Lamento la tardanza excesiva, sin embargo no encontraba la inspiración para escribir el final. Espero de verdad no decepcionar a nadie y si alguien sigue por ahí leyendo que sea de su agrado la lectura.
Tuve que dividir en dos el cap porque estaba demasiado grande jeje.
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La brisa del principio de la temporada lluviosa en ese agreste mundo, decoraba los rincones de sombras en cada porción del paisaje olvidado. Habría pasado una estación de ciclo entera desde que el nuevo heredero de la indultada casa de Seri-ka, emergiese de su periodo de incubación. Desde el momento en que abrió los ojos, el supuesto padre adoptivo comprendió que trataba con la exacta réplica del sujeto que más odio y celos le habría provocado en vida. Total similitud en distraída conducta y su alegre carácter bondadoso.
Pero ese hecho no era suficiente para evitar inmiscuirse más de lo debido con el cautivador talante del pequeño. Acudía Raditz esa tarde a la unidad de condicionamiento temprano; una vez más para aclarar lo que debía hacer pasar como un mero malentendido. Otra actitud inconsecuentemente piadosa, producto del carácter de Gine y heredado en exacta medida a su hijo y ahora nieto. Era esta peculiaridad lo que vergonzosamente hacia a Raditz tener mayor afinidad a su supuesta cría, a quien en ese momento le otorgaba una acuosa mirada enrojecida entre sus grandes ojos negros.
—¡Paaa! —Balbuceó, cambiando el rostro de un tono alegre al distinguir a su guardián.
—Guarda silencio cachorro— Raditz ordenó un tanto avergonzado, recomponiendo su previo ademán para confrontar a los encargados de la división quienes lo sostenían poco conmovidos.
—Tu hijo es un caso perdido — El teniente replicó, soltándolo en el suelo con desdén —No acepta la inducción de ataque y sus respuestas defensivas son terribles.
—Son pormenores irrelevantes — Le disculpó su tutor, interrumpiendo el frecuente discurso siempre traído a colación en cada unidad que el niño pisaba —Ustedes han medido su fuerza y es mucho mayor a la de incluso algunos adultos —Volteó en dirección de uno de los soldados encargados del área abochornado, dejando en claro su válido punto.
—Aunque así lo sea — La mujer de notorias marcas entradas años espetó displicente — No es de utilidad para un escuadrón de ataque o conquista planetaria. No sirve para pelear — Señaló al sonriente bebé jugando con su propia cola abstraído.
—¿Qué estás diciendo? —Raditz lo retiró de su vista, levantándolo del suelo ofendido por tal ignominia — Esa cría vale diez veces lo que tus malditos sirvientes —Viró colocándolo al frente del resto de guardias gruñéndole.
—Quizá deba ser reprogramado en la capsula, con otro perfil de desarrollo —Añadió el teniente, disculpándose con ambas manos al aire al presentir el molesto gesto de su superior.
—¡Nada de eso! — Gruñó el mayor, arrojando al atrevido soldado al suelo y tomando al crio del traje para llevarlo de vuelta —Yo mismo lo entrenaré si representa un reto insuperable para sus pobres mentes—Desistió de seguir intercambiando necias pretensiones.
Sintió el peso de una pequeña cola enroscarse suavemente en su muñeca, intentando cambiar de posición, incómodo por el modo de ser transportado cual si fuese una bolsa. Ante la demanda insistente, Raditz paró , observando como con una determinante mirada el pequeño encontraba su paso a voluntad, girando con inusual fuerza hasta poder asir su brazo que ahora abrazaba.
Dedicó una sonrisa abierta y complacida en dirección a su cuidador, que le habría visto hacer ese mismo movimiento cientos de veces desde que pudo moverse. Suspiró el mayor, dándose por vencido y curvando minúsculamente su labio ver al bebé instalarse en cercanía, dando balbuceos alegres al presentir que Raditz levantaba el brazo para permitirle acunarse.
—Eres demasiado blando Goten —Murmuró resoplando—Eso no te ayudará en un mundo como este—
El pequeño solo relegó la cabeza en su pecho y este simple acto dio un sentido de impaciencia a su portador. Cual si sostuviese un ente de tal pureza que no merecía siquiera tocarle. Por un momento maldijo el momento en que ese ser entró en su vida, haciéndole cuestionar su derecho a mancharlo con sus propios conceptos viciados, a arrebatar la futura grandeza sin precedentes que seguramente imitaría a su legítimo padre, a ejercer ese derecho a llamarlo suyo.
Un afortunado evento en las calles le disuadió de continuar tales reflexiones, un destello gigante proviniendo de los cuarteles de interrogación al pie del castillo. El destello se volvió un terrible sismo, presentido desde cada porción de suelo en la capital. Fuese lo que fuese, suponía que algo terrible estaba apunto de suceder y una insidiosa corazonada le indicaba que tenía una relación directa con su propia causa.
Voló sin pensarlo hasta el sitio del desastre, al igual que una centena de curiosos abrumados por tal despliegue sin sentido, destruyendo tan súbitamente sus moradas antiguas como el destello de un trueno insospechado. Y radiando su supremacía entre el desastre hecho, emergió de los escombros el rostro invocado del último ser que esperaba ver ese día: desde los rincones más olvidados en la galaxia, estaba ahí el único semblante que robaba paz al portador del pequeño hibrido entre sus brazos, por un impensable revés del destino, tenía frente a sí al padre del niño.
'¡Yo soy el saiyajin de la Tierra!'
Todo ser presente escuchó.
La furia era vertida en cada onda calórica que emanaba, desesperado por encontrar un paso adelante en una batalla que se vaticinaba perdida desde el inicio. A pesar de las visibles desventajas, por un asombroso milagro se levantaba aun frente a ese tremendo titán de oscuras intenciones y un destello de duda invadió el rostro del temible Broly cuando presintió que en el fondo trataba con un ser a punto de destronar su propia leyenda con una nueva clase de proeza inalcanzable.
'Es hora de que rindan cuentas…'
Comprendió entonces Raditz lo que estaba por suceder. Ese impensable fenómeno de la naturaleza con el que se emparentaba, rompería alguna clase de límite que ninguno de ellos habría sido capaz de reconocer, pues en miles de años jamás algo parecido habría sido presenciado. El brío de energía era tal, que parecía cambiar los tonos de esa conocida transformación, cual si volviese al estado mas puro de creación en toda su especie y en el filo de esa necesidad sus ojos rojizos irradiaban un verdadero castigo proveniente de los dioses.
Lo que ocurrió a continuación no fue del todo claro para los ojos que no pudiesen seguir tal nivel de combate. Sin embargo, apareció detrás la figura del mercenario al que Raditz mismo habría abierto las puertas de ese mundo y de modo innoble clavó en la espina de su hermano el infame somnífero que acabó con la bravía tormenta emergiendo de su cuerpo.
En unos segundos, todo terminó.
Intentando cerrar su propia mandíbula, el mayor observó como aprisionaban y llevaban al caído sin rasgo de conciencia al interior del destruido palacio. Sin que explicación alguna surgiese para desmentir la absurda realidad, donde un ente de tal poderío pudiese ser rebasado por un mero instrumento creado de la nada en la propia mano del menor de los Heata. ¿Qué clase de magia o poder poseía para haber vencido en un solo movimiento a ese prodigio de la fuerza? Ni siquiera el mismo Broly entendía a ciencia cierta lo que estaba ocurriendo, razón por la que no parecía reaccionar siquiera a la orden del supuesto rey exigiéndole la vida del prodigio.
Suplicó Panbukin el derecho a liquidar al vencido, a quien en opinión de toda la concurrencia ni siquiera merecía tener en cercanía, un gruñido inherente a esa infamia se podía escuchar en cada ser presenciando la absurda vuelta de eventos que su propia tradición exigía y ante la sorpresa de todos, el joven monarca accedió. En ese instante, Raditz miró al vástago de su hermano asombrado, sin comprender en absoluto el destino que su propio progenitor enfrentaría. Así como indigna era la pertenencia del niño al que ahora se declaraba su tutor. Entonces, comprendió un hecho mucho más allá de lo que cualquier lección a largo plazo le hubiese concedido. Toda esa realidad era injusta.
Injusta la forma en la que su propio hermano perecería a manos del infame artero que cercenaría la cabeza de quien era quizá el mas asombroso combatiente que jamás hubiese compartido su sangre en toda la historia de sus ancestros, injusta la hechura de esa cultura que concedía de forma arbitraria la imparcialidad a quien no la merecía, e injusto que no encontraría forma alguna de rebatir ese indecoroso final, pues a plena vista del resto el heredero del reino arrebató sin más la vida del hombre que le engendró. Sin siquiera atisbo alguno de culpa o rabia, de conciencia o entendimiento siquiera. Y mas de uno contuvo el aliento.
'Lo fuiste'
Resonó como la única coherencia declarada en toda esa demencia.
Los testigos corrieron en reversa, presagiando la perdida total de la razón del nuevo monarca ahora ungido con la propia sangre de su único predecesor. Y así mismo, Raditz se encontró alejándose del caos y el pánico general, resguardando entre manos la única carta que suponía tendría el futuro de todo su planeta, pues en el momento en que su hermano fuese asesinado, no habría forma de ganar sentido coherente a la vida de ninguno de sus habitantes, por un largo periodo tildando a eternidad.
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El pánico general ante el deceso salvaje del monarca concedió el asilo necesario para que un par de hermanos congeniaran otro tipo de intercambio furtivo. Ninguno de los ojos prestaba atención, así como incongruentemente los hermanos Heata ignoraban de forma sublime el devenir de eventos impensables a pocos metros de ellos.
—¿Cómo lo hiciste? —Elec murmuró, haciendo un esfuerzo por contener la sorpresa por el brutal cambio de su hermano, al tiempo que el asombro cegaba y ensordecía a los testigos de la carnicería.
—En el planeta donde esa mujer estaba … — Gas murmuró con el siempre estoico semblante —Había una clase de dragón — Volvió el rostro resintiendo sobre sí mismo, todo ese inmenso cúmulo de fuerza esperando ser desenvuelta tan solo con su voluntad —Habló sobre una clase de deseo, supuse que una magia inexplicable ocurriría y solo me adelanté a sus planes— Cerró los ojos sin querer enfrentar la complacida sonrisa del otro — Yo deseé ser el más poderoso— Aseguró entusiasmado, buscando en los ojos de su hermano la aprobación requerida.
—¡Calla! — Interrumpió el mayor su arrogante estatuto, verificando que nadie más pudiese escuchar —Tuvimos suerte de que ese imbécil de Broly hiciera esa barbarie, nadie pudo cuestionar la razón por la que venciste de un golpe al tonto que Broly no pudo vencer — Repitió el hecho cual si fuese una necesaria recapitulación, asombrado por la propia buena suerte sucumbiendo en sus manos del modo más fortuito —No debemos permitir que nadie sepa nuestra ventaja ¿entiendes?
—Pero …— El menor tragó sin comprender la renuencia a rebelar que eran ellos ahora los nuevos amos del universo conocido —¡Ahora nadie puede vencerme! No hay otro ser en el universo que ..
—¡He dicho que guardes silencio! — Se impuso aún más altivo — ¡La fuerza no lo es todo imbécil! — Lo sostuvo de forma avasalladora, utilizando la ventaja infinita de la ingenuidad en su herramienta más útil —¿No has notado la forma extraña en la que ese anciano controla al príncipe? — Miró en dirección al inmóvil individuo recibiendo instrucciones de la mano de su nuevo consejero de artes místicas —No sabemos que clase de métodos utiliza, podría utilizar esa maldita magia para ganar un peldaño sobre nosotros y controlarte del mismo modo.
Al fondo, levantaban el desastre los sirvientes encargados y al comprobar temblorosos que el nuevo rey no habría caído en la completa lujuria por la sangre, la cuadrilla de ayudantes decidió no hacer mayor algarabía. La impertérrita estampa del joven era desconcertante y tan amedrentadora como la peor de las amenazas. Cada alma presenciando el hecho temía por la fragilidad de sus vidas. Cada una cuestionando el futuro del imperio bajo la brutal mano del nuevo líder.
Todos menos menos el viejo Hoi, a quien el acto confirió la mas bizarra sonrisa, cual si presenciase la escena mas inspiradora jamás confeccionada, en sus surcadas arrugas yacía la plena certeza de saberse el vencedor definitivo en todo el universo.
—Ese demonio podría encontrar la forma de despojarnos si permanece vivo mas tiempo — Musitó Elec a los finos oídos de su aliado.
—Es imposible — El menor volvió a denegar renuente a comprender —No tiene oportunidad de…
—Tu poder tiene hechura mágica — Agregó el mayor, asesinándole las ínfulas de grandeza —No es tu legitimo alcance. Quizá tendrá una forma de revertir lo que has conseguido — Dio un par de pasos atrás repasando el nuevo plan que se gestaba en su interior y guardó silencio, resguardando para si todo pensamiento —Pero encontraremos la forma de deshacernos de él — Retornó la comisura esa desagradable curva engreída —Solo debemos esperar un poco más para por fin hacernos de este sueño, seguramente darán el paseo de la derrota a ese pobre diablo y durante su ejecución…los aniquilaremos — dio una palmada condescendiente en el brazo del otro —El brujo estará tan ocupado en mantener a raya a su títere que no sospechará nada, descubriré cual es fu fuente de poder. Seré el emperador que este mundo necesita como siempre sospechamos— Instaló una vez más la falsa sensación de apoyo en su víctima, eligiendo sus manipuladoras palabras —y el mundo agradecerá que eliminemos todo rastro de estos miserables seres. Somos la esperanza del universo. Este revés nos ha acortado el método para deshacernos de todos los malditos saiyajin y restaurar el orden que siempre debió existir con nosotros como lideres.
Y así, toda mente ventajosa en el tablero partió en direcciones opuestas, resguardadas por los monstruos de su creación, quienes carecían de capacidad para distinguir la nauseabunda esencia de sus esclavistas utilizándolos.
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—¡Esto es un desastre! — Rugió el actual general de inteligencia, descompensado por todas las imágenes desordenadas de lo que acababa de vivir, el crio en su mano intentaba alcanzar la carga que furtivamente había robado de los despojos olvidados.
Ingresó en su ala principal, el único representante en vegetasei de la casa de Seri-ka, tirando en el suelo a los dos prisioneros rescatados en medio del desastre en las inmediaciones de palacio.
—¿Cómo demonios llegó aquí Kakarotto? —Interrogó Raditz a la casi moribunda chica, temblando debido a los efectos de la hambruna y dolor, apenas compareciendo ante el nuevo captor como un indefenso cadáver aferrándose a la vida.
—No …lo sé —Cheelai contestó, cubierta en sus inexistentes lágrimas, anhelando por lo menos un sorbo del liquido que por tanto tiempo habría faltado a su famélica estampa.
—¡¿Cómo fue que le capturaron?! — Siguió él sin dejarse enternecer por la patética mujer pereciendo —¡¿Fuiste tu quien les delató?! —En el tambaleante devenir de su ceja rodaba la incertidumbre de un hecho que le causaba escozor ¿Habrían perdido la guerra los rebeldes? Y principalmente esperaba conocer la verdad que más dolía reconocer: ¿Qué sucedió con sus padres?
—No…no…— Intentaba ella hablar con una inexistente voz, casi vencida por el cansancio.
—¡Déjala en paz Raditz! —
Se abrió paso en los grandes portales Milk, corriendo en torno a su hijo, observando preocupada a la desfallecida chica sin comprender en absoluto todo lo que estaba ocurriendo en la ciudad.
—No te entrometas humana —La reprendió su jefe de inmediato, hincándose para sacudir a la chica maltrecha antes de que terminara de desmayarse —¡¿Dónde esta el resto de ellos?! ¿Rebelaste al maldito Panbukin la ubicación de la base?
—¡Está completamente débil! —Se interpuso la recién llegada, flameando un descontento que apenas correspondía a su adquirida fuerza —¡La restauraré y después harás tus preguntas! —Exigió, intentando retirarla de la posesión de su supuesto amo al que jamás dio signo alguno de respeto.
—No lo entiendes —Viró Raditz en un tono jamás escuchado por ser vivo alguno —¡No hay tiempo! — Explicó rebasado en preocupaciones indignas para su estatus —¡En este momento tienen en su poder a Kakarotto y estoy seguro de que van a ejecutarlo!
El rostro de Milk se congeló, bebiendo de la angustia del otro en la misma medida que su estómago se constreñía por tal inverosímil noticia.
—¿Co… cómo es posible? —
—¡No lo sé! — Cortó alejándose en zancadas hasta el ventanal, esperando que su desesperación no hubiese servido como estupidez certera para revelar a sus enemigos lo hecho —El miserable Panbukin exigió ser él mismo quien lo liquide — Reconoció en baja voz, sin querer admitir lo que esa afirmación realmente desataba en su subconsciente. Una alarma repugnante subiendo cual espuma en carrera veloz —El desgraciado planeó todo desde un principio, estoy seguro.
—No puedes permitirlo —
—No puedo hacer nada al resp…—
—¡Es tu sangre! ¡Es tu hermano! — Fijó los grandes ojos negros repletos de miedo —¡Quizá el único recuerdo que quede de tu padre y madre! — Insistió ella intentando obligarle a verter lealtades de humanos sentimentalismos por su propio hermano—Eres muchas cosas terribles ¡Pero no eres un bastardo indolente!
—¡Silencio! ¡No te atrevas a echarme en cara eso! — Gruñó erizando de modo salvaje su cola ante la desfachatez de ese hecho—Ese imbécil decidió su propia suerte al darle la espalda a su imperio y no arriesgaré mi pellejo por salvarle ni un solo cabello de su indigna cabeza.
—Eres un pobre diablo — Frenó la humana su ímpetu previo —Estas tan cegado por celos que no te das cuenta de lo mucho que en verdad te afectará verle pasar por ese amargo final — Recusó con la vista en alto, segura de su vaticinio acertado—Él es justo e incorrupto entre toda tu casta, el hijo más poderoso de tu linaje, destrozado bajo la bota de tu enemigo más odiado, ¡el ventajista traidor a tu padre!— Prosiguió la larga lista de ofensas —No lo hagas por beneficio de tu hermano, sino por el legado de tu propia casa…¡El recuerdo de lo que tu padre representaba!
Pero el otro permaneció impertérrito a la clara defensa de ese caso. Sin animarse a morder el anzuelo de lo único decente que podría hacer por seguir siendo un digno hijo del único saiyan loable en toda su generación de guerreros.
—Te tomas demasiadas consideraciones absurdas por salvar a un imbécil al que ni siquiera le importas — Se apresuró a disuadir el juicio de la humana lastimando su afamada condición como fiel seguidora incondicional del virtuoso saiyan de la Tierra— ¡Kakaroto eligió a otra! Prefiere a su perfecta humana a la que obedece y protege— Musitó indolente al tremor en sus ojos —Tú no eres nada para él. Eres una tonta si piensas que de algún modo te corresponderá. Aunque me ruegues intervenga o tu misma intentes rescatarlo, si acaso logras librarlo de esta muerte, jamás te amará como a ella, tonta mujer idealista.
—No me herirás con eso, ni me desanimarás si es lo que esperas — Se apresuró ella a interrumpir, comprendiendo a la perfección los motivos de su supuesto aliado al intentar dañarla con viles estatutos. Pues él mismo tenía esa vigente herida inscrita impidiéndole actuar contra el rencor— A diferencia de ti… El amor que otorgo no tiene la condición del reconocimiento— Soltó, haciendo al otro tensar los hombros por la dureza con la que esa lección era recibida — No necesito aprobación, la devoción o favor de quien amo. Me basta lo que siento para entender que es real, que siempre lo será y eso me hace ser lo que soy.
Desistió de continuar, renunció a cosechar el placer de dejar sin palabras a su oyente, alejándose a toda velocidad con su pequeño dormido entre brazos.
—¿Dónde crees que vas? — Se atrevió a cuestionarla.
—A atender esa pobre chica… — Concedió sin voltear—y después haré lo que sea debido.
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El atardecer era rojo. Pero no el usual color tenue de cálidos despuntes surgiendo en el horizonte. Había en el aire una promesa mortal, un horrendo murmullo de sangre carmesí con el que cada alma era impregnada ante el salvajismo con el que sería desvalijada la vida del único ente benévolo entre esa sociedad decadente. Así despedían el ultimo día en que esa supuesta guerra aguardaba el encuentro entre los que alguna vez fueron iguales, mientras una pequeña flota de reconocimiento montaba en sus naves dispuestas a esperar las ordenes de asalto en el planeta que ahora todos identificaban como el ultimo refugio de la resistencia.
En las catacumbas más recónditas del castillo, abusado y desteñido de toda su previa gloria. Yacía encadenado el despojado héroe enemigo. La joven promesa que escuchaba eco del discurso de los jefes en niveles superiores, vitoreados por los pocos seguidores que ahora conservaban la certeza de que la rebelión seria aplastada sin piedad bajo el yugo de esos impíos amos.
Por la mañana, la coronación del nuevo emperador sería concretada. El obsequio mas destacable entre los esperados sería la cabeza cercenada del saiyan de la tierra. La cual habría sido prometida por a los fieles seguidores de sus negras andanzas y el mundo entero atestiguaría la última marcha de muerte del traidor. Para quien toda pompa y ceremonia no había sido escatimada en humillaciones repensadas con tal de dar sosiego al poderío con el que terminarían la contienda.
Apenas pudiendo mover sus cansados miembros torturados, Goku se removía entre la paja dispersa de su celda ennegrecida por los restos de cadáveres previos. Los olores pungentes calándose en su nariz y el único consuelo que quedaba es que los guardias que le observaban intentar no vencerse ante el peso cansado de su cuerpo, parecían no prestar especial interés en hacer de su estancia un cautiverio más difícil.
Los cientos de restrictores especializados apenas y le permitían conservar la vida sin drenársela por completo.
—Necesito ir al baño —Murmuró, buscando con ambos ojos piedad entre los cercanos. Pero ninguno de ellos parecía condolerse en lo mas mínimo, siendo que algunos de ellos eran parte de los celadores del castillo cuyos pequeños críos habrían sido alumnos protegidos del prisionero.
Por un momento, presintió la terrible necesidad de verter una indigna lágrima. Pues no podía mantener la frágil esperanza con la fehaciente convicción con la que siempre lo hacía. Sus aliados dispersos por el universo, el único ente capaz de brindarle auxilio era ahora su consagrado enemigo y no esperaba razón alguna por la que un solo aliento de ayuda lo encontrara en ese particular momento de su historia. O por lo menos eso suponía.
Divagaba en pensamientos terribles cuando la oscuridad que lo consumía en mente desistió de seguir engulléndolo. Una mano se acercó, brindando apoyo para que pudiese cumplir su última petición, auxiliándolo a vencer el peso de sus cadenas al liberarle un brazo lo suficiente para poder auxiliarse a si mismo. Lo miró un tanto consternado por la poca visibilidad que la armadura de ese soldado le permitía. Lo vió tomar un paso atrás para darle espacio, sin que el resto de los otros centinelas hiciesen nada por oponerse. Se volteó para hacer lo dicho, mas al empezar su descarga escuchó los tumbos de múltiples golpes y regresando rápidamente la vista por instinto, se percató que todos los guardias estaban desfallecidos. Todos menos quien le hubiese ayudado en un principio.
—Muévete— Susurró el misterioso milagro que respondía su plegaria y el anonadado joven asintió, haciéndose a un lado para verle desmantelar la otra cadena. No hizo más por retirar los restrictores, pues suponía que esos artefactos requerían de otro tipo de truco para ser eliminados y haciendo caso a las señas de su fortuito benefactor, corrió detrás de sus pasos. Siguiendo los laberintos oscuros a pesar de la pobre cojera que en ese momento debía soportar.
Una alarma resonó. Su aliado temporal se detuvo frenándolo del mismo modo detrás del muro, podía resentir el fiero latir en dicha persona, cada nervio en punta repensando la mejor estrategia para salir librados de ese rescate inusual que ni siquiera se atrevía a cuestionar a fondo. Y entonces llegó la primera horda de guardias y atestiguó la habilidad de su rescatador en plena acción.
Su guardián saltó, ágil peleador dispuesto a dar frente a cada grito emergiendo entre los corredores, giró sobre cada oponente dando certeros golpes vitales, discretos ataques de ki lo suficientemente silenciosos para seguirle dando la ventaja del anonimato entre toda la división, pero era destacable la fuerza con la que emprendía cada uno de sus movimientos.
Sin pasar por alto la velocidad con la que vencía cada retador, se preguntó por vez primera quien era ese hombre, por un momento dudó que se tratara de alguno de los amigos de su padre, pues su altura contrastaba con aquella de los que quedaban vivos. Los alcanzó entones un reto a la altura de su defensor, que consiguió dar un golpe de ki sacándolo de balance.
—Suponía que algún gusano traidor intentaría sacarlo de aquí —Beets caminó seguro, sonriendo ante el ente que se levantaba de frente para darle cara —Pero nunca pensé que fueras tú el maldito espía Raditz—Sonrió confrontando la mirada del susodicho —Casi me creí la actuación de tu supuesto odio.
El otro no respondió, simplemente retirando el casco para mirarlo con ojos ausentes.
—¿Y bien? —El retador continuó —¿No piensas decir ninguna de tus ácidas amenazas absurdas? —Tomó pose de batalla, envalentonado por las habladurías de la debilidad oculta en el otro. Más, en vez de recibir las acostumbradas mofas despectivas, el intruso permanecía inmóvil.
Y el saiyan a quien intentaba rescatar, se encontraba del mismo modo perplejo. No por el devenir de esa inesperada respuesta de ayuda, sino por otro debate interno, uno que de modo irreflexivo le hacía comprender que algo más allá de lo que presenciaba estaba por jugarse. Cual si todo su cuerpo gritaba por dentro que ese misterio significaba mucho mas de lo que estaba listo para digerir.
Beets atacó, siendo bloqueado apenas por el otro, haciendo enormes esfuerzos por lograr concretar la defensa sin perder concentración. Algo estaba verdaderamente mal en su actuar. Cuando el giro de su cabello tocó el halo de viento. Cada célula del cuerpo de Goku tembló en advertencia.
—No —Tragó con ambas pupilas dilatadas, sintiendo el trémulo de sus propias manos y en la punta de su boca la necesidad de preguntar lo que su mente ahora habría descubierto —No eres…
Y esa respuesta infectó del mismo modo a su salvador, quien de inmediato perdió el duelo por tal distracción, recibiendo un terrible gancho al estómago que le llevó a perder toda concentración cayendo de bruces al sucio suelo de la mazmorra. Emergió ante los ojos de los dos hombres presentes la evidente forma sutil, de una mujer.
—¡Eres tu! ¡Maldita esclava! —Rugió Beets sintiéndose desengañado, regresando con todo su poder en contra de la humana que desistió de proseguir su farsa. Arrojando al suelo todo aditamento que estorbara para hacer uso de toda su energía sin limitaciones. Y habiéndose despojado del disfraz, prosiguió a desatar lo que por tantos años habría ocultado de forma superba.
Se deslizó, tan certera como imparable, debajo de los pies en su agresor, consiguiendo desbalancearlo para dar ventajosas heridas que consiguieran ponerlo en apuros y en el momento en que el regresó la vista a su oponente, ella ya usaba todo el peso de su mejor técnica cargada en toda potencia de sus reservas almacenadas en la punta de sus experimentados dedos asesinos.
—¡DODONPA! —Gritó, atravesando sin piedad alguna la frente de su oponente a solo milímetros de sus manos. El cuerpo cayó sin gracia alguna, al igual que el otro saiyan arrodillado ante tal espectáculo imperdible.
—Milk— Murmuró sin poderlo creer, sin dar crédito a lo que todo ese tiempo le había sido denegado, reconociendo en instinto y sentidos a quien siempre estuvo plasmada en su subconsciente sin saberlo, a quien fue en realidad la verdadera dueña del rostro que cautivó ese día su razón.
Ella no pudo contener su emoción. Vertida en la pobre renuencia a aceptar la admiración con la que finalmente era reconocida, volteó incapaz de dominar el retroceso de sus lágrimas para continuar. Demasiadas emociones traspasando, distrayendo su conciencia y objetivo, no podía simplemente encontrar las palabras para declarar el triunfo de toda una vida perdida entre anhelos a solo un paso de poder tocarlo.
—Eras tu —Afirmó él, aun sin poder siquiera parpadear —Todo este tiempo…fuiste tu—Tragó incrédulo y gobernado por el consuelo de la verdad resurgida. Asentando finalmente la ultima pieza faltante entre todo ese enredo imposible de consolidar, finalmente viendo de frente el gran regalo que la vida le hubiese reservado desde el principio de su historia.
—No hay tiempo Gokú, ¡No ahora! — La conmovida humana encontró su voz de vuelta, apremiando al boquiabierto hombre de sus sueños a seguir—Debo sacarte de aquí antes de que...
—¿De qué, querida? —
Escuchó ella la terrible voz de sus pesadillas.
Y al instante se desplomó, presa de un traicionero disparo que la inmovilizó.
—¡No te atrevas a tocarla! —Saltó el saiyan sin cola en su defensa, combustionado por la adrenalina instintiva de proteger a quien siempre debió ser su verdadera pareja. Bebió el invocado raudal de energía irreflexivo y sin que Panbukin lo esperara, recibió el traidor en su temple desnudo un tremendo puñetazo. Incrustándolo de espaldas a la pared, antes de que otro fortuito disparo consiguiera del mismo modo neutralizar a la amenaza, que aun con todo y los cientos de bloqueadores, comprobaba ser suficientemente destructivo para ponerlo en problemas.
—¿Cómo pudo ingresar ella de este modo? —Uno de los guardias interrogó —Beets está muerto.
—Ya no importa —El general limpió la sangre arrebatada en su labio —Dispónganlos a ambos en las picas, adelantaremos la ejecución en un par de horas —Sonrió mirando de frente a los caídos con una media sonrisa —Espero hayas disfrutado el ultimo golpe que darás Kakarotto y en verdad agradezco el enorme regalo que estás por hacerme—Se carcajeó complacido — gracias por finalmente regresar.
Salió a grandes risotadas, mientras sus aliados ejecutaban sus órdenes, disfrutando el prematuro éxito en sus siniestros planes.
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En otra sección de la galaxia, viajando a través del vacío del espacio las conversaciones en el minúsculo grupo de rescate rebelde eran igualmente escasas.
—¡No tienes una mejor chatarra que esta! — Gruñó el desesperado saiyan con la vista clavada en el horizonte cual si esperase un milagro atemporal para materializarse en busca del sitio que anhelaba encontrar antes de que el final profetizado de su hijo fuese concebido.
—¡Guarda silencio Bardock! — Granolah gruñó movilizando cada control y circuito en el panel principal —¡Estoy haciendo todo lo que puedo! —
—¡Ese maldito humano no la modificó lo suficiente! — El saiyan ladró en torno a los otros dos, el sudor nervioso perlando su frente a cada segundo —¡Mi hijo debe estar a punto de recibir la maldita condena! —
—¡Merus! — Reclamó el ceresiano al indolente tercer pasajero —¡Si vas a hacer algo este es el maldito momento para decidirte! — exigió comprendiendo que la unica forma de lograr lo esperado era bajo la hechura divina de su infinita ventaja como un inmortal.
El otro se levantó, del mismo modo oteando la vastedad del espacio con el mismo ceño compungido del resto, debatiéndose en revelar la verdadera naturaleza de su condición ante los mortales que probablemente constarían toda su existencia al comprender la tremenda ventaja en su favor. ¿Quién entendería la verdadera importancia de un trotamundos de su clase? Ninguno comprendería que de renunciar a su estado, no habría un guía que confiriese la ventaja al bando de la justicia por sus propios medios, ya que ni siquiera él mismo tenía por seguro cuales eran sus límites permitidos de intervención. Pero a esas alturas, la decisión estaba hecha.
—Bardock— Susurró cerrando ambos ojos —Lamento haber puesto a tu familia en este horrible predicamento — Viró hacia el par, extendiendo ambas manos, seguro de lo que habría de hacer —Pero debo decirte que has sido un gran dirigente y un buen hombre — Asintió haciendo al otro abrir los ojos al comprender que una gran verdad le sería confesada —Lamento las preguntas que surgirán cuando termines de procesar esto — Merus externó, finalmente abandonando su previa imagen para presentarse en el aura de insuperable divinidad, utilizando los míticos colores de su raza con orgullo y dejando completamente boquiabiertos al par de peleadores expertos —No sé qué sucederá con mi intervención, pero de faltar yo, todo estará en sus manos, sean los valientes guerreros que hasta ahora han demostrado ser, su destino estuvo unido desde un principio, ayudaste a su madre a salvar a su hijo y será el hijo quien te ayude a salvar al tuyo.
—¡Que…¿¡Qué demonios piensas hacer!? — Tragó el mayor, sin comprender en absoluto porque de súbito no podía entender el potencial de poder en el que siempre consideró un mero expatrullero.
—Estúpido saiyan incrédulo — Se carcajeó Granolah entusiasmado por la batalla en puerta —Siempre estuviste en presencia de un ángel—
Y tocando el hombro de ambos, comprendieron que algo increíble estaría por suceder.
_….._
….
El estruendo en el alba hacia imposible conciliar el sueño de los recién llegados.
—¿Qué es ese ruido? —La decaída joven preguntó asomándose al ventanal de la vieja mansión de su casa, desconocidas ruinas donde ella debió nacer en tiempos de paz.
—Quizá los preparativos para la ejecución — Nappa contestó del mismo modo averiguando lo ocurrido en las secciones inferiores de la ciudadela.
—Entonces es verdad— Su hija exhaló constreñida por la dualidad en la que su mente divagaba—Ejecutarán a Kakarotto— Tragó intentando parecer neutral.
—Eso no es algo que deba importarte Hakusa— Su padre adivinó el debate interno —Nuestra lealtad estará comprometida si haces otra de tus malditas escenas — La repredió recordando los muchos atrevimientos hasta ese momento vividos —Acepta las condiciones en las que ahora viviremos, suficientemente buenas han sido las bondades del príncipe al ofrecerte una propuesta como la hecha.
—No voy a yacer con ese maldito asesino— Gruñó la hembra sin siquiera mirarlo
—De hacerlo serías la madre del futuro rey— Se apresuró a corregirla —¿No es eso lo que siempre quisiste? Tu magnificiencia no puede ser desperdiciada en menesteres menores—
—No entiendes nada — Respondió ofuscada —Nunca me importó recibir el título de dama regente— Soltó en un tono mas triste del que hubiese querido expresar. Pues no era experta en absoluto en lidiar con una herida de desamor como lo era con las físicas —No quiero hablar de esto padre.
—Pues no permitiré que caigas en otro de tus absurdos errores sentimentales— Recriminó su mayor observándola dar la vuelta sin escucharlo —Suficientes humillaciones ha sufrido tu reputación al ofrecerte a un miserable que nunca te valoró— Atizó la llama de su descontento pretendiendo hacerla desistir de continuar esa ridícula fasceta herida —¿A dónde crees que vas?
—Lejos de ti—
Voló saliendo de su morada en leve trayectoria, ignorando cada uno de los ecos en la distancia. Los tumultos o murmullos en su dirección, habiendo sido las ultimas semanas vivos recordatorios de que ya no estaba en absoluto en un lugar digno de llamarse hogar. Toda la vida cotidiana en ese sitio parecía ser un cúmulo de erróneas interacciones. A pesar de haber crecido bajo los preceptos claramente supremacistas de su padre, presenciar el abuso en toda claridad era un acto ahora intolerable para su desarrollada percepción propia de lo correcto. No encontraba en el dolor ajeno regocijo o calma, no encontraba ninguna de las aseveraciones de su ideología cumplidas, pues en lugar de sentirse digna representante de la sangre pura de su raza, se sentía completamente sucia. Pagaba su subconsciente las consecuencias de haberse criado en un sistema de libertades concedidas e igualdad, permeando el fondo de su alma. Por un momento se encontró pensando en escapar, pero el dolor de abandonar a su familia era un ancla que jamás se atrevería a confesar a su padre, aunque él fuese la principal causa de su permanencia.
Divisó entonces entre la obscuridad, a la gran muchedumbre culpable del bullicio. Atraída en trance automático cual una incauta polilla a la flama, no pudo evitar colarse entre los espectadores hasta el centro del ágora fijando los ojos sobre la plataforma con los dos entes condenados a muerte. La escena era repulsiva, recibiendo los vulnerables cautivos abucheos, disparos y ofensas por parte de los partidarios del futuro emperador. Indecentes burlas apenas entendibles entre todos los infames oportunistas danzando en torno al principal invitado de la horrenda celebración.
Distinguió la saiyana el abatido rostro del que alguna vez admiró, intentando proteger a la humana de los abusos lanzados en contra de ambos y al igual que ella, distinguió entre los transeúntes a otros exigiendo respuestas, indignados por el trato dado al hombre que veían ser exhibido como burdo trofeo de guerra sin decoro alguno. No podía simplemente observar sin reaccionar.
—¡Es el libertador! — Exclamaban las voces implícitamente marcadas por el único saiyan bondadoso concebido en ese perverso rincón del universo —¡Esto debe ser un error!
Convenientemente amordazado y contenido con los viles artefactos modificados de drenado energético, Goku resentía el maltrato otorgado en cada paso por ese largo camino de humillación. Intentando resguardar tras de sí a la humana igualmente abusada, escuchaba el barullo indolente de nefastos oportunistas rindiendo culto a sus viles usanzas. Llegó al final del recorrido para ser finalmente forzado a permanecer de pie en el cadalso donde todo terminaría.
El canto deshonroso entre calles y llamados envalentonados, dictaba absurdos estatutos de falsa superioridad, los peores festejaban el ver caído a uno de los rivales más poderosos del nuevo rey. No podían esperar por ver cumplida la masacre y devorado el corazón de ese enemigo en la mano del coronado emperador de la galaxia.
Al final del paseo de la infamia, Panbukin esperaba paciente. Vertido en su odiosa mueca pomposa y resguardando entre dedos el aditamento que habría de hacer la completa diferencia en su prometida vida nueva. La mujer que lo habría traicionado, ahora amagada a los pies de su víctima a cobrar, era simplemente un regalo que el destino le ponía en frente y que disfrutaría destrozar con inusual calma. No podía ser mas feliz de lo que en ese momento era.
—Espero que hayas sido tan buen observador como has dicho y sepas manejar las técnicas de tu víctima— El anciano brujo murmuró a solo unos pasos del presuntuoso saiyan.
—Lo soy anciano— Meditó en los pocos segundos que bastaban para concretar su sueño —¿No te he probado acaso mi utilidad e intelecto? — Concedió dando pie a recopilar todas las trampas manipuladas para llegar hasta ese momento.
—Broly esta ahora completamente anulado de conciencia — El viejo miró en dirección a la perturbadora carcasa vacía del poderoso legendario. Sentado a ojos abiertos como mera maquina sin vida —Si fallas, todo esto se te vendrá abajo— El vil hombrecillo se carcajeó de modo imperceptible, observando satisfecho el viejo anillo de Paragus que ahora Panbukin portaba en su dedo medio —Mas vale que tu plan funcione o me verás obligado a cobrar antes de tiempo lo prometido y tus dones con ello.
—Mi alma e inteligencia por la fuerza del hijo de Bardock— Repitió el corpulento general, cual si ensayase el mantra más costoso de su vida —Ese fue el trato y te he dado mi sangre en pago— Observó la roca de las almas en el anillo del anciano, artefacto antiguo con el que secuestraba la esencia de todo ser vivo para utilizarla a conveniencia, dando un trago amargo al comprender que la mitad de su esencia yacía mancillada por el mismo método indigno por el que su antiguo líder compró el favor del anciano —Si ello no es suficiente prueba de mi lealtad, no veo como hayas de convencerte. Ahora dime cual será mi paso a seguir una vez que obtenga ese poder.
—Cuando hayas despojado a Kakarotto— Externó el enano hombre, llamando su atención —Usarás esto— Extendió a su alcance un curioso artefacto ambarino, idéntico al que en ese momento Broly portaba. Los pendientes mas raros que jamás hubiese visto — El ultimo regalo involuntario que me hizo el estúpido Kaioshin del universo. Úsalo al lado opuesto del poseído por Broly. Te convertirás en el ente más invencible jamás augurado— Sonrió —Pero no olvides, que tu pago ha sido cobrado— Se apresuró a conceder —Todos los mundos que conquistes, todas las almas que despojes…serán míos —Levantó su mano tan minúscula como llena en signos de decrépita avaricia y ofreció el pendiente portando la magia que lo haría ser el dueño de cada una de las vidas que creían haberse beneficiado de él.
—Puedes estar seguro— Su nuevo aliado aseguró —De que tenemos el mismo fin, amigo mío— Colocó las manos por detrás, sonriendo a la multitud que se habría congregado a los pies del escenario — Por fin me será retribuido lo que merezco— Relamió su labio superior, tomando sustancia para iniciar con el horrendo espectáculo.
—No te confíes aunque esté en su lecho de muerte — Advirtió el viejo sin quitar su siniestro interés de los ojos del muchacho ya dispuesto en sacrificio —No yerres el ritual. Solo tienes una oportunidad para matarlo o todo se acabará—
Se dio la vuelta, dispuesto a disfrutar del insoportable evento catastrófico.
_…._
—¿Qué esta pasando afuera? — Despertando del letargo entre los pocos rayos grisáceos de esa mañana, la humanoide se atrevió a abrir los ojos estupefacta ante el escandalo y su condición renovada.
—El héroe de tu causa— Contestó la rasposa voz a un lado de su lecho —Esta por ser ejecutado—
—¡No puede ser! — Se levantó angustiada, con la torpeza de sus miembros totalmente esqueléticos sin coordinación alguna —¡¿Tienen al príncipe Vegeta?! —
—No— Su anfitrión corrigió de inmediato—El otro de ellos— Dio un trago audible, sin poder despegar los ojos del vacio ante lo que habría de confesar —-Kakarotto de Seri-ka.
—¿Quieres decir…Son Gokú? — Interrogó igualmente trastornada, cambiando de inmediato el tono con completa suavidad—¿Cómo pudo ocurrir esto? — Llevó las huesudas manos a su rostro, vertida en la impotencia de no poder hacer nada para cambiar esa funesta realidad.
Y ese enorme saiyan, cuya imponencia contrastaba con el pequeño crio que con ternura sostenía, suspiró.
Rendido en su propia lucha interna, en su propia impotencia innombrable y cada uno de los recuerdos del acto que cambió su vida. El rostro de su hermano plagando cada rincón de su torturada mente, trayendo a colación el principio de todas las cosas, en ese inservible torneo del planeta donde le encontró librando una enérgica batalla en contra de otro infortunado huérfano de raza. Recordó el momento en que esos ojos se cruzaron con los propios y le llamó por su nombre, el momento en que confesaba su parentesco y el increíble instante en que de igual forma lo miró portar la misma mirada en la arena de Vegetasei. Sabiendo que, a pesar de todo, dejaría la vida por salvar a un desvalido en necesidad, cual fuese su circunstancia, el siempre sería el héroe.
Y en ese instante, finalmente lo comprendió todo.
—Escucha— Volteó, llamando la atención de la chica vertida en lágrimas incesantes —Debes tomar la nave que esta en el fondo del salón del este— Indicó a través de la ventana la pequeña sala al fondo de su propiedad —Toma a mi hijo y salgan de aquí — Bajó el rostro resintiendo el indomable temblor de la adrenalina, de la incesante angustia y el saber que su destino estaría para siempre sellado en el momento que pusiese un pie fuera del estatus que tanto trabajo le costó lograr —Busquen a Vegeta de ser posible… busquen…a Bardock— Cerró el puño, impidiéndose por vez primera volcar la única lagrima de arrepentimiento que hubiese derramado. Porque reconocía hasta ese momento que él jamás pertenecería al bando que tanta ambición provocó en su ser, sino al camino forjado en años por los pasos de su padre, por el admirable legado de su hermano y por amor al nuevo miembro de su casa a quien siempre consideraría un hijo por igual.
—¿Qué estás diciendo? — Cheelai intentó levantarse para detenerlo —¡¿Oye a dónde vas?!
—Goten — Dio una caricia a la pequeña cabeza del crio sonriéndole — Espero que algún día puedas perdonarme— Recargó su frente en el pequeño, depositándolo en los brazos de la extraña mujer sin querer voltear.
Y partió, con la ultima esperanza entre manos y el corazón finalmente desenvuelto. Así fuese su fin, sabría siempre que al final sus padres habrían de estar sumamente orgullosos de su primogénito.
_…._
El escandalo atronador no era comparable al de alguna de las peleas vividas en toda arena de combate de Vegeta-sei. Cada uno de los habitantes de ese mundo se encontraba ahí, vislumbrando en completo asombro al comandante absoluto bajar las soberbias escaleras, luciendo la gala del mas alto rango y levantando con ello más de una ceja inconforme por el descaro desmedido con el que Panbukin se encumbraba a si mismo. A pesar de que la gran mayoría de ellos esperaba que fuese el futuro emperador ser quien cobrase la víctima, la tradición dictaba que tal traición fuese pagada primero al ofendido del juramento quebrantado.
Al estar a solo un par de metros del sacrificio dispuesto entre un mar indolente de cadenas y marcas de golpes, Panbukin se deleitó en la visión conferida del alto joven iracundo.
—Nos volvemos a ver, sucio paria traidor— Enunció destacando sus últimas líneas —¿No es poético este final en mis manos? — Soltó con risillas mediocres, rodeándolos satisfecho por el odio resentido de ambos—He de sacrificar al hijo del hombre que tantas veces salvó mi vida — Sacudió la cabeza, entretenido —¿No es una verdadera tragedia?
Pero el otro no mostró signo alguno de vulnerabilidad, clavando la vista con la misma voluntad con que siempre enfrentaba cada desatino en su suerte, sin una sola fibra de cobardía y buscando con desesperación la forma de poner a salvo a la otra pasajera involuntaria en ese tranvía del infierno.
—No tengas preocupación, muchacho— Habló su enemigo burlándose quedamente —Esto no durará mucho— Se encogió de hombros extrayendo del peto en su armadura un arma —Considérate afortunado de que sea un saiyan puro el que acabe contigo y no otra criatura inferior.
La daga ultrajó de golpe el torso desnudo del saiyan amordazado, dándole un corte profundo que pintó la hoja del rojo en su sangre. Ante miradas desencajadas por la indigna forma de tortura, de forma perversa el ladino general lamió el rojo liquido goteando en el arma, haciendo a más de uno revolver el estómago ante el acto carente por completo de honor entre sus leyes.
Milk intentó recuperarse, más fue recibida por un derechazo llevándola hasta el suelo y ante ese desplante insoportablemente cruel, el saiyan terrícola se levantó buscando venganza, sin escuchar todas las propias advertencias tirando dolorosamente de cada músculo. Fue repelido al instante por otro corte y la muchedumbre respondió embravecida.
—¡Alto! — Saltó al estrado una voz bravía indispuesta a quedarse más tiempo de brazos cruzados —¡No puedes acabar de este modo con un élite de nuestra raza! — A puños cerrados, con la imponente y bella estampa de su poderosa efigie, Hakusa decidió rebelarse —¡Es indigno dar ejecución a un prisionero sin un previo combate! —
—Ella tiene razón — Apoyó el precepto el mismo anciano de las viejas casas que habría concedido la primera victoria oficial del saiyan sin cola en la arena —Aunque tu deuda de sangre lo amerite— gruñó en torno al indispuesto comandante—Es un ultraje ver a uno de los más grandes prodigios morir sin merecer un último derecho a defenderse. He visto al joven sin cola realizar proezas inigualables desde el primer día que pisó este mundo, la ley prohíbe humillar de este modo a un ser dotado de la gracia de los dioses.
—¡Silencio! — Rugió el líder, presintiendo el abrupto cambio de opinión del público —¡El futuro rey es quien tiene la ultima palabra! — Señaló al ausente joven mirándolo sin ápice alguno de interés —¡Contradecir sus preceptos es traición!
—Lo que tú haces es traición! — La joven prosiguió, caminando hasta donde el general la observaba abstraído en narinas abiertas de impotencia —Si ha de ser de este modo, yo puedo representarlo en duelo contra ti. ¡Es mi derecho como ciudadana de élite!
—Mujer tonta— Siseó el otro en baja voz, apenas ladeando el rostro sin permitirse reaccionar —Una saiyana de casta noble no puede llevar a cabo esta clase de contienda— Viró buscando la aprobación de los ancianos presentes —¡Es un sacrilegio a tu propia casa!
—¡Baja de ahí en este instante Hakusa! —Gritó una voz conocida entre la multitud, abriéndose paso el abochornado padre de la hembra, quien intentaba no causar mayor revuelo que el que su impertinente cría habría ocasionado.
—¡NO! — Ladró la joven sin voltear, fijando la vista sobre el descarado cobarde.
—¡Es una orden! — Nappa repitió, nervioso al percatarse de la tensión acumulando poder en los músculos de su hija, sabiendo que en cualquier momento su temple terminaría provocando la ruptura del orden entre los presentes contagiados por su valentía.
El inesperado instante, propicio la necesaria distracción para que otro milagro ocurriese; pues al resguardo de la conciencia diferida de atenciones entre la disputa presente, los hábiles métodos secretos de espionaje en la humana conseguían hacer realidad el necesario escape bajo los ojos de la enrabiada muchedumbre a punto de saltar.
Se levantó la guerrera a toda prisa, siendo seguida únicamente por los ojos aterrados del saiyan amordazado entre cadenas y saltó Milk tan rápido como la exhalación de asombro del público, dispuesta a cobrar justicia en propia mano y aterrizando el puño feroz justo al centro del aturdido general que tantas veces causó su desgracia. Cayó con toda potencia de rencor, cada una de sus técnicas bañada en ira y desesperación, el dragón oscuro en su alma liberado con solo un objetivo al frente y tiró sus fauces dispuestas a desgarrar el objeto de todo su odio, con el único anhelo de dar defensa al último sueño que la vida jamás le arrebató.
—¡Ramera desagradecida! — Rugió el agredido, intentando recobrar el balance ante la fiera dispuesta en batalla, notoriamente experimentada ahora en combate.
El grito sacó del trance involuntario a la otra mujer en escena, corriendo en sentido opuesto al combate para llegar hasta el caído contenido. Tiró Hakusa de todo restrictor con salvaje ahínco. Un último intento por conseguir rescatar al único ente representando toda la fe en la que ella aún creía y éste, al sentir los últimos efectos de los traicioneros artefactos abandonarlo, resurgió su dorado porte en un solo grito. Sin embargo, las pesadas cejas meditabundas del traicionero estratega no habrían dado su última batalla. Dando un descarado giro en su favor, Panbukin consiguió asir el brazo de su previa contendiente, quitando un segundo de concentración al vengador sobreviniendo alarmado para rescatarla. Presintiendo lo que su enemigo estaba a punto de hacer, Gokú cambió la ruta intentando protegerla, sirviendo este minúsculo instante para que el retador se contrajera lo necesario, alcanzando a clavar la mano del anillo negro en el centro de la herida abierta en su torso.
El hechizo se concretó.
Al toque de sangre, la magia oscura avivó su esencia, trabajando eficaz el curso programado de sus viles propósitos, despojando deshonrosamente al portador de toda magnificencia de poder, en favor del arribista infame. Cada célula revirtiendo esa privilegiada condición bajo flamas desprendidas arrancando la vida y color de su previo dueño.
—¿¡Que has hecho?! — Milk exhaló atormentada, mientras vislumbraba la mayor de sus pesadillas cobrar vida en la forma del peor escenario jamás vaticinado por tan catastróficas probabilidades.
—¡Levántate Kakarotto! —La saiyana gritó, presintiendo el imposible cambio de energía en el principal afectado, sin poder nadie entre ellos entender lo ocurrido, al igual que las pupilas negras incrédulas del joven arrebatado, que percibían la vasta sonrisa del culpable de tal infamia mirándolo con pleno desdén usurpando su dorada aura.
—¡Por fin! —Gritó el hombre metamorfoseado en idéntica estructura a la del robado, enloquecido de gozo al sentir cada maravilloso velo de energía incorporarse en sus propias reservas, cada musculo, cada onda funcionando en vitalidad y fuerza, todo atributo envidiado desde el primer instante en que posó sus ojos sobre tal prodigio, ahora siendo ese poder totalmente suyo.
Al saberse poseedor de esa ventaja, se lanzó a disfrutar el fruto de su anhelada cosecha. Voló, otorgando un mortal puñetazo en el saiyan despojado, llevándolo en una onda de destrucción que cuarteó cada una de las piedras del reluciente atrio, cargó de nueva cuenta para proseguir su rabioso castigo, pero la única saiyana en pie se interpuso, bloqueándolo con uso de toda su completa fuerza, sosteniendo el golpe con antebrazos dispuestos, temblando las piernas que fracturaron el piso por el imposible nivel obtenido con ese artero acto.
—¡ESCORIA OPORTUNISTA! —Gritó la joven, presintiendo sus huesos a punto de ceder. Y en su auxilio saltó la humana, siendo del mismo modo repelida por la insuperable habilidad de ese nuevo rival, otorgando un impio trato a las dos hembras rebasadas en posibilidades, pero aun así empecinadas en servir de escudo con todas sus fuerzas para proteger al símbolo de la justicia.
—¡Ninguna de ustedes puede detenerme! —Vociferó el viejo saiyan, sobrecargado en su propio poder, tomando a la joven del largo cabello para azotarla contra el suelo hasta noquearla, habiéndose desecho de ella retomó el curso hasta el desmayado Goku, pero la humana volvió a interponerse recibiendo otro duro golpe que la derrotó de un solo movimiento.
—¡Se acabaron los juegos muchacho! —Gritó envuelto en su siniestro jubilo, cargando en la palma de su mano el destello azulado con el que pretendía borrarlo. Milk intentó arrastrarse hasta el caído, buscando de algun modo resguardarlo interponiéndose inútilmente de escudo entre ambos — ¡Haré lo que debí haber hecho desde que ustedes llegaron a este mundo!
Disparó, pero el curso de su ataque estalló antes de llegar a su objetivo. Disipándose la luz, reconoció el comandante al responsable de desviar la destructiva hazaña, jadeando apenas entero el ultimo guerrero en pie de la casa de Seri-ka.
—¡Raditz! — Gritó la humana, reconociendo de inmediato a su salvador.
—Debí saber que intentarías salvarlo —Gruñó el general, decidiendo el curso a replantear su estrategia, ambos ojos atentos al siguiente movimiento en su presa.
—¡He aquí ante ustedes los verdaderos rostros de los indignos gobernantes que les esperan! — Gritó el nuevo defensor en torno a la multitud expectante —No permitiré que tomes ventaja en la herencia de mi casta con trucos nauseabundos —El recién llegado profirió, temblando en impotencia e incertidumbre, al saberse imposible rival suficiente para enfrentarse a la fuerza real arrebatada de su hermano—…¡Así deje la vida intentando detenerte!
—Me alegra escuchar eso —Gruñó el infeliz ladrón, desfigurando su rostro a cada instante que el crudo poder recorría las inexpertas células de su cuerpo —Hoy es el día en que toda la estirpe de tu casa encontrará su necesario fin.
Y bajo la risa macabra del nuevo portador del estado legendario, la muchedumbre respondió con furiosa indignación posesa. Tomando la envalentonada acción de Raditz como una abierta invitación a la rebeldía, cada uno de los entes insatisfechos por años de abuso, recayó de manera abrupta en la conciencia colectiva del desengaño. El estruendo en las gradas se trasladó al mismo centro del escenario, los gritos inconformes levantaron su voz y el descontento escaló en un solo instante a la acción, cayendo sobre la plataforma los primeros soldados contagiados de heroísmo para intentar liberar por ultima vez su abusado mundo de la mano de esa tiranía.
—¡Mátenlos a todos! —El grito de Hoi se escuchó desde el palco real —¡Es una orden del futuro emperador!.
Y ese grito provocó el estallido de la última contienda de rebelión, resurgiendo la lucha interna acallada por la fuerza de manos de los brujos en el poder. Las masas colisionaron desde pequeñas multitudes en las periferias enfrentadas a soldados de choque, hasta finalmente infectar todo pensamiento insurrecto, batiéndose entonces unos contra otros en el frenesí provocado por sangre y libertad, saltando a la contienda todo saiyano cansado de la miseria, comprendiendo que no habría otra oportunidad de cambiar la terrible situación de no proteger al ultimo atisbo de esperanza entre ellos.
La batalla campal comenzó y los numerosos soldados del rey se enfrentaron a cada resurgido rebelde de menor poder, buscando concretar en esa locura una ultima pelea por liberarse del yugo impuesto.
Panbukin recibía cada uno de los retadores con la facilidad de la cacería de viles moscas, más recibió de forma esquiva un derechazo de Raditz que le hizo recordar lo oxidadas que realmente sus habilidades de lucha estaban. Y sonrió enfrascándose en un duelo forjado entre el poder crudo y la vasta experiencia del menor.
….
La abatida humana voló, despertando al joven despojado en medio del caos suscitado. Arrancó de su rostro la mordaza y el resto de artefactos todavía debilitándolo. Al abrir los ojos, el saiyan se encontraba en un estado completamente discordante con esa nefasta realidad, intentando levantarse para dar la talla a pesar de encontrarse completamente desprovisto de herramienta alguna para lograr concretar estrategias plausibles de combate. Miró a su alrededor sin comprender el caos rodeándolo y al ver a su hermano intentando pobremente contener el avasallador poder de su enemigo, sintió todo su cuerpo temblar de impotencia.
—Lo matará —Sentenció obscurecido por tal verdad.
—¡No podrás vencerlo de este modo! — La humana intentó hacerlo desistir de lo que suponía haría, colocándose al frente del envalentonado joven con ambas manos impuestas para hacerlo retroceder —¡Si lo enfrentas así te matará! ¡ESCUCHAME GOKÚ! —Suplicó indolente al caótico espectáculo detrás. Tiró de su rostro, enfocando sus negros ojos con la desesperación calando sus trastornados nervios —¡DEBES ESCAPAR PARA PELEAR OTRO DIA!.
Pero él no cedió. Tomando ambas manos de sutil forma para liberarse, dirigió la vista al centro del tornado. Se irguió dando un paso al frente y suspiró comprendiendo que no había otra forma de encontrar calma en sus adentros, nadie más habría de pagar por sus errores, nadie más moriría por su causa. Nadie más los salvaría.
—Milk —Murmuró pesando en sus hombros el conocimiento de quizá ser el ultimo instante de vida que tendría para remediar la culpa que más aquejaba sus adentros —Lamento todo lo ocurrido, todo aquello de lo que no pude librarte…. Lamento todo lo que dividió nuestros caminos— Exhaló dando un ultimo vistazo a la única mujer que debió ser su verdadero destino y la única que quizá lo habría amado sin reservas—Lamento tanto, haberte fallado.
Corrió, sin despedirse o escuchar, seguro de su bravura al enfrentar la amenaza final al frente. Apremiado por la ensangrentada estampa de su hermano padeciendo sus ultimas notas de conciencia en las garras del impío monstruo desfigurándolo. Pero su trayecto fue interrumpido por otra bala veloz, retomando la batalla en curso la saiyana dejada por perdida. La joven impidió en el ultimo instante que el sobrecargado oponente despedazara al hermano del libertador.
—¡Todavía no has acabado conmigo! —Vociferó Hakusa retomando su lugar como combatiente, consiguiendo dar una patada por detrás a su ofuscado enemigo que consiguió alejarlo de su víctima.
….
A pesar de todo el espectáculo debajo, Solo dos seres permanecían indolentes a toda la revuelta suscitada. Uno siendo la marioneta incondicional del otro, a quien todo ese espectáculo le parecía un entretenimiento digno de disfrutar. Su menor preocupación era conservar el inservible planeta de los seres que siempre pretendió subyugar. Más la cómoda postura de Hoi estaba a punto de ser derrocada de sus presuntuosas ínfulas.
Un punzante dolor atravesó su oreja, la carne desprendida era el terrible recordatorio de que no era el único ser con ambiciones descomunales de dominio. Cuando el viejo viró, estaba en el fondo el perpetrador de ese ataque, luciendo su ansiosa sonrisa mientras apuntaba una vez más a su rostro.
—Por lo visto, se te acabó la suerte maldito anciano —Vociferó el líder de los Heata al encontrar el momento idóneo de perder el factor sorpresa — ¡Ahora Gas! Acaba con ellos, quítale ese maldito anillo y ¡tráemelo de inmediato!
Surcó los aires el nombrado elemento con la certeza de su victoria, mas a medio camino de su objetivo la muralla de músculos resguardando al hechicero le hizo frente, deteniéndolo con un solo puñetazo el poderío del saiyan de leyenda.
—Que osado enfrentarte a mi, sin saber el secreto que te espera —Siseó el menor de los Heata, apenas limpiando la comisura de su boca—El consuelo que te quedará es que jamás volverá otro maldito saiyajin a nombrarse emperador del universo— Retomó la desatada influencia de su don , subiendo cada nota de abrumadora fuerza hasta transfigurarse por completo en otro ser de aspecto completamente temmible. Su sola aura era imposible de concebir por aquellos que ahora lo presentían, incluyendo los entes mas ruines en todo ese espacio. Pues no había una sola alma que no hubiese sido aterrada por el desalentador panorama imposible.
—¡¿Qué demonios significa esto?! —Panbukin rugió a ojos bien abiertos, sirviendo ese descuido para que sus dos rivales en turno consiguieran tomar ventaja y plantar los golpes suficientes que lograran poner espacio entre el y sus homicidas planes.
—¡Saca a Kakarotto de aquí humana! —Hakusa gritó, siendo alcanzada por un tremendo gancho al costado.
Y Nappa luchando en el tumulto, la miró completamente desencajado, comprendiendo a la perfección el peso de sus palabras y la determinación en sus ojos, pues era esa misma tozudez la medida exacta de su propia persona, el mutismo instalado al no tener palabras suficientes para expresar la amargura de percatarse del terrible error cometido en sus pasos. Su aliento se detuvo al verla caer en defensa del hombre que tantas veces le hubiese humillado. Siendo arrojada como vil despojo destruyendo cada surco de roca en el proceso.
Un colosal disparo llevó a todos al suelo. Las ondas esmeralda emergiendo del cuerpo del saiyan legendario peleando al vuelo. Su transformación plena pulverizaba cada rastro inanimado de la escena y a pesar de la imponente sinfonía rampante en destrucción. Nada de lo que hacía parecía surtir efecto sobre el sorpresivo retador quien superaba segundo a segundo cada limite de fuerza concedido.
Panbukin observó el desfavorecedor evento, disparando otro halo de energía negra en torno a Elec impidiendo que éste pudiese alcanzar al hechicero apenas recubriéndose en un campo de fuerza. arrojó el cuerpo de Raditz sacando a toda velocidad el pendiente que Hoi le habría concedido pues suponía que Broly no lograría mantener el ritmo por más tiempo. La única manera de ganar la ventaja era tomar el control de ambos, arriesgándose a no terminar el ritual por completo.
—¡¿Quién demonios es ese maldito?! —Hakusa gritó desde el suelo, siendo auxiliada por el saiyan sin cola que pretendía buscar salvaguardar del mismo modo a su hermano apenas vivo.
Sin embargo al perder la vista de su objetivo, la luz blanca proveniente de dos de los combatientes cegó por completo la vista de cada uno de los ojos mirando. Mas el tembloroso escenario no necesitaba todos los sentidos funcionales para presentir el terrible desastre que sobrevenía.
Al vuelo, dos de los contendientes habrían desaparecido, reemplazando su presencia un solo individuo rugiendo estruendosas carcajadas, su grotesca estampa maligna levantaba cada porción de tierra a su alrededor y cada una de las almas bajo sus pies comprendieron que la suerte estaba echada y el fin del mundo concretado.
Descendió el monstruo, sin obstáculo alguno que impidiera su paso. Cada una de las almas vislumbrando el demonio encarnado resentía en si misma el final augurado de su existencia. Gas balbuceaba incrédulo al espectáculo conferido, sin poder reaccionar al ver a esa aterradora fusión caminar engreido hasta el cuerpo caído de Raditz, tomándolo del cabello para darle el golpe final.
La tormenta conjurada por el solo poder oscuro de los dos cuerpos fusionados hacia al resto caer en reversa de cada una de las ráfagas desprendidas, el sonidos secuestrado desde el mismo pensamiento en los apesadumbrados rivales quienes comprendían que este sería seguramente su fin.
—Considérate afortunado —Habló el nuevo individuo en una macabra voz oscura —De que seas la primera víctima que este dios de la guerra tome.
Raditz cerró ambos ojos, intentando liberar su garganta de los férreos dedos de ese demonio, presintiendo que no habría nada que pudiese hacer apretó las manos con toda su fuerza esperando el golpe. Más, antes de que su ataque consiguiera fulminarlo, un par de antebrazos se interpusieron entre ambos.
Usando la mínima fuerza que pudo conservar, Goku intentó su última defensa salvaguardando a su salvador, debiendo usar la escasa reserva de energía por soportar el peso de la brutal acometida, cayó de rodillas arrastrado por la inercia del puñetazo, consiguiendo apenas escudarlos a ambos a costa de la inminente fractura de sus miembros. El monstruo apareció en un segundo ante ellos, levantó el filo de su mano para desgarrar finalmente a sus oponente completamente debilitados y el ultimo golpe del impostor de su propia fuerza jamás alcanzó a rematarlo.
Un destello azulado en toda potencia arrastró a su oponente desprevenido, anunciando la llegada de una firma energética que el saiyan de la tierra bien conocía, guarecidos los jóvenes bajo la destructiva técnica Riot Javelin del mayor representante de su estirpe.
— ¡Quita tus asquerosas manos de mis hijos! —Rugió el materializado Bardock, lanzándose valiente en contra del enemigo a vencer.
Gokú viró reconociendo al otro par corriendo para auxiliarlos.
—¡Merus, Granolah! ¿Cómo es posible…?— Exclamó el apenas vivo Goku, parpadeando al no poder explicar la razón por la que todos parecían haber aparecido de la nada.
—Te lo explicaré más tarde—Merus se aproximó evaluando el terrible daño en su discípulo atónito y tomando acción para restaurar lo que quedaba de su cuerpo.
—Siempre llegando en el peor momento — Granolah anunció vencido, observando como el padre del joven era rápida y fácilmente superado por el ente al que inútilmente trataba de frenar despedazando toda escena aun en pie —¡Maldita sea! ¡voy a morir en el maldito planeta de los saiyan! — Gruñó, volando en torno a auxiliar a Bardock.
—¡Espera! —Merus le llamó antes de verlo desaparecer y señaló el risco a poca distancia —¡Eres el único que puede dar el disparo necesario para detener esta locura! —
…..
—¡GAS! —Gritó Elec desde el suelo, desesperado por la inacción del aturdido menor, recuperándose del indolente disparo del que apenas habría podido escapar —¡Deja de perder el tiempo! ¡mátalo ya! — Ordenó intentando levantarse, recibiendo sobre si la inmediata respuesta del brujo al que segundos antes habría intentado asesinar.
—No se donde conseguiste el truco necesario para dar a tu hermano un nivel superior a mi monstruo —Declaró envolviéndolo en una dolorosa hipnósis revirtiendo todos sus miembros bajo gritos de agonía—Pero ya no existe nadie que sea rival para mi última creación.
Extendió Hoi el brazo, dispuesto a darle el tiro de gracia bajo las artes oscuras en su arsenal. Al exponer su preciada fuente de poder para erradicarlo, otra trampa en su contra estaba aguardando. Recibió un imposiblemente preciso disparo al centro de su dedo, cercenándolo con todo y la piedra de almas. Sus aterrados ojos constataron el terrible daño hecho y volviendo el rostro se encontró finalmente frente a frente con la mirada de otro ente presagiando problemas; un terriblemente certero Ceresiano dispuesto a despedazarlo.
Cual promesa de derrota anudada, sus ojos fueron testigos de otro imposible revés, cayendo en picada destructiva su mejor arma al no tener el completo control total de su principal víctima, batido en gritos de desesperación y rabia, Broly no podía dejar de expedir cada una de sus furiosas ráfagas sin dejarse por completo controlar por la otra parte de ese cuerpo que lo manejaba. El color de su máxima transformación perdiéndose entre los negros escombros que rodeaban su batalla al tiempo que cada rincón del planeta temblaba fragmentándose por la inestable energía.
Y antes de pretender caer sobre el vulnerado monstruo, la humana vio de frente lo que ese miserable brujo tenía en mente. Aprovechó el minúsculo lapso en el que el dedo desprendido cayó hasta el acantilado donde se encontraban y al vuelo consiguió asir la joya en disputa. Usó todo poder poseido para arrancarlo de las garras de su amo. Percibiendo la desesperación en el rostro de su enemigo buscando atraparla, comprendió que habría en ello una indiscutible ventaja, decidiendo acudir en torno a la única fuente de información que podría revelarle el misterio y voló en furiosa carrera hasta el castillo.
Aprovechando la distracción propuesta, los combatientes en pie consiguieron desatar todo el daño que el tope de sus poderes daba al monstruo arrojado en alaridos incongruentes.
—¡Saquen de aquí a mis hijos! —Bramaba un abatido Bardock, apenas pudiendo mantenerse en pie, auxiliado por Hakusa.
—¡Debo ir a ayudarlos! —Respondío Goku alterado levantándose al sentir su cuerpo restaurado —Salva a mi hermano —Rogó a Merus, quien debatía luchar en defensa sin comprometer su permanencia supuestamente neutral antes de jugar su última carta.
—¡No puedes hacer nada en este estado! —Reprendió a su alumno, comprendiendo este que a pesar de la infinita desventaja no encontraría paz alguna haciéndose a un lado de la contienda contra un ser de alcances tan destructivos.
—¡Ese monstruo esta fuera de nuestro alcance! —Granola gritó regresando de inmediato junto a su líder —¡La piedra ha sido transportada como tu deseabas Merus! — Lo tomó de la solapa desesperado por la lenta forma en que todo debía acontecer —Si no hacemos algo de inmediato ese miserable recuperará el control de ese bastardo! ¡Es momento de atacar juntos!
Mas su intervención sirvió de escape al saiyan sin cola, quien atestiguó la brutal golpiza que su padre recibía de manos de la apenas pensante fusión reaccionando violenta a todo movimiento en su contra. Tomó a Bardock por el cuello y encendió su aura con toda intención de incinerarlo con solo el poder de su propio cuerpo. Mas al momento de emitir su victima el primer grito de dolor, otro contrincante ejecutó su venganza, habiendo el vencido Raditz utilizado su último aliento de vida para salvar a su padre por igual, atacó por la espalda al verdugo cortándole la cola de un tajo.
El lascerado monstruo rugió, desencajado en ira por la ofensa extendió furioso la palma hasta el culpable, el infimo segundo que tomó a Goku comprender que su velocidad no le permitía llegar a tiempo, fue la exacta medida en que su padre pudo concretar su última estrategia, fijando los ojos en la escena desalentadora y actuando justo a tiempo para tomar el mortal golpe en su dirección y librar la vida de su hijo mayor con la suya.
Gokú cayó al piso, ojos abiertos a tope de sus cuencas, el temible dolor surcando cada nervio de su esencia, mientras en lenta escena veía caer el inmóvil cuerpo del único saiyan que le habría enseñado el significado de respeto. Y una brutal rabia ciega lo dominó.
Se lanzó, a brazos abiertos rumbo a la negrura de la muerte, con la sola intención a flor de piel de clamar su sed de venganza, indolente a los gritos de desesperación intentando hacerlo desistir, sin importarle ver de frente el devastador puño de ira corriendo a encontrarlo, deshaciendo la garganta en arrebato rumbo al trayecto de las ansias de ganar, reemplazando Gokú toda la amargura en un desgarrador grito con la fiera determinación de pelear el todo por el todo.
—¡NO LO HAGAS! —Hakusa voló, intentando detenerlo.
Merus imitó su acción, debatiendo renunciar a su propio juramento para poder protegerlo.
Granolah reviró, intentando acelerar para contener el fatal desenlace presagiado.
Pero a punto de caer en garras de la extinción esperando. Un milagro aparecido contuvo la ultima hora de esa desgracia en la palma de su poderosa mano.
—Necesito a este idiota con vida —
La grave voz de la ultima esperanza declaró. Revirtiendo el curso de ese puñetazo con el propio, parándose al frente el retador, enaltecido por todo su porte y asombroso poder. El monstruo se levantó, asombrado por la aparición de dos nuevos seres al frente. Tentado a tallar su propio rostro vertido en incredulidad por tener ante sí a quien reconocía como la igualmente legendaria figura del último representante en la antigua casa real, por quien todo ese planeta fue nombrado.
—Ahora devolverás todo lo robado— Sonrió altivo ante el reto —Al legítimo príncipe saiyajin.
