Creo firmemente que todos tenemos derecho de escribir lo que nos guste, del modo en que nos guste. Las criticas constructivas son excelentes, pero criticar el trabajo por estilos o por comparaciones es injusto y subjetivo. Cada quien tiene sus preferencias.
Gracias ML por tus palabras.
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—Escaparon— La severa voz de un inconforme rey declaró. Reunidos en una de las cámaras de mayor discreción de palacio, un pequeño recinto oscuro contenido entre pasillos enredados con la finalidad de controlar a la perfección todo lo dicho por los asistentes.
—¿Dónde está el resto de ustedes?— El anciano que siempre le acompañaba preguntó, jugueteando de modo desesperante con el anillo en sus huesudos dedos.
—Llegaron otros desertores— Elec permanecía atento al holográfico del progreso de la capsula de sanación del menor, la vergüenza de la derrota estaba bien camuflada debajo de un prejuicioso ceño disconforme—Fueron los mismos que buscaron arrestar y uno de ellos es otro de esos super saiyanos— Reprochó con ambos brazos cruzados, indolente al peligro que suponía dirigirse así a uno de los líderes del planeta.
—Quieres decir…— Paragus resopló incrédulo —¿Que abandonaron el campo como un par de cobardes? — Flameó un minúsculo instante su enfurecido ki
—Su nivel no nos fue notificado— El mayor de los Heata prosiguió con una indignación equiparable de la realeza — Pero no será problema alguno— Se levantó examinando sus propios vendajes arcaicos despectivamente, para el los saiyajin seguían siendo criaturas viles y primitivas —Las condiciones del trato cambiarán si quieres que nos deshagamos de ellos.
—Ustedes no sirven a nuestra causa en absoluto.
—Tenemos información que puede serles de utilidad— Aseguró sin querer rebelar sus verdaderos planes—Pero tenemos demandas que consolidar — Exigió sin el menor remordimiento del estado en el que su ultimo hermano se encontraba, tenía un plan en mente apenas fraguado en el momento en el que descubrió que ese Namekiano seguía con vida. Pero debía corroborar que los rumores fuesen verdad.
—Si no pudieron vencer a un par de super locos con drenadores— Paragus replicó —¿Qué me da la certeza de que puedan con la transformación completa?
—No es tan simple como crees— Elec se defendió usando todas sus habilidades sociales para no hablar con franqueza frente al que sabía con certeza era solo el mensajero del verdadero rey de ese mundo— …pero somos los mejores rastreadores del universo —Aludió a una verdad indiscutible, si había alguien que pudiera encontrar el sitio donde los rebeldes se instauraban era ese particular grupo de mercenarios.
El rey repensó sus opciones, no tenía su rama la menor idea del sitio donde debian empezar a buscar, no tenían prisioneros ni pruebas que los condujeran a otros destinos. El mismo se recriminaba no haber comprendido que era el mismo Bardock el causante de sus filtraciones, debió sospechar desde un principio que esa rata moralista tarde o temprano se decantaría en su contra, así como hacían todos los idealistas de su sociedad.
—Una oportunidad—Siseó saliendo con presura —Váyanse de mi palacio — ordenó de forma indirecta mirando con detenimiento a los guardias.
—Las bajas fueron importantes— Panbukin le alcanzó habiendo permanecido en silencio hasta ese momento —No es posible mandar de nuevo al ataque a las tropas, la recuperación tomará nuevos reclutas y una estrategia mas certera— Sentenció meditando el reciente fracaso —Quizá haríamos bien tomando la palabra de esos sujetos.
—Todo esto habría terminado más rápido de no ser por este maldito muchacho— el rey observó la siempre frecuente queja sobre el nuevo actuar de su hijo, el anciano que siempre lo seguía guardaba silencio ante ese desplante de inconformidad.
—Quizá usar ese tipo de control esté perjudicándole en mayor grado— Panbukin insistió mirando de reojo al responsable de esas acciones—Su ánimo es sumamente inestable— Pero sus palabras quedaron en el total olvido, después de que el Rey con quien conversaba diera un vuelco en su dirección.
—Tendríamos una oportunidad de no ser por el precario estado en que has tratado a la propiedad que te fue otorgada — recordó el recursos que un par de semanas antes quiso utilizar, siendo la esclava a la que tenía aprecio convertida en una maquina silenciosa de muerte y asperas formas musculadas ahora poco agraciadas, sospechaba que estaría esos días incluso en un estado famélico debido a las faltas que conocía le habrían hecho pagar —Destruiste la ultima oportunidad que teníamos de mantenerlo entretenido… ahora no hace más que hablar de su reino y condena todos los días a algún pobre diablo por intrigas inexistentes — Talló su frente apenado por esos hechos —el chico está completamente loco de poder.
El anciano asentía solo caminando detrás en la perfecta fachada de un sirviente, sin que nadie se diera cuenta de que en el fondo de su siniestro ser…sonreía.
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La integración de todos los nuevos refugiados se convertía en una tarea titánica casi imposible. Sin infraestructura adecuada para recibirles, la flota permanecía anclada a los limites de las ciudades mas pequeñas, adecuando los planes técnicos para su propia unificación. Mas la diplomacia en ello se vertía en un ritmo mas lento a lo necesitado.
Los transportes entraban y salían de la atmósfera, poniendo a la defensiva la centena de centinelas en todos los puntos cercanos y distantes. Cualquier señal siendo verificada en máxima alerta, la noticia del asalto aún vigente en la psique de todos los seres que conformaban la sociedad en ese nuevo planeta.
Del mismo modo la incorporación de los nuevos elementos presentaba una complicación por si sola. Habiendo una hostilidad palpable en la opinión de todo ciudadano en torno a la raza de los dirigentes de mayor poder y parientes cercanos de los responsables de su miseria.
'El único saiyan bueno es el que esta muerto' 'Salir de un imperio para unirse al mismo amo' Palabras usuales entre los miles de refugiados de centenares de razas, que de algún modo habían conseguido sobrevivir hasta ese punto de la historia. Colonias con sus propios lideres y reglas, que colisionaban en opiniones y culturas, mas todos estaban de acuerdo en que la única forma de detener esa locura era uniendo fuerzas, por lo menos hasta restaurar el orden de las cosas.
Nappa caminaba entre las nuevas colonias aledañas trayendo el material necesario para reparaciones, las placas metálicas del piso contantemente alumbradas por ventilaciones que liberaban el polvo del desierto del planeta Yorden. A su paso resonaban sus botas, atrayendo la atención innecesaria de criaturas con un temor enfermizo a la raza que diezmó a su población.
Una anciana ambarina caminaba en dirección contraria, le observó con el ceño empecinado en menospreciarle. Escupió a los pies del gigante, propinándole maldiciones diversas y aunque la escena era ciertamente risible para el resto de espectadores, el acto era un foco de alarma en ojos de los recién llegados.
—Lo mejor será que todo saiyajin permanezca en las naves—Shoga intervino alcanzándole —Por lo menos hasta haber concretado la audiencia.
— Deberían agradecer nuestra presencia— Nappa insistió, dando un vistazo desdeñoso a los curiosos en recelo—… Entender que sus nuevos lideres han llegado.
—Ninguno de ellos se someterá nuevas disposiciones—Su hija intervino saltando en cercanía después de terminar la revisión de uno de los surcos dañados —Escuché que algunos de sus lideres son los principales detractores de la causa saiyajin…. Resistencia o no— Limpió las manos de la grasa oscura, mientras supervisaba la compostura en los daños de la batalla previa.
—Basuras insurrectas— Escupió el mayor.
—Guarda tus palabras —El jefe del complejo exigió —Debemos esperar las órdenes del príncipe.
—¿Y dónde esta? — Nappa replicó —Alguien debería recordarle que su niñera ya no está para hacer las labores en su nombre— Rezongó en altiva voz, espantando pequeños insectos que buscaban alimentarse de su sudor.
—¡Cierra la boca!— Shoga le contuvo enervado, apenas sosegándose a sí mismo ante el enfado que esas palabras engendraron—Ella era mil veces mejor de lo que tu jamás podrás aspirar a ser —Le soltó escupiendo a sus pies —Con todo y tu sangre noble— arrancó en sentido contrario a esa dirección. Dejando al resto de obreros lidiar con la escena en silencio.
—Mierda— Rabió el ofendido saiyan, limpiando por segunda vez el asqueroso fluido de su bota.
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Una victoria le llamaban… una victoria con sabor a derrota.
Sentado en la cima de los filosos riscos áridos, meditando en el desastre previo, el príncipe sin trono evaluaba todo lo ocurrido. Pese a haber recuperado el control de las minas de abastecimiento energético en Kurovo, el riesgo a mantener operaciones en el planeta era mucho mayor a abandonar el proyecto y odiaba la idea de haber tenido que escapar.
Aun habiendo conseguido su nueva transformación, estaba seguro de que ese hecho no bastaría a su cometido. Meditaba en las palabras de ese miserable 'La fuerza bruta no lo es todo' y había todo de razón en ello.
Apenas soportaba el peso de las críticas recibidas, habiendo pasado entre su propia gente de un líder incuestionable a un temerario ente irreflexivo. Incluso en la distancia, algunos de sus supuestos súbditos dejaban de denominarlo con su título, decepcionados de la pobre actuación estratégica en la planeación de ese contraataque. Había costado a todos, incluso a él mismo, un precio mayor al que estaban dispuestos a pagar. Jamás pensó que su fuerza no bastase para recuperar el orden o que su obstinación causara tal desengaño.
No había razón alguna por la que sus oponentes pelearan de manera justa. Utilizarían todos los trucos disponibles, por si el descomunal poder natural de Broly no fuese suficiente. Apenas parecía ayer cuando el nivel de energía delimitaba a las castas, hoy cualquiera podía proclamarse un rey, así como usurpadores con magias extrañas, tecnologías traicioneras o hijos super dotados.
Las injusticias no terminaban la lista.
Y ahora debiendo fusionar el pequeño sistema por años forjado con otro titánico complejo de criaturas insurrectas. El trabajo de media vida estaba disuelto en un par de días. Un solo instante para perder a sus mas confiables seguidores, una sola vida para tanta miseria acumulada.
Se levantó, harto de autocompadecer su recurrente suerte, si había una forma de superar lo adverso lo haría, si había oportunidad de vencer a sus enemigos en su propio juego, la tomaría. La lección dura y aprendida creciendo en su acervo de conocimientos: en una guerra, todo se vale.
Observó el reseco borde de sus guantes, había medidas que tomar y mucho que reconstruir, ahora más que nunca, sentía el peso de su responsabilidad sobre los súbditos restantes a su mando, algunos de los cuales habían ya desertado de su protección por el peso de sus muertos. Sin embargo, esta nueva faceta quizá permitiría soltar la carga completa y por vez primera repartirla entre los experimentados jefes de esa nueva dimensión.
Una ayuda invaluable si pretendía concentrarse en lo que ahora le importaba: realizar un plan con mucho mayor sabiduría, aprovechar los nuevos recursos disponibles y finalmente superar una vez más sus límites. No era tiempo de darse por vencido.
….
Si había mundos aun mas fraguados a la tortura. Ese debía ser la prueba existente del inframundo. Temperaturas siempre insoportables, variados insectos voladores de letales venenos, arena amarilla y naranja que nunca se entremezclaba, siseando en todas direcciones, de un granulado tan fino que era imposible no sentirle en cada surco del cuerpo.
Sentado en floja estampa sobre la rampa de su nave, el líder de la casa de Serika contemplaba casi asfixiado el desolado paraje, preguntándose como era posible que la vida floreciese en un ambiente tan agreste. Limpiaba el sudor de su frente con frecuencia, apenas bastando el traje térmico para regular su temperatura.
—Nunca pensé encontrarte en estas circunstancias Bardock—La voz del ahora segundo a cargo en la resistencia le encontró, haciéndose paso para aterrizar entre las placas cambiantes del suelo. Ambos habiendo sido férreos contrincantes alguna vez, durante las estratégicas batallas de la guerra civil, ahora aliados por plena conveniencia —Pero el camino tiene muchas vertientes ¿no? —Anunció prestando toda su atención a la conducta insolente.
—Así las cosas son …¿Que quieres?— Preguntó el otro, sin dignarse siquiera a levantarse. Demasiadas explicaciones faltaban e insoportable cansancio sobraba.
—Tu casa— Inició sin rodeos—Todo el que sirva— Señaló la entrada a su nave con el rostro—requerimos una reunión con todo sobreviviente que sea capaz de aportar soluciones… y seguridad a los otros lideres—Exigió cruzando los brazos en espera de una respuesta.
—¿Dónde? —Bardock preguntó dándole un vistazo fugaz.
—Deben seguirme de inmediato — Solicitó en ecuánime tono — Nos transportarán al lugar acordado— Resopló hastiado —No quieren demostrarnos donde se encuentra su base hasta asegurarse de nuestro compromiso con la nueva alianza.
—Es una verdadera tontería —La otra saiyajin emergió molesta, escuchando el intercambio —podemos detectar sus presencias sin necesidad de recurrir a tecnología o rutas.
—Pon atención— Shoga le indicó señalando a la distancia— Todas las firmas energéticas…son iguales— Recalcó el hecho que ninguno de ellos había analizado con la debida atención —Enseñanzas de los últimos Yardratianos para mantenerles a salvo.
Habiendo entendido la imperiosa necesidad, el excapitán se levantó, ingresando sin voltear para llamar a únicamente a los entes que necesitaba para esa misión. Habiendo seleccionado a su clan, partieron detrás del supuesto reclutador.
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Una orden de esa naturaleza no podía ignorarse. Ahí estaba ella, tanto tiempo después caminando los rumbos conocidos de palacio. Los nervios doblegaban su buen juicio, pues no todos los días el heredero a la corona le hacía llamar de modo personal sin motivo aparente.
La terrícola ex princesa de Ox, ingresó con toda la dignidad de siempre. Deteniéndose hasta tener frente a sí al soberano indiscutible de esa sección de la galaxia. Cual fuese el motivo era imposible que pudiera perjudicarle más de lo que ya había sido cobrado.
Su ultimo castigo habría durado mas tiempo del que pensó sería, pero por fortuna había podido resguardar las dos joyas que aun poseía. Su maestro aun vivo y su hijo bien oculto en estado de latencia en el tanque. No había forma de que algo le hiciese delatarse, no incluso todo el castigo que su amo pretendió imponerle por haber estado desaparecida por tanto tiempo y robado posesiones de su casa. Las cicatrices de su encierro valían toda la pena.
—Has cambiado— Fue lo primero en notar el misterioso saiyan legendario. Más él en si también había sido víctima de cambios casi imperceptibles. Ya no tenían sus ojos ese tinte ligero de tranquilidad o benevolencia, en sus pupilas había un vacío casi innegable y solo podía ser constatado por alguien que le conociese previamente, como ella lo hizo.
—¿Por qué lo cree así alteza?— Preguntó en el más neutral tono curioso, guardando sus observaciones para sí. El otro joven no dio explicaciones extensas.
—Tus ojos— Señaló con el mentón —tu cuerpo— arqueó una ceja sin especial interés.
—Ha sido un camino difícil— Confesó ella entendiendo a lo que se refería, su estado deplorable casi en los huesos, sobre todo después de enfrentar su reprimenda—Sobrevivir fuera de palacio—Agregó esperando convencerlo de tomar partido por su causa, quizá aún quedaba un poco de simpatía a pesar de todo el tiempo transcurrido.
—Lamento lo que ha tenido que suceder — El nuevo príncipe se lamentó, levantándose de su sitio para rodearla lentamente —pero mi padre me habló de tus faltas contra tu amo— Sostuvo con ambas manos fijas detrás—y no quebrantaremos la ley— Admitió sin el menor remordimiento por lo atestiguado.
—¿Ley? —Resopló insatisfecha —¿No es solo un conjunto de caprichos dictaminados por los gobernantes en turno? — Se atrevió a proferir sin miedo en su insolencia —¿No conviene ésta a todos los métodos de tortura utilizados contra sus súbditos? — No se limitó a encausar su ira en contra del cinismo con que el otro pretendía hacer valer el orgullo hueco de sus reglas abusivas—¿Qué valor puede tener una ley corrupta y selectiva? Asesinaron ya a tantos indefensos…
—No has sido llamada a ningún tribunal— Él contestó sin tomar ofensa por su sublevado tono—pese a haber encontrado pruebas en tu contra—Enseñó los tratados escritos por el mismo Panbukin para explicar los métodos de tortura a los que había sido sometida, sin que eso le confiriese una orden de desacato por maltratar propiedad del castillo.
—Servía de espía a la casa de Uri-ka— Intentó ella defenderse—El mismo Panbukin puede hablarte de ello— Alejó de su vista la carta incriminatoria sabiendo que el gusano traidor la expondría como culpable para salvar su pellejo. La verdadera causa de su ira eran los absurdos celos con los que la habría lacerado sin descanso todo ese tiempo de encierro.
—Mi nuevo asistente ha sido el verdadero informante—Broly le contradijo —Por eso fue recompensado con el indulto de su propia casa.
—Raditz es solo un maldito mentiroso—Murmuró sin poder frenarse de confesar la verdad —Me atrapó en camino a entregar las evidencias— Intentó hablar en su favor—Pero no tengo nada para comprobarlo.
—Son acusaciones severas— inmóvil desde su sitio, indicó el delicado peligro de amenaza en que ella estaba. Su nuevo favorito había probado su utilidad en más de una forma, incluso habiendo descubierto a los verdaderos espías rebeldes sin importar los lazos de familia.
—Jamás he hecho otra cosa —Ella respiró retomando el control de sus emociones —Más que hablarte con la verdad— se inclinó en una soberbia actuación devocional. Si tenía una mínima oportunidad de salvarse esa debía ser la jugada maestra, recordaba a la perfección que el castigo por desacato total para un esclavo era la muerte. Precisamente lo que su amo solicitaba a esas alturas, ella sabía demasiado y debido a su contrato de posesión, el único que podía determinar su destino era el príncipe en persona.
—Prueba tu leal servicio— Broly contestó de forma inusualmente fría—y veré que puedas ser liberada— Agregó sorprendiendo a la humana—Si es mi fiel vasallo un traidor— Observó detenidamente los gestos de la joven —Exponlo ante mí y ganarás tu libertad.
—Mi amo…— No se atrevía a preguntar si la regresaría al resguardo de ese mosntruo. Otra ronda de tortura se presentaría de hacerlo así ya que antes de regresar se había tomado la molestia de esconder las razones por las que la controlaba. La atacaría hasta que rebelara donde había escondido al viejo y las ordenes falsificadas con las que abusaba de su estatus.
—No lo será más—Explicó de inmediato —A partir de ahora te removeré al servicio de Raditz, bajo condiciones específicas de trato— La expresión sorprendida de la joven le dejó entrever que esa tampoco era una opción que esperase recibir, pero por lo menos sabía que el sujeto no tenía el negro historial que el general poseía con mujeres. Cualquiera que fuese el resultado, tendría dos espías uno contra el otro viviendo bajo el mismo techo para traicionarse entre sí, tenía todo que ganar y nada que perder —No volverás a padecer un abuso jamás—Intentó maquillar sus verdaderas intenciones fingiendo una ligera consternación.
—Es generoso alteza— Se inclinó ella perfectamente consiente de la falsedad de su gesto. Lo único que el joven pretendía era disponerla en un nuevo tipo de explotación. Mas no tenia voz en ese momento que sólo aceptarlo—Una cosa más debo pedir— Se atrevió a confesar jugándose el todo por el todo—Mi maestro… depende de mi para resguardarle…— Observó la reacción de su oyente esperando captar si proseguir o desistir.
—Es todo esclava— Su antes amigo se dio la vuelta cortando de tajo toda intención de hablar a la humana—Considérate afortunada de recibir mi indulto— Hizo señas a un par de guardias quienes la escoltaron de inmediato fuera del lugar. Milk comprobó, que su as bajo la manga estaba extinto.
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Reunidos en un viaje silencioso, cubiertos con las capas negras obliterantes cedidas por sus hospedadores para la radiación solar. Los pasajeros del carguero de arenas blindado se miraban sin hablar. A unos metros del suelo, el vehículo flotaba apenas evadiendo algunas de las fuertes corrientes debajo, haciéndolos saltar de forma recurrente.
Uno de los choques les hizo brincar de forma brusca, llevó a su camarada a sostener a la otra humana con cautela.
—Estoy bien Krillin— La terrícola habló regresándole a su sitio. El resto de los pasajeros mirándola con curiosidad, salvo el ente de mayor importancia en la nave, quien parecía evitarla cual si reconocer su mera existencia fuese un insulto.
—Debo advertirle majestad— Shoga intervino sacándolo del transe silencioso en que se encontraba —Es probable que las negociaciones no terminen en favor de nuestra gobernatura.
Vegeta le ignoró sin dignarse a abrir los ojos, sumergido en su típica posición, con la espalda tan recta, con su típico sentido de indolencia ante las preocupaciones del resto.
—En nuestro planeta no era necesario otorgar el dominio a una sola persona— El saiyajin sin cola intervino sin pensar en el peso usurpador de sus palabras por el descubrimiento de sus nuevas habilidades. Haciendo voltear en su dirección mas de un rostro negativamente sorprendido y expectante. A pesar de ser una nueva sociedad, la fuerza seguía siendo el derecho universal.
—Guarda silencio Kakarotto— Su padre indicó —No es prudente externar ningún tipo de pensamiento frente a los seres que conoceremos hoy— Intentó redirigir el curso de esa conversación en favor de una conducta irrespetuosa malinterpretada. No perdió de vista la casi imperceptible reacción del gobernante de su legión. Apenas apelando a un vistazo en su dirección, con una maestría en indiferencia idéntica a sus brillantes ancestros. Gesto que usualmente emanaba peligro en dirección a quien apuntaban los ojos negro muerte.
El resto de los convidados retomó el silencio. Increíblemente unida a esta táctica: su propia hija, quien parecía ensombrecida de alguna forma, por una amenaza invisible. Hecho que le consternaba conociéndola como lo hacía. Olfateaba algún indicio de gravedad no conocido. Puesto que, habiendo coexistido por tanto tiempo a manos de los lideres de la resistencia, el trato a su persona era sumamente distante y frio. Algo por completo inesperado para su personalidad.
—Hemos llegado— Kramis anunció abriendo las compuertas del carguero para conducirlos hasta un enorme bloque de hierro negro, de dimensiones exageradas en comparación al resto de construcciones conocidas. Ingresaron conducidos por pequeñas criaturas ambarinas hasta el salón principal, donde la luz solar apenas se colaba entre soberbias rendijas estructuradas. Al centro de la enorme mesa blanca, guardadas entre el claroscuro del polvo y luz, cinco figuras de variadas siluetas les recibían en silencio.
—Presento ante el consejo marcial, a los lideres de la resistencia Saiyan…— Kramis inició, señalando al grupo que tomaba lugar de frente a los jefes de los sobrevivientes —…y el máximo mandatario de esta, el príncipe Vegeta el cuarto, último representante de la primera casa real de Vegeta-sei.
Tres de los dirigentes observaban con sobrado reconcomio.
—El motivo de esta reunión es conceder una presentación adecuada— Un joven, de piel lila y blanco cabello, se levantó del estrado. Su esbelta figura congruente con los gráciles movimientos con los que se desenvolvía —Debido al auxilio prestado a nuestros entes mas vulnerables, estamos dispuestos a residir juntos como una nueva comunidad de aliados— Agregó en un tono sumamente amable y formal, dedicando el resto la misma pose impertérrita del inicio.
El pacifico cenáculo fue interrumpido por uno de los nuevos dirigentes, quien pareció palidecer hincando la vista ante el grupo. Los nudillos en sus manos cobrando un color violento alusivo a la agresión que contenía con esfuerzo. Clavando su vista en uno de los convidados cual si la vida le fuese en ello. La incertidumbre no tardó en vociferar su descontento.
—¡¿Qué significa esto Merus?! — Se levantó agraviado, exigiendo de inmediato explicación ante la ironía de mal gusto contra la que se le encaraba.
—Ya lo hemos hablado Granolah— Un pequeño hombre con aspecto sumamente senil le corrigió.
—¡Silencio Omori! —El joven rugió en dirección a los presentes — ¡Tienen entre ellos a los mismos asesinos que masacraron mi planeta! —Viró enfrentándolos con toda la colera de su rencor.
—¡¿Omori?! — La única mujer en la sala saltó, saliendo exaltada del resguardo de su capa en busca de un tesoro escondido en dirección a la mesa central —¡¿Tokunoshin Omori?! — Intentó hablar incapaz de utilizar el mismo tono intermitente de voz, arqueando ambas cejas de forma frenética y rogando en silencio que no se tratase de una mera fantasía.
El pequeño grupo al frente paró la encendida discusión, tomando todos una postura defensiva ante el poco cauto acercamiento de la invasora.
—Regrese a su sitio, por favor— El circunspecto rostro del joven lila indicó, impresionando a todos la velocidad con que interceptaba su ruta.
—¡Bulma regresa! — Krillin le reprendió intranquilo.
El anciano avanzó del mismo modo despreocupado, incapaz de cerrar la mandíbula, plantado en la visión frente a él un lejano recuerdo, atado a la antigua existencia de quien hubiese sido uno de los seres a quien más aprecio tomó.
—La hija…— Inició con voz cansada — ¿Bulma…de la corporación capsula? —Interrogó torpemente, incapaz de revelar en palabras el tamaño de su asombro.
Y la joven asintió con una enorme sonrisa acelerando a su encuentro.
—¡¿Cómo es esto posible?! — Enunció eufórica, incapaz de soltar el momento.
—Por favor— Insistió Kramis, viendo los ánimos en ambos bandos saltar sin comprensión alguna.
—Quizá deberíamos esperar a otro momento para concluir la reunión— Shoga susurró a ojos del ahora enmudecido saiyano a su derecha, comprendiendo Bardock a la perfección de quien se trataba el misterioso cabecilla en la nueva organización a la que se sumarían. El peso de su pasado insertándose con lentitud en el corazón de sus culpas. Si los infames Heata habrían sobrevivido al exterminio, era simplemente un milagro toparse con el mismo niño al que hace tantos años hubiese ayudado a salvar. Y entendió con toda claridad el tamaño a la aversión que profesaba contra los suyos, probablemente habiendo tenido que subsistir solo todos esos años.
—De ninguna manera— Habló por vez primera su propio líder, poniéndose al frente para tomar la palabra. El resto de sus súbditos observaron en silencio.
—A pesar de la merecida reputación de nuestra fuerza— El exmonarca inició — La ley forjada bajo el mando de mi nueva orden ha enmendado las faltas de mis antecesores — Prosiguió con firme estampa —Los saiyanos del nuevo orden han brindado protección y refugio a todo aquel en busca de la libertad arrebatada de nuestro enemigo en común— Señaló con el rostro a la variedad de aliados que conformaban su consejo detrás—Si hemos de buscar la supervivencia, debemos encontrar la forma de conciliar diferencias a la brevedad. Que nuestras acciones actuales hablen por nosotros.
—¿Que garantía tenemos de no ser sometidos una vez más? — El joven ceresiano habló —¿Que impedirá que seres de su naturaleza sean corrompidos por su propio nivel de poder? —Continuó sin querer poner freno a su evidente racismo —Ya antes, bajo las ordenes de tu propio padre y los demonios del hielo, diezmaron toda alma inocente que se interpusiera en sus ambiciones.
—El príncipe Vegeta ha alcanzado un nivel de reconocimiento admirable entre su pueblo—Shoga se adelantó ofendido ante las insinuaciones —Ninguno de los testigos que entrevisten hablará de los abusos que ustedes mencionan—Aseguró recibiendo la aprobación de los otros jefes de Luna Yamoshi en sus filas.
— Es el heredero que el pueblo saiyan merece— Neil señaló atreviéndose a interceder como testigo — Es un líder poderoso y justo, al igual que sus aliados aquí presentes, solo un tonto rehusaría una alianza con los únicos seres que pueden hacer una diferencia en el equilibrio de poder.
Al ver de quien se trataba, el joven inconforme guardó silencio. Habiendo sido el mismo criado por un Namekiano, era una bofetada de humildad recibir tal reclamo de manos de probablemente el penúltimo representante de la raza que le auxilió en su mayor momento de necesidad. Ahora defendiendo con plena seguridad a los supuestos asesinos reformados de la mitad de la galaxia. Exhaló con pesadez, sin poder permanecer mas tiempo en la reunión. Decidió que no tendría mas argumentos que aportar, sometiéndose ante el deseo de la mayoría a pesar de su total desacuerdo.
—No podemos construir el presente con vestigios de pasado—Tomó la palabra un imponente robot alto de poderosas estructuras negras y amarillas —No conformaremos esta asamblea como preámbulo de un mandato unilateral—Asintió consciente de la información recabada por sus propios integrantes — Mas, el potencial que han alcanzado los saiyajin es ahora la mejor arma para desarrollar una estrategia que nos ayude a regresar el balance al universo— Externó al resto de lideres—Debemos contar con la garantía de que habiendo vencido a nuestros enemigos… la autonomía de cada pueblo será restaurada.
—No nos uniremos a las filas de un nuevo imperio— Con alegre estampa desacorde a la naturaleza de su anuncio, un enorme Yadratiano de piel pálida azulada les sonrió — Cooperaremos como una sola entidad y alianza—anunció al resto en gran calma —Trabajaremos todos a modo de consejo, no podemos relegar la responsabilidad de cientos de razas a una sola autoridad— Enunció a los nuevos reclutas ganando una mueca de inconformidad de los más viejos—Espero nuestra intención sea cabalmente comprendida.
—Proporcionaremos reguladores hídricos y escudos bióticos a cada uno de los sobrevivientes de su legión — El enorme robot informó extendiendo el brazo para señalar una enorme colmena de almacenamiento en la lejanía.
—Dispondremos unidades de acua-condensado especiales para ustedes, podrán hacer sus propias reservas durante la humedad de la noche—Kramis agregó —Los equipos de rastreo serán incrementados para ingresar los suplementos alimenticios necesarios, tengo entendido que los saiyajin son también especies de climas áridos— Reafirmó buscando la corrección de alguno de los presentes —Uno de los contenedores que se les proporcionarán tiene los recursos suficientes para la demanda inicial.
— Nos volveremos a reunir para detallar nuevas estrategias… y comenzar un nuevo entrenamiento que beneficiará a nuestras nuevas promesas— Merus finalizó fijando la vista con interés sobre dos de los nuevos reclutas saiyanos a su disposición. Levantó el brazo hacia el resto con amabilidad, permitiendo a todos levantar la sesión con un ademán permisivo.
Lo escuchado bastaba para sentir recuperar su fe en torno a sus fines de pacificar el universo de seres mortales donde se encontraba. Guardando por fin sin culpa alguna, el secreto de su inmedible ventaja sobre el total de seres existentes para sí.
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En el aspecto positivo, esas enormes filas de espera le recordaban mucho a las filas terrícolas en los centros comerciales.
Esperando resguardados de sus sombras flotantes, dos jóvenes terrícolas aguardaban su turno para obtener las redes condensadoras que los enormes cargueros de asistencia proporcionaban. La gran mayoría de seres en la fila eran de nuevo ingreso, pero una limitada porción de curiosos esperaba del mismo modo reemplazar sus viejos aditamentos con los nuevos modelos.
Muchos de los cuales murmuraban de formas poco amigables en torno de los pocos saiyanos que habrían asistido a surtir sus demandas. Debido a que el pequeño Gohan acababa de salir de su capsula de incubación, los únicos disponibles para surtir las necesidades de la pandilla saiyano-terrestre eran Krillin y Ten.
—¿Como pueden vivir con esos seres?— Una petiza joven de piel verdosa y cabello blanco se acercó a ellos, sin rodeos externó la pregunta que asaltaba las mentes de todos los refugiados de ese mundo al ver a otros seres permanecer en las mismas naves criaturas claramente diferentes.
—No es nada fácil— Dio una sincera risa el exmonje— Pero no son tan malos— Agregó con optimismo pasando la vista por el resto de curiosos involuntarios.
—No creo que todos los esclavos piensen lo mismo— Añadió ella dando un vistazo pausado de pies a cabeza al hombre frente a ella. Parpadeando con tupidas pestañas largas —Pero tu no pareces haber padecido mucho por su causa…o ser un esclavo —Sonrió divertida recalcando el evidente estado saludable en que se encontraba su animoso conversador.
Y el joven humano se sonrojó de inmediato, ganando una risa floja del otro compañero de viaje.
—Ciertamente fuimos alguna vez esclavos— Ten Shinhan tomó la palabra —Pero uno de nuestros mejores amigos es un saiyan, pagó el precio de sangre para liberar a cada uno de nosotros— Sintió la necesidad de agregar su inherente agradecimiento ante el resto —Hay hombres justos incluso entre los que consideramos enemigos— Habló en voz solemne, esperando que eso concediera un poco de credibilidad al estatuto que los lideres repetían: no es valido juzgar a toda un raza por el pecado de unos cuantos…aunque fuesen solo unos cuantos los loables, en este caso.
—Hemos escuchado hablar de él —La chica los tomó por sorpresa —Es el otro legendario ¿No es así? — Avanzó junto con ellos en la fila, atrayendo la conversación a los vecinos en su fila —El saiyajin sin cola.
—Es famoso por aquí— Un alto hombre de brazos alargados se dio la vuelta para conversar — El único que vale la pena entre ellos—Aseguró como si les conociera.
—Ustedes deben ser los terrícolas de los que todos hablan— La joven pronunció de nuevo mirándoles con gran atención —Los que ayudaron en la caída de Yamoshi.
—¿Ese saiyajin les enseñó a pelear? — Un jovencito se acercó animado —¿Puede enseñarnos? —Se dirigió a un pequeño grupo de jóvenes que ahora se acercaban buscando respuestas.
—¿Es verdad que su poder oculto es tan grande como el del príncipe Broly? —Escucharon a una de las curiosas voces interrogarles.
—Si se instaura una nueva monarquía— Un anciano decidió unirse al chismorreo colectivo —Él debería ser coronado el nuevo rey— Sostuvo con la aprobación silenciosa del resto —Sangre nueva en ideales para una nueva era—La muchedumbre afirmó su premisa con júbilo. Entendiendo los terrícolas que las habladurías estaban saliéndose de control, las miradas recelosas del resto de saiyanos fijándose sobre la pequeña multitud con una mueca de desagrado inscrita.
—No creo que el príncipe Vegeta sea una mala opción tampoco— Krillin se apresuró a calmar los predispuestos reniegos —He escuchado que no presta oídos sordos a sus súbditos— Admitió intentando en vano convencer a los variados entes que le rodeaban.
—Él o Broly son mas de lo mismo— El anciano habló una vez más —Élites encumbradas que jamás han estado bajo ordenes de nadie— Soltó con cierto rencor notorio —No saben lo que es el verdadero sufrimiento.
El resto de los convidados afirmó sin prestar más atención a los terrícolas, haciendo oídos sordos a las explicaciones que intentaban sembrar. Siendo en dias anteriores la misma Bulma la que había esclarecido para ellos la información que poseían y pocos conocían, el pasado del líder Saiyan como esclavo en las filas de los emperadores del hielo, mas nadie parecía interesarse en conocer esa historia, pues era fácil para la semilla del rencor, florecer en detrimento de los considerados afortunados de cuna. El desfavorecido odiando sin motivo al que creía superior.
—¿Qué está pasando aquí? —Cheelai interrumpió disolviendo el tumulto, ataviada con las insignias que en ese momento criticaban: la casa real de Vegeta —Están retrasando la fila— señaló el desorden frente a ellos —Bardock los espera desde hace horas— Declaró a los dos terrícolas al centro de los curiosos.
—Lo ves— La joven que en un principio los abordó llamó la atención del exmonje —Todos son más de lo mismo… solo un hombre con la valentía de admitir la igualdad de todos será bien recibido en este mundo— Guiñó con coquetería al menor, haciéndole tragar en seco. Por la carencia de argumentos…y la evidente belleza extraña de esa mujer.
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—Debiste advertirme de los poderes de tu maldito hermano superdotado —
Pero el saiyan no emitió sonido alguno, siendo para el mismo otra sorpresa. Ahora realmente se cuestionaba que clase de fenómeno le estaba emparentado, habiendo destrozado todos los récords conocidos por todos los parámetros de la historia de su casa ¿Quién diablos era ese hombre? Peligroso adversario de colores brillantes que junto con el mismísimo Vegeta al que alguna vez admiró, representaban la defensa inquebrantable de los últimos opositores al régimen de sus nuevos regentes.
—No importa —Dio Elec un largo suspiro —Necesito una nave Raditz, la más veloz que poseas, tenemos que actuar para cerrar las provisiones de planetas con recursos aprovechables.
El saiyano asintió prestando atención al ofuscado animo del menor de los Heata, inmerso en lo que podría juzgarse como humillación, pero él reconocía que era remordimiento. La mitad de su clan exterminado por el exceso de confianza en sus habilidades técnicas. Alguien debió advertir al pobre bastardo que ningún artefacto mecánico sirve para frenar el poder crudo de su especie.
Los tres observaron el sonido de la puerta, ingresando a su ahora nada modesta morada una cuadrilla de la guardia del príncipe. Detrás de ellos arrastraban la imagen de una furiosa mujer otorgando miradas de ira a todo el que cruzase la vista en su dirección.
—Por ordenes de su majestad se te confiere en resguardo a la esclava humana antes propiedad de la casa de Uri-ka— El tosco soldado arrojó del brazo a la humana, encadenada de forma abusiva en todos los posibles ángulos que pudiese causar daño a cualquiera —Las condiciones de su retención están inscritas en la orden —Extendió en la palma de su mano el dispositivo con el holográfico. Información que el saiyano no consideraba necesaria, pues conocía a fondo la razón por la que esa humana era concedida a su custodia.
—Suéltenla — Ordenó, siendo su reciente rango superior al de todos los hombres presentes en la sala. Mas todos titubearon en obedecerle —He dicho…suéltenla— Tomó del borde del traje al capitán de la tropa, quien de inmediato otorgó el control de las toscas ataduras a manos de su nuevo amo. Al presionar el botón cayeron al suelo.
La joven se levantó de inmediato, vertiendo su rabia contra el primer hombre en su cercanía, un pobre soldado que apenas podía evadir los golpes certeros que surcaban tremendos cortes sobre su piel, equivalente a pelear con un gato enorme de filosas garras expertas.
Pero al ver la escena, el resto de los soldados corrió a subyugarla de nuevo.
—Basta —Raditz habló interponiéndose con sonoras risotadas —Largo de mi casa señores, o me veré en la necesidad de enseñarles modales.
El resto de saiyanos dieron la vuelta gruñendo a la crecida actitud del antes clase baja. La única razón por la que nadie parecía cuestionar su ascenso estaba ligada al temor masivo que su hermano profería en todo aquel que ahora conocía los niveles de poder que surcaba. Quizá en esa familia latían genes del fenecido Yamoshi, cual fuese la razón nadie se atrevería a encolerizar a otro super saiyano en potencia.
—Impresionante — Elec enunció poniendo atención a la mujer arrinconada que no emitía ni un sonido —Pero creo que te costará trabajo domar una fiera de tales talentos —Sonrió levantándose tras una seña hacia su hermano para salir del lugar. Minutos después Raditz estaba solo con su nueva propiedad.
Cerró las puertas de su lujoso complejo. Esquivando a tiempo el ataque que suponía ella haría al encontrarse solos.
—Si crees que puedes hacer de mi tu prostituta…— Ella rugió tomando pose de defensa, sacando fuerza y musculo de forma milagrosa gracias a todos esos años de entrenamiento —Vas a llevarte una terrible sorpresa.
Pero el saiyano amenazado continuó las claras burlas. Levantando ambas manos en señal de rendición y tomando asiento despreocupado mientras encendía una barra de amarilis, ofreciendo otra en dirección a la humana.
—¿Qué te hace creer que no me largaré en cuanto me sea posible? — continuó ella sin animo de morder el anzuelo que el sujeto presentaba.
—No pretendo hacer uso de la puta de mi hermano —Escupió con vileza —Jamás me gustaron las sobras de otros… mucho menos habiendo pasado ya por otros hombres despreciables.
Ella dirigió un puño cargado de rabia al rostro del infame victimario. Pero el golpe fue detenido en el aire por la mano del joven, no frenando su intento, dobló propinando todas las combinaciones conocidas, siendo siempre frenada por la elevación súbita del ki de su rival. Era aun más fuerte de lo que recordaba, una preocupación creciente si con ello pretendía poner orden a sus demandas. El maldito Raditz también había entrenado por años en secreto. No tenia los niveles máximos de los mas fuertes planeta, pero ahora estaba listo para competir con cualquier élite que le enfrentara. Nadie jamás se enteraría de todos los inventos que habría robado de su hermana de lazo. Ahora pensaba fue la mejor estrategia a seguir.
Habiendo ambos desertado de continuar. Ella recuperó el aliento por unos minutos, mientras el presuntuoso guerrero alto solo se limitó a enfardar los brazos.
—¿Cuál es tu nombre humana? — preguntó en un tono más amable.
—¿Qué le importa a tu estúpida especie la forma en que nos denominemos? — Respondió hosca.
—Una delicada dama, sin duda— Retomó el consumo de su barra con una sonrisa.
—Milk…si debe saberlo amo—Reiteró la burla enderezándose con desprecio al ente presente.
—Prefiero que me digas Raditz, si no te importa — Concedió sin más —Puedes utilizar la habitación que desees, mantendrás mi casa en orden y me acompañarás a los sitios que te ordene.
La chica solo pudo alzar una ceja con plena incomprensión. ¿Por qué diablos el sujeto que la habría tratado con tal descaro era ahora tan amigable? No podía mas que sospechar de sus dobles intenciones.
—Te lo dije Milk— Raditz insistió —No soy como todos esos idiotas, pero si quieres que tu estancia aquí sea…—sacó el humo con pereza —Memorable… debes también cooperar conmigo.
Se retiró sin poner seguros o restricciones, sin siquiera agredirla de algún modo. Levantando sospechas de ella…o un precoz descanso, pues presentía que lo que decía de algun modo era verdad. Bajó la guardia buscando un descanso, caminando entre las habitaciones y los rincones de lo que sería su nueva morada. Esperando con ansias el anochecer para constatar que sus mas valiosas posesiones aún se encontraran escondidas y saludables.
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Los trabajos iniciaron desde el inicio en los nuevos complejos. Toda criatura se había adaptado a los nuevos alrededores con suma rapidez, con excepción de la colonia de seres que pasó de ser salvadores a parias en una sola vuelta del destino. El persistente problema de convivencia les había hecho conformar su propia colonia aislada, que casi siempre era la que presentaba más problemas técnicos de desabasto.
Y sus embajadores eran las únicas criaturas a las que el resto prestaba oídos sin desconfiar. Entre ellos tres de los representantes de las máximas autoridades en poder de la nueva flota. Un namekiano, un hadorita y una terrícola.
—Tres nuevas unidades de magnetita — El enome robot le anunció a la portadora de la solicitud, cargando placas de tonelaje suficiente para impresionar a cualquier criatura, exceptuando las anormalmente fuertes a las que esa joven representaba.
—No puedo llevarlas yo— anunció inconforme señalándose. El otro viró poniendo especial atención en sus facciones delicadas.
—Me recuerdas tanto a una chica terrícola que conocí— Anunció de forma casual — Pero ella no era gorda— Finalizó llevando una mano a su propio mentón.
—¡Es un embarazo grandísimo tonto! — Ladró la endemoniada científica— ¡Este no es mi físico usual!— se sonrojó dando un pisotón indignado.
—Te agradecería que uses mi nombre— Contestó sin inmutarse en los insultos proferidos —Como he solicitado en otras ocasiones— Caminó hasta el borde del complejo siendo seguido por la ofendida mujer.
—Jiya—Bulma recalcó cada línea con desgana —¿podrías entregar el material a mis ingenieros? — completó con forzada amabilidad — Falta mucho para abastecer las barras de filtrado en el complejo.
—He escuchado que también el mal humor es causa de los efectos de la procreación— informó sintiendo que era su deber moral explicarlo. A lo que la enfuriada fémina solo respondió extendiendo el brazo solicitándole de grosera manera que se retirara, no tenía ánimos de contestar tales sandeces.
—¿Por qué les ayudas? — La anciana voz que bien conocía preguntó descendiendo de su propia escalera de trabajo.
—Ellos son mi familia— Contestó acercándose a él— hacen mal en tratarlos del modo en que lo hacen— les juzgó logrando que los curiosos se retiraran sin animo de intervenir —aunque traten de ser diplomáticos — replicó con mayor fuerza para hacerse escuchar.
—Destruyeron nuestro planeta Bulma— El viejo Omori contestó, acompañándola a tomar asiento en uno de los cubículos del área. Ofreció un vaso con agua que fue recibido con gran alegría.
—Y nos dieron otra oportunidad de vida—dijo antes de empinar el preciado líquido.
—¿Tu bebé…? — Detuvo la curiosa pregunta, entendiendo que quizá no era oportuno interrogarla.
—Es uno de ellos— Destacó ella, sin dar margen a un solo comentario negativo al respecto. Defendiendo con orgullo el origen de su vástago en desarrollo.
—Lo sospeché — se encogió de hombros —Un terrícola no habría sido suficiente para la mujer mas intrépida de nuestro planeta— declaró con cierto toque de picardía.
Sonrieron al unísono. Y ambos encontraron la sutil emoción de compartir el momento.
Se prestó la tarde para hablar de todo lo acontecido, de sus vidas actuales en ese caótico mundo inestable. De las esperanzas y sueños borrados, del pasado y las particularidades de ser los últimos sobrevivientes de una de las razas mas nobles del universo.
— No te ofendas pero— ella interrumpió— ¿Cómo es que has permanecido tantos años vivo?— arqueó la ceja en genuina curiosidad— ¿Cómo acabaste en este lado del universo?
— Use uno de los viajes de la máquina—Anunció apenado de confesar su enorme pecado, de un científico a otro entendía el riesgo de jugar con las líneas temporales por un simple capricho — reconfigure mal los parámetros nuevos y acabé adelantándome en el tiempo en ves de retroceder, después se consumió— Suspiró recordando el fatídico día—… solo quería verla una vez más.
Entendió con tristeza a quien se refería, habiendo sido su padre un amigo cercano de la pareja.
—Jaco…—Preguntó arrepintiéndose de conocer el destino de su querido amigo de la infancia.
— Cuando supo del ataque a la tierra acudió a buscarnos— Explicó con añoranza en la voz— Pero solo pudo encontrarme a mi— Cerró el puño entristecido— Me llevó de vuelta con sus superiores y dieron su vida para salvarnos al reaparecer esas bestias.
Se detuvo interpretando la dureza con la que la joven cerraba los labios, cada ofensa a la raza de su nueva pertenencia era un insulto personal.
— Lo lamento— Se disculpó con rapidez— tu esposo debe ser un buen muchacho— reconoció dando un par de palmadas amistosas en su mano — Que ironía que él mismo ser que ocasionó que Jaco tropezara en mi camino, ahora sea también la causa de que estés viva—Comentó negando con la cabeza en tono divertido — y ahora le darás un hijo.
— Es de hecho un poco más complicado que eso—Confesó ella hundiendo el rostro entre sus palmas.
— Quizá podamos aún hacer el cambio a una de las incubadoras—Señaló suponiendo que el atisbo de temor se reducía a ese hecho — Estarías más segura al igual que tu bebé, es sabido que casi todo parto Saiyan termina en muerte— intentó consolarla de una pobre manera.
— ¡No! —Cortó ella de inmediato — No puedo explicarlo aún, pero no puedo correr el riesgo—insistió intentando dejar de lado la conversación.
— ¿De qué hablas jovencita?— Intentó el mayor corregirle — Aquí nadie les hará daño.
— La ley Saiyan— Se lamentó— No la ley del viejo o nuevo orden, la ley de vida absoluta— Se sinceró incapaz de silenciar más tiempo sus crecientes temores— Exponerlo a los ojos del mundo pondría en grave peligro a mi familia y a mi bebé.
— ¿Peligro? — Persistió el científico en la inviable duda —¿De la misma ley que les protege?.
—El derecho a reclamar una enlazada corresponde a quien venza en duelo al consorte…duelo a muerte si está embarazada—Declaró con los hombros sumamente decaídos, cansada de llevar esa carga por si sola.
—Por lo que he oído, nadie puede vencer al tuyo— Habló el otro, intentando dar un consuelo a lo que fuese que le atormentaba.
—Casi nadie…— Soltó sin pensar, llevando la palma a su boca en el momento de haberlo revelado.
Los ojos zarcos llenos de culpa se encontraron con el empecinado ceño del otro terrícola. Comprendiendo a la perfección la causa del enorme dilema que socavaba en el aura culposa de la única mujer de su raza en el planeta. Miró abajo, la sutil redondez en su centro.
—¿Qué has hecho niña? —Interrogó con miedo a las consecuencias de lo que eso supondría para las únicas esperanzas de defender su mundo —¿No es él padr…?
— Por favor— Le tomó de las manos con desesperación al entender su enorme falta en discreción— No hablemos de ello—Suplicó intentando hacerle ver la importancia de mantener ese secreto el tiempo necesario.
—¡Vaya! — Exclamó perdido en la enorme responsabilidad de ocultar esa información —Por eso existen dichos de la fidelidad saiyajin— Recordó de forma sumamente trivial —Creí que eran referentes a su inclinación por meterse en problemas— Se encogió de hombros tratando de discipar la tensión con un poco de humor.
Pero su intervención no fue escuchada, la mujer frente a él deambulaba en alguna pesada conclusión, de la que no quiso indagar más. Terminando ambos su encuentro con la trivialidad de las ordenes y faltantes del día. Despidiéndose con menos euforia que el principio de su interacción. Sabiendo que era su deber ayudarla en algún aspecto, pues solo los dioses sabían las catastróficas consecuencias de ocasionar otro conflicto alterno.
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Cuando el conteo de bajas finalmente llegó a sus manos, el Príncipe saiyan no pudo pretender más indiferencia.
Miles de individuos, más de la mitad de todos los seres a los que habría prestado ayuda, con ilegibles gestos escuchaba el intercambio del cúmulo de aliados en la mesa. Sin despegar de su mente cuanta habría sido su soberbia para haberse creído capaz de erigirse a sí mismo como la única autoridad de un gobierno tan diverso.
Habiendo sus errores, cobrado en cuotas inalcanzables las víctimas en sus manos. Habiéndose erróneamente declarado su salvador y disfrutado de ese reconocimiento falso en cada ente que le seguía solo por representar un resguardo en fuerza. Ingenuo en su estrategia, pesaban las muertes de todos los que creían en su capacidad de resolver problemas. No había alguien más a quien culpar y lo sabía muy bien.
— ¿Están de acuerdo los Saiyajin? — Le preguntó el anciano volteando todos en su dirección. Disimulando su sonrojo al no entender el contenido de la pregunta, ya ni siquiera servía para asistir a consejos de guerra.
— No — Su nuevo consejero le salvó—Nuestra raza no puede mantener su nivel de pelea en condiciones alimentarias pobres— Contestó expandiendo su idea — Si vamos a servir como sus guardaespaldas deben asegurar que tengamos la fuerza para hacerlo.
Ahí estaba su nueva labor, habiendo perdido incluso el rango noble que le distinguía ante la junta directiva de ese nuevo lugar. No era que extrañara el título, sino el respeto que engendraba. Pero habiendo perdido la mayoría de los ciudadanos en su régimen, era de esperarse el decaimiento de su importancia.
Una risa impertinente llamó su atención, volteó con disimulo para encontrarse con otra desagradable realidad. La terrícola que se habría burlado de su honor tapaba su boca apenada ante un ataque de risa sosegado, estando al frente otro de los terrícolas de su clan embarrado en alguna tinta y viéndola con acusatoria sentencia. No era el hecho de verla feliz lo que le confería tal amargura, sino el hombre que la acompañaba en idéntica acción. El saiyano quien le había igualado en meras migajas de tiempo, del que había escuchado a su pueblo dedicar alabanzas y admiración con mayor soltura que las otorgadas a su persona. Ahora incluso se atrevían a compararles en la jerga de los sitios de comercio. Faltaba poco para que cuestionaran su liderazgo en favor de ese bobalicón de actitud amistosa.
Y estaba ese ente ahí, sin responsabilidad alguna, tocando con suma casualidad el cuerpo de la mujer que él deseaba. Nunca antes había sentido tal envidia, quizá comparable a los celos en su juventud del poder conseguido por el mismo Broly, era terriblemente compleja esa evolución legendaria, pero la del hijo de Bardock, parecía una encausada veloz burla a su destino.
La junta terminó. Levantándose de su sitio casi todos los presentes, despidiéndose también los otros jóvenes con los que la científica platicaba, dándole su consorte un cariñoso gesto en la mejilla con su mano. Y eso lo hizo chocar con el ente a quien no vio ponerse enfrente.
— Príncipe— la voz del robot que habría conocido antes le saludó — El dirigente Merus me ha pedido que le transfiera un mensaje referente a sus nuevas obligaciones.
El referido sólo le miró esperando el mensaje.
— Le presentará su nuevo campo de entrenamiento al este de la ciudadela de los Yardrat— informó regresando a sus actividades, los chirridos metálicos de sus pasos alejándose.
…
Terminó sus labores de construcción con eficiencia, entretenido en un par de ocasiones por los seres fascinados quienes buscaban un intercambio casual, esa admiración colectiva comenzaba a abrumarlo, retrasando en muchos aspectos su progreso en las faenas diarias de auxilio.
Habiendo usado el traje de combate solicitado por su nuevo entrenador, el saiyajin terrícola partió al punto de encuentro señ ó en silencioso vuelo la ruta, llegando con un ligero retraso.
Habiendo descendido para encontrar en el mismo sitio al dirigente de su raza, quien le devolvía un hostil saludo cargado de rencor.
Me alegra que ambos estén aquí — Merus les recibió—Permítanme presentar a quien será su primer instructor— Señaló a un pacifico gigante azulado— El maestro Pybara de Yardrat.
—¡Un placer! —El joven de ánimo más apacible se acercó con su radiante estampa sonriente usual. Se inclinó de forma respetuosa ávido por empezar una nueva ruta de conocimiento.
Mas el otro no movió un musculo en su postura, con la vista fija al saiyajin recién llegado, incapaz de disipar su profunda molestia.
—No entrenare con este imbécil— Declaró señalando a su congénere, girando sobre sus talones dispuesto a irse de inmediato.
—¿Eh? — Gokú arqueó una ceja sin comprender la razón de su rechazo.
—Le ruego recapacite su decisión— El expatrullero lila intervino, acercándose con cautela—Es la mejor opción para todos — Habló en autoritario tono.
—Soy el líder saiyan— Respondió el aludido sin voltear— de ninguna manera aceptaré por contrincante a un súbdito de menor fuerza.
—La arrogancia es una peligrosa imperfección— La pacifica figura del Yadratiano se materializó de la nada, frenando su retirada —Si estás dispuesto a renunciar a ello, puedes adquirir aun mayores sorpresas en el descubrimiento a tu forma definitiva.
—Te preguntas… — Intervino el otro líder espacial —Si existe una forma de fortalecer mente y cuerpo en un mismo nivel— Observó la sutil sorpresa sobre los hombros del sujeto a convencer—lo hay Vegeta— Indicó con sumo optimismo en la voz —Pero debes demostrar ser digno de lo que pretendo mostrarles.
—Si quieren restaurar el orden— con gran paciencia Pybara continuó la primera lección—Deberán aprender a explorar su propia esencia.
Y el entrenamiento inició.
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Presenciaban ambos las terribles ejecuciones del ahora legítimo gobernante de Vegeta-sei. Llegando dos elementos ahora reconocidos por todo el reino, el ultimo Serika reconocido con honores y su esclava humana arrancada del mismísimo general. Tomó Raditz asiento a un lado del enrabiado dirigente en un asiento reservado para él a un paso del trono del príncipe.
— Los arribistas como tú— Panbukin susurró en su dirección— Son la primera carne que desgarra la guerra.
— y Los resentidos son los que menos se recuerda al pelearlas— Estiró los pies sin disminuir la soberbia de su entrada— ¿Cuál es el verdadero propósito de tu menoscabo anciano? —Otorgó una mueca entretenida. — porque dudo que éste desplante se deba a una simple esclava—Señaló con los ojos a la joven que habría recuperado toda la gloria de su previa belleza bajo su resguardo.
Entendía a la perfección la causa, perdiendo Panbukin un elemento de tal valía para sus ilegales propósitos era lógico que su humor resintiera del peor modo el atrevimiento un reto directo a su "supremo estatus".
Sin dejar de relucir su sonrisa, el joven provocaba de modos sutiles el enfrentamiento que pretendía provocar. Sabía a ciencia cierta que, de ser llamado a un duelo de ajuste de propiedades oficial, él sería el vencedor. Ansiaba descubrir hasta qué punto el respetado líder de inteligencia era capaz de evitar exhibir ante el mundo el hecho que más le avergonzaba: su casi nula capacidad en combate.
—Sabes que por ley puedes reclamarla de vuelta en cuanto lo requieras— Esclareció con falsa amabilidad — por supuesto, si logras vencerme— Relamió sus labios complacido por el sutil enojo que el otro ilustraba.
Más, el experimentado oficial no caería en provocaciones de índole tan pueril, simplemente regresó la sonrisa, consiente del efecto de una mejor estrategia planteada, sacando de sus casillas al joven con las habladurías que todos sabían que odiaba.
—Sabes bien lo que has hecho—Concedió paciente —pero se requiere más que un golpe de suerte para estar en este estatus— se acomodó sin inmutarse por los gritos de piedad que los ejecutados proferían— ensuciarse las manos de maneras realmente indignas.
—Quien mejor que tú para saberlo—Contestó el joven —Rata oportunista— gruñó—Habrías desollado tú mismo a mi padre si con ello consiguieses más favor del que tuviste— Soltó el rencor que ni siquiera sabía que guardaba— A pesar de todas las veces que arriesgó el pellejo por ti.
— Hoy es el día de escuchar toda clase de ironías, supongo— Se carcajeó el obeso saiyan de forma floja—aunque el vender a tu hermano te haya dado un momentáneo acceso a la corona— Continuó de forma cínica— No tienes la sustancia para enfrentarte a seres mucho más capaces que tú— Se encogió de hombros convencido en su superioridad táctica—Nunca sabes en qué dirección decantará la gota de suerte… y por lo visto la tuya no ha empezado bien.
— No veo a que infortunio te refieras—Replicó el menor — como puedes ver— señaló a la posición sostenida y la bella joven detrás —tengo toda la recompensa que merezco.
— Es curioso que unos minutos antes, tu familia desapareciera— Soltó de inmediato— No creo que te preocupase el destino de tu hermano y su hembra— admitió — pero no creo que esperaras que tu padre te diera la espalda en favor de un traidor— Esperó para ver el efecto de su mofa— Debió ser un golpe duro no solo te ganara en fuerza, sino en el nivel de importancia para el hombre que más admirabas.
—Cuida tus palabras— Viró Raditz sin querer escuchar más— y tu espalda.
Cuando el acto terminó. Los lideres se marcharon y la chica ingresó a su nuevo hogar detrás de su amo. Milk permanecía en pie, digna y sin un solo rastro de temor sobre su cara. Simplemente aguardando instrucciones, como todos los esclavos eran aleccionados a presentar sus respetos. Tomó Raditz un momento para observarla con detenimiento, pensando complacido en todos los planes que concretaría con su ayuda, sin embargo este gesto fue malinterpretado por la joven quien de inmediato decidió romper el silencio pese a todo el rudo condicionamiento al que habría sido expuesta para obedecer sin desagradar.
— Si estas esperando que te agradezca… estás completamente equivocado— Caminó hasta estar de frente— podrás hacer lo que quieras de mi, pero nunca tendrás mi lealtad.
— ¿Entonces realmente te importaba el asqueroso obeso?— Dedicó una carcajada con sorna — ¿O solo extrañarás las órdenes que te daba de follarte a mi hermano a escondidas?—
Ella no habló, demasiado asqueada por las burdas palabras del sujeto.
—Demuéstrame como lo lograste— Finalmente exigió después de todo ese tiempo—Porque conozco al sensible infeliz y se que bajo ninguna circunstancia habría traicionado a su adorada humana ruidosa— Dedicó un vistazo hostil, dándole a entender que su exigencia no cedería esta vez, habría de conseguirlo a cualquier costo.
Pero ella no se movió, no emitió gesticulación alguna, ausente cuál si solo hubiese escuchado el sonido del viento.
Raditz entendió que no habría forma de obligarla a ceder. No quería intentar las mismas rutas vulgares de Panbukin, no por el hecho de no estar frente a una mujer llamativa, sino el desagrado de tomar algo que su hermano previamente poseyó. Era nauseabundo.
Comprendió entonces que había una mejor forma de ganar su favor, conocía ya muy bien las formas de proceder de esas plagas humanas sentimentalistas.
— Sé que tienes un marcado apego a ciertas cosas— Decretó parcialmente conociendo las rutas que cada noche ella tomaba cuando creía que nadie la observaba— Muéstrame como lo has hecho y… Te daré juramento en sangre de proporcionar un solo deseo a cambio de la información que requiero— Detalló en la palidez incrédula de la chica, descubierta en intenciones que ahora eran peligrosas de negar.
Ella no terminó de creerlo hasta que le vio alejarse y regresar con uno de los instrumentos más serios dentro de esa cultura.
— He de conceder tu petición a cambio de que me rebeles todo lo que has hecho para favorecer a tus antiguos amos— Aventó en sus manos el arma para cobrar el juramento. Desenrolló su cola exponiéndola para proceder a pactar el acuerdo.
Y ella lo tomó sin más salida. Asió fuertemente el apéndice, clavando de inmediato el filo en el suave pelaje, cubrió la cinta de su cabello atado con la sangre, regodeándose en la mueca de dolor de su dueño. Cuando terminó de impregnarla, la ató a su propia muñeca. Sonriendo complacida
De inmediato, dio un paso atrás y desenvolvió sus facciones en el tiempo, haciéndolas cobrar vida con la apariencia de una conocida mujer para el deudor de su promesa. La exacta idéntica estampa de la hermosa terrícola zarca de su hermano, con la sutil diferencia de unos ojos carentes del brillo de su congénere.
Raditz enmudeció. Caminó hacia ella preguntándose qué clase de ilusión presenciaba, era una semejanza soberbia. Extendió la mano de forma automática, tocando el cuello de la chica, haciendo que esta se retrajera de forma violenta dándole una mirada asesina.
—No lo hagas— advirtió, suponiendo lo que ese hombre tenía en mente. Pero su reclamo más que enfurecerle le dio el empujón necesario para regresarlo a la realidad, una voz totalmente distinta.
— No te des tanta importancia humana— Corrigió sus sospechas — No me interesan los indignos atributos de tu raza promiscua— La observó de arriba abajo no encontrando imperfección alguna en su disfraz— Pero quiero saber en qué condiciones puedes replicar la apariencia de otro ser— Persistió resistiendo la necesidad de tocar esa ilusión— ¿Solo funciona con humanos?
—No te diré nada más hasta que hayas escuchado lo que quiero a cambio—Ella retomó su apariencia normal, sacándolo del trance —Quiero que reconozcas como tu heredero a mi hijo— Confesó con tal frialdad que apenas podía el otro denegar, absorto en las palabras que acababa de escuchar. ¿Hijo? ¿Un híbrido saiyan? ¿Qué rayos estaba esa mujer ocultando todo ese tiempo?
—¿Tienes un bastardo del maldito gordo? —Se carcajeó de forma nerviosa, incapaz de sosegar su incredulidad e incomodidad por el deber que estaba obligado a cumplir.
—No es de ese miserable…—Pausó Milk comprendiendo que no lo adivinaría —Es de tu hermano.
Ahora fue el turno del saiyan de enmudecerse estoico. Mil pensamientos pasaron por su rostro, odio, ansiedad, rabia y vergüenza por haber aceptado caer en tales provocaciones de un costo mayor a la ayuda obtenida. Pero una mejor idea recayó en su hábil capacidad de planeación. Si era en realidad el hijo de su hermano…debía tener el mismo potencial. Un arma letal otorgada de forma gratuita a cambio de la lealtad de otra fuente de recursos explotables. Aceptaría sin titubear
—Dime entonces— Pausó acercándose convencido —Cual es el nombre de mi nuevo hijo— Persuadió de inmediato a la humana, comprendiendo ella que tal vez también buscaría ganar ventaja de ello. Pero ya tenía pensado su siguiente paso.
—Su nombre lo habrás de registrar a primera hora mañana, antes de conocerlo —Solicitó dejando entrever que jamás lo encontraría sin su ayuda —y lo llamarás Goten de la casa de Serika.
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El desgaste en el paisaje habría hecho necesario que los peleadores mudaran su lugar de entrenamiento al ahora desierto planeta de Yardrat en relativa cercanía. Sin embargo, la destrucción de su atmosfera y condiciones hacia necesario que portaran el traje y casco en todo momento, apenas resistiendo la dura rutina de esa dificultad sumada.
Volaban colisionando ambos contrincantes, exhibiendo toda su reciente fuerza adquirida después de 70 días de entrenamiento sin descanso. Los movimientos maestros eran dignos de asombro, sin mencionar la capacidad destructiva con la que buscaban la difícil tarea de vencer a su oponente.
Era arduo en todo aspecto, cargando ambos entes ataques de tal magnitud, que en ciertas ocasiones parecían buscar la erradicación del otro.
Un enorme rio luminiscente de energía se atravesó en pos del saiyajin más alto, apenas alcanzando éste a desviarse para poner su cuerpo a salvo del daño que recibiría
—¡Oye Vegeta! ¿Quieres matarme? — Reclamó con la atención vertida en su atacante.
—¡Concéntrate idiota!— Reverberaba con una mueca cínica.
Y había un cierto de razón en esa pregunta, comprobando el saiyan de la realeza que, de una forma impensable, a pesar de lo dura que era la afirmación el otro tenía la ventaja. Era más rápido, de cierta forma astuto y manejaba los avances con mayor soltura.
A pesar de ambos destacar en diferentes técnicas, el más joven encontraba el punto clave con mayor facilidad, siempre un pequeño paso delante de lo que él lograba. Esa condición estaba robándole la poca estabilidad mental que hasta ese día había conseguido conservar. Diariamente lo escuchaba parlotear de su feliz vida en la tierra, de sus múltiples aventuras ejemplificadas en cada cosa que Pybara le enseñaba y peor aún, el descaro de hablar de las anécdotas vividas con la hembra en secreta discordia, a la que ni siquiera se refería con propiedad, señalándola por su simple nombre en vez del título que correspondía como su consorte.
Ahora comprendía, que en realidad era más fácil odiarlo que considerarle un aliado.
Al otro lado de la batalla, dos custodios observaban la batalla esperando el momento de intervenir en favor del maestro, quien constantemente quedaba atrapado entre el fuego cruzado cuando las cosas se salían de control, el ímpetu con que se enfrentaban era siempre exagerado. Muchas veces temió que la estabilidad del ya dañado planeta no consiguiera permanecer en su sitio. De no ser porque era el maestro, pensaría que legítimamente estaban intentando matarse mutuamente.
—Así que ahora …— El curioso Ceresiano habló, habiendo asistido al sitio con la mera intención de saciar su curiosidad — Tomaremos la estrategia de combatir fuego contra fuego…Nuestros saiyanos contra otros peores— Recalcó la lógica absurda detrás de su afirmación —Te pedí por años entrenarme para esto— Inició inseguro de externar su pensamiento —y llegan un par de simios reformados y corres a otorgarles más poder del que ya poseen— Pausó subiendo ambos pies al tablero de control de la nave — Como si no se tratara ya de sujetos suficientemente aterradores para controlarse a sí mismos.
—Tienes una sed de venganza que en pocas especies he visto— Habló Merus con suma calma —Eres aún mas peligroso que ellos—Lo observó con completa neutralidad.
—Jamás habría actuado en contra de inocentes— Se enderezó Granolah con indignación
—Lo has hecho al culpar a otros por los pecados de sus congéneres— Sostuvo en el mismo átono verbo —No hay blanco y negro en la búsqueda de la verdad, pensar de ese modo conduce al extremismo— Guió la vista hasta los combatientes —y el extremismo a la parcialidad —pausó volteando en su dirección —la parcialidad a la injusticia.
—No es lo natural en este universo? — El ceresiano interrumpió —El fuerte abusa del débil— Se encogió de hombros —Ni siquiera los dioses se conducen de otra manera — Se cruzó de brazos viendo con desagrado como ambos saiyans se enfrascaban en una llave infinita —¿Qué crees que hará el dios de la destrucción al despertar de su sueño y descubrir todo lo que ha sido borrado sin su consentimiento? — —ganemos o no, los monos estan condenados.
—Uno de ellos… es el salvador que necesitamos —Murmuró el expatrullero más para si mismo que para su oyente —Uno de ellos es la forma mortal de uno de los dioses más poderosos que han existido— Continuó haciendo guardar silencio al joven —Si conseguimos devolverle la fuerza de su potencial original, será casi invencible.
—Y estarás generando otro monstruo a vencer —Aseguró poco convencido en las palabras llenas de fe del otro.
—Tu maestro Monite — Merus suspiró —Te ha hablado con sabiduría ¿Por qué continuas rebatiendo lo meditado? — Cuestionó en sincera curiosidad—Incluso te has negado a aceptar la verdad de lo que ocurrió a tu madre — Le enfrentó con el pleno conocimiento de que habría sido el mismo Bardock quien le salvara en aquel nefasto día de su infancia —Hablas con suma dureza de ellos, cuando le debes tu supervivencia a un saiyajin.
—No hay forma de comprobarlo— Renegó en total necedad. Los surcos en sus cejas profundamente contrariados.
—Te diré un secreto— Finalmente desistió de continuar ocultando una perturbadora verdad —No hay forma de que algo de esto regrese a la normalidad si no es por medio de todos los ejes centrales en la batalla, tú incluido — Suspiró dejando en su regazo un fragmento del traje de vestimenta divina —Hace tiempo que el Kaioshin de este mundo desapareció — Observó la mirada descolocada del cereciano—y sospecho que ha sido también causa de Hoi y su secuaz.
—No pudo tener acceso al mundo celestial— Denegó aferrando la tela en sus manos —es ridículo.
—No es tan difícil como crees— Se lamentó alejando un poco más la nave desde donde observaban al resentir uno de los rayos provenientes de los combatientes —Si ha desaparecido… quiere decir que de igual modo, no podemos contar con la ayuda de Bills— Meditó sin prestar atención a la boca abierta del otro —Esos dos son nuestra última esperanza.
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Recomiendo el manga de Jiya de Akira Toriyama, es muy divertido. Gracias por leerme!
