Espero que este siendo de su agrado. Me gustaría leer sus comentarios.
M.L gracias por tu gran apoyo, es un B/V en su concepción original, pero puedo cambiar de opinión en el proceso si agrada mas al lector XD. De todos modos habrá mucho mas acción adelante, no desesperes al leer, todo tiene una razón de ser. Este capitulo IV en honor a otro IV que esperas llegar.
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La mañana era prometedora. Los rumores de un contraataque rondaban el aire, lo cálido del estiaje quedaba corto en la comparación con el calor de los ánimos crecientes. Todos los batallones limítrofes escuchaban la oferta de ser reclutados para esa misión suicida con gran emoción, solo los más valientes estaban invitados a presenciar el duelo más importante en décadas.
Camino al trabajo, Gine observó que su nuera ganaba vistazos indiscretos con más regularidad de la acostumbrada.
—Creo que estamos en esos días donde no puedes acompañarme — Meneó la cabeza amablemente —Te llevaré de vuelta a casa— Señaló percibiendo un resoplido de inconformidad.
…..
El portazo de las cerraduras magnéticas anunció a la intrusa. El grupo de palabras altisonantes subsecuentes anunciaba su humor.
Y los testigos, trabajando en el nuevo taller improvisado, sabían lo que acontecería.
—¿No se suponía que después de la ceremonia podría andar libremente? — Replicó plantando los pies frente al único que podía darle una respuesta.
—Sí —Contestó retirando los visores de aumento con los que trabajaba en las mejoras encomendadas — Pero no cuando emites ese olor ante el resto. Es una tentación innecesaria para más retadores — Bardock se encogió de hombros cual si explicara las cosas más normales.
—¡Pero ahora estoy "casada" ¿No? — Resopló inconforme — ¿Eso no debería dejarles en claro que no pueden acercarse?.
—No es culpa del sistema que tu raza tenga tantos celos al año — Se encogió de hombros— Indecentes criaturas prolíficas — Se carcajeó retomando su atención al trabajo, pero fue su broma enfrentada con un objeto que golpeó su cabeza.
—¡Eso no tiene gracia! — Ella anunció sin intimidarse por el aparente enojo temporal del agredido —Hoy debía conseguir un mineral en extremo raro y sería mi pago a cambio de una reparación —explicó desanimada llevando ambas manos al rostro en signo de hartazgo —¿Toda la vida será así en este mundo? —Preguntó en un hilo de voz impropio de ella.
La vista de los presentes se dirigió al único que podía dar una respuesta.
Él suspiró, pasó las manos por su despeinada melena intentando encontrar la mejor explicación sin que sonara tan desalentador como un laberinto sin salida.
—De acuerdo con el curso natural de las cosas — Inició —Solo será así hasta que compartas sangre con una cría saiyan — Clareó su garganta — Las crías dejan sangre en tu cuerpo y cambian la intensidad en tu olor —Pausó sin poner atención al desagrado deslavando el rostro de la joven — Pero esa cría tendría que ser dispuesta en una capsula de incubación y no creo que los híbridos sean permitidos o existan siquiera. Así las cosas son.
—Existen — Krillin interrumpió — Pero por ley son eliminados, junto con el cuerpo de sus madres —bajó el rostro ante el recuerdo de esas penosas escenas.
El silencio reinó en la casa.
—No tendría por qué suceder — El exmonje prosiguió —De todos modos, no es como si fuera un matrimonio real — Intento confortar al resto —Pero supongo que no dejarás de padecer este acoso jamás, Bulma.
Tenshinhan se levantó de su sitio, acercándose hasta la desmoralizada mujer.
—No debes pensar en ello — Colocó ambas manos en los delgados hombros —Aunque sucediera, si decidieras tomar esa oportunidad, ninguno de nosotros permitiría que te asesinaran —Aseguró con una contagiosa calma, asintiendo ella casi convencida de esa seguridad sin despegarle los ojos —Mucho menos Goku.
—Así es —Krillin enfatizó su acuerdo —Ya encontraríamos la forma de solucionarlo.
—Solo, no lo intentes por el momento —El saiyan se cruzó de brazos reprendiendo la actitud melodramática del resto —¡Pónganse a trabajar escuadra de holgazanes! —Ladró retomando él mismo sus operaciones.
Quedaba poco tiempo para concretar su plan, una sola oportunidad para acercarse sin riesgos e iniciar el retroceso de ese fatal error que nunca debió haber llegado tan lejos.
Ella soltó su cargamento en la entrada, decidiendo que debía tomar un descanso, todo lo referente a esa conversación era perturbador, igual todo lo referente a esa cultura. La sola sugerencia de sus amigos era insoportable, incapaz de incluso elegir sus propios métodos para vivir. Esperaba con toda su fe, que hubiese algún mejor horizonte en su destino.
_... _
El día habría llegado. Y como un ente condenado en el pasillo de la muerte, pisaba con cautela las grandes escalinatas camino al que sería su nuevo hogar. Repitiendo el entrenamiento mental, repitiendo sus nuevos comandos como el credo silencioso del secreto para sobrevivir. A su lado un nuevo grupo de féminas parecidas en figura, coloreadas con diferentes tonalidades de piel. Pero hermanas en la misma negra suerte.
Al pie del ostentoso pórtico estaba el dueño de dichas tierras, observando su traslado en compañía de ese desagradable saiyan que la condenó a las mazmorras ese fatídico día. Los ojos puestos sobre el par sin migaja alguna de miedo o respeto. Simplemente contenida por alguna razón que era incluso desconocida para ella. El mayordomo de la residencia les indicó el camino desapareciendo el pequeño grupo de la vista de todos.
—Ya lo sabes Pambukin — Horen consideró sus palabras como una reafirmación a la advertencia — Has lo que tengas que hacer, pero no puedes tomar su vida — las pobladas cejas juntas observaban el descontento en las abultadas mejillas del nuevo propietario —El único que puede disponer de ello es el príncipe y no creo que tengas intención de retarlo.
—¿Solo a eso has venido rata lambiscona? — El de menor estatura espetó—Demasiadas molestias para un simple traspaso de servidumbre — Inquirió evaluando la conducta del otro. Las morenas facciones dispuestas en una fea mueca — Tengo entendido que Bardock ha sido reclutado de manera oficial — Continuó olvidando por completo el tono anterior —Se que fuiste tu mismo quien llenó la solicitud de su ingreso —Caminó en torno a la entrada de la mansión —y me pregunto ¿cual es tu verdadero interés en tomar tantas precauciones para traer de vuelta a un desertor de esa clase?.
—Ese rencor patético te nubla la razón amigo —el nuevo general replicó —Tu conoces muy bien las capacidades de ese malnacido, es brillante —Sostuvo sin miramientos —Si vamos a ir en pos de la cacería de un ente tan poderoso como se sospecha es el líder rebelde… los números y fuerza no servirán en mayor medida que la astucia y no pienso enviar el limitado numero de inexpertos batallones a una muerte sin sentido —clarificó el siniestro motivo —y si han de encontrar el final de todos modos, no enviaré a nuestros reclutas mas valiosos a esa misión suicida.
—Tu seguridad podría traducirse en un desacierto si lo pones al alcance de su verdadero objetivo— ingresó al vestíbulo cerciorándose de que nadie mas escuchara en cercanía —Tenemos información acerca de un grupo de traidores formándose en las provincias del sur —Farfulló misterioso —y creo firmemente que ese gusano tendrá parte en estos eventos de alguno u otro modo — finalizó regresando a su mismo estado impasible usual.
—Solicitaré una audiencia pronto — El corpulento sujeto declaró — Una reunión de rutina para planificar los detalles menores —Aseguró —Si algo sospechoso se presenta, podrás confinarlo a un interrogatorio…o plantear una trampa— Sugirió con gran interés en el desarrollo de eventos —Aunque debo añadir, dudo sobremanera se atreva a hacer algo que ponga en pena de muerte a su preciosa familia —Sonrió de lado —Es bien conocida su historia entre los que alguna vez formamos parte de su escuadrón… y la tuya por añadidura — Ladeó el rostro igualmente divertido —Aunque ahora parezcas haber olvidado esos ¿tontos apegos?— Pretendió observar sus uñas con sumo interés haciendo evidente el insulto implícito.
Pero lejos de caer en el señuelo, el menudo general cerró los ojos sumamente complacido.
—Creo que al final debería ser yo quien le agradezca al bastardo — asintió sin emoción visible —Pude haber terminado como el —se encogió de hombros sin dar mas interés al asunto.
—Dame las ordenes de embarques —El anfitrión de la reunión exigió —Tengo un buen rato de diversión esperando en las cámaras y me estas haciendo perder el tiempo.
_..._
De vuelta al hogar que en el fondo jamás apreció. Recuerdo constante del poco valor de su casta. Raditz contempló la entrada sin atreverse a traspasar. La casa de sus padres era ahora un sitio hostil, repleto de criaturas inferiores que no dejaban de propinar molestias. Sin embargo, tenia asuntos que aclarar antes de iniciar su rutina en aras del deber.
Pasando de lado al resto de criaturas que poblaban el sitio, le encontró inmerso en los absurdos trabajos que la hembra de su hermano imponía a todo ser que pudiese manejar energía.
—Supe que partirás mañana — Interrumpió su concentración parándose en cercanía.
—No es oficial— Respondió su padre sin mirarle con especial atencion —Pambukin quiere dar las ordenes del modo más confidencial —Se levantó estirando sutilmente la espalda. No sabia cuantas horas llevaba en la misma postura.
—¿Realmente lo crees? — Su hijo insistió —Años después de tu dimisión ¿Ahora eres el ente clave para liderar un escuadrón? Estas tan contagiado de patrañas hoy en día, que ¿no eres capaz de distinguir una trampa de tal obviedad?
—No iré solo — Cruzó el semblante con cierto recelo.
—Por ningún motivo deberías aceptar — Renegó sin temor a externar su opinión—Están implicando en asuntos de traición a ciudadanos que tienen menos historial inconforme que tu — señaló con ciertos tintes de preocupación —Obviamente Horen utilizará la nueva evidencia para deshacerse de ti.
—Solo dos capitanes hemos sido reclutados —Desestimó la suspicacia del menor —No tienen más oficiales con experiencia en la división sur — Explicó alejándose del proyecto en sus manos en torno a un sitio mas adecuado para hablar —Además… tengo un asunto pendiente con un par de rumores que debo comprobar.
—No quiero escucharlo— El otro paró sin más gana de seguirle.
—No tienes por qué— Recusó su progenitor, sin interés de explicar sus razones.
—Solo te diré que si llegas a cometer el grandísimo error de perder la vida — El otro advirtió de brazos cruzados—No salvaré a ninguno de los patéticos seres de tu nueva colección— señaló a la tropa del fondo, haciendo su acostumbrado bullicio alegre.
—Raditz —Gine emergió sonriente de la puerta contigua para encontrarle —Acompáñame.
Y le llevó en dirección contraria esperando disuadirle de algún modo de iniciar con el ciclo de reclamos mordaces que sabía ponían al resto en el peor humor. minutos después su primogénito cruzaba la puerta por la que ingresó, cansado de la terquedad con la que su familia se conducía. Rendido en un pensamiento inútil, quizá siendo tiempo de comprender, que no formaba ya parte de ellos. Sería la ultima vez en la que prestaría algún tipo de advertencia en su favor.
Sus padres le siguieron con la vista, no era costumbre en esos mundos hacer efusivas despedidas.
—Quizá deberíamos decirle — Ella se acercó a su pareja, tomando su brazo con intención de calmar sus aprensiones —tal vez quiera formar parte del equipo— externó con un animo sumamente positivo. Su rostro cubierto por la misma inocencia y alegría de antaño, que para bien o para mal, no había cambiado un solo gramo para él. Relajando la postura ante esa escena, se limitó a colocar la mano en su hombro, simplemente dando una especie de confort.
—No—Replicó sin mirarla —Él no tiene esa naturaleza— Finalizó caminando en dirección a la bandada de terrícolas en la distancia.
Encontró al grupo entretenido en quehaceres, pasando cables y laminas de metal para finalizar la obra de arte en manos de la científica. Siendo esta la mas absorbida en labores, su rostro cubierto de grasa de los ensamblajes, se acercó sin prestar atención al resto.
—Alista los espías Bulma, en un momento me enseñarás como utilizarlos— le dijo en demandante voz. Pero no obtuvo respuesta. En su lugar la joven se paró frente a él, inequívoca seña de las protestas que proseguirían.
—De ninguna manera— Se cruzó de brazos—Yo iré.
—No repetiré mi orden —Contestó inamovible en decisión.
—No es necesario — Le rebatió —Iré así no estes de acuerdo.
—Ohh no de nuevo —Krillin se quejó en la distancia llamando la atención del resto a la contienda rutinaria.
—No puedes asistir a una reunión militar oficial— Explicó con hartazgo —Te harán cenizas en cuanto cruces la puerta— Resopló haciendo uso de toda su paciencia.
—No lo harán porque iré como tu asistente — Contestó entretenida en la herramienta en sus manos —Todo capitán tiene derecho a poseer uno— continuó en una postura sumamente relajada.
—¿A que irá entonces Kakarotto? — Intentó demostrar la falla en su plan, observando el resto de miradas, que pasaban de uno a otro sin emitir opiniones.
—Como mi escolta — Ella explicó cual si fuese la opción más obvia —Tengo derecho al ser su esposa.
—Deja de entremezclar tus indignos términos terrícolas —Reprendió levantando una ceja —En cuanto vean lo que eres el descontento arruinará la minuta, nos harás motivo de discordia entre las casas.
—Exactamente— Tomo apoyo en la carcasa de la enorme nave, observando con interés la reacción del otro —Estarán tan furiosos entre sus tontos prejuicios que apenas y pondrán atención a otra cosa — Levantó entre sus manos el minidroide que le habría solicitado —Podré dirigir los escáneres libres por todo el palacio, hasta que encuentren ese dispositivo de control del que murmuran—Prosiguió la explicación con el ejemplo de funciones de sus aparatos, la pequeña pantalla en sus manos a modo de pulsera—los espías tendrán tiempo de encontrar lugares óptimos de información, siempre sabremos lo que están planeando.
Debía Bardock admitir, que quizá esa era una mejor idea que acudir sin distracción alguna. Confiaba en que la seguridad de los tres estaría garantizada, a esas alturas sospechaba que no había muchos rivales dignos de contienda a las habilidades de su hijo. Meditó en las consecuencias del plan, dibujándose una sonrisa en su rostro.
—Espero por el bien de todos que tu ridícula idea funcione— concedió sellando la vista con su oyente, en plena complicidad.
_..._
—Una tormenta de arena se avecina.
El peón exclamó.
—Mejor esto a una de hielo.
Se concentraban una basta cantidad de cargueros en la capital, surtiendo las bodegas de recursos civiles más privilegiados. Era en esos tiempos común encontrar toda forma de vida extranjera. Los vasallos conquistados de los mundos sobrevivientes entregaban el tributo acumulado a las casas nobles por el ciclo de cosechas. Motivo por el cual, ver caminar libremente esclavos con saiyanos no levantaba sospecha alguna.
Así tres figuras se adentraban en las calles de la capital. Observando con detenimiento un paisaje enteramente distinto a lo que ellos conocían. Las estructuras eran sofisticadas, arquitectura absurdamente etérea, producto de habitantes acaudalados que podían usar el vuelo y fuerza a placer. Edificios casi inaccesibles para alguien de condiciones tan primitivas como lo que ella representaba.
Mas no era su actitud concordante en absoluto con esa afirmación.
Habiendo conseguido vestimenta mucho más refinada que la de su casta, caminaba con la seguridad de una leona en las llanuras. Atenta, como si se tratase de un rey haciendo guardia en su territorio.
Un collar dorado metálico de fina escultura recogía el borde de las telas rojas en un atractivo escote profundo, descubierta en su espalda y el resto ceñido a la breve cintura, en un cruce discreto hacia los grandes pliegues que conformaban su pantalón. El cabello azulado daba algunos tintes claros en el inclemente sol, el viento mantenía sus grandes pestañas entrecerradas.
´El azul es el color de la realeza' le habrían advertido al desistir de una prenda mucho más adecuada para esconder sus artefactos. Pero ésta otorgaba justo el efecto que buscaba lograr. La pequeña computadora de mando escondida en un cinto del muslo no podía ser detectada a menos que pusiesen atención a la parte más olvidada de su atuendo. Dado el efecto que sus curvas proporcionaban, nadie estaría mirando ahí.
El otro par de secuaces contenía en el interior de sus trajes los pequeños escáneres y un par de minidroides espías. Por si algo fuese descubierto, cargaba ella con un droide destructor, programado para terminar con la existencia de los otros sin ser detectado.
El discreto bolso contenía la orden de ingreso y documentos solicitados para palacio. Cuando estuvieron de frente a la imagen de fondo, no pudieron evitar mirar hacia arriba.
Al final de un enorme risco rodeado por un área natural se cernía un enorme castillo futurista. Algunas de las estructuras no parecían tener propósito alguno, mas que proporcionar una imagen de opulencia totalmente desfasada con la fachada de pequeñas casas primitivas en la base. Probablemente las viviendas de sirvientes menores y esclavos.
—¿Que buscan aquí? — Los guardias interceptaron sus pasos.
—Tenemos una audiencia con el general Horen — Extendió la orden. Los guardias permanecieron fijos pasando los ojos del documento a los invasores.
—¿Todos? — Interrogó con sospecha uno de ellos.
—Él es mi hijo, ella es su consorte y mi asistente — Ensanchó las presentaciones como mera formalidad, antes de levantar una ceja que indicaba su ya muy bajo nivel de paciencia.
Volaron al pórtico de la cámara de audiencias, siendo anunciados de inmediato. Cuando el resto de guardias les recibió, no podían despegar sus ojos de la criatura que bajó de brazos del más alto. ¿Cómo era posible esa escena? Casi víctimas del engaño a la distancia, cayeron en cuenta de la realidad al observar la gran diferencia en colores y proporciones. No era una de ellos. Caminaba, sin embargo, con la frente en alto a lado de uno de ellos, un escándalo sin lugar a dudas, ojos de un color que jamás habían observado, al ponerles atención entendían de cierta forma la causa. Era, aunque totalmente carente de poder, una hembra atractiva.
En el pequeño salón del ala inferior los esperaban ya pocos miembros del consejo. Del mismo modo atónitos con la escena olvidaron las formalidades, simplemente caminando hasta encontrar sus lugares en la rustica mesa en el centro.
Intentaron hablar para validar el clasismo implícito en sus costumbres. Sin embargo, no había ley alguna que prohibiera un enlace entre esclavos liberados y ciudadanos. No había manera alguna de evitar esa convivencia, más que a través de los desprecios dirigidos.
—¿Sabe leer? —
Se burló el líder de inteligencia al escuchar la razón por la que la mujer se encontraba en el lugar. Sin embargo, la postura de la terrícola era desconcertante para quien la conocía, sentada de la forma más femenina, batiendo las enormes pestañas y descuidando su escote con regularidad seductora, sonriendo con amabilidad, solo asintiendo a los comandos de su capitán, a quien constantemente recordaba en firme voz las referencias de cifras, estados de los embarques y reclutas. Sorprendió en más de una ocasión a los presentes mirándola furtivamente y algunos de ellos reprimir una rabieta por el hecho de que un simple esclavo, pudiese levantar la voz de frente y no tener derecho alguno a castigarle sin provocar una justa oficial. Pérdida de tiempo en momentos como el que vivían.
Y de este modo, ninguno de ellos notó el deambular de sus artefactos, quienes se desplegaron en los sitios específicos sin causar sospecha alguna.
—Sabes muchacho …. — Panbukin, el tosco sujeto a la cabeza de la reunión inició, tomando una de las copas casi vacías para observar su interior — Yo también tengo una esclava del mismo lugar, no tiene el esplendor de la tuya…— Sonrió inspeccionándola de forma sumamente vil, ganando las risas del resto y colocando al joven a la defensiva — …pero ciertamente es una de las pequeñas cosas que más he disfrutado —sorbió el resto de su bebida tronando los dedos a su sirviente para atenderle.
Y en ese instante pasó por la puerta la mujer de la que hablaba. Visiblemente abusada, marcas de dedos en su cuello y brazos, sus ropas roídas y un rostro insoportablemente familiar para ellos.
—Quizá he hecho mal en no proporcionarle mejores atuendos — Continuó el robusto general — aunque en definitiva… jamás la haría mi consorte — Y el resto de los integrantes soltó la deshonrosa carcajada, haciendo que la menuda muchacha de cabello oscuro levantara los ojos por vez primera y tuviera frente a si lo que menos esperaba volver a ver.
La traición de su cuerpo no tuvo medida de control, los ojos extendidos a su máximo, sumamente fijos sobre el rostro de sorpresa del otro.
Un año después de su llegada, ahí estaba el sujeto por el que todo empezó, su estampa sumamente crecida en nada parecida al niño con el que alguna vez viajó. Su calma enfrentaba la prueba más grande, soltando en el aire la vasija hasta romperla a sus descalzos pies.
—¿Se conocen? —preguntó Beets al observar el intercambio
El dueño de la joven se levantó histérico, anunciando un castigo por la pérdida de su bebida favorita en el suelo. Pero ella no podía escuchar nada, simplemente clavando la vista en la mujer sosteniendo la mano del que debería haber sido su compañero de vida.
El instante solidificado en su ser se decantó en un torrente de impotencia y furia, distinguiendo a la perfección de quien se trataba esa mujer , era la misma joven de cabello azul en las montañas de su padre. Ahora beneficiada directa de su protección y según lo poco que logró escuchar, él la habría libertado y convertido en su esposa.
Su esposa.
Lo que ella misma debía ser, la promesa por la que decidió ir en su búsqueda y abandonar su casa. La razón por la que habría tenido que soportar el calvario por el que atravesaba, sosteniendo sobre si los embates de un hombre al que odiaba, las golpizas, el hambre y la injusticia.
Y no pudo contenerse.
—Tu… lo prometiste — Miró sin otra emoción más que un crudo odio al joven frente a ella. Y su carga encontró al objetivo de su repentina infelicidad en el rostro impoluto de la otra mujer
—¡y tú me robaste mi destino! — Y sin poder contener más la irónica burla de su suerte, se lanzó sobre la chica al frente, extendió un dedo en el aire —¡DODONPA! —Disparando al centro de su víctima.
Desviada en el último instante por un tirón de mano del padre de su amigo, el disparo atravezó su costado de manera limpia. Cayo al suelo sintiendo su quijada ser descuadrada por el puño de la feroz chica a la que ahora Gokú intentaba contener sin lastimar. Simplemente perdido en la incertidumbre de lo que pasaba, observó a su padre salir a prisa en pos de una cámara de recuperación con una moribunda Bulma en sus manos. Soltó a la rabiosa mujer bajo su agarre dándole una vista de su adolorido y confuso semblante.
—Soy Milk —Le contestó ella, sin poner atención al rostro del joven carente de color, haciendo temblar todo el palacio con un dolor creciente al ser testigo de la probable muerte de una de las personas más importantes de su vida.
Sin mirar atrás salió a toda velocidad en busca de su padre, su mente no podía estar tranquila, buscó su energía entendiendo que quizá era muy tarde para solucionarlo.
—¡Ustedes no pueden estar aquí! — Escuchó a un hombre gritar en el área donde ambos irrumpieron, siendo su padre el responsable de noquearlo e ingresar en modo de emergencia a la chica a la capsula de recuperación.
—Bulma —Lloriqueó el joven intentando sosegarse, los scouters a la redonda empezaron a saltar los números sin control alguno.
—¡Cálmate! —Su padre vociferó al ver el resto de curiosos mirarle con terror —¡Esta viva! — insistió poniéndose frente al chico —Esta viva —repitió consiguiendo que el otro encontrara suficiente paz para regresar a la normalidad.
Y el sonido de estabilidad en los controles les devolvió a ambos el latido.
—¿Quiénes son ustedes? —Reclamó una de las jefas del área —No tienen derecho a usar estas instalaciones —replicó de inmediato siendo ignorada por el más viejo.
—Soldados del rey — Explicó saliendo del área —El muchacho se quedará por un rato, debo regresar a palacio a terminar la junta — Miró a su hijo entendiendo este lo que debía hacer.
Al no recibir más quejas, el menor se sentó al lado de la capsula a esperar. Por primera vez en su historia, tenía un sentimiento desconocido corriendo en las memorias de su infancia: Culpa. Ahora la recordaba, aquella chica del traje metálico con quien vivió un breve episodio de su vida. Convertida en una mujer sumamente resentida por su causa y la de esos insensibles seres que la lastimaban sin conciencia. Por un segundo pensó en negociar los términos de su libertad, mas sospechaba que después de ese ataque Bulma jamás estaría de acuerdo.
Enterró el rostro en ambas palmas, intentando recordar a que promesa la joven se refirió. Pero no encontraba otra cosa más que ansiedad. Antes habría pasado de largo el incidente, en este mundo terrible todo signo de abuso debía tomarse con mayor delicadeza y él se sabía particularmente malo para entender en su totalidad lo que ocurría a su alrededor. Odiaba la crueldad a la que todo ser sin poder era sometido. Este no era sitio para seres con su ingenuidad, lo pagaba todos los días en diferentes modos o con la vida de alguien más.
Quizá lo mejor sería solo guardar sus pensamientos y dejar que el resto de sus aliados, en los que confiaba, le indicaran el camino correcto a seguir.
…
—Nunca esperé ver tal conducta de tu parte viejo amigo — Le recibió el penúltimo integrante de la reunión que continuaba en el recinto. Pambukin extendió la mano en cortesía buscando el sitio de mayor confort para platicar
Levantaba su asistente Beets el resto de los documentos de la minuta. Poniendo un esquivo interés en conocer los resultados de esa plática, pero los dos convidados permanecieron mudos, prolongando el momento de hablar hasta cerciorarse de que fuesen los únicos dos en la sala. El otro saiyan comprendió y haciendo una reverencia al general se retiró.
—Horen estuvo aquí hace un instante —Continuó su antiguo compañero — intentaba saber porque esa tasa de poder se detectó en el área — Resopló divertido —Le dije que fue un conflicto de esclavas, una de ellas hizo enojar a nuestros oficiales y recibió un disparo— Se recargó en la silla con su atención diferida en el horizonte. De pronto viró hacia el otro soldado con el rostro cubierto de una seriedad perturbadora —Pero tu y yo sabemos… que tu nuevo muchacho no es normal.
Bardock guardó silencio, simplemente avizorando al atento observador en sus narices.
—Antes de la guerra —Pambukin prosiguió, degustando en sus gruesos labios una barra encendida de amarilis — Nunca me atreví a cuestionar tus métodos de líder—Ofreció una barra a su oyente —¡Eras un maldito idealista! —se carcajeó retomando su asiento —Pero uno astuto —Concedió, engullendo los recuerdos de sus aventuras — Sin embargo, temo que estes tomando una senda peligrosa en pos de esos ideales —Apretó la mandíbula, inseguro de proseguir.
El silencioso capitán encendió su propia barra, tomando una despreocupada pose idéntica a la de su viejo compañero de purgas.
—La rebelión cambió el tablero a nuestro favor — Continuó como si explicase una clase de historia a los nuevos reclutas—Una oportunidad de retomar el poder por encima de las sobrevaloradas casas nobles antiguas— Exhaló el humo azafranado — Por un momento, tu y yo pudimos demostrar, que la fuerza bruta no siempre lo es todo. Toda la población del planeta habría muerto de lo contrario — Se complació de ese estatuto, disfrutando del hermoso atardecer en la distancia. Mas, de momento su semblante volvió a cambiar—No comprendo aun, por qué decidiste desertar de tu deber en la nueva corte, haciendo trabajos despreciables en un muladar olvidado de civilización — Regresó la vista fija a su ex líder, mirando pausadamente de arriba abajo con las cejas bien juntas —Debiste haber encontrado algo muy bueno para permanecer en ese puesto.
Inexpresivo totalmente, terminando su propia dotación del estupefaciente, el aludido le encaró con el mismo ceño acusatorio.
—¿Las viejas casas? — Levantó una ceja, entretenido por la implicación —Tu pertenecías a una de ellas.
—Exiliado —Aclaró con rapidez —Por mi propia familia, al descubrir mi decepcionante nivel, según sus palabras — desestimó el recuerdo con su mano regordeta—Pero veo que aun en nuestras precarias condiciones de poder, tenemos la probabilidad de engendrar élites ¿no?
El guerrero palideció. No estaba listo para afrontar las consecuencias de esa complicación. Su talante fue comprendido a la brevedad por el corpulento sujeto que continuaba el interrogatorio. Le inspeccionó de arriba abajo una vez más, también fumando el ultimo trozo de su barra sin precaución. Resopló disfrutando la sensación adormilante y volvió la atención a su oyente.
—Ese muchacho tuyo bien podría enfrentarse a Horen e incluso vencerlo —Declaró sin el más mínimo tono de broma en su voz —Tu lo sabías — Le miró con atención—Debía haber sido presentado al consejo y fungir como otro de los capas blancas del rey — Señaló poniendo especial interés en los gestos del otro — Evidentemente tienes otros planes para él — Aseguró acercándose un poco más —…y me preocupa la naturaleza de esos planes.
—El muchacho no sirve para esto — Bardock agregó con suma seguridad —Tiene toda la fuerza y habilidad, pero no hay rastro alguno de cazador en su ser — Se enderezó poniendo las pupilas fijas al declarar sus siguientes palabras —Es pacífico y gentil — Pausó esperando la reacción de su líder militar —No serviría a los intereses del trono.
Pero el otro no desestimó su aclaración, por el rumbo al que esperaba dirigir la conversación.
—Extraño no es entonces — Agregó con un curioso ceño —Que eligiese de compañera una mujer de ese intelecto— Rio con sutil suavidad —sino… que permitas que ella disponga de esa ingenuidad y fuerza en su favor.
La declaración tambaleó una vez más su postura desfavorecida. No sabía como era posible que el hombre que tantas veces observó cometer torpezas en el campo de batalla, hubiese sido capaz de desentrañar la suprema actuación de Bulma. ¿Cómo pudo entenderlo? ¿Habría notado algo más? ¿Realmente tendría idea de su plan?
—Te conozco Bardock — Interrumpió el fatídico tren del pensamiento de su invitado —No rebelaré tu secreto o el de tu hijo— afirmó volviendo a su postura perdularia —Solo espero que no intentes algo que tenga un costo mayor al que puedes pagar— Viró el rostro sin dejar de escudriñarle —Quizá aun tengo una deuda de sangre contigo, pero no te salvaré antes que a mi propio pellejo.
Y habiendo escuchado eso, el nuevo capitán de la misión entendió que era momento de retirarse.
Tenía un mundo de planes que modificar, un ataque que organizar y un par de tontos en la enfermería para advertir de lo sucedido.
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´Me robaste mi destino'
Plagaba su mente el encuentro, nunca una mirada de odio había significado tanto en su historia. Esa mujer, que habría intentado matarla en pago a su evidente infortunio.
Habría sido tan privilegiada sin saberlo, bajo el resguardo de sus amigos, habiendo sufrido abusos terribles, mas no peores a los que esa chica enfrentaba. Era una verdadera guerrera, arrancada de su virtud en un momento fugaz de rabia. La injusticia de no haber sido ella la afortunada de sobrevivir como Bulma lo hacía, en un cálido circulo de comprensión e indultos. Mimada, respetada y ahora incluso forzada a buscar un entrenamiento producto de su propia impericia para defenderse.
'No podrás acompañarnos' Bardock aseguró 'tu débil consistencia no lo resistirá y no te buscaré entre los escombros si te matan' y aun si Gokú hubiese estado a favor de resguardarla, entendía la gravedad de esa empresa. Ideó una ligera armadura capaz de agilizar sus movimientos traduciéndolos a una velocidad suficiente para esgrimir un escape. Jamás esperó que el momento de saltar a una batalla llegara alguna vez, ni que se encontrara en esas circunstancias, todo por culpa de un absurdo deseo: conocer al hombre de sus sueños. Y así se habría embarcado en la historia de las esferas que arruinaron su vida.
Se detenía su vista en la figura del otro que inició ese viaje con ella. Del niño ahora convertido en hombre, del que probablemente habría, al igual que a esa chica, arrancado un futuro mas adecuado a sus necesidades, una vida de complicidad con alguien que le amara sin que esto representara un beneficio para ella.
Suspiró colocándose en el borde de las bancas de asalto. Sosteniendo el escudo deflector en su cintura listo para activarlo. Quizá después habría un modo de remediar las cosas, poner a cada uno donde correspondía, pero estaba segura de que eso no era una opción en este momento. Tenía que hacer lo mejor que pudiese con lo disponible, debía aceptar el camino que la vida le dio.
Tomó la mano de su compañero entre las suyas, colocando la capsula con la nave, cerro ese puño manteniendo su mano en él por más tiempo del debido. Miró su rostro y le dio una franca sonrisa recibiendo el mismo gesto de él. Quizá la vida se lo puso enfrente por un motivo, quizá después de todo tenía suerte de tenerlo a su lado. Fuerte, joven, atractivo… aunque sumamente simple, sin representar un verdadero interés a sus caprichosos gustos. Pero no pensaría en la trivial sustancia de esa idea, sino en su misión. No los defraudaría, no les fallaría y los regresaría a salvo a casa.
El ruido de los secuenciadores indicaba que el momento habría llegado. Sostenía en su palma otro invento furtivo listo para desplegar en caso de no poder capturar un solo rehén, solo rogaba tener el suficiente tiempo y la fuerza para soportar esa batalla al utilizarlo.
—¡Ahora! — Escuchó al otro capitán al mando levantar a las tropas.
La euforia de los combatientes saltó al abismo de la promesa del mejor encuentro de sus vidas, en la distancia se veía un mundo desolado, la neblina oscura apenas atravesada por rayos pálidos del sol naciente en el horizonte.
Pero al descender el último, ninguna de las cosas prometidas estaba a la vista. Únicamente el cielo oscuro apenas clareando en el borde entre la tierra y el espacio. El frio insoportable apenas lograba sobrepasar el temor que ese silencio confería a los guerreros invasores.
Algo saldría terriblemente mal.
Y el augurio de sus pensamientos dejó atravesar un suspiro, al detenerse frente a ellos las figuras emergidas entre la densa niebla. El otro ejercito extendiéndose en su glorioso poderío, un numero ciertamente despreciable, pero que podían detectar compensaba con fuerza a los propios.
Al frente de ellos el más alto de todos los presentes en el campo, una masa de músculos de terrible apariencia, simplemente ataviado de las antiguas armaduras de cuero y metal que sus antecesores portaron. Levantó la mano con una mueca de complacencia y el rugido de la batalla no se dejó esperar.
—¡Ese es, Kakarotto! — Bardock señaló al enorme guerrero, enfrascándose él mismo en un combate cercano —¡Regresa a la nave hija! — Forcejeaba con otro sujeto, desapareciendo de un salto para continuar el ataque.
Gokú avanzó como una bala sobre la multitud, fijando su objetivo con claridad.
Y ella supo que tendría solo esa oportunidad. El caos alrededor era peor a lo imaginado, corría únicamente confiando en su escudo y armadura para protegerla, saltaba los cuerpos en el suelo, el lodo dificultando dar pasos certeros, resbalaba a cada instante con el temor de perder la vida en cualquier veloz movimiento. El ruido era ensordecedor. Llegó a una de las puntas en el paraje, pudiendo observar los anillos del planeta con mayor nitidez. Extendió el circuito y corrió en dirección opuesta para triangular la posición de los sensores. El escándalo de la contienda arrojaba terribles alaridos, había sangre en todos lados y se maldecía ella por dentro, al haber sido tan ingenua en permitirse participar en una carnicería así. No podía distinguir los suyos de los enemigos, cuerpos sobremusculados batiéndose en golpes y rayos en la oscuridad del alba de ese planeta infértil.
Mas cuando pensó que las cosas no podrían ser peores, los gritos se volvieron murmullos, sintió el terror instalarse en su nuca, sin atreverse a virar el rostro a la superficie, donde una presencia en la lejanía se dejaba caer con suma lentitud.
Los rostros descolocados de enemigos y colegas comprendían lo que evidentemente ella no, pues no podía dejar de mirar ese individuo misterioso plantarse en vuelo sobre todos los presentes, con una incandescente aura dorada extraña, la imagen asombrosa elevándose, digna de alguno de esos terribles dioses de destrucción en sus mitologías.
Entre el pasmo podía distinguir la gallarda forma de un joven, congraciada con filosos colmillos en una fría sonrisa que podría erizar la piel de cualquier enemigo en cercanía, él levantó con increíble paciencia su mano y el resto de los presentes corrió despavorido en dirección contraria.
Un destello devastador salió de su palma, haciendo cimbrar el planeta entero, el estallido la arrojó a los pies de su invención. Recogió los datos con toda velocidad entendiendo que no saldría viva si se demoraba un segundo más. A la distancia, ese ser pulverizaba a sus oponentes, tan rápido y letal como el verdadero emisario de la muerte. La lujuria por la sangre se decantaba en su mirar, la destreza de su habilidad en cada golpe.
—¡RETIRADA! ¡CORRAN! —Escuchó al resto de sobrevivientes gritar, más ese misterioso vengador expulsó una ráfaga de su propio ki tan grande que limpió la totalidad de entes vivos y muertos del campo. Enloquecido en una risa siniestra se elevó con la misma lentitud con la que llegó.
No habiendo caído en cuenta de la emergencia, sus piernas temblaban adivinando lo que ese sujeto desquiciado pensaba hacer.
Vio una de las naves subir con heridos y enteros, todos con la misma velocidad, levantando el vuelo sin siquiera esperar a que todos subieran a salvo.
No podía correr más rápido, aunque las ultimas fibras de sus músculos así se lo exigían a su cabeza, sumergida en la desesperación de aceptar que no alcanzaría a regresar. Mas una cara familiar la recibió con el mismo terror reflejado en sus ojos.
—¡QUE DEMONIOS HACES AQUÍ! — Le gritó descolocado el mayor, tomándola en brazos apenas pudiendo escapar del enorme destello que tocó en un beso mortal al planeta entero. El calor de la destrucción de ese enorme mundo le hizo desplegar el escudo en la nave de su invención, pudiendo con segundos huir del cataclismo detrás de su estampida.
Cuando el desastre se hizo pequeño en la distancia, suspiró con larga espera.
Un pasajero extra estaba inconsciente en el suelo, al lado de su viejo amigo, ella reconoció la figura del tipo enorme que inició la batalla.
—Creí que este bastardo habría muerto hace tanto tiempo —Bardock limpiaba las comisuras de sus propios ojos bañados en sangre, jadeando aun por el esfuerzo supuesto, retrayendo para sí la sorpresa de las condiciones de sus rivales —El testarudo cabeza dura, Nappa en persona —Se carcajeó. Su hijo, sentado con ambos codos en las rodillas simplemente escuchaba sin saber que decir, su impresión había sido tal en la batalla que estaba sobrepasado en emociones indiscernibles. Extasiado en la acción, conmocionado ante las muertes cruentas, sin embargo no podía evitar pulsar con toda la intención de batalla en sus puños.
—Ese sujeto es asombroso —declaró en una idéntica mímica a su padre —Cómo me gustaría poder enfrentarlo.
—Quien…. ¿Quién era él? —Finalmente ella se atrevió a preguntar lo que ambos neófitos ignoraban.
Y el mayor comprendió el motivo de su asombro, puesto que el mismo no esperaba que ese hecho pudiera ser posible.
—Ese es el aliado que buscamos convencer —Dijo sin más preámbulo— Vegeta el cuarto, Príncipe heredero de la casa de Vegeta, como en el viejo orden solíamos llamarle.
