Comentarios al final.
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A pesar del cambio en su estatus, contar con el favor de la casa real, actividades de importancia diarias y una cuadrilla de sirvientes dispuestos a cumplir la más mínima de sus necesidades. No encontraba en ello el placer esperado.
No pesaba sobre su conciencia la indigna traición a su familia, sino el nulo reconocimiento de cualquiera de los integrantes de la sociedad a la que ahora que frecuentaba. Los rumores despectivos de su rápido ascenso persistían, las circunstancias ventajosas por las que las encomiendas más prestigiosas eran puestas en él. La mayor comidilla era el supuesto hijo del que nadie sabía hasta hace poco. Las rencillas contra el nuevo general se habían acrecentado al ser condecorado con el anterior puesto del obeso militar, momentáneamente desplazado a otra posición.
Esa particular tarde, la reunión era una cornucopia de asperezas entre ellos.
—¡No podemos esperar más tiempo! — Paragus rugió en contra del reducido grupo de concejales en su mesa, poniendo especial atención a la apática figura del anciano de quien sospechaba cambiaba de lealtades lentamente —¡Desmiémbralos, tortúralos! ¡¿Qué importa?! ¡Consigue de una vez la posición de esos bastardos!
—No es tiempo, amigo mío— Replicó Hoi, con un ceño oscuro —Ellos vendrán a nosotros.
—¡No escucharé una más de las malditas mentiras de la bruja! — Se levantó el monarca dando largas pisadas por el cuarto, los centinelas guardaban su distancia, conteniendo el disgusto que los últimos días exhibía el remedo de rey, a quien casi nadie reconocía ya como tal —Esa charlatana habló de todo el poder en manos de mi estirpe y cada día más miserables se levantan en nuestra contra.
—Las profecías tienen muchos modos de ser interpretadas— Raditz intervino, no pudiendo evitar el descontento y desilusión con la que los máximos lideres del planeta se conducían —Lo más imprudente es hacer de ellas un estatuto de verdad.
—¿Quién te crees para hablar de ese modo a tu gobernante? …Novato— Beets, el siempre sumiso asistente del rey se enervó por la osadía.
—Un buen observador— Replicó el más joven —A diferencia de ti, que hablas con alguien fuera de tu rango— Impuso su recién adquirido estatus, sin dejar de observar a su monarca benefactor. El ahora reconocido rey tan silencioso como la opinión del resto.
—Siempre visceral —Panbukin se carcajeó tomando de la mesa su trago — El respeto se gana estimado muchacho, no se puede exigir.
—Algo que nunca pudiste conseguir por ti mismo ¿no es así? — Reiteró el joven de forma insolente y un tanto infantil.
—Majestades— Panbukin respondió buscando la vista de los soberanos sin dar la menor importancia al agresor —Debo concordar con nuestro mágico amigo presente — Asintió en favor del anciano —Tengo entendido que mañana empleará una nueva forma de hacerles hablar y hasta entonces no es prudente movilizar las tropas a los planetas que tenemos como indicios.
—Esos idiotas han tirado señuelos todo este tiempo— Beets refunfuñó —Ni el hambre, golpes, ni el dolor funcionan, tendrás que encontrar una mejor forma de persuasión…o quizá estas perdiendo el toque.
—O quizá no es conveniente ahora que sea sabido— Agregó el recién condecorado líder estratega.
—Un análisis muy arriesgado Raditz— Panbukin replicó —¿Qué te hace pensar que existen dobles intenciones? — Tomó asiento nuevamente de forma casual con toda mira de ridiculizar las observaciones inexpertas del menor.
—Siendo la entidad respetada que es— El joven representante de la casa de Seri-ka expidió su opinión frente al inamovible anciano rosa —Me resulta muy difícil creer que no haya forma de sacar información a dos rehenes en todo el tiempo que ha tomado — Detalló con mustia inocencia —Pareciera que está esperando el momento conveniente para alguna clase de estrategia de la que no hemos sido informados.
—¿Has visitado a la bruja sin mi consentimiento anciano? — Paragus interrogó mordiendo el anzuelo de tal conjetura.
—Mi señor, no preste atención a los dichos pueriles de un pobre clase baja— Hoi se reinstaló sin el menor remordimiento —La única intención de los de su clase es subir aún más el escalafón que les beneficie con intrigas— Soltó el insulto sin preocuparse por la tensa musculatura imponiéndose al frente —Sólo los dioses saben qué clase de mentiras son capaces de crear entre aliados.
—Quizá será buena idea que sea su majestad quien determine la veracidad de sus acciones— El mórbido general externó, controlando su propio temperamento, embebido en algún trance del que nadie se atrevía a interrumpirle.
—Bien— El anciano concedió —Podrá constatar con sus propios ojos el proceso, alteza —Se dirigió al verdadero merecedor del trono: Broly
El ausente joven monarca simplemente asintió sin prestar mayor atención a la serie de protestas de sus subalternos. Cada día parecía más sumergido en algún pensamiento extraño, lejos del presente y sin ningún interés por lo cotidiano en su vida. No así para la sed de sangre que todos los días cobraba en los sublevados a su causa. Parecía ser la única actividad a la que dedicaba todo su interés.
La reunión finalizó minutos después, con cada una de las partes dispuesta a alejarse sin rasgo alguno de alianza entre ellos, más que los méritos de la conveniencia.
…
Una de las presencias invitadas, aguardando con discreción en los corredores, llamó la atención del experimentado comandante en general, de vuelta a su cuartel.
—Podrás disfrazarte de la forma más asombrosa— Declaró él sonriente hombre, volteando en esa dirección —Pero siempre voy a poder reconocerte —Extendió la mano buscando tomar por el cuello a la sorprendida mujer delatada.
Más, una mano lo capturó antes de llegar a su objetivo.
—No puedes tocar mi propiedad Panbukin, gusano corrupto— Raditz le detuvo en el acto, marcando espacio entre su protegida y el consagrado abusador de antaño.
—Muchas consideraciones para una sirviente — El corpulento saiyan expresó de forma ilegible —Aunque no me extraña, tal parece que es un mal de familia caer presas de esclavas sexuales—Se burleteó dando un vistazo denigrante a la hembra humana.
—Eres un…—Milk esgrimió su más fiera faceta, dispuesta a descargar su indignación, hasta que un brazo impertinente de deslizó por su talle apegándola al musculoso cuerpo detrás de ella.
—¿Qué puedo decir?— Raditz acercó el rostro al negro cabello suelto de la chica, sin dejar de admirar con sutil mofa la forma en la que los labios del otro hacían una mueca traicionera de disgusto, ya sospechaba que esa reacción obtendría —Tan insignificante que aquí estas Panbukin, arriesgando tu propia vida por volver a tocarla una sola vez— Subió su mano delicadamente sobre la bella silueta, haciéndola voltear el rostro para ponerla a unos milímetros del suyo —Pero te diré algo — Pausó contemplándola de forma casi devota, robándole suavemente un esquivo beso, corto pero suficientemente sensual para enrabiar al testigo de ello —Ciertamente la hiciste muy complaciente, quizá te lo deba agradecer— Retornó la retadora estampa en pos del anulado sujeto, apenas pudiendo disimular su propia respiración ensayada ante situaciones de profundo estrés y enojo.
—Palabras muy pretenciosas— Contestó cruzándose de brazos —Para una nula evidencia. No tiene un solo rastro de tu olor.
—O quizá aprendí a enmascararlo — Repuso ella, del mismo modo pasando una de sus manos por la nuca del otro joven, estrechando su propio cuerpo al de él y disfrutando el descaro con que le hacía saber a su excaptor que su nuevo némesis poseía un aspecto de ella que él jamás conoció —Es muy útil cuando te encuentras deambulando de forma incógnita.
—Puede que a su majestad le resulte interesante tu habilidad, querida— Agregó haciendo un último intento por amedrentarles, a pesar de lo ridículo en su conducta.
—Entonces le resultará igualmente interesante la razón por la que por tanto tiempo lo ocultaste— Contestó ella con el rostro altivo y sonriente, haciendo de ella misma su propio instrumento de venganza—y todos los espionajes que me hiciste ejecutar a sus espaldas.
El general no se atrevió a hablar, pues sabía que esa mujer era capaz de sacrificarse a sí misma por conseguir su venganza. El as que suponía tener bajo la manga no sería rebelado, pues sospechaba que el supuesto hijo de Raditz era seguramente un bastardo de ambos, el día en que ella no apareció en sus dominios había un sutil aroma casi deslavado. Olor que le recordaba a los miembros de esa indigna casa por alguna razón. Su sospecha se mantuvo en silencio por pretender con ello controlarla y cuando envió a su sirviente a buscarle, jamás regresó. Ahora estaba convencido de que esos dos se burlaron de algún modo de su prodigiosa mente desde un principio. Volvería a intentar poner las manos encima de ese cachorro en cuanto supiera en que sitio era resguardado, así conseguiría la orden de muerte sobre ambos, pues concebir híbridos era aún una circunstancia penada sin goce de perdón.
—Como dije antes…— El joven tomó entre labios el lóbulo de la oreja en la tentadora hembra—Tengo que agradecerte — Resonó un perezoso beso sobre ese esbelto cuello y ambos sonrieron, saliendo de inmediato de la vista del otro, quien sólo se limitó a ver sus espaldas partir, ya habría tiempo de vengarse. Por ahora asuntos más urgentes apremiaban sus oscuros planes.
Cuando salieron de la vista de todos y al concluir el vuelo hasta su supuesto hogar. Ella se adelantó a su paso, no consiguiendo borrar la vergüenza de su previa conducta fingida.
—No pretendas pensar que…—Detuvo al saiyan, mostrando los dientes con aprehensión, pero no pudo terminar su innecesaria amenaza al ser apartada de forma brusca.
—Lo sé— Dio un tirón a su mano quitándosela para poner espacio entre ambos —Y espero lo mismo quede claro para ti —Afirmó, dándole a entender que todo ello era una simple pantomima sin ningún mensaje de por medio. Ingresó a su salón cerrando la puerta detrás, sin querer darle más pensamientos a lo vivido, pues por mucho que fuese sólo un juego, por un momento se preguntó si ello hubiese sido una buena decisión. Habiendo despertado él mismo una interrogante que no imaginaba estuviera traicioneramente oculta en su subconsciente.
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'Marchate' Le habría exigido su poderoso mentor 'Sin venganzas'.
Y había algo en esos semi plateados ojos lila, que se sentía como un ultimátum de muerte. No quería abandonar la batalla en tan indecorosa huida. Mucho de sí mismo se vaticinaba como el ganador de esa contienda, listo para derrotar al infame causante de ese problema. Pero no lo indicaba así su energía o la presencia de toda su familia despegando de inmediato. Se teletransportó para intentar hacerles cambiar de parecer, no era él alguien que abandonara el campo sin más.
Apareció frente a su padre, sin importarle portar su sangre y la de su enemigo expuestas, indolente a su carne revirada en girones o a causar un sobresalto a los ojos aterrados de su madre y pequeño hermano por el impresionante estado de destrucción en el que se encontraba. Sus ojos demandaban una explicación.
Aprovechando la nula defensa que en ese momento sostenía, Krillin siguió el plan otorgando toda la fuerza de su ser en un solo golpe que consiguió noquearle por la espalda.
—Mételo al tanque — Bardock aconsejó al otro terrícola que lo levantaba —Este muchacho es impresionante —Sonrió, no pudiendo evitar el orgullo ante el desplante de poder al que su hijo habría llegado. Peleando como un igual ante el ser que suponía inalcanzable, esa fuerza era seguramente suficiente ahora para meter en aprietos a la incontenible monstruosidad legendaria.
Pero la única vejación a su prematura alegría era la delicada situación en la que ahora se encontraban. No podían regresar o permanecer desterrados por mucho. Esperaba que sus aliados encontraran una forma de contener al ahora declarado némesis de su poderoso descendiente, las esperanzas de vencer al nuevo imperio se esfumaron debajo del devastador humo de esa contienda. Se sumió en pensamientos pesimistas intentando esclarecer la razón por la que esto tuvo lugar. Tanto tiempo habría pasado ya, que ni siquiera podía pensar en una fecha concreta en la que todo se habría salido de control. No pensó jamás que el líder a quien buscaba aliar cayera víctima de instintos tan bajos como para enloquecer de ese modo.
…
El tiempo transcurrió sin un curso y los tripulantes de la nave estaban consternados por saber cuál sería su destino. Muchas ideas afloraban entre todos los miembros de la casa de Serika, principalmente del jefe de ellos, quien pasaba el día maquinando los motivos de ese final.
Más, era probablemente lo que más escarnio le causaba, la sospecha de que su supuesta hija estaba detrás de todo. Descubiertas eran todas las señales de su falta: la forma en la que sus señas corporales cambiaban cuando Vegeta estaba cerca, la torpeza con la que justificaba el nerviosismo y el tono de voz que usaba siempre que le tenía de frente. Seguramente ese desplante inició desde que fue dispuesta al servicio del príncipe y el tonto lozano había caído en su poder sin la menor reserva. Esa desvergonzada sedujo a los dos entes más poderosos del planeta sin importarle las consecuencias de enfrentarlos. Ahora ni siquiera estaba seguro de que sucedería con su nieto. ¿Dónde lo habría llevado? ¿Debería siquiera molestarse en buscarla? Quizá debió ahorrarse toda esa vuelta de acontecimientos y obligarla a seducir a Broly para que le manipulara, era una maldita profesional para trastornar ingenuos ridículamente fuertes.
—Puede que estés molesto — Su bella consorte le tomó del brazo —Pero debemos ir a buscar a Bulma — Pregonó la disculpa implícita que sabía que él se negaría a otorgar, lo conocía tan bien como a cualquier parte de sí misma —Puede estar en problemas, las capturas de patrullajes seguirán y nuestro nieto necesitar ayud…
—Ni siquiera sabemos a dónde fue —Señaló en un auge tan rencoroso que Gine encendió al instante su reproche.
—¡Eso no importa! — Declaró convencida de la bondad en sus acciones altruistas —Ella es una de nosotros ahora, debemos buscarla.
—¡Nos traicionó! — Vociferó poniendo espacio entre ellos— Yo mismo lo vi por mucho tiempo y me negaba a creer que fuese capaz — Descansó ambos brazos al borde del panel de la nave—No tienes idea de lo mucho que me contuve a castigarla por lo hecho— Recordó con amargura el estado en que la encontró, derrotada, vulnerable y usando con descaro el olor de otro.
—No sabes si fue víctima de …
—¡NO LO FUE! — Rugió descargando la rabia de ese recuerdo —¡Yo mismo se lo advertí desde que lo descubrí cortejándola! — Latigueó la erizada cola—Esos ladinos llevaban mucho tiempo burlándose de todos — Sosegó sus palabras volviendo a enrollar su cola —Ahora todo está perdido y tendremos que retener a nuestro estúpido hijo hasta que Vegeta sea controlado.
—La ley puede cambiar — Continuó segura en su esperanza —No tiene que terminar en la muerte de alguno esta vez.
—No lo entiendes— Persistió el su pesimismo —La ley antigua es de este modo por cuestiones instintivas — Explicó concisamente pausado—Ninguno lo podrá evitar, cada vez que se encuentren intentarán matarse.
—Ella no es saiyan— La mujer explayó su observación—Todos fuimos testigos del nulo interés que ambos, ella y Kakarotto se propinaron por meses — Se encogió de hombros meneando la cola con insistencia —Quizá su instinto no sea tan arraigado para provocarles esas reacciones.
—No— Él negó de nuevo —Yo vi lo que el marcaje hizo de Vegeta— Permaneció inmóvil con certeza en ese hecho —No era él en absoluto, tenía todo el desplante irreflexivo del que hablan las antiguas enseñanzas, era un animal enfurecido por completo.
—Pero Kakaroto no ha tenido una sola reacción normal desde que ella concibió— Exhortó al otro a encontrar la explicación las plausible —Quizá no tiene esa solidez su vínculo.
—O quizá esa cría ni siquiera es de él— Observó con detenimiento ante toda la evidencia.
—¿Qué estás diciendo? —Profirió escandalizada
—Piénsalo bien— Murmuró —No hay mayor estado de posesividad para un macho saiyan que esto— Señaló a su hijo pequeño en la distancia —Quizá solo utilizó a Kakarotto para enmascarar su indiscreción con el bastardo arrogante y librarse de la culpa en haber roto su juramento— Caviló la supuesta causa de ese error —Es la única razón por la que el orgulloso Vegeta hubiese perdido por completo la razón en público y atreverse a atacar a uno de sus mejores aliados por una mujer.
—Si así fuese— Suspiró intentando no disgustarse por las acusaciones desleales —Ella habría guardado silencio por el bien de su bebé… y nuestra familia.
La incomprensión asaltó a su oyente. No tan solo por la forma en la que ella intentaba justificar el ultraje, sino el hecho de que hubiese una buena intención detrás de ese desenlace.
—El castigo es un duelo a muerte— Explicó ella como si fuese lo más obvio —En ese momento nuestro hijo no era capaz de ganarle, yo no podía salir del planeta y habernos rebelado el secreto habría significado más problemas contigo y sus aliados.
—No deberías justificar su estupidez —Se cruzó de brazos volteando, no quería escuchar más.
—Y tú no deberías juzgar a la mujer que tantas veces nos ha ayudado — Se plantó firme ante la poca humildad con la que su consorte se conducía.
—¡Deshonró a nuestro hijo! —Gruñó sin darle frente.
—¡Y no sabemos aún sus razones para hacerlo! — Se rindió ella contemplando el esquivo porte de su pareja —Obligamos a ambos a hacer el ritual de lazos— Dijo antes de salir de la cabina —Tal vez esto es solo una consecuencia de ello.
Pero antes de que cada uno tomara su rumbo, Krillin ingresó cargando la pequeña cría en brazos.
—Gokú ya no está en el tanque —Anunció desatando el pánico general.
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La memoria en su piel repensaba inconsciente una silueta insinuada en la oscuridad de ese sueño sin forma: 'Nadie va a impedir que me vaya' Decretó la idílica imagen de la mujer que caminaba descalza en su subconsciente, palabras que le atormentaban sin entender el motivo, siendo esa información tan peligrosa como la latente amenaza de haber perdido por completo el control de sus pensamientos frente a toda forma de vida entre los suyos. Borrosos vistazos de la encarnizada pelea que habría sostenido saltaban, protagonizándoles el descarado retador que habría acudido dispuesto a cobrar venganza por su atrevimiento. La más terrible deshonra era el hecho de que no era ya el saiyan más poderoso del planeta, a pesar de haber usado todo el límite de sus fuerzas, el irreverente guerrero sin cola se había atrevido a desplegar la exacta defensa para contenerle.
'Aléjate de mi mujer'. Sus palabras le exhibieron ante el mundo como el más vil de los ladrones. Hacían eco las ofensas, el miedo sentido por cada uno de los testigos de su evolución. En el pasado eso no hubiese significado un solo remordimiento en su conciencia, pero ahora era un peso insoportable para acallar.
Cuando despertó de esa lejana vivencia, su estado no era para nada esperado.
No había ya dolor en su cuerpo, tan solo el olor penetrante de los líquidos del tanque donde seguramente le habrían ingresado. Sin embargo, se encontró desprovisto de la capacidad de sentir al resto de elementos en la bóveda donde era contenido. Por un momento luchó por controlar la ansiedad del recuerdo de su esclavitud en las celdas de Freezer. Restrictores colgaban de sus miembros contenidos, diseñados especialmente para seres de su poder y finalmente un suero goteando al interior de la base de su cola, que tenía inscrita toda la firma de Pybara y Omori en ellos. No podía escapar, aunque la vida le fuese en ello.
Discurría en la razón de ese trato indigno, cuando una sombra atrajo su atención.
—¿Que significa esto? — Gruñó el cautivo en dirección al intruso, con los visibles colmillos centelleando. Imposibilitado en movimiento, más sin dejar de emanar terror a cualquiera que pudiese fijarla la vista a su poderoso marco apenas contenido.
—Le pido nos disculpe— Contestó la solemne voz de su maestro —Pero no podemos correr riesgos— Se detuvo a una corta distancia —No mientras permanezca ese juramento de muerte entre usted y Son Gokú.
Era esa la declaración más injuriante de todas, habiendo tomado esa sociedad partido por el miserable ladrón del estatus que consideraba le pertenecía.
—¿Dónde está? — Cortó en un gruñido aterrador.
—No lo sabemos— Merus replicó —Su liberación esta del mismo modo condicionada a un acuerdo — No dio pie al primero para malinterpretar lo que suponía pensaba.
Comprendió el prisionero que el mismo tratamiento debía recibir el odioso culpable de su situación. Sin embargo, no era ese hecho suficiente para apaciguar su ira.
—No debieron interferir— Siseó sumergido en la injusticia de sus circunstancias —Esta no es su lucha— Sentenció de forma tenebrosa, cada poro exudando venganza ante la indecente forma en la que era sometido, concibiendo a todo aquel responsable como un declarado traidor.
Ingresó por igual otro de los culpables de su encierro.
—La hicieron nuestra lucha al haber destruido la mitad de la infraestructura de las ciudadelas a la redonda— Protestó el conocido ceresiano, aun cargando secuelas del feroz enfrentamiento fugaz —No podemos arriesgarnos a mantener criaturas de tal peligrosidad en plena libertad.
—Espera afuera Granolah— Solicitó Merus.
—Necesitamos que recapaciten este error — El joven instó al ensordecido saiyan, quien se encontraba al borde de un colapso de rabia. Tiraba de las ataduras, que no eran otra cosa en su mente más que cadenas de esclavitud a una causa que nunca pretendió hacer suya. En su organismo latía enérgica la necesidad de destrucción, los minutos convertían en saña toda su previa buena voluntad.
—Suéltame Merus— Demandó en un sutil gruñido, sin importar nada de lo que le fuese dicho.
—Puedo sentir esa negra conversión en tu alma— Se lamentó su maestro —Tu gran habilidad de lucha, el deseo de traer el balance, quedarán sepultados bajo un acto infame si no encuentras la forma de encausarlo a su destino correcto.
—¡Suéltame! —Exigió violento, tirando de sus miembros sin importar desagarrarse en el proceso, estaba ahora más allá de la razón coherente.
El destello en su aura oscura delataba un aspecto que hizo al concentrado mentor dar un paso atrás. Fiereza en su porte, esa ansia insaciable exigiendo sin la menor humildad, indolente incluso a su propio bienestar y un secreto antiguo resguardado en bravíos ojos embrujados por el mortal rencor. Era una visión sumamente conocida.
—¡LIBÉRENME!— Rugió haciendo cimbrar la bóveda de contención, pulsando la estructura al ritmo del flujo denegado de energía. Danzaba en las puntas de los dedos ondas de calor en señal de protesta del cuerpo que apremiaba a tomar su verdadera forma.
—No—Contestó el ángel, estoico y convencido en el portento de sus instrumentos.
—Es una orden— Demandó el saiyajin, haciendo al otro testigo preguntarse si toda esa estructura sería capaz de soportar los embates de la bestia que empezaba a renacer—No lo repetiré —Miró en su dirección provocando a las ultimas fibras del ceresiano a dar la talla.
—No lo hagas Vegeta— El joven de cabello azulado le advirtió, listo para responder —No es tiempo.
Un rugido ahogado hizo saltar a la defensiva a los celadores, presentándose ante ellos un vistazo del milagro que tanto tiempo atrás fue prometido. Sin embargo, la forma en que ambos recibían ese increíble descubrimiento era sumamente diferente, estando uno al borde del resquemor y otro, descorriendo la milenaria verdad que por tanto tiempo fue un misterio.
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El último mes había transcurrido y llegaba finalmente la hora de extraer a su pequeño vástago del tanque de crianza.
La terrícola morena observaba con un destello de ilusión y aura protectora. Iniciando el curso de extracción del infante mientras murmuraba toda clase de susurros cariñosos. Sin embargo, encontró con sorpresa que los códigos de la cápsula habían sido cambiados. Una desesperación se instaló en sus sospechas, apareciendo justo detrás de ella el que suponía era el perpetrador de esa traición.
—No es prudente —Raditz externó, caminando en torno a las cajas de seguridad en donde pretendía guardar algunas de las confesiones que servirían para un juicio en contra del general y el brujo. Cuando escuchó la desesperación en el tecleo de los códigos de la capsula, supuso lo que la joven tenía en mente. Para su fortuna su propia desconfianza solucionó ese hecho solo unos días antes.
—¿Por qué no? — Ella insistió sin querer develar la amargura que le producía —Han pasado ya los tiempos adecuados, necesitará a su madre y cuando inicies el juicio no habrá tiempo de estar a su lado.
—Es un saiyan— El otro contestó sin siquiera mirarla, entretenido en otros menesteres dentro de su bóveda —No necesita de nadie— No pretendía lastimarla, pero de inmediato presintió el cambio de humor casi perceptible.
—¿Es lo que te repites todas las noches para poder dormir? ¿Para justificar separar así a una madre de su hijo? — Soltó a la defensiva, inculpándole entre líneas de todo el mal que le habría causado hasta ese momento por las restricciones impuestas. Ahora sumando la indolente acción de apartarla en la etapa fetal del único ser que le inspiraba amor entre todo ese infierno.
—Te has vuelto muy insolente — Gruñó él por lo bajo, cerrando la puerta de su estante —Quizá debería recordarte cuál es tu lugar, esclava.
—Te cortaré la cola mientras duermes— Amenazó sin lograr con ello más que sacarle una carcajada entretenida a su nuevo amo.
—No comprendo la obsesión que tienes por ser reprendida— Volteó dedicándole un mohín divertido —¿Es alguna clase de juego enfermo? — Se cruzó de brazos mirándola de arriba a abajo —¿Eso hacía tu amo para excitarte?
La reacción obtenida no fue la esperada. Fija en su postura, temblando ambos puños al lado de su menudo cuerpo, empuñando en su dirección ojos cargados de odio en la misma medida que dolor. Sin chispa ni replica, solo dolor. No era en absoluto una discusión placentera de prolongar, pues estaba seguro de que ella esperaba en cualquier momento verlo actuar del mismo modo que su abusador.
—No te haré daño — Suspiró cansado —Pero no sigas retando mi paciencia.
—Dame a mi hijo — Se apresuró a replicar, borrando momentáneamente el semblante oscuro para reemplazarlo con un miserable dejo de esperanza.
—Ahora es mío— Repuso de modo indiferente — Y será criado como tal.
—Por favor— Se acercó ella atreviéndose a tomar una táctica diferente a la agresión acostumbrada —No supondré un retroceso a tus planes — Se impuso al despliegue de vulnerabilidad, jugando entre manos la carta que suponía le quedaba ante la especulada misericordia de ese nuevo dueño —Haré lo que sea.
Lo rodeó, entre un murmullo implícito de ojos suplicantes. Aprovechando el shock en los ojos de su amo deslizó los finos brazos por su cuello, intentando con ello apresurar una ventaja tanto como ahora sentía crecer el latido del hombre a quien tenía momentáneamente en su poder. Una caricia a su mejilla y lo perfiló sumisamente a su voluntad, a solo un respiro de robarle un beso.
—No puedo — Titubeó sin comprender la razón, sin terminar de concentrarse en ir o venir, en dejarla seducirlo o juzgar su proceder —No…— Susurró sintiendo la tibia respiración acariciar sus labios —¡No! —-Ladró recuperando el control por completo. A pesar de lo tentadora que era, había algo en su esencia que no lograba superar, un rechazo subrepticio que suponía se debía al vínculo con su odioso hermano. Maldito él por acaparar todo lo que alguna vez deseara: la fuerza legendaria, el respeto de su padre y para colmo no había bastado el tener diariamente en su cama a la que probablemente era la hembra más atractiva que jamás conoció, había también usado a otra mujer, la que probablemente hubiese sido una posesión idónea para él mismo. Lo odiaba en demasía por ser siempre el favorito del destino.
Se alejó sin querer mirarla, saliendo de golpe de la puerta corrediza para chocar de inmediato con un invitado inesperado ingresando al mismo tiempo.
—¡¿Qué crees que…?! — La joven que venía siguiéndole exclamó sin poder terminar lo que diría, también tomada por sorpresa al ver al intruso.
—¿Interrumpo algo? —El alto sujeto azulado interrogó.
—No — Raditz carraspeó conduciéndolo al ala contraria —¿Qué quieres esta vez Elec?
—Tengo fabulosas noticias para ti — Contestó con las manos detrás, sin dejar de observar a la chica que nerviosamente desaparecía de escena. Esos dos escondían algo, pero ya habría tiempo de averiguarlo después — Quiero algo antes de darte la ventaja de esta información —Concluyó tomando asiento a un lado de donde su anfitrión ahora se asentaba.
—¿Y eso sería?
—Quiero acceso al tesoro real — Enunció sin pena alguna ante sus demandas —Y una nave para marcharnos sin ser detectados.
—¿No necesitas a tu hermano secuaz para amenazarme? — Soltó un bufido incrédulo ante tal desfachatez, presentía que el sujeto en realidad ni siquiera figuraba una amenaza verdadera.
Elec simplemente sonrió de forma altanera.
—Gas está completando la misión… de traer con vida a la humana que buscas.
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Por fin, las coordenadas indicaban que habría llegado a su destino. Ingresó la científica a la atmosfera, esperando encontrar las señales que Monite y Granolah habrían mencionado, pero en todo lo visible predominaba un enorme desastre climático.
Diluvios que por años habrían inundado la totalidad del planeta, cada cañada y ambiente del que habrían advertido sus nuevos aliados, estaba ahora sumergido debajo de toneladas de líquido acuoso, más no entendía si esa era alguna consecuencia natural o hechura de los secuaces del imperio en busca de dejar desprovisto del recurso a todo ser de la resistencia. ¿Sería ese su sitio de acopio escondido? El antiguo esplendor de ese mundo era ahora inexistente. Las únicas cumbres en pie seguramente eran las más altas en su tiempo.
Llovía una implacable tormenta. El lloriqueo de su hijo acunado en brazos de la niñera robótica le abstrajo de iniciar con el protocolo de búsqueda. El hambre de su pequeño no podía esperar.
Abrió su traje, colocando a su bebé directo en la basta fuente de su alimentación, no podía creer la incomodidad que le supondría adquirir senos de ese tamaño o el dolor que verdaderamente producía alimentarlo. ¿También los bebés humanos lastimarían de ese modo?
Al cabo de un par de largas horas el crío se quedó dormido. Observaba el aguacero en la tempestad fuera, preparándose mentalmente para tener que cursar los cielos inmensos en ese estado climático tan despiadado. De pronto un sonido de viento se escuchó justo detrás.
Al constatar lo que había aparecido del vacío, su rostro estupefacto parecía estar contemplando un fantasma. Un mortalmente circunspecto fantasma.
—Go… ¿Gokú? — Externó hipnotizada por la presencia que la veía con aires de resignación.
El sonido de la voz de su madre sacó un pequeño quejido a Trunks, regresando a su actividad previa de succión. La única resonancia en el ambiente eran las gotas de agua, chocando contra la lámina de la nave. Los dos adultos presentes se examinaban mutuamente en diferentes escalas de incomprensión, dolor, ansiedad y duda.
Él flotó sigiloso hasta estar frente a la evidencia directa de que sus suposiciones previas eran un completo error. No era evidente por otro motivo, sino los rasgos tan característicos en el niño. Ahora entendía que en realidad el tercero en discordia siempre fue él mismo. Extendió su brazo dando una leve caricia tierna a la minúscula cabecita del menor.
Cerró los ojos interiorizando en comprensión la razón de todo.
Se apartó, quedando inmóvil bajo la presencia del pequeño bebé al que habría aceptado como suyo, incluso de haber sido revelada la verdad en diferentes circunstancias. Una vez dormido, su madre lo separó, dándoselo de inmediato al robot niñera aguardando. Acomodó sus ropas para levantarse y evitar a toda costa los ojos oscuros que la buscaban esperando respuestas.
Fue entonces que la duda asaltó al joven en un desasosiego completamente nuevo en su experiencia ¿Cómo pudo pasar esto sin que se hubiese dado cuenta? ¿Por qué habría ella de corresponder de ese modo todos los sacrificios que hizo en su nombre? Y sólo la misma pregunta surgía como prefijo a cada uno de los cuestionables hechos de su consorte: ¿Por qué?
Ella no pudo soportar la tensión. Se apresuró hasta la salida, descendiendo de inmediato como manera defensiva de poner distancia al juicio que se avecinaba, a pesar de la lluvia.
Se quedó él ahí, elucubrando toda clase de ideas hirientes a su casi inquebrantable paz interna. Desistió de permanecer callado pues, necesitaba escuchar de ella la razón de todo lo atestiguado. Bajó la rampa sin hacer un solo ruido. La observó agacharse al borde del acantilado, dándole a propósito la espalda y renuente a mirar de frente el rostro al que tantas explicaciones debía.
Se quedaron ahí por un breve correr del tiempo. La lluvia no había aminorado su intensidad, disminuyendo la visibilidad del paisaje en general.
—Te hice una promesa— Habló él, después de un largo silencio, cerrando la distancia entre ambos a un paso calmo y constante.
Ella no podía voltear en su dirección, mordía su labio inferior, deseando encontrar la asertividad para contestar algo coherente. Solo terminando de sentarse, indolente al lodo o el húmedo escalofrío de la culpa inminente.
—Sea mi talento para darte protección, mi legado conceda orgullo a nuestra casa—Repitió el saiyan la idéntica jura de ese fatídico día, hasta estar a un lado de la temblorosa silueta mojada, se sentó en exacta postura simétrica a la de ella— Sirva mi fuerza para sostenerte… — Le limpió esa lagrima culpable escapando del triste rostro de su compañera — y dar juramento de lealtad.
—Yo…— El temblor del acusatorio revés en su voz, no alcanzaba a explicar la disidencia en sus voluntades. Ahí estaba él, aparición traída de los mismos merecidos infiernos, solicitando esclarecimiento de un discordante dulce modo. Completamente opuesto al inmisericorde reproche que esperaba recibir por sus indiscreciones.
—¿Por qué Bulma? —Preguntó él. Ojos rebosantes de cruel duda.
Pero ella no podía forzar un sólo sonido a salir. La tormenta debajo del acantilado dilataba el único fondo a contravención del silencio. Con total honestidad, ya no poseía una respuesta suficiente. Tan solo procurar contestar el inicio de un "Porqué"se sentía excesivamente escueto.
Tomó esa gran mano, intentando externar toda lasitud expuesta en su alma. No teniendo el valor suficiente para declarar de frente la verdad que habría de confesarle, giró apretando el apenado ceño femíneo.
—Porque… lo amo.
—¿Y a mí? — Externó de inmediato, inocente y temerosa nota de voz — Si no lo haces ¿Por qué me hiciste creerlo? — Buscó su rostro, suplicando una piadosa respuesta.
—Lo hago— Afirmó ella sin que eso fuese una total falsedad —Pero de un modo distinto.
Se inclinó sopesando el significado de esas palabras, recordando los breves instantes en que ella pareció corresponderle cada sensación y toque. Su calor y forma, el sabor de su cuerpo había sido real. Las señas placenteras respondiendo a su tacto. ¿Qué clase de juego ella estaba jugando?
—¿Sólo estabas …? —Tragó sin poder descifrar que pregunta quería esclarecer.
—¡No! —Refutó intuyendo la vileza de esa interrogante —No sé cómo explicarte… —Tapó su rostro exudando la impaciencia con la que pretendía abordar una resolución congruente.
—Sólo dime la verdad— Solicitó sin un solo gesto, inamovible como las rocas de ese colosal precipicio.
—No es tan simple —Inició, intentando de alguna forma infundir validez a la inseguridad con la que ese mundo de mentiras se vendría abajo —No lo comprenderás, pero hemos sido engañados por tantas personas, los nuestros o enemigos. Esto nunca debió suceder, ¡Esto no ocurrió! —Pausó, tomando una bocanada de ideas nuevas —Jamás debí permitirte pensar que era real lo que imaginabas…—Examinó los gestos de incomprensión en el joven — Pues jamás estuviste vinculado a mi realmente.
Un ligero levantamiento en su ceja indicó que era necesario ahondar más en su declaración.
—Tu y yo, nunca estuvimos… juntos. Ocurrió únicamente bajo el acuerdo del juramento — Inició tratando de ser concisa —No debí permitir que vivieras eso — Extendió indecisa las yemas de los dedos, dando una furtiva caricia en forma de disculpa —Lo hice porque quería mi supuesta libertad, para planear mi venganza, para ganar respeto… después omití la verdad para mantener oculta la identidad de mi hijo, no podía arriesgarme a enfrentar el castigo por mis errores y verte cobrar venganzas falsas para morir— Frenó comprobando que no podía permanecer fría a la aceptación de sus faltas, el llanto llegó por añadidura —Fui… tan egoísta.
—Si —Repuso él, un tanto inclemente —De cierta manera, todos lo hemos sido — Suspiró bajando la vista, no importando que el estado de sus cuerpos estuviese ahora expidiendo el vaho del frío entre la lluvia.
—No —Ella denegó con lentitud, sin dejar de admirarlo con ojos llenos de culpa — Tu siempre fuiste perfecto, eres perfecto —Cerró ambos puños, cobijándose a sí misma en un abrazo.
Pero sólo lo escuchó otorgar una amarga risa irónica.
—De haberlo sido —Pausó —Esto no hubiera pasado.
Los dos se dedicaron un esquivo vistazo. Tanta historia entre ambos, involucrando el principio y final de todos los seres que habrían llegado hasta ese momento. Entes arrastrados por un encuentro, donde un inocente intercambio en sus infancias cambió la vida de muchos en la galaxia.
—No soy yo —Susurró rendida —No soy yo con quien debes estar —Recompuso su sentencia —No sé quién podrá ser, pero tú y yo realmente no estamos hechos uno para el otro— Limpió su nariz vencida en el ánimo del momento. Si tan solo pudiese demostrarle la verdad como la concebía.
Gokú se cruzó de brazos rendido, mirando al cielo nublado en el horizonte y es que la certeza en ella no era del todo una falsa aseveración. Todo ese tiempo prevalecía la extraña sensación indicando que no debía ser normal tal nivel de desapego carnal. Mas no tenía una experiencia con que comparar lo que debía ser, era imposible afirmar o negar lo que ella le significaba o si se encontraba en su naturaleza normal el sentirse de ese modo, parcialmente indiferente.
No obstante, la furia vivida al descubrir ese engaño había sido definitivamente real. De no haber presentado su rival el mismo nivel de fuerza, no se habría contenido en destrozarle. Había una cierta posesividad, más de igual modo, quizá era un mero acto instintivo por toda esa convivencia.
No pudo permanecer más tiempo en dichas meditaciones, sintiendo un tibio calor súbito rodearle desde su espalda.
—Lo siento tanto —Ella murmuró estrechándolo —Lo lamento por todo —Le aferró ocultando en él su enrojecido rostro en medio del diluvio entre sus grandes pestañas y lluvia derramándose —Perdóname— Finalizó rindiéndose al lamento, arrepentida de todo el rencor cegador que la llevó a ese momento; de sus métodos inmorales, de su propia indulgencia para conducirse; de la falta total de juicio que había ocasionado todo ese dolor a sus seres amados. El rumbo acuoso en sus mejillas inició y no encontró manera de detenerlo.
Y la calma llegó una vez más, de la impensable mano del hombre al que más daño se inculpaba de haber provocado. Pasó él su gentil palma por los fríos brazos delgados, permitiéndole desahogarse por un largo rato estremecedor hasta voltear y mirarla de frente. Secó él ambas lágrimas tardías de los bellos ojos y en un pacifico movimiento juntó su frente a la de ella.
—Vamos — Le apremió —Debemos hacer la última búsqueda de esferas — Flotó levantándola consigo — Por los viejos tiempos —Guiñó, dándole una relajante sonrisa.
Ella correspondió, terminando de limpiar en si misma los rastros de tristeza, asintiendo llena de entusiasmo como habría hecho al principio de su juventud, él era la idónea compañía para efectuar la tarea que supondría el final de todo ese infinito camino de espinas.
_..._
No había forma de medir el tiempo transcurrido y la incomodidad de su celda y circunstancias añadía una especial dote de rencor en contra de ese indigno cautiverio. Una minúscula habitación simple para albergar un prisionero de tal complejidad y a pesar de todas las protecciones excesivas, permanecía encadenado a dos tensores que impedían facilitarle una teletransportación milagrosa.
—Mírate— Escuchó la ronca voz que menos deseaba distinguir en ese momento —¿Qué has hecho de ti muchacho? — Persistió usando un negro tono para destacar su decepción —¿Qué has hecho de nosotros?.
—Largo de aquí Nappa— Vegeta contestó de tan mala gana que cada vocablo se traducía en amenaza.
—Te convertiste en la burla de cada criatura insignificante a las que tu padre alguna vez subyugó— Inició envalentonado por la seguridad de la celda —Te dejaste contaminar por todos esos preceptos de clases bajas ¡arruinaste el legado de las casas más respetables! — Golpeó el grueso cristal que los separaba buscando llamar su atención, frustrado de la indolencia con la que su exlíder solo le daba la espalda —Te aliaste a criaturas que debías subyugar y ¡Te prendaste de una de ellos!
—¡He dicho que te largues! — Dio la vuelta mordiendo el anzuelo ante la mención.
—¡No me moveré de aquí hasta que hayas escuchado! — Se negó—Por años luchamos por la causa de la verdadera casa real — Recargó toda su corpulenta figura contra el muro traslúcido incapaz de doblegar por completo la amargura en sus palabras y tensión —Te seguimos y toleramos todos los nuevos acuerdos para sobrevivir. Tenía la esperanza de que fueran meras estrategias para sortear nuestras amenazas— Pausó exhalando a desgana —Pero hoy me queda claro, que en realidad pensabas que esos miserables son nuestros iguales.
No prestó el príncipe atención, caminando al rincón de su celda para sentarse de una manera enhiesta contra su austera cama.
—Incluso te atreviste a despojar de honor a mi propia casa —Agregó el gigante, comprendiendo su oyente con exactitud a que se refería.
—¿Hakusa …— Tragó sin querer siquiera terminar la pregunta. Si la había dañado o no, ya no era en absoluto relevante, nada podía hundirlo más a esas alturas.
—¡No te atrevas a mencionarla siquiera! — Nappa se irguió indignado por la nefasta indiferencia dibujada en todos los rasgos del perpetrador del ataque al que su hija apenas había sobrevivido. Sumado a la vergüenza social de su rechazo y el daño emocional del que jamás se atrevería a hablar —Solo vine aquí para darte una lección— Se corrigió adelantándose al goce interno por la terrible noticia que le daría —Lo que sucede cuando olvidas donde debe estar tu lealtad.
Estampó contra esa división un pedazo antiguo de armadura que el joven bien conocía. El símbolo de la casa del fenecido rey.
—¿De dónde sacaste eso? — Chasqueó los dientes en plena desaprobación por el atrevimiento.
—Hiciste una promesa de sangre para vengar a tu padre— Napa inició su explicación —Pero has roto ese juramento al quedar varado de este modo, dos de los tres juramentos más sagrados, profanados por una traición, eres un paria de acuerdo a nuestra ley… y tu hetaira sufrirá el mismo final que tu— Reveló otra de sus sorpresas extraída del interior de su armadura. Un fragmento de papel posado sobre el cristal, con inscritas coordenadas antiguas y una caligrafía que conocía muy bien.
—¡¿Que significa esto Nappa?! — Se levantó dejando la ridícula pantomima indiferente, puesto que ahora empezaba a flaquear en la incertidumbre del nivel de desagravio que ese bastardo había decidido tomar —¡¿Vas a entregarlos a todos por venganza?!
—Era el mapa en que trabajaba esa maldita hembra antes de que la marcaras— Repuso entretenido en la confesión que esgrimía— Y será un recordatorio de la inferioridad de su especie para ti… cuando no pueda defenderse de los sujetos que pagaron una fortuna por esta información.
—¡¿Que has hecho imbécil?! — No pudo impedir escalar involuntariamente un tirón contra sus restrictores—¡Condenaste a tu propia tribu! —Resurgió alarmado por escuchar el resto de la confidencia.
—Lo que debí hacer desde el día en que la vi entrampar un saiyan, desde que usó sus sucios medios para hacerse de voz, voto y renombre por causa del primer débil mental al que sedujo… y jamás pensé que su obra maestra sería hacer de ti su repugnante esclavo por igual, ¡maldito el día en que puse ante ti a ese par de imbéciles!— Apretó los dientes de tal manera que poco era el límite para fracturarles, la vena en su frente pulsando ante el recuerdo de ese gesto indescifrable que hasta ese presente reconocía, el incauto líder de la resistencia perdió el rumbo desde el momento en que esa vil ramera se le presentó — Ahora el nuevo imperio sabe dónde está, es cuestión de muy poco tiempo para que la encuentren y no estaremos aquí para cuando confiese nuestra ubicación.
—¡ERES UN MALDITO TRAIDOR! — Rugió descolocado, incapaz de seguir escuchando una sola palabra.
—No Vegeta— Se carcajeó —Tú lo fuiste— Finalizó separándose de la celda — Y a cambio de entregarla nos han concedido el perdón para regresar a Vegetasei, todo saiyajin que guste abandonar al príncipe de los parias— Se burló disfrutando su siguiente sentencia —Sólo les interesaba acabar contigo, con el hijo de Bardock y esa maldita mujerzuela de ambos.
—¡Cuando el consejo se entere…!
—No delaté nuestra posición— Esclareció de nuevo—Sólo la de ella — Se cruzó de brazos satisfecho por la desfigurada tez embravecida de su oyente — Para cuando confiese, estaremos de vuelta en nuestro planeta, del que nunca debimos salir— Se encogió de hombros dando la vuelta para salir del sitio —Puedes quedarte aquí a morir por los seres miserables a los que has adoptado como tuyos.
—¡PAGARÁS POR ESTO NAPPA! — El ardor en su cuerpo era apenas contenido por todos los restrictores anclados a la sala y su cuerpo, todas las alarmas dispuestas ante el temible temblor bajo los pies del par en disputa —¡TODOS LOS QUE SE ATREVAN A SEGUIRTE!
—No vivirás para cobrarlo— Dedicó un insolente mohín y cerró la puerta tras de sí.
…
Cuando se acercó a la plataforma de despegue, no había reunida la cantidad de aliados que esperaba recibir, únicamente cinco de ellos y su hija, quien no estaba del todo convencida en abandonar el planeta de la resistencia. Sin embargo, a escuchar los rumores del acuerdo que su padre había conseguido, se encontraba completamente contrariada sobre el sitio donde su lealtad debía estar.
—¿Qué has hecho padre? — Preguntó al presentir el temblor y ruido en la distancia, proveniente del sitio donde todos sabían que Vegeta estaba encarcelado.
—Sube a la nave— Ordenó sin dar explicaciones. Dispuesto a dejar atrás todo ese episodio errado de su vida en vano, cuando decidió seguir la tradición antigua de lealtad en vez de su propia corazonada y apoyar al más fuerte.
_..._
La aventura que inició todo retomaba sus orígenes a solo dos instantes de espera. Sólo dos orbes mágicas que encontrar, como habría sido señalado por el ultimo representante del clan de los dragones. Dos esferas recuperadas en la mano de cada una de las dos últimas esperanzas del mundo: La pareja que dio origen a la gran aventura estaba pronta a encontrar el fin de su encomienda con gran diligencia.
—¿La tienes? — Ella interrogó al verlo elevarse sobre las nubes hasta el tren de su nave, fulgurando la misma sonrisa infantil intacta.
Y al asentir, ella suspiró, tomando de su mano la minúscula esfera de una estrella para completar el pequeño set. No pasó de largo el estupor del peso de la realidad, asentando solo un paso para cambiar por completo la vida de todos los seres en esa dimensión. Con el conjuro en mano y toda la esperanza en el corazón se dirigieron a la última cima, habiendo dejado en resguardo robótico al infante dormitando. Estaba pronto a finalizar el capítulo más tenebroso de la historia.
—Debemos apresurarnos— Le sonrió, siendo transportada de inmediato por el compañero que se volvió el único consuelo constante en su vida.
Habló el idioma antiguo especificado, manifestándose la deidad proveniente de esa dimensión.
A pesar de todas las veces visto, no dejaba de ser siempre un espectáculo digno de contemplar con toda su atención.
—Es tan diferente a Sheng Long—Exclamó el saiyan boquiabierto— … de la misma forma en que las estrellas de su interior son negras —Balbuceó, maravillado por las diferencias en el despliegue de la presencia de ese ente.
—Te concederé cualquier deseo, siempre que este dentro de lo posible — Advirtió el oscuro dragón ante la presencia de sus invocadores.
Pero un silencio persistió en lugar de peticiones.
—No puedo hacerlo— Expresó Bulma, cayendo de rodillas ante la desconcertada faz de su compañero de aventuras.
—¿Qué sucede? — Le preguntó, intentando ponerla en pie. Sin comprender a fondo la terrible problemática en la que esa mente indagaba. Ella dibujaba una a una todas las consecuencias en el deseo que intentaba conjurar, analizando todas las probabilidades catastróficas que sus palabras podrían volver realidad si no tenía especial cuidado en sus especificaciones.
—¿Qué podría pedir que no comprometa al presente? — Tomó ella respiración desesperada por no encontrar una opción viable que restaurara su planeta o las vidas afectadas de forma aceptable y concluyente—¡No puedo arriesgarme a pedir algo que impida esta realidad sin desaparecer o afectar también a nuestros aliados!— Exclamó enrabiada por las pocas probabilidades de salir ilesos con solo un deseo para remediarlo —¡No voy a arriesgar la existencia de mi hijo!
—Pero podríamos traer de vuelta a los que se fueron— Insistió el joven sin entender de lleno toda la ansiedad por la que ella debía estar pasando, debido al análisis mucho más complejo del que él podía emular.
—¡Regresarían a la muerte! — Le reprendió levantándose exasperada, pasando la mano por su propia cabellera intentando acelerar el pensamiento denegado por si misma — ¡No podemos arriesgarlos a regresar a un planeta que ni siquiera sabemos si sigue habitable! ¡No puedo tampoco perjudicar el poder obtenido por ti y Vegeta!
La terna de opiniones obnubiló la visión de ambos, inconscientes no solo a una solución sino a las circunstancias que les rodeaban, no escuchando la advertencia del dragón a punto de desaparecer, ni de una presencia no invitada al espectáculo acontecido.
No se percataron del momento en que un intruso, al que nunca escucharon aterrizar, desafiaba las pocas probabilidades de sortear las puertas de la desgracia. A un paso de ellos, traicionero y sigiloso aprovechó el titubeo, gritando con el tope de sus pulmones asombrados las palabras que confirieron una terrible desazón a los dos testigos de ese infortunado descuido.
—¡Quiero ser el guerrero más fuerte del universo! —
Un segundo más bastó para alarmar el pensamiento de los seres a los que arrebató la irrecuperable oportunidad el hermano menor de los Heata.
Consumidos por el arrojo con la que ese innoble ladrón se beneficiaba al instante en cada poro de su ambicioso ser. Su transmutación fue instantánea sin importarle la advertencia oscura detrás de esa petición. No le importaba morir si con eso conseguía ejecutar su venganza. Gas se transfirguró excediendo los límites de su fuerza y la de todo ser en ese momento específico del tiempo. Comprendiendo el único oponente digno presente, que tendría solo segundos para evitar una catástrofe mayor.
—¡Bulma sal de aquí! —Rugió el saiyajin incapaz de parar la tempestad que comenzaba a sofocarles, desatando el beneficiado de ese deseo, todo el raudal de sus recién adquiridos dones. El perplejo saiyan no fue suficientemente rápido para interceptar el terrible dolor de la rodilla clavándose en su rostro y enviándolo a encontrarse con el fondo del acantilado en devastador modo.
Temible ser de colmillos brotando en la frente; Gas dirigió la siniestra sonrisa en torno a la humana enmudecida presenciando lo que seguramente sería su final.
— La maestra tecnóloga… Patética criatura— Tomó del brazo a la boquiabierta fémina congelada —Seguramente Hoi encontrará útil interrogarte— Declaró sin comprender el motivo por el que una criatura de tan pobre fuerza era considerada uno de los enemigos más formidables del imperio.
Su distracción sirvió al resurgido rival, quien clavó su cabeza brutalmente en el plexo del infame monstruo, alejándolo al minúsculo horizonte por la potencia del golpe.
—¡SAL DE AQUÍ! — Ordenó enfurecido a su protegida, comprando con su vida minutos para garantizar su libertad. Minutos que en realidad fueron insuficientes segundos.
— Ahora los recuerdo — Susurró estando de vuelta el insuperable contrincante azulado en tan solo un parpadeo —¡Arderán por haber provocado la muerte de mi hermana! — De inmediato apareció al frente de la mujer incapaz de procesar la velocidad con la que ese sujeto la había prendido del cuello, dispuesto a despedazarla.
—¡Déjala! — El otro joven intentó interponerse de inmediato, siendo repelido por un gancho que le llevó al suelo sin esfuerzo. Se levantó haciendo uso de todo el poder en sus reservas, llamando la atención del verdugo al frente —¡Tu deuda es conmigo! ¡Yo lo hice! —Declaró desmoronando el acantilado por la fuerza con la que su poder brotaba de su aura electrizante.
—¡Gokú!… ¡ salv…a Trunks! — Gritó ella aceptando su destino a cambio de comprar la seguridad de su hijo ahora gritando en la distancia superior por el desbalance de la nave ante las corrientes.
—Me quitaste algo importante — Gas declaró con una risa insolente — …y te devolveré el favor— Volteó arrojando al terrón en pie la delicada figura en su poder, disfrutando los aterrados ojos verde-azul que comprendían a la perfección cual sería el siguiente paso — Despídete de tu amada— Materializó una sola cuchilla en la punta de la frente nívea de la mujer.
Pero la daga jamás llegó a su destino, acelerando su enemigo el único ataque que podría poner distancia entre los seres vulnerables a los que protegía a riesgo de su propia seguridad. Cavando en plena dificultad la tumba de sus posibilidades al teletransportarse, junto con Gas, al único sitio donde no podría causar más daño. Concretado con ello también su propia derrota.
_….._
Su menuda forma apenas tenía energía para responder. El hambre había desaparecido sin que así ella lo quisiese. Pero su fuerza de voluntad era tan grande como su espíritu, no cedería a pesar de lo que le hiciesen. Sus extremidades dobladas en formas imposibles debido a las torturas utilizadas y su interés se desvió del dolor a la puerta, abriendo la cerradura otro saiyajin, pero de aspecto mucho más joven al de todos los observados, por un momento Cheelai creyó encontrar una chispa de tranquilidad en su presencia, confundiendo su indiferencia con desagrado por el acto atestiguado.
—Por favor— Intentó articular casi desfallecida por sus heridas —¡ayúdame por favor! — Dijo como último recurso, aterrada al ver ingresar en la otra camilla flotante a su leal compañero en un estado mucho peor al de ella, sin siquiera capacidad para cerrar los ojos enajenado por su propio subconsciente.
Pero el alto joven que la estudiaba, no tenía intención alguna de acabar con su miseria .
—Niña tonta — El anciano rosa resolpló hastiado —Obstinada criatura inservible, revélame dónde están— Se acercó a la otra camilla hiriendo con la filosa uña un corte sobre el abdomen casi inexistente de Leemo—Quizá de ese modo salves la poca vida que le queda a tu compañero.
—¡AYUDAME! — No podía soportar más de ello, todo el tiempo pasado, todas las torturas vividas y siendo la última persona en pie para defenderlos de lo que ninguno de sus aliados les había rescatado todo ese tiempo. No podía valer la pena, no podía sacrificar su único amigo por el bien de los que les habían abandonado—¡No lo mates! — Rogó conmovida por lagrimas de derrota, por no poder detener su propio curso de rencor y debilidad, por abandonar las creencias abatida en el amonto de tanto sufrimiento finalmente llegando a desmoronar su pobre conciencia —¡EN YORDEN!
Se materializó de otra dimensión una demencial carrera destructiva, abriendo por completo los muros de la sala de interrogatorios al paso de dos titanes invocados de la nada, solidificándose del mismo aire ante los incrédulos ojos de todos los presentes. Apenas dio tiempo a los más hábiles de hacerse a un lado, arrollando en el paso a los incautos guardias y haciendo tal ruido y cataclismo que era perceptible a kilómetros a la redonda. Se levantó el retador, mismísima visión lúcida del desaparecido Kakarotto, irguiéndose con aun más potencia de la recordada por sus enemigos. Por el otro lado le imitaba Gas, que por algún imposible milagro emanaba una fuerza aún peor a la del ente más temido en el planeta, sin embargo, solo dos seres en la sala eran capaces de sentirlo…y ambos no lo habrían de comunicar al resto por diferentes motivos.
—¡Que está pasando! — La guardia real llegó en un instante, Paragus a la cabeza, atónito por el desenlace de eventos
—¡Broly destrúyelo! —Exigió de inmediato al comprobar que su acérrimo enemigo aparecía de modo tan descarado ante sus ojos.
—¡Es imposible! — Hoi exclamó hilando de inmediato un plan para contrarrestar su desventaja—¡Lo necesitamos con vida!
Pero el joven prodigio no perdió el tiempo, arrojándose ahora en contra del príncipe para ganar una oportunidad y poder huir de algún modo. No habría terminado su ataque cuando recibió la respuesta del otro y Broly estaba recibiendo una paliza de parte del invasor que no pensaba bajar la guardia hasta idear un escape.
—¡Deja de jugar y acábalo ahora! —Paragus no podía dar crédito a lo visto y pasaba del mismo modo la vista sobre el miserable mercenario que lo habría traído hasta ahí, sonriendo sin siquiera mover un dedo para someter el tornado de violencia que había osado traerles encima.
—¿Quién eres? — Broly interrogó confundido, sin poder retraer sus recuerdos para salir de la duda subconsciente que dictaba que habría luchado con él en un pasado. Casi todos sus recuerdos permanecían ocultos de su memoria y era hasta ese momento que caía en cuenta de ello
—¡Soy el saiyajin de la Tierra! — Exclamó determinado en dar el último aliento de necesitarlo así, rodeado, acabado por el yugo del número de enemigos, pero no se rendiría sin pelear —¡Es hora de que rindan cuentas por sus crímenes! — Sin importar el momento, su desventaja, el inexacto momento para poder generar un plan ganador… soltó toda emoción vigente.
De nuevo el ambiente sucumbió a una oscuridad predominante, arrebatando energía y aire, acaparando la vista de los presentes en un aura de fuego rojo sobre su visión apenas manifiesta entre pupilas perdidas. Sucedería un cambio magistral y nadie podría evitarlo.
—¡GAS! — Una voz resonó entre el estruendo, siendo el mayor de los Heata quien exigía de modo silencioso a su hermano terminar con la escalada de poder que podía ponerlos en aprietos. Entendió el menor que su arrogancia le había cegado por un leve instante y se dispuso a acabar con la amenaza.
—¡Ahora Broly! — Paragus exigió al menor anonadado, contrariado por su propio conflicto interno la golpiza y lo presenciado. Aprovechó Gas ese instante para atacar con toda su velocidad y pasar desapercibido ante los ojos del resto. Haciendo uso de uno de los instrumentos del ala destruida para clavarlo de inmediato sobre la fuente de radiación de ese calor y tan rápido como inició, ese desplante terminó.
—¡Lo tienes! — Panbukin exclamó siendo llamado de inmediato por el brujo para tomar acciones en la contienda antes de que alguien cometiera una locura.
—¡MATALO AHORA! —El supuesto rey ordenó a su hijo
—¡NO! — El obeso dirigente intervino sin importarle contradecir a su supuesto líder —¡Tiene una deuda de sangre conmigo! — Se apresuró a justificar, utilizando la ventaja de los curiosos que se aproximaban para afianzar su idea de conservarlo con vida —Tomar su vida es mi derecho… La corona siempre debe reconocer los preceptos más sagrados.
Le retó, ganando un par de murmullos a su favor. Dirigiéndose al verdadero rey entre ellos, quien entró de nuevo en razón y le dedicó un vistazo furtivo al anciano.
—Así sea —Broly externó, concediendo la petición.
—¡Es una orden de tu rey! — Paragus le enfrentó, enloquecido por el atrevimiento de todos —¡Mátalo ahora mismo! — Tomó la solapa del traje de su hijo, sin siquiera meditar en las consecuencias de ello hasta sentir sobre su mano la misma mano de su hijo, quien con un solo apretón le pulverizó los tarsos de esa extremidad cual si se tratara de viles ramitas secas.
—¿Cuál rey? — Susurró el menor, sin importar el grito de dolor de su progenitor bajo su agarre.
—¡Esto es un ultraje! — Rugió entre lágrimas de impotencia, dolor y rabia intentando librarse de la terrible trampa —¡Soy tu padre! —Aludió al último elemento en pie para salvarse a sí mismo, rogando a los dioses encontrar una última gota de compasión en la degenerada mente manipulada de su vástago.
—Lo fuiste — Le sonrió y finalmente, bajo una implacable ráfaga… Lo pulverizó.
_..._
El turbio y rojo amanecer en Yorden la recibió al instante preciso en que su nave aterrizaba, temiendo en haber traspasado el límite de tiempo admisible para hacer algo al respecto. Pasando desapercibida por los radares, activó el escudo resguardando a su pequeño y salió en carrera veloz contra la desesperación de encontrar la persona a quien buscaba para contrarrestar los terribles incidentes previos.
No obstante, sus planes fueron prontamente frustrados, viéndose a sí misma perseguida por una bala humana, cazándole justo sobre sus talones.
—¡Detente! —Escuchó una voz familiar exigiendo —¡No hagas esto más difícil Bulma!
Su traje no era rival para el guerrero que la interceptó, desplomándola de inmediato del speeder sobre la arena.
—¡Maldita sea Krillin! —Gritó deshaciéndose del casco que se suponía la hacía irrastreable —¡¿Qué demonios están haciendo aquí?! ¿Cómo me encontraste?
—Supusimos que Gokú vendría aquí para terminar con la pelea —Explicó recuperando el aliento —Pero recibimos noticias de que de algún modo apareció en Vegeta-sei y será ejecutado más pronto de lo que podemos movernos a su rescate — Talló su rostro sin poder poner un orden coherente a sus pensamientos, a su aparición o la explicación de como la habría encontrado. Simplemente dejando salir toda información tal cual resurgía en medio del desorden de evacuación y gritos a la distancia—¡Alguien delató la base! sabemos que un comando de ataque viene hacia acá, nos hemos quedado para evacuar a todos mientras Bardock, Meerus y Granolah partieron para rescatar a Gokú.
—¡¿Por qué me has detenido entonces?! —Insistió sin dejar de sentir la creciente necesidad de responder a la urgencia.
—¡Yo sabía que regresarías a empeorarlo todo! —Krillin replicó olvidando todo su neutral tono anterior —¡No sé qué tienes en mente, pero creo que ya ha sido suficiente! ¡Ya basta Bulma! ¡Debes quedarte con nosotros y ayudarnos a sacar a todos de aquí!
—¡Tenemos que hacer algo para remediar esto! —Se sobresaltó entendiendo su congénere a que se refería.
—¿No lo entiendes? — Gruñó él, acercándose para atreverse a tomarla violentamente de los hombros —¡YA NO HAY NADA QUE HACER! Probablemente en unas horas estarán sentenciando a nuestro amigo y ni tu ni yo podremos llegar a tiempo… solo nos queda esperar que esos tres lo logren… o todo estará perdido.
—¡No lo estará! — Se apartó con tal ímpetu que apenas era reconocible su iracundo tono — Todavía hay uno más que puede ayudarle.
….
La ansiedad carcomía sus entrañas, ni un momento de paz llegaba a su subconsciente, constantemente torturado por la posición que ahora sostenía. Paria de su gente, abandonado a su suerte y prisionero de los seres que alguna vez protegió. Ahora temiendo por la vida de la única criatura que consiguió embelesarle y que había hasta ese momento cometido el peor acto de traición a comparación del resto. No podía más que pensar en ello, las razones por las que se habría marchado sin más, ¿Habría regresado a ese desgraciado? ¿La habrían capturado ya sus enemigos? Era una tortura constante que se colaba en sus huesos noche y día, a ese paso acabaría pronto perdiendo la razón por completo.
El ruido de afuera llamó su atención, la potencia de energía se perdió y suponía que de algún modo el éxodo fuera estaba ocurriendo. O quizá llegaba un ataque imprevisto y por fin se acercaba el apocalipsis del último mundo libre en la galaxia. Sus guardias: Meerus, Jiya y Omori no se veían por ningún lado y eso solo podía significar terribles augurios.
La luz se apagó, resurgiendo únicamente los faros rojos de emergencia. Escuchó una puerta deslizarse y el olor del intruso inundó sus sentidos rápidamente. Colándose cual tinta negra vertida sobre las aguas claras de su paciencia.
De inmediato su aura oscura se elevó, erizando cada cabello en su cuerpo en una mezcla indómita entre rabia, decepción y ansiedad. No podía ser verdad lo que suponía, no podía ser cierto.
—Nadie lo aceptará…— La delicada voz habló —Pero tú eres el único que puede salvarnos.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Murmuró tan suavemente como grande era su amenaza, tirando involuntariamente de sus ataduras por la invadida cólera con que respondía a la desfachatez de la hembra que se presentaba de nuevo ante él de esta temeraria forma.
—La base estará bajo ataque en una hora —Explicó la científica, entendiendo el motivo del odio recibido, pues cargaba en si misma el olor del sujeto que costó la reputación del príncipe. Supuso él lo tomaría como la última forma de rechazo en su contra, más no había tiempo de explicar todo lo sucedido con paciencia.
—Por mi parte, pueden irse todos al infierno— Gruñó esgrimiendo su pose más feral, con ambos fieros caninos expuestos y los dedos homicidas danzando salvajes —En especial tu maldito Kakarotto —Azotó la cola cuarteando la pared sobre la que se replegaba para controlarse. No había mayor ofensa que esta, el odio acrecentado por el insolente pertinaz que de nuevo intentó retomarla.
—¡Estas en un error Vegeta! —Replicó alterada —Él me encontró en busca de las esferas ¡y fuimos sorprendidos por uno de esos desgraciados Heata! ¡Yo no regresé a él!¡Solo quería invocar mi petición! — Denegó rogando por un milagro que le concediera misericordia — ¡Ese infeliz robó el deseo y se fortaleció de forma imposible! Gokú trató de detenerlo y tuvo que sacrificarse para salvarnos, fue capturado por ellos y ¡Pronto será ejecutado!
—Me alegra que reciba lo que merece — Exclamó el indolente rival, sin dejar de fijarle la vista como si su vida dependiese de ello.
—No lo entiendes— La joven se acercó desistiendo de guardar su propia seguridad —¡No habrá un futuro si no peleas ahora! — Exclamó intentando convencerle con gran urgencia —si no los enfrentas ahora, todo estará perdido ¡Es tu destino derrotarlos! — Pausó imponiéndose sin temor alguno —Ustedes son el día y la noche de la profecía que Raditz escuchó, ¡No puede ser de otro modo!
—¿Qué te hace pensar que movería un solo dedo por ese insufrible bastardo? — Interrumpió de modo tan arrogante que superaba su propia marca —Mi mayor regocijo sería destruirlo con mis propias manos— Gruñó feral, arrebatado entre sus propios rencores —O quizá debería recriminarte a ti, que has costado mi completa ruina.
—Estas tan inmerso en este odio que eres incapaz de reconocer luz de oscuridad— Contestó indignada por tal necedad vergonzosa.
—Oscuridad es lo único que verás cuando me libere de esto— Jaló sus ataduras, indolente al daño causado —¡Malagradecida! — Escupió enloquecido —¡¿Regresas con su olor esperando que crea toda tu sarta de mentiras?! ¡Ya no tengo pueblo o legado alguno! ¡DEJÉ TODO POR TI! aun así, lo buscaste una vez más ¡Mientras yo me quedaba en este infierno!
Comprendió ella lo que en ese instante debía hacer, la razón de la persistencia en su desconfianza, pues no era hasta ese momento, que identificaba la imperdible necesidad de confesar la verdad absoluta que cambiaría el panorama ennegrecido.
—No— Denegó con suavidad, no pudiendo evitar que sus lágrimas escaparan por la intensidad de su emoción —No hay forma de que él pudiese ser para mí, lo que tú eres. Alguna vez estuviste ciego y yo fui tus ojos, es tiempo de que me permitas hacer lo mismo e indicarte el camino verdadero — Exhaló sin poder meditar de un mejor modo lo que habría de anunciarle —El bebé que tuve ese día en el oasis, el pequeño que tanto escozor te ha provocado— Respiró —es tu hijo.
No obtuvo respuesta, reacción o siquiera un movimiento alguno. Cual si hubiese la vida abandonado ese semblante inexpresivo, inamovible estampa que solo subía y bajaba el pecho con un vaivén casi imperceptible.
—Tu eres su verdadero padre, fue en Luna Yamoshi que le concebimos— Se atrevió a continuar a pesar de la tensión generada —Viajé de vuelta con tu heredero en el vientre sin saberlo. Mentí para salvar a todos cuando me enteré. Si solo lo observas con detenimiento entenderás la razón, es toda tu esencia envuelta en mis colores— Le quitó la vista de encima odiando la manera en la que se sentía expuesta, no pudiendo determinar si emanaba en el rabia, sorpresa o entendimiento —Tuve miedo e hice mal en ocultártelo, ¡Pero no había otra forma de evitar una batalla entre ustedes! Todo tiene una explicación, mas no hay tiempo de detallarla ahora — Apremió a su anterior declaración — No habrá más días para hacerlo si no intervienes ¡Eres la última esperanza! ¡Debes pelear! ¡Debes levantarte y probarles quién eres en realidad! — Vociferó convencida en sus palabras, externando toda la fe que con el tiempo él le habría inspirado, pudiendo verlo en alma de mejor manera que cualquiera alrededor. Si no lograba retornarlo de esa ira embustera, nadie más podía cambiar el destino de esa realidad.
—Mientes para ayudarlo— Externó después de un largo silencio, renuente a aceptar lo que ella declaraba ¿Cómo podría solo dejar su última reserva de orgullo para escucharla? ¿Cómo aceptar que todo simplemente era producto de una enorme equivocación? — Tu falsedad me ha hecho más daño que cualquiera de esos bastardos, que el mismo Paragus incluso… —Siseó convencido en el rencor de ello — Todos intentaron asesinarme, pero tú me destruiste.
—¡NO! — Replicó recelosa — Si has de culparme de algo, es únicamente de elegirte sobre mi deber, en contra de todo lo importante, en contra de mi juicio y de mi familia. Siempre fuiste solo tú— Se defendió insistente, eliminando toda distancia entre ambos ya sin importarle estar enteramente a su alcance, pudiendo sentir sobre ella el calor del cuerpo del saiyan trastornado entre confesiones y negación— Sé que tú mismo lo sabes— Bajó su voz titubeando en demostrar tal sumisión frente a una fiera enbravecida — Viste todas mis señales, las viviste por igual ¡Así lo sentimos ambos! ¡Esa es la razón de esta necia obsesión a pesar de todo lo que ambos perdimos! De todo el mal que hemos causado ¡El vínculo siempre fue tuyo! Eres a quien amo — Se arrodilló de frente, ya indolente a la reacción que él pudiese tener, si debía acabar con ella o rechazarla, si debía apostarlo todo dejando de lado todo lo que la hacía ser quien era. En medio de todo ese infierno vuelto realidad y rendida ante el hombre que le había arrebatado la cordura hace tanto — Heme aquí, de nuevo en tu búsqueda y suplicándote un milagro, porque aún creo en ti.
Se permitió colapsar, apesadumbrada por la aplastante celeridad, sin notar la rigidez con la que él se contenía a solo un minúsculo paso de tocarla. Incapaz de hablar, ceder o reaccionar, sabiendo en el fondo que había un grado de verdad, pero incapaz de doblegar las palabras para admitirlas.
¿Era verdad o era mentira? Sin prueba alguna para comprobarlo pues el tiempo que requería develarlo no era posible de conceder. El fin del mundo a la vuelta de página y todo requería que él tomase un paso de nobleza, un camino de fe ciega tomando la mano de la única criatura que habría amado, la que una vez más debía ser sus ojos entre la densa niebla de lo adverso.
De inmediato constató que ella colocaba un dispositivo entre las ataduras y bloqueó toda señal. Liberándolo a pesar del riesgo que él suponía para ella o el mundo entero. Derrotada por su necesidad, aceptó su suerte bajo su escrutinio, vulnerable como jamás se habría visto.
Era una minúscula hoja de temblorosos dedos, doblegándose voluntariamente ante el paso de un poderoso huracán y lo miró, sin esperar que siquiera le correspondiese. Declarándole ella su amor en su gesto devoto a pesar de todo lo que esa liberación significaba: la renuncia a sus deseos, la renuncia a su escape y vida. Y cuando lo observó extender su mano, esperó lo peor sin defenderse.
Pero recibió a cambio una caricia, en un inesperado roce devoto en el mismo grado de adoración.
No había palabras que decir, acto que valiera suficiente para expresar lo que los dos necesitaban. Solo el silencio de toda una vida entregada en tan poco tiempo de experiencia. Ella solo pudo tomar su rostro entre manos para anclarse al presente.
—Por honor, por tu destino, ¡Por el futuro de todos!… Por mi — Se atrevió a murmurar, regalando reverencia desde los grandes ojos azules fijos en su aura. El eco de las alarmas, gritos y el planeta colapsando al caos eran irrelevantes a su pequeño universo detenido— ¡Tienes que salvarlo!
Y de una manera imposible de interpretar, él le sonrió.
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Una enorme disculpa por la tardanza, solo un capitulo para concluir, ha sido duro porque el trabajo de fin de año no me daba tregua, además un poco triste por otras cuestiones, pero aqui esta para mis lectores que andan por ahi, sus comentarios han sido la razón de no rendirme ya que no fue tan buen escrito jeje pero por lo menos a algunos les gustó y eso es suficiente. Gracias por no dejarlo y acordarse de mi.
