Gracias ML, si da a pensar si estaré haciendo un buen trabajo ya que no tengo muchas referencias, pero aprecio mucho el apoyo que brindas.
No sufras, todo va a componerse en favor de tus parejas canónicas favoritas. Gracias por la inspiración.
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Volaba en dirección a su dormitorio, incapaz de sostener la transformación por mas tiempo sin un necesario descanso. Había perdido la cuenta del número de días intentado encontrar la clave para disminuir los defectos de su uso. Por mas que lo intentaba, la clave para perfeccionar otro nivel de maestría se escapaba de sus innumerables análisis y la frustración empezaba a asomarse de nuevo. Otro nuevo reto como príncipe de su raza.
Suponía que la magnitud de ese poder venía del latente enorme en la inestabilidad de la emoción que le gatillaba. Pero no debía ser esto una verdadera condición para potenciar un incremento, puesto que no era estable, ni confiable. Se mantenía constantemente transformado, buscando adaptar los altibajos de impulsividad, más en su naturaleza no se encontraba la mesura del absoluto control. Era racional, por su puesto. Pero volátil, tanto resiliente como brutal, podía aguantar una infinidad de golpizas sin decaer, pero no había ese movimiento a voluntad que debía canalizar sus emociones en forma de poder.
Sus antiguas promesas permanecían con la misma intensidad, la prueba de su propio juramento resguardada, donde cada noche observaba el minúsculo fragmento del escudo de su casa; portado por su padre antes de morir. Pero esa promesa no le confería mayores ventajas para incendiar de nuevo su espíritu con fuerzas renovadas. Quizá necesitaba encontrar una nueva forma de potenciar sensaciones…como lo lograba el absurdamente emocional Kakarotto.
Habría escuchado de boca del mismo Neil, la virtuosa actuación de su nuevo recluta. No había errado Bardock el concepto de prodigio en el que le tenía. Casi pisando sus talones en el logro de su transformación con un deshonroso récord de tiempo. Si la conseguía, no dudaba que fuera cuestión de un corto periodo para que lograra alcanzarle.
Y de algún modo, eso no le gustaba en absoluto.
¿Quién era ese sujeto? Se preguntó con seriedad por vez primera, fijando su absoluta atención a la respuesta. Llegó al balcón de sus aposentos. Para su desgracia, los soldados recibían anuncios de los dirigentes cercanos y justo allí estaba el mismo perpetrador de su incomodidad: en su amable pose insoportable, gesto ridículamente infantil, cuestionando todo lo que llegaba a sus oídos.
Por un momento, le pareció absurdo que un sujeto tan insufrible fuese capaz de sostener los niveles ridículamente altos de poder que tenía a bien evocar. ¿Qué clase de infamia le presentaba ahora el destino? Parecía empecinarse en abofetearlo con mofas nuevas para su trabajada búsqueda de estrategia y sensatez.
Le distrajo el escándalo de los gritos de esa mujer con la que Kakarotto habría llegado. Al encontrar al saiyan sin cola, hizo toda clase de reclamos sonoros, entreteniendo las burlas del resto. Era resaltable que el tiempo que llevaban bajo su territorio, pocas veces les habría visto en el mismo escenario. Los informes hablaban de un hecho sumamente cuestionable. Ningún saiyan que hubiese sido enlazado tomaba tal distancia de su compañera en un medio potencialmente hostil. Pero del mismo modo ese sujeto era un completo misterio en todo lo que hacía.
¿Cómo habría una mujer de tal intelecto aceptado a un sujeto de complejidad tan básica? La respuesta era obvia para su escepticismo: un puro acto de conveniencia.
Y estaba convencido de ello, desde el mismo primer momento en que la conoció. Altiva e impertinente, sin un solo signo comprobable de marcaje, confiada en el resguardo de su siempre dispuesto guardaespaldas. Tan segura, como para atreverse a deshonrar las tradiciones de su gente denominándose a sí misma su consorte. Pero realmente era algo entretenido de ver.
Había encontrado especial gusto en ver el atrevimiento del carácter de la hembra emerger, observando a distancia en los grupos pequeños de mando que dirigía en los laboratorios. Explicaba ella con gran diligencia, pero nula paciencia. Retando de formas sumamente divertidas a los encargados de mantener el orden, escurriéndose entre laboratorios y secciones para obtener lo que quería. Estaba seguro de que era una criatura que jamás habría aceptado un no por respuesta.
No había forma en que eso fuera improbable. Debía admitir del mismo modo, que se trataba de un ser frágil, pero de una fuerza y belleza resaltables. Una figura agraciada en curvaturas pronunciadas de grandes ojos azules, combinación de colores que no habría observado en otra mujer. Era un hecho sumamente injusto que tales cualidades, existieran desprovistas de fuerza alguna. Aunque ciertamente se las habría arreglado para sobrevivir hasta ese momento.
Sacudido por su propia afirmación, limpió su rostro como si borrase del mismo modo tal infamia de su temple. Había descubierto que, en más de una ocasión, en el breve periodo de la estadía de ese par, habría pasado pensamientos al respecto de esa hembra en su cabeza. Inadmisible, negó dándose la vuelta para ingresar a su espacio personal.
En la mesa de su estancia estaba, sin embargo, un acusatorio paquete encarando su culpa anterior. Un mero capricho encargado como prueba del reconocimiento al excelente trabajo hecho por la nueva jefa de desarrollo tecnológico. O al menos eso se decía a si mismo, puesto que era más fácil admitir ello, que aceptar el cierto grado de admiración que esa criatura le causaba.
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Un par de días faltaban para el inicio de las pruebas. Bulma debía tener tanto personal como invenciones listas para ejecutarse a la perfección. No había tiempo para errores.
El anterior había sido un día particularmente duro, habría regresado a la habitación tan tarde que las consecuencias habrían sido un retraso significativo a la hora de despertar. Odiaba despertar temprano, pero dormir de más, era mal visto en un sitio donde todo el tiempo debían estar alertas otros por el bienestar común.
—Al diablo — Pensó abrazando la almohada fabricada con sus propias manos.
—Hola —Ingresó al pequeño dormitorio su compañero habitual —Te perdiste el desayuno —comentó buscando entre las cajas otra copia de su ropa predilecta para entrenar —No fue muy bueno —Se encogió de hombros comenzando el proceso de cambiarse —Llegó algo ayer para ti —señaló el paquete simple encima de las cajas — Pero ayer estaba agotado. No te escuche regresar.
Su tono siempre alegre, era a veces un rasgo insoportable para ella.
Decidiendo que no conciliaría más sueño, se levantó, estirándose y haciendo a un lado la ropa que usaba como manta. Se puso en pie descalza y alcanzó el misterioso bulto.
'Algo decente' se leía en una pequeña nota.
Al abrirlo descubrió una estilizada pieza de un traje térmico de asalto, en blanco puro. Le acompañaba una exquisita cobertura ligera a modo de capa circular, con bordes del tupido pelo blanco de las especies de mamíferos que consumían. Una prenda singularmente agraciada como para el sitio en donde se encontraban viviendo.
Emocionada, estrechó la tela en sus manos comprobando las líneas de los circuitos de calor casi imperceptibles. En ese momento su día realmente se iluminó.
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En sus manos estaba la verdadera clave del éxito. Horen tanteaba la orden de asalto en su poder. La esperada referencia por fin conseguida del cuadrante a limpiar, sus sondas de exploración habrían captado actividad en uno de los mundos más olvidados en las cartas galácticas: el planeta Kurovo. Enviaría todo elemento de valor en busca de hallar la verdadera base rebelde.
La orden del asalto había sido emitida. Todo soldado ansioso por probar poderes en contra del otro super saiyano se enlistaba con la esperanza de ser requerido en el ataque. Todo el planeta traía el hecho a colación en sus diversas platicas. La emoción era un estado general.
Pero en la casa de los enemigos invisibles de esa contienda, la emoción tomaba un rumbo diferente.
Los rayos del día traspasaban las burdas ventanas. Bardock despertó en la inusualmente fresca mañana, cubierto por una suave piel tibia aun durmiendo sobre él, tan pacifica y exquisita que arrebató la intención de levantarse. La cola de su compañera ondeaba de forma autómata sobre su pierna, la suavidad de su pelaje siempre era motivo suficiente para encender sus ánimos. No pudiendo contener su primer pensamiento, inició el curso exigido del instinto apresándola entre brazos. Consiguiendo que esos dulces ojos regresaran de su trance.
—Espera — Ella dio una dócil protesta convertida en una ligera sonrisa, al comprobar que no habría forma de disuadirlo de ello, se unió gustosa a la propuesta. La llevó debajo de sí, cubriéndola con todo su deseo, probando en tacto anhelante y todos los viejos caminos en los que encontró tanto tiempo su devoción. Lamiendo, mordiendo, estrujando cada curva, no era el mismo encuentro enternecedor que otras razas sostenían, pero su intensidad era equiparable en placer. De un momento a otro su danza amatoria encontró el curso a su conclusión, colocándola en vulnerable pose expuesta, listo para embestirla, no dio un previo aviso antes de perpetrar su intromisión. Más no hubo queja alguna de su amante, quien cerraba los ojos deleitándose en su propia sensación, apenas atrapando entre sus dedos las rudas manos que la sostenían para ser invadida y ambos continuaron revolviendo la cama, entre violentas sacudidas sonoras, hasta tener suficiente del cuerpo del otro. Cuando no podía más, la endiñó en su propia marca, feliz de poseer aún a esa compañera por la que era capaz de renunciar al mundo entero. Se desplomaron, entrelazando la cola en el cuerpo del otro, ambos con la misma idéntica sonrisa cómplice de todos los anteriores días, en que habrían encontrado tranquilidad bajo la caricia del otro.
Contempló él con gran detenimiento la belleza entre sus manos, acariciándola con delicadeza. Desperezándose ella con una radiante aura despreocupada, no había cambiado nada en su adictivo olor y él se complacía en su fortuna. No estaba en las costumbres de su gente expresar tal fascinación, pero las acciones hablaban con claridad. Nada era más certero en ese momento, que el hecho de que en verdad la amaba.
Levantándose para iniciar su día en el concurrido cuartel, la pequeña mano detuvo su sutil huida. Exigiendo los grandes ojos negros una respuesta a las dudas que hasta ese momento no habían sido aclaradas.
—¿Por qué razón no has sido solicitado? — Preguntó su consorte, sumamente despeinada y apenas capaz de abrir los ojos por el cansancio de sus entretenidas actividades previas.
—Creo que Panbukin sospecha algo, de algún modo está obteniendo información sobre nuestros pasos — Admitió también consternado, habiendo contado con su remisión de cargo para disponerlo en las tropas —No permitirá que retome mi puesto hasta que Kakaroto esté de regreso — Recargó ambos brazos en sus piernas, meditando en las desventajas de ese hecho —Piensa que buscamos conciliar una trampa en conjunto, quiere tenerlo de vuelta para mantenernos bajo control.
—¿A quién enviarán en tu lugar? — Gine cuestionó, temiendo por la respuesta sospechada.
—Toma…— Señaló a la ligera, entendiendo que no lograría disuadirla de la verdadera posibilidad —… a Raditz .
—¡Cielos! — Exclamó levantándose aún más nerviosa —Si pelean… lo descubrirá— Se levantó con grácil soltura, emitiendo una sutil suplica a su pareja para que usara todo su prominente ingenio en resolver el dilema. Él era la única persona que consideraba capaz de resolverlo.
—Envié el mensaje encriptado esta mañana — Denegó su participación, entendiendo mejor que ella que su hijo no doblegaría sus ansias de probar su valía en esa guerra, ni siquiera por él —espero que Bulma pueda reconocerlo a tiempo.
…
Un par de horas después, la noticia corría en boca del resto de habitantes de su casa.
—Ella encontrará el mensaje a tiempo — Krillin expresó en un relajado aire — Dudo mucho que permitan que Gokú lidere una batalla — Intentó contagiar su optimismo al resto —No ha sido entrenado en disciplina militar alguna — Le recordó al resto los frecuentes fracasos de los que se hablaba en las bases donde el habría puesto pie.
—Su liderazgo es innato Krillin— El maestro de ambos inquirió —Muy probablemente lo han descubierto — Los otros oyentes asintieron —Si han de probar sus habilidades, este debe ser el momento idóneo.
—¿Qué sucederá si lo descubren? — Ten se dirigió a la mujer en la mesa, bebiendo ambos de sus recipientes el resto de su elixir relajante.
—Será dispuesto como traidor — La madre de su amigo señaló —y todos seremos condenados a muerte por confabular en filas del enemigo —Su voz aún más fría que la veracidad del mensaje.
—Entonces deberíamos irnos — Ten se levantó intentando incitar al resto a entrar en razón —Podemos alcanzarlos en ese sitio y quizá incluso ser de ayuda — Sus palabras fueron silenciadas por los rasgos inseguros de la saiyana. Sin poder esclarecer la causa de la negativa a esa lógica propuesta. Recordando el intercambio vivido con claridad.
—Las condiciones de ese lugar… — Bardock inició dejando de lado la tarea de vestirse para poner especial atención en su pareja, quien del modo más noble intentaba dejar de lado su propia seguridad para unirse a la encrucijada de su familia —No son de un sitio en el que puedas sobrevivir…lo sabes —Ella simplemente se rehusó a aceptarlo —Debes trabajar en el control de tu energía vital — Continuó su consorte, atrayéndola a si para sentarla suavemente en su regazo—Hasta que puedas regular tu ki de nuevo sin que sea drenado por un episodio de malestar— Intentó en vano dar esperanzas a su frágil condición.
—Bulma está ahí— Ella insistió —Puede idear otro método de estabilizarme —Rogó sin querer imponerse, no podía permitirse poner en riesgo a todos solo por su causa.
—Ella debe estar trabajando en calidad de un esclavo de granja — Se carcajeó el padre de sus hijos, enfrentando el ceño acusador de la mujer —Dudo que las ordenes de sus superiores le hayan dejado responsabilidades menores — Se levantó, quitándosela de encima con una juguetona nalgada —Tengo entendido que es Vegeta en persona quien solicita proyectos a su laboratorio.
—Por lo menos alguien se está divirtiendo— Se cruzó ella de brazos comprendiendo que no haría a su pareja cambiar de parecer. De la misma forma en la que él se habría resistido a renunciar a ella en los peores momentos de la enfermedad a la que sobrevivió.
—No creo que alguien encuentre diversión bajo el mando de ese exigente cretino — Rio él vagamente, imaginando las circunstancias del reclutamiento de la chica, pero de cierta manera sabia que gozaría de un mayor respeto, si era el mismo príncipe quien designaba su puesto y labores —Pero probablemente la mantiene sumamente ocupada…y molesta.
Solo podían esperar nuevas órdenes, intentando servir al espionaje de sus aliados, aunque fuese en menor medida. Ella guardó silencio, observándolo terminar de vestirse para partir. Instalándose la impotencia de sus circunstancias de inmediato. No quedaba otro camino que forzarse a resistir.
—Maestro Roshi— Ella habló al anciano a su derecha —Debo pedirle un favor más…para mi entrenamiento.
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Debajo de la sala de reunión, las provisiones invernales se disponían en los nuevos sistemas de encapsulamiento, las cosechas provenientes del resto de colonias de la rebelión hacían filas hasta el horizonte visible. Con suerte, podrían sobrevivir la temporada sin contratiempos.
Su atención regresó de nuevo a la reunión, cuando Shoga depositó en sus manos el informe urgente de los vigías limítrofes.
—Celipa, recibimos una transmisión hace unos momentos — Comentó de forma serena —Una sonda de reconocimiento orbita el cuadrante oeste de los desechos de Tarenka — Especificó, esperando recibir órdenes de los lideres.
—Las especificaciones del mensaje encriptado de nuestro espía eran correctas — La astuta saiyan replicó, asintiendo al resto del consejo —no falta mucho para recibir el primer asalto —Pasó el informe a manos del príncipe quien examinó los hechos por sí mismo.
—Lo enfrentaremos en las inmediaciones — Contestó Nappa, desestimando la gravedad de ello —En unos días definirán el sitio de atraco, seguramente será un planeta cercano.
—El albergue provisional está listo — Su comandante, Shoga anunció —Sin embargo las temperaturas parecen estar descendiendo en mayor medida a lo habitual — Comentó ante el resto de seres murmurantes, una de las peores estaciones en la historia del planetoide se acercaba —Si algunos de los refugiados permanece por mucho tiempo en ese sitio, no sobrevivirán sin equipo especializado.
—Que el área técnica se encargue de esos problemas — El fastidiado Nappa contestó intentando disuadir al mando de atender problemas tan insignificantes —Estamos listos para combatir — se dirigió al resto de guerreros cercanos con las mismas ansias asesinas en el rostro.
—Nuestra supervivencia descansa en hombros de toda criatura que pueda ser útil para el resto — El líder de la resistencia sorprendió a sus congéneres, interviniendo de inmediato—Asignaremos la tarea como prioritaria —Buscó la aprobación del consejo privado —si Paragus envía sus tropas, conmigo será suficiente para detenerlos —Afirmó, levantándose de su lugar, para dejar el asunto en manos de sus dos comandantes —El resto de ustedes transportarán la base.
—Alteza — Celipa interrumpió su abrupta salida —Es arriesgado disponer de su ayuda cuando la información de su estado ha llegado tan recientemente a oídos de los traidores —Intentó hacerle entrar en razón —Puede tratarse de una trampa.
—Quizá es hora de probar la lealtad de Kakarotto—Nappa habló, sorprendiendo la utilidad de su sugerencia. El resto de los presentes asintió murmurando con aprobación el intercambio —Mi tropa y yo le acompañaremos —Aseguró el exgeneral, complacido en observar de primera mano al fenómeno sin cola en acción. Tenia la sospecha de que se llevaría una gran sorpresa.
—A propósito de ello — Shoga tomó la palabra —Su consorte humana ha designado una nueva línea de trajes de batalla esperando su aprobación para fabricarles.
Puso sobre el centro del equipo disponible, una pieza de diseño táctico, avanzada adecuación ambiental, con finos acabados y ligera usanza. Sin duda un trabajo soberbio.
—Son horrendos — Nappa externó, ganando una risilla del resto.
—Puedes seguir usando lo que te parezca conveniente Nappa — Celipa desatendió su intervención observando de cerca el trabajo hecho en la prenda —Considero que es una buena oportunidad para mitigar los efectos del invierno prolongado en el planetoide— Anunció al resto —Solicitaremos a la terrícola que haga las modificaciones correspondientes para cada súbdito en la luna.
—Así se hará — Vegeta asintió a los acuerdos, saliendo de inmediato —Debo ir a entrenar.
Y el resto de los convidados a la reunión se levantó, despidiéndole con una reverencia.
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Las indumentarias de la maquinaría que ocuparía eran suficientemente pesadas para impedirle levantarlas con facilidad. Agregando el hecho de que no buscaba arruinar su perfecto arreglo en esa particular mañana.
—¿Podrías dejar de fingir y ayudarme ? — Vociferó en dirección a su vigía saiyajin, que se servía a sí misma una bebida en el área contigua. Sus ojos pasaron resentidos sobre la mujer que le llamaba, simplemente recargándose en la pared para observarla sin descaro.
Otro de los asistentes del laboratorio acudió en su lugar.
—¿Qué necesita, maestra? — Se ofreció un joven Hadorita de tonos de piel cálidos, saludándola en voz amable
—Por favor, no me llames así — Sonrió ella un tanto coqueta —Puedes llamarme por mi nombre — expresó inmediatamente retomando su plática — No puedo quitar las placas de la cubierta —señaló el largo de la máquina —Necesito hacer unos pequeños cortes de laser.
El chico se quedó ahí sumamente ruborizado simplemente observándola.
—¿Qué sucede? —interrogó preocupada.
—¿Es usted una de las criaturas que cambian colores a voluntad? — Preguntó con cierta inocencia. Mirando con detenimiento la melena que esa mañana ella habría decidido dejar suelta —Esas que…hechizan a …—
—No —soltó una carcajada comprendiendo — Antes utilizaba un compuesto para oscurecerlo —Tomó un corto rizo extendiéndolo al chico —Pero anoche debió haberse deslavado por completo— Sonrió pensando excluir las implícitas supersticiones.
El joven asintió no completamente convencido, hizo lo especificado y se retiró del lugar al escuchar la señal de atención en el código de llamadas del laboratorio.
Todos los elementos del área regresaron a sus sitios, concentrados en dar la mejor imagen. Un pequeño grupo corría frenético limpiando áreas desordenadas y en pocos segundos todos sostenían una rígida postura, observando pasar, de algún modo inaudito, al heredero al trono en busca de la oficina de mando. A su paso todos inclinaban la cabeza, murmurado incrédulos la razón de esa inesperada aparición.
Ella se mantuvo en pie, detallando en la postura enérgica del sujeto. La forma tan enhiesta de caminar parecía incómoda de sostener, pero ciertamente agregaba esa pomposidad que suponía buscaba inspirarle a todo aquel que lo mirara.
—Es un engreído sin duda — Susurró cruzándose de brazos. Caminó hasta la oficina abriéndose paso. De algún modo le escuchaba discutir con el jefe tecnólogo que representaba su equivalente en el área de cargo. Más, cuando estuvo cerca de entrar, lo observó mirarla por encima del hombro, aguzar el ceño despectivo y salir de la misma tormentosa manera en la que ingresó.
La marea de curiosos se abrió a su paso y cerrándose tras de sí, reverenciaron con la misma sumisa estampa.
—¿Y que quería su alteza imperial?— Preguntó ella, sin importarle el reproche de vistazos en los oyentes alrededor.
—Ha aceptado tu proyecto de ensamblaje de trajes —El anciano le anunció sorprendido —Quiere que adaptes un bloqueo de temperatura en ellos y se fabriquen para todo el personal de la base.
La joven se alegró en gran medida, tomando entre sus manos la orden de producción. Sin embargo al leer los detalles, la furia la invadió de nuevo.
—¡¿QUÉ?! — Gritó con los ojos bien abiertos —¡Una semana! —Lloriqueó, releyendo el mensaje por completo —¿¡Quiere que la línea esté lista en una semana!? — Arrugó la orden saliendo tempestiva, sin escuchar explicación alguna del resto. Tomó un rastreador en el mostrador y adaptó la sección inferior de bloques de su armadura para llegar hasta donde necesitaba.
Pero al llegar a la fuente de sus frustraciones, una barrera le impidió el acceso de manera violenta.
—¿Qué crees que haces criatura indecorosa? — La misma acosadora de costumbre la sostenía agresivamente de un brazo.
—¡Eso no te incumbe chiquilla! — Espetó la humana, intentando liberarse —¡Suéltame ya!
Exigió sin un solo titubeo en su voz. Lo que la otra respondió resoplando incrédula, había que darle crédito a esa insignificante criatura. Era sumamente valiente.
—Tienes suerte de que no estemos fuera de palacio —Dijo quedamente en fría amenaza —De no ser así, yo misma te enseñaría tu lugar. Vuelve a tus labores científica —Ronroneó en su oído.
—Hakusa— uno de los guardias en el pasillo la llamó —Déjala pasar.
—De ninguna manera soldado —Le esgrimió una mueca feral, resaltando el rango superior que ella poseía.
—Son órdenes del príncipe — Insistió el seguro saiyan, poniendo espacio entre ella y la humana.
Con la sonrisa mas grande que pudo evocar, Bulma la observó con idéntica estampa desdeñosa. Caminando presuntuosa hasta las puertas del ala inferior.
Bajó la escalinata sin mirar atrás y abrió la puerta recordando de inmediato el motivo de su enojo.
Al traspasar, la ventisca helada congeló sus mejillas, la puerta conectaba uno de los pequeños jardines laterales. La nieve iluminada por el sol intenso la cegó por un momento, luchando contra las ráfagas circulares de aire alrededor de la figura meditando en medio de la vegetación.
De pie ahí, dudó en dirigirle la palabra. Flotaba él en su glorioso estado dorado, sumergido en alguna clase de ejercicio profundo y ella podía adivinar que quizá no era el mejor momento, sin embargo, no se detendría a esas alturas
—¡Su alteza insensata! —Carraspeó indolente a la ofensa prestada contra la autoridad de todo el complejo— ¿Puede explicarme como pretende que termine una línea de ensamblaje de alta tecnología en solo una maldita semana? —Se cruzó de brazos acercándose a pesar del viento que silenciaba sus exigencias —¿Tiene idea de cuanto trabajo tenemos aun en puerta?¿Cuantos individuos hay en esta base y las otras? ¡¿Cuántas variedades de ellos que cubrir?!
El aire disperso se detuvo, pequeños copos iluminados descendían por la gravedad. Colocó el mencionado, ambos pies descalzos en el hielo, dando la vuelta para observarla, su torso carente de cobertura alguna acumulaba las gotas que los copos dejaban al derretirse. Su cintura estrecha enmarcaba una elegante figura compacta e imponente.
—Entonces mas vale que te apresures — Respondió sin intención de relajar su postura. La intensidad de su mirada esa suficiente para hacer a cualquiera voltear.
Pero ella no era cualquier persona.
—Puede que su raza no lo entienda del todo — Prosiguió con altanería —¡Pero no soy su maldita esclava! — Estableció de forma inflexible —Tengo necesidades apenas cubiertas por salvar el trasero de todos en este lugar! ¡¿Tiene idea de lo difícil que es dirigir todo un grupo de ingenuos preguntando todo el tiempo como deben hacer hasta lo más básico?! —Protestó enloquecida
Y su oyente simplemente levantó una ceja ante la ironía de su acusación.
Ella limpió su garganta reformulando lo dicho.
—De acuerdo, tal vez — Admitió —¡Pero tengo que informarle que no es posible completar sus requerimientos en ese tiempo! — Continuó retomando el enojo anterior — ¿Qué cree que somos? ¡¿maquinas incansables de guerra?! —Protestó enérgica.
—Creí que te habrías denominado a ti misma la experta — Replicó con una oscura crítica en pos de la previa fanfarronería de la joven. El cambio de actitud le dio a entender que ella captaba sus intenciones.
—Ustedes son un montón de obsesivos de la batalla — Continuó sin dar tregua a su contienda—¿No pueden simplemente evitar el ataque unos días? — Solicitó con cierto cansancio en la voz —No podré tener listo el escudo y los trajes para todos en tan poco tiempo.
—Entonces solo fabrica lo indispensable — La reprendió hastiado, cruzándose de brazos —El ataque no demorará, debemos tener todos los elementos listos para evacuarlos en caso de ser necesario — Explicó, usando todo su autocontrol para no desesperar. De pronto viniendo a su mente la forma de librar ese duelo de voluntades —¿No se supone que eras el ente más capaz de tu planeta? — Contestó con reticencia, poniendo especial atención a sus facciones —No me sorprende que se hayan extinto.
Comprendió de inmediato que había conseguido lo esperado, subiendo por ese delicado rostro un color tan rojo como el sol del atardecer.
—Escuche bien…— Temblaba casi incapaz de controlar su descontento — Déspota presumido — Escupió, poniéndose en toda la cercanía que ese arrebato exigió — ¡No has visto nada de lo que soy capaz! — Amenazó señalándole como si pudiera con ese solo dedo, borrar su existencia. Giró sobre sus talones, incapaz de poder contenerse más tiempo—…y si vas a solicitar cosas, ¡Ten la decencia de acudir a la persona de quien lo solicitas! — Gruñó descolocada —Puede que seas el gobernante de todo, pero deja mucho que desear tu educación — Sus puños estaban tan cerrados que igualaban el color del hielo —Tendrá su orden en tiempo… majestad y ¡Espero una disculpa cuando lo reciba! — Vociferó saltando fuera del complejo.
—Controla tu lenguaje, humana —Soltó él de forma imprudente, perdiendo la paciencia por completo al verse rebasado en autoridad—No olvides con quien estás hablando —Fijó la vista incapaz de sosegar su enojo claramente expresado. Algo sumamente inusual en él mismo.
—No lo hago — Respondió sin temor alguno, ante el ser que podía hacerle cenizas en un chasquido —Pero pareces olvidar que requieres mi ayuda del mismo modo — Susurró sin siquiera dignarse a voltear al cerrar la puerta.
Y el azorado soberano se quedó ahí, incapaz de contestar algo más, contemplando el sitio por donde ella salió. Pocas veces en su historia se habría topado con seres de tan escaso poder y tales agallas… o insensatez. Puesto que no entendía como un intercambio tan desigual hubiese sido permitido por su propia cooperación. ¿Quién demonios se pensaba esa vulgar criatura? Si era digna representante de lo que su planeta pudo haber contenido, no se extrañaba que sus congéneres hubiesen exterminado por completo la raza.
Sumaba su frustración al hecho de que se permitiese divagar en aspectos tan banales. Siendo adiestrado en el registro de ki en otros, reconoció su presencia desde el momento que atravesó el umbral. Pensó que finalmente recibiría el agradecimiento a sus consideraciones, sin embargo, ahí se encontraba aceptando un diálogo que pocas criaturas osaban sostener en su contra. Quizá de cierta forma, la abierta rebeldía a obedecerle le instalaba una necesidad de obtener el reconocimiento de ella. Su experiencia acumulada le habría llevado a entender que la mejor disposición viene de los que la dan voluntariamente.
Sin duda tenía valor, diariamente escuchaba las quejas de Nappa acerca del escandaloso grado de insubordinación que profería contra ladeó el rostro retomando su entrenamiento, ya se lo haría pagar después. Había un regocijo oculto en poder vencer con argumentos a una criatura de tales habilidades mentales, se felicitó al descubrir por lo menos una debilidad de esa descarada de temple volátil: su vanidad.
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Al borde de los enormes cargueros de combate, aterrizaba una horda de feroces guerreros tomando su sitio para ser transportados. Las filas interminables de infantería podían ser vislumbradas en todo el cielo citadino, grandes y pequeños combatientes uniéndose por igual con la misma lujuria por la batalla. El rojo atardecer auguraba sangre por cobrar, no había una sola alma sin ser tocada por los acordes de la emoción.
Pero no era la suerte favorecedora para todos los merecedores de asistir.
Apresado en un ala contigua al hangar, un padre intentaba disuadir a su captor de la preocupación por la que tal desacato de autoridad había sido cometido. Ahora reconocía que ese desesperado intento por detener lo inevitable habría sido un completo error.
—Bajo especificas ordenes— Observaba su raptor, el avance de las filas —Se te solicitó permanecer en tu área de servicio— Continuó, dando un largo resoplido de decepción—No encuentro motivos para que un hombre de tu intelecto haya cometido un acto tan estúpido.
—No quería perderme la batalla del sigo — Sonrió cínicamente.
—Lo creería de otros, Bardock— Dio un profundo ceño en su contra —pero no de ti.
—¿Que haces aquí Toma? — Soltó el otro su posición tensa—Tu escuadrón partirá pronto.
—Siempre agradecí todo lo que hiciste por mi— Se aproximó, sin dejar de mirar los restrictores con los que habría capturado a su desprevenido amigo—Si piensas que solo me sentaré a ver como eres condenado por tu necedad— Renegó defraudado —Significa que en todo este tiempo jamás me conociste en realidad.
—Vete — Señaló con un pesado suspiro —No quiero problemas para ti. Eres un buen hombre.
—Dime que está sucediendo— Insistió el alto saiyan —Quiero la verdad — Escudriñó cada gesto de su camarada, convencido de que alguna información de gravedad no estaba siéndole proporcionada.
—Hacerlo te condenaría del mismo modo que a mi— Musitó, chasqueando los dientes para desviar la mirada.
—Me corresponde a mi decidir correr el riesgo— Se cruzó de brazos —Ustedes… son mi única familia.
Los dos hombres quedaron en silencio. Sin querer cruzar miradas ante la intensidad de las emocionales confesiones. Minutos después, el mayor se acercó al hombre apresado, extendió el control de los paralizadores y lo liberó.
—¿Qué haces? — El saiyan de la cicatriz se levantó sin comprender. Tallando sus músculos entumidos.
Sin prestarle atención, Toma buscó entre los aditamentos del almacén una punta de filo, desenrollando su cola para poner el filo en disposición de su oyente.
—Si no crees en mi palabra— Inició en pleno convencimiento inscrito —Creerás en mi juramento.
—No quiero hacerte pasar por un juramento de sangre— Se negó con rotunda certeza.
—A cambio de todas las veces que me salvaste— El otro insistió en una sinceridad imposible de rechazar —concederé el favor que requieres.
Bardock meditó sus opciones, rechazar un acto de tal solemnidad era un desprecio de agraviante ofensa. Sin embargo, era también un compromiso de indisoluble naturaleza. No habría de ser él, quien tuviese derecho de probar el honor del único compañero que permaneció leal a su liderazgo por toda una vida.
Le dio un vistazo aprehensivo, encontrando la misma mirada fija inamovible.
—No puedes hablar de esto con nadie — Finalmente concedió, procediendo a tomar el instrumento de manos del otro.
—Lo entiendo— Su alto camarada asintió, dispuesto a llevar ese acto a las últimas consecuencias, cortó de su propia vestimenta el trozo de tela requerido.
Extendió Toma su cola y el filo en manos de su oyente. Quien procedió a tomar el tributo por el juramento establecido, siendo esto una de las mayores representaciones de respeto entre las leyes antiguas de su raza. Cortó la incisión, temblando el deudor por el dolor acontecido en todo su cuerpo, pues la seriedad de dicho evento requería de la única sección vulnerable de toda la fisiología saiyan para indicar el precio. Cobró entonces la esencia del rojo liquido vertido, empapando un pedazo de tela que ambos usarían hasta haber cumplido la promesa declarada.
—Mi hijo— Inició atando en su muñeca el girón — Ya se ha unido a la resistencia al igual que su consorte— Pausó observando el rostro apacible de su viejo amigo — si Raditz pelea, lo descubrirá ante el resto, Gine… Todos seremos presentados como traidores a la corona y ejecutados.
—¿Que necesitas de mí? — Preguntó habiendo terminado con su propio retazo.
—Debes impedir que se enfrenten— Indicó con seriedad — Si esto llega a suceder, asegúrate de lograr que Raditz no lo recuerde — Extendió en la palma de su oyente una afilada ampolleta —es uno de los sueros interrogatorios de palacio— Explicó —fue modificado por la terrícola por si un intruso ingresaba, hará que pierda el recuerdo de todo lo ocurrido en la última hora antes de usarlo.
Toma asintió, colocando en el borde de su armadura el aditamento, dispuesto a salir con las ultimas naves que levantaban el vuelo.
El exlíder le observó retirarse, meditando con incomprensión la razón de la devoción en el capitán de la misión. Consideraba que estaba frente al único ser del planeta capaz de hacer reciproco un agradecimiento, jamás esperó tener tal clase de tesoro entre los suyos y antes de verle partir, una afable mueca subió su labio.
—Toma— Habló, provocando que el otro se detuviese un instante — Tu amistad ha sido una de las mejores experiencias.
Ambos se dedicaron una bravía sonrisa, partieron en direcciones contrarias ante el ocaso de la tarde, esperando en silencio que su misión pudiese ser concretada, guardado para su interior el liviano agradecimiento y sabiéndose afortunados de poseer un amigo en ese mundo indolente.
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—Donde has estado? — Le sorprendió el huracán azulado ingresando en su dormitorio —¡Tengo algo para ti!
Extendió emocionada la caja en las manos de su compañero.
Cuando lo abrió, su vista pasó por todos los rincones, extendiendo entre sus manos el traje de asalto diseñado para él. Similar al del resto, pero un tono azul oscuro de sutiles bordes naranja metalizado, la insignia de la tortuga del maestro Roshi en el hombro izquierdo, como un discreto relieve casi indetectable. Sobre el brazo derecho la banda roja de la casa de Vegeta.
—Cielos— Exclamó detallando todos los ángulos del magnífico uniforme —Pero es tan …serio —
—Ya te he dicho que no hay modo de replicar esos colores chillones que amas con estética— Se quejó de inmediato recibiendo poco reconocimiento de la dura labor —¿Podrías por una vez agradecer algo de lo que hago? — Renegó cruzada de brazos —En fin, supongo que algunas cosas nunca cambiarán — Se encogió de hombros, sin ánimo de enfadarse — El funcionamiento se activa con el casco— Señalo los dispositivos de control del medio casco que utilizarían para encubrir la identidad de los peleadores —Son comandos simples, solo di lo que quieres y lo hará — Detuvo su pensamiento un instante —Si algo ataca las naves podrás hacer el viaje de regreso de todos modos — Informó recordando la advertencia en el mensaje encriptado de sus aliados —Recuerda mantener tu identidad en secreto—Aseveró poniendo énfasis en ello —La vida de todos nuestros amigos depende de tu discreción.
Mas sus palabras parecían resonar en un eco, el semblante de su oyente entretenido en colocar y descolocar el aditamento con suma torpeza.
—Pero ¿Cómo se cierra? —Exclamo dando vueltas a su casco con creciente curiosidad sin prestar atención a la gravedad de esas condiciones
—¡Lo hace al estar en condiciones sin atmósfera! — Lo arrancó sin paciencia de sus manos—¿Escuchaste lo que dije? — Preguntó irritada.
—¡Vamos! No te preocupes — Desechó ensayando una vez más la forma en la que eso iría en su cabeza —¡Venceremos a todos!— Hizo un ademán de victoria, habiendo por fin colocado el aditamento en su lugar.
Bulma se sentó a un lado, intentando recobrar la compostura.
—Es probable que tu hermano este ahí— Contestó sumamente preocupada —Solo… trata de tener precauciones extra.
—¿Precauciones? — Su oyente levantó una ceja sin comprender del todo —Pero debo guiar al escuadrón ¿no? —Intervino arqueando ambas cejas —¿Debo pedirles que no me llamen por mi nombre? — La miró desubicado, esperando recibir la respuesta a sus múltiples dudas.
—¡No! —Ella desesperó —¡Ya les había hablado de ello en la instrucción nocturna! ¡Los cascos sellados se intercomunican! —Se cruzó de brazos una vez más —¿No pusiste atención? — Chilló intentando contener el nerviosismo que esa declaración le proporcionaba —En verdad no entiendo ¡¿Como puedes tomar todo a la ligera?! —Insistió perdiendo por completo la paciencia ante la actitud ingenua y la información apremiante descubierta — ¡Eres desesperante! A este ritmo harás que nos maten a todos.
Mas sus palabras no fueron recibidas con la misma ligereza acostumbrada. Creciendo en el rostro del joven, una mueca de seriedad que nunca le hubiese visto posterior a sus reclamos.
—Lo siento — Declaró él, sin dar a entender el estado de su ánimo. Mimético semblante al ocupado por su padre, sumamente intimidante para la testigo de ello.
—No importa — Habló ella intentando pasar el momento como desapercibido —Apresúrate, están próximos a despegar — Se levantó de su sitio, dando un par de palmadas en la espalda de su amigo en su camino hacia la salida. No quería prolongar más esa incomodidad.
…..
De ninguna manera.
Advertido por todos los miembros de su consejo. Contemplaba el despliegue en las naves escamado en el fondo, por la insistencia de no dejarle participar en lo que prometía ser la mejor batalla en mucho tiempo.
Prohibida su participación por miedo a tratarse de una trampa. Eran situaciones sumamente indignas. Observaba con recelo a las tropas debajo. ¡Él era el príncipe! ¡El más fuerte entre ellos! Mantenerlo como uno mas de los refugiados era insoportablemente absurdo.
Junto con la enorme producción que se desplegaba a los pies del palacio, la base aglomerada de pilotos, soldados y las mejores fuerzas de su legión dividiéndose. Las tropas de asalto en trajes negros de líneas rojas, colores del emblema de su casa portados con orgullo por sus fieles seguidores.
Pero encontró en su sitio su anterior sorpresa, estiró en sus manos el producto de ese discurso de arrogancia. Ensamblado especialmente para el líder de todo el complejo. Una pieza de suma elegancia, impecable azul oscuro de elegantes líneas plateadas y en uno de los hombros, la insignia en delicado relieve de su casa real. Incluso mirarlo era agradable. Subió una pequeña risa a sus labios, observando el mensaje descartado en el suelo: ´Espero mis disculpas'
El escandalo se apaciguó por unos momentos, estaba en el área de despegue el supuesto nuevo líder de la operación, llamó su atención la naturalidad con la que ese retrógrada ganaba la atención del resto para explicar cualquier tontería que estuviese hablando. Sin embargo, lo que más interesó a su vista fue el hecho de que poseía un traje similar en estructura y colores opacos. Una idea voló a su mente y sin perder el tiempo, se apresuró para concretarla.
…..
—-Ingresen a la formación — La línea de naves sencillas se llenaba con grupos de triadas, despegando con gran facilidad.
Bulma ingresó al área de despegue en busca de la persona con quien retenía un enorme cargo moral. Suficientes veces la vida le habría dado esa lección, si habían de partir caminos, jamás volvería a ser molesta con uno de sus seres queridos.
Observó un color diferente desfilar entre la multitud de enormes sujetos, apenas cediéndole espacios visibles. Corrió con todas sus fuerzas empujando a la multitud, para lograr alcanzarle antes de que partiese.
—¡Espera!— Se abalanzó a la penúltima nave a punto de cerrar. Sin pensarlo dos veces se arrojó adentro, cayendo sobre las piernas de su objetivo, un pasajero sorprendido a quien abrazo con gran fuerza, colocando la mano en la base de su cabello para acercarlo, angustiada sin encontrar las palabras arrepentidas de su anterior intercambio —Lo siento —Le confesó en un susurro—Solo regresa a salvo… se que lo harás — Y dio un suave beso a su mejilla, cargado de afecto, miedo y la ansiedad de no volver a ver a su único ser querido en todo ese nuevo universo.
Se reincorporó con dificultad, apoyándose de él y salió de inmediato. Despidiendo desde afuera al grupo de entes sumamente sorprendidos en ese compartimento. La nave partió. El resto de los presentes despedían otros transportes y una figura posándose detrás de ella la sorprendió
—¿Bulma? — Sosteniendo el casco en su brazo, Goku la veía extrañado —¿No deberías estar en las naves de refugiados? — Preguntó con una franca sonrisa.
Y el color se deslavó de su femenino rostro.
—¡¿Qué haces aquí?! — Preguntó al borde del desmayo.
—Les dije que debía ir al baño — Sonrió encogiéndose de brazos sumamente divertido — Pero veo que todavía me están esperando — Saludó en dirección de la ultima nave a punto de salir.
—¡Oh cielos! — Llevó ambas manos a su boca, dando cuenta a su terrible confusión. Incapaz de perdurar en ello, dio un abrazo mucho mas conciso a su compañero —Solo cuídate ¿si?.
A lo que el otro accedió contento y se retiró de inmediato.
El ruido de los grandes contenedores del grupo de refugiados la sacó del peligroso trance en el que estaba sometida. Aclarando su memoria en totalidad y las dudas de quien se trataba el hombre a quien tan efusivamente despidió. De inmediato el color de sus mejillas volvió instalando en su lugar una mueca de completa ira.
—¡Ese malnacido! — Gritó comprendiendo el riesgo en el que de momento estaban, pues su carta más fuerte había ido a enfrentar a los enemigos por igual. Debía informar a los líderes restantes, pues quizá después de todo, tendrían que organizar el despegue de emergencia de la población.
…..
A bordo de una silenciosa nave. Un par de saiyanos sostenían ojos tan abiertos como platos. Incapaces de hablar, mover musculo alguno o siquiera respirar. En el momento que el tercer pasajero, asaltado de un modo sumamente íntimo y personal, se retiraba el medio casco limpiando el sitio donde le habrían otorgado tal demostración de amor.
El ceño molesto, un rubor creciente y escandaloso que le hizo proferir miradas asesinas al otro par de convidados a escena.
—Guardarán silencio sobre juramento de sus vidas — Les amenazó con la promesa de evaporarlos al menor signo de burla.
Y hacia en realidad un sobresfuerzo por no dejar a ese pequeño evento tomar control de su ánimo. El modo afectivo en que se estrechaba contra él, sentir su tibio contacto con tanta pertenencia inscrita, su olor impregnado en el traje y la descarada manera en que sus formas se acoplaron a su cuerpo. Lo peor, sus labios en la piel de esa manera jamás presenciada en un intercambio, que de inmediato le robó la voluntad de revelar su identidad ante ella. Se preguntaba si habría sido atacado y muerto en el espacio, pues debía estar en el mismísimo infierno en ese momento.
