Pl448 y MLStarlake, les agradezco sus palabras, ha sido un poco duro constatar que no ha tenido mucha aceptación lo escrito, pero se agradece muchísimo a las personas que se toman un momento de su tiempo para escribir su apoyo. Mil gracias
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El sol pálido de la temporada invernal decaía en la capital.
—Creo que la mujer de Kakarotto ha regresado — Panbukin murmuró, observando las ordenes recién emitidas en su escritorio. La muerte de Horen había traído consigo un cúmulo de responsabilidades alternas que no confiaba en delegar.
—¿Cómo puedes saberlo? — Su asistente Beets le interrogó, sin poner especial atención a su jefe —Nadie ha podido acercarse— Ordenaba las ordenes de aprensión en las gavetas correspondientes—¿Dónde está tu espía? ya debería haber dado un informe de ello— Su tono escéptico a las suposiciones de su amo, no pasó desapercibido.
—No he podido disponer de ella. Por órdenes reales le ordené retirarse y no causar sospechas— Los ojos estaban fijos en la distancia hacia los caminos del sur —Pero ahora podré emplearla…tenemos motivos para creer que esa humana es el tecnólogo de la resistencia— Aseguró convencido de sus propias conjeturas.
—Si damos una orden de aprensión en lugar del interrogat …—
—El interrogatorio no hará falta — El obeso saiyan le interrumpió—Sólo debemos causar un daño suficiente para que confiesen de una u otra forma.
—¿Qué has planeado? — La ceja bien arqueada intrigaba el semblante del subalterno.
—Un atentado accidental en contra del miembro más débil de su casa — El líder sonrió —Si inculpan a la corona, no habrá dudas de lo que cursa por su mente—limpió sus dientes con la lengua, deleitándose en la idea —Nadie proclamaría a un aliado su enemigo, de no haber germinado la semilla de la traición en sus suspicacias.
—Debemos mantener informado al rey— Beets insistió comprendiendo la gravedad de provocar a una de las familias con el único sujeto en el planeta que podía rivalizar con cualquiera — A estas alturas solo el príncipe es capaz de detener a ese bastardo.
—Hay más de una forma de doblegar a tus enemigos Beets— Panbukin se desperezó levantándose con torpeza, su próxima orden a emitir estaba repensada. Confiaba en que haber cobrado juramento sobre su vasallo bastaba para mantenerse a salvo. Aunque al resto de moradores de su plan no les protegiera.
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Furioso tornado de emociones internas auguraba ese repentino escándalo. Vegeta ingresó a la base, apartando con solo el golpe de su aura a todo aquel que se interpusiera en el camino. Pocas veces habría sido visto en esa faceta incontrolable. Nadie se atrevía siquiera a mirar en su dirección y así irrumpió en el dormitorio que buscaba.
—¡¿Dónde está?! —Azotó las puertas ingresando como una bestia incivilizada.
—¿Que has hecho? —Se levantó la dueña del recinto sumamente sobresaltada, pudiendo constatar la evidencia culposa de ese olor escondido en el traje de su monarca.
—¡¿Dime donde esta?! —Insistió él, sabiendo a la perfección que esa información ya era conocida por la responsable de los despegues del planeta.
—De vuelta a casa— Anunció su estratega, comprendiendo con exactitud de quien hablaba— Partió durante la madrugada sin que nadie la viera.
—Traerán de vuelta a esa maldita traidora —Ordenó, escondiendo de mala forma la impaciencia.
—No — Negó la saiyana con una autoridad que sobrepasaba a su rango.
Un minuto de silencio se presentó.
—Entonces lo haré yo mismo— Sentenció, dispuesto a salir en busca de cumplir su cometido.
Pero un veloz obstáculo se colocó de frente.
—¡Es suficiente! —Su consejera le enfrentó empujándole—Cometiste un terrible error ¡No permitiré que arruines todo por un estúpido capricho!
—¡Esa tonta desobedeció una orden directa! —Vociferó, tan perdido en su incesante rabia, que era incapaz de visualizar el tamaño de su ofensa a las costumbres más sagradas. Tratando a toda costa de pasar por encima de su insistente comandante.
—¡¿Qué pasa contigo?! — Ella le impidió de nuevo el paso, descolocada ante esa conducta totalmente irracional—¡ERES EL PRÍNCIPE SAIYAJIN!, ¡ACTÚA COMO TAL! — Colocó un derechazo sobre la quijada de su superior, sin importarle ganar con ello su sentencia de muerte.
Regresó él a la realidad, absorto en el atrevimiento y su propio actuar, enderezándose como torre impasable sobre el desafío presentado por su tutora de tantos años.
Descendió sobre él, ese fugaz entendimiento. Como una conciencia mandada por los dioses. Su semblante serio, resignado tanto como indignado. No hacía falta decir algo más, pues toda su estampa gritaba el conocimiento de aquella lejana advertencia, vuelta realidad.
De inmediato saltó a la defensiva, esperando el momento propicio para descargar la rabia que eso estaba provocándole. Había reemplazado esa intención una nueva emoción. Erizado en todo el cuerpo, incapaz de doblegar sus colmillos o la amenazante postura. Los ojos fijos sobre la insolente súbdita, dándole a entender que había llegado demasiado lejos.
—Así es — Musitó exasperado— ¡Y por ello mis órdenes son absolutas! — Se lanzó sobre ella, atravesando ambos los muros hasta estar desprovistos de refugio, enfrentados uno sobre la otra, a la intemperie de ese casi inhóspito planeta, resumiendo su discordancia en golpes.
—¡Abre los ojos! — Escupió ella su propia sangre con esfuerzo —¡En un par de días dispusiste iniciar el contraataque! — Puso de nuevo su defensa en juego—¡Te advertí que esto sucedería! Y aun así ¡Tuviste el descaro de aparear una enlazada!, ¡DE PONER TODO EN RIESGO! —Gritó sin importar enfurecerlo aún más —Por lo menos uno de los dos tuvo la conciencia de terminar con esta aberración — Señaló al espacio, admitiendo toda la decepción que eso le confería. En su voz había furia y desencanto en la misma medida.
—Dime un atrevimiento más… — La sometió con velocidad bajo una llave inquebrantable —Y no habrá forma en la que ambos no nos arrepintamos de lo que haré contigo.
—¡Tú ERES nuestro LÍDER! —Gritó ella incapaz de librarse —Eres la última esperanza de miles unidos a nuestra lucha — Dobló, logrando atinar una patada sobre su descuido —¡Has sido un egoísta incompetente! — Se levantó con los puños llenos de furia—¡¿Qué está pasando contigo?!
Era una pregunta que ni él mismo estaba preparado para contestar. Quizá producto de toda la inestabilidad mental que sufrió, quizá por un verdadero capricho instaurado, necio como su propio orgullo… o alguna otra verdad que no era en esos momentos capaz de comprender. Se sostuvo del filo de una roca, pulverizándola al toque. Los hombros tensos en alto, el rostro enterrado bajo su propia incongruencia y el olor de ella aun sin desvanecerse en su piel. Terrible recordatorio de su desengaño al encontrarse drogado y timado en su propia seguridad.
Celipa desvió el rostro, incapaz de mirarlo del mismo modo. Hacia tanto que una decepción de esa magnitud no era ocasionada por su joven pupilo. No tenía las palabras precisas para aconsejarle. No podía acercarse, no quería siquiera mirarle y sin importar el protocolo a seguir, salió de su vista tempestivamente. Cojeando en ruda pose irreverente. Ni el frío del paisaje podía enfriar su enojo.
Y no replicó él acción alguna, pues pesaba en su conciencia la magnitud de su impericia. Error que el cuerpo no parecía registrar del mismo modo que su mente. Vencido por sus propios anhelos se sentó en el borde de la montaña en corta distancia y se sumergió en la amargura de ese desliz.
Su mentora tenía razón, se desconocía por completo, habiendo caído bajo el anzuelo de sus propias indulgencias, había traicionado todo aquello en lo que creía por un deseo imperdonable. La peor de las deshonras ardía por causa del método utilizado para disuadirlo de continuar. Traicionado, sedado, abandonado en medio de la nada y humillado en la implícita declaratoria del rechazo. Pues a pesar de toda su historia vivida, ella había regresado al resguardo de su previo amante. No podía haber desaire más indigno…No podía esto dar más signos de inferioridad ante la única testigo de su osadía. Se prohibió reflexionar más en ello.
Había sido un periodo anormalmente absurdo para sus propios parámetros, no podía dar una razón a su referida conducta, indultarse o condenarse, cualquier emoción que justificara el desasosiego por el que pasaba en ese instante.
Una avalancha de ira le invadió. Emergió saltando en vuelo por los cielos negros congelados, dispuesto a sacar a golpes su frustración, nunca estaba de más otra sesión de entrenamiento y en ese proceso, esperaba deshacerse un momento del discernimiento en sus pecados.
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Tal como Raditz esperaba, no fueron tardías las misiones encomendadas por el príncipe en persona a su favorecido puesto. De la mano de los nuevos aliados presentados al regente legal de ese rincón en el universo, regresaban lentamente el orden a todos los levantamientos suscitados en esos días.
A diferencia de las estrategias de Paragus, las exigencias del pueblo eran por primera vez cumplidas. Los castigos, sin embargo, habían aumentado su severidad, siendo el mismo príncipe quien disponía de dar muertes inhumanas a todo traidor que contradijera el orden impuesto.
Acompañaban así toda su nueva corte al Joven en cada misión que desempeñaba. Poco a poco el hambre fue disminuida y los rumores de rebeldía acallados. Sin embargo, el saiyan de menor rango sabía que estaba lejos aún de ganar por completo la confianza del príncipe.
Sus planes jamás eran compartidos, se entendía poco con los generales a los que él se dirigía y su papel no era mas relevante que el de un simple asistente o informante. Necesitaba ganar una fuente sólida de confianza para tener una posición más favorecida.
Al final de todo, sería su mismo padre quien reconocería su propia grandeza. Pero todo trabajo bien hecho, toma tiempo.
Esa pesada tarde, el cadalso de la ciudad del este estaba bañada en la sangre de todos los miitares corruptos que habrian acaparado los bienes de las localidades. Del mismo modo habían sido ejecutados todos los implicados, por más débiles que esos rumores fuesen.
El príncipe descansaba en el palco de la casa real provisional, atendido por todos los nerviosos sirvientes a quienes ni siquiera se dignaba en mirar. Su semblante era cada día más frío e intimidante.
Raditz se acercó, haciendo una reverencia inmediata. El otro joven le instó a levantarse con un gesto.
—Majestad— inició solemne —Los hermanos Heata desean saber cuáles son sus órdenes respecto al ataque en curso.
—Panbukin ha sido instruido en lo necesario para liderar el golpe— Contestó levantándose para salir. El otro joven no se atrevió a contradecirle.
—Vegeta intentará explotar las debilidades menos evidentes—Insistió, desistiendo en rendirse —Si lo requiere puedo asistirles de forma directa.
Pero el ilegible rostro del monarca solo se limitó a observarle sin más. Esa falta de emociones era quizá lo más intimidante en su presencia.
—Toda mi infancia transcurrió al servicio de ese malnacido perfeccionista —El mayor de los hijos de Bardock prosiguió, obligando a su temor a permanecer oculto —si en algo puede ayudar mi conocimiento… estoy a su servicio, alteza.
—La información que mi padre requiere es proporcionada por una especialista —Aseguró el joven, sin despegarle los ojos de encima.
El titubeo de su súbdito le hizo comprender que quizá habría sido demasiado tajante. No contaba con amistades confiables y el sujeto había comprobado ser una herramienta de utilidad. Empezaba a considerar que un elemento leal era la mejor adquisición que podría obtener.
—Quizá seas de utilidad en un futuro cercano—Anunció descansando ambos hombros tensos —Por el momento la maldita adivina es quien confiere esa información… aunque sospecho que también oculta y manipula esta información a su voluntad.
Raditz permaneció inmóvil. Esperando obtener de algún modo el primer atisbo de confianza del hermético sujeto.
—Mi padre es un ingenuo si piensa que esa bruja tiene algún tipo de lealtad en su favor— Prosiguió develando el contenido en sus sospechas — Solo somos fichas en su absurdo juego de información.
—Quizá sólo es una herramienta complicada de utilizar — se atrevió a externar, una afirmación tan irrelevante que era imposible que provocara un disgusto.
El otro joven lanzó una mirada de desconfianza, acto seguido una risa floja suplantó su anterior fachada.
—Esa vieja miserable solo sabe soltar amenazas— Levantó ambos brazos acomodándose en la sila con soltura —Sus exactas palabras para mi fueron: príncipe legendario, Aprenderás que no todo puede depender de una sola historia, hay más misterios en el mundo bajo los que tú y tu padre pagarán sus pecados. Mi padre ha recibido una cuota más de esas malditas profecías… Horen murió por obedecer ciegamente las instrucciones de la bruja embustera.
El saiyan oyente no movió un músculo. La curiosidad sobre el contenido de ese presagio se incrustaba de forma insistente en su mente, puesto que ese individuo había muerto seguramente a manos de su hermano, en el justo momento en que habría intentado quitarle la vida a él mismo.
—La bruja ha dicho que la señal de nuevo orden será pronto consolidada que ella ha sido la enfermedad, pero ha alcanzado la cura su capacidad de sanarlo todo— Se levantó el regente sin siquiera despedirse, solo alejándose del lugar en un ultimo vuelo para revisar las ultimas noticias previas al elaborado ataque.
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Llegó el día. Encontrando por sí misma el camino a casa cruzó el umbral de ese conocido complejo. La recibían boquiabiertos como la sombra de un espectro que se presentaba ante ellos sin ningún aviso previo. Toda ella sin duda, pero con un cambiado aspecto, la mitad de su atención disuelta en algún misterio, no respondiendo a ninguna pregunta emitida.
Después de escuchar lo acontecido en el planeta durante su ausencia, las lágrimas corrieron libres por su rostro. Se culpaba, pero de alguna mediocre forma culpaba en mayor grado a la tribu de su causa. ¿Cómo habría sido posible que cometiesen un error de tan evidente estupidez? Su duelo no encontraba forma ni palabras para ser expresado. Así como habría sucedido con sus amados amigos caídos, ahora arrebatados cual cenizas en el viento.
Nada parecía ya poder volver a ser lo mismo.
Los días pasaron, desde su regreso su antes enérgica amiga actuaba errática, a la defensiva en los cuestionamientos que su padre le hacía. Su efusivo saludo, borrado en brevedad al momento de escuchar todo lo vivido. Empeoró cuando su padre comentó la particularidad de un rastro de olor en su cuerpo. Desatando un implacable mal humor, que llegó para quedarse.
Estaban ya acostumbrados a sus respuestas indolentes, pero en vez de ello una serie de reclamos surgieron sin ánimo de desaparecer. Cada día había un nuevo motivo para echarles en cara la pérdida del maestro Roshi y la inacción de sus labores para la resistencia. No importándole explicación alguna de los riesgos vividos, de las noticias de su traslado, de la esclavización disfrazada de Gokú y de todo el infierno vivido para tratar de mantener su afiliación desconocida, guerrillas azotaban el planeta en las que ahora intentaban pasar desapercibidos.
En esa femenina boca solo había espacio para los reclamos.
Se atrevió entonces Gokú a indagar lo que cursaba por esa torturada criatura. Ingresó al taller en casa, de camino a su deber como sirviente en los nuevos cuarteles de las élites jóvenes.
—¿Que te sucede? — Dijo en sereno tono, simplemente tomando asiento a su lado.
—No es nada — Aseguró ella, midiendo las frecuencias en sus reparaciones. Dedicándole un par de vistazos sin especial atención.
—Tal vez necesitas distraerte— Continuó él con la pasividad acostumbrada — Cuando me siento agotado, eso me ayuda a pensar mejores formas de resolver problemas— Continuó tomando entre manos uno de los artefactos de la mesa, inspeccionándolo con curiosidad. Recargó el pecho en la silla inversa donde se encontraba. Prestando interés en el ceño fruncido de la joven.
—¡Te he dicho que estoy bien! — Contestó de mala gana.
—Si sigues insistiendo, te dará una peor paliza que Broly— Krillin se carcajeó colocando la despensa recién colectada en el armario del cuarto contiguo.
—Si fueses tan hábil en batalla como en tus burlas, serías mejor que cualquier saiyajin— Contestó ella dejando el trabajo.
—¿Qué? — Contestó el otro humano, sin comprender en su totalidad la razón de ese nuevo enojo.
—Lo que oíste— Replicó ella —Si alguno de ustedes se preocupara por resolver nuestros problemas, ¡Habríamos terminado con esto hace tiempo! —Soltó de la nada, forjando un silencio confuso entre todos los presentes —¿Por qué no pudieron hacer un mejor plan para ingresar al castillo? — Reclamó sin poder frenar su ímpetu exagerado —¡¿Cuánto tiempo tardaron para saber que era Uranai quien les daba información?! ¡¿De que sirvieron todos los inventos que dejé para ustedes?!— Miró en todas direcciones a los presentes.
—La han trasladado a otro sitio, como te explica…— Gokú intervino levantándose del mismo modo, pero fue detenido de inmediato por la vista intimidante de la terrícola.
—¡¿Y que han hecho para remediarlo?! — Prosiguió la fuente inagotable de reclamos — Heme aquí intentando sacarnos de todo el desastre —Manoteó en su escritorio — ¡Con uno menos de nosotros ahora asesinado! ¡Cuando debíamos estar todos dispuestos a ayudar del otro lado de la galaxia! Y ahora estamos en grave peligro de ser descubiertos.
—¿Entonces por qué has regresado?! — Incapaz de buscar la ecuánime conducta de su usual ser, Krillin la enfrentó ofuscado por las acusaciones injustas —Debiste quedarte en la seguridad de tus nuevos aliados ¡Que difícil debió ser regresar!, ¡Te tomó tanto tiempo! — Recriminó poniéndose a la par de la encolerizada mujer —Mientras nosotros aquí nos sacrificamos por brindar más información a nuestros "nuevos lideres" o ¿Cómo debemos llamarte ahora? Jefa Tecnólog…
—¡Silencio! — Gine ingresó sosegando el ánimo beligerante en el ambiente —¡Basta ya!— llamó a todos a frenar los estribos de su rabia innecesaria —Nada nos devolverá a nuestros muertos— La incertidumbre, la falta de alimento y las tristes noticias vividas doblegaban las personalidades usualmente calmadas de la tropa.
Bulma observó con recelo al resto, incapaz de continuar con su pelea, se levantó dejando a todos en ascuas. Sabia la razón de fondo en su enojo, que nada tenía de relación con sus palabras.
Era dolor. Puro y llano dolor por todo lo acontecido. En el fondo estaba confundida, ansiosa y también sumergida en un recuerdo culposo. Incapaz de borrar o dejar de repensar, asaltándola a medianoche, durante el día y en todo momento que su mente dejaba de concentrarse en tareas básicas. Poco a poco el control se escapaba de sus manos.
Anunció su retirada, con pretexto de buscar piezas faltantes en los cuarteles de Bardock. Necesitaba ocupar su mente en cosas menos apabullantes.
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La triste cena improvisada era compartida entre ambos. El previo encuentro olvidado, lista para su nueva misión en puerta, los músculos aun dolían por todo el previo entrenamiento.
—Esta noche— Habló el maestro Tsuru desde su silla— Deberás superarte a ti misma — señaló con preocupación en los labios — si alguien te descubre… no durarás un solo minuto en manos de esas bestias.
—Lo sé, Gokú es inalcanzable a estas alturas — Señaló ella, terminando su aperitivo para vestirse con el recién robado atuendo, mucho tiempo ya le había espiado para saber a ciencia cierta que él debía ser el otro super saiyajin del que todos hablaban — Pero no he dado esa información a Panbukin— Comentó retirándose de la precaria mesa —Porque en caso de no lograrlo… podrás usar esa misma información para liberarte— Finalizó ganando un suspiro de su mentor.
—Has sido una excelente alumna— Intervino Tsuru una vez más — Pero recuerda resguardar tu vida del mismo modo, estarás frente a él… si titubeas un solo instante, te reconocerá— Concedió pasando un último vistazo de la perfecta simulación de la joven que siempre acompañaba al insufrible grupo escolta de su antiguo compañero de enseñanzas —Recuerda, no hables, no bajes el nivel de energía y sobre todo… deja a la chica solo al borde de la muerte.
Milk asintió, camuflajeada en sus propias habilidades psíquicas, de inmediato hizo una reverencia a su maestro, saliendo por la ventana de la choza donde aguardaban instrucciones diarias.
El salto sobre las viviendas se aceleró, mas no detectaba en la distancia el ki de la mujer que buscaba. Descendió hasta la entrada, colocando los saboteadores en los nuevos escudos del cerco, unos segundos después pudo ingresar con toda calma, disfrazada de su víctima e imitando el mismo contoneo que le conocía. Aun sin poder detectarla, supuso se encontraría en un estado tan bajo de energía que era casi imperceptible, seguramente durmiendo en su pieza acostumbrada.
Caminó con la seguridad de su disfraz, a la distancia escucho los ruidos de los integrantes en la casa, pero pasó de largo, viendo el resto a la figura conocida caminar sin prestarles atención, nadie pareció inmutarse en la diferencia y ella celebró internamente su triunfo.
Subió las escaleras a la habitación adecuada, ingresó con sigilo esperando ubicarla. Sin embargo, su presa tampoco se encontraba allí. Había en cambio incriminadores artefactos, que supuso le comprarían más gratitud ante los ojos de su amo. Tomó los inventos y los guardó de inmediato.
—Creí que regresarías tarde del cuartel —Entró detrás de ella la persona que más temía encontrar. De inmediato se reprendió, retomando el control de todos sus poderes con gran maestría tragándose el nerviosismo — ¿Sigues disgustada por lo que Krillin dijo? —El joven preguntó, buscando en los estantes la ropa para cambiar su traje de entrenamiento.
Ella no contestó.
—Puedo ir yo por los materiales—Continuó al no obtener respuesta —Pero necesitaré que me digas que traer — prestó especial atención a un detalle que no había indagado, un olor familiar pero extraño, un cambio casi imperceptible en la forma de su cuerpo.
—¿Todo en orden? — Preguntó acercándose con gran curiosidad—¿Estas bien?
Ella entendió que debía hacer algo pronto para hacerle desistir de hablar, sus opciones eran limitadas, sin embargo, sabia de una que no podía tener falla.
Volteó dando una falsa sonrisa entretenida, caminando lenta y seductoramente hacia él, relamiendo los labios e intentando hacerle ver lo que tenía en mente. Pero el sujeto apenas y comprendía la razón de esa conducta, parpadeando incrédulo y poniendo atención de nuevo a los detalles que no cuadraban en la imagen acostumbrada de Bulma.
Presionó ella ambas manos sobre sus hombros hasta obligarlo a sentarse. Algo en esos ojos carentes de brillo alarmaba al joven saiyan, toda su energía parecía estar mal configurada. Cual si fuese un cuerpo vacío simplemente observándolo con un seductor interés.
—¿Qué te sucede? — Indagó buscando en el fondo de su mirada algún indicio de la causa de ese estado.
Más, transmutando todas las dudas que emergían, ella bajó hasta estar de frente al causante indirecto de todo ese entrenamiento, aspiró su esencia masculina con gran deleite, tenía ella en los ojos un rencor bañado de admiración, bendecida por la fortuita circunstancia de tenerlo a su alcance. Por vez primera, podía hacer con él lo que desease… pero no se atrevía.
Tan cerca de él, como así lo hubiera querido desde el día en que lo conoció. Su vista se nubló impedida por las lágrimas de frustración que no dejaban de traicionarla. Cuan diferente su vida habría sido en esos brazos, prendida en ese rostro galante, de hechura tan exquisita. He ahí el gran amor de su vida, embriagándola con su presencia y el otro, incapaz de comprender lo que sucedía, solo limpió el tibio líquido que escurrió furtivo en su mejilla, en un gesto amable y dulce que ella jamás habría experimentado de otra criatura en ese planeta.
Resignada al tornado de emociones que le inundaron, tomó ese rostro obligándolo a besarla.
Toda la estructura del joven se petrificó, no habiendo podido registrar el efecto de un acto tan simple con tanta fuerza para incapacitarle. Mas no rondaba en su mente una estrategia, sino un desconcierto, apartándose incrédulo e incómodo sin saber que decir. Ella era fuego en su piel, un inconsciente tacto tan diferente al recordado, una dominancia incuestionable le enajenó.
Encandilada en esa sensación de poder, desató todo, sin miedo a las consecuencias a largo plazo. Cansada de su historia, cansada de las ordenes de otros, anhelaba por vez primera tomar un riesgo de su propia versión. Intrépida como ella era, sometió en un instante al confundido hombre, a quien de inmediato despojó de todo aquello que le estorbase, tocando, labrando cada delicioso músculo con fascinación, obligándolo a mirarla sin importar usar la máscara de otra mujer en su mente. En ese instante, se sentía real y era lo que a ella bastaba.
Sintió a su víctima temblar indecisa, sin poder poner un pensamiento coherente sobre el otro, intentando él escapar ante el salvajismo de los instintos a los que era sometido. Fijó ella de nuevo su rostro, robando un beso aún más intenso, saboreándolo a fondo y aprisionándolo en la efusión desbordante a la que ella se entregaba. Convenciéndolo lentamente de ceder el control y no tardó en dominarle, cual neófita captura. Los ojos sumamente abiertos y la razón carente de palabras para detener lo que ella efectuaba con una maestría desconocida.
Usó cada herramienta en su conocimiento como esclava, tomó su entrepierna entre manos, arrebatándole intensos suspiros bajo sus caricias expertas sobre sus zonas más erógenas. Susurró acallándole en cada ocasión con tibios besos cuando su presa parecía rebelarse en su contra, nervioso, impaciente y sumergido lentamente en la trampa que ella le habría tendido al dormido subconsciente. Parecía seducir a un ser con completa inexperiencia en el arte carnal del deseo.
Besó cada parte de su torso, cada cicatriz y surco entre sus prominentes medios. Lo recostó sobre su espalda y se deshizo de todo lo que impidiera seguir recorriendo la piel desnuda. Del mismo modo ella eliminaba sus propios obstáculos. Resoplaba con intensidad, volviendo en un segundo hasta su rostro, suaves movimientos degustaron su boca, estrujando las uñas contra el objeto de su deseo. Inspeccionó por debajo, complacida en haber logrado su cometido, en una media sonrisa cargada de desvergüenza ante lo que pensaba completar a continuación.
—¿Qué est…? — Pero no pudo él completar su pregunta. Sintiendo la involuntaria necesidad de cerrar los ojos al ocurrir una vez más el episodio que tanto tiempo atrás habría vivido. De nuevo, aprisionado en ese cálido interior.
La razón cedió espacio a la voluntad de su cuerpo, experimentando la deliciosa presión cálida a la que era sometida su virilidad lista, con tal violencia, que incluso su propia voz le traicionó, un gemido involuntario en su voz alimentó la sonrisa de la chica, excluida de la realidad en su propio goce, subiendo y bajando sin piedad alguna sobre él, Allanándolo a su capricho, disfrutando el incremento paulatino del placer alcanzó en pocos instantes su oportuna liberación en un agonizante temblor que la recorrió en cada célula, deslavando las penas con un atronador gozo. El asombro la asaltó, cuando en un solo movimiento su compañero la volteaba, prosiguiendo el encuentro sobre ella, con sorpresiva autoridad incuestionable, empujándose dentro firme e impetuoso. Subyugándola por un largo momento bajo ese poderoso cuerpo hasta alcanzar él su propio orgasmo en un par de fuertes movimientos, seguido por otra inesperada ola de placer propiciado sólo para ella.
Y la abrazó con fuerza, sin importarle la diferencia en formas y olor, sin querer ya entender siquiera por qué no podía dejar de temblar emocionado. Sin poner un nombre a todo aquello que sentía. Se separó un solo instante para permitirle a ella mayor comodidad.
—Gracias— La escuchó decir en una voz completamente extraña y de pronto, todo se borró.
Habiéndole dejado inconsciente después de él bajar la guardia, se levantó ella satisfecha de su acción. Acariciando el revoltoso cabello por última vez, así como el sueño que jamás tendría. Escuchaba al fondo un par de risas, era tiempo de marcharse. Saltó a la ventana, dando un último vistazo al cuerpo desnudo del hombre que siempre estuvo enamorada, ahora habiendo sido suyo sin que nada lo impidiese, una noche por lo menos, habría sido enteramente suyo.
Se fue incapaz de completar su misión. Habría otra ocasión, otro momento adecuado, pero esa noche, lo único que quería era disfrutar del único instante placentero en su vida, del olor y sensación del único hombre que habría tomado voluntariamente.
Más no habiendo anticipado las consecuencias de relajar sus medidas, un nuevo captor dominó su salida. Cayendo sobre ella como ave nocturna sobre el ingenuo animal del que se alimentaría.
—Dame una buena razón— El asaltante le habló —Para no eliminar en este mismo momento a la evidente amante de mi hermano— La olfateó con la dura señal de odio inscrita en su rostro. Y comprendió ella que no había escapatoria alguna, luchando por mera inercia contra el suelo, retenida a la fuerza en una llave inquebrantable sobre el suelo.
—Solo tomará un segundo exponerte, la ley me da autoridad en este caso— Le sonrió de forma escabrosa —A menos…—. Meditando en la pura suerte de haber estado presente en el lugar y momento correctos, para por fin cobrar la venganza de la humillación vivida el día en que el ser más despreciable de su casa, se atrevió a profanar su existencia con la vil misericordia de salvar su vida —…a menos que tengas algo que intercambiar— Susurró intentando cavar en el sorpresivo hallazgo. No había razones por las que su absurdamente ingenuo hermano cometiera un acto de tal vileza, a menos que se tratara de un elaborado engaño en busca de algún beneficio en particular.
—¿Quién te envió? —Continuó el interrogatorio poniéndola en pie —Tienes un minuto para hablar— Emitió, estrujando su cuello con suavidad.
—Ustedes— carraspeó con esfuerzo —Son unos malditos traidores a la corona— Señaló sacando de su bolsillo la evidencia obtenida de hechura de la científica, la banda térmica, labrada con el símbolo de la antigua casa real. Y la sorpresa en el rostro de su captor, le indicó que no trataba tampoco con otro de los aliados del antiguo régimen. Él tampoco lo sabía.
—Dime todo lo que sabes, mujer— Le ordenó llevándola a cuestas — Si me otorgas algo de valor…puede que tengas un nuevo aliado en tu lista.
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Muchas unidades de tiempo galáctico habrían tomado la preparación del asalto y el regreso a Luna Yamoshi. Dos semanas intensas en la antigua base lunar de calcular provisiones nuevas, reforzar tecnologías y hacer un esquema de asalto suficientemente eficiente para restaurar el orden en el planeta vecino amenazado.
Habiendo afinado detalles saltaron a lo desconocido. El convoy de mando esperaba con filas de soldados sentados vislumbrando cada movimiento de los dirigentes con especial atención. Cuando salieron de las sombras de sus naves indetectables, el ansia de lucha estaba instaurada en cada voluntad dispuesta a recuperar lo propio. El asalto a Kurovo transcurrió como era esperado. De las naves descendía todo guerrero listo para dar caza a todo aquel que se interpusiera en su camino, al frente comandaba el fiero líder, seguido de cerca por dos de sus mejores comandantes, Shoga y Nappa batían en récord de tiempo la limpieza de intrusos invasores.
Algo no andaba bien. Al cabo de un par de horas la estación estaba indiscutiblemente en sus manos de nuevo, habría sido un hecho de especial simpleza. Esperaron replegándose en las áreas de despegue, mientras su líder intentaba entablar comunicación con la base recién repoblada, sin ningún éxito.
El temor comenzó a burbujear en sus adentros.
—¿Nuestro sistema de comunicación esta fallando? — Nappa preguntó incapaz de aceptar cualquier otra realidad fuera de posibilidades cotidianas.
Sin embargo, ninguno de los otros lideres se atrevía a emitir sonido alguno. Reiniciaban los sistemas con desespero, intentando en el proceso creer por si mismos las palabras que el incauto gigantón sembraba en las mentes confusas.
Cuando todos los entes presentes en el campo estuvieron en una relativa cercanía, alguien se atrevió a darle voz a la realidad negada.
—Alteza —Shoga posó una mano en el hombro de su líder —Quizá hemos cometido un error.
La sangre de todos los presentes inició una carrera veloz de angustia.
—No pueden haber descubierto nuestra base— Uno de los guerreros hadorita se atrevió a intervenir —¡Nuestros escudos eran funcionales!
—¡No podemos entrar en pánico a estas alturas! —La voz de una guerrera azulada emitió. Las opiniones encontradas saltaban entre el batallón nervioso.
—Debemos regresar de inmediato —Shoga sugirió una vez más, desatando el pánico en los ojos de su líder y del resto de convidados.
El chillido automatizado de un conteo automático les distrajo del intercambio.
Cientos de luces rojas apuntaban en dirección a todo ente que expidiera calor. De inmediato una serie de disparos secos se instaló, escapando de la trampa solo los más veloces entre ellos.
—¡¿Qué demonios es esto?! — Nappa vociferó con la vista fija sobre el resto de guerreros en su tropa, retorciéndose en el suelo.
Los defensores aun en pie eliminaron por completo los vestigios de las misteriosas armas. Shoga analizó el contenido de una de ellas. Agujas vitrosas con un pequeño rectángulo grisáceo.
—¡Son restrictores miniatura! —Destruyó la infamia al instante, la forma más cobarde de pelear una guerra.
Mientras los cuatro dirigentes examinaban el indigno método. Un disparo salió de un escudo liberado entre los escombros. El blanco había sido alcanzado.
—¡Vegeta! — Shoga examinó el disparo en su hombro, mientras los otros dos levantaban la defensa en contra de los dos intrusos descubiertos. El mayor de ellos sostenía el arma dando complacidas carcajadas.
—Me advirtieron que eran rivales poderosos —Su melosa voz inició — Pero veo que tienen gran sobreestimación a sus pobres habilidades tácticas — Posó el arma en su hombro, siendo resguardado de los disparos subsecuentes por el otro intruso de menor tamaño —Mátalos rápido Gas, aún tenemos que supervisar el ataque en la otra base.
El aire abandonó los pulmones de todos los presentes.
De inmediato el invasor atacó a todo aquel en cercanía.
—¡Retirada! —Shoga ordenó a todo el que estuviese en funciones de acatar la disposición, la peor de las pesadillas tornándose realidad. El rastro veloz del relámpago grisáceo cobraba las vidas de los inmovilizados. Un solo contrincante frenó la masacre a pesar de sus propias limitaciones.
—Tu te enfrentarás a mi —Gruñó levantando su poderosa transformación a pesar del curso impedido en su fisiología. El microchip bloqueaba el flujo natural de su energía, costándole una suma mucho mayor de esfuerzo mantener la posición.
Sin mayor advertencia que una vil mueca de burla, el menor se abalanzó sobre su presa. Resistiendo apenas el saiyan la fuerza con la que el otro doblegaba sus intentos por superarlo. Su cuerpo exigía descanso a pesar de la adrenalina opugnando esa orden.
El costo de sus heridas era mayor al que su defensa propinaba.
—¿Es todo lo que el último hijo de la casa Vegeta puede hacer? —Atizó el menor la humillación a la que le sometía.
Mas no era esta su mayor batalla y lo sabía, pocos instantes tenía para tomar una decisión.
Una nave abandonada al fondo. No podía constatar que toda su tropa hubiese abandonado ya el planeta, pero el temor de estar enfrentando únicamente un señuelo asfixiaba su razonamiento.
Su gente.
Toda su gente siendo masacrada en ese instante mientras se enfrascaba en una pelea simple, no había forma de conservar el honor en una dicotomía de tal talla. Usó su ultima táctica y al observar que su enemigo arremetía en su contra, dio un giro de ultimo momento haciendo que este se estrellara contra el suelo. Cuando el menor de los Heata levantó la vista, había desaparecido.
_..._
Hace muchos días que algo no estaba bien.
De todos los presentes, un aire de complicidad imperaba, sin que ella fuera partícipe de ese conocimiento.
El peor de todos era su joven amigo saiyan. A quien en ocasiones había descubierto mirando furtivamente en su dirección. Era una situación sumamente desesperante e indescifrable.
El resto de su tropa se habría levantado de la mesa hace tiempo, quedando solo ellos dos al terminar la abastecida cena de esa noche. Leía ella uno de los reportes de avances tecnológicos enemigos en la estación, se auguraba una audiencia por la mañana y debía estar preparada.
—Te quiero— Le escuchó decir, a tan solo unos pasos de ella y dio una casta caricia en su mejilla. Ella le devolvió la mirada con la misma extrañeza que si hubiese visto al mismo Broly decirle esas exactas palabras.
—Yo… también — Aseguró con un leve tinte de pregunta en su voz. Incapaz de adivinar lo que pasaba por la mente del otro, lo vio sonreírle de una forma… enternecida. Se alejó cual niño entretenido en pos de un juego, despidiéndose para acudir a su último entrenamiento del día.
Presintiendo un audaz pensamiento. Decidió que debía investigar la razón del ánimo cambiante. Se levantó dispuesta a seguirle, pero un cuchicheo le instó a cambiar el rumbo.
El grupo estaba reunido en torno a la sala improvisada de control en los droides. Habiendo perdido casi el total, el único en funciones encontraba información de suma relevancia. Sin embargo, debido a la naturaleza sumamente esquiva del artefacto, la traducción seguía manteniéndose en un encriptado especifico que solo ella podía descifrar.
—Ajustaré los parámetros — Avisó al grupo al entender de lo que se trataba.
—Las filas se agruparon de nuevo en los límites de las arenas movedizas del este— Ten le comunicó — Me ha sido imposible escuchar algo relevante entre los comercios— Se encogió de hombros insatisfecho con su propio desempeño — Las reglas de convivencia se han endurecido estos últimos meses.
—Solo escribe el programa —Krillin solicitó advirtiendo el cansado estado en el que la fémina se encontraba — Puedo terminar el resto para que descanses un rato —Guiñó un ojo sin comprender su tecnóloga la razón detrás — De todos modos, es bueno que por lo menos algunos de nosotros la pase bien de vez en cuando.
Las carcajadas detrás se acabaron con la misma rapidez con la que iniciaron, puesto que su compañera pegó un manotazo en la mesa, disipando el ánimo divertido.
—Ustedes no saben más que tomar todo infantilmente — Les reprendió saliendo de golpe.
Decidió que habría sido suficiente, tomó un baño y decidió terminar su día de forma prematura. No podía sacar de su cabeza el estado de preocupación vigente, era lógico que el imperio tendría algo entre manos a esas alturas, la única razón para no declararlo era por causa de conocimiento previo. Sospechaban, sin tener por cierto quien era el traidor entre ellos. Debian encontrar otra forma de rescatar a la vieja Uranai, de hacerle las preguntas correctas, seria cuestión de minutos para terminar con la vida de todo aquel que le importaba.
No escuchó al intruso ingresar a la habitación. Sin embargo, un atrevido gesto tomó lugar colocándose el joven Saiyajin, con suma seguridad, detrás de ella en protectora pose. La cercanía hacia saltar su incomprensión reaccionando de una forma tensa y endurecida. Mas la respuesta del susodicho no acontecía con la misma naturaleza hostil.
Amoldándose a su costado, en cálido contacto delicado, pasó su palma con suavidad sobre el vientre de su compañera, tensándose ésta. Reconociendo en ese toque no la mesura de un amigo, sino la caricia de un amante. Volteó alarmada topándose con un par de ojos cerrados y sumamente concentrados, una mueca apesadumbrada, aunque condescendiente. Y habló él con sigilo a su oído, incapaz de hacerlo de otro modo debido a la naturaleza de su anuncio.
—Te he puesto en un grave peligro — Murmuró con tranquilidad — Mas no faltaré a las palabras que ese día te prometí, los protegeré pase lo que pase.
Y ella se atragantó con su propia incertidumbre. Apartándose de golpe sin entender ninguna de las acciones presenciadas. Las cejas sumamente arqueadas, intentando explicarse de algún modo la razón de todo ese intercambio. Puso espacio intentando no causarle agravio.
—¿De qué estás hablando Gokú? — Pretendió interrogarlo con una ansiedad insuperable en la voz
—Papá me explicó del riesgo — Tomó asiento al borde de su cama, retirando las botas de entrenamiento —Le hablé de lo que sucedió esa noche — Continuó poniendo especial atención al rostro de su compañera —Pero… estoy feliz de que así sea — Se levantó entusiasmado, confiado en sus palabras, elevándola en el aire con singular alegría. Dio un dulce abrazo cargado de euforia y esperanza en el futuro a convenir — Al final tal vez eras la adecuada para mi—La depositó en el suelo de nuevo dando una conmovida sonrisa.
Y no era ella capaz de procesar tal información, las interrogantes saltaban una tras otra, ¿Lo que sucedió esa noche? ¿Grave peligro? ¿adecuada para él? escabrosas declaraciones que no podían evidenciar más lo que ya impugnaba en su contra. ¿Es que estaba confundiendo algún sueño con la realidad?, ¿el recuerdo de su terrible ritual? Su boca estaba tan seca que no podía emitir palabra alguna, en su lugar los ojos parecían suplicar una explicación. Pero él no daba señas de entender nada de lo que en su mente acontecía.
—Crecerá acompañado de mi hermanito— Posó una mano de nuevo en su centro.
—¿Quieres decir que…? — No podía terminar esa pregunta sin desfallecer.
—Tendremos una vida más para proteger — Aseguró, pasando el pulgar sobre las frías mejillas de su oyente, propinando de forma espontánea un suave beso en la frente ahora carente de color —Todo saldrá bien.
Mas la información no llegó por completo a la victima de esa verdad, de inmediato desmayando en las manos del joven asustado. La llamó por su nombre intentando despertarla, sin entender por completo lo que habría sucedido. La cargó en brazos en busca de sus padres o algún otro miembro de su familia que pudiese proporcionar ayuda ante lo ocurrido.
_-…_
—¿Qué paso? — Tallaba ella su rostro, sobrecogida de una realidad incapaz de aceptar de forma consciente. Quizá solo habría sido una jugada del estrés vivido en esos días. La recibió otro rostro familiar al causante indirecto de su desmayo.
—Tu raza tiene debilidades que rayan en lo absurdo— Le contestó retirando los escáneres corporales de la mesa — Tuviste un desmayo, probablemente causa de la cría que gestas —Terminó de guardar el equipo, contestándole de modo sumamente indiferente.
—¡¿Qué?! — Se enderezó de golpe retomando lo que la habría hecho desplomarse antes.
—Será dispuesto en uno de los tanques de incubación que nos dieron—La otra mujer en la sala habló, acercándose para dar una breve caricia en el cabello de la chica — Por fortuna nuestro último hijo servirá como ayuda para no levantar sospechas —Confesó con ligeros tintes de emoción disimulados —Mi nieto podrá crecer sin contratiempos y Kakarotto continuará su entrenamiento sin distracciones que lo preocupen.
—No puede ser — Llevó ambas palmas a sus ojos, rendida en el peso de esas nuevas. Gine dio un guiño en su dirección y salió en busca de su hijo para ponerlo sobre aviso.
—De cierto, tampoco lo esperaba— Bardock comentó sin dejar de observarla —Pero supuse algún día podría suceder — Soltó una bocanada de aire encogiéndose de hombros —Supongo que eres oficialmente mi hija de ahora en adelante.
—No— Ella renegó intentando salir de lo que probablemente solo era un mal sueño —No puedo…— Pero la confesión no llegaba tampoco a su boca, ¿Cómo podría revelar el tamaño de su falta? Habiendo traicionado a todos los seres que conocía en pos de una atracción imposible, siendo el hijo en su vientre, no un consagrado miembro de su casa, sino el híbrido ilegítimo del heredero de la antigua casa real.
—No es un proceso al que debas temer — Continuó el mayor sin prestar atención al intercambio.
—¡No! — Ella inquirió levantándose furiosa en dicha negativa — No lo pondré en ese tanque — aseguró de forma sumamente consciente al peligro que eso suponía. Habría visto a los hijos saiyan heredar caracteres específicos de sus padres, el riesgo de mantener a la vista a su propio hijo era un terrible augurio de problemas, siendo las facciones del padre legítimo reconocidas por cada habitante del planeta a la redonda —Se quedará en mí.
—No lo entiendes — Insistió agravando su ánimo — Está prohibido — Acusó con un leve gruñido — Harás de mi hijo un loco obsesionado por tu bienestar, no puedes llevarlo sin comprometer su entrenamiento — Intentó convencerla cayendo en el principio de su desesperación—De este modo podremos esconderlo mientras ideamos una forma de justificar su existencia.
—No será un problema—Ella aseguró intentando tranquilizarle —Soy humana no hay evidencia de sellar un vínculo entre razas—Aseguró recobrando la seguridad en la voz— Del mismo modo puede que las facciones o rasgos del bebé se asemejen a las mías—Prosiguió poniendo una mano protectoramente en su vientre— En cuanto alguien averigue que es un mestizo, seremos acusados de traición.
—Del mismo modo se sabrá si lo llevas contigo— La reprendió cruzándose de brazos, recargándose impaciente en la silla a su alcance — Es un estado que no se puede ocultar— Arqueó la ceja esperando hacerla entrar en razón.
—No es legal hasta haber nacido o estar fuera de mi cuerpo —Ella señaló conociendo a la perfección las leyes al respecto —Puedes argumentar que es un capricho mío y será dispuesto a.. — no se atrevía siquiera a mencionarlo, un sentido de protección emergiendo como nunca antes lo habría experimentado — No será… después de terminar su ciclo— Mintió empezando en silencio una carrera de planes para salvaguardar la identidad y vida de su bebé.
—Que haremos después de ello— preguntó en tono irreverente.
—Me iré — Exclamó convencida —No causaré problema alguno y podrán decir que no lo logré después del parto.
—Kakarotto no lo aceptará — Denegó el viejo capitán entendiendo a la perfección la naturaleza blanda de su vástago — Irá detrás de ti como el gran necio que es… arruinarán todo.
—No será así—Ella levantó ambas manos intentando apaciguarlo —Solo confía en mi—Suplicó con la vista dispuesta en gran vulnerabilidad —No te he dado razones para desconfiar de mi criterio.
—Hasta hoy — Sentenció reprochando toda la culpa de las circunstancias frente a su causante —Te advertí lo que sucedería desde la primera vez— Meneó el rostro negando con severidad. Ella permaneció de pie, siempre digna como había acostumbrado al resto a mirarla ante el error.
—Aunque supongo— Relajó él su postura— Que no podía negarles esto — Pasó la mano por su cabello, comprendiendo la naturaleza de esa realidad que había tardado demasiado tiempo en ocurrir— Por lo menos, él está feliz— Admitió sin notar el salto involuntario en la ceja de su oyente —Nos habrías ahorrado un gran trabajo de haberlo aceptado antes — Se carcajeó de forma floja.
—Dime que fue exactamente lo que él dijo— Ella interrogó con seriedad buscando pistas de la razón de esa aseveración.
—¿Quieres los detalles sucios de tu propia historia? —Resopló por lo sumo divertido —¿Has perdido la cabeza de tantos rebotes que te dio? — Una risotada abiertamente sonrojando a la ofendida mujer—Todos escucharon sus gemidos— Se dispuso a retirarse aun burlándose de ese atrevimiento —Podrían practicar ser más discretos por lo menos.
Ella entendió que era algo aún más grave que lo que sospechaba, esperó a que el resto fuera a dormir. Sin obstáculos visibles, se acercó a los dispositivos de seguridad en la entrada comprobando que hacía tiempo los escudos habían sido violados. Un intruso había ingresado, probablemente otra mujer y la habría suplantado de alguna forma imposible. Insegura de su conjetura corrió de nuevo hasta su habitación, buscó entre los restos de artefactos a la mano comprobando que sus mayores temores se habrían hecho realidad. El escudo de invisibilidad estaba perdido y una de las bandas de los trajes de asalto. Sospechaba que en lo primero tardarían más tiempo en descubrir su razón, sin embargo, tenían en sus manos toda la evidencia incriminatoria que necesitaban… y la clave para destruir el complejo planetario de la base de Yamoshi. Por segunda vez en esa noche, se sintió de inmediato desfallecer.
