Hola de nuevo!
No hay palabras para disculparme por la enorme demora, no podía concretar un final que me gustara y acabé reescribiendo muchas cosas. Al final no pude resumir todo lo que necesitaba ser cerrado, así que dividí el ultimo capitulo en dos partes. Espero en una semana publicar la otra parte que me ha costado horrores terminar de hilar. Demasiados cabos sueltos y tenia que cerrar todo lo que quedó sin respuesta.
Guest: Tienes mucha razón en todas tus observaciones, pero todo tiene una razón de ser como podrás ver en este tramo, la verdad es que si fue muy escueta esa parte y me disculpo por la poca edición que le di. Espero no terminar decepcionando con este final, pero reconozco que me gusta como detectas puntos clave de la historia con tanta facilidad.
Toulusse: Tengo un gran agradecimiento por el apoyo que has dado a este fic, realmente es un halago enorme y espero verdaderamente que sea de tu agrado el final y aquí está la respuesta de quien era ese otro acompañante...
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Al borde de los límites de territorio saiyan, un gran número de naves aguardaba en espera de noticias de las infortunadas víctimas de sus enemigos. Cada uno sostenía la irremediable preocupación de ver caídos a los únicos seres que conformaban su acervo de respuesta.
—¡Muchacho cretino! — Omori replicaba enfurecido en torno a su congénere humano silencioso —¡La dejaste escapar! — tallaba su frente, a sabiendas de todo lo que ese atrevimiento pudo haber ocasionado. Perdidas estaban las dos entidades de mayor peligrosidad en sus lineas y no había nadie que pudiera rastrearlos — Tanto ella como Vegeta están fuera de nuestro alcance ¿Tienes idea de lo que eso significa?
—Han ido en busca de Son Gokú— Jiya enfatizó lo que era suficientemente obvio. Y el único sonido que podía escucharse era el de los dos cachorros jugueteando alegremente en la cabina.
—Se que no puedes entenderlo Omori— Krillin defendió la postura de su decisión —Pero ni Bardock, ni Merus o Granolah serán capaces de vencer a ese monstruo— Atinó a dar una serena mirada segura—Vegeta es la única esperanza que nos queda.
—¡Ese imbécil intentará matarlo antes que mover un dedo en su favor! — El anciano manoteó el panel furioso. Sin dejar de mirar al bebé de cabello lila con cierta aprehensión.
—Vegeta puede haberse cegado por instinto —Shoga salió en su defensa — ¡Pero no es un estúpido irracional!
—No lo es— El joven humano insistió — y Bulma tiene razón— Intentó convencer al resto que poco caso hacían a sus conjeturas —Puede que consideremos que es un tipo insufrible— Miró al resto de su tropa sentados al rededor obteniendo un soplido inconforme del general saiyan—Pero es muy astuto, si queda alguien que pueda hacer algo por cambiar la realidad, ese es él.
—¡Pero la ley saiy…! —Omori intentaba hacerlo entrar en razón, pero de un momento a otro la saiyana vigilando a las crías cayó de rodillas.
—¡Gine! — Ten Shinhan intentó auxiliarla de inmediato —¿Que te ocurre? —
—Algo está sucediendo— La mujer murmuró con ambos ojos abiertos fijos en la negrura del espacio. Cambiando su estado de sorpresa por uno de dolor y desesperación —No Bardock…
—Tranquila— Krillin bajó hasta ella. El nudo en su estómago acrecentándose al contagiarse de la creciente angustia en el rostro de la temblorosa mujer —No puede ser posible, estamos demasiado nerviosos para…
—¡De ninguna manera! — Lo empujó retomando toda su férrea convicción —Algo terrible ha sucedido, ¡no podemos quedarnos cruzados de brazos! ¡Tenemos que ir a ayudarles! — Sentía el enorme vacío instalarse, la vida escapándose de sus manos, el tormentoso conocimiento de que todo su cuerpo anunciaba que una terrible noticia habría pronto de llegar a sus oídos.
—¡Nuestro deber es resguardar las naves! — Omori se interpuso al animo encendido.
—No puedes ser tan cobarde anciano—Shoga se interpuso —Les debemos la vida a esos dos.
—Mi deber es con mi familia — Krillin denegó, pasando a un lado de los angustiados lideres observando —Y ahora, si me disculpan, iremos a ayudar.
—¡Han perdido la razón?! — El viejo líder saiyan detuvo al terrícola obligándolo a mirarlo —Ninguno de los dos sobrevivirá un segundo contra esos desgraciados! ¡Yo iré solo!
—No. Yo iré y Ten se quedará— Krillin se soltó bruscamente, dando un vistazo al otro que asintió —Rescataré a mi mejor amigo.
—Yo iré también—Todos los rostros voltearon en torno al intruso revelando su presencia. El recién incorporado namekiano se acercó al grupo convencido de su utilidad en lo solicitado —Puede que neesiten ayuda de otra clase— Concedió, ganando interés del resto.
—Gracias Monite— Gine asintió dirigiéndose al resto —Nos llevaremos una de las naves de Bulma, deben permanecer en el límite de alcance del planeta, puede que lleguemos a necesitar un escape rápido —Volteó en dirección a los dos pequeños —cuídenlos bien.
—Llevaremos una de las naves al límite — Jiya anunció sin prestar atención a los reclamos detrás — Tomen comunicadores de los estantes — Señaló detrás —Neil Vigilará a los niños.
—Bien— La saiyan viró a todos sus acompañantes — En marcha.
_..._
Los vientos de guerra sofocaron su marcha al percibir la imposible escena, el vertiginoso torrente se detuvo, cada sonido estridente cesó. Cual, si el planeta entero contuviera el aliento por sostener en sus territorios los pies del fantasma afamado del antiguo imperio, al fin resucitado.
'Ahora devolverás todo lo robado…al legítimo príncipe saiyajin.'
El rostro. El enorme monstruo fusionado grababa la presuntuosa estampa altiva del enemigo común en ambas mentes disociadas. El desterrado heredero vivo del idílico símbolo rebelde. Frente a ellos se erguía, siempre resiliente, listo a contender por el trono que por tanto tiempo esperó recuperar y prometía en sus oscuros ojos un esperado duelo por finalizar.
Detrás de su poderosa efigie, los nítidos ojos azules de la mente más privilegiada en ese mundo de mortales, resguardada en el aura de su guardián y del mismo modo centelleando la propia pericia aguda en contra de los infames enemigos al frente.
—Finalmente, el rey de los traidores regresa — Atinó a escupir el viejo comandante, sorprendido ante la presencia del encumbrado par de temibles destrezas.
—El príncipe — Se burleteó el recién llegado —Pero hoy cambiaremos ese título.
No tuvo su enemigo tiempo de comprender lo ocurrido, obtuvo de inmediato todo el poder y rabia del nuevo retador, martirizando desde el punto ciego su defensa con incomparable presteza. Choque de titanes por siglos destinados a encontrarse, radiando el líder rebelde el tope de los límites en su privilegiada fuerza. Por fin un rival terrorífico se incorporaba a la batalla, cada gramo de poder empujado a cubrir el ancho requerido en defender los últimos atisbos de esperanza.
Nadie podía terminar de creerlo.
Atestiguando el revés de eventos, Hoi se sintió prematuramente vulnerable. Se apresuró a ganar el balance perdido y su tesoro arrebatado. Avistó el rastro de la ladrona de su joya. A punto de Milk alcanzar el lejano castillo en busca de la bruja que podría darle una respuesta para revertir esa magia. Y el enfurecido anciano aceleró, dispuesto a aprehenderla para regresar a su aliado la única solución que podía asegurarles la indiscutible victoria.
—¡¿Qué es lo que sucedió!? —Bulma corrió a encontrar el rostro atormentado del maltrecho Gokú, intentando levantarlo con aprehensión ante el mundo sobreviniéndoles encima — ¡¿Qué sucede contigo?! ¡Maldición levántate y pelea! —Vociferó, intentando ponerlo en pie, desesperada por el escándalo y la muerte rodeando, sacudiendo el semblante vencido de su afligido compañero disociado de toda realidad por la profunda pena interna.
—¡No hay tiempo de explicarlo Bulma! — Merus se interpuso, comprendiendo a fondo la irremediable causa de dolor en su discípulo —¡Debes ayudar a la humana en el castillo! — Ordenó, señalando la escena mientras otro terremoto desfiguraba el paisaje bajo sus pies —¡Destruye el anillo del brujo! ¡Es la única oportunidad que tenemos!
Titubeó la joven a seguir la ciega instrucción, los dos entes que más preocupación daban a su persona debatían su existencia entre la vida y la muerte. Uno intentando detener la catástrofe profetizada, otro perdido en un preocupante aspecto desesperanzador. A pesar de ella no poseer fuerza alguna, no podía simplemente abandonarlos.
—¡Bulma! —Recibió la voz de la mujer que no pensó encontrar de nuevo —Haz lo que te ordena —Requirió la ensangrentada saiyan, cojeando hasta ella sin ápice alguno de odio en sus palabras —Tu eres la única que podría enfrentarlo— Hakusa admitió, bajando la vista sin querer aceptar toda la equivocación con que siempre se habría conducido al juzgarla—La fuerza bruta no es rival para la magia, pero la inteligencia es la única arma contra lo insólito— Concedió, abrumando a la humana ansiosa —Yo cuidaré de Kakarotto, así cueste dejar todo en el intento, pero tu debes detenerlo… eres la única que puede— Suplicó, dejando de lado la orgullosa estampa que la caracterizó siempre.
Y la humana asintió, entendiendo su necesaria intervención destinada. Debiendo dejar la batalla en manos de todo elemento en la distancia, sacó su speeder del cinturón y partió. Sorteando los obstáculos del mundo desmoronándose ante sus ojos, con la celeridad de servir una causa mayor y frenar de una vez por todas el cáncer de la ambición legendaria del peor villano artero entre todos.
…
—¡Papá! —Corrió su hijo menor al cuerpo caído, abandonando el momentáneo trance lugubre al verlo escupir los restos de sangre apelmazados en su garganta, recobrando por un breve instante el aliento y conciencia solo para dar una fugaz sensación de falso alivio en los presentes.
—¡Maldición Bardock! ¡¿Por qué hiciste algo tan estúpido?!—Granolah ladró intentando imprimir energía para conservarlo con vida. A pesar de comprender que ese enorme agujero en su abdomen haría virtualmente imposible la tarea y Merus tomó la mano del joven, solo otorgando una sobria mirada que indicaba que no había nada más por hacer.
—Es..cuchame hijo —Intentó hablar, cerrando los ojos para concentrarse en apaciguar el terrible dolor de su cuerpo abandonando lentamente sus colores — Pelea —Miró en su dirección —Así sea tu fe lo último que quede ¡pelea y no te rindas ante nada! —Escupió otro enorme coagulo haciendo a su hijo menor intensificar la respiración —¡Estos trucos son solo eso! ¡La voluntad y la astucia son tuyos!
Los dos en pie se percataron de la moribunda presencia del hijo mayor del caído. Respirando lentamente y apenas levantando el rostro para mirar fijamente al hombre que había cambiado su propia vida por la de él.
—¡Eres un tonto Bardock! —Gimoteó Raditz apenas entero —Yo ya estoy acabado, ¡Debiste seguir luchando y dejarme atrás! — Apretó las manos en la tierra suelta, incapaz de acercarse lo suficiente para despedirse con propiedad. Pero su desconcierto creció al escuchar la floja risa de su padre. Entonces brilló en la punta de esos dedos una esfera que apuntó en dirección a su primogénito.
—Eres… mi hijo, mi amigo — Sonrió con placida suavidad, conmovido por los ojos angustiados del otro ante tal reconocimiento y disparó su generoso regalo, para restaurar la poca fuerza restante del menor, con su último aliento de vida —y mi orgullo.
Sucumbió inmóvil y exhaló su despedida en brazos del hijo a quien legaba su esperanza.
…
A pesar de haber mejorado en tal significancia, de las flamas rojas rodeando su aura y todo esfuerzo vertido. El terrible augurio desalentado arrebataba la certeza de sus movimientos, susurrando la pesimista afirmación, que no importaba lo muchos que hiciese, no era suficiente.
—¡¿Qué sucede Vegeta?! — Gruñó la bestial estampa al frente, logrando propinar un terrible cabezazo al acorralado saiyan —¿No dijiste que habrías de justiciarme? — Escupió satisfecho por el rostro maltrecho de su oponente. Por la forma en la que esos ojos incrédulos danzaban de un lado a otro, apenas pudiendo permanecer en pie por causa del puro orgullo impidiéndole aceptar que ese rival era aún inalcanzable para él. No entendía como era posible que hubiese incrementado en tal talla su diferencia y por vez primera, se encontró perdiendo en sí mismo la confianza.
Lo detecto sobrevenir, mucho más rápido que sus propios reflejos. Intentó alejarse, más fue alcanzado en uno de sus pies y terminando el juego, comenzó el monstruo a imprimirle la brutal paliza prometida. Azotándolo contra toda materia disponible. Electrificando con toda su aura sus apenas resistentes nervios, hasta conseguir sacarle una mueca de dolor.
—¡Ese monstruo va a matarlo! —Hakusa apremió al resto de oyentes, aun incapaces de abandonar por completo el duelo interno.
El ceresiano voló en dirección al combate, dispuesto a brindar ayuda, aunque la vida le fuese en ello. Merus lo siguió a pesar del nerviosismo de no poder involucrarse con suficiencia en ese terrible combate desigual.
—¡Hijo de Bardock!¡Cuida de tu hermano! —Hakusa gritó a Raditz —¡Si logra matarlo no podremos detenerlo jamás! —Desapareció siguiendo la estela de los otros, como los últimos refuerzos con los que el ultimo rival del imperio podría contar.
La pesada pausa y retumbos en la distancia ponían al limite las emociones del mayor, la aflicción interna y el duelo impedían conciliar sus usuales formas de evasión hostil y miró a su hermano levantar el cuerpo de su padre para ponerlo a salvo.
—Te odie por tanto tiempo —Raditz externó abatido, presentándose vulnerable sin temor a declarar su derrota—Por las razones equivocadas, hermano.
—Raditz —El menor reconoció el remordimiento en sus lúgubres ojos.
—Pero ahora comprendo que, si hay alguien que puede ayudar a detener esto, eres tú — Murmuró al borde del colapso —Dime si existe algo que podamos hacer para recuperar tu fuerza— Persistió a buscar el milagro, fiel creyente de las imposibles habilidades del otro para salir del peor escenario.
—¡No lo sé! — El menor gruñó desesperado —No sé cómo deshacer…
—¡Debe haber una técnica que conozcas para incorporar energía! — Ladró su oyente exigiendo soluciones prontas — Has viajado por toda la galax…
—¡Oh cielos! — Interrumpió el saiyan de la tierra con el rostro anonadado —Lo olvidaba ¡La genkidama!
—¿Qué debo hacer? — Raditz se recompuso, haciendo uso de toda su energía donada, sin cuestionarse la razón por la que su hermano se paraba sin defensa alguna en medio del campo con ambas manos dirigidas al cielo.
—¡Diles a todos tus aliados…—Goku vociferó —Que deben levantar sus manos!
Y el mayor voló directo a cumplir la orden, avistando a los pocos vencidos en su bando, inició la difícil tarea de poder reclutarlos.
…
—Esperaba más de este momento — Sostenía entre sus garras el apaleado cráneo del bravío príncipe retador—Más ya es hora de terminar lo que empecé ¡hace quince años!
Pero la pesada musculatura se encontró arrollada por una bala implacable, impactándolo a la distancia contra los enormes monolitos del planeta. Sostuvo del cuello al atrevido irruptor para descubrir que se trataba del mismo ceresiano al que había enfrentado antes.
—Tonto iluso —Gruñó, capturándolo para romper su antebrazo—¡Tú no eres rival para mí!
Cayó sobre él otro disparo, atinando Merus a dar con precisión a uno de sus ojos haciéndolo rugir. Lo embistió enseguida otra rival, la joven saiyan intentando liberar con su acto al hombre atrapado entre sus garras. Y cuando pretendía alcanzarla vino sobre su frente otra temible patada, jadeando el ensangrentado Raditz por el esfuerzo conjuntado en lograr alcanzar al resto.
—¡Escuchen! — Indicó sin perder el tiempo —¡Deben todos levantar las manos para ayudar a Kakarotto a vencerlo!
Merus volvió la vista al lugar de origen, donde el prodigio de Serika extendia las manos en intento de ejecutar una técnica suicida en su precario estado de poder. Desesperado voló en marcha contraria, intentando disuadirlo de arriesgarse de ese modo.
El general transformado retornó en un parpadeo, tomando a Raditz de la melena con intención de fracturar su cráneo contra las rocas, al momento recibió de nuevo a la joven intentando unir fuerzas con el hombre que la auxilió. Un enorme disparo de energía cursó entre ambos estallando al pecho del enemigo común. Revelando que su principal detractor había regresado.
—¡No intervengan! — Vegeta habló a los otros, resoplando abatido por la previa golpiza sufrida, llevando en la frente y brazos marcas ensangrentadas de su cuerpo a tope de resistir.
—Ese malnacido va a pulverizarnos si no luchamos juntos! — La joven replicó, intentando convencer a su líder a pesar de encontrarse al borde del desmayo, pero su estampa fue desteñida por el terrible puño incrustándose en su bello rostro. Al abrir los ojos se percató del horrendo fulgor verdoso carcajeándose sobre su ahora fragmentada entereza.
—Me hubiese encantado conservarte — Se atrevió el infame villano a acariciar su hinchado rostro, aplastándola cruelmente bajo su enorme bota —¡Pero tu elegiste esto! — Brilló el estremecedor destello esmeralda en su dedo. Más no consiguió soltar su descarga por otro par de enormes brazos detrás, intentando sofocarlo en una llave sin importar el riesgo de su acto.
—¡PADRE! — Hakusa gritó, cubierta de pánico y arrebato.
—¡HUYE! — Nappa ladró, constatando el horrendo semblante del monstruo dándose la vuelta sin esfuerzo alguno, listo para contratacar.
—¡Llévatela ahora! — Demandó Vegeta, levantándola para ponerla en custodia de Raditz.
—¡TIENEN QUE SALVARLO! —Rogó la joven, sin poder el resto procesar la velocidad con la que la infernal fusión, disparaba al enorme contendiente, el disparo destinado para su hija.
—¡Nappa! — Saltó el príncipe, sin poder detener el fulminante brillo terminando con la vida de su viejo guardaespaldas. Simplemente recibiendo de su rostro una mirada cargada de culpa y emoción.
—Perdónenme— Musitó dando un amargo vistazo a su amada hija y al príncipe que traicionó, bajo un enorme resplandor, finalmente desapareció.
—¡PAPAAÁ! — La joven intentó zafarse, obligándola su portador a abandonar la escena de manera involuntaria, solo deteniéndose para llevar al ceresiano desmayado en el suelo.
—¡Regrésame allá! — La joven demandó cubierta en rabia y agonía. Con la pena flameando en toda su derrotada estructura apenas completa.
—No hay nada que hacer — Murmuró su portador, poniéndola en el suelo con delicadeza al llegar, entendiendo a vastedad el dolor por el que ella atravesaba. Soltó su otra carga por igual para observar a su hermano pudiendo haber conjuntado solo una minúscula esfera pese a todo el tiempo que llevaba intentando completar su ataque.
—¡No es el tiempo de sacrificarte! —Merus intentaba hacerlo desistir, sin lograr cambiar en absoluto sus facciones decididas —¡Debes dejarlo en manos del resto hasta recuperar tu fuerza!
—No lo logrará — Suspiró Raditz vencido. Y en un desesperado intento por servir de ayuda, levantó las manos por igual.
…..
Todo ese raudal de muerte sin sentido, entes despedazados por semejantes o enemigos, todo ese caos vertido en el mundo que llegó al punto de quiebre en su máximo pico de anarquía. Y era todo insoportablemente crudo y real como para entender a ciencia cierta que hacer. Seres gritando por esperanza se unían a la suplica de los últimos hijos de Seri-ka. Pero una gran mayoría no podía prescindir de su propia energía para conservar la vida.
—¡No te quedes ahí parado! — Elec ladró en el oído de su confundido hermano —Ve y tráeme a ese maldito anciano!
Y asintiendo, voló en busca de su presa.
Al vuelo, el brujo presintió la terrible presencia de otro cazador pisándole los talones. Reuniendo toda la magia restante en sus habilidades psíquicas hizo el llamado a su aliado, haciéndolo desistir un minúsculo momento de liquidar al último contrincante de pie.
—¡Donde crees que vas viejo miserable! —Lo tomó Gas del traje, dedicándole un fiero vistazo a sabiendas de lo que intentaría hacer —Ahora tendrás nuevos amos que servir— Pero su vacía amenaza terminó al presentir el aplastante puño de la terrible versión de Panbroly sosteniéndolo entre risas histéricas de sádica pretensión.
—Mosca inservible — Murmuró, propinando la terrible golpiza que ansiaba ejecutar contra los odiosos Heata arribistas. Y el autoproclamado ser mas fuerte del universo…se demostró a si mismo no serlo del todo.
—¡¿Que estás haciendo gusano inútil?! — Elec se levantó, enrabiado por la absurda forma en la que su hermano presentaba una nula resistencia al hábil guerrero despedazándolo. Mas su indeseable ofensa solo sirvió para catapultar la destructiva atención del monstruo en su dirección —¡Detenlo de una vez! —Ordenó con ojos rebosantes en pánico.
Un disparo salió en su dirección, no pudiendo esquivarlo del todo, el mayor de los Heata se encontró arrojado violentamente en el rocoso suelo.
—¡Elec! —El hermano menor se apresuró a auxiliarlo, sin embargo otra ráfaga verde se apostó en su dirección, los rayos negros se incrustaron en su cuerpo haciéndolo resentir la peor tortura. Doblándose presa del pánico y su poca pericia en batalla. Los ojos se engrandecieron al tener encima el titan envuelto en homicidas intenciones. Supuso ese sería su verdadero final en el momento en que su ataque estrella salió de los toscos dedos de esa fusión.
Más sorteó el aire otro impensable aliado temporal de Gas, disparando el ángel de nueva cuenta al ojo de su enemigo, consiguiendo con ello atraer la atención en su dirección y antes de caer presa de las manos del endemoniado ente, se clavó al suelo para intentar librar del temible ataque al Heata anonadado por el acto. El ángel se sintió acorralado a revelar su identidad, pero del otro lado su discípulo se precipitó, brindando la única ayuda que podía otorgar y le lanzó encima su valioso recurso con esfuerzo apenas logrado. Estrellándole el saiyan de la tierra, la poca energía conjurada de la genkidama como un intento de poner a salvo otra víctima del invencible titán.
—¡Gas! ¡Merus! — Gokú gritó corriendo después de alejar al monstruo luchando por deshacerse de la abrasadora energía castigandolo— ¿Se encuentran bien?
—Desperdiciaste ese ataque…— Gas externó contrariado y molesto—¿Por salvarme?
—No podía quedarme sin hacer nada mientras Panbukin los asesinaba —El joven exhaló sin quitar la vista de la lejana figura a combatir —Escucha, quizá he perdido mi oportunidad ¡Pero tu aún puedes detenerlo! — Lo levantó imprimiéndole valor —¡Olvida todo lo que hemos pasado! Tu puedes detenerlo junto con Vegeta ¡si ese infeliz gana, pretende destruir y esclavizar a todos!
Regresó de inmediato el invencible monstruo. Capturando a saiyan y Heata para terminar de una vez por todas con ese indeseable recipiente vacío que lo dañó, encontrando siempre la manera de estorbarle. Cargó a ambos del cuello y pretendió evaporar a Gokú sin defensa solo para ser acometido a medio camino por el ente al que de nuevo había dejado atrás.
—¡Todavía no terminas conmigo, imbécil! —Vegeta le alcanzó, recibiendo sobre si un golpe con el mismo cuerpo de gas usado como arma, arremetiendo contra los tres mientras el príncipe intentaba nivelar su fuerza para poder resguardar la vida de Goku de su alcance.
Elec recuperó el balance, sacando de su vestimenta la única invención que habría conservado en su poder desde el principio de sus actos homicidas. La tecnología detonante más destructiva jamás inventada. Un inmolador de planetas.
Apuntó la minúscula arma al trio, convencido de su acto temerario, sin importarle acabar con ello con toda vida en el mundo que pisaba, sin importarle siquiera que fuese su propia sangre contra quien atetaba al dictar el terrible genocidio.
—No es nada personal, hermanito— Avistó el objetivo, listo para huir.
Y otro disparo resurgió detrás. Su cuerpo le anunció, que ese tiro dio en el blanco.
Escupió sangre, cubriendo con las manos el enorme agujero en su pecho. Volteó abstraído en torno al culpable, para descubrir atormentado, la apenas erguida figura de Raditz con la mano extendida, satisfecho por el cobro por tanto tiempo esperado en venganza de su gente. Y Elec cayó, sin gracia, ni tardanza, tan burdamente como su vida transcurrió. Dedicando con su condena la redención al otro hermano mayor, quien verdaderamente la merecía.
Otra catástrofe se gestaba en el ocaso.
Un estallido descomunal se escuchó en la distancia y los restos del imponente castillo volaban en todas direcciones. Desatando del centro un enorme tornado de nubes negras, cubriendo cada rincón del cielo. Destellos de energía negra rodeaban el paraje destrozando cada piedra y cimiento.
—¡Bulma! —El aterrado príncipe bramó al percibir la energía desapareciendo y la ubicación de donde venía el cataclismo aterró sus mas profundos miedos.
….
Minutos antes…
Milk aterrizó en los destruidos remanentes del castillo, recordado a la perfección el pasillo que debía buscar para encontrar la respuesta que anhelaba, resguardando entre manos la gema que suponía contenía la magia que revertía la maldición de todo ser perjudicado.
Se encontró con dos guardias aun en su puesto, pero al correr a detenerla rápidamente pudo noquearlos para seguir su marcha, presentía sobre si la presencia maligna de la horrible criatura culpable de esa realidad y si quería conjurar a tiempo una respuesta, no había más tiempo que pudiese darse el lujo de perder.
Ante ella, las puertas enormes del enclaustro de la bruja, estaban selladas con un campo refulgente. Entendía que debía tratarse de otra clase de magia instaurada. Pero no tenía idea de cómo debía proceder para romper su poder.
—¡Maldita sea! —Gruñó, pasando la vista entre los cerrojos y alguna clave que le diera la respuesta. Sin atreverse a tocarlo, se preguntó si por un momento serviría usar ella misma el anillo para intentarlo, mas su peligrosa usanza no podía augurar ninguna fortuna a su portador. Lo miró con detenimiento, tentada a ponerlo en su dedo a pesar de las consecuencias… y lo hizo.
—Eso fue muy valiente— Escuchó la temblorosa voz insoportable detrás —Pero sumamente estúpido — El anciano flotó hasta estar de frente, con la palma de la mano extendida —Dámelo humana, si pretendes conservar tu vida.
—Jamás! —Se retrajo envalentonada, comprendiendo que era ella la unica capaz de dar continuidad a la oportunidad del resto —¡Vas a tener que arrebatarlo de mi cadáver!
Dio un hostil vistazo el pretencioso anciano, mirándola de arriba abajo cual si fuese el obstáculo más insignificante a la redonda. Y bajando los pesados parpados con una sonrisa, disparó un solo rayo desde el arrugado índice rosáceo.
La humana se sintió aprisionada en contra de su voluntad, su cuerpo abandonando la conciencia sin obedecer alguna de las órdenes dadas. Encontrándose renunciando a su postura de ataque, se enderezó a pesar de la sorpresa reacia de no tener control absoluto sobre su voluntad y se vio a si misma caminando sin temor alguno hasta donde ese infame hombre la esperaba.
—Eso es, miserable criatura— Agregó complacido por la vibrante mirada de odio en su prisionera —Cumple con tu cometido.
Extendió ella la mano, gritando internamente por resistirse, deteniendo solo un segundo el curso de su palma sacando la joya de su dedo, para lograr arquear una ceja al sorprendido anciano.
—Los humanos tienen una fuerza de voluntad increíble —Concedió, burlándose para imprimir mayor poder en su técnica.
—¡Asi es! —
Un blaster alcanzó a dar un golpe directo en su espalda, cayendo él de bruces por la fuerza del impacto que habría conseguido darle una escandalosa herida. Volvió el enfurecido semblante al dintel donde otra humana descendía del balcón, usando su mejor arma en disposición y dispuesta a dar muerte al terrible enemigo impredecible.
—Y un escepticismo envidiable ante patrañas — Disparó de nuevo el paralizador, sin embargo se encontró con una barrera jamás esperada, recibiendo la otra humana de frente el ataque, interponiéndose para proteger al artero hombrecillo ruin.
—¿Serás capaz de asesinar a tu propia congénere? — Hoi se recompuso, utilizando todo su poder remanente en controlar el cuerpo de Milk, agradeciendo que la ingenua siguiera usando la gema que concedía el dominio de su cuerpo al experto mago — ¿O terminará ella asesinándote a ti? — La hizo tomar pose de batalla y la otra humana no pudo más que prepararse para el atemorizante revés. Creyendo por un instante que sería ella quien salvaría a la otra terrícola y no quien debía recibir de sus manos la paliza profetizada.
—Milk — Intentó la peliazul razonar —Tu no quieres esto —Alistó su traje plateado, cubriéndose con cada centímetro de tecnología para intentar evadirla. Aterrada por la forma en la que su semejante la observaba, sin capacidad alguna de responder o dejar de escudriñarla.
—Vaya, esto es algo imposiblemente fortuito —Exclamó el anciano complacido —Puedo sentir todo el odio que esta pobre chica tiene contra ti —Anunció complacido por el temblor de la otra —¿No es esto un final adecuado para dos rivales de tal aversión? —Pausó una perezosa risa siniestra, poniendo atención en las facciones mal congeladas de la pelinegra —¡Mátala!.
Saltó Milk al ataque, apenas pudiendo activar a tiempo la otra su escudo deflector, saliendo disparada en sentido contrario al poderoso puñetazo. Giró en el piso, presintiendo lo que la guerrera haría, solo obteniendo una minúscula ventaja por la rapidez de reflejos que su traje concedía, pero no tenia en absoluto oportunidad de ser alcanzada por el portento de la otra humana, incrustado los feroces puños en la pared mientras destruía todo a su paso por conseguir asesinarla.
—¡No puedes obedecer a este imbécil Milk! — Bulma intentó recuperarla del trance, cayendo en cuenta de la mentira que debía estar atravesando — ¡NOS MATARÁ A AMBAS!
El desesperado ruego de la científica la hizo dar un respingo. Mas no podía detener el curso de sus movimientos, en parte influidos por el enorme recelo de tener al frente a la dueña de la vida que ella anheló. Cada golpe que intentaba darle, se sentía como un bálsamo a su rencor, la forma en la que lograba atinar los terribles embates la desbordaban de sádico placer. Y se encontró completamente contrariada a dejarse invadir por su propia conciencia, por la apremiante realidad en la que debía tomar una inminente decisión para salvar la última resistencia en esa nefasta realidad.
Interceptó apenas Bulma la poderosa patada, recibiendo en sus costillas el gancho consecuente. Y perdió por completo el balance y aire, abandonándola el dañado dispositivo de bloqueo por el impacto. Y entonces vio en los ojos de la otra el titubeo involuntario y decidió jugar su última carta.
—En verdad— Jadeó apenas protegiendo su torso dañado — Lamento todo lo que sufriste— la observó apuntarle un halo de luz naranja en la punta de su índice —Por mí.
No.
No podía hacerlo, no podía permitirse caer en las garras de ese negro anhelo, en el rencor que la había consumido toda su vida. En toda la horrible existencia que le había arrancado la humanidad y compasión y recordó entonces las certeras palabras de su maestro.
'No permitas… que la venganza te consuma'
Se encontró a si misma temblando, sin poder detener todo el cause de rabia impreso en su energía, sin poder parar la creciente ola devastadora en la punta de su dedo. Y recordó otra enorme lección.
'El cuerpo es solo eso… un envoltorio que puede ser desconectado de tu esencia'
Todas las memorias de su entrenamiento, todas y cada una de las tragedias de su historia. El abuso al que fue sometida y la infinita desolación, todas sus emociones intactas con la suficiente voluntad de catapultar su respuesta inquebrantable. Y en su resiliencia, encontró la respuesta.
Cerró los ojos, dispuesta a encontrar la forma inversa al curso de su mejor técnica. Si era capaz de revertir la esencia propia en sus magníficas metamorfosis, sería capaz de reconectarla a voluntad.
Bulma cerró los ojos, pero el brillo del halo que la terminaría disminuyó. Observó a la humana revertir el curso del brillo, regresándolo a su cuerpo, convulsionando su cuerpo de forma imposible de entender, sacudiendo en milisegundos toda su estructura mientras echando la cabeza hacia atrás daba un estrepitoso grito ahogado.
—¡¿Qué significa esto?! — Rugió el viejo al observar con asombro como la guerrera se transformaba en otra imagen, en la imposible figura de la misma anciana detrás de las puertas que resguardaba y esos ojos satisfechos lo estudiaron presuntuosos.
—¿Creíste que no poseía suficiente poder para retarte, asqueroso cobarde? —La misma Uranai Baba lo retaba de frente y Hoi no podía entender como esa insulsa bruja podía haber tomado el control de la humana así—Pero ahora serás tú quien se arrepienta de ponerla a mi alcance.
Extendió la palma amenazante y el rosáceo enemigo decidió eliminarla de una vez por todas. Esquivó el golpe, abriendo el sello del portal, convencido de la trampa que veía al frente y la otra humana gritó en torno a la humana en el suelo.
—¡La bruja está adentro! — Anunció Milk vertida en pánico, regresando a su imagen propia.
Bulma la observó asombrada, entendiendo quien habría sido la espía real y comprendió el truco que habría intentado para hacer al brujo romper el sello y rescatar a la anciana. Ahora sabía lo que había de hacer antes de que fuese demasiado tarde.
—¡Dame el anillo! —Exigió —¡Salva a la anciana!
—¡No! — Milk se rehusó — ¡Tiene el poder de Goku encerrado!
—¡DAMELO YA! —Vociferó desesperada —¡Debe ser destruido!¡CONFÍA EN MI!
Y comprendiendo que tendría solo un segundo para frenar al anciano, ella decidió. Le arrojó el anillo para volar en torno a la bruja. Bulma se quitó el centro de poder de su traje, acomodando presurosa los circuitos para revertir el escudo y canalizar la energía potenciada en el mini reactor. Y a sabiendas de la probabilidad de pagar la victoria con su vida, se aventuró a intentarlo.
Hoi se detuvo al observar el abandonado estado de razón de la anciana encarcelada. Y concibió finalmente que la humana había conseguido engañarlo como ninguna criatura jamás habría hecho. Mas cuando corrió de vuelta a la entrada, un puño feroz se incrustó en su rostro.
—¡Voy a matarte maldito monstruo! — Se interpuso Milk entre la víctima y el abusador. Hoi se enderezó, volvió disparándole otra carga de magia, haciéndola caer con una contorsión involuntaria. Su cuerpo resintiendo el poder de la entidad dobló su carne en dolorosos ángulos insostenibles. Usó ella de nuevo su pericia de disociarse y regresó a la batalla, persiguiendo al ruin hombrecillo que conseguía enlazarla por pequeños segundos en esa tortura recurrente.
—¡Oye idiota! — Escuchó el brujo a la científica parándose en el umbral—¡Aquí hay algo que no puedes vencer! —Declaró altanera, arrojando rápidamente el anillo a su dueño y detalló este en el minúsculo dispositivo incrustado, parpadeando sobre la piedra —¡Energía libre de esencia viva!
Explotó.
Ingente detonación que terminó por volar toda la estructura superior del castillo, fracturando por completo toda la piedra en añicos ya imperceptibles, desatando una colosal centella negra que liberó el grito de cada una de las almas que ese monstruo esclavizó. Cubriendo de nubes oscuras todo el arremolinado cielo, dejó detrás un fantasmagórico escenario de magia oscura liberada, atrayendo la atención de todos los contendientes aprehensivos por la estrepitosa escena.
….
A punto de dar el tiro de gracia a sus odiados enemigos, el indiscutible vencedor fue abandonado por su suerte.
—¡Maldita sea! —Panbroly rugió, sosteniendo su cabeza con ambas manos, encontrando imposible mantener el curso del hechizo favoreciéndolo., La otra conciencia emergía intentando doblegar la suya. Las facciones desfiguradas brincaban en la metamorfosis de un semblante normal y el del monstruo consolidado. El aura de su propia energía irradiaba la terrible inestabilidad que encontraba imposible contener por si mismo.
'¡Bulma!' El saiyan mas joven escuchó el lamento de su aliado, el temblor involuntario creció incontrolable, resintiendo la necesidad de acudir a salvarla de lo que fuese que estuviera ocurriendo.
—¡Está perdiendo la razón! — Granolah despertó por el temblor previo y advirtió a los otros dos atormentados por la destrucción aledaña — ¡No lograra estabilizarse!
Saltó Vegeta, indómito en furia y angustia, descargando en sus puños toda la frustración de encontrarse acorralado en todo aspecto. Latiendo en cada gancho propinado todo el poder otorgado en la línea de sus poderosos ancestros, en las profecías decantadas de promesas sin cumplir, en todo lo arrebatado a manos llenas. Se contempló a si mismo sobrepasado por su historia de fracasos, vencido y superado por incontables enemigos y muerte, ahora encontrando una brecha infranqueable entre arteros métodos indignos para despojarlo. Miró a su rival arrebatado y comprendió que no quedaba en ese momento otro guerrero en pie más que él mismo.
—Que así sea — Recordó su primer estatuto y encendió a tope toda la energía restante, todo el poder de la esperanza vertida del resto y su propia valentía recuperada como propio estandarte.
El aliento final del último miembro en portar la gloriosa fuerza de su casa. Jamás se acobardaría. Y si su único destino seria morir terminando de una vez por todas con el infierno renacido, pagaría gustoso el precio.
—¡Yo soy el príncipe saiyan! —Gritó, radiando llamaradas, obligándose a incendiarse sin reservas, a surgir de las vencidas cenizas de su leyenda. El poder acudió, corriendo libre en cada vena y rincón y las flamas externas se internaron en su aura, sacando el asombro colectivo de todos los testigos y la enorme sonrisa de su maestro, comprendiendo que su trabajo estaba hecho. La última lucha antes de empapar en rojo sangre su lecho de muerte, como roja se tornó toda su fisionomía.
—¡¿Qué clase de transformación es esa?! —Raditz murmuró sin poder dejar de admirarlo.
—El estado divino —Merus asintió, interiorizando que esa última esperanza estaba por llegar.
—Merus —Gokú corrió en su dirección —Debes ir al castillo ¡El ki de nuestras aliadas está sumamente débil!
—No ha regresado tu fuerza —Abrió los ojos el ángel, atormentado por lo que eso suponía.
—No — Raditz denegó señalando la espeluznante batalla ahora aconteciendo en el negro cielo —¡Su poder está contenido en un anillo diferente!
Merus palideció, el tiempo concedido en ese lapso de irracionalidad acabaría estallando porque no había ya quien controlara la estabilidad de la gema. No había forma de regresar las cosas a la normalidad si no conseguían destruirlo, voló en torno al castillo en busca de la solución.
En el plano cercano, bajo las ráfagas del tornado, el Heata vislumbró el cadáver de su hermano. La pesadilla lo obligó a caer, carente de motivos, de vida o alegría, sin poder constatar si habría sido su misma batalla o el rayo que quizá jamás esquivó. Se encontró lleno de arrepentimiento.
Miró su pasado, sus ambiciones vacías. El aspecto destruido de todo el panorama como lo estaba la propia creencia en si mismo. En lo alto, la fiereza con la que el ultimo guerrero en pie intentaba salvarlos y al pie su propia insignificancia, favorecido por un deseo vano que jamás mereció.
—Goku —Gas lo llamó sin poder levantarse, con toda señal de desasosiego y conmoción por la decisión que estaba a punto de tomar. Contagiado del dolor al adjudicar la muerte de su hermano a esa bestia, se unió a la esperanza del resto observando en silencio la pelea final —No soy yo…quien puede unirse a la batalla —Murmuró sin animo alguno a desligarse de su destino.
—¿De qué hablas? — Contestó el aludido vertido en ansiedad, levantándolo por la fuerza.
—Toda mi vida serví de instrumento en los planes de alguien mas, no hice algo honorable en toda mi existencia. No tengo nada más que dar—Suspiró extendiendo una mano en su dirección —Pero tú… tú estás destinado a cambiarlo todo.
El saiyan sin cola percibió un enorme calor formándose al centro de su cuerpo, por reflejo comenzó a canalizarlo en la misma forma que su anterior técnica debía ejercerse para protegerse y segundo a segundo la exponencial cantidad de energía se decantaba en su interior sin poder manejar a plenitud la acelerada tasa de cambio que debía soportar de súbito.
—¡¿Pero qué estás haciendo?! — Extendió ambas manos al frente, abrumado por el incesante poder fluyendo directo a sus reservas, sin despegar los ojos de la palidecida estampa del Heata a quien su piel y venas traicionaban alentando aceleradamente el curso de su propia sangre y fuerza —¡DETENTE O MORIRÁS! —
—Arregla con mi sacrificio— El joven le sonrió —Todo lo que alguna vez te arrebaté.
Soltó un enorme grito, obligándose a retribuir cada gramo de fuerza en favor del despojado, devolviéndole lentamente todo el curso de su ki reaccionando sediento a los raudales de energía donados de forma cruda y repentina. Haciéndolo radiar sus previos colores de forma involuntaria y devolviendo con ello la fe a todos los que pudieron atestiguar el milagro concedido con una muerte.
…..
Esparramadas en el suelo, las tres mujeres habían sido apenas cubiertas por la debilitada magia de la bruja recobrada en conciencia. Sin embargo, su rápido salto no había sido suficiente para mantenerlas a salvo de la magnitud augurada en la potencia de esa explosión. Arrastrándose hasta la primera de ellas, habiendo sido parcialmente salvada de evaporarse por su traje ahora carbonizado. Intentó despertarla de su inconciencia, a sabiendas de las pocas horas de vida que le quedarían en ese estado de daño interno, pues Bulma jamás fue una peleadora capaz de resistirlo.
—Despierta, Bulma Briefs —Le habló temblorosa, logrando que los débiles ojos apenas se abrieran sin poder enfocarla.
—¿Esta…muerto? —Preguntó, haciendo un esfuerzo por llevar aire a sus vencidos pulmones —¿Se…acabó?
—Está muerto —La anciana le externó solemne —Pero no ha terminado tu labor…
—No …puedo — Intentó ella levantarse en vano —No …tengo fuerza— Gimoteó resintiendo lastima por su maltrecha figura —ya no tengo… más.
Y la anciana cayó en una penosa nota de remordimiento. Sabiendo la valentía que debía infundir para conseguir el último empujón de su visión profética. Tomó ella ese rostro níveo con apenas fuerza contenida en la temblorosa mano —Recuerda este credo: Aquel guerrero invencible solo será quien la esperanza nunca pierde— Ojos cargados con sabiduría de toda experiencia y en su último aliento, palpitaba la necesidad de vaticinarle el que siempre fue su glorioso destino—Levántate y toma tu lugar, subestimada rival, que en todo lo que hoy emprendas, serás tú quien venza.
Escuchó el atronador rugido de la bestia vertida en rabia en la lejanía, los destellos esmeralda sin ápice de control, destruyendo propios y ajenos sin distinción. Apenas confrontado por una antorcha roja utilizando todo en su poder para evitar que destruyera el planeta por completo.
Aterrizó al lado de ellas el ángel encubierto. Mirando entristecido el deplorable estado de las humanas en el suelo apenas en un hilo de vida.
—Has llegado finalmente, trotador de mundos — Uranai se inclinó reconociéndolo — El brujo ha sido destruido, pero el otro anillo estallará sin el sello de su tutor legítimo.
—No puedo intervenir— Comprendió Merus que la humana debía ser el último oráculo que pudo contactarlo tiempo atrás—Si lo estabilizo, desapareceré y él conservará su fuerza. Cuando me haya ido, ya nadie podrá vencerlo.
—Yo se cuál es la respuesta a nuestra necesidad —Admitió la bruja entristecida, guardando para si el secreto de lo que había de hacer— Consolidarás al dios de la fuerza, su reencarnación está a punto de retornar. Es hora de tomar nuestros caminos finales en juego.
—No es posible aun —Merus agregó— La mitad de su poder sigue encerrado en la otra piedra, debe ser lo que potencia los pothalas a ser permanentes. Si no tienen la voluntad, no puedo obligarlos.
—No caigas en la desesperanza— Dio ella una débil sonrisa —Aun no se ha sacado la ultima carta —Miró solemne a la humana y el ángel finalmente entendió lo que habría de acontecer.
….
El rugido de las intolerables corrientes acallaba el escándalo de cada víctima corriendo por su vida. Sin orden o probabilidad se levantaban enormes fragmentos de roca, el agonizante mundo instaba a su propia resiliencia a resistir la inexplicable fuente desbordada de energía que desmembraba inclemente cada parte del paisaje. Estropeado su viejo uniforme, completamente vertido en marcas terribles de abuso a su propia estampa, el ultimo guerrero intentaba mantener la fuerza necesaria en medio del caos suscitado en que cada ser antes combatiendo pretendía salvaguardarse de las destructivas olas de energía exterminando sin sentido cada materia en su infortunado camino.
—¡Esa bestia es intocable! — Limpió Vegeta el exceso de sangre en las marcas de su rostro, la pesada respiración se dificultaba a ese desgastante ritmo y a pesar de utilizar el tope de los nuevos alcances, simplemente aun no era del todo suficiente.
El enloquecido ente no portaba signo alguno de razón. Los rostros apesadumbrados de suyos y ajenos en pos de salvaguardarse se derramaban en el inseguro subconsciente del príncipe, como ineludibles demandas suplicantes a su propia fuerza.
La distracción costó un revés, estando en un segundo al alcance de ese animal de guerra, fue sometido en una llave brutal. De un segundo a otro el monstruo lo sostenía por la espalda y podía jurar por el dolor, que esa sería la última vez en que su espina dorsal estaría completa.
—¡Suéltalo! — Otro grito resurgió, un gancho al rostro del titan consiguió liberarlo y al tomar aire de nuevo, observó quien se unía a la batalla; portando los mismos colores que él mismo. En ese preciso momento la contrariedad que tal ayuda le suponía nubló su juicio.
—Ka…— Tartamudeó inseguro de estar presenciándolo, en nota de recelo con la misma dosis inscrita de asombro —Kakarotto— Reconoció, detallando su apariencia en la misma forma divina idéntica a la propia —¡Largo de aquí idiota! ¡Estas interfiriendo con mi pelea!
—¡Ya basta Vegeta! — Replicó el otro esperando el contrataque —¡Este no es momento de discutir!
Sin tardanza estaba acorralándolos una vez más el enemigo en común. Golpe tras golpe intentaban frenar el avance, pero el estado inestable en sus propios espíritus discordantes impedía efectuar una defensa coherente. Atinar a coordinarse resultaba imposible. Un disparo arrastró al menor en contra del más experimentado, impactándolos entre las rocosas viviendas de la capital en un radio de destrucción insondable.
—¡Quítate de encima, imbécil! —Arrojó al saiyan sin cola, renumerando las cuantiosas heridas que ese ataque habría costado.
—¡Ya ni siquiera es capaz de reconocernos! — Sentenció el otro, arrojando al suelo toda su vestimenta quemada —¡Escúchame Vegeta! — Viró, llamando la atención del otro enfurecido joven dándole una mueca de desprecio — Si no hacemos esto juntos ¡ese monstruo va a matar a todos! ¡Está destruyendo el planeta entero!
El temblor se intensificaba, el ruido excesivo del panorama agonizante ni siquiera permitía escuchar los gritos a la distancia. Ambos se observaban con opuestas contradicciones en mente, más entendían que de no dejar atrás el rencor por cuentas pendientes, ninguno llegaría a ver el amanecer.
—¡Eso ya no me importa! — Vegeta se levantó hipnotizado en su propia impotencia —Sabia que firmaba mi sentencia al venir aquí — Escuchó a la demoniaca fusión apresurarse en su contra —Si así he de terminar, que así sea — escupió aguzando el entrecejo —¡El ultimo príncipe de mi casa morirá peleando!
Lo alcanzó a medio vuelo, recibiendo de nueva cuenta otra brutal paliza.
—¡Maldita sea! — El otro desesperado joven lo imitó, no siendo ambos suficientes para dar suficiente bloqueo al poder destructivo de la horrenda creación que confrontaban. Rugió la desbocada abominación, haciendo uso de dos palmas y un titánico rayo que pensaba apuntarles.
Mas cuando los ojos de la muerte habrían amenazado a los dos últimos héroes, un certero aliado consiguió interponerse de barrera entre el trio, con un golpe suficiente para alejar al agresor.
—¡No Merus! — Gokú intento hacerlo retroceder, pero el hombre al que encontró no parecía en absoluto tratarse del maestro que recordaba. Su vestimenta era diferente y su aura perceptible, el báculo que cargaba tenía aspecto de tratarse de un tesoro milenario —¡¿Merus?! — Preguntó Gokú, inseguro de estar tratando con la misma persona.
—No puede ser— Vegeta reconoció de inmediato que debía tratarse de un ser sobrenatural descrito en las viejas historias, en su estado era capaz de percibir el enorme poder que el joven involucionaba adrede.
—¡Escúchenme bien! — El develado ángel habló —El ultimo regalo que les haré durará tan poco como mi existencia en este mundo — Escuchó el rugido distante de la bestia aproximándose —Ahora saben que soy un ángel y tendrán solo una oportunidad si es su voluntad traer al único ser que puede detener este desastre.
—¿Un ángel? ¡De que estas hablando! — El mas joven interrogó nervioso.
—No lo comprendí, pero ahora lo veo. No es un elegido sino dos, cada uno tiene la mitad del alma del dios de la fuerza — Rememoró la historia, descubriendo el motivo por el que nadie había podido encontrarlo antes. El castigo de los dioses era sublime —La única forma de traerlo de vuelta es que estén dispuestos a unirlo de nuevo en una sola presencia.
—¡Estas completamente loco! — Vegeta replicó, comprendiendo lo entredicho.
—De no hacerlo, todos morirán — El constante derrumbe de estructuras dificultaba la dicción de sus palabras —La gema que porta estallará pronto, solo habrá una oportunidad de sellar su poder, en cuanto eso esté hecho, tendrán que tomar la decisión mas difícil de todas y salvar a todos los demás.
—No puedo hacerlo— Interrumpió el testarudo príncipe — Esto es ridículo— Volteó en dirección de su anonadado congénere —No voy a aceptar formar parte de este imbécil — Gruñó, sintiendo una terrible repulsión apoderarse de su renuencia innata.
—¡No! ¡¿Qué están haciendo aquí!? — Ladró el descolocado Goku al poner atención al escenario, habiendo encontrado angustiado la razón por la que su enemigo habría demorado tanto tiempo en volver.
Tambaleándose, destruida hasta el último aliento de su cuerpo, había conducido decidida entre el campo de muertos y heridos. Llevando encima a la anciana concentrada, utilizando su magia en una pequeña esfera dispuesta a sellar el inestable poder del anillo al borde de desaparecer junto con ellos.
—¡No tengas miedo Bulma! — La vieja vociferó temblando en la misma medida que la aterrada joven — ¡Tú y yo salvaremos el futuro!
Descendió la criatura, el deforme rostro al frente destellando los colmillos con los que pretendía terminar con la vida de las dos risibles rivales debajo de su imponente marco amedrentador.
—¡No lo hagas! — Gritó el saiyan de la tierra, seguido en los talones por el horrorizado príncipe acelerando en la misma medida —¡Aléjate de ellas!
Tomó a ambas del cuello. Uranai conjuró toda la magia remanente, el único vehículo a utilizar su propia efigie y brillando en materia y esencia. Impuso las pequeñas manos sobre la gema y utilizando toda la energía vital propia, logró estabilizar el incesante pulsar de la roca con su vida.
Los tornados cesaron, los ojos blanquecinos recobraron el tono en sus pupilas y la razón regresó al infame portador del anillo siniestro.
—Gracias por esto — Murmuró, en un parpadeo incinerando a la inmóvil mujer.
El primer rayó llegó, saltando Panbroly a tiempo para esquivar al enfurecido Vegeta estrellándose contra el suelo que antes pisaba, el otro saiyan intentó arrollarlo, pero fue repelido del mismo modo que a su contraparte en el suelo. La siniestra risa se caló en alma de ambos, vertido en incertidumbre y angustia al verlo dedicar su atención a la ultima mujer en sus garras.
Bulma dedicó un resignado vistazo a ambos, fijando por ultimo los ojos en los del hombre al que más dolía abandonar con toda la pertenencia que pudo infundirle en esa despedida.
—Acábenlo—
Y en un soplo imperceptible, su corazón fue brutalmente traspasado.
—¡NOOOO! —Gritó el más joven, al tiempo en que su aliado caía de rodillas, imposibilitado a asimilar o medir sonido alguno, atormentado por la dulce mirada que ella le dio.
—Es una pena — Se burleteó el monstruo jugando con el cuerpo frio en sus manos —Era verdaderamente hermosa — La manipuló lascivo, demostrándola a sus enemigos como funesto estandarte de triunfo. Satisfecho por los rostros vertidos en rabia y aflicción. Regodeándose de la propia infamia mientras amenazaba con terminar de despedazarla frente a ellos.
—¡ES AHORA! — Merus vociferó extendiendo su bastón —¡Si quieren vengarla esta es la única manera!
—¡HAZLO ENTONCES! — Demandó Vegeta, enloquecido por la impotencia, embargado el orgullo por la profunda pena y presintiendo a su aliado temporal asentir resoplando furioso del mismo modo.
Las prematuras carcajadas del poderoso ente fueron silenciadas por otra sobrecarga de poder. A solo un alcance de sus pasos otro rayo refulgente iniciaba el proceso milenario de conversión, la entidad mas temida en el universo recuperando su brillo y color, en toda la gloria salvaje que le fue arrebatada durante milenios incontables.
El día y la noche de la temida promesa. La potencia de ese acto abrió las nubes del cielo, proyectando los vendavales que desaparecieron el aura renegrida en las nubes cargadas de energía. La luz cegando a los testigos apenas pudiendo anclarse al suelo por el tremendo huracán vertido en derredor y al final de esa magia, una sola mirada severa dictaba a su presa, que el juego había terminado. Compuesto estaba en su interior la verdadera amenaza de toda historia, el alma del dios de la fuerza finalmente restaurada.
Lo que protege.
Y lo que destruye.
—¡¿Quién demonios es ese?! — Granola vociferó apenas sosteniéndose del suelo, el otro par de saiyans resguardándose bajo la pobre protección de los escombros levantados, imposibilitados a contestar.
—¡No es posible! — Hakusa gritaba, embebida en la imagen totalmente improbable —¡Es solo una historia! —Intentaba convencerse, aferrándose a desistir creer infantilmente en la leyenda renacida ante sus ojos en carne y hueso.
—Kakarotto… — Radiz murmuró apenas hacia si mismo —Eres… un tipo increíble.
La inverosímil efigie descendió del cielo, ambos pies calmos al igual que su severa mirada clavada en el contendiente ingenuo que sostenía presuntuosa sonrisa sin sospechar el significado de lo que estaba vislumbrando. Las marcas de divinidad flagrantes en su extraña vestimenta milenaria, desconocida para todo incauto. Las marcas negras refulgentes y las marcas luminosas fusionadas.
—¿La quieres? — El osado retador se atrevió a provocarlo, sacudiendo el inerte cuerpo de la humana sin vida —Pues ven por ella, imbécil.
Dio el dios una leve sonrisa altanera…y así lo hizo.
Resintió el monstruo la primera dosis de un puño justo al centro de sus entrañas, el punzante dolor atravesando todos sus nervios. La sangre corriendo en sentido inverso a su curso normal, burbujeando por hallar una salida urgente a la marcha impuesta. Escupió el infame monstruo los densos coágulos testimonios del daño interno recibido, sin detenerse a verificar que su rehén ya ni siquiera estaba en su poder.
Depositó el dios su carga recuperada en manos del ceresiano apenas levantándose. Los testigos viraron al rugido del villano en carrera hasta ellos.
—Por los dioses — Granolah lo miró, regresando la preocupada vista al impertérrito ente al frente —¡Termínalo de una vez! — Exigió, para ni siquiera verlo desaparecer e incrustar de nueva cuenta el codo en la fisionomía de su embravecido retador. La forma en la que atestaba cada gancho, la flexibilidad con la que evadía los otros golpes, la cadencia de cada energía vertida para enfrentarlo, eran suficientes para hacer temblar todas las almas sobrevivientes dispersas. Excepto una.
—¡Merus! — Se levantó el ceresiano después de dejar a bulma entre los otros, abrumado por la forma en la que el cuerpo de su amigo comenzaba a desvanecerse en el aire.
—He cruzado la línea de lo permitido a deidades neutrales. Al desaparecer, ellos regresarán a cumplir el antiguo castigo divino como dos entidades — Explicó sin prestar atención completa a la forma emocional en la que su amigo denegaba de lo visto — Si logran mantener la paz en sus formas mortales, lograran regresar en una sola pieza al Partenón de los dioses como recompensa.
—Si morirías, ¿por qué lo hiciste?! — El joven insistió, sin encontrar consuelo en la forma en la que cada partícula de su viejo mentor se tornaba luminosa y desaparecía en el aire —¡Maldición no puedes irte! ¡todavía necesitamos de tu guía aquí! —Frenaba el imposible impulso por llorar.
—Lo lamento— El ángel le sonrió —Pero era imposible no inmiscuirme en el sentido de justicia que aprendí en todos estos años de lucha. ahora todo el universo estará a salvo— Volteó en torno a los otros dos asombrados y la mujer fenecida entre ellos —… con nuestro sacrificio — La marcha de su desaparición se intensificó — Granolah, Te agradezco todos esos años, como mi amigo.
Desapareció.
Al tiempo que un rayo terminó por traspasar el monstruoso cuerpo del vencido rufián. Cayendo en picada, herido sin un ápice de fuerza. Bajó hasta él su verdugo, obligándolo a extender la mano para cercenársela sin piedad alguna y una vez en su poder, evaporó sus restos al igual que el perverso anillo con que toda esa maldad había sido perpetuada.
La sonrisa feral del legendario dios dio un escalofrío a los dos entes fusionados. Y antes de dar el golpe final. El tiempo de ambas fusiones terminó.
Arrojados en sentido opuesto, los dos héroes se miraron asombrados y el otro par resintió un diferente destino. Ambos atravesados del mismo modo, uno cayó en animo vencido, el otro en ánimo de intentar efectuar su ultimo escape milagroso.
Panbukin se arrastró, toda su mísera anatomía apenas con unos minutos de vida, abandonado de fuerza o plan alguno, resintió un pie fijarlo al suelo solo para recibir la altiva mirada de la única criatura que jamás perdió esperanzas en destruirlo. Cubierta en sus propias heridas mortales, la última humana de la galaxia lo sometió.
—No morirás a manos de un saiyajin— Repitió el irónico estatuto de lo dicho al prodigio sin cola —Sino de una guerrera de la tierra.
Atravesó su cráneo, fulminándolo con un único golpe preciso. Reclamando al fin para si, la muerte que tanto tiempo soñó ejecutar. Por fin Milk descansaba de su anhelo y así, se dejó caer rendida.
….
Otra nave se escuchó ingresar, en medio de murmullos y quejas. Donde todos los presentes intentaban digerir lo atestiguado sin prestar siquiera atención si el mismísimo dios de la creación se hubiese presentado en ese instante.
—Creo que llegamos tarde —Krillin observó con la escotilla abierta — Todo está destruido.
—No todo —Señaló Monite un particular sitio.
…..
Gokú se levantó, observando la apenas viva figura del saiyan legendario, en un agonizante curso a abandonar ese mundo. De inmediato salto a una pose defensiva.
—Lo…lamento — Broly musitó, subiendo y bajando el pecho sin poder atinar a decir algo coherente, observando a su enemigo caminar hasta donde el estaba, hizo un ultimo esfuerzo por traspasar todo lo que su conciencia rogaba enunciar — Hijo de Bardock…dile al príncipe Vegeta, que lo… — Suspiró sin mas energía para exhalar, cayendo de espaldas abandonado de su propia voluntad persistente—Lo lamento.
Partió. Con la agridulce conciencia del amonto de hechos cuestionables en su propia existencia. Pero ahora encontrándose libre del peso de su carga impuesta, de su indeseable destino como herramienta de tantos y sobre todo, de su siempre trágica, vida solitaria.
Exhaló Gokú, sin tener palabras para todo ese inesperado devenir, escuchando en la distancia el grito de su amigo de infancia llamándolo por su nombre para apresurarse a encontrarlo. Pero su ánimo no estaba en absoluto acorde a esa victoria, pues en la distancia podía observar a su rival sosteniendo en brazos el cadáver de su mejor amiga. Con el mismo sombrío tono, viró la vista al sitio donde el cadáver de su padre estaba parcialmente sepultado por los escombros y ruinas que esa batalla dejo detrás. El sabor de su triunfo era en definitiva amargo.
—¡Estas vivo! — Krillin se abrazó al torso de su amigo, admirando con toda franqueza al que consideraba ser su idea de invulnerabilidad. Pero este no tenia en su eterna marca de confianza un ápice alguno de certeza.
—Pero tantos otros no…— Atinó a decir como única sombría aseveración. Posando la mano en el hombro de su amigo para ver de frente a su madre. Quien se contagiaba de inmediato de esa inherente tristeza al no necesitar en absoluto que se externara la verdad que ella misma había presentido antes, el vínculo de su consorte disuelto por encontrarse en dimensiones opuestas.
—Hemos perdido demasiado esta vez—Krillin musitó en animo melancólico.
—No tiene que ser así — Granolah habló, cojeando hasta donde ellos estaban —Mi planeta no fue destruido, las esferas siguen existiendo… y podemos cambiar esta realidad.
—El radar se perdió cuando Gas nos atacó — Explicó el saiyan sin cola, perdido en la visión de su madre y hermano pretendiendo recuperar el cuerpo de su padre —Tomará mucho tiempo encontrar las esferas sin esa ayuda y puede que tarde más tiempo de lo posible para revivirlos.
—Peor sería no intentarlo —Apareció detrás Monite, extendiendo las manos en torno al par y restaurando lentamente el maltrecho estado de sus cuerpos — Debemos partir de inmediato y buscar entre los escombros de su batalla…
Voltearon en dirección a la humana que podía haber cambiado ese infortunió, para toparse con la ensombrecida mirada de Shoga intentando hacer entrar en razón al semi-destruido saiyan intentando llevarse a la humana en sus brazos a pesar de su condición precaria.
—¡Espera! — Monite habló en su dirección —Permíteme restaurar tus herid…
Y el aludido no se detuvo, demasiado contrariado para sostener una conversación. Sin determinar si todo lo vivido era un triunfo o un desacato. El momento que siempre soñó conquistar, pero obtenido con la enorme estela de consecuencias incorrectas detrás. La infranqueable humildad pisoteando sus preceptos mas sagrados y saberse poseedor de un secreto milenario no era en absoluto placentero. Todos sus conceptos de éxito y verdad manchados de la intolerable verdad, de ser simplemente solo parte de un gran todo en el que cada aprendizaje vivido se reducía a un mero destino. Se encontró de frente con la silenciosa mirada de su rival, ahora comprendiendo a fondo sus motivos e historia, pero atados sin remedio al poseer el mismo final atemporal y compartir por siempre esa victoria.
Miró la pálida mujer en sus manos y la aferró impaciente. Incapaz de demostrar dolor la aseguró. Sin reconocer el error en lo que hacía, sabiendo a la perfección que no le correspondía el derecho, pero necesitando ese contacto absuelto sin que nadie se atreviera a oponerse.
—Namekiano — Goku habló en torno al anciano —Por favor, restaura a los heridos, una humana al fondo de ese derrumbe necesita atención, por favor ayúdala primero.
Voló en dirección opuesta, apremiado por el poco tiempo que tendría para poner a salvo a los caídos que intentaba resguardar. La imagen de su igual al frente anunciaba que no sería una tarea fácil.
—Debemos encontrar la forma de preservar su cuerpo sin…—Inició atajando el paso de su rival.
—No te atrevas a decirlo — Gruñó Vegeta de forma casi inaudible con la fiera vista apuntándole —No… te atrevas —Meneó la cabeza con implacable amenaza.
—Dámela— Respondió Gokú sin ápice de miedo, anteponiendo una mano demandante.
El duelo de voluntades se quedó impregnando el aire. Ambos agobiados de tanta muerte.
—No— Siseó dando un paso al frente, obteniendo del otro solo un cansado suspiro.
—Quizá te parezca imposible de entender, pero puede que exista una esperanza— Intentó explicar —de traer a todos de vuelta.
—Escuché lo que han dicho— Reviró Vegeta sin intención de ceder —Aun si fuera cierto, nada garantiza que puedan cumplir el deseo o que sirva para todos ¿Sobrepondrás la importancia de su vida sobre la de tu padre? — Lo interrogó logrando ponerlo a la defensiva por tal atrevimiento —Si hay algo que se de ti, es que eres particularmente egoísta.
—¿Qué estás diciendo? — Replicó ofendido —¡Ella es importante para mí!
—Lo sé — Espetó enbravecido por conocer de primera mano ese hecho —y si crees que muerta podrás mantenerme vencido, estas muy equivocado.
—El equivocado eres tú — Insistió, recobrando el sentido de la emoción que previamente compartieron en común —Ahora lo entiendo, todo esto tendrá una explicación cuando dejes de antagonizarme — Se impuso, sin tregua a desistir de usar la fuerza para recuperarla de ser necesario —y me permitas ponerla a salvo.
Y esa pequeña pausa se sentía como una tortuosa eternidad, sin fuerza alguna para combatir o voluntad para desistir, se quedaron ambos con la vista fija en el movimiento del otro esperando el primer signo de entendimiento u hostilidad.
—¡Ya basta! — Recibieron ambos un empujón de la mano femenina inmiscuyéndose—Todos hemos perdido suficiente— Avistaron ambos el penoso estado decaído de la madre de Gokú, intentando hacer entrar en razón a los dos necios incapaces de ceder —Dámela ahora mismo, todavía hay mucho por hacer y tu tienes otra preocupación más—Señaló el cielo, donde otra nave desmontaba con los últimos lideres regresando a brindar auxilio y reconocimiento a los vencedores.
El descenso fue rápido, saliendo apresurado entre los primeros un particular namekiano joven, dispuesto a ayudar a los caídos, cargando dos niños en brazos.
Gine se acercó, limpiando la lagrima en su rostro. Abrazando a su cría y agradeciendo a Nail sus cuidados. Tomó a un solo niño aun dormitando y regresó a donde un asombrado rostro observaba absorto a ese pequeño disperso en pacíficos ronquidos.
—Dame a su madre— La mujer exigió —Pues es hora de que conozcas a tu hijo.
La voz abandonó la garganta del príncipe, empedernida nota que desistía hacerle entender lo extendido al frente. Y ahí estaba toda la evidencia de su propia inscripción: el mismo ceño y aura, el tono idéntico de piel corriendo en la mezcla de colores de la mujer que le dio vida. No cabia duda, que sus palabras eran ciertas, jamás tuvo algo que dudar, pues ella siempre le perteneció a él.
—Su nombre es Trunks —Habló Gokú, sin dejar de prestar atención a la abrumadora reacción imperdible de su congénere —Y no creo que sea buena idea que vea a su madre en estas condiciones. Se aproximó a tomar de brazos de su rival el cuerpo, encontrándolo aún renuente a cumplir con lo dicho. El mayor solo giró el rostro en dirección contraria, buscando las palabras para todo ese mundo de circunstancias intolerables de realidad.
Sintió el peso en sus manos cambiar de nivel y al sostener la pequeña figura entre brazos, el crio abrió los ojos, su semblanza le retrajo la dura voluntad de permanecer indiferente a la enorme pena.
Los ojos de su madre.
—Ahora es tu turno —Gine musitó —De escribir la historia de un nuevo príncipe saiyajin.
Madre e hijo se marcharon. Los murmullos y restos de escandalosas demoliciones apocaron su presencia hasta parecer un silencioso cantico de fondo, mientras el padre sostenía la frágil figura de su progenie, envuelto en otra insondable profundidad nueva para sus propias emociones: El sentido inmediato de pertenencia.
—Trunks —Repitió, poniendo especial interés el idéntico ceño molesto escudriñándolo —Tu madre tiene el peor gusto — Farfulló, dando un respiro a su ninecesaria tensión. Asegurando en brazos al niño, recubriendo su dolor para erguirse, mientras el resto de sus hombres se acercaban a auxiliarle.
…..
Una hora después, los dos fallecidos en su clan fueron colocados juntos. Ambos semblantes serenos cual si solo dormitasen e irónicamente portando la misma herida idéntica.
—Y pensar que morirían el mismo día — Krillin suspiró —En este mismo momento deben estar también peleándose en la otra vida —Hizo a Raditz soltar una risilla y al resto dedicarle miradas acusatorias por su insensibilidad.
—Me alegra ver— Gine volteó en dirección de su hijo mayor, todavía siendo restaurado por el namekiano anciano— Que pudiste encontrar la forma de hacer lo correcto.
—Siempre lo supo —Se acercó a ellos una nueva aliada, una recompuesta humana que solo uno de ellos reconoció —Siempre fue uno de ustedes —Se instaló entre ellos, acompañada por la escuálida figura de Cheelai entristecida por las bajas incesantes en sus filas. Pero su gran sorpresa no fue verla de nuevo entre los suyos, sino un pequeño bulto en brazos que jamás pensaron pudiese existir.
—¿Quién es este niño? —-Gine se apresuró a externar, abrumada por el enorme parecido a su consorte fallecido…o a su hijo menor.
—Él es…—Raditz titubeó en mantener para si ese secreto, pero al mirar los ojos sorprendidos de su hermano, no encontró valor para negarle ese gran consuelo —Mi sobrino.
—¡¿Sobrino?! — Gine replicó incrédula.
El enorme saiyan se irguió. Cargando en brazos a su padre e indicando a los otros levantar a la humana.
—Síganme, guardaremos sus cuerpos en los tanques y allí les explicaré — Pauso entrelazando la vista con la humana entre ellos —Pero Milk tiene algo que decir en privado — Asintió a ella, quien entendía con ese gesto que su valorada libertad estaba finalmente concedida y respondió conmovida el mismo semblante con enorme agradecimiento inscrito. Nada había ya que decir.
Se marcharon. Dando furtivos vistazos al par dejado detrás. Y el saiyan de la tierra no podía dejar de mirar al pequeño sonriente que del mismo modo lo admiraba. para la humana, la escena era simplemente demasiado.
—No sé cómo comenzar — Externó en apenas un hilo de voz, poco característico a su siempre fuerte personalidad —Pero ahora, debes saber lo que realmente ocurrió — Bajó el rostro insegura de su siguiente paso —Él es Goten— Extendió al pequeño en brazos del otro —y es… tu hijo.
El par quedó en silencio, el alto joven la miraba sin terminar de comprender las palabras dichas, pero sabiendo en el fondo que no había signo alguno de mentira. Al mirar al sonriente bebé, no pudo más que sentir un enorme peso en sus entrañas, reconociendo de inmediato su idéntica copia que alegremente intentaba alcanzar su embelesado rostro. Entendió entonces que su presentimiento era real, todo lo vivido recobrando sentido, mas no era ese apego concebido de modo normal, pese a sus instintos estar en sintonía con su descubrimiento, su mente discordaba del sentimiento necesario en torno a la madre de su hijo.
—Tengo… un hijo— Murmuró quedamente, levantando al pequeño con la vista enternecida para apegarlo a si —Es maravilloso — Declaró fascinado por ese impensable evento.
—Lamento haberte engañado como lo hice— La humana se apresuró a calmar su propia culpa —Pero no me arrepiento de su existencia — Volteó en dirección a donde el único centro médico en pie operaba, a sabiendas de lo que ella misma conciliaba como cierto, otro vinculo al que suponía ella no podía aspirar — Entiendo que esperarás…por ella y no pretenderé hacerte elegir entre él o tu familia —- Recusó sin pretender causarle más daño —Podrás ser parte de su vida si así lo deseas.
—No ha sido fácil para ninguno de nosotros — Respondió su acompañante—No puedo imaginar lo que debiste pasar todos estos años sola— Miró en la misma dirección que ella —Lamento no haber podido cambiar tu suerte cuando debí hacerlo — Exhaló abrumado — Lo que pasaste por mi culpa.
—No fue así — Sacudió ella el rostro, denegando su aseveración —No fuiste tú, todo estará olvidado pronto — Puso la calma mano en su brazo —Jamás podría culparte por el daño que otros...
Y eran esos ojos llenos de esperanza los que él encontraba imposibles de evadir. Sin poder encontrar en si mismo la forma en la que debía contestar. No había una historia de la cual partir, los débiles recuerdos de un breve instante de infancia que no servían para consolidar lo que ahora se encontraba en su futuro ¿Qué era lo que por ella sentía? No bastaba el instinto para dar entereza a un vinculo apenas concretado por mero accidente.
—No puedo ofrecerte lo que esperas— Admitió avergonzado de su propia incapacidad latente—Pero intentaré lo necesario para resarcir el daño que has sufrido — Aseguró, fijando su mirada en la de ella, como una tácita promesa que con toda su alma pretendía cumplir.
—Quizá algún día — Le sonrió ella, recuperando a su hijo y posando la mano sobre el decaído rostro del joven —…Me permitas hacer lo mismo por ti.
Dio sutilmente la vuelta para irse. Dejando atrás el inestable sujeto carente de certeza. Pasando casualmente la vista sobre todos aquellos que habrían perdido lo mismo que él. El anochecer anunciando el fin de una era y en la vasta lejanía, se topó con la vista cansada de su igual contemplando el horizonte, portando la misma incertidumbre acerca del porvenir. Y ninguno necesitaba palabras para entender el silencio que sus almas necesitaban escuchar.
Terminó así la incansable lucha, habiendo cumplido cada uno el destino deparado por la irrompible profecía. Pero no había entre ellos forma alguna de que encontraran cumplida la promesa de que todos los esfuerzos, por tanto tiempo padecidos, rindiesen la anhelada recompensa codiciada.
—Encontraré la manera —Murmuraron ambos al viento — Juro que así será.
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Me gustaría saber como creen que todo terminará. Muchísimas gracias por leer por todo este año.
