Hola.
Bueno, lo más importante es terminar lo que se empezó y no esperar los comentarios...
Pero sí me gustaría recibir reviews porque así sé que hay alguien del otro lado.
Los invito a leer el...
Capítulo 5
Locura tras el volante
Luego de un par de días después de la última carrera, ya era hora de una nueva y todavía el equipo Bandicoot no se recuperó de las lesiones del anterior enfrentamiento. De por sí, no le dolían tanto los golpes y raspones, sino el hecho de volver a verles las caras a esos villanos, y recordar la tortura física y psíquica que les causaron. Además de hacer trampa, al tratar con todas sus fuerzas de sacar a los rivales del camino, la vez pasada el N Team se atrevió a usar diferentes dispositivos que podrían resultar mortales. El antídoto contra esto, según la chica, era combatir fuego con fuego, aunque eso sonaba horrible, ya que las reglas no decían nada sobre uso de armas. Ella se propuso a fabricar y construir el mismo armamento que aquellos utilizaban y, para el día de la nueva carrera, ya lo tenía todo preparado. A pesar de que todo estaba listo, los compañeros de Aku Aku no se sentían con ánimos aquella mañana, si bien se pusieron de acuerdo con seguir adelante, ya sea para detener a los científicos y a ese Oxide.
—Se tendrán que olvidar que estas carreras de karts no son un deporte, sino una forma para llegar a que este planeta pueda salvarse —comentó el guardián, esperando animar al grupo.
Los cuatro integrantes asintieron con seriedad y se alejaron de su cabaña para ir hacia donde los competidores se reunían: en el podio. Frente a esa construcción de piedra, podía verse a las entregadoras de premios, charlando en voz alta, y se callaron tras oír el ruido de motores. Ellas saludaron a los recién llegados con una sonrisa, y fueron pocos quienes les devolvieron el gesto con la misma intensidad, porque sabían que estaba ocurriendo algo fuera de lo que se habían acostumbrado. En las dos últimas carreras, los grupos fueron por su cuenta hacia las pistas, sin la guía de las bandicuts, que sólo sucedió el primer día. Esta vez, el sistema GPS integrado en cada vehículo los condujo al mencionado lugar, en vez de encontrarse con una nueva pista. Por eso, ellos sentían que las cuatro tenían noticias aparte de que ya era tiempo de enfrentarse al primer aliado del alíen. Cuando Coco quería averiguar más sobre el asunto, un raro sonido le llamó la atención, el cual era una irritante bocina que imitaba al didyeridú. A toda velocidad, Dingodile se hizo presente, haciendo derrapes alrededor de la plataforma.
—¡Abran paso a los ganadores! —gritó él cuando frenó su pequeño automóvil color amarillo.
Mientras que la hermana de Crash y la mascota también de este, gruñían enfadados por esa muestra de arrogancia, los demás miembros del equipo de Cortex se estaban acercando. Ese capitán casi calvo sonreía con maldad y preguntaba, aunque adivinaba la respuesta, si ya era hora de correr contra aquel canguro loco llamado Ripper Roo. Megumi no sólo le respondió, sino a los demás en voz alta, anunciando que pronto los tres corredores con mayor puntaje, podían competir contra el primer jefe. ¿Quiénes eran esos tres?, se preguntaban todos ellos y la respuesta apareció en holograma, el cual mostraba una tabla de posiciones. Cada trofeo dado equivalía a tantos puntos: llegar al primer puesto, era igual a ganar tres puntos; dos, en el segundo lugar; y sólo un punto para el tercero. Haciendo sumas, quien consiguió el triunfo en la primera fase fue la única participante femenina, y para el segundo y tercer puesto, no fue sencillo aclararlo. En tanto la máscara con plumas y sus seguidores estaban felices por su compañera, una discusión surgió entre los villanos y las guiadoras. Al final, hubo un acuerdo.
—Como es más importante obtener el primer lugar, el doctor Cortex y Dingodile competirán con Coco —informó Isabella, actualizando la tabla de posiciones, y el último saltó de alegría.
Ese animal híbrido vociferaba contento, contando que ya lo presentía, y los rostros serios de sus colegas no lo desanimaban. Las ayudantes del extraterrestre interrumpieron a todos con el aviso de que era el momento para viajar hacia la pista en donde estaba esperándolos ese mutante que logró convertirse en psicólogo. Pese a que ellas sólo les mostraban a los tres el camino a seguir, el resto de los concursantes optaron por acompañarlos hasta donde podían. Luego de rodear una montaña, todos pararon frente a una cortina metálica, el cual tenía una imagen del rostro de aquel marsupial azulado. Cuando las cuatro chicas de los trofeos dieron unos pasos hacia la gran puerta, esta se abrió sola, demostrando una densa oscuridad en su interior. Ellas indicaron que ya se podía entrar, y fue ahí en que Crash le dio un tierno abrazo a su hermana, como deseándole buena suerte, con las mascotas que los rodeaban. Por otro lado, como Neo sintió algo de celos al ver esa escena, él exigió que también le desearan una buena suerte y N. Gin cumplió de mala gana, mientras que su secuaz más leal alzó un pulgar.
—Bueno, aquí estamos —dijo la joven de ropa azul, ni bien todos arribaron a un sitio nuevo.
—¡Bienvenidos a Tubos de Roo! —exclamaron con alegría las orientadoras, todo al unísono.
Al parecer, ellos fueron tele transportados hacia una especie de cueva, con un techo a medio cubrir con metal hacia adelante, en cambio atrás se podía ver unas grandes costillas a modo de túnel. Dejando de admirar los alrededores, alguien los estaba esperando hacía mucho en la línea de meta, y antes de que sus rivales ocuparan sus lugares, aquel les tenía un mensaje escrito en una pizarra. Esta decía: "¿Están tan locos como para desafiarme? ¡Les enseñaré lo que es conducir de verdad! ¡Tonto el último!", y al tiempo que los demás terminaron de leer, aquel canguro se subió de un salto a su kart anaranjado. Ya todos ubicados, las cuatro dieron la señal para empezar la carrera, y los corredores fueron tan rápido como podían, sin que les importara que la ruta tuviera profundas ondulaciones. Ellos no debían distraerse con eso, ni siquiera con el hecho de que estaban conduciendo por un túnel bajo el agua; algo que podía percatarse gracias a un techo de cristal. Ruinas y algas se observaban a través del vidrio, y en la vía, el líder del primer tramo de carreras tomaba la delantera, junto con ese medio reptil.
—No tendrás buen trato sólo por ser mi amigo. Vas a perder —amenazaba el raro mutante.
Su expresión de enfado pasó a ser de sorpresa, al darse cuenta de que ese evolucionado que manejaba con los pies comenzó a usar su armamento. De repente, caía de a poco unas cajas de TNT, las cuales no se sabía bien cómo era posible que se lanzaran infinitas veces. Fue allí en donde las cosas se complicaron para los que estaban en la zona de impacto, teniendo que concentrarse en esquivar en lugar de conseguir una buena velocidad. Uno de tantos objetos explosivos, golpeó al que hablaba con acento australiano y eso causó que perdiera el control de su vehículo. Por poco, él no fue a chocar contra el muro transparente, y ocasionar tal vez una rotura capaz de inundar los tubos por donde estaban conduciendo. Ahora él ocupaba el último lugar y, al tanto que gruñía y no le daba importancia a una quemadura, fue en busca de los demás. A varios metros adelante, estaban empatados Coco y Cortex, quienes tenían la habilidad de maniobrar en zigzag, o quizá la suerte los acompañaba. Era eso o esas máscaras mágicas los protegían, y así ellos pudieron ser capaces de dar una vuelta sin ninguna herida.
—¡Ya es suficiente! —gritó furioso el científico—. No dejaré que esta alimaña siga atacando.
—No desperdicies tu única oportunidad de disparar —aconsejó Uka Uka o quizá le advertía.
Pero la ira que sentía aquel hombre era demasiada como para utilizar la esfera de energía, y también se salvó de la represalia de su guardián, dando directo al blanco. El disparo provocó que Ripper Roo saliera volando a gran altura, y lejos de asustarse, él se echó a reír, aun más fuerte de las risas que soltaba durante el trayecto. De esta forma, el médico se colocó por el momento en el primer puesto, y la Bandicoot también salió beneficiada, al dejar atrás a esas peligrosas detonaciones. Ya estando ella un poco más libre de tantas amenazas, tan sólo se tendría que ocupar de rebasar a aquel sujeto malvado y, por eso, prestó atención a cualquier cosa en el camino que pudiera ayudarla. Ella ya se estaba familiarizando con aquella pista en forma de ocho, que buscaba la manera de cortar camino, optando por ir en un sólo carril. El plan estaba dando frutos, ganando cuando cruzó la línea, y sólo debía continuar así por otra vuelta más. Sin embargo, mantener su posición se hizo difícil, al notar que los competidores se acercaban bastante enojados. Un duro golpe a su kart rosa le revelaba que le alcanzaron.
—¿A dónde crees que vas? —preguntó Dingodile, el responsable de aquella jugada tan cruel.
—¡Ahí viene ese marsupial demente! —gritó Cortex al escuchar cada vez más fuerte las risas.
Los choques se suspendieron por el momento ya que Ripper metía miedo al conducir a toda velocidad, zigzagueando como si perdiera el control de su automóvil. El fuego de la dinamita explotada le daba un aspecto infernal, y lo peor era que también pretendía chocar contra los demás. Ahora quienes luchaban contra el canguro, pisaron el acelerador con desesperación, para poder escapar antes de ser atropellados o quedarse atrás, donde les esperaba una gran lluvia de chispas. De los tres blancos a empujar con violencia, el saltador eligió ensañarse con Neo, el más asustado de sus enemigos, propinándole un impacto sobre una rueda que causó una inesperada desviación. No se sabía por qué tuvo que ser él la víctima de aquel psicópata obsesionado por el TNT, quizá por ser tratado como un experimento fallido, y también él se preguntaba por qué su guardián no lo protegió. Esta vez, sí hubo un choque contra la pared, y por fortuna, sólo se abolló la parte metálica, aunque sí eso fue doloroso. Uka Uka tan sólo gruñó, aguantándose de dar un discurso para regañar, y transportó el vehículo con su magia.
—Sujétate bien, Cortex —avisó la máscara negra y comenzó a llevar y a escudar a ese piloto.
Con la intervención de ese brujo oscuro, el humano se iba salvando de las bombas y lograba avanzar con rapidez, no obstante, el escudo mágico no duraba para siempre y, enseguida se desvaneció. Gracias a eso, el ocupante del rodado rojo llegó a estar al lado del loco mutante, dejando atrás a su secuaz que volvió a ser quemado. No más él debía concentrarse en Coco, quien iba adelante pero podía alcanzarla, y lo consiguió, para luego tratar de frenarla con un par de ataques. Por su parte, ella optaba por no seguirle la corriente, devolviéndole eso que recibía, sino que sólo intentaba esquivar, mas su idea no fue muy útil cuando el esbirro de la criatura alienígena apareció del otro lado para aprisionarla. Era una suerte que los coches no eran normales, sino que resistían mucho castigo, porque era seguro que ellos perderían sus ruedas con esa maniobra. En cambio, lo que sí surgió fue ser invadidos por un humo negro y este apestaba a neumáticos incendiados; situación que molestaba aunque no detenía a esos atacantes. Tan absortos estaban con su pelea, que tarde se fijaron que se terminó la carrera.
—¿Qué? ¿Quién ganó? —exigió saber el científico cuando vio que las chicas lanzaron confeti.
—Parece que el resultado lo decidirá la cámara —le respondió Megumi dudando al principio.
Cuando ya todos los corredores atravesaron la línea de llegada, ellos se agolparon alrededor de las bandicuts adultas, donde una de ellas tenía una tableta con el vídeo que mostraba ese final. Por más que ellos insistían en conocer la conclusión, aquellas no se lo permitieron y les obligaron a volver a sus autos para la tele transportación. Lo mejor era obedecerlas, para no meterse en problemas que quizá podrían llevarlos a ser descalificados, y se fueron con cierta angustia. Tras un instante de un torbellino de luces, todos ellos aparecieron de nuevo dentro de aquel oscuro garaje, y aquellas guías invitaban a regresar al podio. Luego de ir a velocidad de caminata, ya sea para acompañar a sus árbitros, y también porque ellos estaban agotados y lastimados. Una vez cerca de la zona de entrega de premios, se podía observar a los demás concursantes y a otros espectadores; algunos que estaban nerviosos y el resto aburridos por esperar tanto. Allí los equipos de héroes y de villanos se completaron, unos preocupados por el estado de salud de sus amigos, mientras que otros se burlaban por los torpes que fueron.
—Bien, ya es tiempo de revelar al ganador de la carrera —anunció Ami llamando la atención.
—Y su premio será una llave necesaria para abrir la puerta de la instancia final —agregó Liz.
—Por favor, denle un fuerte aplauso a… —dijo la científica, haciendo una pausa de suspenso.
—¡Coco Bandicoot! —exclamó Isabella a todo pulmón, y como si presentara a un boxeador.
La nombrada se sorprendió, al igual que los demás, y se llevó sus manos a los costados de su rostro al ver la foto finish, la cual mostraba que ganó por accidente. Resultaba ser que, casi al final, sus dos aprisionadores la apretaron tanto que su kart salió disparado hacia el frente; algo que ellos se lamentaron mucho al descubrirlo. Mientras que hubo de un lado dolor, ira y regaños, por el otro, el grupo de la chica lista festejaba con abrazos y saltos de alegría. Ellos fueron interrumpidos al rato por las muchachas con sombrillas, quienes querían dar paso al acto de entrega del premio. Para eso, se invitó a subir al escenario a la triunfadora y al quien poseía la llave, y hubo aplausos durante la marcha de la que usaba un overol. Ya en ese sitio, Ripper Roo llevó una de sus patas hacia adentro de su chaleco de fuerza y sacó un objeto de color dorado. La llave, un poco más grande que una normal, tenía una piedra brillante y roja con forma de rombo, y ese peculiar trofeo fue a parar en las manos de la pequeña bandicut.
—Gracias —dijo ella con dudas, ya que el canguro miraba al piso, escribiendo en su pizarra.
Cuando él acabó de escribir, se la mostró a ella, quien pudo leer que decía: "¡Estás más loca que yo! Toma una llave. ¡Buena suerte! ¡La necesitas!". Ella no sabía si sonreír o no por esas palabras, así que solamente repitió que estaba agradecida y enseñó una sonrisa forzada. Ahí se terminó la ceremonia, y el mutante de pelo azul se alejó brincando hacia su vehículo, para irse conduciendo, hasta que se perdió de vista. La dueña de una laptop rosa también bajó de ese podio para ir al lado de sus aliados, aunque no con la misma energía que aquel experto. Para no tener que ver más la feliz escena en que el equipo Bandicoot admiraba esa pieza de metal, el N Team comenzaba a retirarse del lugar en silencio. Ni bien ellos dieron unos pasos, las entregadoras de trofeos exclamaron a gritos que ellas aún tenían otra noticia que dar. De mala gana, los científicos malvados y sus creaciones voltearon para escuchar eso que era tan importante. Cuando ya ellas tenían la atención de todos los presentes, les adelantaron que se trataba de una mala noticia, una que involucraba al corredor que logró el menor puntaje.
—Uno de ustedes no podrá correr en la siguiente carrera —explicaba Megumi con tristeza.
—Pero podrá ser suplente, si por algún motivo un piloto no puede participar —agregó Ami.
—Es una lástima que esta sea una competencia eliminatoria —comentó Isabella enfadada.
—Y, el que fue eliminado es… —habló Liz, queriendo no seguir—. Pura. En verdad lo siento.
El tigrecito bajó la cabeza y, por poco, casi se puso a llorar, de no ser por una suave acaricia sobre su lomo que le hizo su cuidadora. El gesto lo reconfortó, tanto que alzó la vista para así mirar los ojos verdes de la joven, y también su leve sonrisa, que respondió con un ronroneo. Sus otros compañeros se unieron después a tratar de mejorarle el ánimo, y esa dulce escena fue dejada de lado cuando Neo preguntó, en voz alta y con desprecio, si ya era hora de irse. Las cuatro chicas asintieron apenas, y ese fue el pie para que el montón de villanos por fin se retirara. Los seguidores de Aku Aku también querían alejarse, pero uno de ellos no se subió a su pequeño automóvil para conducir de vuelta a la cabaña. Ese mismo era la mascota con el pelaje rayado, quien miraba con desánimo el rodado color azul violeta, y Coco no sabía bien qué le sucedía. La máscara de madera se interpuso revelando que el felino no quería utilizar más algo que no era suyo, y esa conversación llegó a oídos de esas marsupiales anaranjadas.
—El kart es tuyo, pequeño —dijo la que tenía el cabello negro, mimando la frente del tigre.
—Sí. Considéralo un regalo —reveló la que tenía pelo rubio—. Y lo usarás siendo el suplente.
Con esa noticia, el animal proveniente de China maulló contento y se puso tras el volante de su coche, para después irse junto con sus amigos. Mientras que ellos iban de regreso a casa, se mantenían positivos y pensando que estaban haciendo un buen trabajo, al poder ganar la primera llave. Quizá fue algo malo perder a uno de sus integrantes, pero lo compensarían en la siguiente carrera con mayor esfuerzo. Y hablando de la próxima competencia, sentían que las cosas cambiarían un poco, tras vencer al primer secuaz de aquel peligroso extraterrestre.
