Gracias por sus palabras motivadoras.

M.L : todavía le fata sufrir pero después la pasará mejor. vendrán muchos mas personajes del manga incluso y situaciones aun mas confusas, al final tu te vas a cuestionar donde quieres que caiga la moneda de cambio, pero ten paciencia, todo tiene una razón de ser y prometo que te vas a divertir. Por hoy, hay guiños a una saga que me has comentado que te gusta.

Taitsu. Briefs: Es realmente un placer que les este gustando la historia, en estos días hay pocas personas que gusten de esta clase de lectura.

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El silencio de la noche eterna en el espacio titilaba. Las estelas de dos de las ultimas naves rezagadas en el reconocimiento de la batalla regresaban. Esperando en el área de anclaje, aguardaban dos figuras estoicas.

Descendieron las capsulas de viaje estrellándose en la fría nieve azulada. Las luces rojas de las naves brillaban con mayor intensidad en la oscuridad de esa hora del día. Los tripulantes emergieron con un rostro desesperanzado, acorde a la tétrica escena.

—Lo lamento — El soldado emergió — No encontramos sobrevivientes a la explosión— Repitió con suma entereza —Todo parece indicar que… fue eliminado …o capturado.

—Esperemos no sea lo último — El más alto declaró —Es peligroso para el resto.

—No seas ridículo Shoga — La enérgica voz de la figura más pequeña declaró. Una mujer joven resguardada tras la capucha de su uniforme invernal. Soltó sus manos enguantadas dejando la postura de descanso para dar la vuelta —Aunque no haya muerto….mi padre jamás nos delataría —Afirmó retornando a la base sin un solo ápice de emoción por la noticia recibida.

Las grandes puertas de la base se abrieron, una tormenta de nieve comenzaba a arremolinarse afuera.

— Shoga— La gruesa voz de su asistente le llamó —La lista de bajas —Entregó el informe sin demora —No fue tan contundente como esperábamos.

—Es porque solo enviaron un señuelo —El oficial de alto rango continuó —Tenemos reportes de alguna clase de transmisión detectada, probablemente un artefacto de mapeo.

—¿Deberíamos preparar la retirada? — El joven preguntó.

—No — Desestimó de inmediato, su voz era ronca, producto de las peleas del pasado como uno de los mas fieles guardaespaldas del rey, su piel era moreno-olivácea, el negro cabello de un largo medio y una quijada suficientemente grande para partir el puño que osase noquearle —El príncipe los dejó ir con toda intención de atraerlos al sistema externo —Meditó en voz baja asintiendo el resto de los presentes.

—Quizá al príncipe le interese un reporte completo de lo sucedido — La chica se deshizo de su abrigo, buscando la salida más cercana. Era esbelta, de una piel mucho más clara que el resto de los miembros de su raza, su largo cabello negro con tintes plateados estaba trenzado en un elegante método antiguo. Era irónico que el hombre mas burdo a la redonda, hubiera originado un ser de tal gracia. Sin embargo su actitud reflejaba por completo la cuna de la que provenía, una brusquedad innata y testarudez que hacia frente a la de su padre.

—No lo creo—La detuvo colocándose delante de ella — Hakusa, te he dicho incontables veces que no puedes acudir ante la realeza con esa falta de decoro— La apartó de forma ruda entendiendo a la perfección sus intenciones. No era ningún secreto la fascinación que la chica sostenía por el líder de la resistencia. Habiendo sobrevivido a la peste tan pocas mujeres, todos sospechaban que era cuestión de tiempo para que el príncipe cediera a sus instintos. Pero todo parecía indicar que el heredero al trono era un sujeto sumamente trastornado en materia social. O quizá ni siquiera estaba interesado en el sexo opuesto.

Nada parecía disuadirlo de su búsqueda de poder, su conducta errática, agresiva y solitaria era motivo de murmuraciones diarias ¿Habría la guerra finalmente terminado con su juicio? ¿Hacían bien siguiendo órdenes de un joven sanguinario? Pero después de mucho tiempo la respuesta había llegado a sus puertas. La transformación había sido recibida con la misma alegría con la que hace tantos años habían derrotado a los dueños del imperio del hielo.

Después de la plaga, un gran numero de desertores se habrían unido a sus filas, del mismo modo criaturas errantes, de otros mundos destruidos buscando un refugio y para sorpresa de todos los allegados a la antigua corona, el príncipe no había negado dichas alianzas. Siendo una de ellas la principal por la que esa transformación habría llegado finalmente a su linaje.

….

En otro lugar, camino al nuevo palacio, la principal implicada en los cambios recientes, meditaba en todos los años que habrían tomado para llegar a ese momento de la historia.

—Celipa — Le saludó sin condescendencia, solo siguiéndola hasta el resto del tramo donde su líder se encontraba. Ella no respondió, estiró simplemente su pálida mano, recibiendo del otro los detalles de la operación. Sus ojos antes rasgados ahora revelaban el verdadero número de su edad, apareciendo algunas arrugas visibles producto de los años de angustia intentando sacar a flote a la última resistencia leal a la casa mas antigua del planeta.

—Todo ha salido de acuerdo al plan — Ella contestó —Pero no podemos bajar la guardia hasta encontrar la debilidad que buscamos.

—¿¡Que más necesitamos!? —Shoga protestó — Ya es un super saiyajin —

—No conoces el poder de batalla del legendario — Susurró en baja voz —Nuestro príncipe es fuerte, el más fuerte en su línea después del gran Yamoshi — Continuó oteando la sala contigua, donde el tercero en cuestión realizaba un entrenamiento de rutina —Pero él mismo sabe, que aún no es suficiente.

—¡Embustera mujer! — El hombre resopló conteniendo un ataque de furia —¡Has llenado su cabeza de ideas indignas! Los acuerdos, ¡Los maestros! — Mordió su propia lengua intentando controlarse —Has estropeado nuestra tradición en pos de seguir prolongando la batalla y ¡¿Que ganas tu con eso?! — Espetó — ¿Tienes miedo de perder tus privilegios como consejera?.

Pero la mujer no contestó. Simplemente dedicándole un vistazo indiferente. Tiempo atrás habría sido considerada una soldado de la clase más baja. Cuando el tiempo de la guerra civil tocó a su puerta, se decantó por la lealtad jurada por su casa a la antigua casa real. Hecho que muy pocas líneas habían seguido y hecho a su vez, que le habría ganado respeto entre sus nuevos aliados. Considerada una vergüenza en estándares de poder, había conseguido escapar salvando al heredero en una maniobra inesperada. Era esa la prueba viviente de que una mente poderosa puede vencer a la mas temible de las fuerzas. Y de ese modo habría alimentado las esperanzas del futuro rey, convenciendo sus pasos altaneros de tomar el rumbo adecuado en la adolescencia, demostrándole nuevas formas de aprender a combatir, de liberar su conciencia y habiéndole conocido de ese modo, entendía lo que no se atrevería jamás a delatar delante de las filas de su causa: En el fondo, el príncipe era astuto, pero una sensible alma justa.

'Olvida tus privilegios' le decía 'olvida lo que fuiste, reconstruye lo que eres' entrenaba la mente caprichosa de un casi niño, quien en su vida pasada habría tenido todo a su disposición. Siendo despojado de todo privilegio por las leyes antiguas que valoraban en mayor medida la fuerza que la capacidad de gobernar. Pero todo eso cambiaría y la historia reconocería el valor de los elementos más miserables, como pesas que inclinan la balanza en favor de las mejores estrategias.

—No estas poniendo tu espíritu en ello — La voz de uno de los elementos más útiles encontrados en el viaje le declaró — No podrás alcanzar tu máximo potencial si no renuncias a lo que existe en el presente.

—Suficiente — El joven saiyan desistió del entrenamiento.

—Namekiano — La mujer le llamó —Toma tu descanso y permítenos hablar con su alteza.

El joven de piel verdosa asintió. Realizó un saludo respetuoso retirándose de inmediato.

En el centro de la pulcra habitación blanca, el líder de la resistencia secaba el sudor de su frente.

—Príncipe Vegeta — el líder de sus tropas le reverenció — Traje los informes solicitados, estamos listos para seguir el siguiente paso de sus planes —Anunció colocando los documentos en la mesa contigua.

Pero el joven no respondió, secó el resto de su cuello y sin prestar especial atención a lo dicho salió por la puerta, dejando solos a los dos militares. Celipa entendía lo que pasaba. Esperó después de escuchar las quejas de la conducta maniática presenciada y cuando el otro se hubo retirado, decidió alcanzarle en su área de retiro personal.

La noche pronto daría paso al día y cuando un sonido abrió las puertas, él sabia de quien se trataba.

—Lárgate Celipa — contestó sin poner interés en su visitante.

—No puedes darte el lujo en estos momentos de desaparecer otra estación— Prosiguió acercándose sin temor alguno. Detrás de esas paredes no hacia falta fingir esa despiadada pantomima.

—Creí que bastaría la transformación — Gruñó desde lo mas profundo de sus rencores —Sin embargo, las lecturas de las crónicas dicen que ¡no lo es! — Golpeó el dintel del balcón donde descansaba, derrumbando parte de su estructura en la rabieta.

—No puedes vencer solo con fuerza bruta lo que probablemente lleva magia en su hechura — comentó ella en el mismo tono neutral, el borde de su abrigo desgastado se atoraba en las pequeñas imperfecciones de la baranda del balcón.

—La alianza con ese insecto mágico no puede conferir esa diferencia — Le contradijo — El poder del legendario es exponencial según lo requiera, compartimos la misma sangre antigua y conozco bien la leyenda — Se recargó en la pared cruzando los brazos —He hecho todo lo que se esperaba de mi, incluso aceptar el entrenamiento de… otras razas— Respiró —Y aun así, no es suficiente — musitó con la frustración en la punta de sus nervios.

—Encontraremos la forma —afirmó ella una vez mas.

—¡Basta! — Exigió con una tenebrosa mirada furtiva en su dirección —No necesito tu maldito consuelo.

—Ellos nos buscarán, nos darán la clave si observamos con detenimiento — Continuó sin prestar atención a las amenazas — Tarde o temprano una señal llegará — Contestó con una fe casi risible —Estas listo para enfrentarle, pero debes liberar tu espíritu de las cargas.

—Ya comienzas a hablar como Neil — Resopló retomando el ceño fruncido usual.

—Él me ha informado de ello — Admitió observando la nevada mezclada con la claridad del amanecer —Todos tenemos que crecer Vegeta, no solo en fuerza sino en entendimiento. Sigues aferrado a tu carga y te alimentas de la frustración de tus fracasos. Has olvidado el orgullo de tu legado.

El silencio mortal en la mueca de incomodidad de su oyente, le anunció que no era un buen momento para señalar dichas debilidades. Reclinándose en el balcón ella exhaló, dejó pasar unos minutos antes de ponerse en pie y hacer una reverencia dispuesta para retirarse. Era ya demasiado mayor para lidiar con el frenesí del joven volátil. Cerró la puerta dejándole detrás.

Pero él no descansó la idea. Había sido grandioso disfrutar una vez mas una batalla con ese poder corriendo por sus venas, el triunfo de una era de disciplina y sacrificios cobrado en un legendario tesoro. Sin embargo, no adquiría el sentido que persiguió desde un principio. Había de por medio un enorme trecho de compromiso, ensombreciendo el resultado.

Esa fe, esa maldita fe que todos parecían tener sobre él; la admiración de su gente le quitaba el atractivo a la disputa por su derecho a reclamar el trono. Su objetivo siempre fue el ser el mas fuerte, sin importar nada más, creciendo como una joven promesa de su estirpe hasta que fue opacado por un sujeto de menor rango, quien le arrebató su derecho de nacimiento. Al principio la envidia habría carcomido todo su temple. Después de la guerra, haber perdido todo respeto y ganado toda humillación, mermó sus esperanzas de recuperar su lugar en la historia. Sin embargo la vida habría puesto otro camino a su disposición y el poder regresó con nuevas clausulas.

Era el segundo más fuerte en ese momento de la historia de su raza. Pero eso no le bastaba y menos así parecía, cuando en todos esos años había aprendido otra dura lección: Ahora otros dependían de él.

Se habrían sumado a sus esfuerzos otras razas devastadas, proporcionándole voluntariamente una ayuda impensada: refugio, conocimiento, tecnología, comida y auxilio. Sin que ellos se lo hubiesen arrebatado como dictaban los antiguos preceptos de conquista. Una nueva faceta, para la que el caprichoso expríncipe de los saiyanos no estaba preparado. Se habría visto obligado a tener esa coexistencia simbiótica que al principio repudiaba, tachándolo de debilidad, de deshonra y fastidio. Más, con el tiempo, la admiración con la que le observaban permeó su ser, el papel del salvador nunca fue de su agrado: ahora no podía escapar de sus embriagadores efectos secundarios.

Así tuvo que reinventarse. El modo en el que las multitudes se abrían ante su paso era trastornador, haciéndolo no por temor a ser aniquilados sino por respeto a su presencia. Le adulaban en todo rincón donde posaba sus pies, se inclinaban sin seña de sumisión, sino el puro gusto de reconocer su fuerza como la causa de la supervivencia de sus protegidos. Estaba seguro que ningún rey anterior en vegeta-sei había conocido tal experiencia, nunca esperó tener tal complacencia proveniente de criaturas que en un pasado consideró insignificantes, ahora fieles vasallos dispuestos a seguirle en cada batalla sin importar las condiciones.

Y lo odiaba. En verdad lo hacía. Por ello se apartaba del resto, trabajando en su imagen de hombre solitario, de príncipe despiadado con un temperamento sumamente inestable. Acto que los demás estaban aprendiendo a pasar por alto, siempre buscando acercarse de algún modo.

Insoportable en realidad. Del mismo modo que esa preciosa mañana nevada se extendía plena, indiferente a sus preocupaciones en el horizonte del oscuro bosque.

—Estúpido Nappa — Susurró — Espero que hables de esto a mi padre en el infierno— Suspiró con una débil sonrisa, dedicando esa triste memoria a la caída de quien hubiese sido su inseparable guardaespaldas por tantos años leales.

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—Un super saiyajin — Masculló con mas furia de la debida.

Las imágenes no mentían. Nítidas como insoportables. Tantos años después, ahí estaba la semilla presagiada de su desgracia.

—No es posible — Horen tallaba su rostro esperando encontrar una mejor frase que externar. Del mismo modo la noticia desperdigada debía estar sembrando caos en las directivas militares del planeta. Todos los rumores eran ciertos, a esa hora todo ser de nula importancia debía saberlo y el tener opciones parecía ser un mal momento para la población irreverente.

—Las lecturas de la bitácora no mienten — El asombrado Beets leía los estatutos a los generales presentes —Los pocos sobrevivientes dicen que la ofensiva fue imposible de sostener. Ni siquiera las tácticas defensivas pudieron ser desplegadas.

—Ese miserable engreido — resopló el rey conteniendo su ira — No se cómo lo logró, pero sigue siendo insuficiente para vencer a nuestro propio prodigio.

El único elemento silencioso, un saiyan de mórbida estampa, contempló el intercambio sin cambiar su estado sigiloso. Asintió a las tareas impuestas tomando la propia iniciativa de investigar a fondo los detalles de esa nueva información. Camino hasta el sitio donde uno de sus furtivos espías ya le aguardaba. Le instó a seguirle fuera de palacio, volando hasta el limite del lago donde pudiesen hablar sin preocupaciones.

—Perdimos la mitad del batallón Lord Panbukin— Contestó en baja voz sometido por sus propias heridas.

—¿Qué hay de los dirigentes? — Preguntó con especial interés

—Kaboch está en un tanque —contestó con débil voz —Bardock desaparecido.

—Debemos esperar unos días mas por aquellos que hubiesen usado las capsulas de emergencia— observó más para si que su oyente.

—Su hijo estaba en batalla con el — Se apresuró a informar —y esa bribona arribista— el escuálido hombre agregó— debo informarte que sospecho, es también una clase de inventora — —encontré un pequeño droide con algunos hilos de su vestimenta el día que los seguí— sacó de su bolsillo la evidencia casi destruida —Debió perderlo cuando el ataque de la otra terrícola sucedió.

—Es muy probable que hayan encontrado la forma de burlar nuestra seguridad— las gruesas cejas del rostro redondo se endurecieron prestando sumo interés en el robot en sus manos. Los minutos pasaron, siendo su oyente incapaz de adivinar lo que acontecía en esa oscura mente.

—No tomemos decisiones apresuradas — Panbukin instó —Si Bardock es un traidor, en muy poco tiempo intentará algo que le delate— aseguró sin prestar mas pensamientos al hecho —ese tipo de droides son saboteadores de potencia menor. No tiene sentido soltarlos en un sitio del tamaño de un palacio e indumentaria mucho más complicada como una nave— aguzó la vista sobre el contenido del artefacto—Quizá estaba planeando proporcionarse a sí misma seguridad frente a dispositivos de encarcelamiento.

—Podemos llamarla a interrogatorio — El asistente relamió su labio superior. No había algo que le produjese mayor desagrado que un ser con aspiraciones superiores a la de su clase. Siendo el mismo un trepador social por causa de sus amistades favorecidas, era un recordatorio de que tarde o temprano otros intentarían el mismo camino. Reconocía esa peligrosa calaña.

—El hijo de Bardock no lo permitirá — Su jefe admitió —He sabido que el sujeto se ha metido en mas problemas por su hembra de los que el mismo Bardock en toda su vida — suspiró ante la imposibilidad de ese útil elemento de información—De ningún modo dará su consentimiento como su poseedor legal — Guardó en su ropa el robot que inspeccionaba —No podemos declararlos traidores sin motivo alguno, las provincias empiezan a mostrar su inconformidad con nuestros métodos, se acrecentarán con los rumores de una resistencia interna.

—Lo que mas temes es enfrentar la ira de ese bastardo— Una voz familiar intervino en la distancia, aterrizando de forma petulante ante el par de saiyanos sospechosos —he escuchado que tiene un poder sumamente impresionante.

—De que sirve gobernar un reino sin súbditos —Ignoró el estatuto anterior dirigiéndose directamente al intruso— si continuamos apretando el cuello de nuestro pueblo, mas desertores hallarán el camino a los bastos brazos de la insurrección.

Aprovechando la distracción el otro se escurrió entre las sombras de palacio evitando todo contacto visual.

—¿Y que propones Panbukin? — Horen soltó con una risilla —¿Visitar a tu viejo amigo y esperar que te revele sus planes?

—No lo creo —Caminó de forma torpe alejándose de la interacción que no pretendía prolongar —pero tengo una mejor solución — Sonrió dando una seña de despedida —y esta vez será una espía de la que jamás sospecharán.

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Un balde de agua helada le regresó la conciencia. Los colores amarillentos anunciaban con toda claridad donde estaba, tosió sacando los residuos de agua en su boca. Hace unas horas que hubiesen aterrizado en la lejanía de los puntos menos poblados del planeta.

En su frente estaban las tres figuras responsables de su secuestro y para su mayor confusión únicamente reconoció a uno de ellos.

—Bardock — escupió a sus pies — Maldito oportunista de tercera clase— Rabió cayendo en cuenta de su vulnerable estampa. Atado con algún tipo de dispositivo que bloqueaba la reacción del resto de su cuerpo. Molido a golpes por el clon supercrecido de su odiado congénere. Y esa extraña criatura delicada en medio de ambos, atreviéndose a darle un vistazo de superioridad con un control entre manos. Que manera deshonrosa de acabar sus días.

—Guarda tus amenazas cretino — El capitán demandó — Ahora hay algo que debemos discutir antes de que abandones este mundo — le sonrió con cinismo agachándose en cuclillas hasta alcanzar su rostro.

—No te diré nada malnacido — Gruñó con terquedad — Así que puedes tomar a tu banda de inservibles basuras e irte al infierno.

El jefe de la operación hizo una seña a la joven quien de inmediato presionó los botones específicos en su control. El enorme hombre sucumbió ante las potentes descargas, incapaz de comprender como un invento tan simple le doblegaba de modo tan vergonzoso.

El saiyan más joven les miraba con inseguridad, ciertamente no le gustaba lo que estaba presenciando y no comprendía el propósito de brindar ese trato a un ser vulnerable. No cuestionaría los métodos de su padre y Bulma, pero en definitiva no le agradaban los medios que estaban ejecutando.

—El príncipe vengará mi muerte— Aseguró entre dientes — Todos ustedes enfrentarán su ira muy pronto.

—¿Qué tanto? —Preguntó de nuevo el cabecilla de la operación.

—¡Pronto! — Gritó una vez más —No imaginan el alcance de sus poderes ahora — Sonrió disfrutando el rostro inexpresivo de los otros dos —¡Todos ustedes morirán antes de que llegue el invierno!

—Eso lo resuelve todo — Bardock se dirigió a la extraña mujer zarca.

—No tenemos mucho tiempo para partir — Ella le contestó como si entendiese lo que el otro planeaba. El mayor asintió y de inmediato cayeron al suelo los restrictores que contenían al supuesto prisionero.

De golpe se levantó y atacó a quien consideró el ser más débil. Pero una impenetrable defensa se interpuso en su camino. Era el mismo joven que le habría dejado inconsciente de un solo golpe, ahora le sostenía en el aire, habiendo sacado su respiración con un gancho al plexo. Sin esfuerzo le sintió dominarle, sosteniendo su brazo en una llave inversa que le arrodilló de inmediato.

—Tranquilizate Nappa— El mas viejo de sus enemigos visibles se cruzó de brazos —Puede que te sorprenda lo que vas a escuchar, pero buscamos una audiencia con tu líder.

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—Gine — Raditz golpeó la mesa en el cuarto central donde su madre le mantenía envuelto en pláticas triviales —¡Debes decirme lo que esta pasando!

—No se de donde has sacado esa idea —Asustada admitió sin prestar atención al acto —tu padre debe estar bien y en camino a reportarse — asintió con una seguridad digna de premiarse—Pudo utilizar una de las capsulas de escape que están por llegar.

—No soy tan ingenuo madre— el otro replicó —no habría llevado al mentecato de Kakarotto y su mujer de no haber tenido una idea mayor en mente.

—El fue encargado de mapear el rastro de los cursos en naves enemigas —Repitió la orden de embarque con gran convicción —No se si tuvo éxito en ubicar los sitios de colonias rebeldes —suspiró —pero espero que se encuentre bien —dedico un vistazo acusatorio a la poca consternación en los ojos de su hijo.

—Bulma es brillante —Una anciana voz emergió por la puerta tomando asiento entre ellos —encontró una manera de escapar y estarán de regreso muy pronto — dedicó un vistazo al joven saiyan quien no dejaba de escudriñarle con desdén.

—¿Lo sabes anciano? — Espetó —Porque tu seguridad me indica que entiendes exactamente lo que esta ocurriendo.

El mayor solo sonrió, poniéndose cómodo para tomar la bebida en su mano a gusto. Al entender que no obtendría nada de boca de los entes en su antigua casa, decidió que quizá era tiempo de desistir.

—Debo irme, el cuartel de la ciudad del este es un desastre — Soltó de forma casual, limpiando el polvo en sus piernas —todos deliran con el regreso de otro super saiyano, parece que han olvidado que todavía tiene que enfrentarse a un poder mucho mayor — se sonrió caminando hasta la salida del complejo.

—Creí que en un pasado el príncipe era tu amigo— Su madre le enfrentó sorprendida de la poca empatía en sus palabras hacia aquel que alguna vez fue parte de su escuadrón de batalla.

—No creo que ese maldito engreido entienda por lo menos el concepto de amigo — murmuró con amargura —es un malcriado ensimismado— arqueó una ceja regodeándose en el recuerdo—pero hay que darle crédito por su fuerza— se encogió de hombros sin interés por continuar—adios, no dejes que esos esclavos acaben con tu despensa.

—¿Como pudiste saber el momento en que llegaron? —Gine volteó hacia el anciano entendiendo a la perfección la causa de su intervención y su aparente tranquilidad.

—Es una técnica sencilla para tu raza — El otro admitió mostrando todos los dientes en una franca sonrisa coqueta —te enseñaré a percibir el Ki de tus seres queridos.

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Abrió los ojos ante la luz que se colaba en la puerta, no sabia si habrían pasado días, semanas o el tiempo intermitente entre ese brutal castigo y su precaria consistencia tampoco facilitaba el conteo del tiempo.

—¡Tu! — El guardia la llamó —Tu amo ha venido a reclamarte— avisó haciéndose a un lado para dejar pasar al cuerpo del gordo saiyan que la buscaba.

Y Milk saltó a la defensiva, sospechando con terror la causa por la que, el sujeto que tanto daño le habría hecho, se encontraba en ese lugar. Cubrió sus piernas y torso semidesnudo, otorgándole una fiera mirada de odio sin aprensiones.

—No te ofusques mi pequeña rebelde — El otro contestó divertido por la acción observada — no tengo interés de mancharme en la mugre que estas cubierta… o ese terrible olor— tapó su nariz en altiva pose, señalando a los guardias que ingresaran. El par de hombres traían consigo un par de baldes de agua, de forma inmediata comenzaron a desvestirla y verter el liquido sobre ella. Cerró la joven los ojos, esperando el dolor del frio instalarse en su piel, sin embargo se sorprendió al ser tocada por una tibia sensación, el olor sumamente agradable de lociones desconocidas y el trato sumamente delicado detrás de los supuestos cuidados que estaban decantando sus verdugos sobre ella. No podía dejar de mirar en dirección a su captor, esperando el momento en que realizara alguna vileza en su contra.

—Estoy dispuesto a hacer un trato contigo— admitió tomando asiento de manos de otro de sus asistentes, interesado en cada devenir del rostro de la chica, pese a las condiciones inmundas en las que la mantenía, seguía manteniendo un semblante digno y de cierto encanto.

Ella soltó una risilla incrédula, de golpe soltó la mueca y escupió a los pies de su dueño. Este se levantó y la tomó del cuello apretando con doloroso castigo. Sin embargo le sonrió del mismo modo casi condescendiente.

—Siempre una fiera criatura ¿no es así? — Deslizó su mano hasta llegar a su mentón —La hembra de tu especie tiene suficientes encantos para mantener interesado al que esté dispuesto a pasar por alto su carencia de poder— le susurró sumamente embelesado deteniendo la vista en los sitios que bien conocía—Pero no vengo a reclamar mi posesión sobre ti, humana — La soltó de golpe en el suelo, de inmediato tronó los dedos y el par de sujetos comenzaron a vestirla con prisa. Discretas ropas oscuras livianas, sin los ridículos bordes sensuales que debía portar toda esclava doméstica de placer.

—Estoy dispuesto a negociar los términos de tu liberación— Soltó tomando espacio hasta recargarse en la puerta de la pestilente mazmorra —A cambio de un servicio mucho más interesante— Le miró de reojo, sabiendo que habría adquirido toda su atención.

—Quiero una muestra de tu buena voluntad— Soltó ella a media voz, apenas capaz de hablar.

—No estas en condiciones de solicitar algo — le respondió casi burlándose del atrevimiento, mas había algo en su voz que le hizo desistir de silenciar ese atrevimiento, arqueó una ceja esperando saber la razón de ese despliegue de valentía.

—Concede el traslado de mi maestro — se aventuró a externar, incapaz de seguir prolongando la incertidumbre de su paradero o condiciones — Prometo mi cooperación absoluta a cambio de ello.

El hombre la contempló largamente, escogiendo muy bien lo que proseguiría a admitir, había una oportunidad de oro en esas palabras, toda su vulnerabilidad expuesta sin motivo para desconfiar en alguna clase de truco. Sabia que el estado mental de sus torturados no soprtaba tanto como lo que esa terrícola habría llegado hasta ese momento.

—Te concederé su libertad, Milk — Garantizó sin miramientos— Así como nuevas condiciones de vida…—Prosiguió — Si a cambio me das toda información que requiera de los integrantes de la casa de Serika.

Ella se congeló, comprendiendo a quienes se refería. Incapaz de ocultar su reacción con anterioridad, volvió la vista al suelo.

—Así es— Su amo continuó —Los causantes de que te encuentres en este castigo— aseguró acercándose como una serpiente conspiradora — entrégamelos con todas las pruebas que les condenen y a cambio obtendrás toda licencia para largarte con los tuyos al planeta desolado que desees.

—¿Por qué yo? —preguntó saliendo de forma inesperada esa confesión de culpa.

—Tu lo sabes— el finalizó indicando al resto que la trajeran con ellos —Te daré pase libre en la mazmorra de palacio para que busques al hombre del que hablas— prosiguió sacándoles de ese húmedo y oscuro rincón — tienes solo un día para pensarlo.

Y de ese modo se retiraron todos, dejándola a su suerte. La duda le asaltaba al mismo tiempo que sus huesos dolían. Se sentía sumamente indigna por considerar sus palabras. Sin embargo, había en ello la promesa de derribar las ataduras a las que se habría aferrado hasta ese momento. Quizá no habría mejor oportunidad para terminar con el calvario vivido. Camino a débiles pasos hasta el sitio donde esperaba aun encontrar con vida a su maestro. Quizá él brindaría mas luz a sus dudas.

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Los murmullos de las criaturas de la noche eran las únicas fuentes de vida escuchables a la redonda. En completo silencio todos esperaban la señal de ingreso de sus camaradas.

Veloces entre la oscuridad, finalmente los esperados aliados llegaron a las puertas del lugar donde ocurriría el interrogatorio.

Atado, silenciado y cegado de formas indignas, Nappa finalmente recibió la bienvenida de una bocanada fresca de aire siendo dispuesto de la sucia bolsa que lo transportaba.

—De estar libre te daría una lección por tratar a la nobleza de este modo —Rugió el gigante en dirección al líder de ese pequeño grupo —¡Miserable hijo de tercera!.

A su alrededor se sumaban un cumulo de criaturas que intuía tampoco poseían grandes poderes, seres que no había visto jamás y suponía pertenecían a la especie de la mujer que ya conocía.

—Como si pudieras hacerlo — La joven le enfrentó —Considera el transporte encubierto una mera cortesía —levantó la bolsa del suelo burlándose de su estampa.

—Que demonios quieres de mi Bardock— El corpulento sujeto desestimó su intervención concentrándose en el único que consideraba digno de escucharle.

—Te hemos dado evidencia suficiente de nuestra intención —El aludido resopló —tenemos el mapeo de los dos sitios mas probables —admitió demostrando su evidencia —Pero ahorraremos mucho más tiempo si nos dices como contactarles— Se aproximó examinando los gestos de su rehén.

—No me tomaría tanto tiempo adivinarlo por mi cuenta — La humana prosiguió acercándose del mismo modo.

—Ninguna esclava tendrá el honor de recibir siquiera mis insultos — Rabió en baja voz sin siquiera mirarla.

—Ella no es una esclava — El saiyan clon de Bardock le interrumipó —¿Ustedes también practican esa injusticia? —preguntó en un tono divagante entre molestia y curiosidad.

El cautivo guardo silencio escondiendo una mueca de profundo desagrado ante esas palabras y lo que diría a continuación.

—No — Admitió avergonzado —Pero no entiendo porqué desistir de un hecho tan apropiado para enseñar a los inferiores su lugar— repasó con odio a todos los presentes —Nuestro príncipe no necesita su ayuda — Les despreció —ustedes mismos lo vieron, no tiene rivales que puedan igualarle.

—Tu sabes que Broly tiene un poder de mucho más alcance— Bardock interrumpió sus aires de grandeza —tengo dos regalos de buena fe que presentar ante tu líder, ventajas que seguramente harán una diferencia— Meditó con la vista perdida en algún horizonte —Pero no puedo asegurar una alianza sin antes acordar los términos de ella.

—No hay forma de que él les recibiera—Resopló altivamente con gestos de aversión—Muy probablemente pulverizará su nave al momento de percibirlos.

—No si enviamos un emisario en quien confíe resguardando nuestra promesa.

—Y que te hace pensar que llevaré tu mensaje con tal disposición — Le cortó intentando levantarse torpemente siendo de nuevo sentado en su lugar —en lo que a mi respecta todos ustedes pueden morir calcinados por ese ataque y no me importaría ni mi suerte

—Puede que tu no recuerdes los limites del poder del legendario— Bardock insistió con gran paciencia —Pero yo estuve ahí cuando todo ocurrió— ensombreció su semblante —Paragus usará esa fuerza para destruir cada mundo que encuentre, será cuestión de días para que ubique su escondite, puedo servir para detenerlo un corto periodo, pero tarde o temprano los encontrará — aseguró con la seguridad de un profeta— y Vegeta no estará listo para ello. Lo enfrentará y perderá derrochando su vida en este segundo encuentro.

—¿Por qué quieres ayudarle?— Nappa soltó en un tono más confundido que amenazador.

—Porque ningún imperio construido bajo la tirania perdura — habló con plena conciencia de sus palabras —Su ambición esta condenando nuestra forma de vida — caminó hacia el exterior de la plataforma en su casa — mira a tu alrededor, el decrépito planeta al que regresas — señaló la deslucida estampa de la ciudad —la galaxia misma escucha nuestro nombre como sinónimo de caos, hasta el momento en que el dios de la destrucción despierte y no tenga más opción que exterminarnos para conservar el balance.

—Has dedicado mucho tiempo para meditarlo — El tozudo exgeneral arqueó una ceja incrédulo.

—No me agradará escuchar en el infierno que nuestra raza es solo un mal recuerdo en la historia del universo —Se carcajeó su excolega entendiendo su renuencia —Prefiero el termino leyendas.

—Que te hace pensar que el príncipe tiene interés en regresar algún balance al universo —Probó la veracidad de sus creencias —-Eres un pobre iluso si crees que él no puede subyugarlos del mismo modo.

—Palabras duras para desmentir tan acusadores rumores —Bufó dando la vuelta para traer a colación uno de los secretos mejor guardados de sus viajes pasados. De una pila de artefactos en los empolvados estantes, sacó un disco holográfico tan viejo como el inicio de los rumores de la supervivencia del joven heredero auténtico.

Lo colocó al centro de la mesa de piedra, proyectándose al instante el mensaje deteriorado de una joven de colores oscuros, sosteniendo un infante asustado.

—…De lo demás no habrá tiempo…. —la entrecortada grabación viraba entre el rostro borroso de la joven rebosante en pánico y el escenario caótico detrás—…búscanos en el tramo S-71, curso medio de Arlia…—Los ruidos en la batalla intensificaban — cruzaremos la frontera de la resistencia saiyan para pedir asilo.

La transmisión terminó. Dejando con la boca abierta a mas de uno en esa pequeña sala.

—¿Resistencia Saiyan? —

Todos los presentes devolvieron la vista al principal implicado.

El enorme guerrero miraba sin animo de contestar, simplemente apretando los dientes.

—¿Por qué buscaría una criatura de tal vulnerabilidad resguardo entre los mismos seres que masacraron a su planeta? — Su congénere de generación insistió acercándose aún más a su prisionero —De no ser porque el rumor de un trato justo fuese convincente.

—¿Entonces ustedes son los buenos? —Sorprendido y en gozosa estampa Gokú interrogó.

—Que una maldición caiga sobre tu sucia boca — Respondió el mayor sumamente ofendido —¿Cómo planeas que salgamos de este maldito nido de traidores sin ser detectados?.

—Eso es mi especialidad, tonto incauto — Bulma se relamió ante el reto que eso implicaba—Te encuentras frente a la mente más privilegiada de este mundo— Cerró los ojos complacida en su propia presentación.

—Privilegiada para blasfemar — Gruñó Nappa pasando la vista entre sus captores ganando una risa floja del resto—Malditos sean todos ustedes por dejarla llegar hasta este nivel de sacrilegio — Espetó volteando el rostro ante la burla—Prometerse a una esclava — escupió a los pies del supuesto consorte implicado en ese estatuto.

—Supéralo — La intrépida joven le ignoró acercándose sin temor a su prisionero —Ahora dinos….¿Tenemos un trato? — Lo miró fijamente buscando un mero atisbo de doble intención.

Nappa repasó los rostros de todos los presentes, la colección mas extraña de aliados temporales, que por alguna razón se presentaban de forma tan afortunada. Confiaba en la fuerza de su líder, sin embargo, el uso de la confianza ciega muchas veces antecede a las consecuencias mas desagradables. Las probabilidades de que se encontrara frente a una trampa eran altas, no encontraba razón alguna por la que un miembro de su raza encontrara razones tan endebles, como la justicia social, para esgrimir como estandarte de juicio. Pero del mismo modo, ningún otro ser de su estirpe habría albergado con tanta estima criaturas de tan poco poder natural.

Quizá solo se trataba de un hato de locos buscando escapar de un sistema de opresores. Cual fuese la situación, no encontraba manera en la que un simple cumulo de seres endebles pudiese perjudicar de ninguna forma al príncipe más fuerte en toda la historia de su línea.

Habiendo asentado ese pensamiento, la decisión ya estaba tomada.

_..._

Al margen de la villa de su amo, sentada en una de las pequeñas colinas en la distancia. respiraba la terrícola por primera vez el aire puro, sin temor a ser reprendida por la quietud de sus acciones. Suponía era el deleitable inicio de la treta subsecuente, por haber vendido su alma al peor demonio. Sin embargo, no pretendía indagar en la moral implicada. Necesitaba ese consuelo, necesitaba esa sensación falsa o no, de libertad. A la distancia los ruidos de la ciudad avisaban el curso del tiempo, pero en su mente la batalla aun detenía el pensamiento coherente. Una lucha interna por discernir lo que importaba de lo que no, lo correcto, de lo necesario.

—No puedo hacerlo — Cubrió su rostro con ambas manos la alguna vez princesa, resintiendo las marcas de golpes aun recientes. A un espacio corto se encontraba la figura imperceptible del maestro Tsuru, en un estado casi desahuciado. Envuelto en rústicos vendajes trabajaba en curaciones antiguas con los recursos disponibles sobre el cuerpo de ambos. La carne de su piel dejaba denotar los huesos de su poseedor.

—Es la única oportunidad— Contestó él, cubriendo con un cataplasma las peores heridas infectadas en sus piernas, así como la lacerada espalda de la joven—Olvida las ataduras de tu pasado, es la forma que el destino tiene para darnos libertad— Exhaló disfrutando del mismo modo el fruto temporal de la única aliada en su cautiverio.

—Deberíamos resistir más tiempo— Ella afirmó con una férrea convicción. Rendirse a los estándares de sus captores era deshonroso. Mas no visualizaba la forma de encontrar mejores términos para subsistir a ese martirio. El precio pagado quizá valía el pequeño respiro, el refugio temporal construido, fuera de la propiedad de su amo, le ayudaba a tener una vaga sensación de seguridad. Despedirse de los abusos era quizá el mejor intercambio de todos, a pesar de poner en juego la seguridad del resto de supervivientes de su raza. El frio viento anunciaba el cambio de estación. Tendría un par de días para dirigirse al sitio donde la trampa debía ser interpuesta. Una cabeza por su cabeza y desgraciadamente eso llevaría a tomar las vidas del resto de seres dependientes del líder de esa casa… incluyendo la del hombre del que estaba enamorada.

—Alguna vez también creí que debíamos ser inflexibles en convicciones—Su maestro continuó —pero el tiempo asienta la sabiduría—Recordó los hechos vividos en la derrota de su propio maestro— Viviremos otro día para planear una venganza de manos de otros seres inconformes — respondió con debilidad, retomando su tarea—Se habla de seres que pronto retarán al imperio, entre ellos se destruirán… seremos libres para vivir la mejor forma de venganza— Suspiró contemplando el bello atardecer, después de tanto tiempo —Sobrevivir a ellos.

—¿Como podré engañarles? — Milk prosiguió insegura de su deber — No hay forma de que confíen en la mujer que atacó a una de los suyos— Se abrazó las piernas, cansada de toda idea negativa que inundaba su ánimo.

—Lo hay si logras convencerlos de lo que ven— Soltó sin más, recordando el más duro entrenamiento de uno de sus discípulos fallecidos. El secreto mejor guardado de su escuela, el control psíquico sobre mentes confiadas.

—Hay muchas formas de dominar a una mente enemiga— Le sonrió —Y yo te enseñaré a engañar a los ojos de tus oponentes.

—¿Cómo es eso posible maestro? — Volteó el rostro a su dirección, con un interés casi religioso.

—Te convertirás ante sus mentes— Pausó contemplando sus opciones —En uno de ellos.

_..._

La escuadra de integrantes aguardaba con sus poses impertérritas aun ante la inclemencia del clima. La tormenta de hielo caía sobre las auras de dos de ellos, siendo otros dos protegidos por estructuras especializadas.

—Están tardando demasiado —La voz femenina se quejó.

—Levanten su defensa — Ordenó otra joven a la fracción más débil —Aquí llegan.

La inercia del aterrizaje disipó algunos fragmentos de la atmósfera, arremolinándose en desorden frente a la entrada del portal sobre una nave triangular de tamaño medio. Al frente, la figura conocida descendió por la rampa simplemente evaporando los remanentes de hielo a su alrededor. Detrás, dos misteriosas figuras murmuraban entre ellos, cubiertas en una oscura capa térmica energética que impedía visualizar sus caras, descendían con total calma y solemnidad.

—Padre— La líder del escuadrón le saludó sin recibir atención alguna del mayor, quien en seguida se colocó a un lado.

—¡Cheelai! Escanéalos — Ordenó de inmediato a su subordinada. Otro saiyano y dos humanoides de menor estatura. La ruda joven de piel verdosa y cabello plateado se acercó sin temor, sosteniendo un arma y el escaner a una distancia prudente, vigilada por un sujeto de piel naranja cubierto en toda tela que le protegiese del crudo frio.

—Están limpios —Declaró después de unos segundos, dando el resultado de la lectura a la vista de todos. Mientras la misteriosa mujer encapsulaba en un diminuto contenido la nave en la que llegaron, el resto de integrantes les esposaron con bloqueadores, conduciendo a los invasores hasta una pequeña nave de transporte interplanetario.

Después de una breve escalada entre sitios. Finalmente llegaron a los hangares a los pies de un magnífico castillo blanco. Fueron liberados sin rastro de amabilidad. Algo que ambos no parecieron notar, perdidos en la vista del sitio. La indumentaria del gran edificio contrastaba en gran medida con los avances tecnológicos, construido de alguna clase de roca de lisos bordes, casi traslúcida blancura decorada con la nieve perpetua en sus alrededores. La vegetación colosal apenas cubría sus regiones medias, el par de intrusos se preguntaban que clase de seres sobrevivirían al arrasador frio de las ventiscas que hacían eco en los muros, sin protecciones en la construcción.

Al entrar, lo único que conservaba acorde a la fachada antigua era el piso, aun de un blanco hielo impoluto, el resto comprendía muros de laminado especializado, diferentes puertas herméticas y barras futuristas. Un trabajo impecable de razas menores en fuerza, pero superiores en tecnología. Un gran numero de supervivientes de todas clases rodeaba los alrededores, haciéndose cargo de tareas regulares. Todos deteniendo sus marchas para observar al fantasma renacido de Nappa ingresar rodeado de soldados y seguidos de cerca por un hombre de formidable presencia y un ente a su lado; de sutil y estética armadura plateada, sobre un traje de bioingeniería elástica de color azul naval. Su cabeza estaba cubierta por un casco alargado en plata y visera negra, sin embargo las femeninas formas vistosas no dejaban duda de que se trataba de una mujer.

Pasaron un gran numero de salas, una mas grande que la anterior, hasta estar en la oscura habitación del salón de conferencia. Al pie de una breve escalinata, dos saiyanos de aspecto contradictorio. Un enorme sujeto en armadura simple y una mujer de mediana edad cubierta por un tipo de abrigo de bordes en piel. Al centro y por encima de ellos, se sentaba en el trono oscuro el mismo individuo que habría causado la fascinación de los invitados en la sala. Vestido en absoluto negro, en expectante postura recordando la fiera estampa de un jaguar analizando a su presa. El ceño sumamente fruncido y una seriedad impenetrable, calando los huesos de quien osara hacer alguna tontería. Movía suavemente los dedos enguantados sin despegar la dura mirada de los dos extraños traídos a su contemple.

Una pose digna de reconocer en la realeza.

—Están en presencia del príncipe Vegeta IV de la casa de Vegeta, el legítimo heredero al trono del planeta Vegeta, líder de la resistencia saiyan y único gobernante de la luna Yamoshi— El otro joven saiyano que los acompañaba, vociferó.

—¿Esta gente sabrá que puede usar otros nombres? — Gokú susurró en pésima discreción a los oídos de su compañera. Pero al no recibir respuesta inmediata se aventuró a expresar su euforia —¡Hola soy Gokú! — Extendió su mano acercándose y deshaciéndose de la capa. La informal vestimenta que portaba dejaba mucho que desear, los mismos pantalones grisáceos de entrenamiento que amaba y la parte superior de uno de los spandex negros de infantería. La carencia de armadura levantó más de una ceja, al igual que su confianzuda intervención. Al ver que nadie estrecharía su mano, regresó a su sitio con una mirada de incomprensión inscrita.

—Creí que te llamabas Kakarotto — El alto saiyan a un lado del trono, interrogó observando el reporte en sus manos, su severa voz haciendo eco en el frío salón.

—Así es, pero ese nombre no me agrada tanto— Talló su cuello con una sonrisa de disculpa.

—¿Quién es ella? —El hombre prosiguió.

Y La mujer a su lado se deshizo del mismo modo de su capa y casco, sosteniendo ambas cosas en el antebrazo, con una mirada recelosa a todos los presentes. La atención de todos se dirigió a la insospechada coloración de su rostro, del mismo color pálido de las paredes del castillo y sus ojos tan claros como la nieve azulada. Características nunca observadas por la mayoría.

—Mi nombre es Bulma — Contestó con mayor seriedad que su compañero —Tenemos información y un par de artefactos que puede les sean de utilidad — Inició sin esperar las presentaciones ya arruinadas y extendió en la palma de su mano una pequeña cápsula extraída de su cinturón. Sin embargo, ninguno de los presentes se movió. El silencio estaba tan instalado como la peste de la desconfianza.

Decidiendo que era momento de explicar sus razones, el mediador de la reunión decidió hablar.

—El hijo de Bardock y su ….hembra — Escupió la última palabra cual si se tratara de un pegajoso bocado de hiel —Ese viejo zorro me capturó durante el asalto al satélite de Tarenka — Inició su relato —Al parecer, el descontento entre las clases bajas ha hecho que algunos grupos separatistas emerjan — Anunció sin dejar de observar a detalle cualquier mínimo movimiento de los invasores—Ese cretino envía un mensaje, excelencia — Reverenció y extendió el pequeño recuadro holográfico en el centro del salón, para explicar de mejor manera lo sucedido.

El artefacto abrió sus puntos, extendiendo de manera vertical un holograma del mismo Bardock en persona. Quien de inmediato comenzó su intervención.

—Saludos Alteza — Sorprendió a sus colegas la grabación ante el saludo formal perfectamente evocado — Soy uno de los últimos representantes de la antigua casa de Serika, probablemente recuerda mi nombre por nuestra batalla en contra de los demonios del hielo…—

El par de jóvenes que le conocían observaban con gran interés el mensaje desconocido.

—…ahora pertenezco a las filas del ejército saiyan del nuevo imperio, sin embargo después de haber encontrado indicios de su supervivencia, una pequeña fracción de habitantes del planeta hemos encontrado que nuestro mejor interés radica en el regreso de su casa al trono del planeta saiyajin — Soltó sin rodeos, simplemente convencido en la verdad de dichas palabras —Nuestros días han carecido de justicia y verdad, nuestro pueblo se deteriora y el resto de la galaxia sufre una gestión incompetente por la ambición de unos pocos — Señaló en tono neutral, la vista siempre hierática en sus facciones —…es por ello que decidimos ayudar a lograr el cambio necesario para restaurar el orden de las cosas…

—¡Es un buen discurso! — Comentó emocionado el saiyajin sin cola a su acompaañante.

—¡Guarda silencio! —La joven le susurró con gran impaciencia.

—…como muestra de nuestra buena voluntad, pongo a su disposición dos presentes — Señaló alrededor sin quitar la vista —Nuestros dos mejores elementos en la lucha: Bulma, la mejor tecnóloga del planeta Tierra y Kakarotto: el mayor prodigio de la casa de Serika —

—¡¿Qué?! — Gritó ella sin poder contener la sorpresa —Ese no puede ser el mensaje — Observaba incrédula al gigante que le propinaba una terrible mueca de desagrado.

—…encontrará en ambos elementos gran valía… — La grabación continuó su recorrido —Puede integrarlos a sus filas con la certeza de que harán un excelente trabajo— Asintió el holograma sin cabida a las dudas en la veracidad de su propia afirmación.

—¡Ese maldito embustero! — Rabiaba ella en voz baja —¡Desde un inicio planeó dejarnos aquí! —Buscó los ojos de su compañero quien simplemente se encogía de hombros con una mueca infantil.

—…Debido a las circunstancias de mi estadía en el planeta, por ahora no puedo unirme a sus filas — Prosiguió la voz en la distancia —Explicarán sus nuevos aliados los detalles de nuestra investigación — Les señaló una vez más asintiendo —Sin embargo haré lo posible por retrasar la invasión planeada y dar tiempo a generar una estrategia— Pausó exhalando con cautela —estaremos en contacto de nuevo — Prometió cruzándose de brazos, como si pensara detenidamente sus últimas palabras antes de finalizar el mensaje —Hijos… —Les llamó captando la atención del resto — …no pierdan la esperanza— Suspiró con seriedad extendiendo el brazo que apagó la grabación.

Una indiscernible respuesta se formó en los ojos de los presentes. Todos demostrando la misma neutralidad, sin contar a los dos humanoides y la joven saiyana quien no dejaba de contemplar a los intrusos con suma ansiedad.

—De acuerdo — La chica de piel verdosa interrumpió el prolongado curso del silencio, poniéndose de frente a los intrusos con gran familiaridad en su trato—Arrodíllense para jurar lealtad a su nuevo príncipe… —Anunció complacida siendo interrumpida por una queja insospechada.

—¿Qué? —Contestó la joven zarca visiblemente exasperada.

El resto de los convidados a escena, expresaron su inconformidad en leves gruñidos.

Sin embargo, el curso de eventos en el gran salón se detuvo en el mismo instante en que el dueño de todo aquel nuevo reino se puso en pie. Su paso era lento, cargado de sutil arrogancia en movimientos sucintos. Bajó la pequeña escalinata hasta ponerse a corta distancia del par. Ambos notaron de inmediato la diferencia de estatura con el resto, compensada en su totalidad por el excedente de seguridad, declarándose de forma implícita el absoluto jefe de ese pequeño sistema.

Haciendo una seña, desestimó las formalidades que el resto de sus súbditos intentaban revivir.

—Es demasiado pronto — Nappa se inclinó en sumisa postura impidiendo el paso de su líder —Debemos ponerlos a prueba antes de aceptar basura en nuestras filas — Insistió con una voz cargada de repudio.

—Nappa — La mujer a la derecha del trono dejó su sitio para obligar a la enorme masa de músculos a ponerse en pie —Eres tan enorme como estúpido — Le enfrentó con voz átona.

Caminó con las manos envueltas por detrás, poniendo los rasgados ojos por encima de las cabezas de los individuos al frente. Se dio la vuelta encarando al resto de vasallos intentando una breve explicación de lo que a todas luces ocurría.

—Este joven tiene la capacidad de hacerte trizas con un solo dedo de su mano — Señaló cual si fuese el hecho mas simple de todos—Esta mujer, está portando un armamento más sofisticado que cualquiera de nuestros reclutas haya fabricado — Se colocó sin miedo frente al oponente prejuicioso sosteniendo la lengua filosa de Nappa —La prueba de sus virtudes esta en la simple vista del ojo entrenado— Afirmó buscando la mirada del más astuto de ellos —-¿Me equivoco alteza?.

Pero sin prestar atención extra a sus palabras, el príncipe permaneció en pose de hierro con ambos brazos cruzados. Los sagaces ojos oscuros pasando de uno a la otra. Sin detener demasiado su atención en los detalles, elevó el mentón, una leve sonrisa escondida en su duro rostro.

—Kakarotto— Le llamó —Demuéstrame de lo que eres capaz — Levantó la mano instándole a seguir la orden —Quiero ver tu máximo poder.

Y así lo hizo.

Los antiguos rastreadores encontraron su fin desde el precoz inicio en la escalada tremenda de energía, mientras el joven cargaba el abrasador torrente liberado de su fuerza. La estructura del castillo se vencía en las líneas mas endebles ante la potencia de ese llamado de guerra. Todo saiyan a la redonda observaba el aura desmedida amenazar en exponenciales límites de poder, olas más grandes a la anterior, casi perceptibles para la piel desnuda a la mayor distancia.

La chica que le acompañaba colocó su casco de inmediato, activando el traje a la máxima potencia, luchando contra las fuertes corrientes de aire que el ki de su compañero provocaba. Todo ser menor en soporte, arrastrado contra el viento en los rededores de la sala. Cuando el saiyajin sin cola hubo terminado de cargar su ultimo gramo de dominio. Solo una figura le observaba en pie, sin emoción alguna.

—I…immmposible — El enorme Nappa le miraba desde el suelo —¡No es posible que el hijo de un soldado de tercera clase llegue hasta este nivel! — Apenas encontraba la forma de cerrar la quijada, casi descolocada del asombro.

—Siempre hay una forma Nappa — La mujer de cabello oscuro admitió con una breve sonrisa, enderezándose desde su sitio.

—Con ese poder… —El silencioso príncipe inmóvil habló —…habrías derrotado al mismo Freezer en su primera forma — Asintió sin una sorpresa notoria—Sin embargo, si quieres contar como una diferencia en esta guerra — Soltó los brazos, dispuesto a retirarse —Todavía tienes mucho que lograr.

—Lo haré — Descargando su fuerza de golpe, el entusiasta joven pronunció acercándose peligrosamente a su supuesto nuevo dirigente—¡Se que algún día podré alcanzarte!.

—¡Cuidado muchacho! — El saiyajin más alto le detuvo de inmediato con severidad—Nadie puede hablarle a la realeza de ese modo.

Sin interrumpir su camino el resto de los generales siguieron al regente en su silenciosa marcha.

—¿Qué hacemos con ellos majestad? — Shoga insistió buscando respuestas inmediatas.

—Presenten al nuevo recluta a Neil — Su líder ordenó —Celipa se encargara del resto— Dio un fugaz vistazo a su general mano derecha, recibiendo su consentimiento de inmediato —La mujer… — pausó meditando levemente —Llévenla con el maestro tecnólogo, probablemente quiera conocer el estado de la base —Habló con prisa, sin asignar la tarea a alguno en particular.

—Pero alteza — Su viejo guardaespaldas insistió —Es peligroso confiar tan rápido en supuestos aliados recién ingresados— Prosiguió inseguro de expresar su consejo no solicitado.

Pero comprendiendo que era algo que el resto de ellos necesitaba escuchar, Vegeta se detuvo. Planificó lo que diría a continuación fijando la vista en el grupo detrás.

—Bardock no habría puesto ante mi su mejor carta para vencer si no fuese sincero— Inició con gran paciencia —Se que estaba en esta batalla — Continuó pensativo en los hechos recordados—Conoce el alcance de mi fuerza, sabe por ello que no tendría problema en terminar de un chasquido con la vida de ambos— Afirmó con toda la atención indisoluble del resto—Sin embargo, lo que menciona es verdad— afirmó con los puños tensos —Vegeta-sei esta sumido en una depresión de la cual no podrán salir por si solos. Tiene motivos para traicionarme, pero mayores motivos para seguirme.

El grupo concordaba con las observaciones hechas. No podían desaprovechar la ayuda brindada, siendo sus líneas las menos favorecidas en números y elementos con capacidad de pelea en esos días.

Nappa mantenía la boca cerrada en contra de su voluntad, no cuestionaría una vez más los designios del dirigente. Sin embargo, no podía dejar atrás la sensación de que todo eso era un error. Esperaba encontrar mayor resistencia de parte de la nueva corte, incluso cuando estaba formada por apenas un par de miembros decentes y el resto de las mediocridades que por lo menos habrían probado su lealtad en múltiples ocasiones. Más la avidez con la que el cabecilla de la operación habría aceptado tan sospechosa ayuda era enervante. La sensación de agobio no fue pasada por alto para su hija, quien sentía del mismo modo la incomodidad en dichas presencias.

—Mantendremos por si acaso un equipo de vigilancia en sus movimientos — Celipa declaró apaciguando el animo del resto —Cheelai se encargará de…

—No— La otra chica interrumpió —Lo haré yo— Agregó de forma automática —Puede que no tenga oportunidad alguna contra Kakarotto, pero sin duda puedo vigilar a la tecnóloga — Declaró sin dar pie a la discusión.

Celipa asintió, dando una leve palmada en los hombros de la chica. Debian reconocer su determinación.

—Que quede así estipulado entonces — Habló de nuevo el príncipe sorprendiendo a los demás —Debo conocer los detalles de las investigaciones que señalan — Ordenó sin demora —Si Broly tiene alguna debilidad, la encontraremos para explotarla.

—¡Por los dioses! —Exclamó — ¡Eres un tipo impresionante! —Con los ojos sumamente abiertos la pequeña humanoide saltó acercándose sin miedo hasta el saiyan en medio de la sala. Rondaba el cuerpo del joven en busca de alguna explicación escondida ante el despliegue previo de poder —¡Lemo te dije que estas criaturas son ridículamente poderosas!

—¿Tu lo crees? — Se carcajeó el aludido en contagiosa risa.

—¡Vaya! —Sin prestar atención alguna al intercambio detrás, la joven humana miraba en dirección a la tropa desaparecida, con una mueca de enojo insuperable — ¡Ese engreído ni siquiera se dirigió a mí! — Se cruzó de brazos con ambas cejas sumamente juntas.

—¿Puedes culparlo? —Cheelai prosiguió —¡Este tipo casi vuela del castillo! — señaló aturdida imposibilitada en creer las hazañas previas

—Nunca tuvo el ejercito de Freezer algo parecido en sus filas comunes — Lemo continuó aguzando la vista en pos del nuevo recluta —Esto es lo mas cercano que he estado a un saiyajin en acción.

—¿Ustedes nunca vieron pelear a Vegeta? —Interrumpió el saiyano sorprendido en esa particularidad.

—No se permite a seres sin poder de pelea abordar a las tropas de asalto — La chica levantó los hombros, sin ningún remordimiento por no ser considerados de ayuda.

—¡Pero hemos escuchado que es una bestia en el campo! —Lemo exclamó repitiendo automáticamente la adulación colectiva —Si no se sorprendió con tu tremenda fuerza… no imagino que tan grande sea la suya — Viró preocupado buscando del mismo modo el rostro de la otra chica.

—¿Cómo es que ustedes llegaron a este mundo? —Bulma preguntó con genuino interés en los detalles de ese particular oasis de subsistencia.

—Éramos parte de la patrulla galáctica el día que las tropas del nuevo rey saiyan nos atacaron — Cheelai explicó sin emoción —Era un grupo fastidioso de todos modos, pero fue una catástrofe —continuó detallando en algunas de sus memorias —Buscaban a un prisionero, el pequeño hombrecillo rosa que venía con ellos encerró a algunos de ellos en artefactos extraños y después asesinaron a todo prisionero y patrullero — Se abrazó con una súbita tristeza entrecerrando los ojos —Muy pocos pudimos escapar.

—Después escuchamos rumores de algunos sobrevivientes en ciudades escondidas —Lemo prosiguió —Rumores de un lugar protegido por un grupo de rebeldes y decidimos venir a ayudar —Levantó su arma con sumo orgullo.

—Si — levantó la joven ambos hombros complacida por esa sentencia —Después de todo, la vida en el espacio es muy aburrida —Admitió guiñando un ojo —Es mejor hacer algo de provecho que a la vez sea divertido.

Los dos soldados continuaron relatando con gran interés las travesías vividas, el modo de vida en la base y la organización. Uno de sus oyentes respondía con gran curiosidad, pero la mujer parecía perdida en algún pensamiento oscuro.

También recordaba un lejano amigo que alguna vez le ofreció ser parte de la organización que ellos afirmaban habría sido destruida mucho tiempo atrás. Suspiró pensando en su familia, en su hermana, en sus padres y su hogar. Reducido a cenizas por la avaricia de un solo hombre.

Ahora quedaba ella como uno de los últimos remanentes de esa civilización, dependiendo irónicamente de los sujetos con fuerza sobrenatural que destruyeron su mundo. Otra cara de la moneda por supuesto, pero en fin la misma moneda.

Y con el despectivo trato recibido del supuesto dueño de la nueva resistencia, sus esperanzas no crecían en un grado significativo. Sin embargo esperaba que de alguna forma, ese necio altivo se diera cuenta del valor de su contribución de algún modo. Gokú no era la única esperanza que brindaba el destino. Ella era por su propio merito, una heroína sin precedentes.