizá Bardock tenía razón y la única forma de conseguir lo que deseaban era ceder a las reglas de ese mundo infame, aun a costa de lo que significaba para ambos. Pensándolo con detenimiento, por lo menos tendría el consuelo de los beneficios que le supondría ese estatus, estaría considerada en un estrato superior a la clase de servicio, podría crear sus invenciones a cierta voluntad, sería mucho más libre. Pero el método era denigrante y la sola idea le parecía indigna.

Posó una mano desganada sobre su amigo, asintiendo a lo que fuese que entusiasmado anunciaba. Se dio la vuelta para regresar a su pequeño escritorio improvisado, dejaría la zozobra para después, por ahora era momento de trabajar.

_..._

Al filo del palco real, su pomposa estampa supervisaba los tesoros de otro mundo ingresar a los depósitos subterráneos de palacio. Miles de contenedores de minerales y cargamentos diversos que garantizaba la expansión de su nuevo imperio, listo a subyugar el resto de las formas de vida que se opusieran a su control. Con deleite inspeccionaba subjetivamente las nuevas riquezas, los despojos vivos e inanimados desfilando sin demora sobre las duras escalinatas en piedra.

Tenía todo lo que alguna vez soñó, amparado por las más privilegiadas formas de poder conocidas, su hijo, sus hechiceros y la última piedra angular en las joyas de su corona: el conocimiento del futuro. Con todos los abismos de improbabilidad cubiertos, nada lo podría detener.

—Mi señor— Anunció un saiyan de afiladas facciones, su entrada con el usual tinte de sumisión con el que adornaba sus palabras —Me han informado que ha sido una completa masacre… para las defensas arkosianas— Su declaración fue recibida con una risilla perversa del otro ser de baja estatura a su lado. La causa de su repentino éxito y el terror de todo supersticioso que rondara el palacio esos días. Hoi.

El anciano era en si, un monstruo por su propia reputación. Encontrado por una casualidad entre los primeros viajes de conquista posteriores a la gran guerra, uno de los últimos miembros del Clan de los Brujos, poderosa secta extinta en gran medida por causa de sus ambiciones, sus nuevos aliados se habrían encargado de exterminar todo rastro de competencia, pequeñas o grandes, el anciano Hoi se habría encargado de perfilar, las feroces fauces del lobo, en pos de la destrucción de toda amenaza a su posición, era el segundo ente con más poder sobre todo mundo civilizado. Ahora rey de las cenizas, obsesionado con la conquista a fuerza de mano dura sobre toda forma de vida que opusiese su voluntad a la de los nuevos amos de la galaxia.

—¿Mi señor? — Insistió el mismo saiyan inseguro de persistir en la búsqueda de atención.

— ¿Requieres una premiación por hacer bien tu trabajo Horen? — Replicó el rey sin siquiera voltear, sumido en el resguardo de su larga capa azul, apenas mecida por el fuerte viento en la distancia.

—No mi señor— Se inclinó el visiblemente demacrado general —Sin embargo pensé que le alegraría saberlo— Contestó poniéndose de nuevo en pie sin quitar los ojos del brujo que le escudriñaba del mismo modo indiferente — También estoy aquí para avisarle que los nuevos esclavos han sido entrenados y están en condiciones de ser entregados al servicio del príncipe.

—Mi hijo no está listo para hacer contacto con esos seres inferiores — Resopló virando en su totalidad, el solo recuerdo le ponía los nervios en punta — ¡No quiero otro de esos seres manipuladores en la oreja de Broly! susurrando sus conspiraciones nauseabundas—Estrechó los labios en un claro signo de disgusto contenido.

—Mi señor, no ocurrirá ese incidente de nuevo— Afirmó con la seriedad de una sentencia de muerte —Esa mujer ha sido dispuesta a los calabozos y su vigilancia ha sido mi tarea personal desde que me fue notificado.

—¿Aun vive entonces? — Preguntó el pequeño anciano rosa con una nota de disgusto en su voz.

—Tu mismo has dicho que no debemos subestimar los designios del destino — El rey continuó —ninguno de mis enemigos mortales será aniquilado a menos que conozca por completo su futuro, su nombre no ha sido revelado—

—Esa bruja decrepita puede estar confabulando en su favor, majestad — El general advirtió — recuerde que fue traída del mismo planeta.

—Es imposible, esa mujer no tenía relevancia alguna en su mundo— Se encogió de hombros aburrido de su tarea anterior, observó su mano enguantada acomodando un misterioso anillo por dentro —Era alguna clase de princesa, de cuna menor, por lo que he escuchado— Se carcajeó recordando con alegría uno de sus más odiados enemigos sumido actualmente en esa desgracia —No causará más problemas una vez que descubra como utilizarla a mi favor.

—Ha pasado suficiente tiempo Paragus — El anciano contestó —Quizá es hora de prestarle otra visita, has dejado mucho tiempo ese cabo suelto— Reprendió instándole a seguirlo, no podía creer la osadía de su nuevo socio, desestimando de ese modo un incidente tan grave como el vivido ese día en palacio, solo recordarlo aguzaba el ángulo de su entrecejo, esa mañana en que, de no ser por el brazalete de su fabricación, el muchacho habría entrado en una rabia asesina desconociendo incluso a su padre.

No estas fungiendo como un buen monarca —

El más joven declaró, llamando la atención del resto de los convidados a la cena. El silencio de esclavos y amos indicaba que la ofensa era mucho mayor a la tensión que crecía entre ellos.

Hoi prestó especial atención a la joven que atendía al nuevo príncipe con especial diligencia. Carente de sorpresa alguna ante la declaración. Esa mujer de rasgos finos y esbelta estampa, con ojos oscuros y actitud que sin duda la harían pasar por una mujer de la raza que la esclavizó. Sabia a la perfección que su falsa sumisión era tan incongruente como esa sed de venganza en los ojos de una criatura tan débil.

¿Por que piensas eso hijo? — El nuevo rey respondió con gran paciencia.

Combatimos a todos los seres que se atrevieron a humillar nuestro legado — Respondió con plena solemnidad —Hemos puesto fin a cada amenaza que azotó al imperio— Bajó los ojos fijándolos de nuevo en el brazalete a su derecha—Incluyendo los sumisos usurpadores del trono que nos vendieron a extranjeros— Contempló con solemnidad la legitimidad de sus acciones —Pero ahora has asesinado seres de menor importancia solo para despojarles de materias que sobran en el planeta — Se levantó sin comprender la pasividad del resto ante el anuncio de tales injusticias—¿Dónde está la hazaña, si destruyes culturas inferiores en propósito y fuerza? Eso… es cobardía.

Al retomar su asiento, su padre repasó cada una de las palabras escuchadas, con la misma extreañeza declarada, que si hubiese visto un mueble en la sala cobrar vida. Observó al otro par de sus estrategas devolverle la misma mirada.

Interesante, sumamente interesante — Se enderezó fijando la mano en su mentón —Mas interesante es saber, ¿Cómo fue que llegaste a esa conclusión Broly?—Y pasó los ojos de forma imperceptible sobre los gestos de la chica. Un solo movimiento necesitaría para evidenciar lo que ya sospechaba, pero su determinación era ciertamente admirable —Bien sabes que nuestro interés siempre ha sido el bienestar de nuestra raza — Se justificó sin dejar de escudriñar a la supuesta culpable—Sabes hijo…cuando tienes un cargo importante: no hay enemigos pequeños… hechos absolutos… ni amigos sinceros—ronroneó en tal pasividad que por un momento ella sintió su sangre detenerse.

Eso lo decidía, ella no tendría otra oportunidad. Ágil como un rayo sujetó el brazalete en sus delicadas manos.

¡Da un paso más y esto desaparece! — Amenazó furiosa constriñendo entre sus palmas los bordes de la joya con una pequeña energía de su Ki—Nunca más volverás a controlarlo, monstruo infeliz.

¿Con…trolarme? — Musitó el chico con ambos ojos bien abiertos, sin entender a la perfección de que hablaba su ayudante

Son palabras muy atrevidas … para una débil esclava —

Corrió ella de inmediato. Sorprendiendo la velocidad con la que resguardó el tesoro en sus ropas, atravesando el salón en alguna dirección desconocida. Segundos después, Horen regresaba con el tesoro en manos. Sin perder tiempo regresaron la pieza al brazo de su dueño, observándole perder de inmediato el brillo en sus ojos. El trabajo del mago terminó al borrar de su mente ese infortunado recuerdo. No necesitaban cargar con el riesgo de esa información en una mente ingenua.

El recuerdo terminó al encontrarse ambos en la habitación, donde su prisionera aguardaba. Los telares rojos, purpura y negros en toda pared o ventana retenían el encantamiento específico que le impedía escapar de su lujosa prisión. Al centro flotaba en una esfera cristalina, la estampa moribunda, ardiendo como la promesa delegada de muerte, bajo las demacradas muecas de odio.

—Uranai — Le llamó sin respeto o temor alguno, el viejo saiyan se hizo paso acercándose con la firme confianza en la inerme capacidad de defensa de su rehén — Debo usar tus habilidades una vez más — Anunció tomando asiento en uno de los sobrios sillones aterciopelados, la corpulenta figura abierta en toda defensa, contemplando satisfecho el pequeño recipiente sellado en la mano de su anciano secuaz, elemento observado con gran aprehensión por la bruja.

—No puedo darte más información sobre el príncipe legítimo de este reino— Contestó, satisfecha con el atisbo de descontento que sacó de su captor —Solo que no lo encontrarás hasta que él decida hacerlo— Se sonrió encontrando sumamente hilarante la forma en la que el autoproclamado rey tensaba los dedos en el asiento, en demasía molesto.

—Veo que ya has perdido el miedo, vieja sin vergüenza — El otro saiyajin resopló en tono casi divertido — No tenemos que recordarte las consecuencias de tu desobediencia — Señaló un pequeño rayo de ki en dirección a la diminuta vasija.

—No creo que haga falta — Hoi declaró meneando el tesoro entre manos —incluso el principiante de las artes oscuras más lerdo, sabe las consecuencias de tener su alma destruida antes de morir.

La vieja mujer permaneció estoica. Simplemente esperando recibir la consulta especifica que en ese momento buscaban conocer.

—Revélame los nombres de los traidores que representan una amenaza cercana — Ordenó el rey, meditando en otro asunto de interés — … y el propósito de esa mujer llamada Milk.

La bruja observó su orbe con detenimiento, la vida estaba ausente de su mirada del mismo modo que la empatía por todo lo que alguna vez significó algo para ella, pero una chispa de interés se coló en su atención al mirar la última visión del mensaje inscrito. Si bien las emociones puras habían desaparecido de su cuerpo al ser despojada de su esencia, la inteligencia de sus actos persistía, decidiendo de inmediato silenciar su lenguaje corporal sin agregar más de lo solicitado.

—Los nombres los conoces ya, del mismo modo que esta noche te encargaste de los últimos dos de ellos— Contestó poco afectada por los crueles finales de algunos de los únicos seres con honor en ese planeta —El resto de ellos se encuentran lejos de este mundo, sus planes están protegidos por una magia superior a la nuestra, pero esta misma reniega su propia fuente de origen y no puedo revelar a su poseedor— Anunció tan neutral como los muros de palacio.

—No puede ser posible — El viejo agregó — Hemos aniquilado todos estos años los rastros latentes de magia existente — Viró intentando convencer a su socio de la falsedad en las palabras de la mujer —Estas tratando de engañarnos —Aseveró apretando con un poco más de fuerza la vasija entre sus dedos.

—He dicho la verdad, así como no tengo interés en perseguir sus fines, tampoco encubriré la seguridad de otros a costa de mi beneficio — Añadió sin miramientos, no había razón alguna para dudar de las palabras de un ser sin alma, era una de las ventajas del hechizo y su confiabilidad — Se fraguarán enemigos más grandes e insospechados, provenientes de las viejas casas de los limites civilizados, forjados por el hambre y la desigualdad. Uno de ellos será tan grande como insignificante a los ojos de los poderosos conquistadores legendarios, pero bajo su influencia logrará conjuntar el día y la noche para cambiar el nombre de los amos del imperio —Profetizó sumergida en las visiones conferidas, una leve sonrisa escalando sobre sus tibias arrugas —Tendrá una enorme debilidad, pero no será algo de lo que ustedes puedan disponer— Finalizó regresando a su sitio.

—Dime los nombres vieja embustera —Repitió el rey con mayor sorna —Estoy perdiendo la paciencia.

—No puedo revelar el nombre, puesto que diferentes futuros ocurren en este momento, algunos de esos nombres te traicionan en este momento, pero servirán a tu cometido después — Explicó en temblorosa voz con gran paciencia — No está definido ese futuro, sino hasta que la señal del nuevo orden esté consolidada. Hasta ese momento, los que hoy se declaran tus enemigos podrán extinguirse entre ellos o beneficiarte eliminando amenazas que hoy no sospechas.

Paragus pasó la mano por su canosa melena con gran impaciencia, sin embargo entendía que el proceso de interferir era un asunto delicado. No quería forzar mano en lo que decantaría su propia perdición.

—¿Que hay respecto a la terrícola? —

—Ella podría ser tu causa de victoria, enfrentará a uno de los enemigos más letales del futuro de tu casa, proclamándose su mortal enemiga — Regresó la vista a su oyente— Su naturaleza vengativa será causa de la ceguera en su objetivo, si tiene éxito será tu mejor arma, pero si no lo hace, consolidará la victoria de tus rivales.

—¿Cómo? —Preguntó el monarca prestando atención a la develación de la receta de ese éxito.

—Ponla a disposición de tu vasallo más agradecido — Indicó sabiendo el primero a quien se refería —Mas, le prohibirás terminar con su vida. Encontrará ella suficiente tormento para verter sus frustraciones en resentimiento— Suavizó la vista entendiendo el paso de las imágenes desordenadas en su místico instrumento — Desaparecerá de tu control y su propósito comenzará al toparse con el espejo del futuro que anhelaba poseer.

—No deberíamos correr ese riesgo — El astuto mago enfatizó —Aunque parezca prometedor, existe probabilidades de que represente un peligro a largo plazo.

—No hay forma de que algo nos arrebate la victoria — El general intervino—Si todo falla, aun tendremos la fuerza del legendario, no hay un mortal que pueda vencerlo, las leyendas son absolutas —Movió los dedos confiado en el poder del fantástico mito.

Lo son — interrumpió el ánimo del resto revelando una profesía indeseada — Así como los augurios que las forjan. Fue en el mismo instante que entró la enfermedad a este mundo, que entró la cura— Aseveró abstraída en la lectura siniestra— Tarde o temprano todos los imperios forjados con sangre ajena, derraman la propia, el final de justos e impíos está cerca— Resonó sin cabida a la flaqueza —Se cobrará bajo la mano del trotador de mundos.

_..._

—Quiero ver a mi padre.

Exigió al grupo de guardias en las bases de embarque. Se hicieron a un lado indicándole el sitio a donde dirigirse. Entró en el apartado cuarto sencillo, abriéndose paso ante los cuarteles de mando del regimiento. Teniéndolo de frente, toda la rabia hasta ese momento guardada emergió.

—¿Otro duelo? — Endiñó con el tono más áspero que pudo.

—La mujer que trajo tu hermano no deja de meterse en problemas— Contestó el acusado sin dejar de dibujar los diagramas de los nuevos itinerarios de ingresos. Cada día había menos reclutas en las filas y el desabasto debía ser controlado a brevedad.

—¿Quién es esta vez? — Prosiguió su primogénito sin dar tregua a su interrogatorio.

—Komatso.

Y el frio del temor implícito se coló entre ambos.

—Alguna vez fuiste uno de los estrategas más respetados del nuevo rey — Continuó sin querer aceptar lo que acontesía—Salvaste el planeta de su aniquilación al ponerle sobre aviso y ¿No puedes usar esa maldita influencia para librarte de estos problemas? — Manoteó en la dura mesa metálica.

—Si me rehúso, nuestra casa será deshonrada por cobardía — Contestó dándole la espalda—Kakarotto declaró la contienda pública cuando se la llevó — Explicó en voz baja —De no haberlo hecho la habrían matado.

Pero sus palabras solo parecían acrecentar el descontento de Raditz.

—Me pediste traer a tu hijo con vida — Musitó tan pausadamente como la paciencia fluía entre su cólera —Pero de haber sabido que esto pasaría lo habría matado con mis propias manos— Cerró ambos puños cual si estrujara el cuerpo de su hermano entre ellos —No entiendo por qué tomarse la molestia en meros caprichos ¡Por una simple esclava!— Rugió intentando hacer entrar en razón a su padre—Komatsu es un desgraciado psicópata.

—La mujer es sumamente inteligente— Justificó su actuar del único modo que podía—Tuvo éxito en recuperar a Gine— y se expuso en mayor medida de lo deseado. Pese a las exigencias del menor de sus hijos, no podía borrar de su código la gran deuda moral que tenía con la humana.

Y el hijo entendió de inmediato esa conducta. Siempre le habría parecido de mal gusto la vulgaridad sentimentalista, siendo su padre señalado en varios regimientos por caer en instintos tan carentes de autocontrol, se juró a si mismo jamás permitir a otro ser vivo conjugarse tan inextricablemente en su espíritu como lo eran entre ellos sus progenitores.

—De tal padre, tal hijo ¿No es verdad? —Enfatizó con una sorna mucho mayor al tono supuestamente comprensivo.

—Mucho cuidado con tus palabras cachorro— El padre le sostuvo de la solapa mostrándole los dientes—Puede que seas un ciudadano completo ahora, pero todavía tengo derecho a retirarte la vida si así lo considero correcto— Tocaba casi su nariz, imponiéndose en intimidatoria pose.

—Quiero verte intentarlo, viejo imbécil — Le retó con la misma sonrisa de siempre, un momento de quietud vagó en ambos ánimos, soltándole con suma lentitud, le evaluó, deshaciéndose de la tensión del momento con una mueca, cual viejos amigos reconociendo la testarudez del otro.

Después de un momento ambos tomaron asiento en los roídos muebles de la armería.

—No me agrada esa plaga azulada— Enunció su primogénito, desparramándose en el asiento.

—Ciertamente a ella tampoco le agradas— Se burló recordando todos los intentos de asesinato—Pero ha sido entretenido verla expresarlo todo este tiempo.

—Esos malditos inventos se han vuelto peores— Talló su propio cuello con fuerza —La última vez esa perra me dañó el brazo.

—Vamos — Finalizó el mayor observando la hora— El duelo será en un rato y me vendría bien un trago— Salió siendo seguido por el otro, si hubiese de morir ese día, prefería disfrutar una buena tarde en compañía de uno de sus mejores amigos.

—¡Escorias del bajo mundo! — Gritó el corpulento anunciador a través de los altoparlantes. Una multitud aglomerada en los pequeños circos de pobre fabricación, estragos anteriores en la estructura, desmoronándose sin reparar, adornados por bordes chamuscados de rocas antiguas. El deplorable estado, denotaba el sector de la población al que estaba dirigido.

— Al favor de nuestro supremo jurado, ¡con ofrenda de muerte o primera rendición! — Continuó los anuncios del inicio de la pelea final, por la que todos abarrotaban los asientos. Los restos de otros seres desperdigados en la arena calentaban los ánimos del tumulto embravecido —Compitiendo por duelo de posesión: la discordia de la esclava de la casa de Serika — La multitud se embraveció al ver entrar a los contrincantes — ¡El desafiado: Bardock de la casa de Serika! — Les señaló al aproximarse por las viejas puertas opuestas de la arena — Contra el retador ¡Komatso de la casa de Bok! —La afluencia aplaudía feroz al engreído porte del sujeto ingresando.

—¿Satisfecho gusano? — Del otro lado de las gradas, apabullados por el ruido, dos hermanos discutían las consecuencias —¿No podías ponerle una maldita correa a tu esclava? —Raditz no dejaba de provocar la ira del menor, quien solo se limitaba a morder su labio, evitando dar contestación alguna. Su atención fija sobre los términos del desafío.

—No debería estar sucediendo esto— Finalmente aceptó—Yo debería estar en su lugar— Se levantó sin pensar, siendo regresado a su lugar por la pesada mano del mayor.

—Sin lugar a dudas— Concedió—Pero no habrá mejor castigo que observar a tu padre morir por causa de tu estupidez —Palabras cargadas de celo y resentimiento, tenía la dolorosa amargura inscrita en el estómago, no entendía ese proceder patético, proveniente del mismo hombre al que por tanto tiempo consideró un ejemplo. Muchas de las cosas que no entendía en su padre se las atribuía a la influencia de su madre, sentimientos débiles comunes

Pero no podía negar que era enteramente su decisión, caminar al cadalso voluntariamente por honra de un vástago que apenas conocía, estaba seguro que, sin importar los años de convivencia, por él quizá no se habría inmiscuido en ese problema mortal. Nunca lo hizo en su infancia.

Su hermano le dedicó una ceja acusatoria, totalmente incauto de las señales proferidas. Para él se trataba de las mismas ofensas colectivas que ya se había acostumbrado a escuchar y no tenía ningún sentido explicar a esas alturas la importancia de sus amigos, recordaba ese triste momento en que por causa de su impericia habría perdido la vida de uno de ellos. No cometerían el mismo error. Su entrenamiento se habría incrementado a escondidas del resto, gracias a los nuevos inventos de Bulma, sentía en sus músculos la posibilidad de vencer, palpitaba la necesidad de saltar de inmediato, pero esta vez debía seguir las reglas del reino si no quería condenar a su vieja amiga por su audacia y falta de decoro.

El combate dio inicio, el retador era experimentado en batalla, rondaba con la arrogancia de su reputación de un lado a otro, evaluando las debilidades de su oponente antes de asestar el primer golpe. Bardock aguardaba del mismo modo, siendo a la vez otra leyenda en la habilidad y astucia, solo danzando ambas pupilas completamente fijas en el más mínimo movimiento.

—No creo que mi casa encuentre regocijo en tu pobre insignia — Comentó el rival, buscando entre el público la burla que no tardó en aparecer entre risotadas, dejando a propósito su defensa abierta. La diferencia de poderes era notoria, un viejo veterano de guerra, una de las casas respetadas entre esos barrios bajos de los limites de la ciudad, el sudor en la frente del saiyan de menor casta, indicaba el repensar de cada estrategia a seguir, pero su determinación no titubeaba.

Aprovechó la inmediata distracción y saltó sobre su oponente. El puño se estampó fiero sobre la quijada del retador, pero el silencio de la muchedumbre se volvió pesado en sus entrañas, cuando su oponente regresó el rostro con una sonrisa macabra y meneo el dedo en tímida negativa.

—Esa fue tu única oportunidad — Contestó un segundo antes de iniciar la paliza que enloquecería a la audiencia.

En las gradas ambos hermanos de pie observaban los infructuosos esfuerzos de su padre por permanecer en defensa, la velocidad a la que se movía ese hombre era mucho mas certera en ocasionar daño, aunque su padre estaba dando lo mejor de su fuerza, parecía imposible alcanzar la borrosa imagen que arrebataba sonidos secos sobre el maltrecho cuerpo del guerrero aun en pie.

—¡Vamos concede! — Con los dientes al borde de quebrar, Goku rogaba en voz alta esperando que el acto no terminara en el peor descenlace para todos.

En cuestión de varios minutos, el retador sostenía a su padre apenas de pie, por el cuello de la armadura de combate, el escandalo exigía su vida sin moral alguna, lujuria de violencia y sangre en un descarado coro carente de piedad.

—¿Eso es todo? —Preguntó el vencedor a la acalorada multitud, espoleando en la distancia un nuevo objetivo, los dos rostros descolocados de los que seguramente eran los dos únicos miembros de la prole de su victima —A menos.. que concedas a otro retador tu lugar — Levantó el apaleado rostro dirigiéndolo hacia los dos indignados personajes entre la multitud. Los ojos a medio abrir de su padre les indicaba en silencio, que estaba a punto de cometer un terrible error.

—Acepto el reto — Gritó el menor de ellos en la distancia, volando en un solo salto al límite de las gradas, acto casi opacado por la risa estridente de todas direcciones. Y aunque podía ver la sutil risa de los jueces en el estrado, nada de eso permeaba la valentía de su lustre.

El anunciador buscó la aprobación de los jueces, pero su entretenida postura estaba absorta en el devenir de acontecimientos, prosiguió a buscar la apelación del ganador, quien de un tirón regresó al suelo a su oponente vencido. Con un gesto en la mano accedió al intercambio, llamando al nuevo retador a tomar el lugar del vencido.

—¿Qué…crees… que haces? —Jadeaba Bardock desde el polvoso suelo en la explanada de piedra, intentando disuadir a su descendiente del destino que le deparaba. Sin esperar que hiciese otra replica, levantó el menor de golpe a su padre, moviéndolo de inmediato del camino, ganando otra horda de risotadas de los presentes y la mirada fúrica de su hermano en la distancia.

En un parpadeo regresó al lado del retador y tal fue su velocidad, que un puño invisible silenció todo el escándalo circundante de su ánimo anterior.

—Disfrutas haciendo daño a los demás — Prosiguió absorto en su propio discurso —Así como hiciste con Bulma, como has hecho con mi padre… por todo lo que has hecho a los míos… te haré pagar— amenazó saltando a su estado de defensa de inmediato.

—¡Que osadía de la tercera clase estos días! — Refunfuñó escupiendo, perdiendo interés en prolongar la burla, de nuevo hizo la seña de ataque, concediendo el primer movimiento a su nuevo adversario.

Y le asaltó el saiyan sin cola en todo aspecto, cayendo sobre su víctima con la precisión de un león al ataque, la fuerza de su emboscada, le hizo utilizar toda fuerza en sus piernas para contener el huracán de golpes que sobrevenían desde sitios que no alcanzaba a distinguir. El ruido de incredulidad de sus allegados le hizo entender que debía poner todo su empeño si quería salir librado de la batalla que ese insospechado bastardo estaba poniendo sobre las cuerdas. El resplandor de su aura subía por cada minuto que le veía acercarse, defender, atestar otro gancho y esquivarlo con la misma virtud de un verdadero artista. Decidió que había sido suficiente espectáculo.

—¡Matalo Komatso! —

Escuchaba a su clan rugir con la claridad de su sorpresa, cargó todo su potencial comenzando el contraataque, la muchedumbre salía de sus lugares, gritando eufórica desde todos los rincones, el cachorro de Bardock retrocedía en pausados movimientos, poco a poco cediendo a la nueva presión de todo el poder de su oponente. Mas, en medio de lo que consideraba su triunfo, vio un signo inconcebible, el miserable clase baja estaba sonriendo. ¡Sonriendo! Ese fenómeno todavía tenía un as bajo la manga, escondiendo una clase de secreto, desesperado por develar.

Continuó batiendo cada uno de sus puños sobre la carne de su víctima, volando en toda amplitud visible uno detrás del otro, hasta que el joven decidió, con un solo vistazo de seguridad en su cara, regresar cada una de las ofensas que prometió. Golpe a golpe infligió en su carne el pago por la humillación de su casa, le incrustó con una poderosa llave en el suelo de la arena. Se levantó el mayor con esforzada velocidad, traspasando las duras piedras en los cimientos. Veloz como el vuelo de una rapaz, el joven atravesó su defensa hasta el plexo, donde llevó al saiyan a aterrizar en rodillas, sembrando el silencio de un cementerio en toda la arena.

—Te recomiendo que te rindas — Se irguió sin arrogancia, limpiando levemente los rastros de sangre en su cara —No quiero tener que acabar contigo — Retrocedió dando espacio para su siguiente movimiento.

El duro veterano estaba enervado en rabia, la humillación en sus ojos escalaba al grado de lo absurdo, incapaz de pensar levantó su maltrecho cuerpo cubierto con la única nota de dignidad presente en su semblante.

El sonido mudo en la distancia acrecentaba la tensión, incluso en el rostro del hermano y padre del retador. En un brío colosal, el retador levantó entre sus palmas un enorme hato de energía, pero del mismo modo, su rival preparaba una sorpresa:

—¡Kaaaaaa- meee…—Inició llevando las palmas atrás, destellando una clase de luz blanca y azul

Los destellos blancos y rojos de ambos ataques iluminaban el rostro silencioso de todos los presentes, al filo de sus nervios y sitios.

—Haaaaaaa-meeeeee… —

Bardock se levantaba en su único brazo funcional, Raditz no podía cerrar la boca. La sociedad menor en el jurado presenciaba sin darse cuenta que incluso habían contenido el aliento.

—HAAAAAAAAAAA! —

Gritaron ambos, llenando de electricidad y frío todos los rincones del recinto, el rugido del aire levantó las primeras gradas, la energía tragó en un soplo la figura más respetada hasta el momento, ensordeciendo por un segundo al resto de espectadores que tallaban sus ojos, esperando comprender la razón por la que el poderoso Komatso, laureado veterano de guerra, permanecía de cara al suelo, completamente inerte.

El anunciador se acercó, inseguro de entender lo que ocurría. Al observar los ojos en blanco de la víctima, comprobó sus signos. Mas de su boca no podía salir palabra alguna.

Los murmullos se acrecentaban, la población estaba en shock. Buscaban en los gestos de otros alguna respuesta escondida, algún motivo de desacato, de mentira…

Pero uno de los jueces, entendió antes que el resto, no había algo mas que esperar. Bajó del palco lentamente y levantó ambas manos mientras se aproximaba, apaciguando a la muchedumbre.

—Los derechos pertenecen…— anunció al resto de convidados — … ¡a Kakarotto y la casa de Serika! — Anunció depositando el sello en manos del vencedor. De las gradas bajó el resto de representantes de Bok, silenciosamente retirando al desfallecido, comprobando para su infortunio, que el sujeto continuaba con vida. Sin importarle la consternación orquestada, el joven se acercó a su padre, recibiéndolo éste con el mismo semblante con el que hubiese percibido un fantasma. Sosteniéndole a medio pestañear estaba su hermano igualmente consternado. ¿Qué clase de fenómeno era este sujeto?

—Ve por tu esclava— Indicó Raditz clareando la voz en fingida cotidianidad. El otro asintió contento, dando un golpe amistoso sobre el hombro de su hermano mayor, dirigiéndose a toda velocidad hasta las celdas subterráneas.

—Ese tonto… —exclamó Bardock con esfuerzo—.. es algo especial — sonrió provocándose una tos violenta.

—Guarda silencio anciano — Su hijo le replicó — Arruinarás mis botas con tus entrañas asquerosas — Sonrió llevándoselo al hombro para ponerle en un tanque. Pero el rencor escondido no permaneció inmóvil, agitándose en una horrible pregunta. Si en tan poco tiempo habría logrado ese desempeño, ¿Qué pasaría en el paso de los años? ¿A esas alturas todavía sería capaz de vencerle? Y algo en su interior, le decía que eso no sucedería nunca más.

….

—¡Bulma! — Gritó con suma alegría, esperando encontrarla al pie de la celda como la primera vez. Pero la imagen que presenció congeló su corazón. Arrinconada, temblando de fiebre, incapaz de hablar con visibles marcas moradas de abuso sobre su blanca piel y ropa rasgada, le recibió intentando levantarse con la poca integridad que habría preservado.

—Eres un tonto muchacho — el sujeto encarcelado en la celda contigua se carcajeó — Debiste tomarla antes de que todos supieran que tu exótica esclava no ha sido utilizada — Tomó asiento observando la felicidad ser deslavada del rostro de su oyente — Hembra insufrible, no quería cooperar y se ganó otra golpiza, he visto animales de caza que aúllan menos— Comentó cual si se tratase de un objeto sin valor. Pero en un instante se arrepintió al vibrar el borde de su celda, sacudiendo toda estructura metálica en la mazmorra, y retrayéndose el agresor sin esperanza de ser perdonado por su cínica verborrea.

—¡Ol…vídalo! —Exigió ella entre su voz entrecortada, cortando de tajo la sensación creciente de su rescatador —Yo..mmme encargaré — Prometió enfocándole el rostro en el de ella, intentando disuadirle de manchar sus manos con lo que adivinaba estaba a punto de pasar.

Habiendo captado la atención acuosa en sus ojos negros, asintió ella con la fuerza de espíritu de un guerrero, tomando ayuda en hombro del saiyan para caminar. Este la levantó intentando no lastimar más su cuerpo y sin querer detenerse más tiempo, rompió las amarras en sus pies, desapareciendo antes de llegar a vengarse de todos los que les causaron ese dolor.

…..

En un murmullo estaban de nuevo en casa. Gine la recibió con el mismo animo que su hijo, la preocupación de su estado conmovía, pues aun en esa estampa ella se negaba a admitir su debilidad. Colocada en el tanque después de Bardock, por pura convicción propia.

—Es una de esas entidades necias. Las que no se pueden domar, fieras de otros mundos en pieles de criaturas débiles.

Habiendo salido del tanque, esa noche Bardock explicaba a su mujer lo ocurrido, mientras tomaban uno de los baños familiares. Ambos de acuerdo en el hecho de que, los rumores de su estado impoluto, llamaría aún más la atención de nuevos retadores atraídos por esa rara fiereza, su belleza y las condiciones sumadas de poder vencer en batalla al sujeto que habría silenciado de asombro a toda una provincia.

A la distancia un ruido llamó su atención. El rugido de algunas de las criaturas en la vivienda cercana, alertaron los movimientos inusuales y ambos saltaron fuera vistiéndose a toda velocidad para averiguar lo que habría sucedido. En el camino comprobaron que la mujer había salido del tanque de forma abrupta, sintieron el pulso saltar con la angustia de la incertidumbre.

Cuando llegaron a esa casa, la escena estaba totalmente al revés de lo esperado.

Sostenía una chica semidesnuda, el cuerpo inerte en el suelo, del guerrero que esa misma tarde habría intentado abusarla, Komatsu, el viejo confiado, finalmente acabado por mano de uno de los inventos letales de la terrícola. Orgullosa de su obra sonreía a los presentes sosteniendo su arma.

—Nunca mas volverá un saiyajin a dañarme… —Agregó levantando por la cabeza el cuerpo de su víctima — …sin pagar las consecuencias— Brillaba en su semblante la chispa de la locura genocida.

—¡¿Qué has hecho grandísima imbécil?! — Gruñó el mayor perdiendo por completo los estribos —¡La deuda de tu honor ya había sido saldada por ley! — La tomó del cuello haciendo un esfuerzo por no romperlo en ese momento.

—¡Yo no soy un saiyajin! — Contestó altanera sin arrepentimiento alguno —No me bastan sus estúpidas peleas para estar a mano.

Ambos escucharon el murmullo de un grupo de vecinos aproximándose

—¡El castigo que recibirás es la muerte! — Resopló con los nervios creciendo en su centro —Ningún esclavo será perdonado por arrebatar la vida de un saiyan.

—Bardock — Gine le llamó con serena calma—Debemos hacer algo antes de que lo descubran — rogó de modo silencioso mirando al par de curiosos atravesar el portal de la propiedad.

Y el aludido desintegró de inmediato el arma de la joven, apuntó a la cabeza del fallecido disparando un rayo de ki para desaparecer la evidencia en el cadáver, arrojó a la chica al suelo apartándose en el acto.

El pequeño grupo de imprudentes ingresó al instante, cayendo en cuenta de lo sucedido, la actitud indignada y despótica no se dejó disimular en los rostros.

—Intentó robar nuestra propiedad de nuevo— Gine afirmó segura de la justicia en sus palabras.

Entendiendo que no habría nada que hacer, poco a poco se dispersaron, dando paso a su hijo menor, quien confundido observaba lo que habría sucedido.

—¿Por qué lo has hecho padre? — Preguntó en cierta nota de incertidumbre y tristeza —Le habría vencido de nuevo de habérmelo pedido — Aseguró inspeccionando con cierta reprensión la escena.

—No he sido yo —afirmó sin despegar los ojos de la chica afrentada, decorando esas delicadas facciones con un sobrecejo que prometía nuevas venganzas. Esa incomprensible mente probaba, sin lugar a dudas, que era tan peligrosa como los increíbles saltos de fuerza que esa misma tarde su hijo demostró poseer. Entonces comprendió que quizá, había una forma de revertir las cosas después de todo. Una loca idea naciendo en su mente, pues la determinación de estos nuevos elementos era la clara señal, de que la historia podía ser cambiada con una correcta dirección.

—Pues parece ser Kakarotto — se cruzó de brazos —que deberás adquirir una compañera bajo la ley Saiyan.