Txiki15:Que bonitas palabras, me halaga que consideres que encaje en esa descripción.

Pl448:No sabía de la existencia de esa plataforma, pero ¡Gracias por el dato!

Gracias por dejar sus mensajes, esa es la mejor paga de todas.

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Un completo éxito augurado. Todo marchaba a la perfección, los reportes enviados declaraban que la trampa había capturado las victimas esperadas, los escudos bloqueados caerían en cuestión de un día, en el momento que Raditz entregara el dispositivo analizado en su poder. Los lideres rebeldes jamás llegarían a tiempo para frenar el holocausto que sobrevenía.

Pero el pequeño fragmento incrustado de conciencia daba la misma molestia que una incansable espina imposible de extraer. Su nueva prisionera permanecía encerrada en el pequeño bunker que guardaba por si algún día necesitara de ello, por lo que sus amos no podrían tener la ventaja sobre su jugada. Sin embargo, la pequeña victoria no tenía el dulce sabor esperado al repensar las consecuencias de entregar a su familia.

Su padre y madre, los únicos aliados que alguna vez consideró de importancia, jamás aceptarían la culpa de su hermano. No podía él mismo pensar que fuesen parte del mismo complot del que su prisionera terrícola hablaba. Seguramente los motivos de su hermano por vengar la muerte de su planeta habían permanecido ocultos bajo la insufrible fachada de rectitud y benevolencia.

Sabía que su "hermana de lazo" era en el fondo una rencorosa mujer vengativa, esperando el momento preciso para acabar con los seres responsables de la destrucción de su patético planeta. A pesar del tiempo transcurrido jamás se dirigía a él, prueba del insistente recuerdo de odio y posible motivo para unirse a las fuerzas enemigas. Se lamentaba no haber caído en cuenta antes de un hecho de tal obviedad, por supuesto que ellos tenían que ser los espías infiltrados.

Tenía ahora todos los elementos para coronarse como un digno elemento de la confianza del príncipe. Más entendía que, si entregaba de inmediato la evidencia, la primera cabeza en rodar sería la de su padre…no estaba dispuesto a ser responsable de ello.

Entonces hizo la única acción decente que podía pensar. Un mensaje anónimo, un traje robado de compresión especial de las pertenencias de Hoi haría la diferencia para evacuar a su madre y finalmente un retraso en la entrega de guardias para garantizar el escape que con certeza efectuarían. Prefería saberlos fugitivos, que dispuestos en un cadalso.

Aunque con ello…terminara beneficiando a su maldito hermano. En lo que a él respectaba…la deuda de vida estaba saldada.

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No sabía cuánto tiempo había pasado encerrada, pero dos grandes temores estaban ahora instalados en su frágil psique: El castigo que su único amigo recibiría por su desaparición y la segunda carga de vómito que esa mañana sobrevenía. No podían ser buenas noticias, comprobando tristemente que los efectos del único remedio contraconceptivo que habría tomado desaparecían con un solo día de suspensión ¡Vaya timo de esa anciana!

—Fuiste una tonta — Se reprendió en voz alta, lamentando en silencio las acciones vividas días atrás. Era una sensación jamás experimentada, pánico, incertidumbre y por ridículo que fuese, una recóndita esperanza.

La probabilidad de llevar una vida en su interior era absurdamente improbable. Un diferente hecho sería de tratarse de otra circunstancia, pero de ser cierto, le pesaba que era el resultado de una acción que ella misma se permitió. Como si su destino hubiese estado esperándola siempre. Por mas que lo pensaba, no encontraba la voluntad sin reproches de decidir otra opción… le parecía injusto simplemente deshacerse de esa responsabilidad.

Las puertas del refugio se abrieron pausando sus meditaciones culposas. Dando paso al captor que la tenía en ese silencioso secuestro.

—Has hecho un desastre— Observó el intruso, pisando sin cuidado los restos de comida semidigeridos —Apuesto a que tu amo te mantenía en peores condiciones, no veo porque ser tan engreída ¿Te asquea tu nuevo domicilio?

Ella decidió que no daría más información al respecto. No era alguien de quien le interesara obtener una conversación amistosa o exhibir de algún modo sus intenciones.

—No tiene que ser así humana—Prosiguió, cuidando de guardar la distancia—Podrás marcharte en cuanto me digas lo que quiero— A pesar de que se trataba de un ser más débil que él, sabía por boca de otros que el juego limpio no era su especialidad. La misma situación que jugar con una serpiente peligrosa que a pesar de ser mucho menos poderosa, tiene a disposición un veneno letal.

Milk se negó a responder una vez más, de hacerlo sabía que pondría en riesgo la vida de su maestro. Raditz probablemente buscaría utilizarla para llegar a un acuerdo con su amo. Solo ella sabía que en realidad no existía tal apego en su propietario como para que dicho monstruo le perdonara la vida. Al momento en que lo traicionara, firmaría su sentencia.

Mas a pesar de lo que esperaba de su secuestrador. Lo observó hacer algo impensable.

Se acercó sin intención maliciosa alguna, su rostro carente de emociones descendió hasta ella y digitó la clave de los inmovilizadores que la sostenían. habiéndola liberado dio un paso hacia atrás.

—Vete — Señaló cansado de observar la renuencia de la chica.

Talló ella sus muñecas sin comprender ese acto por completo ¿Estaba genuinamente teniéndole compasión?

—A pesar de lo que crees— Contestó adivinando su estado de confusión —Las torturas no son de mi agrado— Abrió la puerta detrás, haciéndose a un lado para dejarla pasar sin el menor remordimiento presente.

Titubeó su víctima un segundo, pero aunque fuese falso, no podía desaprovechar probar su suerte. Caminó sin dejar de observar esos negros ojos sumamente relajados, incluso daba un aire distante a ese tal Bardock. Las escaleras terminaban en un tramo luminoso, lo que supuso que era la salida, al caminar fuera, comprobó que no había señal alguna de la emboscada que esperaba. Veloz corrió con la actitud de un ratón asustado escapando de la mortal trampa donde tanto tiempo esperó. Antes de partir había una cosa que debía obtener, era ahora más que evidente la condición en la que se encontraba. Siendo su siguiente síntoma un cansancio sin igual.

Si quería conservar la única cosa buena que ese miserable mundo le habría regalado por accidente…debía conseguir una capsula de incubación para ocultarle.

Afortunadamente, sabía exactamente dónde encontrar a una saiyana en sus mismas circunstancias.

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El caos de la partida sucumbía en todos los rincones. Fuese real o no, la evidencia apuntaba que no había muchas opciones a las cuales recurrir. En cuestión de minutos la ventaja se terminaría, esa habría sido la advertencia del informante…que todos suponían quien era.

"Raditz lo sabe" Bardock habría anunciado una hora atrás junto con la terrible noticia de que debían arriesgarse para salvar al resto con únicamente lo existente en manos. Y en ese proceso de escape apresurado, los incesantes nervios traicionaban la razón de identificar lo necesario de lo que no lo era. No obstante, una prioridad si estaba sumamente presente en la mente de todos: las crías. Lo último a ser transportado a su nave bien camuflada a las afueras de la ciudad.

No sospechaban que una intrusa ya se encontraba en el sitio con la misma idea en mente.

Milk llegó al cuarto de incubación de la morada de la familia a la que vigilaba, al centro de la habitación el tanque de amarillento liquido operaba zumbando en relativo silencio. El pequeño saiyan que lo habitaba flotaba en tranquilidad. Se preguntó por un momento si su hijo sería parecido de alguna forma, el semblante pacífico y dulce. No pudo evitar emocionarse y confirmar su decisión. Dio vuelta buscando el compartimiento especial donde esas capsulas eran entregadas, debía estar en la misma habitación por si era requerido en una emergencia. Un sonido la distrajo, debiendo ocultarse de inmediato para no ser descubierta, la torpeza de su actuar descuidado la hizo molestarse consigo misma. sin embargo, descubrió que la discusión acalorada de los intrusos le permitiría salir sin ser detectada si permanecía en total silencio.

—¡No lo haré! — Lloriqueó la furiosa voz femenina—¡Deja de pedirlo o yo misma te lo haré entender de otro modo! —Le dio un empujón ingresando de golpe a la sala.

—Pero papá ha dicho… —El otro insistió prestando poca atención a las amenazas.

—¡No me importa lo que Bardock diga! — Arrojó al suelo la bebida en sus manos —Ninguno de ustedes colocará a mi hijo fuera de mi! — Amenazó sin remordimientos.

—También es mío— Aseguró sin timidez alguna, en un desplante autoritario que ella no le habría visto jamás, su usualmente laxo amigo era en realidad intimidante cuando se lo proponía.

Bulma se enmudeció. No solo ante esa indescifrable conducta, sino por el peso de su terrible secreto.

—No te hagas esto— Contestó sin poder mirarlo de frente, solo depositando una mano en su hombro. Intentando en vano hacerle olvidar el severo intercambio.

—¿Que está sucediendo? —Él insistió, buscando su rostro —¿Por qué no puede todo volver a ser como antes? — Preguntó guardando para si el motivo de esa pregunta, donde ni él mismo podía acceder a la paz anterior de su ser. Todas esas pérdidas devastadoras, duros entrenamientos mentales, inculpadoras órdenes y abandono de su propia libertad. Ya no sabía quién era en realidad.

—También lo quisiera— Ella exhaló rendida —Pero …— No encontró las palabras adecuadas para explicar todo aquello que les aquejaba, todo lo que estaba mal en esa versión de la realidad, simplemente aceptando su actual destino —Lo lamento— dio la vuelta para marcharse sin poder decir algo coherente, solo abandonando toda emoción ahí mismo, apremiando el tiempo para partir sobre la necesidad de buscar u otorgar algún consuelo. Ya habría tiempo después.

Del mismo modo, él se marchó unos momentos después. Dando un largo suspiro en el proceso.

Milk se levantó de su escondite, tomó entre manos la herramienta que buscaba, sorprendida por la noticia recibida, aunque en el fondo la desilusión no se instalaba con tal fuerza. Por lo menos ahora ella poseía un fragmento propio, de lo que pudo haber sido una vida con él.

Segundos después escuchó de nuevo la puerta y sin dar tiempo a esconderse, utilizó su técnica simulando de nuevo el perfecto disfraz con el que se ocultaba. Ahí estaba su secreto amante pueril de nuevo, habiendo olvidado el motivo por el habría ingresado en primer lugar: buscar la capsula de su hermano para resguardarlo en la nave.

—Olvidamos a Gohan— Le sonrió pensando que se trataba de la misma mujer con la que minutos antes habría discutido —Menos mal que tú lo recordaste.

Ella asintió, intentando limpiar su nerviosismo.

—Lamento que todo esté ocurriendo así— Él aseguró colocando la mano detrás de su hombro — quisiera tener alguna forma de solucionar todo. Desde un principio… de restaurar todo lo que han hecho con nosotros o con cada inocente… —Exhaló con los ojos puestos en el vacío— Te agradezco que a pesar de todo…jamás te rindes— Le abrazó en silencio. Notando que la frágil criatura daba la vuelta para mirarlo. Ahí estaba de nuevo, esa mirada hueca de un tiempo atrás, el rostro delicado lleno de silenciosa añoranza. Emergiendo ese olor adictivo previo y errónea forma manchada de su ki.

Ella lo tomó entre manos, comprendiendo su vulnerable ánimo, acariciando su rostro con ternura, como nunca él la habría visto dedicarle un gesto. Su atención vertida en su totalidad en el rostro del hombre de sus sueños, queriendo de algún modo proporcionar ese consuelo que entendía necesitaba. Ella misma lo necesitaba en la misma medida.

No esperó un momento más.

Lo acercó tímidamente, tan suave que era imposible denegarle. Suspendió su rostro frente a ella, deslizando la boca sobre él. Disfrutando cada instante de los suaves labios del apuesto joven entre su abrazo, incapaz de soltarlo, incluso en contra de sus limitadas probabilidades de escape.

Se decantó una y otra vez, probando todo ángulo disponible disolviéndose en él, impulsándolo a la misma sintonía en que lo hipnotizaba. Detectó con orgullo como él la levantaba emocionado, amoldándose aun mas en sus formas. Transportada entre esos fuertes brazos, recompensando uno a uno todos los avances previos que ella hizo sobre él.

El joven se atrevió al fin a tocarla, convencido en esa nueva forma placentera de descubrirse, diestro alumno en el arte de imitación consiguió del mismo modo elevarla a un estado de seducción similar. Experimentado maestro en el control corporal, conocía a la perfección las zonas más sensibles de sus formas, comprobó las sospechas de su efecto con cada sutil movimiento obsequiado a la piel de su compañera, a quien sentía temblar bajo la presión de sus generosas caricias.

Y la guerrera lo observaba con ojos absortos, incapaz de negarle el siguiente curso de su cortejo. Por el contrario, llevándolo en complicidad hasta un sitio seguro, donde con gran presura nerviosa se deshizo de toda cobertura. Disfrutó cada centímetro de la divina vista en ese perfecto hombre, quizá el más apetecible hecho era saberse la verdadera dueña de esa mirada deslumbrada. Subió su mentón pegando su frente, sentándose lentamente a horcadas sobre el dispuesto cuerpo, amoldando ambos sus formas sobre una vieja silla del almacén escondido en la habitación. El simple toque electrizante de sus cálidos centros les detuvo el aliento.

—Te quiero— Le susurró entumeciéndola al instante. La milésima de segundo se sentía como una cantidad inmedible de tiempo. La calidez de las mejillas sonrosadas del chico hizo pesar la culpa de su engaño. No estaba bien. Jugaba con una ilusión entregado a una emoción falsa. Aprovechándose del anonimato de un sucio truco, las palabras no estaban dirigidas a ella, la reacción no se plasmaría en su mente con el rostro de la mujer correcta.

Pero no podía evitar fantasear con que así fuera, ya había llegado demasiado lejos, ya habría pagado más del castigo merecido previamente por años. Lo necesitaba como al aire en sus pulmones en ese preciso instante y no había razón alguna que la hiciese desistir.

Sonrió enternecida, convencida en su papel devolvió un apasionado beso profundo como pago, posicionando su intimidad encima del sitio correcto, acomodándolo y dejándole entrar en su húmedo interior con agonizante remanso, absorbiendo el gemido tembloroso de su amante entre sus labios. Lo acarició a ojos cerrados en la misma entrega apasionada, haciéndole susurrar excitado un falso nombre e imaginando que sería el de ella. Y él joven subió las manos acariciando con especial devoción la hermosa silueta sobre si, deleitándose en cada curvatura mientras se movía dentro, no prestó atención a las sospechosas cicatrices que ese cuerpo poseía. Se adentró más demandante, resonando el eco de sus uniones en un lento vaivén, besó apasionado su largo cuello, absorbiendo su exquisito olor extraño con ahínco hasta llegar al límite de su placer. La tomó impetuoso en un beso urgente, mientras terminaba su danza amatoria derramándose en ella. Casi fallando su autocontrol al conducirse con tal vigor. No notó el momento en que ella finalizó del mismo modo, clavando las uñas en su antebrazo hasta dibujar rojas cicatrices.

Jadeando ambos, descansaron sobre el hombro del otro. Él fue el primero en recuperarse, dando un sutil beso en su mejilla, levantándola a medio vestir, con sumo cuidado.

—Debo llevar a mi hermanito — Le sonrió depositándola con cuidado en la silla — Sé que eres la mejor opción para cuidar del bebé, no volveré a sugerir el tanque — Sonrió dando una leve caricia en su vientre parcialmente descubierto. Alzando la ceja al denotar que incluso la presencia de su hijo se sentía un poco diferente, aunque seguramente era debido a la inmadurez de su desarrollo — Puedes descansar aquí unos momentos— Guiñó un ojo, subiendo su pantalón y cargando el tanque sin esfuerzo alguno —Partiremos pronto, por si quieres… asearte— Se sonrojó y salió de la habitación sonriendo, dejando a la joven detrás en completo pánico.

Se vistió de inmediato, abandonando alarmada el complejo. Castigándose internamente por haber tomado un riesgo de ese tamaño en pos de una aventura que se negaba a terminar.

Se fue a toda prisa, con toda la velocidad que su entrenamiento le podría brindar, escondiendo al máximo su presencia e involuntariamente, radiando de alegría.

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El grito de guerra vibraba en cada alma, apuntando la vista al cielo. Desde la congelada atmósfera purpúrea, las primeras naves intercambiaban disparos con los pocos defensores interceptando en todo lo posible a la horda de invasores en persecución de sus indefensos miembros.

Debido a la falta de comunicación con sus elementos mas fuertes, Celipa había lanzado una señal de emergencia, siendo de inmediato socorridos por la flota cercana del otro grupo de refugiados apenas reclutados. Sin embargo, del mismo modo no eran entes de numerosas fuerzas resaltables. Los esfuerzos apenas garantizaban escapes mínimos de unas cuantas docenas de sobrevivientes.

—¡Van directo al escudo secundario! — La transmisión de los pilotos de los nuevos aliados los alertó. Apenas teniendo tiempo algunos de ingresar a los hangares para terminar de conducir el desesperado éxodo de toda criatura incapaz de protegerse a sí misma.

La dura despedida del que habría sido, por años, el ultimo paraíso libre de esa sección en la galaxia resquebrajaba lágrimas entre los exiliados. Y el pánico en toda la base se encendía, corriendo en pos de un lugar para escapar del inminente genocidio.

Una nave ingresó apenas resguardándose del fuego cruzado en el cielo, las nubes del caos impidiendo apagar el fuego con el que empezaba a incendiarse. Salió de forma forzada quien le ocupaba, el legítimo heredero del imperio, apenas resistiendo la gravedad de la condición de su cuerpo, apresurándose a poner orden en la masacre acontecida.

—Tienen un código de acceso— Hakusa indicó, acercándose junto con Celipa para resguardar al portador de su última esperanza para detener la ofensiva.

—Esos malditos tradujeron el encriptado— Celipa limpió la sangre en sus ojos, intentando dar lectura a los análisis expertos—Algo debió suceder a Bardock y su casa— Aseguró retirando los guantes quemados en su traje.

—O nos traicionaron— La joven saiyana sugirió con rabia.

—Eso jamás pasaría—Vegeta aseguró apenas sentándose a recibir los auxilios del personal que le rodeaba. La herida en su hombro iniciando el proceso de detracción en su poder, siendo advertido de la naturaleza de su traicionera hechura, entendía que no podía retrasar su participación.

—NO hay tiempo de discutir— Se levantó sosteniendo su hombro con pesadez, alejando de forma brusca el personal médico que intentaba auxiliarle —Hay que iniciar la evacuación cuanto antes— Señaló al resto dispuesto a enfrentar la batalla que asomaba violenta en el cielo. Los enormes disparos de cruceros blindados de combate, cimbrando sin piedad las pequeñas viviendas y complejos de ensamblaje aledaños al castillo.

—No estás en condiciones de lucha— Celipa intentó frenarle, con la voz rebosante en desesperación.

—No tenemos otra opción— Retiró su mano de forma autoritaria. Se alzó en vuelo una vez más, intentando invocar todo el poder remanente en su cuerpo —Es la única oportunidad.

Salió en pos de alcanzar la última cuadrilla de defensa en pie. Las miradas despidiéndole con inquebrantable fe en su poderosa voluntad.

—Los pilotos no detendrán el avance por más tiempo— Hakusa inquirió —No pueden atravesar los campos— Señaló a los disparos que parecían impactar el mismo aire. inequívoco símbolo de la mejora tecnológica con la que los enemigos estaban armados.

—¡Abre las compuertas del escudo de fuerza! —Advirtió la peligrosidad en continuar bloqueando las naves enemigas, incapacitando de levantar vuelo en masa también a las propias —desactiven la barrera y saquen a todo vehículo que pueda alcanzar hipervuelo.

—Tenemos cargueros en una de las bases camino a Yadhrat— Llegó hasta el centro de mando el dirigente de la otra sección rebelde: el expatrullero Kramis, poniéndose él mismo en marcha para resguardar a sus nuevos aliados—Solo debemos llegar hasta ese sitio— Indicó al resto de saiyanos esperando órdenes de seguirle.

—¡Háganlo! —Celipa ordenó volando en dirección contraria —¡No esperen más tiempo!.

En la distancia, los gritos, destrucción y demostración implacable de superioridad militar, arrancaban un tornado de muerte en rededor de toda alma que intentaba defenderse con las ultimas fuerzas de su estirpe. El bosque incendiado, manchado en negras cenizas disueltas en la nieve. Animales y soldados desbocados en carrera al último esfuerzo por la libertad.

Y sus lideres, casi destruidos resistiendo. Flotando en busca de las firmas que delataran a las naves invasoras, disparando sin descanso, apenas sobreponiendo el límite de sus fuerzas mancilladas.

—Los matarán— Hakusa cayó de rodillas, incapaz de mantener la esperanza ante el estado innegable de derrota.

Distinguiendo las firmas de energía dentro de la capsula. Luchando contra el ardor muscular, el invencible príncipe, retomó su última transformación, incrustándose el dolor en cada fibra de sus nervios. Disparó eliminando en un solo halo tres naves invasoras.

—No sabes cuando rendirte— Descendía de los aires su anterior verdugo, recién egresado de su propia capsula, encontrándole de nuevo en batalla.

—Esa palabra no existe para mi— Gruñó poniéndose en guardia una vez más.

El seguro retador le miró sin moverse, un sonido seco alertó al saiyajin, haciéndose a un lado en el último minuto antes de ser impactado por otro disparo de la despreciable arma indigna, de manos de otro de esos miserables Heata.

—Aprendes rápido— Sonrió el menor—Pero no demasiado— Voló en su contra Gas aprovechando su distracción, impactándose ambos contra los grandes arboles debajo de ellos, sosteniéndolo por un breve instante para permitir proseguir al plan para capturarle.

—Hazlo rápido Oil— Gritó el complacido hermano mayor, anticipando el terror en los ojos de la víctima. Pero un revés aconteció a lo esperado, observando a su otro hermano enfrascarse en una lucha contra otra de las afamadas guerreras del planeta.

El incrédulo príncipe apenas pudiendo procesar lo que veía: en un último intento por salvarle, se entregaba al uso de todas sus fuerzas la mujer que le habría rescatado en tantas ocasiones a lo largo de sus peores momentos. Apenas levantándose para ser subyugada en todos sus ataques sobre el enorme Heata al que se enfrentaba.

—¡Regresa a la nave Celipa! — Ordenó sintiendo el pánico anidar en cada golpe emitido, carente de resistencia en su origen.

—En un momento la alcanzarás— Recibió de nuevo el golpe certero de su oponente, quien no permitía un solo espacio para liberarse.

—¡REGRESA ES UNA ORDEN! —Insistió luchando el mismo por mantener el ritmo en la brutalidad contra la que era sometido. Un vistazo llevó su alma al piso, el peso inherente de las consecuencias de lo observado, cuando bajo el agarre del cruel brazo, el cuello aprisionado de su mentora sostenía la mirada vencida de su poseedora.

—Eres nuestra esperanza— Evocó en silenciosa súplica, siendo de un golpe arrancada del mundo terrenal.

—Que frágiles son — Elec se burló, dando vuelta para retirarse ante su prematura celebración de victoria.

Cayó el saiyan de rodillas, incapaz de mirar a otro lado. Incapaz de lidiar con el tormento, incapaz de no responsabilizarse ante la inevitable partida del cuerpo inerte que tantas veces le salvó. Y su dolor no podía encontrar salida suficientemente digna, más que la ruta del poder.

Bajo un espeluznante gritó, la nieve hirvió en un huracán, arrancando su fuerza incluso el bosque bajo sus pies, el circulo interno se desmoronó y en su sangre escaldaba el nuevo nivel de fuerza conseguido en pago por la vida de una de las personas que más habrían significado para él.

Los rayos de un aura limpia tenían por poco amedrentar a los viles hermanos apenas de pie en la contra la marea de viento, sin comprensión de lo que observaban. Y en un segundo más, comprobaron el tamaño de su error.

Cargó contra el culpable. Abatió en un par de puñetazos el cuerpo del corpulento Heata que se atrevió a enfuriarlo. La distancia a la que fue arrojado apenas seguida por el resto de hermanos, la velocidad casi inmedible. Un golpe seco le desvió de su trayectoria.

—¡LARGATE OIL! — Gas gritó previniendo el alcance de tal ataque sobre su hermano.

Repelido en otro puñetazo, al instante alcanzó de nuevo a su presa, no pudiendo contener el nivel de agresión en cada golpe clamando venganza, dando una brutal golpiza al mismo tiempo que evadía los intentos de Gas por frenarlo, no había flexión alguna en su trabajo, no había apertura en su defensa, ambos hermanos incapaces de detener el castigo y declive en la energía del incauto bajo los puños del embravecido saiyan.

—¡Dispárale! — Maki lloriqueó incapaz de continuar observando el inclemente castigo.

—Solo un momento más—Elec subia y bajaba el pecho con ansiedad, apuntando al objeto de su odio—solo habrá un tiro.

Gas le sostuvo del cuello, más un gancho al costado le alejó y la patada precisa voló al punto exacto mortal del decaído Oil, encontrando para el saiyan el alivio buscado, debajo del crujido en el cuello de su víctima como armoniosa venganza.

En soberbia extendió la mano.

—Hasta nunca basura— Exclamó borrándolo por completo bajo un poderoso haz de luz.

Mas su victoria momentánea decayó, incrustándose en su muslo otro más de los disparos en esa vil arma. Ingresando cual alevosa enfermedad sobre su recién adquirida transformación. Su primer oponente aprovechó una vez más su ventaja, devolviendo en batalla toda la rabia cosechada por la muerte de su hermano en forma de artefactos materializados con suficiente vileza para dañarle.

—¡MÁTALO! —Exigió enérgica la chica, complacidos ambos del rápido cambio de papeles en la pelea.

Elec sonrió, decidiendo que podía dejar el asunto en sus manos, lo había preparado mucho tiempo para asegurar su victoria. Se dirigió con rapidez hasta el sitio donde sus soldados diezmaban con éxito a la flota rebelde y su escape.

—Que no quede ninguno— Ordenó a su hermana, incapaz de detenerse a procesar el duelo de su pérdida, cargando ésta ataques dispersos en contra de las grandes naves intentando despegar.

La matanza prosiguió, todo soldado en el área intentaba cubrir fuego para las naves despegando en completo desorden y gritos de los pasajeros.

—¡Dispara Lemo! — Cheelai mantenía el ritmo ayudando a los sobrevivientes a atravesar las rampas, la horda de enemigos se acrecentaba cada vez más, en la distancia observaba a todos sus lideres enfrascarse en batallas sangrientas, dando escudo con su vida a los últimos refugiados en abordar.

—¡Peleen cobardes de mierda! — Nappa en un hilo de resistencia de su propio dolor constreñido, sostenía un grupo de soldados resguardando los cargueros de mayor tamaño detrás.

—¡Padre sube a la nave! — Hakusa gritó conteniendo ella misma una encarnizada batalla en manos, detectando que el despegue era inminente.

—¡Sube y resguarda la carga Hakusa! — Ordenó sin dar pie a cuestionarle —¡ES UNA ORDEN!

La chica noqueó de inmediato a su oponente, disparando al que osara acercarse y volando hasta el tope de la nave antes de sellarse.

—¡VAYANSE YA! —Shoga gritaba en el intercomunicador autorizando a todo piloto en el área a despegar entre el caos incontenible.

En la lejanía retumbaban los rayos de la batalla principal, pudiendo apenas controlar los remanentes de poder frente al impío ataque de su ventajoso enemigo, el orgullo esgrimiendo su máxima resistencia, el dolor en todo su cuerpo apagando lentamente la sensibilidad y acceso a energía, neutralizándose a sí mismo como propio mecanismo de supervivencia.

—No todo es fuerza bruta estúpidos simios— dio Gas otro revés sacándolo de balance, desactivando por completo su acceso a la primera transformación, regresando Vegeta de forma infortunada a sus negros colores, ahora manchados en su propia sangre—Te dije que pronto te reunirías con ella— Susurró sosteniéndolo mientras flotaban en el aire y dando un duro derechazo que arrancó sus sentidos.

Un sonido retumbó en el borde de la atmósfera. Y no distinguió Gas el momento en que era arrastrado bajo el asga de un proyectil invadiendo el cielo, la marcha de la batalla se detuvo en todos los bandos, dando espacio a emerger un nuevo retador, también poderoso y de devastadora fuerza, dispuesto a retomar su sitio en batalla, los colores de la causa rebelde suscritos con la armadura de su propia originalidad. Habiendo usado al menor de los Heata para descuartizar las rocas del suelo, le liberó, se erguía de frente al retador, en el mismo dorado reluciente y el límite de poder rozando su máxima potencia. La mirada fija y atenta a los pasos de su oponente.

—¡¿Quien eres?! — Limpió el rastro de sangre en su rostro, sintiendo el corazón parar ante la viva imagen rejuvenecida de un vergonzoso recuerdo en el planeta cereal que le llevó a ese presente.

—Son Goku…— Anunció sin el usual tono amistoso.

….

A bordo de su pequeño planeador divisó ella la silueta caer, aceleró buscando contenerla en el momento antes de golpear el suelo. En una ágil voltereta consiguió engancharlo al brazo del vehículo antes de golpear, haciendo un esfuerzo descomunal por recuperar el balance sin caer ella misma del vehículo.

Enfilando con relativa pausa hasta un lugar seguro, descendió soltándolo a una distancia prudente del piso helado. Bajó a toda velocidad desprendiendo su casco para detectar los signos vitales.

Abrió él apenas los ojos, detectando las manos examinando su cuerpo, intentando liberarse de forma automática al desconocer de quien se trataba.

—Te tengo— una voz que anhelaba volver a oír susurraba —Tranquilízate— Habló ella, apenas sosteniendo la cabeza en sus piernas, sin poder dar pie a un intercambio real. Su impaciencia buscando insistente la razón por la que su energía parecía errática bajo el lector, una interferencia de algún tipo biomecánico. Seguramente tendría poco tiempo para actuar.

Él no podía dejar de mirarla. Incrédulo de ojos sumamente abiertos, cual si presenciara una alucinación, preguntándose si de alguna forma continuaba consciente.

—¿Bul..ma? — Preguntó inseguro, pasando delicadamente la mano ensangrentada sobre la blanca mejilla. Ella lo tomó asintiendo —Dime ¿qué es lo que hicieron?— Continuó cortando el reencuentro inadecuado para atender la urgencia.

—Dre..nadores — Explicó señalando la herida en su hombro —Malditas piezas— Exhaló con esfuerzo intentando levantarse para ser sometido de nuevo.

—No— Ordenó ella — Los retiraré.

—Son… indestructibles— Refunfuñó apenas pudiendo hablar — Puedes lisiarme para siemp…—

—Silencio, dramática excelencia— Replicó sacando de su cinturón una sofisticada herramienta —Tengo algo que hará la diferencia— Pasó de nuevo otro tipo de escaner, extendiendo holográfico la ruta de los nervios en su cuerpo, haberse informado sobre los nuevos avances habría sido oportuno, encontraría la fuente parásita para ser extraída sin destruirla. En pocos minutos le localizó, insertada en una de las ramificaciones más complicadas. Su herramienta apenas cabia en el sitio, debiendo arriesgarse a retirarlo a pesar del potencial de daño sobre el cuerpo de su huésped.

—¡Hazlo! —Desesperó él, comprendiendo la causa del titubeo.

Ella asintió, concentrando toda su atención en causar el menor daño, guiándose apenas de los circuitos holográficos, saltando debido a la inestabilidad del suelo, pues a la distancia se batían en terrible duelo los otros dos combatientes en pie.

Escuchó un vehículo acercarse, su pulso se tranquilizó al ver de quien se trataba.

—Regresaron justo a tiempo— Cheelai bajó del speeder —Los otros están deteniendo el ataque junto con los nuestros, vinimos a ayudarte —Profirió apuntando el arma en defensa frente a todo aquello que osara acercarse.

—Casi termino— Exclamó logrando despegar el primer drenador, sacando un quejido de su obligado paciente. Una detonación les arrojó al suelo, volviendo todos la vista a la desigual batalla en la distancia, el saiyano sin cola apenas pudiendo detener el despiadado avance del encolerizado enemigo. Temblaba ella comprendiendo que no había más tiempo, el escáner borraba su imagen por las detonaciones en el terreno, las pinzas resbalaban de su mano debido al apretado espacio y toda la sangre regada. Y el supuesto paciente buscaba levantarse de nuevo, con el ansia de terminar la batalla a flor de piel.

—¡Solo déjame retirarlo! — Exigió ella fijándolo en el suelo sin ánimo de sostenerle la dura mirada con que la escudriñaba, la cercanía embriagadora de su olor distrayéndola, otorgando aún más nerviosismo debajo de ciertas memorias de la piel.

Y él fijaba del mismo modo su mirada, aprensivo en la escena, tanto deslumbrado como enrabiado por su osado retorno, pasando ojos por primera vez sobre su estampa para descubrir que todo habría cambiado en ese corto periodo, su olor era aún más adictivo, sus curvas más pronunciadas y el hecho que lo llenaba de ira era el penetrarte olor de su consorte, regado en la inmaculada piel que alguna vez poseyó. La marca de su pertenencia escupiendo soez ante sus ojos.

—¡Apresúrate Bulma! — Cheelai apremió ante el decline del nuevo retador a manos del asaltante, los presentes conteniendo el aliento al verlo caer del mismo modo en que el príncipe había hecho unos instantes antes.

—Perdóname — Habló ella, sin darle tiempo al paciente de procesar lo que haría, metiendo invasivamente la mano en la herida abierta, absteniéndose éste de hacer sonido alguno, sintiendo los dedos adentrarse en busca desesperada del dispositivo enterrado, la sangre se vertía encrespando la piel de los testigos por la brutalidad en la imagen.

—¡Bulma! — La otra chica gritó al ver que era sometido contra el suelo el ultimo rayo de esperanza.

—¡Lo tengo! — Gritó ella, retirando con todo y los fragmentos de musculo, el pequeño aditamento del cuerpo de su subyugado. Al instante, éste se levantó, elevándose en el aire pese a su estado sumamente masacrado, blandiendo de nuevo esa poderosa transformación, despegando los imponentes rayos sobre su aura.

Y salió disparado en pos del perturbador de la paz en su planeta. Aterrizando de frente junto con un puñetazo al temple, liberando de inmediato la maltrecha forma de Kakarotto de su bota.

—Tenemos una cuenta pendiente bastardo — Rugió contra Gas, retomando el curso de la pelea con fiera determinación.

Habiéndose alejado, las chicas corrieron al rescate del caído, apenas respirando sin soltar la sonrisa del dolor propinado por su enfrentamiento.

—Creo …que lo sub…estimé— Murmuró intentando obligarse a levantarse. Hecho imposibilitado en el momento en que su supuesta consorte lo noqueó con un paralizador en su cinturón.

—Lo llevaremos con Neil— Cheelai ordenó levantándolo con ayuda de la humana sobre su speeder—aún no aborda los transportes de emergencia — Dictó esperanzada conduciéndolos a ambos hasta el sitio buscado.

—Debo ayudar a Vegeta— Bulma intentó convencerla, pues el estado en que se encontraba no bastaría para detener al bastardo que ahora cruzaba sonoros golpes contra él. Su mente trabajaba en una estrategia para distraer al temible sujeto.

—¡Él puede arreglárselas solo! — Cheelai exclamó obligándolos a subir junto con la chica, dispuestos a alejarlos a toda velocidad. En los hangares, la batalla no disminuía, siendo casi sometidos, los nuevos aliados ayudaban a contener el resto de guerreros en pie mientras los transportes se elevaban.

—¡Donde esta Neil! — Bulma gritó al que pudiese escuchar.

—¡Por allá! — Cheelai señaló el sitio donde el hombre contenía el avance. Evadiendo con maestría los disparos en el aire alcanzó el sitio. Al frente Bardock intentó hacerles paso, pero fue arrojado por una fuerza invisible que se posó frente a él.

—Aquí estas una vez más saiyajin— La melosa voz pedante le recibió —Pero del lado equivocado— Sonrió poniendo espacio siendo que la ventaja de la sorpresa estaba perdida.

—Tu— Bardock escupió, limpiando los restos de sangre de su anterior combate.

—No todos los días tenemos la suerte de terminar una cuenta que creíamos insalvable— Elec observó con atención la figura maltrecha del oponente que alguna vez osó desafiar sus órdenes. Insorteable memoria de ese miserable que dio una plena lección de humildad a su hermano.

—No estaría tan seguro — le sonrió el saiyan, colocándose en pose de defensa.

—No te ofendas— El mayor de los Heata se estiró con pereza —Pero no suelo mancharme las manos con criaturas inferiores— Hizo una seña a otra entidad justo detrás—Terminalo Maki— desestimó retirándose para ser reemplazado por su oyente.

Y la chica sonrió, comprendiendo que era su turno de demostrar de todo lo que era capaz en fuerza.

….

—¡NEIL! — Gritó ella con todas sus fuerzas.

No fue difícil localizar al único guerrero de una coloración verde resguardándose detrás de los desechos de uno de los cruceros de escape. De inmediato intentaron llamar su atención, logrando este evadir al resto de individuos que intentaban contenerle. Cubierto por el fuego cruzado que Cheelai y Lemo lanzaban a los invasores que osaran acercarse.

—¡Ayúdale! — Exigió la humana, bajando ambas al decaido saiyan del vehículo.

Mas habiendo salido de la protección de su trinchera, la desventaja como blanco fácil cobró su consecuencia. Incapaz de detener el curso del disparo en su contra, Bulma sintió la herida atravesarle con el ardor de un fierro al rojo vivo incrustándose en su frágil piel, sostuvo su hombro destrozado ahogando un grito de dolor en dirección al sitio de donde provenía el disparo.

Otro ente, idéntico al sujeto con el que peleaba aun en los cielos el líder de la resistencia.

—¿Que tenemos aquí? — El sujeto señaló acercándose —Nuestra tecnóloga fugitiva — Se carcajeó aterrizando a corta distancia.

Cheelai apuntó en su contra disparando, logrando recibir del mismo modo un disparo que la derribó. Lemo le alcanzó resguardándola sin poder auxiliar a la otra mujer, Bulma intentó levantarse, más fue detenida de manos del mismo sujeto que la habría herido. Elevándola por los aires veloz, contemplando la inútil capacidad de vuelo de esa criatura infinitamente más débil.

—Tu muerte seguramente me dará una medalla — Soltó divertido, cargando un minúsculo halo de energía en su palma.

Bulma cerró los ojos esperando el golpe acabarle. Sin embargo, fue arrancada de forma brusca bajo el protector agarre de un ensangrentado sujeto que ahora se interponía entre ella y su agresor. Habiendo noqueado en un solo golpe al perpetrador de su ataque, descendió cargándola en brazos y le depositó en el suelo con cautela, comprobando la gravedad de su herida.

—¡Corre! — Vegeta le ordenó, recibiendo sobre el plexo la furiosa patada del oponente al que antes habría abandonado.

—¡¿Dónde crees que vas malnacido?! — Incrustó la otra patada sobre la defensa del saiyajin, levantando enormes terrones en el camino de arrastre.

Se disponía Bulma a alejarse, más otra mujer, cubierta en previas heridas terribles se le adelantó. Colocándose entre su escape y derrota, la chica Heata tomó por sorpresa a la terrícola, azotándola iracunda contra el suelo y casi arrebatándole la conciencia.

Terriblemente mareada ante dicho atentado, sintió el despiadado pie de esa mujer presionar su herida, sacándole aterrados alaridos de dolor. Un rayo impío le dirigió Maki, apenas pudiendo la humana evitar que se clavara en su corazón, atravesando en su lugar, parte de sus costillas, desgarrando su garganta en el acto, incapaz de contener los gritos de agonía de su exponencial sufrimiento.

—¡Quédate quieta maldita bruja! — Le ladró apuntando otra vez, detallando el sitio donde atestaría su final. El fortuito desbalance en equilibrio de otro evento a la distancia impidió el disparo, una voz atormentada resonando en el eco del paraje, ojos endemoniados en un frio azul y furiosas ráfagas de ira coronando al poseedor del maniaco desplante incontrolable.

—¡SUELTALAA! — La tierra tembló una vez más, los fieros remolinos de viento rodeando la cercanía, los mismos rayos en el aura limpia electrizada.

Azorando la llanura nevada, embistió el saiyano sin cola, ciega rabia sin tregua, contra la criatura que habría osado dañar con tal sorna a uno de sus seres más queridos. La furia de su golpe otorgó un tiro ofuscado de muerte ante el desabasto del control de emociones, ese instante bastó para arrancar las últimas notas de cordura en ese miserable mundo de amarguras constantes, demasiada rabia y dolor acumuladas, excesivo poder explotando a borbollones sobre su prodigiosa fuerza. No toleraría una sola muerte más.

Neil se apresuró, arrodillándose rápidamente ante la casi desfallecida mujer. Gokú doblegaba sin esfuerzo el cuerpo de su oponente: sin pensar, sin medirse, arrebatando en un instante la conciencia de la víctima que cobraban sus puños. Sin siquiera detenerse a comprobar si seguía con vida.

Habiéndola incapacitado por completo, regresó de inmediato temiendo lo peor, aumentando su velocidad a causa de su nueva transformación de la que ni siquiera era consciente en ese momento. Los ojos aqua llenos de angustia y dolor esperando no haber actuado demasiado tarde.

—A..yudale— Bulma ordenó sin poder quitar la vista de la batalla aconteciendo en lejanía — ¡Derrótenlos! — Gritó intentando permanecer despierta. Neil trabajó en su recuperación de inmediato, observando como el otro saiyajin asentía en obediencia, apretando la mano de la terrícola, dispuesto a partir en pos del enemigo aun en pie.

….

—¡Deberías concentrarte en tu propio final! — Jadeaba Gas casi en el mismo nivel de derrota, al observar la atención divergida de su víctima en el horizonte. Ambos contrincantes reacios a encontrar el descanso en dicha batalla — Seguramente ella ha encontrado el suyo.

Acusó al comprender la difusa distracción del sujeto, regresó este el derechazo, cargando en un enorme grito ahogado toda su fuerza sobre el casi invencible oponente.

El enfrentamiento cobro niveles de sangre aún peores, más la ventaja en otro clamor femenino a la distancia le hizo perder la concentración por completo, dejando abierta por un instante su defensa, sujetó al saiyan en inquebrantable llave por detrás.

—Perdiste — El menor de los Heata, le susurró al oído.

El choque de energía le desbalanceó, volteando ambos y dando tiempo al último de librarse con un cabezazo sobre la frente de su rostro incrédulo de Gas bajó en ojos ensangrentados llenos de impotencia.

—Perdió otra— Se burló Vegeta, entendiendo de quien se trataba la vida extinguiéndose, escupiendo complacido el resto de sangre en su boca.

Incrementando su furia, el Heata más fuerte se dispuso a cobrar en puños el precio de la segunda perdida que enfrentaba, propinando toda su furia sobre el testarudo saiyan apenas resistiendo.

No esperó recibir el impacto de una bala clavándose en la distancia, arrojándolo en repetidos rebotes contra las montañas apenas visibles. Salió Gas de los escombros en el acto, regresando furioso hasta el punto de origen y contemplando con terror la figura casi idéntica de los dos saiyanos en pie, en igualdad de condiciones de poder, esperando el siguiente ataque con una ferocidad sin igual en su estampa.

Entendió entonces, que sus posibilidades de vencer estaban rebasadas. Usó el último recurso, proyectando una cantidad masiva de cortas flechas filosas en todas direcciones, lanzándolas en un solo movimiento, dando apenas tiempo al par de oponentes surcar el cielo en busca de proteger a las incontables victimas que ese ataque cobarde pretendía ejecutar.

Gas se apresuró, llamando de inmediato a su nave, recogiendo en el camino al único sobreviviente de su clan con suma delicadeza.

—Perdóname Elec— Susurró llevándolo a cuestas, para desaparecer en vergonzosa retirada.

Habiendo abandonado el líder del asalto el campo, casi todas las naves presentes y contrincantes en pie emprendieron la retirada al perder la esperanza de diezmar por completo la base. Los ojos optimistas casi abatidos de los entes de la resistencia celebraron el giro de eventos.

Contemplando la desmaterialización de todas las armas existentes a manos de sus dos poderosos salvadores. Quienes bajaron de inmediato para terminar con los últimos guerreros que osasen amenazar a los sobrevivientes. Instantes bastaron para regresar el control de la victoria.

Descendieron, vitoreados por su franca hazaña. Ganando el efusivo recibimiento de sus aliados, la euforia en gritos apagados, censurados por el dolor de sus propias heridas. Ambos guerreros dedicaron una mirada de reconocimiento al otro, uno sonriente, el otro… estoico.

Corrió entonces el más joven a examinar el progreso en la curación de la humana, dejando atrás al exmiembro de la realeza.

La multitud se juntaba alrededor del exhausto príncipe, sentándose éste con esfuerzo en una de las láminas de las naves destruidas, sin poder escuchar las alabanzas dirigidas a su persona solo asentía de forma automática. Únicamente prestó interés en el intercambio de la pandilla de Bardock entre ellos, recibiendo de todas direcciones miradas sorprendidas y otras recelosas, pero una conversación en particular llamó su atención, más de lo que pretendía demostrar a los súbditos que ahora le atendían rodeándole con sumo agradecimiento.

—Ellos están bien — Neil aseguraba al otro super saiyajin expectante —El bebé está saludable y fuera de peligro— Divergió entonces el namekiano su vista a la alteración energética que resintió, constatando el palidecido rostro de Vegeta. Quien solo hasta ese instante caía en cuenta del estado en que la terrícola se encontraba, notando de inmediato la minúscula protuberancia en su vientre. Experimentó nauseas crecer en su propio interior, llenándose de un horrendo vórtice implacable de desasosiego. Celos profundos, despiadados y contundentes contra el otro aliado a su causa, no solo sosteniendo ahora su mismo nivel de fuerza, sino absoluto poseedor de la única cosa que habría brindado un halo de luz en su funesto mundo. Dedicó un temblor involuntario en sus puños, justo en el momento en que el osado sujeto se inclinaba y la levantaba en brazos, vitoreado por todos sus camaradas, osando del modo más descarado, propiciarle un indecoroso beso que ella respondió petrificándose y abriendo más, de ser posible, los enormes ojos zarcos.

Sintió el mundo caer sobre sus hombros, abatido, ensombrecido por el duelo vivido en ese nefasto día. Volteó incapaz de unirse al festejo colectivo, caminando erguido, aunque muerto en vida hasta su nave personal. En busca de recibir tratamiento a las heridas externas, inseguro de algún día sanar las internas. No podía permanecer de pie un minuto más doblegado en el peso de toda la misera. Hechos más insuperables que cualquier otro momento en su descenso al infierno actual.

A su paso, se apresuró el namekiano a interrumpir su partida.

—No requiero tu ayuda — Anunció desviando su curso con arrogancia.

—Lo sé— Señaló el sujeto aludido— Pero debo decirte, que no todo es lo que aparenta— Intentó explicar, pero fue acercado desde el cuello de su traje, en peligrosa mueca feral hacia el poco paciente rostro del enfurecido saiyajin, indicándole que no era en absoluto el momento oportuno para hablar. Le soltó con brusquedad retomando su partida.

Cojeando y sumamente destruido ingresó a su nave, ubicando el programa automático de recuperación. Cayendo con dura necesidad en ese sueño, intentando borrar el dolor de ese momento. Todo lo perdido, todas sus faltas, todo lo presenciado y aún más que todo, la siempre presente suerte de su persistente derrota.

…..

Minutos antes…

Habiendo vencido a los intrusos ahora retirándose en estampida, los sobrevivientes se agrupaban celebrando la llegada de los dos héroes del momento, descendiendo hasta haber evaporado las dagas que caían del cielo en su dirección, dando retirada a los remanentes aun en pie de sus enemigos, extrayéndoles miradas de asombro y miedo en la penosa retirada.

La terrícola habría desistido de continuar la recuperación mágica, advirtiendo el estado delicado de otros combatientes en peor estado, entre ellos Bardock, a quien ahora auxiliaban. Gine se aproximó, ayudándole a levantarse y lentamente sus amigos se agruparon a su alrededor, preocupados por las heridas ahora menores.

Corrió uno de los héroes aclamados del momento en su dirección, Bulma se encontró de frente con el rostro familiar de su declarado protector, quien intercambiaba palabras a lo lejos con el namekiano, iluminándose el rostro despreocupado de inmediato. Caminó con mayor calma recibiendo palmadas de colegas y familia a su encuentro.

—¡Lo lograste! —Krillin se apresuró a reconocerle con ojos llenos de admiración.

—Por supuesto— Su padre declaraba cansado pero lleno de orgullo en el triunfo de su vástago. El resto emitía sonidos de júbilo, vencedores indiscutibles de la batalla. Mientras el joven saiyan, levantó de su sitio a la adolorida mujer, quien también dio su debido reconocimiento.

—Gracias Goku — Le sonrió aliviada, pero no fue su reacción esperada en absoluto por ella, sintiendo la tibia mano en su cuello inclinarla para recibir de súbito un beso suave en la frente, instalando en su maltrecho cuerpo la misma respuesta que haber sido atravesada una vez mas por otro enemigo insospechado. El bullicio a su alrededor no se dejó esperar, la risa y celebración a tope, mientras su guardián la depositaba sobre una de las camillas disponibles.

Y ella, con el corazón en la garganta, volteó en busca del único ser de quien importaba recibir la previa atención, descubriendo para su desgracia que él intercambiaba un hostil semblante contra el namek, ni siquiera volteando en su dirección, abordó en solitaria retirada su nave, haciendo derramar una lagrima a la mujer, que en secreto esperaba volver a verlo una vez más pese a todo ese tiempo de exilio.

Entendiendo en ese desplante que su suerte estaba echada, la impotencia de su propio anhelo sellada en un amor imposible, renegando a abandonar su voluntad por doloroso que fuera.

—Vamos hija— Gine le condujo a la nave que partiría, observándola llorar en errónea conclusión, siendo esas lágrimas de duelo en vez de felicidad. Mas no hablaría de ello frente al resto, recostándose en busca del sueño que acallara la zozobra de su alma, llamando en silencio al legitimo dueño de ese sentimiento, en un lamento que jamás llegaría a sus orgullosos oídos.

_-…_

Presenciar la ceremonia de las piras, era un culto que Bulma siempre tuvo en gran asombro curioso. No obstante, era más difícil de tolerar de lo que habría supuesto.

Sublime escenario cubierto de luto en ese nuevo planeta, al centro de las grandes hogueras, los cuerpos de todo caído en defensa de su deber, dispuestos en su propia cama de gloria y recuerdos, ofrendas recordatorio de sus vidas y ramas de olor para acompañarles en el último camino para unirse de nuevo al universo. Miles de rostros de toda edad, victimas silenciadas del ataque orquestado, honrados por sus sobrevivientes.

No había palcos diferenciando su importancia, así como la muerte tomaba a todos por igual.

Tendría el honor de encenderla, el ser más cercano al viajero eterno, de ser posible con fuego iniciado en su propia energía. Contemplaba así en la oscuridad, miles de flamas encenderse, siguiendo el liderazgo del primero de ellos, el último príncipe cubierto en las antiguas vestimentas de luto de la casa real.

Caminando al centro de la explanada, con sumo cuidado en la llama de su palma. Se escondió detrás de una perfecta mascara de seriedad, sin el dolor que esa pérdida debía causarle. Se colocó a un lado del cuerpo sin color de su vieja consejera, maestra de vida y confidente de sus faltas. Quien ahora se despedía de esa vida para dejarle tomar las riendas por su cuenta. Su pálida estampa apenas hacia justicia a la criatura que en vida fue, llena de fuerza y convicción, sobre todo llena de la sabiduría que le forjó.

—Hasta pronto— Susurró depositando el fuego en los aceites aromáticos ancestrales, extendiéndose la misma escena en todas direcciones, los símbolos de algunas casas saiyan y otros seres de razas diversas. El silencio era solemne, hombres, mujeres y niños despidiendo las últimas siluetas que alguna vez caminaron entre ellos.

Reconoció la terrícola, la pálida figura de su amable alumno, acercándose ella con ojos llenos de tristeza. Uno tras uno los rostros cobraron memorias de su estancia, su jefe alterno, algunas de las mujeres de ensamblaje y seres que a diario encontraba en el comedor. Y en soledad un cuerpo pequeño, que terminó de romper su corazón. El mismo niño que le habría obsequiado las bayas esa fría mañana, desprovisto de ayuda para despedirse. Ella se acercó sacando de su bolsillo una ofrenda, un par de bayas que ella misma habría encontrado antes de partir.

—¿Le conocías? — Una voz cercana preguntó, reconociendo ella el mismo duelo en la cara de esa desconocida que encendía la pira de su propio ser querido. Ella asintió, pasándole esa mujer la flama con la que encendió aquella hoguera. Lloró entonces, recibiendo el fuego para portar el honor de ser quien le despidiese. Sujetando de manera inconsciente su vientre, insegura del destino que esa forma de subsistir otorgaba a los seres incapaces de defenderse.

Despidió al pequeño con un dulce beso en la frente y encendió con lentitud su sitio de descanso. A lo lejos, las figuras de su ahora familia, deambulaban auxiliando a quien lo requiriese. Embargados cada uno en su propia pena y un pequeño puñado participaba, sin comprender en su totalidad el dolor por el que pasaban.

El calor en ese nuevo mundo propició la rápida respuesta del incendio sanador, que de inmediato se apoderó de cada una de las ofrendas y entre el mar de fuego, lágrimas y crepitar de las llamas: Lo encontró. De pie y orgulloso, sin hablar, sin fingir, solo ambos observándose en la distancia incapaces de acercarse, entendiendo ella el tamaño de su luto al despedir al último ser del que habría sentido un apego y admiración. No podía más que corresponder en la misma aura de respeto, solo acompañándole en la misma sensación. Las chispas se alzaban, perdiéndose en la oscuridad de la noche, su capa negra apenas movida por el viento. Tan soberbio siempre en imagen como temperamento, en la gallardía esperada de un verdadero príncipe guerrero.

Fue en ese instante que ella entendía la verdad innegable. Lo amaba, lo hacía de tiempo atrás, admirando su fuerza de voluntad, su resiliencia y tenacidad. Habiéndolo conocido un breve instante tardío en su historia, bajo las peores circunstancias, pero suficientemente intenso para perdurar una vida. Suspiró, sin quitar los ojos de su mirada, haciendo una leve reverencia sincera, en busca de alejarse sin ánimo de importunarlo más. Reconociendo su propia incapacidad de cambiar las cosas o recibir alguna señal de esperanza, advirtiendo a la perfección el reproche con el que era observada por él. Jamás la perdonaría.

Explicarle, pondría en peligro de muerte a su familia. La ley exigía un precio de sangre por aquel que osara desear a una mujer reclamada. Siendo un hijo el vínculo definitivo indisoluble.

Secó las gotas indignas en sus ojos, camino a continuar con su realidad elegida. Con la vida de todos los que ahora dependían de ellos. Una horda nueva de aliados dispuestos a iniciar una nueva aventura, confiando su existencia en manos de todas las mentes maestras de la rebelión.