Gracias M.L por todos tus comentarios y mensajes motivadores. Otra entrega esperando sea del agrado de quien lo lea.
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A días después del presente…
Al amanecer el frio intenso se condensaba en pequeñas gotas en las superficies acristaladas de los rústicos edificios en la comunidad. la rutina de las clases menores se consolidaba como de costumbre, siendo los menos afortunados los que llevaban a cabo las faenas normales en el comercio y labores sociales convencionales.
Hacia un par de meses que Gine habría regresado a su trabajo habitual, agradecida por la oportunidad presentada en su vida, el extraño virus habría diezmado la población de mujeres presentando un doloroso desequilibrio para el resto de habitantes del planeta. Solo una en cada 100 habría superado las consecuencias del infortunio. Las autoridades indolentes apenas y habrían fijado estatutos para la protección de sus súbditos. El descontento general prevalecía, mas nadie se atrevería a juzgar palabra alguna, con miedo pagar el desatino con su vida.
'La antigua casa no lo habría permitido' Se escuchaba murmurar a los transeúntes de vez en cuando entre los cúmulos fugaces. Hecho completamente irónico, puesto que muchos se habrian unido a las filas opuestas el día en que la guerra civil estalló.
La joven terrícola guardaba silencio, simplemente repasando las palabras que en aire atrapaba para entender el contexto de dicha sociedad. A un lado de su mesa de trabajo se encontraban amontonadas una cantidad considerable de electrodomésticos variados, con diferentes grados en desmedro de sus carcasas destruidas.
—¿Qué sucede hija? — Mientras manejaba enormes trozos de una de las criaturas comestibles, prestaba vaga atención al semblante incómodo de la chica reparando sus instrumentos.
—No entiendo porque no podemos ensamblar un sistema sustentable para estos quehaceres— se quejó fijando el destornillador con mas fuerza de la debida. La simplicidad de la conducta de esa raza le era casi insoportable.
—¿Ya te he hablado de los Tsufur? — Contestó dedicándole un vistazo divertido —Vamos, no es tan malo — contestó intentando darle ánimos.
Y en efecto, ella conocía a la perfección dicha historia, el odio a la tecnología, el odio a todo lo delicado y sutil, motivo principal por el que su coloración natural no era agradable para el resto de los sujetos en el planeta. Causa por la que mensualmente debía opacar sus colores habiendo aprendido que era una forma mucho mas útil de dejar de sucitar violencia a su alrededor. Sin embargo con la carencia de materiales para hacerlo era una tarea difícil, habiendo logrado únicamente oscurecerlo unos tonos en un azul marino intenso, siendo distintivamente diferente, pero lo suficiente menos para incomodar. Su vestimenta siempre era discreta y de tonos suaves, hecho que tampoco lograba esconder en su totalidad las agraciadas proporciones de sus atributos.
—Me parece un poco hipócrita desestimar los avances grandes cuando requieren con "tanta urgencia" sus reparaciones — le sonrio levantando el manojo de cables de uno de los mini congeladores victima de la ira de alguno de sus clientes.
—Así las cosas son — repitió la bella saiyan retomando su actividad.
Bulma suspiró habiendo perdido la cuenta de cuantas veces habría escuchado ese mismo dicho para cada cosa que cuestionaba en ese mundo. Quizá lo mejor que podría hacer era dejar de quejarse y concentrarse en lo que realmente era importante, ahora tenía una mejor vida que la que auguraba su ingreso al planeta, pero a pesar de ello no se sentía como un logro. En la lejanía escuchaban volar un grupo de capsulas de viaje. Seguramente patrullas de reconocimiento debido al numero limitado de ellos. Cerró los ojos imaginando lo que sería trabajar en esos hangares, volver a tocar piezas mas sofisticadas, construir artefactos asombrosos. Habiendo terminado su aventura en busca del resto de sus amigos, se sentía vacía en propósitos y sobrada en desencanto.
—No han dejado de hablar de ello —
El intercambio atrajo su atención. El chismorreo del día envuelto en las nuevas noticias a la distancia, todo un cargamento de metales atacado, el incremento de esos incidentes había llamado la atención de los amantes de los susurros indiscretos. Por lo menos, era algo que les mantenía lejos del escándalo suscitado unas semanas atrás por su ascensión al actual estado de su libertad. Hecho que nadie dejaba de recalcarle a la menor provocación. Incluso ella misma evitaba profundizar en ello, la culpa y sus consecuencias eran las indeseables vecinas de su conciencia. Si bien podría haber aceptado su papel como pareja de su supuesto compañero. Eso no se percibía del todo correcto, pese a lo atractivo que en un pasado él le pareció, todo se sentía solo… mal.
—No es posible — Gine llevo ambas manos al rostro, entendiendo mucho más allá de lo que su única amiga o cualquier persona a la redonda podía comprender.
—Todo este tiempo creímos que era un rumor — La rolliza saiyana continuó —pero el príncipe esta vivo —aseguró en una voz casi imperceptible — todo este tiempo han sido sus tropas las que orquestaban los ataques y no sabemos cuantos de ellos están esperando el momento para atacar.
Y aunque Bulma esperaba ver reacciones de pánico, el animo en general era excitación. Todos resguardando la promesa de lucha y cambio, sin importarles las consecuencias que ello supusiera en su relativamente pacifica vida. La guerra interna avivaba las ansias, mantenía saludable y feliz a la comunidad. Vaya raza de enfermos mentales, a su juicio.
—Bardock debe estar recibiendo las noticias del escuadrón en este momento — La cómica mujer prosiguió —si sabes algo debes dejarme saber de inmediato — Exigió tomando la porción de alimento necesario para nutrir un pequeño batallón y disponiéndose a irse, no sin antes dar una mirada furtiva de desprecio a la terrícola curiosa.
No cruzaron las dos, palabra alguna. La preocupación en el rostro de Gine se traducía en los escenarios más oscuros, sus delicadas facciones envueltas en una mueca de incertidumbre meditando su siguiente acción a convenir. Bulma guardaba silencio, esperando escuchar el resultado del debate que factiblemente acontecía en su mente. No atreviéndose a emitir un juicio de un hecho que muy probablemente no comprendía del todo.
—¿El príncipe? —Preguntó esperando fuese suficiente pista para salir de la ignorancia del tema.
Pero las largas pestañas de la mujer delante solo la miraron con asombro. Habría olvidado hasta ese momento esclarecer los planes que su pareja tenía, considerando innecesario hacerlo hasta tener parte del plan formulado.
—Debemos regresar de inmediato — Contestó sin dar más explicación, de inmediato colocando las claves de seguridad del pequeño local —Debo pedirte algo rápido, debimos hablar hace un tiempo, pero te contaré todo camino a casa.
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Las naves habían aterrizado en el hangar con el único propósito de cargar energía suficiente para el viaje hasta la capital. Los maltrechos cuerpos vivos fueron atendidos de inmediato, dispuestos los que aun tenían conciencia en equipo de reanimación de emergencia. Narraban a los jefes de la estación lo ocurrido, regresando apenas unos cuantos del escuadrón completo de reconocimiento. Los nombres saltaban entre las avivadas bocanadas de los guerreros listos para unirse a la contienda y en especial uno que Bardock temía escuchar.
—…EL MISMO! — Jadeaba el pequeño saiyan encontrando la fuerza para hilar frases coherentes — ERA EL PRINCIPE VEGETA, YO LO VI CON MIS PROPIOS OJOS— aseguraba ganando la penosa censura en los ojos de sus superiores.
—No sabes lo que dices muchacho— uno de los viejos capitanes del regimiento se acercó abriéndose paso entre el equipo medico —Es imposible que todo este tiempo haya permanecido vivo…. El Rey Paragus no lo habría pasado por alto en tantos años.
—Capitán los reportes han sido contundentes en mas de tres ocasiones— Su subalterno se atrevió a contradecirle sosteniendo en brazos los reportes oficiales de la bitácora de navegación.
—¡Es simplemente absurdo! — El mayor aseguró, fijando el severo ceño sobre el resto de murmuradores —¿Por qué habría esperado mas de 15 años para finalmente aparecer? —Cuestionó la opinión pública de manera instantánea — Vegeta está muerto. Todos los integrantes de la Casa lo están, ¡Hablar de esto es traición! y cualquiera que encuentre fabricando más rumores de ello, lo pagará con su vida.
—¿Qué hacemos con ellos? — El teniente encargado de la rehabilitación de los sobrevivientes cuestionó.
El capitán repasó los hechos con especial cuidado, habiéndose alejado la gran mayoría de los curiosos susurró el resto de las ordenes a sus subalternos quienes de inmediato tomaron acción en sus obligaciones. Todos menos uno de ellos, quien receloso de lo observado, decidió llevar una discreta copia del expediente a otro de los militares que mejor podrían interpretar esa información.
….
—No lo creí… — Se acercó al límite del ventanal, donde en el hangar inferior se entrenaba el escuadrón de reclutas problemáticos —Pero tenías toda la razón, maldito engreído— Volteó buscando el rostro de su viejo amigo.
—Te has arriesgado esta vez, Toma — Bardock terminaba de leer el informe—No cabe duda… son ellos— aseguró arrojando el aditamento con rabia en la mesa.
—¿Quieres entonces contactarlos? — Su confiable teniente prosiguió —Para eso has estado entrenando a Kakarotto ¿no es verdad?, ese bastardo es un descarriado, pero ciertamente un prodigio temible—Estableció prestando atención al hijo menor del guerrero, haciendo absolutamente todo mal en los entrenamientos abajo.
—Lo es— El otro admitió con un tinte de orgullo oculto en su voz —Pero todavía le queda mucho por aprender si quiere tomar parte en esta guerra— Encendió una de las varas de amarilis en su disposición, llevándosela a la boca. Vicios indomables, pensó.
—¿Tienes alguna clase de poder del que nunca has hablado? — El teniente tomó asiento a su lado imitando sus acciones —¿Eres otro de esos magos charlatanes que ve el futuro? — Se recargó deleitándose en el suave sabor del calmante, mientras subía ambos pies a la mesa entre burlas.
—No digas estupideces— Se atragantó el capitán con humo, suprimiendo una carcajada.
—No se como planees hacerlo— Continuó su compañero dando otro vistazo a los informes — Pero dudo que puedas ponerte en contacto con los aliados del antiguo régimen —Admitió con cierto pesar —Muy probablemente te asesinarán apenas te acerques, esos bastardos son duros. Así han hecho con todo aquel que lo ha intentado.
—El sistema Rikujó — Musitó examinando las probabilidades — eso está muy cerca del antiguo Sadala.
—No creerás…. — Toma se levantó con los ojos bien abiertos— No hay forma de que hayan restaurado ese muladar venenoso— Posó la mano en el escritorio con gran concentración.
—No — Bardock señaló las cartas galácticas—Pero era sabido que las semilunas más grandes poseían suelos similares — explicó como si se hablara a si mismo —No sería difícil restaurar un mundo sin contaminantes mortales.
La platica perdió el interés de ambos, al sentir el brutal incremento energético en la distancia, de inmediato se aproximaron a los ventanales, observando la estructura temblar bajo los efectos de la presión activa en el ambiente.
—¿Qué cree ese mentecato que hace? — Corrió a la salida adivinando lo que sucedía en la mente de su hijo
Y no estaba del todo equivocado.
Alrededor se agrupaban los soldados del entrenamiento, repartiendo apuestas y carcajadas sobre el supuesto instructor del pelotón en el suelo y el reciente alumno encolerizado sobre él.
—¡No lo harás! — Contestaba el menor alguna amenaza vacía de la que el resto confería burlas y aullidos.
—¿Pretendes liberar todos tus esclavos del mismo modo? — Uno mas se sumaba al acoso grupal, siendo apremiado por el ánimo del resto.
—¡Eres un maldito fenómeno! — El instructor tocó su propia frente, justo donde el hematoma comenzaba a formarse.
—No lo culpo, esas curvas deben ser tan suaves como su hombría…— Se escuchaba a lo lejos
—Tengo otro par de esclavos en casa, por si te apetecen más—
Se sumaban los curiosos al grupo de acoso, entretenidos como viles pandilleros, simplemente agregando mas insultos que pusieran en sintonía del humor deseado al nuevo recluta.
—Kakarotto — La voz de su padre se abrió paso entre el resto —Es hora de irnos— Ordenó sin dar pie a la negociación de ello. El joven se levantó limpiando su frente, mirando con recelo al resto de sus compañeros sin entender como era posible la crueldad innata en sus actos. Desde el primer día en este nuevo planeta, habría recibido desprecios por sus ideales, habría pagado con creces las pocas esperanzas de piedad, recibido humillaciones y juicios, solos acallados por su sorprendente capacidad de superar sus límites de poder. Conforme el tiempo pasaba, veía perderse esa vieja chispa de inocencia en pequeñas dosis, habiendo sido el ultimo año de su vida el que más le hubiese costado asimilar. Ahora envuelto en constantes recordatorios de lo que habría sido forzado a representar. Una burla de su propia especie.
"El libertador sin cola" le apodaban, lo que debía ser un honor proviniendo del mundo donde había crecido, ahora convertido en uno de los mayores insultos del suelo que pisaba. No era más requerida su presencia que la de un vagabundo sin juicio en las ciudades de su pasado. Un paria social, víctima de sus propias convicciones por las costumbres incorrectas. Y es que en ese sistema, evidentemente todo estaba mal planteado, lo peor era que los miembros de esa sociedad deambulaban totalmente incapaces de darse cuenta de ello.
En el vuelo de vuelta el silencio había sido sumamente prolongado. Al descender avanzó hacia su morada, pero sus pasos fueron detenidos por su padre.
—No puedes seguir permitiendo que te sobajen de ese modo— Contestó a las preguntas internas, completamente traslucidas en la estampa de su hijo —Debes controlar tus impulsos infantiles — le reprendió inmóvil en gestos, un velo ilegible de emociones que era especialmente incómodo soportar.
—Ellos amenazaron con asesinar a mis amig… —
—¡Y quizá lo intenten! — Le interrumpió — Y quizá lo logren, porque eres suficientemente imbécil para seguirles demostrando cuanto te importa su bienestar — Pausó, observando el descontento en su rostro — No puedes poner de modo tan voluntario tus debilidades en sus manos o vendrán a buscarlas con tal de obtener una buena pelea — Aleccionó sin dejar permear aun la información anterior — Guarda tus malditas emociones y piensa antes de actuar — Continuó presionando el ultimo enunciado con mayor énfasis —A este paso tendrás a todo macho de tu edad haciendo fila por probar suerte en vencer al libertador sin cola—Gruñó recordando los últimos eventos de su semana —Y son todos tus débiles amigos los que morirán por tu incapacidad de madurar.
Se retiró, ingresando a su nuevo complejo, ventajosamente amplificado al sumar las propiedades confiscadas por su victoria pasada. Sin duda un ámbito mucho más cómodo que con el pasar de los días tornaba en algo desafortunadamente más poblado.
—Ehmm… — Krillin se aproximó a encontrarles — ¿Señor? Bardock... su ¿esposa? lo está buscando y en la base le informaron que ya no estaba…y bueno aquí esta…. Entonces…supongo que debería… Ir.
Y el aludido terminó el ridículo balbuceo solo ingresando sin voltear. Krillin se quedó reprendiéndose a si mismo por el pobre desempeño, seguramente lo consideraban un inadaptado, sin embargo, aún lidiaba con la inseguridad de como referirse a sus supuestos nuevos aliados, había pasado ya tanto tiempo en sumisión, que le costaba trabajo regresar a su anterior conducta.
—¿Qué están haciendo Krillin? — Su mejor amigo posó una mano sobre su aun delgado hombro.
—Bulma esta ensayando un campo expansor de invisibilidad— Talló su nuca esperando recordar el término exacto —O algo así.
En el domo contiguo, veía al resto de la pandilla utilizar pequeños disparos deflectando sus cursos por un tipo de camuflaje imperfecto, constantemente regresando de la invisibilidad a la visión al recibir los impactos.
—Continua un poco más lejos Ten— la consagrada científica del grupo ordenaba, mientras recibía las lecturas en un dispositivo a medio armar en la seguridad de la distancia.
—Sería más fácil si yo utilizara el campo— Titubeó el tríclope en mencionar, puesto que la razón de la lentitud del sujeto de prueba era la carencia de una de sus piernas, siendo recientemente reemplazada por una prótesis un tanto rústica.
—Todavía puedo darte una buena lección muchacho — El maestro del grupo soltó una risa, que el resto parecía agradecer.
—Lo siento maestro, no quise ofenderle — Respondió con una ligera inclinación —Solo pretendía buscar su comodidad.
—No lo has hecho— Continuó con su movimiento en la misma actitud relajada —Este cuerpo anciano necesita un poco de motivación de vez en cuando — Se deslizó lanzando un contraataque —Ya que no he obtenido un pago decente por mi ayuda — levantó las cejas coquetamente en torno al repentino escote visible de la única mujer presente.
—Usted nunca cambiará viejo descarado — Contestó la sonrojada fémina, provocando la risa de los presentes.
Un par de habitaciones a lo lejos, la mueca de incomprensión se fijaba en el rostro del dueño del lugar. No importaba cuanto tiempo pasara, esos terrícolas no terminaban de parecerle criaturas subdesarrolladas con un sentido del humor un tanto simple. Sin embargo, eran una compañía particularmente agradable en la convivencia, su hogar estaba en las mejores condiciones, ninguno de ellos peleaba y contaba con suficiente ayuda para ocuparse de cargos menores sin levantar sospechas. Habrían resultado excelentes espías y colectores discretos de materiales necesarios, pudiendo así echar mano de una de las naves de asalto mejor guardadas en el complejo militar, ahora adecuadamente encapsulada, en esa extraña magia que la mujer de su hijo hacía: desmaterializar enormes cosas en convenientes empaques transportables. El éxito de su banda era la indetectabilidad de su ki, habilidad recién aprendida que aun le costaba dominar.
—¿Estás escuchándome? —
Con ambos brazos cruzados su pareja reclamó.
—Si — Asintió él, regresando su atención —Pero dudo mucho que Paragus conozca la ubicación exacta en estos momentos.
—Tu has dicho una de las probabilidades— Ella continuó —¿Por qué no llegaría él a la misma conclusión? Tiene buenos generales en inteligencia y ese lamebotas Horen no perderá oportunidad para enviar misiones de exploración, debemos preparar el equipo antes de que descubra ese engreído la ubicación exacta.
Pero su oyente únicamente soltó una risilla
—¿Qué es tan gracioso? — Preguntó ofuscada con las delgadas cejas sumamente juntas.
—Tu —Contestó con suavidad — Hablando de ese modo del sujeto que pensabas era un buen partido en la pugna de lazos hace años— Se le acercó, deteniéndose a una distancia tan corta que podía escuchar con claridad el ritmo de sus venas —¿Habrá ganado esa batalla un mejor partido? — Masculló socarrón, ante el casi imperceptible retroceso de la frágil estampa de su compañera.
—Supongo que fue una decisión justa — Guiñó el ojo, pasando la cola entre las piernas de su compañero, de inmediato reconoció la reacción que siempre evocaba ese sutil movimiento —Pero aun sigo preguntándome si realmente me merecías — Le provocó con solo un suave roce sobre los labios, alejándose tan rápidamente como todo inició. De inmediato sintió dos grandes manos en su cintura, levantarla desesperadamente por los aires y una carcajada se coló en su afable voz —¡Basta! — Ordenó entregada al arrebato —¡A esta hora nos escucharán los vecinos!.
Pero sus reclamos no tenían la menor importancia para su portador, con una sola cosa en mente.
—No importa — Contesto ubicando el sitio adecuado para sus andanzas —Le echaremos la culpa al recién enlazado — y cerró la puerta tras de sí.
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—Concéntrate — Ordenó la cansada voz —Concentra toda tu fuerza en ese centro.
La chica meditaba en pleno silencio, el aire a su alrededor iniciaba un descenso entre sus ropas de esclava. Sin embargo, no perdía interés en su objetivo. Lentamente sintió la vaporosidad de su propia carne, el burbujeo en su interior controlado en toda medida que por primera vez se traducía en el éxito de todo ese entrenamiento. Volaba, finalmente lo hacia y dejó una pequeña sonrisa dibujarse.
—¡¿Que estas haciendo?! —
Un bastón le regresó de golpe al piso. Talló su cabeza haciendo todo uso de su control personal por no regresar la ofensa a su maestro.
—¡Olvida las emociones! —Ordenó instándola a ponerse en pie —No importa que tanto progreses en otras disciplinas, si quieres tener éxito en esto, debes dejar tu mente en blanco — Dio otro golpe menudo sobre su coronilla— El único modo de mover tu energía es ubicar el centro de donde proviene, tu fuerza vital en cada musculo y piel, en la sangre ¡En tus nervios! — le regañó dando la vuelta para volver a tomar su sitio al fondo del calabozo —¿Cómo vas a lograrlo si estas constantemente ocupándolos para enviar esas emociones por el cuerpo?.
—Lo siento maestro Tsuru —La joven se inclinó con sumo respeto —Lo haré de nuevo sin fallar— solicitó retomando su ejercicio de meditación para iniciar todo.
—Eres una estudiante prometedora Milk — El viejo sonrió —Pero tienes demasiados sentimientos aun — Desestimó, removiendo la paja en la que descansaba —No vencerás a ninguno de estos bastardos a menos que aprendas las lecciones que te he enseñado.
—Estuve cerca — refunfuñó contradiciéndole —Logré acercarme al sujeto y ¡Ganarme su confianza! — prosiguió dejando de lado el entrenamiento. Mucho tiempo había callado ya esa farsa de sumisión, estaba cansada de no ser reconocida, de tener que aceptar errores que no eran su causa —Hice todo lo que esperaba de mí, pero no lograré tener éxito si en vez de enfocarse en mis errores ¡No me ayuda a acrecentar mis virtudes! —Golpeó la pared con suficiente fuerza para dejar ver el tamaño del progreso en su entrenamiento.
La joven era fuerte, fiera en talentos y determinación. Ciertamente un elemento de mucho valor para defenderle en caso de ser descubierto. Por algún extraño motivo, parecía tener un potencial de resistencia enorme y eso le había servido para llevar a cabo entrenamientos que ni sus propios alumnos en el pasado habrían superado. Sin embargo, temía que el tamaño de las sensaciones que el bello rostro enclaustraba, terminasen condenándola a un ciclo de sufrimientos del que no podría salir ilesa. Sabía que no debía esperar mucho para que fuese sustraída en fines menos dignos, todas las mujeres hermosas de ese lugar habían enfrentado el mismo final. La única suerte que tenía de su lado era su terrible carácter, por el que nadie había caído en cuenta de la belleza detrás de sus puños encolerizados.
—No te daré complacencias por el hecho de que no puedas vivir sin necesitar estímulos — Se burló recostándose, sin interés en prologar la enseñanza — Eres emocional, eres impulsiva y burda para analizar — Comentó en un tono despectivo —No lograrás superar lo que viene, a menos de que logres controlar tus mayores defectos— Se levantó para ver su rostro con claridad. La oscuridad apenas concedía adivinar los gestos que ella poseía, pero entendía que no debía estar plenamente cómoda con lo establecido — No faltará mucho para que necesites de este conocimiento, cuando descubras que el cuerpo es solo eso, un envoltorio mortal que puede ser desconectado de tu esencia —Insistió sin entender porque continuaba, no era que ella significara algo más que un instrumento en su favor, sin embargo todo ese apocalipsis humano le había hecho valorar la importancia de los aliados. Las derrotas podían transformarse en victorias con el esfuerzo correcto: a pesar de todo lo ocurrido, ellos dos seguían siendo sobrevivientes.
—Lograré hacerle sentir orgullo maestro — asintió ella sin pretensión alguna. Era un trago amargo del que sabia tendría que beber. Por la tarde habría escuchado a los guardias hablar de su próximo traslado a la residencia antigua de los Uri-ka, específicamente donde el nuevo noble, Panbukin de Uri-ka acaparaba todas las esclavas encontradas como atractivas para el resto. Mujeres de las que nunca se volvía a saber.
Habría hecho todo lo posible por permanecer desapercibida, pero sus ultimas jugadas la habrían expuesto. Pensaba, era la única forma de llamar la atención del heredero de palacio, pero su sorpresa habría sido descubrir que no era un bruto indolente como el resto de sus congéneres.
El nuevo príncipe era un sujeto sensible, ciertamente ingenuo. Utilizado de las formas más viles por su padre y sus secuaces, le había sorprendido cuan fácil resultó convertirse en su amiga. Pero sospechaba que todo eso había quedado atrás desde el instante en que fue capturada en la celda de la hechicera.
Se recostó pensando en ese momento. Esa mujer la veía con un interés macabro. Aunque después de todo le debía la vida 'Si la matas, matarás del mismo modo toda esperanza de sobrevivir' Le anunció a ese miserable general. Se preguntaba que pasaría ahora con ella misma, que sucedería con su maestro incógnito. No podía confiar en seguir robando el alimento al ultimo prisionero de la celda. Ese pobre hombre despojado de toda razón era motivo de sus pesadillas todos los días, robarle más cosas se sentía indigno incluso para sus nuevos estándares.
Cerró los ojos para dormir con esa ultima reflexión. Los nuevos estándares, rió.
Alguna vez pensó en conformarse con ser solo una linda madre, dueña de un cómodo hogar libre de preocupaciones, ser la dulce esposa del hombre de quien se habría enamorado perdidamente, resultando éste, ser uno de los seres que ahora odiaba con toda su alma.
Y se quedó dormida, soñando con ese futuro que jamás conocería, fantaseando en secreto con ese espíritu de su pasado, probablemente muerto a estas alturas. De no haber asistido al torneo en su búsqueda, ella probablemente no habría sobrevivido en la captura de los más fuertes. Era lo único que tenía por agradecerle, gracias a esa promesa sin cumplir, vivió.
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—¿Qué hiciste con ella padre? — Sin tocar su asiento, se atrevió a preguntar interrumpiendo la reunión de emergencia del consejo real.
—¿Quién? —Beets, el asistente oficial de los altos mandos, interrogó derogando toda la atención de la reunión para cuestionar al padre del muchacho.
Paragus contempló con desagrado la intromisión, apenas levantando la vista para fijarla ante el intruso. Entrecerró los parpados con incomodidad a su heredero y regresó a los cotejos en la captura de los rebeldes de la antigua casa real avistados. Apremiaba silenciar los embustes que toda la sociedad tenia en mente esa tarde, era una peligrosa jugada dejarlos crecer sin actuar de inmediato. No podía creer que después de todos esos años, el maldito muchacho usurpador a su rango hubiese decidido dar por fin la cara.
—Los equipos de reconocimiento estarán acompañados de dos regimientos —Habló a sus súbditos desechando las preguntas de su hijo.
—No tenemos unidades listas para zarpar mi señor — El líder de los escuadrones en la capital se refirió al soberano —Nos tomará un poco de tiempo reclutar a los lideres de los sistemas cercanos, las tropas a disposición no tienen experiencia en batalla.
—Podemos usar las bases de las provincias limítrofes — El líder de infanterías anunció, tan hábil en planeaciones como gorda y débil era su estructura, siendo esto la única razón por la que conservaba el puesto. Su planeación había llevado al borde de la aniquilación a los contrarios a su causa en la guerra civil —Hay buenos lideres en las regiones sureñas — se dirigió a Horen esperando recordara algunos de los elementos que les acompañaron en la rebelión contra Cold.
—Y algunos de ellos, difamados cobardes ¿o no Panbukin?—Horen contestó trayendo a su memoria a uno en particular —Tan blandos ahora con sus costumbres paganas antiguas — escupió con desprecio —Supe entre historias, que algunos de ellos incluso se dejaron morir después de la epidemia de las matronas — Se burló tomando asiento al lado del silencioso príncipe —Ninguna mujer debe tener tanta importancia para un guerrero de verdad — Declaró ganando la aceptación general ante sus palabras y un vistazo escéptico del único que conocía el desdén de su secreto y a la mujer a la que perdió en una de esas paganas contiendas.
El sermón implícito no pasó inadvertido para el joven heredero que comprendía bien lo que intentaba decirle.
—La compasión no es un defecto, ni el afecto a otros— Replicó, abstrayendo el aire en los pulmones de todos los viejos estrategas en la mesa.
—¿No? —Su padre le contestó —Puede que te parezca inofensivo, Broly. Pero es una enorme desventaja— Gruñó en un tono tan escabroso que el resto de los convidados entendieron la pausa posterior como necesaria. Sin desordenar, flotaron fuera del balcón dando espacio a los monarcas para debatir su duelo de opiniones contrarias. En un rincón apartado el viejo Hoi escuchaba sin ánimo de interrumpir, con genuina curiosidad.
—Tu esclava ha sido destinada a otro lugar — contestó con la frialdad de una sentencia criminal —No debes albergar emociones tan vulnerables si pretendes ser rey algún día.
—He hecho todo lo que has pedido de mi, padre —El joven prosiguió sin dejarse intimidar —Mi mayor gusto ha sido complacerte por causa de esa emoción que llamas debilidad —Replicó decisivo —Quiere esto decir que ¿Ha sido un error ceder mi derecho al trono por considerarte un ser de valor en mi historia?.
Y esas palabras le pusieron en un dilema de peso insospechado. No podía continuar con esa conversación sin exponer la doble moral con la que se conducía diariamente, aprovechando a su conveniencia el uso de la fuerza del incauto joven.
Resopló encontrando soluciones inmediatas, hizo una mueca al brujo en la distancia, quien empezaba a conjurar el control del chico.
—Hoi —Le llamó —Yo me haré cargo— Dejó su sitio aproximándose al chico en estampa defensiva —No es algo que debas hacer público, simplemente —Posó una mano con delicadeza en la espalda de su vástago, buscando encontrar su mirada —Debes buscar seres que sean dignos de merecerlo, los seres inferiores tienden a perecer con mayor facilidad —Explicó con relativa sencillez — Si inviertes tu interés en ello sufrirás, es mejor ser reservado— Palmeó su hombro regresando a su sitio —Por ello no le está permitido a ningún saiyan respetable permanecer mucho tiempo en el mismo escuadrón, permanecer en el recinto de su familia, enlazarse… o peor aún: concebir de la manera antigua —Prosiguió la enseñanza con gran paciencia —Eso es algo que solo se daba entre las clases bajas, seres de los que se puede disponer sin remordimientos. La carne de guerra de la que los grandes líderes alimentan sus ejércitos.
Broly se levantó, decidiendo que había escuchado demasiado. Por mucho que la tradición lo dictara, no podía convencerse de la validez de las reglas de su planeta. En su decepción circulaba la idea de que vencieron al régimen anterior para dejar las cosas enteramente igual. O incluso peor, pues meditó en las hordas de esclavos que atravesaban la puerta diariamente, de ellos sobreviviendo el primer condicionamiento únicamente el 1% del total.
No se había visto en los años previos tal devastación de inocentes y los rostros condenados plagaban su conciencia desde el día en que una de ellas se atrevió a compartir la historia de ese mundo de verdes campos y grandes alegrías. Quizá la única amiga que hubiese tenido en todos sus años de vida. Todos le consideraban un ente peligroso y extraño, de costumbres pacíficas inadecuadas, de sentimientos indeseables.
Cuando se alejó del complejo decidió volar hasta la ultima punta del lujoso palacio. Se detuvo ahí sosteniendo su enorme musculatura con solo un pie, observó la partida del sol en hermosos tonos rojos y naranjas. Suspiró olvidando la esperanza que por un momento permitió vagar en su interior. La esperanza de por lo menos en un aspecto no volvería a sentirse tan solo.
