El ronroneo del tanque de curación adormilaba. El pitido del terminado cantó.

Por fuera, en las áreas de salud del complejo real, un saiyano ansioso esperaba no cometer error alguno que delatase la realidad sobre el herido flotando al que custodiaba.

El líquido se vació, cayendo en el suelo de la cabina una decaída forma: su hijo menor. Completamente restaurado en tejidos, mas no así en fuerza. Las lecturas apenas conferían un porcentaje risible de lo que pocos conocían como su verdadero poder.

—Le reanimaremos para revisar sus sentidos— La encargada del área médica anunció, acercando los escáneres al joven. Sin embargo, fue detenida en el proceso.

—Lo llevaré a casa— Su padre señaló, levantándolo de un solo movimiento.

—No puede llevarlo de ese modo— Protestó la enérgica mujer interponiéndose.

Pero el otro no contestó. Salió sin dar explicaciones directas, no quería tentar más su favorecida suerte con otro testigo para recriminar su desacato.

Cuando emprendió el vuelo, el viento estrellándose en el rostro del joven, le devolvió la conciencia. Levantándose éste de forma entorpecida y casi doblegando el curso del sujeto que le transportaba. Toda su energía regresando de un solo golpe, comprometió la estabilidad con la que se desplazaban.

—¡Tranquilízate Kakarotto! — El mayor ordenó. Descendió en el cobijo de un páramo cercano. Contempló a su joven vástago intentar levantarse, apenas cubierto por la manta con la que lo habían cubierto antes de salir de la estación militar.

—¿Dónde est… Qué sucedió? — Tallaba su frente, entrecerrando los ojos por la molestia en la intensa luz del día. Se enrolló la cintura con la manta de forma mal hecha.

—Esperaba que tú me contestaras eso— Requirió sin dejar de prestarle atención.

Su energía errática confería una enorme duda. ¿Habría sido el daño mayor del que suponía? La manera en la que se conducía tampoco parecía usual, carente de su bobalicona sonrisa, meditando en algún hecho del que no parecía dispuesto a conversar. Tomó el menor asiento junto a su padre, ordenando los hechos de manera subconsciente.

—Su fuerza— Inició con lentitud —Es… insuperable— Exhaló. No había jamás presentido un poder de tal magnificencia en un ser vivo. A pesar de la emoción que encendía la oportunidad de combatir con un oponente así, no sabía si algún día sería capaz de vencerlo. Estaba por vez primera frente al primer récord probablemente imbatible.

—¿Pudo reconocerte? —Preguntó su progenitor, sin más preámbulos a lo que realmente importaba.

—No— Contestó a secas, no queriendo aceptar la realidad envuelta detrás de ese hecho. Tantas muertes presenciadas sin poder hacer algo.

—¿Toma?…— Se atrevió Bardock a preguntar.

Gokú cerró los puños, tan fuerte como sus apretados dientes le impedían confesar — Se sacrificó para salvarme… estoy seguro— suspiró — de que fue quien me envió aquí en su lugar.

Relató entonces cada detalle de lo acontecido en todo ese tiempo, absorbiendo ambos el peso del conocimiento de ello. El sonido del paraje se impuso ante las inmóviles estampas. Cantos de pacíficos animales minúsculos y el arrullo del viento entre las rocas. Muchas vidas que honrar, muchos pecados que expiar. No había forma de disuadir la carga.

Bardock tomó el fragmento de tela atado en su mano, recitando un proverbio antiguo en su idioma original. Incinerando el fragmento en un movimiento pausado.

—Cumplido está…amigo mío—Murmuró dando el pacto por terminado.

—Era un gran hombre— Su hijo expresó con pena.

—Lo era.

Después de un largo momento de silencio, ambos volaron de vuelta a su hogar.

_..._

Lluvias de una intensidad monzónica. El panorama era tan gris y helado que ni siquiera se molestaba en mirar por los gruesos cristales empañados del refugio. Finalizando su corte de cabello depositó el remedo de tijeras en su lugar, satisfecha se miró en el espejo comprobando el tamaño uniforme de medio largo azulado. En ese particular día semejaban las circunstancias las mismas que cuando llegó a ese desolado paraje. Secciones cubiertas de hielo gris recubrían los altos terrones arenosos. Zonas vitrosas que resplandecían con los pocos atisbos de luz en el horizonte.

Solo tres alas sobresalían el complejo subterráneo antiguo. Bulma entendía que debía tratarse de Minas tecnológicas de extracción de silicio platturus según los amarillentos reportes en las mesas de control. No era un sitio particularmente acogedor en comparación con el anterior, pero hacia un buen trabajo en mantenerles aislados de la percepción del resto.

Trabajaba en restaurar las luminarias de los lúgubres laberintos del complejo. Suficientemente húmedas y terroríficas para atemorizarle diariamente en formas y fauna. Más, no era la amenaza de los invertebrados gigantes escondidos la que más incomodidad le causaba.

—Debo realizar mi cambio de guardia prontamente— La joven saiyan anunció — Me informan que mi relevo será Shoga — Continuó intentando conseguir alguna clase de respuesta. Incluso para sus estándares elitistas, la falta de comunicación en un periodo tan largo le hacía buscar un poco de retroalimentación social.

—¿Esperarás a que haga la intervención? — Contestó la terrícola —Podrías hacerla tu bajo mis instrucciones, ya conoces el procedimiento — Le alentó, intentando no sonar insistente.

—¿Y perderme ese encantador intercambio? —Se burló la primera —Jamás, humana — Bostezó divertida —No había visto a alguien cerrar tu osada boca desde que llegaste aquí.

Bulma comprendió que no había forma de prolongar más el inevitable suceso. Dejando de lado sus tareas autoimpuestas se puso en pie. Transitaron el camino que ambas conocían bien. El goteo de las paredes favorecía el crecimiento de las amorfas plantas, albergando toda clase de especímenes pavorosos que erizaban su piel. ¿Por qué no podría haber seres normales con dos ojos al frente y cabeza? Se preguntaba dándoles un vistazo de repudio.

El susurro de la puerta que buscaba era sumamente silencioso, por lo que en toda ocasión buscaba hacer suficiente ruido para advertir su presencia.

—¿No entrarás? — Insistió, percibiendo un ligero temor subir por su costado.

—No — Contestó aburrida —Quiero llevarme un buen recuerdo para mi siguiente guardia — Le dedicó una esquiva sonrisa — Si las cosas se ponen feas, sabes que aquí estoy —Sarcástica, le guiñó un ojo, entendiendo a la perfección el ánimo de la titubeante mujer.

Llena de arrogancia, decidió dejar al orgullo presentarla e ingresar, pese a la falta de luz que esos días prefería mantener su involuntario huésped.

Buscó a tientas los interruptores de encendido, encontrando un hueco chamuscado en su lugar. Bufó apesadumbrada por el hecho de tener que trabajar en esas condiciones y con ese inestable individuo, claramente atravesando una severa crisis existencial.

—Lárgate— Exigió la voz en la profundidad de la sala — Hoy no quiero compañía—Espetó, agazapado a corta distancia del sitio donde ella se encontraba.

Sin acatar lo dicho, dio un examen superficial a la gravedad de los daños. Le tomaría un par de días reparar lo que debía iniciar desde un rotundo cero.

—¡Maldita sea Vegeta! ¿Porque arruinaste los circuitos de encendido? — Externó, pasando rendida una mano por su azulado cabello. Era uno de esos días que temía enfrentar.

—¿Qué importa? — Contestó, simplemente manteniéndose fuera de alcance entre las sombras—No hace ninguna diferencia para mi— Externó, sin emoción alguna.

—¡Me será más difícil hacer los estímulos sin ver los controles de… —

Pero el instante de valentía se esfumó tan pronto como comprobó la súbita cercanía del encolerizado sujeto. El uso de su ki finalmente había regresado. Simplemente desafiándola con su estampa, él se quedó en cercanía, pleno en conciencia del efecto amedrentador de esta. Un dragón enfurecido cubierto de todo poder asesino entre escamas de odio.

—Lárgate — Insistió en un tono mucho más suave que la rigurosidad en su amenaza. Todos los músculos en sus hombros visiblemente tensos, su aura azulada como llama en control y en la pobre luminosidad que las puertas entrecerradas dejaban filtrar, ella se dio cuenta del precario estado en que él se encontraba.

La piel hecha girones en algunos recovecos indistinguible de la ropa que utilizaba, rojo y plasma secos en golpes y tonos violáceos dispersos, un retazo de tela ensangrentada cubriendo sus ojos.

—¿Qué… — Se detuvo contemplando si debía terminar esa pregunta —¿Qué te has hecho? — reformuló el tono por lo empático que pudo haber sostenido el anterior. Apenas doblegaba su mano de querer tocas algunas de las heridas abiertas en su costado.

—Eso no te importa — Rabió acercándose, logrando que ella retrocediese.

Podía la joven entender todo con la misma claridad que sabía que ninguno de sus procesos tenía el efecto esperado. La recuperación era aún más lenta de lo requerido y la desesperación empezaba a presentarse en él, del mismo modo que a una criatura salvaje enjaulada.

—¡Por supuesto que me importa! — Insistió olvidando guardar las apariencias —¿Qué crees que pasará conmigo si descubren que has muerto bajo mi guardia?

—¡¿Quién crees que es a quien debes rendir cuentas?! ¡¿Crees que me importa lo que suceda con los demás?! ¡ES SUFICIENTE! — El volumen de su tono igual de errático que las ráfagas de ki que exudaba en su altercado, Bulma fue arrastrada por la intensidad de una fuerza invisible, apenas sosteniendo sus palmas en el suelo para intentar ganar balance — ¡ESTOY CANSADO DE TODOS USTEDES! — Las paredes de hierro rugían doblándose en peligrosos bordes.

—¡Detente! —Rogó ella al ver el primer nivel doblegarse de formas inexplicables —¡Nos matarás a todos! —Mas su suplica no fue escuchada en ningún aspecto, evaporada su voz entre el frenesí destructivo del hombre al filo de su locura, encolerizado en límites insospechados rumiando sus desgracias en cada pensamiento proferido fin freno.

Hakusa, la guardia en turno ingresó, aterrorizada de los niveles de energía presentidos aun sin ayuda de su rastreador, el rostro carente de color fijo sobre la escena sobrevolando.

Apresurándose alcanzó a la terrícola antes de que fuese engullida por la tormenta.

—¡Estoy cansado de sus esperanzas y lamentos! — Flotaba el príncipe de su raza, cubierto en su denegada aura, expeliendo todo lo que estuviese en cercanía — ¡DE SER DESPOJADO UNA Y OTRA VEZ DE MI DESTINO! — La estructura se venció en uno de los costados de las caras subterráneas, escombros pulverizados dejando un enorme hueco de remolinos de arena y hierro — ¡NO ESPERARÉ MAS ABSURDOS MILAGROS!

—¡ALTEZA DETÉNGASE! —La voz de Hakusa apenas podía escucharse entre el rugido de la catástrofe que embargaba toda materia inanimada a la redonda, su brazo apenas habría alcanzado a la humana que luchaba por respirar entre las violentas olas de viento incontenibles.

Y de golpe todo terminó. Cual ave atravesada en un disparo, cayó. Permaneciendo apenas en vuelo el sumamente herido Namekiano, quien descendia del aire resoplando con esfuerzo.

Ambas mujeres pudieron determinar la gravedad de esas heridas. La mitad de su cuerpo desgarrado. El precio pagado por acercarse a la distancia necesaria para adormecerlo.

—¡Neil! — Agotada, la terrícola intentó acercarse —¡Necesitamos ingresarte a un tanque ahora mismo!.

—No lo logrará en este estado — Hakusa intervino, poniendo su hombro debajo de su brazo para cargarle —Debo llevarlo de inmediato — Informó insegura de su proceder, puesto que sabía el riesgo de dejar a la criatura más débil del planeta, a merced de la más peligrosa.

—No… — Neil, intentó apelar a su poca resistencia —No sabemos…si esta vez…. se estabilizará — intentó librarse en vano del agarre en su cintura — No entiendo que ha suced.. — Se desmayó, vertiendo otro contenido de sangre oscura entre sus ropas.

—¡Busca refugio Bulma! —Hakusa intervino sobrevolando — Intentaré regresar lo más pronto posible — despegó de inmediato, esperando de alguna forma no estar cometiendo un terrible error.

El silencio del viento se coló en los fragmentos destruidos de la estación, insegura de moverse evaluó al perpetrador de esa locura en el frio suelo de la sala. Percibía incluso la mínima decisión de moverse como un acto de vida o muerte. ¿Despertaría? ¿Retomaría esa actitud inestable y finalmente la asesinaría? Quería correr, quería alejarse lo más pronto posible. Pero no encontraba la voluntad, sepultada bajo la atrición de la evidencia. El hielo se colaba ganando terreno a los escombros de la base destruida, en cuestión de minutos todo quedaría cubierto bajo los irrompibles cristales. Y de algún modo eso le daba la idea, de que debía tomar una rápida decisión si quería salvarse.

Se acercó al inmóvil individuo aun en contra de todas las voces de precaución. El vaho en su respiración se hacía más disperso y el temblor comenzó a presentarse en sus extremidades. Se agachó hasta él, insegura de tocarle a pesar de la insensibilidad que él presentaba. Pero desde ese ángulo podía adivinar que el frío estaba del mismo modo haciendo su trabajo sobre ese cuerpo.

Temblando producto del temor y el helado ambiente, extendió la mano intentando despertarle, dio un suave golpe sin resultados, seguido de uno más fuerte y otro. Hasta estar segura de que no había forma de despertarle de ese estado.

No sabía cómo transportarlo, siquiera arrastrarlo, puesto que su cuerpo era suficientemente musculado y pesado para servir de obstáculo infranqueable.

—¡Vamos grandísimo tonto! —Murmuró intentando una vez más despertarle. El azul de su piel se acrecentaba conforme el tiempo pasaba.

En la distancia notó un fragmento de tela suficientemente grande para usarlo como herramienta de arrastre. Como le fue posible, enredó la banda sobre él y colocándose en sentido opuesto tiró hasta empezar a moverle en dirección a uno de los huecos aun en pie de la entrada. El rugido de los truenos inició su descenso en forma de agua y hielo. Cada gota sintiéndose como aguja impía en su cuerpo. Se lamentó no haber estado mayormente preparada, viéndose inmersa en una situación incontrolable, intentando resolver un problema que probaba ser más difícil que cualquiera de los anteriores. Aislada y sola en un planeta sin aliados. Ignorante del destino de todos sus seres queridos y cargando a cuestas la única esperanza de cambiar el balance de poder en la galaxia. Por primera vez se preguntaba, ¿Cómo había terminado en esas circunstancias?

Incapaz de sentir sus dedos por el esfuerzo y frio, se introdujo en la primera habitación de cerrado hermético, apenas pudiendo ingresar al inconsciente saiyan en su resguardo. Debía ser uno de los sitios de almacenaje de compuestos de ensamble. No era un recinto grande, abarrotado de estorbos y luces centelleantes rojizas. Cerró de inmediato, dejándose resbalar en una de las paredes. Tenía mucho más frio del soportable, la hipotermia amenazando con quitarle la fuerza de un momento a otro. Determinó de inmediato, que ella no sería la ganadora de esa batalla. Su mente se nubló en un súbito sueño profundo.

_..._

— Me alegra verlos de nuevo.

Habló la cansada voz del saiyano sin cola. Corriendo en su dirección toda su peculiar familia, expresaron el alivio de recibirlo una vez más entre ellos. Había pasado ya mucho tiempo.

No era sin embargo el mismo al que recordaban, el tiempo en recuperación había cobrado mucho de su musculatura original, del mismo modo sus gestos parecían ser más maduros, enfocado en alguna realidad de la que no hablaba. Todo él desprendía una nueva esencia de seguridad, a simple vista podían deducir que su poder había cambiado de forma exponencial y pronto podrían averiguar sus nuevos alcances.

Después de tranquilizar los ánimos y poder hacer uso de su atuendo de entrenamiento predilecto, se dispuso a contestar las dudas del resto, reunidos en el viejo pozo de luz donde todo habría iniciado. Los rostros de todos amoldaban duras facciones intentando asimilar lo escuchado, sobre todo el hecho de que una de los suyos había sido dejada atrás y las nuevas respecto a su nueva habilidad obtenida.

—Un…. — Parpadeó sus bellos ojos, repitiendo las palabras de su hijo —¿Un super saiyano?

—Si— Contestó sin un ápice de broma —Podría demostrarlo, pero papá dice que es un riesgo terrible bajo el régimen de Paragus.

—Lo entiendo— Su madre asintió tomando su mano en su regazo. No podía ocultar el tinte de orgullo en poseer un prodigio de tal trascendencia en su linaje, un poseedor del fragmento de esa legendaria fuerza que jamás pensó existiese en verdad.

—Teniendo en consideración todos los sensores dispuestos en sitios públicos, es lo más prudente —El maestro afirmó en torno al líder de la casa donde se hospedaban.

—¿Mamá? — El joven habló en dirección a la sonriente mujer—¿Estas bien?

— ¿A qué te refieres? —La delicada ceja bien alta indicaba su desconcierto.

—Tu ki— El joven insistió poniendo toda su concentración en el sitio donde ella sostenía su mano— Tiene… dos energías.

Los presentes voltearon en su dirección, incapaces de percibir lo que el joven declaraba.

— ¿Es un nuevo entrenamiento?— Prosiguió Goku sin comprender la razón por la que su madre parecía alegrarse con gran furor, comprendiendo de inmediato la razón por la que los eventos previos tomaron lugar, la preocupación de todas las cosas vividas les habían hecho pasar por alto sus propias señales corporales, pero no así a sus instintos.

— Parece ser…—Ella sonrió, dando un leve vistazo a su pareja, quien parecía perplejo ante lo dicho — …Que había una razón después de todo.

—Entonces ¿Todo está bien? —Insistió el joven, quien tenía un semblante de duda idéntico al resto de hombres en la sala.

—Debemos buscar un tanque de crianza, antes de que tu padre comience a actuar como un tonto— Gine sonrió una vez más deteniendo la respiración del resto— Cuando tú llegaste demoré demasiado— No se detuvo a observar la reacción colectiva, fijando su vista en el único de su verdadero interés— Probablemente fue la causa de su locura— Presenció divertida el sonrojo profuso en los pómulos de su pareja— Pero éste no es momento para distraerle.

— Entonces tu…—Su hijo se levantó comprendiendo lo que ella anunciaba.

— Serás un hermano mayor—Asintió levantándose de su posición. Hizo una pausa mirándolo con detenimiento—¿Tienes alguna sugerencia para nombrarle? —Acusó sonriente.

Asintió emocionado su hijo por la única noticia buena en mucho tiempo.

— Quizá…Gohan, En memoria de mi abuelo de la tierra —Prosiguió buscando la aprobación de sus padres, quienes de inmediato lo aprobaron.

_..._-

La conciencia volvió a su cuerpo. Bulma se levantó adolorida por la mala posición en la que había descansado. Las molestas luces de calor parpadeantes imposibilitaban la visión clara de lo que pasaba. No obstante, toda memoria regresó al ver casi sentado, al mismo individuo que habría ocasionado todo. Inflexible entre el rojo y negro de la luz, una visión lenta de su perfil masculino, recordándole los temibles monstruos en las historias de horror de antaño.

—Puedo….oler tu miedo — Exclamó sentado en el sitio opuesto a donde ella se encontraba. Su postura era calmada y estoica. Respirando sonoramente sin voltear hacia ella —Jamás pensé olerlo en ti — Continuó, sin su oyente comprender la naturaleza de su conversación de tono divertido. Mas un segundo después la seriedad estaba instaurada en su ceño de nuevo— No puedo… controlar… —Admitió como una dolorosa y forzada confesión para ambos, simplemente extendiendo de forma floja su brazo sobre la rodilla.

Y ella le observó sin hablar, por primera vez distinguiendo al hombre dentro del cargo. Su vulnerabilidad cruda, el peso de su frustración presentado sin pretensiones, simplemente descansando sobre la pesada presencia en decaída pose.

Suspiró ella del mismo modo, observando que su propia vestimenta estaba seca. ¿Cuánto tiempo habría pasado? Comprobó la razón del calor sentido, siendo su compañero de celda el responsable de emitir energía para mantenerles vivos. No entendía la gravedad de los hechos, sino por el dolor de entrañas que anunciaba un hambre feroz en puerta. Viró en dirección al otro ente en la habitación, preguntándose que tan mal sería su estado como para soportar esa falta de alimento.

—¿Continuaras haciendo tus estúpidas conjeturas? — La interrumpió — Están intentando ingresar en la capa de hielo sin dañar más la estructura — Explicó incapaz aun de levantarse — El incidente de ayer debió dañar los generadores de potencia —Prosiguió recargándose entre los materiales para encontrar soporte.

Su estado era una clara alarma de auxilio. Sin embargo, la situación le dotaba de una inseguridad tremenda. No sabía cuánto tiempo habrían de esperar o si debía ingeniar un escape para ambos. Cual fuese la respuesta, entendía que, si no hacía algo, terminarían congelados en ese encierro. Antes de aventurarse, debía cerciorarse del estado de su compañero de celda. Algo en su postura le indicaba que estaba en peor desventaja que ella.

—Debo… —Musitó insegura de seguir adelante, simplemente extendiendo la mano para alcanzarle con la misma precaución con la que se intenta retirar algo del fuego —Debo revisar tus signos.

—Suficiente — Apartó el brazo intentando en vano alejarse de donde suponía se encontraba— No ahora.

—Tenemos que sali…—

—¡He dicho que no ahora! —Exigió al presentir su presencia en una cercanía intolerable. Siendo en ese momento capaz de olerle en toda claridad, el reflejo involuntario de esa información abrió sus ojos dejando incluso distinguir un rastro de sus dilatadas pupilas negras.

—Tus ojos…. Tus ojos están respondiendo —Detalló ella acercándose para cerciorar su sospecha —¡Están respondiendo! —Exclamó asombrada de ese progreso imperceptible —¿No lo entiendes? ¡Está funcionando! — insistió emocionada, sin prestar atención al resto de los signos de su trastornado paciente.

—Aléjate — Ordenó de inmediato. Cual, si hablase con un monstruo oscuro en su interior de alguna realidad salvaje que no domaría, la exacción primaria inundando el único sentido que poseía, no quería reconocerlo o darle nombre, era una afrenta a su propio sentido de control.

—¡Vamos esto es una señal muy buena! — Incauta de lo ocurrido persistió, intentando levantarle el ánimo —Debes … — Pero el calor que profería arrebató su interés previo — ¡Oh cielos! — Exclamó en aires de clara inquietud. Posó una mano en su frente —¡Estas ardiendo en fiebre!

De un momento a otro los ojos negros brillaban con un destello rojo, incapaz de comprender el motivo del cambio, intentó alejarse sin éxito, solo sintiendo sobre si el temblor involuntario de sus piernas bajo el agarre que el feroz saiyan hacía sobre su vestimenta.

—¿Quieres morir humana? — Susurró sumergido en alguna otra conciencia a medio camino del control y la demencia.

—Alteza — De inmediato un par de brazos lo apartaron de ella en un instante. La tensión era tal que no habría escuchado la apertura de emergencia en las puertas de seguridad, dos saiyanos conocidos ingresaban de inmediato trayendo consigo una ventisca detrás. Shoga lo neutralizó de inmediato cargándole con recelo —Menos mal que llegue a tiempo — Meneó la cabeza caminando en torno a la salida—Debemos salir de aquí, el área está llenándose de Meta-groks — se elevó llevando su carga inconsciente a cuestas.

—¿Meta….Groks? —La joven preguntó soltando el aliento que no recordaba haber contenido, suspiró intentando no evidenciar el miedo previo, sabía que esos seres no gustaban presenciar tales debilidades y no quería perder el poco respeto hasta ese momento ganado.

—Los carnívoros grises que viste camino al refugio — La otra saiyan ingresó, contestando su duda —Pero con una mutación más terrible— Se deleitó en los gestos de pavor provocados con esa información. De inmediato ofreció su mano dispuesta a llevarle del mismo modo —Improvisamos un campamento a corta distancia, tiene un generador nuevo y estarás a salvo en el perímetro —Aseguró aferrándola con fuerza antes de emprender el despegue —Debemos llevarlo antes de que las lunas cercanas entren en sintonía con el planetoide — Señaló el cielo oscuro semi despejado y el leve halo grisáceo en la distancia — No estoy segura de lo que pueda pasar…

—Su fiebre — Le interrumpió la científica haciéndole ver el tema de mayor preocupación.

—Es por esa causa — Celipa contestó levantando el vuelo con ella — Al no tener control de su cuerpo, sus poderes también varían, su cuerpo debe adaptarse— Explicó haciendo su voz sonar por encima del ruido del aire —La respuesta lunar le afectará —Aseguró observando a la humana asombrarse por la distancia a la que se encontraban de la base, no era sino hasta ese momento que caía en cuenta del tamaño del daño causado en la mina. Ciertamente irreparable.

Pasados unos minutos, se encontraban en un pequeño bunker de su obvia fabricación. Al parecer sus asistentes habían aprendido por fin el arte de la encapsulación. Sonrió satisfecha.

—Quizá deberíamos suspender el tratamiento hasta que la temporada termine — Admitió la mayor al momento de aterrizar. Pero su sorpresa creció al ver la negativa de su acompañante.

—No podemos aun —Bulma aseguró —Sus funciones están regresando — Insistió manoteando insatisfecha con los efectos que un retraso supondrían —Simplemente debemos mantenerle alejado de esa influencia— Señaló, colocando una mano en su propio mentón, enlistando las opciones que tenían —Quizá un inhibidor funcione — Meditó en voz alta.

—No puedo permitirlo — La saiyana objetó con desagrado. No era un secreto el rechazo que sus congéneres en la resistencia sostenían contra los químicos en su cuerpo

—Si quieren que funcione… —Insistió la terrícola con una determinación incuestionable —Deben confiar en mi — Posó ambos ojos fijos sobre la directora en cargo. No había cabida a la negociación en su dura afirmación, no se dejaría intimidar de ningún modo.

Después de una prolongada pausa, ambas mujeres soltaron su postura. Celipa exhaló cansada de la actividad esa tarde, había aún mucho por hacer en el refugio principal, no había otra forma de resolver un conflicto para el que no tenía capacidad intelectual en esos momentos.

—No queda otra opción para nuestro pueblo — Admitió contemplando en el horizonte oscuro el sitio donde la base se encontraba— Que rendirnos a la esperanza traída por una extranjera — Bajó el rostro, cruzada de brazos. Caminó unos pasos alejándose, viró su atención a la humana con ambos pies firmes a la entrada del bunker, su vista tan fija en ella como grande eran sus habilidades mentales. Por un momento se permitió emitir esa sonrisa confiada que la caracterizaba. Y la otra en frente, le correspondió.

—Se hará como tú dices—Asintió concediendo el mando. De inmediato emprendió el vuelo de vuelta a su deber. Entendía que después de todo, su mejor carta estaba en buenas y valientes manos.

_..._

Presenciaba la terrícola disfrazada al frente, una ceremonia de condecoración a los supuestos héroes que ayudaron a la captura de Kurovo. Siendo esa la única estrategia en manos de su regente para elevar el ánimo bélico entre los cientos de hogares que habrían sido diezmados en gran parte, por causa del mismo príncipe por el que habrían peleado. Su amo condecoraba uno a uno a los soldados elegidos, representando al rey a quien daban el saludo formal al pasar.

Las quejas habían llegado de mano de las malas noticias, donde ni sus enemigos habían sido realmente derrotados, ni los abastecimientos a las ciudades podían ser concretados, ya que el golpe había supuesto un desajuste en los acervos dispuestos para manutención de la población. La prioridad eran los recursos bélicos.

En medio de los rostros condecorados un teniente conocido y causante indirecto de la extinción del planeta de la chica, recibía las palabras y condecoraciones supremas de mano del mismo rey en persona, sin embargo su semblante no parecía complacido en absoluto. Raditz aguardaba, plantado frente al máximo comandante, otorgándole un nuevo escalafón ascendente en su carrera, siendo esto un recordatorio irónico del sujeto que habría intentado quitarle la vida en primer lugar. Ahora suponía que fue exterminado a manos de su hermano.

Era ese hecho lo que le imposibilitaba recibir de manera digna su nuevo puesto, habría sido su hermano y no él, quien llegara en el último momento para salvar su vida y aunque sospechaba de lleno que todo ese tiempo se habría mantenido oculto entre los rebeldes, no podía recordar la verdad en los hechos, exceptuando el indigno momento en que había tenido la desfachatez de deshonrar su muerte, auxiliándolo como la infinitamente inferior criatura que era.

No podía agregar más odio a su percepción del menor, aunque así lo quisiese. Y por si eso no hubiese sido suficiente humillación, ninguno de los miembros de su familia se habría presentado a honrarle. Todos conocían la verdadera historia tergiversada por su padre, ahora lloriqueaban la recuperación del insufrible sujeto que le habría robado todo, su lugar, la privacidad de su familia, el respeto público de su casa e incluso la admiración de sus padres. Se arrepentía cada día de haberle perdonado la vida durante la purga al que llamaba su planeta.

La ceremonia concluía con aplausos dispersos, poco a poco el público disponía retirarse.

…..

Haciendo uso de su camuflaje, la joven decidió que se había divertido suficiente presenciando la silenciosa inconformidad del odioso sujeto. Tenía cosas más importantes que hacer. Bajó la escalinata y todo el recorrido hasta las casas marginadas de los clase baja habitando la ciudad. Frente a la morada que buscaba, salía una saiyan visiblemente maltratada, entendiéndose por la vestimenta que se trataba de una de las cortesanas designadas para los nobles más clasistas, que se rehusaban a coexistir en placeres con las criaturas inferiores a su raza.

Ingresó Milk detrás de ella, usando la máscara perfecta de otra imponente mujer nativa del planeta. Cuando cruzó el umbral, una saiyan sumamente anciana interrumpió su precaria cena, dándole un vistazo inquisidor a la nueva clienta.

—No eres lo que aparentas— Le habló observándola sin parpadear.

Pero la joven no se dejó intimidar, arrojando sobre su mesa el pago requerido para una formula en específico, por la que la vieja era famosa en el reino.

—No me interesa tu verdadera identidad— La antigua mujer prosiguió, desestimando la importancia del secreto que aquella pretendía guardar —Pero si quieres recibir ayuda adecuada debes decirme lo que eres — Detalló la prominencia de su astucia ante la ingenua joven, miles de mujeres habrían pasado por su inspección y era virtualmente imposible engañarla

—Solo quiero una dosis habitual —La joven habló, rehusándose a dejarse ver en su verdadera forma. Sin embargo, un olor característico se coló por las narices de la vieja, sonriendo de inmediato al comprender con que raza trataba.

—Esto no es para tu casta— Señaló los brebajes resguardados bajo su mesa—Si consumes más de cierta cantidad nunca podrás concebir— Esclareció, bebiendo de su copa con escandaloso cauce —los ciclos de tu raza son más frecuentes y poco intensos; secará tus órganos.

—Eso no me interesa— Declaró aburrida del sermón que poco interesaba conocer, de haber sido por ella misma, se extirparía toda posibilidad desde el primer día que fue sometida.

—En la ciudad del sur….— Inició la anciana, dando una mordida a la pieza de algún tipo de animal en su plato —Atendí a una esclava a la que un descocado saiyan enlazó, a pesar de lo impropio — masticó con los pocos dientes amarillentos que le quedaban —Era ella de tu misma raza — La señaló tragando —No había visto a un ser tan patético, acabar tan pronto con uno tan poderoso —Se carcajeó escupiendo restos de comida, casi atragantándose ante la ironía de su relato—El pobre tonto estaba hecho un despojo en segundos ¡Esa desgraciada seguía montándolo cuando los separé! —Se entretuvo recordando lo atestiguado —No me extraña que no queden más hembras de tu raza, enloquecen a nuestros estúpidos hombres— Sonrió en su dirección, con tintes de perversidad—Puede que esos dos hayan sido los primeros. Pero no serán los últimos…aunque terminen matándolas por su inútil fragilidad— Tragó todo el contenido de su boca, llenándola con otro sorbo de su bebida.

Pero la terrícola no se unió a la burla, indignada por el concepto en que la englobaban. Anhelando en secreto que toda la soberbia de esos seres se tragase sus propias palabras algún día. Intentó no pensar más en lo escuchado, sabiendo con gran certeza a quienes se refería, un soplo de inconformidad se le escapó, estaba harta de tener una y otra vez la causa de su rencor de frente.

—En fin— Limpió los restos de comida pegados en sus arrugas — Le di una hierba especial para evitar pescar la semilla del joven — Extendió la quebrada cola casi alopécica, tomando del estante de atrás un pequeño bolso café—Los machos saiyanos son muy fértiles y los híbridos no son bien vistos por los dirigentes— Aseguró—Sin embargo, si tomas esto queda una posibilidad abierta… si en algún momento tú quieres finalizar tu propia aberración de vínculo.

—¿Por qué quieres ayudarme? —La joven interrumpió, soltando la farsa de su atuendo, detallando la anciana en la agraciada forma con la que la naturaleza habría dotado a esa jovencita.

—Así las cosas, son— La anciana le sonrió —No me importa ayudarte, a ti en particular— Esclareció levantándose de su sitio para tomar en dinero —Pero la vida debe continuar y no habrá suficientes mujeres de nuestra propia raza— Levantó los hombros en rendición, poniendo en la mano de la chica el elemento buscado —No aceptaré que nos extingamos por el elitismo tonto de algunos ancianos— Se sentó de nuevo, mirando a la mujer de pies a cabeza —Los híbridos son el futuro.

Milk dio un leve agradecimiento, dispuesta a salir del lugar sin dejar que ese estatuto contaminara su mente. A duras penas podía soportar tener a uno de esos seres en cercanía, el odio que les profesaba era mayor que incluso los anhelos de volver a ver su planeta vivo, la sola idea de engendrar un hijo de alguno de ellos era más que repulsiva. Sin embargo, tomó lo que había disponible y se marchó. Tenía mucho trabajo que hacer ahora que los soldados habían regresado y debía encontrar a uno en particular, a quien la tarea de vigilarle le era encomendada a cambio de su momentánea paz.

_..._

Inspeccionaba la terrícola una fila de capsulas traídas, seleccionando sus herramientas para ejecutar su plan de contención. Los ronquidos resonaban en todo el pequeño edificio.

—Ese holgazan —resopló entendiendo que su supuesto guardaespaldas no acudiría a esa sesión. Sin embargo, en los dos días subsecuentes a su rescate, ningún incidente habría ocurrido, confiada en el estado anestesiado de su paciente, se introdujo en su habitación caminando como de costumbre al sitio donde estaba recostado.

Al aproximarse, sin embargo, esta vez él abrió los ojos.

Titubeante, decidió eliminar las sospechas de otro episodio psicótico entablando un dialogo tan trivial como pudiese evocar.

—¿Te… sientes mejor? — Habló en un tono sumamente bajo, jugando con los dedos la aguja que planeaba insertarle en caso de presentar señales de agresión, mas no recibió respuesta.

Mordiendo su labio inferior decidió acercarse un poco mas, quizá era un reflejo involuntario.

—¿Vegeta? — Insistió dando turbados pasitos.

—¿Algún día me hablarás con el debido respeto? — Refunfuñó de mala gana sin voltear hacia ella.

Ante la respuesta ella exhaló, tomando valentía dejó a un lado su arma y se acercó extendiendo los aditamentos para colocarlos en su sien.

— Si dejaras de ser un bastardo arrogante, quizá me animaría a tratarte mejor — Contestó instalando los metales en cada lado de su cráneo. De inmediato él tomó su brazo al sentir el frio contacto del metal en su piel.

Ambos quedaron en silencio.

—¿Puedes sentir? —preguntó ella maravillada. Mas no obtuvo respuesta alguna, ya que intuía, ese hecho era una sorpresa también para él —¡Es fantástico! — Gritó aplaudiendo al instante, incapaz de controlar su ánimo frente a la primera respuesta contundente de su éxito. Las palabras en su emoción no eran registradas así por el saiyan absorto en su conciencia, de inmediato buscando algún otro signo de respuesta voluntaria en sus poderes, había algo en su interior que no alcanzaba a dominar, inseguro de profundizar en ello se concentró de nuevo en la voz de la joven que insistía de algún modo en hacer más pruebas.

—…Solo serán unas mediciones rutinarias, quizá tu fiebre persistente está haciendo a tu respuesta acelerarse, o es solo una… — Su rostro iluminado fue silenciado por el intranquilo individuo que intentaba levantarse de su sitio —¡Espera! — Le exigió ella empujándolo de nuevo —¿Qué crees que estás haciendo? ¡No puedes levantarte así!

Ese fugaz contacto sobre su piel activó una vez más su estado de alerta, todo parecía regresar con una intensidad duplicada, todo su epitelio despertando de un torpor equivalente al hormigueo entumecido prolongado, una sensación en sus nervios insoportable le invadía y tenía la necesidad de entrar en contacto con algo que enfriara de golpe su piel.

—Agua — exigió haciéndola a un lado —¡Necesito agua! — pidió, incapaz de localizar el sitio donde encontrar lo solicitado, aguzó su sentido del olfato esperando encontrar una respuesta, pero de nuevo ella se acercó insistiendo en mantenerlo en su sitio. Entre su pobre forcejeo, él notó de inmediato algo que hasta ese momento no había sido capaz. Su sentido del olfato regresaba con una mayor intensidad, podía detectar incluso los sutiles estados de ánimo que atravesaban a la chica, el temor, el enojo, la desesperación en los rincones de su piel y entre ellos…una infortunada sorpresa.

—¡¿Por qué has venido en ese estado?! — Se apartó de inmediato chocando con las mesas de metal alrededor.

—¿De que estas hablando? — Persistió ella en medio de su rabieta —¡Regresa a tu lugar antes de que causes un accidente! — Se plantó frente a él intentando empujarle. Pero su valentía se escurrió de inmediato, las narinas del saiyan bien abiertas. Sus pupilas, aunque incapaces de ver, se distinguían sumamente dilatadas y la misma aura roja que antes había presenciado las circundaban. Los caninos intensamente visibles y una sonrisa espeluznante creciendo en su rostro.

Sin comprender lo que pasaba de inmediato ella retrocedió, con la cautela de un ciervo buscando alguna ruta de salida. Pero él no cedió, acercándose con una velocidad superior, la tomó del brazo acercándola sin cuidado alguno. Congelada en lo que sus ojos registraban, lo vio descender de una forma intimidante sobre ella, pasando la afilada nariz a un lado de su tibio cuello.

—¿Qué has venido a buscar humana? — Le susurró, leve gruñido cargado de intensidad.

De inmediato cayó presa del miedo, intentando huir con toda la fuerza que su ser le permitía, pero un agarre mucho más fuerte se lo impidió.

—Estás arruinando ese aroma con… miedo — Siseó. Acercándola sin delicadeza, de nuevo olfateando una ruta descendente sobre la femenina forma. El sonido resoplaba con tanta fuerza que figuraba un depredador de mucho más tamaño, deleitándose en el pavor de su víctima. Mas, su acto fue de inmediato interrumpido por una escandalosa cachetada.

—¡No eres tú mismo! — Vociferó alterada. Su acto de bravura tambaleó, al ver todos los pelos de esa furiosa cola erizarse al mismo tiempo. Sin darle tiempo a procesar lo que ocurría la empujó cayendo sobre ella, su peso doblegándola y desatando el pánico por los sitios íntimos donde sentía esas fuertes manos rondar. Intentaba apartarlo con la escasa potencia de sus extremidades, firmemente insertadas en la piel del indolente perpetrador de ese infame ataque. De inmediato sintió su boca sobre ella, mordiendo, desgarrando su ropa, sumergido en un frenesí salvaje, aprisionándola entre esa indolente masa de músculos ansiosos, hábilmente colocado forzándose a encajar entre sus piernas.

—¡SUELTAME! — Gritó aterrada entendiendo, con un particular movimiento sugerente, lo que pasaría a continuación.

En un parpadeo estaba tirada de espaldas a la pared, arrojada por una imperceptible bala que habría interceptado al hombre sobre ella. Ambos sujetos atravesaron el muro aterrizando sobre los fríos arenales blancos a la distancia.

—¡HUYE! — Shoga, el enorme saiyan que la habría salvado gritó, siendo sometido por el menor, de quien recibía una brutal paliza a ojos de la chica. Ella sin pensarlo, corrió cuan rápido daban sus piernas. Incapaz de procesar nada más, tomó de la mesa la capsula de un speeder materializándolo. Montó emprendiendo la retirada con una lagrima negada en lo que habría sido quizá uno de los episodios más cruentos de su estancia en ese lugar.

El helado viento congelaba su cara, sin poder entender como habría llegado hasta ese punto, como habría perdido todo, los recuerdos de los abusos previos refloreciendo. El dolor de la incertidumbre de la suerte de su amigo y el resto de su familia, no sabía si debía a esas alturas solo ceder a su destino y rendirse.

Una lagrima se coló resbalando deshonrosa y con coraje la limpió. Acto que le distrajo de impactarse con un enorme animal peludo atravesando su ruta en la distancia.

El golpe fue seco, casi mortal, enviándola al suelo. Adormeciendo su pierna en ese instante. Para su enorme desgracia, la bestia en su camino estaba ahora fugada y ella le reemplazó.

Huía del mismo modo que ella, de una jauría de depredadores mortales.

De piel lisa, gigantes esbeltos, enormes ojos negros y dos hileras filosas de dientes en cada mandíbula. La visión demoniaca de alguna foca mutante de su planeta natal.

—Groks — Suspiró como un himno de muerte, aterrada ante los gruñidos que se formaban para despedazarla. Después de todo, si sería su destino morir en ese planeta.

El primer Grok intentó acercarse, recibiendo gritos envalentonados de la fémina. Rondaban a su alrededor otros tres en muecas que emulaban sonrisas viles.

—¡LARGUENSE! — Gritó intentando correr hasta una pared de rocas cercanas. La carrera avivó el sentido de cacería, trotando tranquilamente detrás de ella el grupo de fieras en pos de devorarla.

Uno de ellos se lanzó al ataque de la diminuta presa, rápido como un pestañeo, el dolor inmediato en su cuerpo por causa de ese hocico incrustándose como dagas de tortura en su pierna. Gritó ella tan alto como sus pulmones pudieron. El siguiente se apresuraba a atestar el siguiente golpe, mas no llegó el objetivo a su destino.

Vencido en el último instante, se levantaba sobre el monstruo caído, la visión borrosa de otra criatura a la que ella reconoció bien.

Poderoso y terrible, el rugido del Ozaru deshacía entre sus manos el rastro del ente espeluznante que antes le habría amedrentado, los ojos rojos fijos sobre uno en particular aun sosteniéndola.

El líder de la manada rugió, un aullido infrasónico que retumbó en todo el paraje, de inmediato cambiando su apariencia ágil a una de mucho mayor tamaño y musculatura. El resto de su manada le imitó llamando a todos los individuos en cercanía.

Y la carnicería empezó.

Furiosos, bestiales, peleando de formas grotescas, sangre azulada y roja regada entre fieras. La brutalidad de los golpes cimbraba el piso y los alaridos ensordecían los oídos de la única criatura consciente, quien a ojos tapados intentaba resguardar su frágil vida entre las rocas. Un enorme golpe sonó a su derecha, la fila de colmillos dislocada en lo que alguna vez fue un cráneo, formas desmembradas caídas y levantando la vista estaba la matanza visible hecha pesadilla. Sostenía el saiyan en sus manos la mitad de uno de ellos, luchando por desprender de su cuerpo los dientes de otro. Colmillos, pelo, fuerza y rugidos inundaban la hecatombe. Lentamente se apocaron los números y un aullido de dolor terminó por alejar al resto de los sobrevivientes.

Escuchaba el bramido de la criatura vencedora resoplar, absorta de su existencia, agotada en el esfuerzo de su debilitada salud previa, jadeando sedienta y sobrexcitada en la batalla. Su pelo goteaba fugas de espesa sangre renegrida.

Y ella se quedó agazapada, incapaz de mover una sola parte de su ser. Conteniendo en lo más posible su respiración para no llamar su atención. Olvidando incluso el dolor en su pierna lacerada, intentó replegarse contra la roca en su espalda. El siseo de la arena blanca llamó la atención del enorme monstruo, quien ahora volteaba en su dirección inmóvil. El vaho expedido de su nariz arremolinaba una ligera niebla a su alrededor. El gigante se acercó, extrañamente en menor tamaño de lo que ella recordaba. Disminuía aún más conforme aproximaba su cuerpo, desapareciendo gradualmente el animal, para dar paso a la desgarrada figura de un hombre.

Temiendo ella lo peor quitó la vista. Pero una fría mano regresó su mentón al frente.

—Vete — Habló en un jadeo—Volverán — Insistió en control forzado.

Lo miró ahora vulnerable en ese helado escenario, evidentemente ciego, exhalando con gran esfuerzo. Destruida su carne en sitios visibles, sin capacidad completa de acceder a su ki para restaurarse. Sus colmillos aún crecidos, ojos rojos en el horizonte y totalmente desprovisto de ropa alguna. Cayó, rodillas al frente incapaz de mantener la fuerza para permanecer de pie.

—No…puedo — Masculló ella temblando, sintiendo calar el punzante dolor en su pierna —Estoy…herida— Explicó intentando no fijar su vista sobre la imagen del ser devastado frente a ella, de quien apreciar su estado, le daba una involuntaria punzada en el estómago.

Intentando recobrar el sentido, él hizo un último esfuerzo en incorporarse.

Lanzó un grito de nuevo, el rostro dirigido al cielo, buscando entre los astros presentes la energía que devolviera la fuerza a su casi vencida figura. De inmediato la energía fluyó sobre si, regresando la gloriosa transformación bestial a su estampa. El colosal tamaño recuperó la capacidad de moverse, en dimensiones más grandes que la anterior aparición.

—Entonces… debes ser mis ojos— Externó en la gruesa y temible voz. Sorprendiendo a la boquiabierta mujer quien asentía de manera inútil.

Extendió la mano él hasta alcanzarla. Temblando ella, resguardo el rostro entre las rocas, pero la delicadeza con la que fue levantada le sorprendió.

Esperando una respuesta, ella intuyó lo que debía hacer.

—Treinta grados, a tu derecha —Pronunció en una voz vergonzosamente más tímida de lo que le hubiese gustado admitir.

De inmediato sintió el aire llenar su rostro, envuelta en esa cálida piel, viajaba asegurada contemplando los saltos colosales en carrera al sitio de donde habrían salido. Casi flotando en la bastedad de las grandes dunas de silicio, el dolor de los aterrizajes en cada salto abrumador se cobraba en sus heridas abiertas. Minutos después, al frente el pequeño bunker se notaba en la distancia.

Unos metros antes de ingresar al perímetro, la energía de su portador terminó por agotarse. Perdiendo a ritmo acelerado la transformación y jadeando con suma dificultad.

Caminando a tres extremidades exhausto, la colocó en el suelo antes de transfigurarse, casi decayendo rendido detrás.

—¡No ahora! — Le sostuvo ella de manera automática —¡Levántate! — Persistió, rescatándole la consciencia en el último instante —¡Levántate Vegeta!.

Tenaz en su voluntad, con una resistencia sobrehumana, alcanzó un imposible amonto de fuerza y el saiyano la levantó en brazos. Su objetivo en mente, atravesando con su cuerpo la pared de hierro en impensable velocidad. Desplomándose ambos en el suelo del complejo, donde Shoga permanecía inconsciente. Finalmente, el exmonarca cayó sin regresar a esa realidad.

—¡Protocolo 3-69! — Gritó ella, activándose los droides de auxilio en los laterales del hangar. Y sin poder respirar más, dejó a sus invenciones hacer todo el trabajo restante para salvarlos.

_-….._

En los centros de esparcimiento de vegetasei, las peleas eran frecuentes. Pero no las ocurridas en ese particular curso de eventos. Arrestados por propia voluntad, los responsables de dejar noqueada toda la población flotante de esa cantina permanecían sentados en las afueras, siendo escudriñados por el resto de miradas prejuiciosas. Nadie parecía saber de donde habían salido, pero la insistencia en encontrarse con alguno de los lideres militares del planeta les había rendido frutos.

—¿Que hace un forastero como tú en este rincón de la galaxia? — El encargado de atender dicha diligencia se dirigió al ente con más poder detectado en su rastreador— Has venido al lugar correcto si buscas exterminar a tu raza—No hizo evidente el nerviosismo que producía encontrarse ante seres de mucho más poder que él mismo.

—Por el contrario … ¿Capitán? —El alto hombre azulado, de sospechosa apariencia joven, declaró — Nuestra intención de buscar a los saiyajin…es meramente por negocios—Insistió en un sutil murmullo.

—¿A qué se debe ese honor? — Declaró Raditz con cínica burla su melenudo oyente , a pesar de ser seres poderosos, no eran suficientemente fuertes para derrotar al príncipe saiyan.

—Primero debo insistir en las formalidades— Habló con tersura —Tanto yo como mis hermanos insistimos en preservar la cortesía de las presentaciones— Señaló a los otros tres implicados, dos hombres de apariencia tan contraria como el día y la noche, separados por una diminuta mujer —Sobre todo tratándose de viejos aliados, como en realidad somos.

—¿Quiénes son ustedes? — Arqueó una ceja el joven, intrigado por su estatuto.

—Eres muy joven para reconocernos— Soltó una risilla —Como el resto de entes en esta legión— Observó a los guardias caminando despreocupados en la distancia —Pero puedo asegurarte que tus líderes recuerdan a los hermanos Heata — Se sentó en las primitivas bancas dejando su atención sobre el gesto del joven—Combatimos juntos mucho tiempo en las líneas de Freezer.

—Si es así, entonces sabrán que fuimos nosotros quienes eliminaron a todos los aliados del viejo imperio del hielo — El alto saiyan se cruzó de brazos, poco convencido de las palabras de ese misterioso sujeto —¿Por qué razón vuelven hasta este momento?

—El universo es un lugar muy grande— Se encogió de hombros, aludiendo a su inocencia —El tiempo no es lineal entre la mayoría de planetas y supimos solo hace poco que ustedes le habían dado su merecido a ese pomposo tirano— El resto de ellos sonrió.

—¿Buscan alianzas entonces? — Espetó cínicamente Raditz.

—No creo que sea prudente hablar de esto frente a un simple soldado—Agregó mirándole de arriba abajo con desdén —Quien, ni siquiera se ha dignado a darnos su nombre.

—Raditz— Soltó a secas —Pero temo que están subestimando mi relevancia en este mundo— Agregó de inmediato fraguando un ventajoso plan —Pueden esperar aquí hasta recibir una audiencia con el rey —- Enunció en baja voz —-o Puedo conseguir una audiencia con el verdadero líder del planeta.

—Interesante— El azulado hermano mayor declaró pasando elegantemente los dedos en su propio mentón — ¿Qué quieres a cambio? Capitán Raditz.

—Su gratitud — Sonrió ladino — Y ser parte lo que tienen en mente— Intuía que trataba con seres de ocultas intenciones, pero bien sabia que eso confería ventajas a quien supiese usarlas. Mucho tiempo habría sido subestimado. No obstante, gracias a su propio confort, nadie sospechaba que en su naturaleza estaba inscrita toda la suspicacia y brillantez de su padre.

….

Al atardecer, entendía a la perfección cual debía ser su misión. Después de haberlo observado de primera mano, una oportunidad de oro latía en su mente. La realeza debía comparecer a las absurdas tradiciones diarias, criaturas de hábitos predecibles por esa causa. Espero paciente en el sitio donde el ser mas poderoso de su mundo debía transitar diario para sus sesiones de entrenamiento. Debido a su nivel de fuerza, no era necesario que deambulara con una escolta. Nadie se atrevía siquiera a mirarle. Cuando tuvo de frente a un soldado dispuesto a hablarle, se detuvo asombrado.

—Mi señor— Se inclinó el otro joven en una rodilla — Debo informarle que ha habido levantamientos dispersos por todo el terreno de los que no ha sido informado.

El ser citado de ese modo le descolocaba. Jamás alguien habría intentado legarle alguna responsabilidad sin haber pasado por el designio de su padre. Las circunstancias de las que hablaba también le eran desconocidas. La curiosidad cursó su pensamiento.

—¿De qué hablas? Soldado— Respondió a secas, volteando en su dirección.

—Los limites de la región sur— Su actuación de valentía era muy convincente —Mueren de hambre. Han decidido iniciar su propio movimiento con miras separatistas— Buscó la reacción en esos ojos carentes de emoción alguna, rogando a todos los dioses que su plan diera frutos

—Mi padre se encarga de esos pormenores— Contestó indolente.

—Lo entiendo alteza — Insitió, tentando su suerte —Sin embargo los reclamos que hacen, son justos, dudo que esto sea de su conocimiento puesto que se ha intentado manejar con la mayor discreción— Sembró la duda —pero soy un fiel sirviente del imperio, me veo obligado a ser yo quien le informe a costa de mi propia seguridad… de seguir esta problemática creciendo… no habrá un reino que gobernar.

Aguardó, sin poder descifrar si su plan había sido exitoso. en el rostro del otro joven no había un registro claro de su entendimiento. Simplemente inmóvil contemplándolo, haciendo difícil la tarea de descifrar lo que por su mente pasaba.

—Tienes razón….soldado— Emitió después de un largo silencio.

—Raditz, mi señor— Intentó presentarse —Raditz de la casa de Serika.

Pero el primero pareció no inmutarse. Su pensamiento estaba volcado en la incongruencia de su posición, siempre a la sombra de las decisiones de los demás. No era él quien debía servir a su padre, el trono había sido conquistado por sus propias manos, todos los enemigos derrotados por su propio puño y ahora todos sus logros tambaleaban en un inestable terreno de descontento general. Así como él mismo lo había advertido ese día en palacio: La incompetencia ególatra de su padre había rebasado los límites de lo admisible. Debía tomar medidas con sus propias manos.

—Vuelve a tus filas Raditz— Contestó poniendo atención a la ciudad debajo —Por mi gratitud no sufrirás castigo alguno a tu desobediencia—Contestó entendiendo a la perfección la osadía del soldado, habiendo desafiado las reglas de su padre al intentar contactarlo de forma directa —Pero no serás recompensado por incumplir la ley.

—Lo entiendo majestad— Bajó el rostro, regresando el color a su cuerpo. A pesar de lo dicho, su éxito era tangible, habiendo sembrado con éxito la semilla de la discordia.

—Alteza— Corrigió el monarca, no queriendo desistir del pensamiento que aún pese a las faltas, perdonaba a su padre como regente interino. Quizá merecía esa última oportunidad.

Raditz lo vió alejarse. El camino al puesto que siempre soñó estaba al fin a su alcance. Estaba seguro de que volvería a buscarle, no resistiría el hecho de que por ves primera se encontraba frente a un súbdito dispuesto a decirle toda la verdad, era un blanco infalible.

_-….._

—He dicho… nadie irá.

La pregunta final quedó en el aire.

La amenaza implícita echada en suertes. No había quien retara de ese modo al líder del polifacético clan. Excepto uno solo.

—Si rescatamos a Uranai— Su hijo menor persistió en la importancia del hecho— Garantizaremos que ninguno de ellos vuelva a anticiparse a nuestros pasos— Se rehusaba a aceptar esa negativa, como su voluntariosa personalidad siempre exigía.

—No podemos arriesgarnos—Bardock se impuso ante el animo del resto. Las probabilidades de ser exitosos eran innegablemente negativas.

— Creo que tiene razón—Gokú insistió —Solo debemos infíltranos hasta…

—¡NO! —Vociferó perdiendo la paciencia, latigueaba la cola irritando a su retador —¡No estás en ninguna condición de pelear!— Explicó exasperado. — Si por alguna razón descubren tus nuevos alcances serás dispuesto como traidor y diversión de Broly— Sosegó su tono retomando su ecuánime postura usual — ¡El éxito de nuestra misión es permanecer indetectables! —Le ladró imponiendo su mayor juicio sobre las premisas de su hijo — Ya has probado de lo que ese monstruo es capaz.

Se cruzó de brazos poniendo atención a la decepción deslavada en el rostro del saiyan joven. No estaba listo, él mismo sospechaba la ineficiencia de su actuación prematura.

El resto de los humanos se retiró, sin pretender presenciar la discusión familiar más allá de lo debido. El rostro pasmado de impaciencia de su amigo saiyan solo era anuncio de malos vaticinios, el duelo verbal entre padre e hijo continuó hasta avanzada noche. Un par de días después el asunto había sido postergado. Sin embargo, el anciano entre ellos no estaba plenamente convencido. Había una minúscula oportunidad de arrebatar el control de esos impíos adversarios. bajo sus propias reglas mágicas y él tenía la fórmula exacta para enemigos de esa talla.

Trazó un plan, la última intervención de la que sería parte activa, unió al trio restante de terrícolas decidiendo que era hora de tomar la solución en sus propias manos.

—Maestro es un plan demasiado arriesgado—

—¿Tienes miedo discípulo? — Se carcajeó haciendo énfasis en el último vocablo—¿Cuál es la utilidad de permanecer en esta realidad si no hacemos algo para voltear la balanza en nuestro favor? —Convenció al resto de la necesidad imperiosa.

—Estoy cansado de depender de los saiyan—El tríclope admitió, empezando a degustar la aventura propuesta animoso —Me gustaría emprender esto por mí mismo.

No hubo mas acuerdos que compartir. Había sido decidido a pesar de la nula aprobación del único entre ellos consciente del riesgo real. Tentado en su propio orgullo a causa expuesta de la ineficiencia de sus habilidades actuales como guerrero.

Escaparon esa noche del refugio en que tanto tiempo se habían retraído, dispuesto a tomar en sus manos la acción denegada por sus miedos. Volaron cubiertos por la penumbra de noches cargadas de nubes y tormenta. La arrogancia de esa raza hacia fácil desplazare a seres casi indetectables para sus escáneres. Horas después, cubiertos en túnicas de esclavitud, estaban frente a frente con el complejo de palacio. El nerviosismo palpitaba cada célula de sus cuerpos envalentonados.

El sitio era un lúgubre escenario. Carente de iluminación alguna, las frías paredes del castillo cubiertas en signos descarados de opulencia. Matices ónices, blanco puro y oro adornando soberbias alturas. Ingresaron con la rapidez característica de sus técnicas marciales.

—Yo iré delante — El maestro anunció, bajando de la espalda de su discípulo. Si alguien había de tener la mayor probabilidad de detectar a su hermana, ese era únicamente él.

Sin embargo, la firma de energía que buscaban no era clara, divergente en múltiples locaciones. Los intrépidos terrícolas se vieron obligados a dividir sus caminos. Habiendo el mayor de ellos insistido en enviar a los jóvenes a la zona de menor riesgo de dichos sitios.

Krillin y Ten se desplazaron con rapidez, no fue hasta haberse topado con el ala de mazmorras de menor rango que entendieron lo que estaba sucediendo.

— ¡Es una trampa!— Un viejo conocido les recibió desde el fondo de su celda, su estado deplorable fue apenas reconocido por un antiguo discípulo— ¡Váyanse!— Insistía dejando de lado la impresión de verles de nuevo, no había mas tiempo para viejos reencuentros.

El peso de ese descubrimiento se batió sobre los hombros de su viejo alumno, incapaz de moverse de su sitio en el momento que el ambiente tornó las alarmas de su cuerpo sobrecargado de advertencias.

—¡No! — Se acercó hasta la celda poniendo todo su esfuerzo en doblegar los metales con que era contenido. —¡Maestro Tsuru! ¡No lo dejaremos aquí! — Las pisadas de los guardias alertaron al otro humano de la pesadilla que sobrevenía.

Krillin se enfrascó en combate directo con los guardias que ingresaban, intentando de algún modo no ser descubierto de su discreto disfraz, perdiendo por mucho ante la fuerza y entereza de sus adversarios, ya que en todo ese tiempo un buen entrenamiento no estuvo a su alcance.

Ten ShinHan se vió envuelto en la misma circunstancia. Sin embargo, su condición era mejor que la del exmonje. Un destello eliminó por completo a los contendientes, dando paso a un enfurecido retador nuevo, con todas las ansias inscritas de darles muerte en ese preciso instante.

—Supusimos que lo intentarían… pobres imbéciles—Beets declaró tomando ventaja de la naturaleza de sus límites sobre sus víctimas, dos disparos directos en la pierna del menor lo enviaron al suelo. No fue esto suficiente para derrotarle. El alma valiente del terrícola mas fuerte de su planeta esgrimía el contraataque con toda su voluntad flameando. Regresó propinando una combinación letal que mantuvo a raya el avance de su oponente.

—¡LLÉVATELO!—Gritó a su amigo, escuchando el crujir de la celda del maestro de la escuela grulla.

Mas su condición no era suficiente para enfrentarse a puño limpio contra un saiyajin. Poco a porco perdiendo el balance impedido en hacer ataques de ki por causa de lo que ello supondría en los escáneres del complejo.

Un descuido le dio la desventaja, colgando inconsciente su cuello de manos del perpetrador de su batalla. Al instante un par de guardias apresó a los insurrectos, trasladándolos de inmediato.

—Basuras terrícolas—Declaró despectivo, sintiendo su prematura victoria arrebatada un segundo después.

Impactó contra el muro, casi inconsciente ante el anciano que llegaba en busca de rescatar a los jóvenes.

El retador se levantó, dispuesto a hacer polvo al osado anciano de barba blanca, con una carga de poder rebosante entre sus palmas. Mas una intervención no esperada reverberó la ventaja.

—¡DODONPA! —Voló en su contra el certero ataque noqueándolo por completo.

Tsuru salió tambaleante de su celda, no pudiendo negar más la necesidad de rescatar a su antiguo discípulo. Acompañado de su viejo rival boquiabierto, ambos maestros corrieron dispuestos a rescatar a sus discípulos caídos usando los últimos remanentes de sus transformaciones resguardadas

Al doblar la esquina del pasillo de ejecución, los guardias no sospechaban lo que esperaba.

Brutales y certeros, los cuerpos decadentes transformados para una última lucha por ganar la libertad de manos de sus captores. Pelearon digna batalla frente a cada rival que osó pisar el sitio en defensa de las mazmorras del castillo, uno a uno cada guerrero encontraba el final bajo manos de las más grandes leyendas que la Tierra alguna vez poseyó. Batiéndose en gloria, una última oportunidad para liberarse del yugo indolente, la muerte augurada en un final perfecto espalda contra espalda, en compañía de quien habrían llamado mucho tiempo atrás: amigo.

Noqueados finalmente todos sus rivales en el suelo, se deshicieron de sus poderosas formas. Pero uno de ellos no podía acompañar al resto, entendiendo que su propia alumna quedaría en total desamparo de así hacerlo.

—Vete —Habló a su viejo compañero —Saca a tus discípulos de aquí—Ayudó a levantar a su exalumno inconsciente, doblando en dirección a su antiguo rival —Todo está olvidado.

Y el maestro asintió, incapaz de prologar más ese momento en la vida de ambos. Clavando la vista con añoranza, entendiendo el otro todo lo que había de ser dicho, que jamás encontraría sonido alguno para evidenciar que existió.

Un grito entonces salió de la desgarrada garganta del maestro Tsuru, contemplando ambos con horror como sus piernas se doblaban y contraían en formas imposibles, amorfos pilares de carne, hueso y tendones expuestos. Giraron para encontrar al responsable de toda esa trampa, un anciano de aspecto demoniaco, conjurando una fuerza invisible que destrozaba el cuerpo del otro asfixiando la atmósfera con alaridos.

El maestro Roshi entendió que no había otra oportunidad, inició el proceso por el cual se encontraba en el sitio, dispuesto a terminar de una vez por todas con la ventaja de los impíos tiranos contra el mundo: deshacerse del infame hechicero.

Ambas manos en aire, convocando la fuerza de un tornado glauco, ráfagas oliváceas envolviendo todo espacio a la vista.

—¡MAFUBA! —

La desfigurada estampa rosácea se transfiguró, vertiendo la negra oscuridad de su alma en el torrente sin control, las bocas abiertas de sus protegidos despertando contemplaban la total maestría con que el insuperable anciano dominaba a la criatura culpable de perpetrar el infierno de todo ser viviente en la galaxia. De inmediato vertió el contenido en una vasija de su bolsillo.

La alegría efusiva de los otros se desintegró en un prematuro desasosiego, cuando un enorme halo traicionero surcó la distancia desde el sitio donde el rey en persona habría llegado. Apuntaba su indolente palma, atravesando sin piedad alguna el centro del desprevenido hombre, de inmediato soltando la vasija en su poder y cayendo sobre sus rodillas.

—Ma…— No podía cerrar sus incrédulos ojos, no podía percibir el paso del tiempo más que la lentitud con la que su corazón se destrozaba en mil pedazos —¡MAESTROOO!— Corrió Krillin a levantar en brazos el cuerpo derrotado de su amado tutor. Sirviendo Ten ShinHan de escudo para resguardarlos del escape, no dando tiempo en su desesperación de levantar el cuerpo caído de su antiguo maestro ahora más cerca del enloquecido Paragus corriendo hacia ellos.

—¡KIKOHOU!— Rugió con el duelo latente, incapaz de darse por vencido a pesar de la evidente superioridad del oponente arrastrado detrás de su colosal ataque.

Repitió el mismo método, una y otra vez destruyendo todo en su curso, intentando ganar terreno sin descanso hasta casi desfallecer, justo llegando su inesperado Salvador de cabello alborotado en un solo golpe sobre el muro enterrando al rey entre los escombros. Aprovechó el minúsculo momento de confusión para levantar a todos sus aliados y emprender la retirada más veloz que jamás hubiese realizado.

Cuando Paragus hubo recuperado su posición, su brujo estaba de vuelta, pero el lugar estaba desierto.

….

—¡Resiste anciano!— Bardock ordenaba sin querer admitir el miedo a haber llegado demasiado tarde, sacudiendo el cuerpo casi desvanecido del viejo maestro en un hilo de vida.

—Mis discípulos… digan a Gokú….— El anciano sonreía a pesar de que bien entendía, que lo vivido era ahora irreversible. Fijó los ojos llenos de años sobre los tres hombres acompañándole — La renuncia, es solo otro comienzo.

Se acomodó, disfrutando el aire en el rostro, el titilar de cada estrella y esa ultima batalla en compañía saldada de su último pendiente por enmendar. Mutaito hubiese estado orgulloso.

_..._

Los días traspasaban la voluntad de regresar la confianza. Mas en el fondo, el acto de ir a buscarle era para ella un mero evento desconcertante. Ni siquiera para las rutinas de limpieza le había encontrado de frente, dejando ese hecho en manos del encargado provisional en ese desierto.

'No volverá a suceder' Neil le habría insistido un día después de reencontrarse 'Puedo sentir que su control ha vuelto'.

Y así era. Retomando casi la totalidad de sus funciones en un instante, excepto el balance de sus fuerzas ahora multiplicadas y su visión. Su insoportable paciente era ahora un hibrido entre su previa persona y la actual. Todo producto de una lesión mucho más complicada que cualquiera que la precaria medicina disponible en ese lugar, pudiese reparar por completo.

Se aventuró a encararle una vez más. Insegura de las preguntas que debía hacer para continuar el estudio de causas que le había sido encomendado. Cruzó el umbral de las puertas, montando su speeder hasta el sitio donde sabia lo encontraría.

En la distancia distinguía la silueta masculina impertérrita. Iluminada en la blancura de las vastas dunas cristalinas. Bajó del vehículo a una distancia prudente, activando de inmediato su propia armadura solo por simple precaución.

Al intuir su presencia, él hizo un movimiento de cabeza casi imperceptible en su dirección.

Caminó ella, crujiendo los endebles cristales de silicio bajo sus botas de asalto. Estando a una corta distancia notó que una vez más usaba la venda negra en sus ojos.

—Distingo sombras—Habló él por primera vez, en su idéntica estampa arrogante de antaño —pero la intensidad de esta claridad es difícil de regular — Admitió entendiendo a que se debía la contemplación de la mujer a su derecha.

—Quizá— Continuó ella en un tono amable —Deberías regresar hasta poder regularlo — Contestó sin ánimo de cuestionarle — Tus ojos pueden tener otro tipo de daño al exponerlos tan pronto…

—No — Sentenció sin margen a continuar el interrogatorio — He perdido demasiado tiempo — apretó la mano enguantada—No puedo liberar todo mi poder sin destruirlo todo — En baja voz, gruñó insatisfecho consigo mismo —No puedo permanecer a la expectativa de tus invenciones para regresar a mi deber… yo debo lograrlo por mi cuenta.

Al contrario de lo que pensaría proseguiría, ella decidió guardar silencio. Comprendía a la perfección la frustración que atravesaba, puesto que era ella víctima del mismo sentimiento. Si las cosas habían de remediarse, debía permitir a ese espíritu invencible restaurar sus propias heridas.

—Lo lamento — Lo escuchó decir con la misma seriedad con la que previamente habló —Por…todo. No sufrirás otro ataque por mi mano — Aseguró escondiendo pobremente la preocupación que esa memoria le traía. Ambas manos fijas detrás en postura militar fija.

—Entiendo — contestó ella intentando aligerar lo que debía ser una carga monumental. Nunca pensó escuchar una disculpa de labios de la personificación del orgullo encarnada —Shoga me explicó… acerca de mi estado … reproductivo — Talló su brazo intentando no ser invadida por la incomodidad de ese hecho. Habiéndolo olvidado casi por completo desde que dejó su antiguo hogar —Trataré de no provocar distracciones — Sonrió divertida por lo que esa afirmación suponía en el ceño ofuscado de su oyente, en quien podría jurar ver un leve rubor.

—No tenía el control de mis pensamientos — Se justificó de inmediato —Pero puedo asegurarte, que no volverá a suceder jamás — Agregó en una nota despectiva.

—Aun así — Ella prosiguió sin intención de provocar otra discusión — Debo agradecer, el que hayas arriesgado tu vida, para salvar la mía — Externó contemplando la rigidez que él pareció tomar de la nada, las puntas de su cabello fijas a pesar del viento —No sé cómo lograste encontrarme, pero en verdad te lo agradezco.

—De tu haber muerto, mis avances serían más lentos humana — Carraspeó deshaciendo la tensión emocional en un intercambio al que no estaba acostumbrado. Caminó hacia ella intentando disipar la familiaridad con la que ahora ella le trataba —No confundas tu papel en esta empresa — Susurró, recalcando su propia altivez —Mientras seas de utilidad, estarás bajo protección de mi mandato, cuando todo termine… podrás volver a ser la mascota sexual de cualquier clase baja que desees.

Y recibió de cuenta sobreforzada, una fuerte bofetada.

Podía percibir el tamaño del dolor causado a ella, la rabia transpirando en los limpios poros de la joven. Siendo que él mismo no podía comprender por qué habría dicho esas terribles palabras.

—¡Me das lástima! — Ella contestó —No importa cuantos reinos logres conquistar, cuantos éxitos o derrotas futuras — Habló en melódica voz —Nada será suficiente por el egoísmo con que rellenas tus pobres vacíos — La mofa implícita arrancó la mueca que ella esperaba en su oyente —Una táctica sumamente estúpida para alguien que se tiene en tan alta estima.

Y la tomó del brazo, casi incapaz de controlar la intensidad de su enojo.

—¿Quién lo dice? — Contestó en casi inaudible amenaza — Toda tu farsa será invisible para otros, pero no para mí — Gruñó acercándola aún más —No corrió por tu rostro un solo remordimiento por el destino de tu consorte — Enfatizó —El credo de todo sobreviviente es servirse a si mismo para vivir un día más…y eso no incluye el interés por los demás — Rió encolerizando aún más a la presa bajo su agarre —Eres aún peor que yo, si en egoísmo me comparas, puesto que nunca utilicé a nadie en mi beneficio con tal hipocresía.

—Eres un pobre necio — Le miró con un desafío equivalente en intensidad —Puedes fingir tu indiferencia —continuó haciendo uso de una de las armas que bien conocía en efectos, contrario a lo esperado por su enemigo, se acercó hasta estar a unos pocos milímetros de tocarlo —…pero yo sé que en realidad utilizas al resto —Levantó la mano guiando el duro rostro de su oyente justo frente al de ella. La tensión inmediata en todo el lenguaje corporal de su víctima le indicaba que estaba a un instante de cambiar el juego en la contienda de poder —porque te da miedo… estar solo—susurró, rozando sus cálidos labios con descaro, la estampa asombrada, entumecida y vibrante del saiyajin le indicaban que ella era la completa vencedora del intercambio. No necesitaba sentidos sobrehumanos para comprender que su simple acto desmoronaba por completo esa inquebrantable guardia. Respirando con dificultad, recuperó él su inestable aliento, volteando el rostro y dando un paso hacia atrás sin poder emitir replica alguna a la traición de sus instintos.

—A esta prueba… me remito— Sonrió ella con gran placer, enfrascándolo en una innombrable rabia interna —Su alteza — Se burló retirándose de inmediato en pos de su vehículo. Dejando por completo de lado las pruebas que debía realizarle. Si él quería jugar de manera sucia, no habría ventaja alguna que pudiera arrebatarle. Se alejó, satisfecha con la comprobación tácita del pensamiento rebelde surgido. Después de todo, el inalterable príncipe saiyan no era tan inmune para su ya ensayada maestría en seducción.

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Cuando llegaron a casa. La esperanza había sido dejada atrás. Lúgubres como el frío de esa noche, caminaron los tres, en dirección al centro de la última morada de entes justos.

—¿Que…—Un debilitado Gokú corrió a encontrarlos presintiendo en el fondo de sus entrañas que algo habría salido muy mal — ¿Que les ocurre?— Intentó buscar los rostros de sus amigos que se negaban a mirarle— ¿Donde es…?

No tuvo que esperar demasiado, observando el ingreso de su padre, cargando una figura pálida entre brazos, una figura que bien conocía y significaba tanto.

—Lo… lamento— Su padre habló, depositando con sumo cuidado el cuerpo del anciano en manos de su hijo.

Giro ese rostro de ojos cerrados como en un improbable sueño, carente de emoción y calor. Carente de vida y esperanza. Carente de la misma esencia de sí mismo. Siguió Gokú el rastro de sollozos de su mejor amigo, apenas creyendo por sí mismo lo que su vista registraba, la vulnerable figura de su maestro abandonada de toda su anterior vivacidad, el tranquilo gesto atormentaba el conocimiento del joven… de que jamás volvería a verlo.

Y nadie pudo frenar el caudal de emociones, resquebrajando los muros de su propia casa, sin poder contener el abrazador dolor de lo que ello implicaba. Cambió sus colores, potencia y forma, desatando raudales de energía acrecentados a cada segundo suprimiendo un grito de ira con apretados ojos cerrados. Todo terminó entonces de un solo tajo, con un disparo de precisa puntería, antes de que el implicado desatara todo el fulgor más allá de la dorada transformación. Detrás estaba una agotada mujer apenas capaz de sostener su peso. Usando toda su fuerza para contener en sueño el estado aterrador en que su hijo era sumergido.

Los tres hombres voltearon hacia Gine, inseguros de la rapidez con la que esa salida habría llegado. Corriendo a auxiliar a los dos desfallecidos, asombrados por las dos grandes hazañas. Cualquiera con mediano uso del ki podía haber sentido esa enorme descarga. En su angustia un nuevo temor se engendraba, era ya solo cuestión de tiempo para que fuesen inculpados por la irrupción a palacio. Solo esperaban que un milagro pudiese salvarles.