Tolousse22: Muchas gracias por tus palabras, ya podrás ver lo que pasa cuando se conozca aunque no serán circunstancias agradables para uno de ellos.
ML: Me agrada que notes esos hechos. No puedo prometerte nada, pero te dejo un cap largo como te agrada (Lo intenté hacer mas corto pero no se pudo)
Gracias a los que han dejado RW, dado Follow y Favorite, me motivan a escribir.
_..._..._..._..._..._..._..._..._..._..._..._..._..._..._..._..._
Kurovo-sei era un desierto rocoso, de singular belleza.
Los rayos de su sol blanco chocaban con las enormes montañas de roca negra, carente de una atmosfera conformada por varias capas, la traslucidez de sus moléculas daba un brillo especial a los halos de luz, bordes casi cristalinos en cielos decorados por la negrura del espacio y aros distantes de gas. El único ruido circundante eran las naves ingresando a la burda semi-atmósfera. Dispuestos a defender uno de los recursos clave de la subsistencia en la vida del espacio. Pianita, considerada una gema escasa, pero un catalizador eficiente en combustibles.
El calor de la batalla ya se presentía. Los dedos ansiosos de sus compañeros de cabina restregaban las comisuras de sus trajes con las manos. El sonido de los dispositivos de anclaje avisaba de la necesaria alerta máxima en los soldados desembarcando.
—Espero sea una buena pelea— Murmuró más para sí que para el resto. Palpitando en su interior la emoción de sentir a sus oponentes. Dio instrucciones al resto de alistarse, inseguro de como fungir como un líder de tropa. De algún modo la esencia de todos vibraba en armonía con la suya, como un representante de toda la magnificencia de ese poder mitológico.
Descendieron.
Mas, lo que encontraron en el sitio, sobrepasaba la expectativa de daños. La ofensiva había iniciado, no quedaban rastros de los depósitos de minas construidos, la furtiva oscuridad del planeta apenas dejaba distinguir las siluetas de unos contra otros, naves que depositaban a fuerzas combatientes y contrarias, sus ocupantes saltaban al encuentro, sin previo orden establecido.
Encontró al instante ávidos contrincantes a derribarle, surcando el saiyan sin cola, los oscuros cielos en busca de proteger a las tropas parcialmente bajo su cargo. No encontraba una ruta libre, siendo asaltado repetidas veces por contendientes que intentaban derribarlo, clavándose como parásitos en su cuerpo. El conteo final de transportes bajaba sus últimas cifras.
Saiyans vs el mixto de razas en la resistencia, la variedad de ataques iluminaba la tierra, los gritos ensordecían la batalla campal. No había definida una clara ventaja.
—Dejen salir el contingente principal— Raditz externó a los controles, satisfecho por su estrategia hasta ahora infalible —Ya los tenemos—Musitó vaticinando lo que acontecería.
El ultimo carguero abrió sus puertas con lentitud. Descargando al principal demonio de ese infierno para colocarlo en el suelo del planeta. El principal responsable de terminar de una vez por todas con las fuerzas de oposición.
—No puede ser— Murmuró el namekiano convidado a la batalla. Presintiendo la turbación en los campos de energía absorbidos por esa criatura.
El silencio comenzó a hincar sus frías dagas en el temor de las almas presenciándolo. Cuando cada boquiabierto combatiente descubrió por su propia cuenta el arma secreta enemiga, que descendía en un solo golpe que estremeció toda la tierra.
Erguido cuál poderoso dios de leyenda, avistó de inmediato a la muchedumbre insurgente que gatilló su sed de sangre. Un resplandor de muerte esmeralda cruzó cada estampa y el emisario del caos empuñó en vuelo veloz su golpe, arrebatando la vida de todo ente en su camino con la facilidad de un soplo de viento.
_..._
—Jamás lo esperarán venir.
Del otro lado de la galaxia, el rey del nuevo imperio brindaba seguro en su victoria. Sabía de sobra las habilidades invencibles de su hijo. La única epopeya encarnada de su raza. Finalmente, no había rival alguno que se interpusiese en su camino a gobernar posiblemente todo el universo.
—Fue una decisión arriesgada — El ultimo estratega en sus filas aguardaba las noticias de todo el batallón, usado como distractor para el cebo tendido de su trampa. Aunque sabía que de algún modo la resistencia poseía también elementos de gran inteligencia, su mayor apuesta era el orgullo de su líder principal. No resistiría una oportunidad como esa.
—De ninguna manera— Su líder desechó las precauciones —Broly es invencible — Se regodeó en la afirmación de ello —No importa lo que puedan hacer en su contra— Se carcajeó imaginando la cruda realidad aterrizar en los incautos combatientes —Nada… será suficiente.
En cercanía el brujo Hoi, a quien habría otorgado el momentáneo control sobre el príncipe, conjuraba los secretos de su magia. Vertiendo toda clase de canticos antiguos sobre el anillo que Paragus antes portó. En centro de este poseía un cristal oscuro de la misma materia con la que todas las almas de sus enemigos habían sido previamente destruidas.
El astuto general no se dejaba impresionar. Tomó su lugar junto al rey suspirando en la realidad de su gran debilidad, puesto que no hay victoria ganada sin disciplina, del mismo modo que el exceso de confianza en elementos azarosos puede vaticinar un terrible fracaso.
—Tu fe en … la magia y Uranai Baba, está cegando la capacidad de estrategia— Intentó persuadirle de caminar por esa senda—El futuro puede cambiar en un parpadeo.
—Es el golpe más certero— Se deleitó en viles risillas —Ese canalla no podría resistir probar los límites de su conseguida transformación — Sorbió un trago de su copa —Siempre fue demasiado arrogante, al igual que su padre — Fijó su atención en el horizonte detallando las memorias del fallecido rey anterior, su viva imagen debía prevalecer en la soberbia de su hijo —La bruja dice que se encontrarán y nuestras tropas saldrán victoriosas.
—Ganarás una batalla — Le interrumpió —Mas no la guerra. Ella dijo…— Pausó, recordando las exactas palabras proferidas por la bruja — Que esto encenderá la señal, otro ente insospechado puede desequilibrar la balanza… hay más de una leyenda de seres poderosos en el universo— Declaró, desconociéndose incluso bajo el yugo de esa aceptación. A pesar de todas las cosas seguras, había también fenómenos en su mundo de naturaleza inexplicable.
—Dejaremos que el destino decida — Cortó indicándole retirarse en un desdeño —Todos debemos tomar riesgos alguna vez.
Su consejero se inclinó esperando que la arrogancia permeada en el alma de su regente, no fuera la razón de su futura ruina.
_..._
La ovación de los retadores era abrumadora
—¡Es el Legendario! — Los gritos de su bando aclamaban anticipándose a la matanza.
Las hordas envalentonadas corrieron a encontrar su destino final en colisiones de carne y hueso, atizadas por la presencia de una batalla de límites tan gloriosos que probablemente jamás volverían a presenciar. El grito enloquecido del hombre, anunciaba que no habría un perdón para cada ser que se cruzase en su ruta de destrucción.
Arrasó así, desgarrando todo ente en su lujuria de ira, suyos o ajenos no importó, evaporando cada rastro de seres de menor presencia como el fuego al cuerpo de una polilla.
Saltó sobre él, un halo de fuerza superior, sacándolo con un solo golpe del sanguinario curso en el que disolvía a gritos cada enemigo o súbdito de su causa.
Cuando volvió en sí, divisó al responsable de esa osadía.
—Te estaba esperando— Rabió en una poderosa defensa sostenida, deshaciéndose de su cubierta para revelar al verdadero blanco de la ira del imperio. Evocó el nuevo retador un grito de guerra, desatando las llamas doradas en su máxima expresión. Finalmente llegaba el momento de batirse, un oponente digno, para un monstruo legendario.
Y Broly sonrió
—Vegeta— Le reconoció, relamiendo su labio con ansias de matar. Invocó de nuevo todo el potencial de su poder, haciendo resquebrajar cada terrón en la planta de sus pies. Voló en ráfaga infranqueable, estrellándose de lleno con la defensa del líder rebelde, quién vibraba en toda concentración para sostener el peso brutal de esos puños.
Diestro maestro del combate era el ágil saiyan un blanco inalcanzable para los embates del legendario, la batalla de los príncipes comenzaba, desatando el caos en todo terreno cercano, partidarios incautos eran demolidos por los escombros arrojados, mientras seguían con la vista el trayecto de la danza de guerra colosal. Dos ganchos del hábil guerrero se incrustaron en el maxilar del titán, regresando este con aún más ímpetu sobre su presa, era evidente la falta de experiencia del gigante para un nivel tan complejo de arte marcial.
No obstante, la supremacía táctica presentada por el adversario empezó a desvanecerse con rapidez, puesto que del mismo modo automático el gigantesco cuerpo del nuevo príncipe aprendía la defensa, consiguió atinar al punto exacto del temple del saiyan más pequeño, sacando el color de modo irremisible ante la potencia del daño. No cediendo el otro, encendió de nuevo su furia, regresando con una fuerza equivalente en poder, tirando del brazo del enorme monstruo para impactarle contra el suelo, no dio tregua a su ventaja asestando su cuerpo en el centro, una bala dorada que taladraba el enorme cuerpo en impíos golpes mortales.
Más ese revés de ventajas, no hizo más que enfurecer aún más al gigante indomable. Rugió desatado en inconsciencia, oscureciendo toda luz en el perímetro, devolviendo otra ráfaga de brillo al tiempo que su energía se incrementaba exponencial, regresó un puño directo a las costillas del otro, arrojándolo con furia en una traza de destrucción a gran distancia. Apenas pudiendo Vegeta frenar su curso con el uso de todas sus extremidades, no quiso evaluar el terrible daño, sintiendo crujir sus huesos de forma espeluznante.
—¡No tienes idea de a quién te enfrentas! — Vociferó cargando de nuevo con toda su aura renacida. No cedería, nunca se rendiría. Y se abalanzó de nuevo en la afrenta de poder.
….
Con sus mejores golpes noqueaba a todos los saiyanos aglomerados, salvando a sus compañeros al tiempo que recibía toda atención del resto, uno a uno intentaban derribarlo, terminando por atraer la gran mayoría de peleadores a la redonda. Cuando el ritmo se veía rebasado, su escuadrón liberaba la carga interviniendo, pero no era suficiente para poder poner atención a todos los detalles a la redonda.
Soltaba sus mejores combinaciones, agiles giros otorgaban el piadoso sueño a todo oponente, más la horda de enemigos se acrecentaba cada vez más, comenzaba a ser imposible simplemente derribarles, pues después de unos minutos, algunos de ellos recobraban el ritmo en su contra.
—MÁTALOS— Escuchó una voz demandarle — ESTO NO ES UN MALDITO ENTRENAMIENTO— Nappa apenas podía contrarrestar el grupo de elite con quienes se enfrascaba.
Por un segundo prestó atención al resto del campo, donde innumerables cuerpos se batían dejando la vida en ello. Un campo de muerte infinito sembrado bajo sus pies, no sabía cuántos de ellos eran aliados o enemigos, pero la frustración por no poder detener esa carnicería palpitaba en el fondo de su estómago.
La luz esmeralda sorprendió a todos, abriendo los ojos de todo incrédulo de la leyenda, cuando la voz de muerte comenzó su cosecha avariciosa de almas. Surgió entonces una antorcha dorada, con la promesa de poner fin a la brutalidad presenciada, pero el curso de esa batalla se alejó de su vista.
Otro más de los guerreros enemigos consiguió dar un golpe limpio a su cabeza, quitándole momentáneamente la noción de su estado. Regresó el misterioso hombre, dando una paliza al aturdido saiyan, quien de inmediato instigó su defensa, evadiendo cada uno de los ataques del adversario de evidente menor fuerza. Cuando la luz de la atmósfera se estabilizó, distinguió de quien se trataba.
—¿Raditz? — Habló sin poder detenerse.
—¿Me conoces imbécil? — Devolvió los golpes sin molestarse en parar. Pero esa pausa fue suficiente para reconocer los movimientos clásicos de su oponente.
Palideció, sin querer nombrar al hombre que sabía sé encontraba detrás del casco. Otros dos se unieron a su pelea alejando a su hermano de él.
Otro disparo provino de la lejanía, Raditz giró casi sin poder evadirlo, saltando en reversa para comprobar que era uno de los suyos quien le atacaba.
— Diste una orden que me correspondía…capitán— Anunció, poniéndose de frente el general de todas las tropas —Toda tu casta insolente debió haber muerto en la primera guerra— Regresó, dando un violento cabezazo al joven, apenas creyendo lo que veía — Pero esta muerte quedará grabada en los sueños arribistas de tu padre— Voló sobre él, guardando de forma traicionera un enorme rayo de energía en su palma— Estaba esperando la oportunidad— Disparó.
Hizo un enorme daño en el centro de su víctima, quien de inmediato cayó al suelo vencido.
—¡RADITZ!— De la lejanía emergió su vengador, radiando en sus puños la añoranza de venganza. Y era así en todo su movimiento, frenesí hambriento de resarcimiento. El saiyan terrícola enfrentaba a un sujeto considerado elite en su mundo, sometiéndolo con la facilidad de vencer un infante inexperto, a pesar de la sorpresa del incrédulo general.
Horen hacía un descomunal esfuerzo en contenerlo, no entendiendo de quien se trataba buscó ganar la ventaja de alguna forma, su única forma de ganar distancia era apostar a la defensa sobre la ofensiva. El temblor en el paraje les distrajo a ambos, aprovechando la distracción para dar de lleno sobre su temple. Arrancando en el proceso el casco del joven.
Al derribarlo, la silueta del cabello que bien reconocía plagó sus temores.
—¿Bardock?— Externó, augurando una terrible venganza — No… ¡Kakarotto!— Reconoció con certeza al enfuriado oponente que caminaba con lentitud hacia él.
Apuntó la palma en su dirección, pretendiendo eliminar con todas sus fuerzas reunidas al vivo recordatorio de la que alguna vez fue la derrota más humillante de su vida.
Pero al liberar la energía, una ráfaga desvió al oponente contra el que conjuró ese ataque.
—¡Toma! —Gokú vociferó, sintiendo sobre si al viejo aliado consumado de su casa.
—¡Huye Kakarotto! — Le resguardó sin saber que, con facilidad el menor hubiese podido desviar ese disparo. En su mente solo cursaba la promesa de su juramento, intentando resguardar con su vida la seguridad de los hijos de su hermano en combate— ¡Salva a tu hermano!
—¡Son todos unos malditos traidores! —Horen se levantó, sin miramientos a terminar con la vida de todos los insurrectos. Estampó sus feroces puños contra el experimentado capitán, doblegándolo ante la evidente diferencia de poder, Toma sostenía con dificultad los ataques, intentando desviarle de los saiyan menores con toda su fuerza.
Horen dio un golpe sobre su hombro, clavándolo en el suelo para de inmediato terminar con la vida del mayor de los hijos de su enemigo jurado. Disparó una ráfaga de ki de mayor intensidad sobre el menor, que fue absorbida por el otro saiyan de su generación, usándose como escudo para protegerle. Su cuerpo vencido cayó de rodillas, sin poder distinguir ninguno de los presentes si aún conservaba la vida en su cuerpo.
—¡NOOOOOO!— Gokú regresó a sus cabales, saltando de inmediato en contra del perpetrador de ese acto cobarde.
—¡No merecen un juicio, escorias traidoras!—Le enfrentó el mayor sin temor alguno —¡Yo mismo los mataré a todos!—Hizo uso de todas sus reservas para dar la batalla final en contra del clon de su odiado rival, pero minuto a minuto se sentía rebasado sintiendo en carne propia el resultado de su terrible ventaja, uno a uno los músculos de su enemigo destellaban un tono diferente, energía pura atrapada por encima de su piel.
—Eres un….— Devolvía Gokú cada golpe, incapaz de doblegar su rabia, plagado su subconsciente de la cruda escena donde otro de sus aliados caía por causa de su tardía reacción —¡Eres un maldito!
Un terrible grito llamó su atención. regresó del trance psicótico, casi habiendo arrebatado la vida de su contrincante. Avistó al solicitante de ayuda, sintiendo la cruda necesidad de salvarlo. Sentía decaer esa energía en veloz cuesta mortal.
—¡Debo ir! — Gritó a su hermano. Éste apenas pudiendo abrir los ojos por el terrible daño en sus heridas.
Voló en dirección al alarido, sin notar que un rayo traicionero apuntaba en su dirección, jadeando Horen dispuesto a cobrar su última venganza. Pero otro rayo veloz cercenó su corazón, levantándose de entre los muertos Toma, quien puso fin al guerrero de forma instantánea.
….
Uno a uno sus sentidos fallaban, habiendo soportado hasta ese momento la golpiza más brutal de su existencia, por más que retomaba el rumbo, el enorme guerrero al que Vegeta enfrentaba parecía no tener límites de energía.
Apenas pudiendo mantener la respiración, limpiaba el ardor de sus ojos cubiertos en su propia sangre, no sabía con certeza si alguno de los huesos en su cuerpo conservaba intacta su estructura, mientras el daño en su adversario parecía apenas visible, ¡no podía ser posible una diferencia de tales niveles! Salió de los escombros donde el anterior ataque le habría sepultado, sosteniendo con orgullo sus últimos remanentes de fuerza. Se lanzó de nuevo al ataque, extendiendo su infaltable agilidad. Pero su pierna fue detenida de un golpe, regresándolo al suelo, abatido cual ave derribada en pleno vuelo.
—Por fin—El coloso susurró —El final de una era, cobrado en mis manos.
—¡No has visto nada infeliz! — Luchaba por librarse del invulnerable agarre.
—Adiós Vegeta — Siseó convencido en su acto. Formuló un resplandor saliente de su propia boca.
De la negrura de las arenas, un oponente más surgió, dispuesto a dejar la vida por salvar la esperanza de su causa. Un furioso namekiano clavaba su rodilla en el cuello expuesto del titán, doblegándole en el justo momento para evitar la tragedia que pretendía.
De inmediato el monstruo reviró en su dirección, siendo esquivado por unos instantes de los ataques sin dirección concreta, su oponente volaba apenas librando el daño. La suerte del namek se terminó al ser aprehendido justo detrás y la descarga que antes evitó, terminó impactada en su propio cuerpo, perdiendo al instante el brazo por el que fue sostenido y la mitad de su torso.
Sus ojos se perdieron en la negrura de la noche y un grito escalofriante salió de su garganta. Sin decoro, Broly lo soltó arrojándolo al aire.
—¡NEIL! — Otro más de los retadores recuperó al ente desfallecido. Temblando sus dedos sin poder hacer nada por rescatarle. Una nave de emergencia saltó a su vista, depositó el cuerpo del namek poniendo los aditamentos básicos de soporte de emergencia. —¡Resiste por favor! —Le rogaba su último alumno saiyan, desesperado por teclear los códigos correctos. Despegó la nave, poniendo de nuevo atención en la batalla detrás, donde el líder de la resistencia intentaba con todas sus fuerzas frenar al demonio entre sus puños.
Era demasiado, las muertes, la impotencia y todo ese pesar que le obligaba a permanecer como un espectador sin probabilidad de vencer. Toda esa guerra, todo ese desperdicio de vidas y frente a él estaba el culpable: del fin de su mundo, de la subyugación de cada ente libre en la galaxia.
Tembló de rabia, todas sus emociones pulsaban en cada rincón de sus células y bajo el estremecer del cielo negro, la energía danzante se convirtió en su escudo, transfigurándolo de inmediato en una llama encendida, aura dorada, ojos hielo como su implacable rencor.
No miró el curso, de inmediato impactándose como una bala al frente del sorprendido legendario, que apenas y podía entender que otro super saiyano se había unido a la contienda, la experiencia de esos golpes no dejaba duda a su saber, otra batalla épica le esperaba en puerta.
Mas a pesar de la proeza en sus golpes, la diferencia de poder no había sido superada. Uno a uno regresaba el daño con la misma fiereza, en pocos minutos el saiyajin sin cola estaba rebasado en poder. Lo arrojó al suelo, se lanzó sobre él sin darle tiempo de esquivarle, apenas rescatado por su líder quien actuó en el último segundo de oportunidad.
—¡¿QUE ESTAS HACIENDO INSECTO?! — Ladró, sosteniendo al saiyan de la tierra con ambas manos casi destruidas.
—¡NO PODRÁS VENCERLO SOLO! —Gritó el otro quitándoselo de encima.
—¡LARGO DE AQUÍ! — Vociferó el orgulloso guerrero, apenas pudiendo mantenerse en pie por toda la sangre derramada—¡No voy a permitir que interfieras! —Regresó al frente, dispuesto a invocar su técnica más mortal ingeniada. Extendió ambas manos haciendo uso de todo recurso restante en su cuerpo, un intento desesperado por dar fin a la pesadilla en la que se encontraban.
—¡RESPLANDOR FINAL! — Soltó un enorme torrente de poder en línea directa al monstruo que pretendía atacarles.
Pero a pesar de haber dado en el blanco y borrado un enorme rastro del terreno detrás, apenas causó un daño sobre su oponente. Regresó en un parpadeo, tomando esa bestia al príncipe de frente, dando un sádico contrataque, cabezazo y puño incrustándole en repetidas series, casi destrozando su cráneo hasta dejarlo inconsciente. El otro saltó en su defensa, siendo del mismo modo desviado de su objetivo, recibió el mismo tipo de daño irreparable en tan solo un par de movimientos. No pudó encontrar otra salida, voló en pos del hombre caído antes de que muriese. Ocultando a ambos entre los escombros de las montañas destrozadas.
Broly empezó la terrible búsqueda destructiva, incapaz de sentir el ki de sus oponentes evaporaba todo obstáculo que le impidiese encontrarlos.
Gokú estaba desesperado, el tiempo se escurría entre sus manos, Vegeta estaba en tan deplorable estado que ya no podía siquiera sentir su respiración. Observó a Nappa arrastrarse hasta una nave, cayó en su dirección sosteniendo al desmayado con sumo esfuerzo
—¡Llévatelo de inmediato! — Ordenó al exgeneral — Retírense todos los que puedan. Lo detendré en todo lo posible ¡NO ESPEREN POR MI! — Intentó retirarse.
—¡¿Qué crees que haces imbécil?! — Nappa le retuvo antes de que saliera de nuevo en busca de su enemigo —¡Te matará!
—Nos matará — Sentenció, sabiendo que no habría otra salida más que escapar—¡Cierra los ojos a mi señal! — Una idea cursó su mente—¡Llévalo a la base! —Entregó el cuerpo de su líder corriendo en dirección a la destrucción que se aproximaba.
Le encontró de frente, plantándose en cercanía para poder ganar tiempo para el resto.
—¡Taiyoken!
Cegó de inmediato a todos los que hubiesen mirado en su dirección. Sin embargo, una ultima ráfaga de ki alcanzó a darle de lleno, destruyendo por completo su traje de asalto. No habiendo puesto defensa alguna, al abrir sus ojos la terrible realidad se instauró en sus ojos aterrados. La incisión había partido el frente de sus músculos, una escandalosa herida sangrienta de sus pectorales al centro, profunda y aterradora. Ambas manos se dirigieron a su cuerpo esperando que sus propias entrañas permanecieran en su lugar. Cayó, escupiendo sangre, sintiendo el frio de la muerte correr por sus venas casi vacías.
—¡¿QUE HAS HECHO?! — La estampa moribunda y lenta de Toma lo alcanzó al desplomarse—¡Por los dioses! —Intentó detener el sangrado —¡Tienes que salir de aquí! — Le cargó, en medio del tornado gritos y destrucción que causaba el líder del imperio por recuperar la visión arrebatada.
—¡Vamos funciona! — Toma cargó al joven ahora desmayado, introduciéndolo en su propia nave, temblando por el esfuerzo y cubierto en la sangre del menor —Espero que lo logres— Rezó a todos los dioses iniciando el sistema de recuperación de emergencia —¡VIVE KAKAROTTO, DEBES SOBREVIVIR! —Le gritó cerrando la compuerta, viendo el mundo desmoronarse detrás. Cerró los ojos, satisfecho con haber cumplido su juramento con honor, sintió las llamas verdes sobre si, desapareciendo poco a poco el resto de su esencia y en silencio rogó que su sacrificio sirviese para hacer lo que con su habilidad no podría: regresar la paz al universo de algún modo.
_..._
—Ninguno de los robots ha transmitido nada en mucho tiempo— Bardock se recargó en ambas rodillas, pensativo en las implicaciones —Tengo las sospechas de que todos los espías han sido eliminados.
—No importa ya— La saiyana se sentó acompañando al descorazonado grupo —Sabemos los resultados de esa contienda— Puso el informe de primera mano sobre el pozo de fuego donde cada tarde se sentaban —¿Cómo han podido saber que esto sucedería? — Interrogó a su consorte, sentado frente a ella con esa misma cara de angustia puesta.
—No se aflijan— Krillin intentó mantener el ánimo de todos—Se que nada puede derrotar a Gokú— aseguró con convencimiento —De algún modo milagroso siempre logra salir victorioso …o por lo menos con vida — Levantó ambas manos intentando convencer al resto de los hechos innegables —Me es imposible pensar que pueda ser vencido.
—Es verdad— Ten Shin Han se unió a la positiva afirmación —Todos nosotros fuimos en algún momento sobrepasados por sus proezas— Ganó una risilla del resto — Del mismo modo no creo que permitiese que su hermano fuera asesinado.
—Ahora que he conocido su origen me explico mucho de ello— Observó el exmonje a los dos saiyanos en cercanía —Es un peleador impresionante.
—Lo es — Su padre habló —Ciertamente es un prodigio destacable— Soltó su fugaz pensamiento en voz alta —Incluso dentro de nuestros estándares raciales —Observó dando un trago a su bebida —en un solo año ha vencido a todo oponente que ha encontrado. Ni siquiera yo mismo entiendo de dónde heredó esas facultades.
—Puede ser— El maestro interrumpió — Que se deba a un misterio más grande de lo que pensamos— Hipnotizado en lo que eso significaba, externó el inicio de un hecho que llegó a su mente de forma inconsciente —Hace mucho más tiempo del que ustedes o nuestras razas tienen, un mito cobraba fuerza entre los primeros moradores de la tierra. Entre los dioses inmortales habría uno de tal fuerza e ingenio que era temido por toda la corte celestial —El crepitar de las llamas enmarcaba el misticismo de la vieja leyenda a la que todos escuchaban con interés —…pero la frivolidad con la que se conducía fue vista con desagrado por el espíritu de la vida misma. Cayó en mortal pecado de soberbia e imprudencia, olvidando deber y retando a todo el orden conocido, no había nadie capaz de detenerle. Hasta que el espíritu de vida le castigó, transfigurando su alma en el animal cuyos pecados representó, el mono. Arrepentido rogó otra oportunidad. Para expiar sus faltas, su alma sería vertida en un mortal y probaría así su verdadero valor al mundo.
—El mito del Dios mono — Krillin identificó de inmediato el viejo relato —Era una de las lecciones de los monjes de las montañas.
—Se decía que algún día renacería en el seno de las razas a las que dio origen — Roshi prosiguió —para recobrar su lugar como el salvador de los mortales.
—Que tontería — Bardock gruñó desapareciendo toda solemnidad del momento.
—Todos los mitos tienen un rastro de verdad— Saltó Krillin a la defensiva —O aprendizaje—Sorbió otro poco del fuerte brebaje racionándolo para no caer más bajo sus efectos embriagadores.
—Estas insinuando anciano— Inició el saiyan —¿Que mi hijo es la reencarnación de alguna clase de ser mitológico de tu mundo?— Resopló divertido —No me extraña que toda tu raza haya sido eliminada por sus supersticiones— se carcajeó acomodándose en su asiento.
—Una leyenda de tu raza, cobró vida de nuevo— El maestro retomó su lección con tranquilidad —¿Qué te hace pensar que leyendas de otros mundos no puedan también materializarse?
—Tu pueblo fue destruido— Se enderezó el guerrero de la cicatriz observándolo con detenimiento —Del mismo modo sus leyendas— Aseguró sin ninguna intención conspicua.
—Aun quedamos humanos con vida— Denegó el anciano —El regalo de las artes marciales o las místicas no bendice solo a un puñado de razas— Bebió de su recipiente mientras el resto asentía —Prueba de ello es el uso que esos malditos han dado a las habilidades de mi hermana, con el que están arrasando las fuerzas de sus enemigos.
—¿Cómo es eso posible? —Gine preguntó sin poder comprender a lo que él se refería.
—¿De qué otro modo sabrían con tal precisión lo que va a suceder? — Continuó externando sus conjeturas—Mis antiguos captores hablaban de un hechicero al lado de Paragus, que buscaba algo de importancia en la tierra— Suspiró con el peso de ese conocimiento ahora bien definido—Me queda claro lo que buscaban.
—¿Quién es ella? — Bardock emitió su propia duda, era también de su conocimiento los rumores de un arma secreta traída del mismo mundo donde su hijo fue recuperado.
—Uranai Baba— Ten la nombró —La única mujer en la tierra con la capacidad de adivinar el futuro.
—O quizá una de las únicas en la galaxia con ese don— La saiyana intervino prediciendo la razón por la que habrían buscado hasta los límites conocidos buscándola —Si Hoi lo ordenó, es porque ni el mismo puede conjurar tales dones.
—Mientras la tengan en su poder— Bardock agregó —todas las opciones del futuro estarán de su lado.
—Encontraremos la forma de rescatarla— Krillin externó de inmediato pensando planes alternos para cambiar ese panorama en su favor.
—Solo espero que sea a tiempo para detenerlos—Roshi murmuró, comprendiendo que esa búsqueda podía costar más de lo que estaban dispuestos a perder.
_..._
El tiempo de viaje había llegado a su fin, la suya fue la primera cápsula en regresar a su mundo, las alarmas del sistema de hipersueño bloqueado le regresaron a la realidad.
La compuerta se abrió dando paso a un joven de aspecto decaído, visibles huellas de su batalla enmarcaban su cuerpo. Sin embargo, ninguna de esas heridas figuraba como importante.
Nadie había a la redonda para recibirle, como era usual en los regresos de las pocas misiones a las que era enviado. Nadie dudaba de su victoria y estado de salud inquebrantables.
—Alteza— uno de los asistentes de la plataforma le recibió con una gran reverencia — Si requiere alguna de las estaciones de limpieza y revisión, todas las del área inferior de palacio han sido preparadas para usted.
Pero no contestó, solo abriéndose paso con un terrible dolor de cabeza latiendo, tenía un asunto pendiente que atender antes de darse un merecido descanso.
Voló hasta el sitio donde su padre estaría, disparando el polvo del suelo al momento de aterrizar. Sorprendió a los dos cabecillas de Vegetasei, discutiendo probabilidades para un futuro.
—¿Necesitas algo príncipe Broly? —Su padre le recibió sin siquiera mirarle, entretenido en los informes y planos de la nueva estación espacial conquistada. Haber perdido más de un cuarto de sus tropas ni siquiera era un numero alarmante. Los recursos y resultados obtenidos le ponían de excelente humor.
—Eran dos de ellos— El joven anunció receloso —Dijiste que solo Vegeta poseía esa capacidad.
Paragus no comprendía si esa afirmación se trataba de reproche o mera información que su hijo consideraba relevante para proporcionar. Dejó a un lado los documentos caminando con tranquilidad hasta el sitio donde su hijo se encontraba. Pese a que confiaba en que se encontraba en perfectas condiciones, su traje de batalla estaba sumamente destruido. Rastros de sangre y golpes dispersos, por lo que suponía que era un nivel de combate que en un principio lo habría tomado por sorpresa.
—Lo felicitamos por su absoluta victoria alteza— Panbukin dio otra memorable reverencia —No tiene rival en toda la galaxia— Agregó sin inmutarse el oyente. Prestando atención, en cambio a la esclava que aguardaba de pie a un lado de la sala de recepción de su huésped.
—¿Milk? —La saludó inseguro. Su juvenil semblante estaba cambiado, algunas marcas eran perceptibles y el aura vigorosa que la caracterizaba estaba opacada por una mirada ausente y fría.
—Bienvenido alteza —Se inclinó la chica, intentando demostrar neutralidad por los modales que debía esgrimir obligatoriamente ante la realeza.
—¿Qué clase de trato estás dando a propiedad de palacio? — Arqueó el joven una inconforme ceja en dirección al responsable de esa particular esclava.
—El establecido, alteza —Panbukin contestó con plena humildad notoria— Está recibiendo un entrenamiento para su uso como peleadora—. Un imperceptible temor corría por sus venas, del mismo modo en que el padre del impredecible joven intentó de inmediato disuadirle de las suposiciones que rondaban en su mente.
—El viaje ha sido largo, hijo— Tecleó un código en el dispositivo de su muñeca —Hemos arreglado un banquete en tu honor para celebrar la victoria, alístate pronto para ello— Requirió, avistando ambos el repentino cambio en su mirada fija. De facciones relajadas, asintió. Movió su cuello acomodando en el proceso audiblemente un par de vertebras y se dispuso a salir del mismo modo en el que llegó.
—Hoi es sumamente eficiente— Paragus emitió, relajando de inmediato su postura. Su colera regresó al encarar el rostro carente de color en dirección contraria. Su general hizo una indicación a la chica, quien de inmediato salió del recinto. —Por qué has de mantener a esa mujer en cercanía — Demandó explicaciones, jaloneando el cuello de la armadura del sujeto —Si vuelvo a ver a tu esclava en mal estado, tú serás quien pague las consecuencias.
—Lo lamento, majestad— Se inclinó una vez más incapaz de dar una razón congruente a sus acciones.
—Ahora, encárgate de que luzca presentable —Reprendió al nervioso corpulento —La quiero instalada lejos de tu casa y palacio. No quiero una marca más que tenga el potencial de enfurecer a mi hijo.
Exhaló una gran bocanada de amargura, insinuando que la junta debía ser terminada. Salió del mismo modo en dirección a palacio, esa noche había mucho que preparar.
_..._
Las capsulas de emergencia aterrizaban en todo el territorio del planetoide Puranten, muchas trayendo consigo únicamente los cadáveres de guerreros que no pudieron completar el viaje con vida. Al abrir sus compuertas, una de ellas trajo una incontrolable pena a todo militante de la resistencia.
—¡UN TANQUE RÁPIDO! —Shoga ingresó, cargando los cuerpos casi sin vida de dos sobrevivientes. Uno de los cuales apagó toda esperanza existente del rostro de los testigos.
—Oh por todos los cielos— Celipa llevó una mano a su boca, acallando toda negativa reacia a detenerse.
—¡Padre! — Hakusa corrió a auxiliar al otro ente en manos del comandante.
—¿Qué sucedió? —Celipa tomó al joven, volando en carrera veloz al sitio donde el área médica atendía a los heridos llegados. Se paró frente a la única persona trabajando uno de los tanques más especializados disponibles. La terrícola encargada, imitó su previo gesto, descolocada al observar el estado completamente deplorable en que el príncipe saiyan era devuelto a sus filas. De no ser por el traje, ni siquiera podría haberle reconocido.
—¿Dónde está Goku? — Corrió a activar el líquido sin perder el tiempo—¡Dime que pasó! —Exigió a la saiyana, envuelta en un color tan pálido de miedo que podía jurar que ella acompañaría al joven en su camino a la muerte.
—¡Silencio mujer! — Celipa le gritó, depositando al joven con toda velocidad en el tanque—¡Haz tu trabajo!
Poniendo manos a la obra, observaron el líquido llenarse de inmediato. Sin embargo, era una apuesta de suerte que permaneciese con vida, no sabían si había llegado a tiempo para detener el declive ya notorio de sus funciones.
—Es un modelo muy antiguo, ¡Tardará demasiado! — La chica observó, teniendo detrás un mundo de heridos dando gemidos de dolor —¿Por qué no tienen más de ellos? — Preguntó abstraída en la emergencia del momento, frenando su propio temor de manera subconsciente, pues esperaba que de algún modo su amigo no se encontrara en tal estado —¿Qué pasará con el resto de los heridos? — Preguntó no pudiendo frenar el curso de interminables preguntas.
—Nuestra prioridad es nuestro líder — Resopló pegando su rostro al tanque, incapaz de dejar al resto entrever el estado de dolor en el que se encontraba —Sin él, no tenemos nada — Musitó en una voz muy baja. A pesar de que, en su raza los apegos no estaban permitidos, no podía evitar sentir esa aura protectora en torno a su pupilo. Habiéndolo educado durante su temprana juventud. A veces incurría en el gran pecado de sentirle como si fuese el hijo que nunca pudo concebir. Al terminar su culposo pensamiento observó a todos los presentes guardar silencio.
—¡No se queden ahí parados! — Gritó enfurecida—Atiendan al resto de emergencias — Decretó saliendo de inmediato de la sala. Mucho trabajo había por concretar. Muchas emociones por calmar.
El final del día llegó, una media claridad indicando el curso de la noche en el planetoide. No había más rastro de naves y las ultimas almas expectantes encontraron un calvario en sus sospechas.
—¿Dónde está Gokú? — Ingresó al complejo Bulma, quitándose los aditamentos de frio para encarar al comandante más cercano. Se plantó de frente a Shoga, quien era evidente, ni siquiera había podido consumir algo de alimento en esos días, su cansancio transpiraba en desaliñada pose.
—¿No tienes algo que hacer? —Pasó la enorme mano por su propio rostro, intentando de algún modo desaparecer esa presencia.
—¡Dímelo! — Exigió ella, sabiendo su oyente que no se rendiría.
—No lo sé— Suspiró apesadumbrado, no pudiendo contener la verdad.
—¡Maldición alguien debe decirme! —Gritoneó alrededor, evadiendo todos los heridos en la sala la vista de la angustiada mujer.
—Lo consiguió — Un decaído hombre anunció, recostado en su camilla recibiendo los últimos tratamientos después de salir del tanque. Antes jurado enemigo de la pareja. Sin embargo, después de lo ocurrido no podía sostener más ese antagonismo—Logró transformarse — Nappa admitió, pese a que esas noticias no eran particularmente agradables para él. Entendía que era lo único que podía hacer para honrar la memoria del hombre que salvó su vida probablemente muerto—Los dos pelearon como fuerzas imparables de leyendas— Relató al resto de miradas curiosas —Pero Kakarotto hizo un movimiento inesperado, para ayudarnos a escapar. Usó una técnica para borrar la vista del malnacido… y luego no supe más.
—Que increíble — Lemo farfulló imaginando la increíble batalla— Debió ser grandioso— susurró en el mismo auge religioso del resto.
—Ese bastardo usurpador es terriblemente fuerte — El enorme saiyan se recostó de nuevo, quejándose del tratamiento en sus heridas más grandes. Debido a la carencia de suficientes tanques todos eran provistos en ellos de manera temporal hasta que su vida no corriese peligro. Después eran obligados a sanar de forma natural.
—Menos mal que no nos encontrábamos ahí —Cheelai resopló aliviada, ganándose unas cuantas risas del resto y muchas miradas de reproche.
—Muévanse escorias— Uno de los jóvenes combatientes ingresó —Celipa dice que habrá un anuncio general — Llamó a todos los presentes a asistir al salón central.
Caminaron los que estaban en condiciones de oír las nuevas, todos sosteniendo la misma postura preocupada. Encontrándose con una lideresa cubierta en seguridad, anunciando con su lenguaje corporal que, pese al desastre todo estaba de nuevo bajo control.
—Los enemigos han tomado la base de Kurovo-sei — Admitió acallando los murmullos que prosiguieron —Estaremos a salvo en este lugar, por fortuna Luna Yamoshi no ha sido encontrada— Anunció disipando mayores temores —Tal parece que nuestros escudos han sido de gran efectividad.
—El príncipe se encuentra estable— Shoga tomó la palabra —Tardará algunos días en salir —El alivio de algunos de ellos era audible —Sin embargo nuestro trabajo no ha concluido. Debemos acoplar los nuevos aditamentos del campamento temporal —Señaló al grupo encargado de pormenores holísticos —Por ahora enfocaremos esfuerzos conjuntos con nuestros jefes tecnólogos.
—Al salir nuestro líder — Celipa anunció visiblemente decaída —Honraremos a nuestros caídos.
Finalizaron la reunión, disolviéndose la muchedumbre en pequeños grupos. No así la joven terrícola que estaba al borde de un colapso nervioso. No podía entender lo que habría sucedido, pero se negaba a creer que ese hubiera sido el fin de la vida de su salvador. Todo debía ser un error y estaba convencida de que en algún lado de la galaxia él continuaba con vida.
_... _
La lluvia de estelas brillantes inundaba el cielo purpúreo de Vegetasei. Entre todos ellos formas conocidas, casi extintas de Ki, aterrizaron en las inmediaciones del área militar de la capital. Después de eso, no hubo más señales.
—Debo ir— Anunció al resto el líder de la casa de Seri-ka —No creo que algo malo haya sucedido, pero debo aprovechar el llamado a los jefes del ejército para investigar.
—Quizá podría acompañarte— Su compañera sugirió.
—Jamás quisiste hacerlo antes — Denegó su consorte— Si lo hicieras ahora levantaría más sospechas que las que deben tener.
Todos estuvieron de acuerdo, le despidieron en conjunto, viéndolo despegar en dirección a la capital con toda ansiedad latente. Esperaba recibir por lo menos una buena noticia en todo ese periodo de sufrida espera.
La celebración era tal cual fue anunciada. Cada rincón del territorio cubierto en galantes decoraciones. Lujos expedidos con toda la pompa requerida para exaltar el señorío de su opulencia. Comida, vino, compañía seductora para toda preferencia y estupefacientes en suficiente grado para llenar las exigencias de cada miembro de la élite marcial del planeta.
En el atrio principal, Rey y príncipe daban parte del inicio de la celebración, inmolando a la vista del público a uno de los prisioneros traídos con vida de ese lejano mundo. La barbarie era celebrada con gusto por el resto de sus partidarios, quienes rugían lascivos por el cobro de la sangre de sus víctimas. Seccionando a los infortunados sacrificios, consumían su carne como signo de supremacía, mencionando las casas a las que habrían pertenecido.
—Mis valientes guerreros— Levantó el rey un enrojecido tozo de carne—¡Lo hemos logrado! — Ganó el bramido de las legiones debajo del palco principal—Hemos exterminado a todos los antiguos enemigos de nuestra soberanía— Decretó depositando la ofrenda en las manos de su adormecido hijo —No hay límite alguno que nuestra legión no pueda vencer.
Resonaron los gritos al momento en que el joven consumió el cobro. Pero algunas murmuraciones llamaron su atención. No era la víctima que el protocolo dictaba. Paragus echó un vistazo a los comandantes y líderes visiblemente mermados en número, así como creencias. Pues los rumores se fortalecían, de que esas aseveraciones no estaban fundamentadas en honestidad alguna. Sin embargo, desconocían si el ultimo hijo de la casa de Vegeta habría sido evaporado ante el despliegue de poder que el legendario había desatado. Nadie podía saberlo.
El banquete comenzó, extendiendo los convidados sus peores modales como era costumbre. Comieron, fornicaron y bebieron, haciendo visible alboroto entre las lúgubres paredes del castillo. Un desfile de placeres y excesos dispuestos a todo aquel que quisiese integrarse
Destacaba entre el grupo dos figuras, que no parecían estar en sintonía con la algarabía de los presentes. Solo recorriendo con la vista aburrida los actos tomando lugar a la redonda.
Bardock se levantó de su sitio. No había forma de encontrar la firma de ninguno de sus hijos, probablemente debía escabullirse en palacio para determinar si eran resguardados en las alas medicas principales. Pero su movimiento no pasó desapercibido.
—¿Te vas tan pronto capitán? — Se acercó con sigilo el recién nombrado comandante general de las tropas. De forma amigable puso en su mano otra copa llena —¿Tu consorte ha venido? —preguntó aludiendo a la fama del apego inaceptable que la pareja sostenía.
—No gusta de entretenimientos tan burdos— Señaló con la vista la deplorable conducta de sus congéneres.
—No la culpo— Panbukin afirmó, prestando atención a las depravaciones en inmediaciones —Ni a ti — Agregó sonriente —¿Qué interés podrían darte estos remedos de féminas, teniendo tú mismo una mejor?— Otorgó una sucia risilla que no fue tomada con la ligereza debida. Dando su subordinado un leve gruñido de advertencia en su contra.
—No te exasperes, viejo amigo—Dio un par de palmadas sobre su hombro —Yo mismo tengo una pequeña porción de las bellezas de otros mundos— Señaló a su esclava detrás del tumulto de seres cegados por los excesos, una mujer de piel homogénea y figura escultural. Absorta de lo ocurrido alrededor, pero mirando con frialdad en dirección a los dos conversadores— Tiene además el particular don de servir como salvaguardia— Sonrió, recordando el inusual talento descubierto— Pero no he venido a hablarte de esto, sino de algo que puede interesarte más.
Regresó la atención de su oyente a sus vipéreas palabras. Soltando el referido la cola de forma involuntaria ante la probabilidad que esperaba no recibir de esa boca.
—Tus hijos— Enunció ganándose un imperceptible salto en la espalda de su exlíder de escuadra —Ambos fueron recuperados con vida— Le tranquilizó —y no puedo evitar preguntarme como es que Kakarotto ha aparecido hasta este momento— Añadió prestando atención a un pedazo de tela en la muñeca del otro saiyan —…sin rasgo alguno de deterioro previo.
El experimentado Bardock no cayó ante las provocaciones. Cruzándose de brazos para esconder atenciones innecesarias al juramento que sostuvo. No demostró ápice alguno de emoción o sorpresa, enmascarando a la perfección sus verdaderas intenciones.
—¿Dónde están? — Preguntó de modo casual.
Una mueca desagradable se instaló en las gordas mejillas del general. No podía hablar abiertamente de las sospechas que inundaban a su perceptiva inferencia. Esa falta de decoro tampoco daba las señales correctas para inculparlo. Los dos jóvenes habían sido encontrados en condiciones similares al aterrizar, uno de ellos abatido apenas consciente, el otro totalmente desnudo y apenas en un hilo de vida.
Pero al ingresarlos a los tanques ninguna cifra saltó a relucir. En las lecturas no había evidencia alguna de que el más dañado de ellos se tratara del otro super saiyano al que Broly se enfrentó.
—No desesperes Bardock— Se dirigió de nuevo al padre de los jóvenes —Por ahora están a salvo— Resaltó el principio de la frase —Ya escucharemos de ellos la propia versión de los hechos, pero debo advertirte que esto coloca a tu casa en una posición muy vulnerable.
—¿Es una amenaza? —Preguntó soltando los brazos en estoica postura.
—Es un consejo— El otro explicó con falsa suavidad —A menos que tengas algo que confesar …o temer— Sugirió divertido con aterciopelada voz.
—Indaga cuanto quieras… general— Expidió sin temor alguno —Si no tienes más nuevas que darme, prefiero retirarme a casa—Se dio la vuelta, dispuesto a salir.
—La hermosa mujer de tu hijo— Le interrumpió —Tampoco he sabido que sucedió con ella— Tomó asiento en el lugar que su oyente habría abandonado con anterioridad.
—Está en casa —Mintió con la frialdad de un hecho —Hemos tenido que mantenerla resguardada de problemas, mientras esperábamos noticias del paradero de Kakarotto —Justificó la carencia de esa información — Ya es grande la fama que tiene de buscar problemas.
—Sin duda— Le dio la razón con hipócrita solidaridad — Debió ser difícil defenderla tu solo de retadores más fuertes— Esgrimió una sutil burla —Por ello, considero prudente que sea traída a palacio para recibir a su consorte. Aquí la podremos proteger mejor.
Entendía Bardock a la perfección lo que pretendía con eso. Al no poder dominar por la fuerza la voluntad del joven, la usaría de carnada para sacar a su hijo toda la verdad. Podría incluso utilizarla en su favor como informante, haciendo que su mayormente poderosa esclava la torturase para después deshacerse de la responsabilidad de ese hecho ante la ley. Pero la peor acusación era su ausencia, no habiendo contactado con ella desde el momento en que el ataque sucedió.
—Considero que eso sería un grave error…amigo— Replicó, con la dura mirada inflexible—Quizá correría peligro incluso de ti mismo.
—No me atrevería a retar a tu vástago— Afirmó de inmediato —Por muy tentadora que la hembra fuese.
—Te lo agradezco, general— Espetó una vez más, haciendo un gran esfuerzo por mostrar respeto —Comprenderás que, de acuerdo con las leyes, ella es únicamente mi responsabilidad… y hasta este momento hemos hecho un buen trabajo resguardándola para mi hijo.
—Que así siga siendo— Dio un corto asentimiento —Cuando tu hijo salga, espero tener el gusto de verla de nuevo.
Se despidió dejando esa última insolencia colarse en el subconsciente de su oyente. No detendría ahí sus conjeturas. Tenían que encontrar la forma de hacer las versiones coincidir, si quería librar a su familia, debía ser él el primero en recobrar al principal sospechoso de traición.
_..._
Los recuentos de daños aún se escuchaban entre las conversaciones cotidianas en Puranten.
Sumergida en un complejo laberinto de tubos industrializados, la cansada estampa de la única humana sobreviviente en ese precario mundo trabajaba en las composturas del sistema artificial de respiración.
La base era pequeña, no apta para el mantenimiento de una cantidad tan insostenible de habitantes. Todas sus bondades estaban diseñadas para la extracción o manipulación de minerales de ensamblaje, por lo que las comodidades y el espacio eran limitados
El verdadero pesar en sus labores eran los momentos de descanso, donde tenía tiempo para meditar en lo sucedido. Se negaba a aceptar que ella fuese la última sobreviviente, que su admirado salvador perdiera la vida en esa indigna trampa mortal. Aun después de haber conseguido la ansiada transformación de la que todos querían opinar. Para Bulma solo era un triste recordatorio de su incertidumbre.
Aunque de alguna forma, ella presentía que él estaba vivo. No podía aceptar lo contrario.
Sus pensamientos fueron disueltos cuando un pequeño insectoide se acercó.
—Ven conmigo —La criatura la señaló, relevándola del equipo de reparaciones.
Sacudió su uniforme de mantenimiento y guardo las diminutas piezas deconstructoras. Se arrastró de vuelta por los túneles sin ánimo de emitir queja alguna, esos días la depresión corría rampante en sus emociones.
Cuando salió de su escondite, una cola ondeaba impaciente. Le encontró de frente retirando la grasa de su rostro con un paño.
—Has hecho un gran trabajo en todo lo que emprendes— La fría voz femenina le reconoció — La réplica de los tanques ha salvado a la gran mayoría de nuestros heridos — Suspiró tomando una pausa ante lo que tendría que informar, no confiaba del todo en la discreción de la humana — Pero las señales indican que debemos encontrar otros medios para terminar de sanar el resto de los tejidos más delicados — Celipa solicitó, ayudándola a ponerse en pie —Es necesario que idees la forma de encontrar un tratamiento que acelere su recuperación…no podemos mantenerlo más tiempo dentro, sin sacrificar su nivel de poder.
Comprendió ella de inmediato de quien se trataba. Había pasado ya más de dos semanas ingresado, sin tener siquiera la certeza de cuando sería dado de alta finalmente, algo definitivamente estaba mal y no querían hacer partícipes al resto de la verdad escondida.
—¿Está..? —No sabía cómo formular esa pregunta sin incomodar a su protectora.
—Nos escucha— La otra admitió, incapaz de sosegar su propia inseguridad—Pero…
No pudo terminar, retomó la indiferente pose dejando su vulnerabilidad de lado. Indicó a la humana el camino a seguir y ambas se pusieron en marcha en torno a la cabina más alejada del complejo. Un buen lapso después, las dos ingresaban dentro de un complejo de varias cerraduras previas. Entrando con el sigilo de un gato al curiosear.
—El drenado ha terminado su ciclo— El robot de enfermería señaló, auxiliando a un pálido saiyan de rebelde cabello oscuro, visibles ojeras enmarcaban ojos llenos de ira.
—Majes… — Celipa intentó saludarle, evadiendo el poco amable gesto de su superior.
—Sus predicciones fueron correctas —Cortó el saludo, sin ánimo de prologar más pérdidas de tiempo. Había escuchado ya todo lo que sus dos subordinados más confiables murmuraban. El daño era más específico de lo que podía soportar.
—Además de… — Su comandante titubeó continuar el interrogatorio frente a la humana, sin embargo él no hizo seña alguna de desacuerdo —Su visión… — Tragó contemplando las probabilidades de que ese hecho fuese aun peor— ¿Hay algún otro…? —No tenía forma de sacar las preguntas correctas sin aplastar su maltrecha moral.
—No — Él contestó —…O no lo sabré hasta que comience mi entrenamiento.
—No debemos presionar la recuperación de los tejidos con un entrenamiento...—Uno de los médicos robotizados inquirió, silenciándose ante la reacción violenta de su paciente.
—¡Yo soy quien decidirá eso! —Gruñó sin dar pie a discusiones posteriores. No sería cuestionado por ningún motivo.
—¡Salgan! — Ordenó a los asistentes artificiales —Menos ustedes—Señaló a las dos mujeres presentes que había escuchado caminar.
—Debemos tomar un par de muestras — La saiyana insistió, sin dejarse amedrentar — La terrícola realizará un protocolo de inves… —
—¡NO es…! — Gritó sin poder controlar todo el torbellino de emociones que subía sin frenos, no entendía la razón por la que todo lo que pasaba por su mente carecía de filtro alguno de mesura, miedo, ira, aprehensión y ansiedad golpeaban su ánimo sin tregua alguna —Necesario —Corrigió poniendo esfuerzo en controlarse — Nosotros no somos entes frágiles necesitados de atenciones específicas — Aseguró ofendido por las declaraciones—¡No me vencerá algo tan absurdo como esto! —Regresó el desánimo instalándose en forma de enojo, una intolerable sensación de animadversión imposible de acallar. Decidió salir del sitio, a grandes pasos en busca de alguna corriente de aire por donde escapar, pero la sensación no estaba allí.
Caminó una vez más escuchando el estridente ruido de utensilios y maquinas sin comprender la razón, desistió de ese paso en busca de una nueva ruta, escuchando el quejido adolorido de una de las mujeres en el proceso.
Al mismo tiempo, las dos incrédulas convidadas a escena no podían dejar de observar al joven dar vueltas sin precaución alguna, derribando todo a su paso sin siquiera inmutarse, hasta que embistió a una de ellas sin caer en cuenta de sus actos, solo deteniéndose hasta entender que algo sucedía sin que pudiese ser explicado por su propio razonamiento.
—¿Qué estás haciendo? — Preguntó la científica quejándose del burdo trato, levantándose del suelo donde él la habría atropellado en busca de una salida.
—Es aún peor — Celipa se lamentó — No puede sentirnos … no puede sentir nada.
Habiendo escuchado esto, el aludido bramó un audible quejido, disparando en contra de una de las paredes laterales, sin poder evocar poder alguno. Enfurecido por su incapacidad, caminó en línea recta al sitio donde habría emitido el disparo y simplemente golpeo la pared atravesándola hasta el sitio donde suponía estaba la vastedad del cielo abierto.
Ninguna de sus dos testigos hizo algo por detenerle.
—No… no puede ser posible — Bulma murmuró sin poder despegar los ojos del inestable sujeto.
—Si — Celipa suspiró observando los actos desesperados del joven por levantar el vuelo —Pero no se en que grado su daño este consolidado —Llevó una mano a su rostro, pasando los dedos por su propia frente en signo de incertidumbre — No puedo distinguir si es enojo o simplemente no está regulando su mente ¿Qué conjeturas tienes predichas? —Se dirigió a la chica, intentando obtener algún motivo de esperanza.
—Necesito … — Ella permaneció inmóvil, escudriñando la conducta errática del joven príncipe encolerizado —Necesito hacer un par de exámenes — Asintió en queda voz, fraguando la posible respuesta a sus dudas con una sola pregunta en mente, sabia exactamente donde conseguir la solución. Se dio vuelta, dándose prisa a encontrar una herramienta crucial en la sala contigua de emergencias.
—¿A dónde vas? — La comandante intentó comprender la razón de su estampida.
—Por favor, encuentra un modo de traerlo de vuelta — Gritó perdiéndose entre los pasillos —volveré en seguida.
…..
Ingresó en la sala medica del cuerpo general, con ojos abiertos a todo su máximo.
—¿Dónde están los conectores de sensibilidad? — Gritó a los encargados —¿Los medidores de vitales para los trajes? —Los transeúntes solo la observaron correr en busca del muestrario de sus propias invenciones.
—No lo sé — El líder de tecnólogos declaró— Quizá en la …— pero cuando volteó a buscarla ya no estaba allí —Está aún más loca que cuando llegó —Denegó regresando a su tarea previa, asintiendo el ayudante que le acompañaba.
….
Cuando ella regresó con los sensores en mano, su paciente estaba inconsciente en el suelo, sostenido por una cansada guerrera que habría tenido que usar su mejor esfuerzo para neutralizar sus necias demandas.
—Tuvo que ser por las malas — Jadeó levantándose del suelo.
La humana se acercó a la comandante, poniendo en sus manos los instrumentos para hacer el examen requerido.
—Coloca estos en su frente — Ordenó haciendo las dos lo especificado, ató los circuitos a una pequeña computadora en su regazo —Quiero que tomes tu distancia un momento — Anunció antes de empezar con el proceso.
—Ese tipo de descargas no me pueden hacer ningún daño — La saiyajin se encrespó por la sugerencia.
—¡Es por la interferencia! — Replicó la científica —¡Cielos! ¿Todos ustedes son tan susceptibles respecto a su fuerza? — Dirigió una mueca en su dirección, abochornando a la comandante.
Cuando el proceso terminó, las secciones holográficas de las sinapsis corrían en un mapa neural. Toda la red viable en torno a los procesos normales esperados, salvo un sitio específico temporalmente invisible.
—No es lo que crees —Habló la chica con desgana. De inmediato procedió a explicar los hologramas obtenidos en una vista con mayores dimensiones —Esta es una de las zonas más sensibles del cuerpo — Detalló en la proyección de mayor tamaño en los escáneres de la sala —Sin embargo, puedes ver que no tiene reacción alguna — Señaló las oscuras zonas apagadas —No solo no puede ver, no puede sentir o escuchar de una manera adecuada, probablemente ni siquiera sea capaz de regular sus emociones de una manera consciente — Exhaló, comprendiendo a fondo la causa de esas lesiones—El ataque debió dañar secciones internas del cerebro, alguno de los núcleos del tálamo, intralaminares…. ¡No lo sé! —Llevó ambas palmas a sus manos incapaz de dar una respuesta específica, ya que su área de especialidad no incluía desarrollos biomédicos —puede que incluso su sentido de alerta y control — Finalmente se sentó en una de las bancas de la sala, pasando las manos por su cabello—Esto es un desastre.
—Los fluidos de recuperación no ingresan a secciones específicas internas de los órganos — Celipa agregó, visualizando el problema en su totalidad —Esa recuperación debe hacerse de otro modo — Suspiró en el mismo tono angustiado que la humana —Es… un milagro que esté con vida.
Se quedaron las dos observándole, con su usual ceño ahora relajado, perdido en algún lejano sueño. No podían mantenerlo en ese estado dentro de la base, su condición era un peligro latente para todo ser vivo que fuese incapaz de defenderse de los picos de poder que presentaría. No podían confiar siquiera en que el secreto de su incapacidad temporal fuese resguardado. Tendrían que encontrar la forma de sacarle de ahí, hasta poder recuperar sus funciones.
—Bulma— Celipa le llamó —Nadie puede saberlo —Fijó su vista suplicando su extrema discreción. De la mano de ello estaba firmada la sentencia de todo el planeta.
—Pero lo notarán — Ella admitió —Su conducta, sus palabras… todo puede llegar a modifi..
—No— La comandante le silenció —Esta información puede llegar a oídos de sus enemigos. Con un líder inestable, incapaz de sostener una batalla ¿No imaginas las consecuencias catastróficas? —Pausó ocurriéndosele una probable solución—Trasladaremos todo a otra de las secciones remotas. Serás relevada de tu cargo hasta que encuentres una cura que sea funcional.
—¡¿Qué?! ¡De ninguna manera! — Se alejó con pánico palpitando en sus nervios —¡Debo quedarme a esperar noticias de mi familia!.
—¡Si no lo haces tú, nadie más lo hará! — La guerrera vociferó cansada de la actitud derrotista de la humana —¿No lo entiendes? — Insistió regulando su tono por posibles curiosos —La vida de todos está en una crisis de proporciones inimaginables. No podemos hacer otra cosa.
—¡¿Tu no lo entiendes?! — Reviró la terrícola el cuestionamiento —¡Me matará! — Se alejó del par mirándolos con aprehensión —¡No tendrá control de sus emociones! ¿Has visto lo rápido que este volátil cretino tiende a irritarse? —Lo señaló intentándola convencer de su argumento.
—Neil se quedará con ustedes cuando se haya recuperado — La comandante persistió en el plan original —y quizá algún otro soldado de élite en el que podamos confiar — Meditó con mirada fija en el horizonte —Nappa…
—¡NO! — Se levantó con todo su ser erizado ante la sugerencia —¡Todo menos él! — Ordenó con la seguridad de una sentencia de muerte.
—Quizá tengas razón — La siempre inexpresiva saiyana sonrió, ya eran famosas las afrentas entre esos dos viscerales energúmenos —Podemos disponer de Shoga un par de días — Reformuló —o Hakusa —el solo hecho de mencionarla, trajo a su oyente un desazón persistente.
—¡Por todos los cielos! ¡No puedes hacerme esto! — Chilló incapaz de cambiar su destino, reposando su vencida forma sobre la mesa donde el príncipe se encontraba dormido —¿Por qué no sólo me haces golpearlo hasta que se reponga? — Lo señaló con el rostro, cruzándose de brazos— Él me dará muerte más rápido y sin dolor ¡Esos sujetos me odian! —Exclamó hastiada de soportar todo ese dilema por causa de su pericia constructora.
—No tenemos opción — Celipa le reprendió —Tengo un mundo que dirigir en la ausencia de Vegeta — Exhaló entendiendo la dura labor que eso supondría—Podrías empezar por ser más cooperativa y probablemente ninguno de ellos sería tan antipático a tu causa. No te haría mal tener más aliados — Dio especial atención al efecto de sus palabras, no obteniendo replica alguna de la joven enjuiciada. Ella parecía realmente agotada, Celipa suponía que se debía a alguna particularidad relacionada con la pérdida de su compañero, de cuya supervivencia no había nadie tenido noticia alguna. Finalmente, la joven regresó al presente.
—¿Qué tiempo? — Resignada a su destino, Bulma preguntó.
—Hoy mismo — La mujer decidió que era hora de poner todo en marcha—Ve a poner todo en orden, tendrás un escuadrón que te ayude a trasladarles — Salió, dejándola en compañía del desfallecido—Yo llevaré a Vegeta.
_..._
—Una pequeña criatura virtuosa en tu mundo—La voz dulce del alto hombre azulado, declaró con una cínica mueca —Pero aquí… no eres nada.
El espíritu de lucha del infante era de reconocerse, casi vencido sostenía los puños cerrados incapaz de aceptar su derrota frente a los infinitamente superiores guerreros que le golpeaban.
—No deberían tratar al príncipe de ese modo —Su compañero de escuadrón intentó enunciar, todas sus costillas visiblemente fracturadas —… En sus venas… corre el legado del legendario — escupió un rastro de sangre —…bien podrían… estar parados ante él.
—Todas sus supersticiones arcaicas— El gigante burdo rosáceo, se burló —Hablan de lo torpes e ignorantes que en realidad son—Limpiaba sus puños de la sangre conseguida de los saiyanos en el suelo.
—No comprendo porqué postergo el gran Freezer su aniquilación— El otro galante adversario coloco de espaldas al piso al pequeño, impidiéndole levantarse con el peso de su bota.
—¡Algún día recibirán el pago que merecen! — Nappa rabió incapaz de levantarse del sitio donde habría sido apaleado junto al resto.
—¿Y cual sería ese? —La melosa y fría voz mas temida en la galaxia ingresó de súbito.
No hubo sonido alguno por el pequeño lapso, en que las pisadas del emperador de todo lo conocido, paseaban con liviandad hasta el centro de la sala. Su presencia se sentía como un insoportable invierno bajo la piel, hacía un cruento honor a su nombre.
—Lord Freezer— Sus asistentes se inclinaron velozmente al mismo tiempo. El rostro de sus subordinados palideció con la misma rapidez.
—Creo haber ordenado— Relamió su melosa voz autoritaria —Que no quería mas peleas en mi palacio.
—Los monos han venido a reclamar un pago inexistente— Dodoria se justificó inclinándose en perfecta reverencia
—Lord Freezer— Nappa intentó hablar sofocado por el pie del gigante rosa —hicimos el trabajo tal cual se solicitó— Agregó con falsa sumisión —Es nuestro derecho.
—Me parece— Pausó el tirano, acercándose al casi moribundo infante —Que se les ordenó dejar con vida a los regentes de las arenas— siseó en el oído del menor —casualmente eran los únicos seres que sabían preparar uno de los mejores manjares conocidos— Tomó del cabello al autoproclamado líder del escuadrón para mirarlo con detenimiento —Y he escuchado que fue una rabieta tuya la que provocó ese desacato.
—Esos bastardos mataron a Renso—Raditz intentó intervenir en favor de su líder.
Pero su precaria justificación quedo disuelta en el aire, siendo el mismo emperador quien de modo pantomímico levantaba al joven príncipe en un plano vertical de nuevo.
—Solo quieres probarlo ¿No es así? — Pasó su mano sobre el cabello del niño — ¿Quieres probar que se siente usar todos los límites de tu poder? — Dio una gentil palmada en su coronilla. Se levantó, con ambas manos detrás en suntuosa postura. Miró un instante por encima de su hombro, un segundo después dio una patada en el mismo sitio donde antes habría propinado la caricia al menor. Impactó ese cuerpo de forma estridente sobre tres de las gruesas paredes del edificio. El resto de su equipo solo le miró con bocas y ojos bien abiertos.
—Zarbon— El monarca habló —pónganlo en un tanque y regrésenle al cuartel en cuanto esté listo para una siguiente lección— Cerró los ojos, complacido —y Zarbon… si muere, será tu responsabilidad— Amenazó, causando el irremediable temblor del sujeto que le levantó antes de que perdiera la vista por completo.
Abrió los ojos, del cúmulo de pesadillas habituales esa era una de las pocas que hacían su sangre hervir. Mas no entendía porque recordaba ese fragmento de vida de forma tan clara, habiendo pasado años intentando borrar que no habría sido su mano la que pudo concretar la venganza contra la humillación de los demonios del hielo.
Estaba en una de las capsulas de inducción al sueño, fabricadas en tiempos antiguos, extendió la mano para salir del grueso cristal comprobando por los leves pitidos, que el ciclo estaba terminado.
Aún no podía ver nada. Pero eso no le impediría iniciar la búsqueda de sus propias respuestas. Más al salir, varios obstáculos en el camino le hicieron tropezar. La lejana sensación de algo moviéndose debajo le hizo intentar pararse de inmediato, pero simplemente no encontraba la coordinación para hacerlo a la velocidad requerida, ganando escandalosas quejas de la criatura a la que había también perturbado de su propio sueño.
—¡Quítate de encima! — Gritaba frenética, resbalando por el líquido vertido en el piso, producto del desastre producido al atropellar la mesa y botes donde los utensilios de curación estaban dispuestos.
—¡Solo cállate de una vez! — Le vociferó el saiyan, entendiendo que su nerviosismo era en parte guillotinado por la insistente queja de la endemoniada fémina.
Ella intentaba empujarlo sin éxito, desistió el otro de usar los brazos, sólo rodó a un lado, ambos empapados en los aceites curativos que continuaban extendiéndose en el piso de la habitación.
—¡Mira lo que has hecho! — Reprochó ella sacudiéndose los restos de grasa en sus manos —…o no… mires… — recusó de emitir una respuesta a su torpe acusación — ¡Maldición! ¿Dónde está Neil? —Refunfuñó entendiendo que estaba por completo sola en esa tarea.
—Tu deberías ser quien tiene las respuestas — Gruñó su oyente sentándose — Y yo soy quien debería hacer las preguntas… ¿Dónde estamos? ¿Por qué estás aquí?
—Me quedé dormida ¿Entendido? —Replicó ofendida usando la silla derribada como sostén para incorporarse —Estamos camino a una mina al parecer… Hemos estado intentando diferentes tratamientos para ayudar a tu recuperación mental — Los pies patinaban incapaces de sostenerse por mucho — Pero olvidé reiniciar el ciclo y te reanimaste.
—Te prohíbo que me uses como tu maldito animal de pruebas —La reprendió de nuevo, intentando usar con torpeza los pies y manos para levantarse.
—No estás en condiciones de prohibir nada — Espetó ella hastiada de recibir amenazas—o de levantarte siquiera— Arqueó la ceja entretenida en los desatinados intentos del otro —Quédate quieto o te vas a lastimar.
—Nada puede dañarme inútil humana— Se sentó rendido dirigiéndole la vista.
—Despertamos molestos ¿Eh? — Se burló ella sonriendo por verle en ese estado ridículo de vulnerabilidad negada
—¿Dónde están todos? — Preguntó el intentando cambiar el tema a cuestiones de mayor importancia.
—Celipa pensó que es mejor mantener esto oculto del resto— Admitió sentándose en idéntica copia — Hasta que tu visión haya regresado por completo.
—¿Hay alguna expectativa de tiempo? — Cruzó los brazos desistiendo de voltear en dirección alguna.
—No lo se aún— Bostezó —Pero en un par de días tendremos la respuesta.
No contestó, lo que le dio a ella motivos para intentar otro tipo de ángulo. Quizá si intentaba ganar su confianza el proceso sería menos hostil. Gateó con torpeza hasta el con la finalidad de auxiliarlo. Extendió el brazo hasta tocarlo, pero al no poder sentirla intentó el su propio camino para levantarse.
—Sólo déjame ayudarte ¿Sí? — Le habló consiguiendo asustarle por su cercanía. El pungente olor de los aceites habría enmascarado ese hecho, por lo que todos sus músculos se tensaron rebeldes.
—Puedo hacerlo solo— Disimuló su estado apartándose del sitio donde la escuchó.
—No, no puedes— Ella aseguró cruzándose de brazos ante su necedad.
—Tengo mejor control de mi cuerpo en un solo dedo, de lo que tu en todas tus funciones— Logró ganar equilibrio momentáneamente, pero el balance le traicionó cayendo de nuevo en un sentón.
—Te lo dije—Rio ella temblando levemente por la cómica escena.
—¡Cállate! — Bufó intentando recomponer la rápida aceleración con la que su enojo crecía —¡Sólo cállate! —Respondió con tal exageración, que rápidamente la risa femenina se transformó en temor. Las cosas a su alrededor comenzaron a vibrar de forma terrorífica.
—¡Cálmate ya Rey de la histeria! — Gritó resguardándose de la arena cayendo de la cubierta en el túnel.
—¿Qué está pasando? — Ingresó el namekiano alarmado en el repentino temblor. Resbaló del mismo modo en la pequeña habitación. Sin embargo, lejos de caer sin gracia, pudo levitar en el último instante.
—El príncipe del desastre destruyó las botellas— Anunció con reproche implícito.
—¡¿Por qué demonios te enviaron a ti?! — Replicó el saiyajin, haciendo otro pobre esfuerzo por volver a ponerse en pie.
—Quizá porque nadie más te soporta— Añadió mordaz.
—Podría decir lo mismo de ti— Objetó el ofendido con el ímpetu de una cría afrentada —Toda mi legión ha venido a mí en algún momento para que reconsidere regresarte.
—Qué lástima que estemos atascados en la misma miseria entonces — La joven contestó incapaz de doblegar su sarcástica lengua —Neil sácame de aquí antes de que su majestad decida destruir más cosas.
Decidiendo que habría presenciado suficiente, el guardián del par de volátiles jóvenes se acercó guardando la risa ante las infantiles conductas. Flotó hasta ellos y extendió una mano a la mujer sujetándola del antebrazo para elevarla. Inseguro de la fuerza que debía emplear para levantarla, el triste agarre resbaló por la viscosidad con la que la chica estaba recubierta, haciéndola caer y deslizarse hasta el sitio donde todas las charolas y utensilios estaban apilados.
Al escandalo prosiguieron las enérgicas querellas.
—¡Eso lo hiciste a propósito! — Lloriqueaba maltrecha desde el suelo, insegura de tallar sus golpes o solo rendirse acostada.
Una carcajada estalló a lo lejos.
Los incrédulos cuidadores voltearon en dirección al eufórico paciente, que no dejaba de emitir una estridente risa, tirado de espaldas al suelo, temblaba deleitándose en lo que la imaginación refería de la escena.
—No tiene gracia — Intentó ella sentarse una vez más, sorprendida de la simpleza con la que el otro deambulaba en gozosa burla.
—Eres tan torpe — El otro regodeó su humor, simplemente relajándose en el piso. El efecto adormecedor del líquido empezaba a escalar, haciéndole disfrutar de ese instante liberador, hacia muchos años que un momento así no le provocaba tal reacción. Ni siquiera entendía la razón, pero estaba dispuesto a dilatar en lo posible esa fabulosa sensación tranquilizadora.
En medio de la incomprensión de ese instante, subió por Neil una pequeña sonrisa casi imperceptible. Esos dos eran un caso perdido. Levitó de nuevo en dirección de la humana y la sostuvo con mayor firmeza transportándola fuera del sitio.
—Debe ser producto de su lesión— Ella explicó sin que el otro lo solicitara — Todas sus emociones llegan con la máxima intensidad.
—Procura entonces no irritarlo — El guerrero solicitó en amable tono —No sabemos las futuras consecuencias de su estado.
Ella suspiró. Entendiendo que detrás de ese incidente acontecerían cientos más y no estaba segura de entender si en el fondo todo su sacrificio en torno a un ególatra realmente valdría la pena.
