Hola.
Gracias por tu review, amigo de FanFiction y de DeviantArt.
Sí, debería terminar este fic para sacármelo de encima y así escribir otra cosa.
Así que, ahora a leer el...
Capítulo 6
Oscuridad en Templo Tigre
Pasaron los días sin ningún aviso de una nueva carrera y eso mismo provocaba tensión en los dos equipos por igual. Por un lado, los héroes decidieron practicar mucho porque tenían que admitir que ganaron la llave por pura suerte, y también ya que ahora contaban con una gran desventaja al perder a un integrante. Mientras que, por el otro, el N Team entrenaba casi sin descanso, no sólo para mejorar en todos los aspectos, sino porque eran obligados por esa vil máscara negra. Con regaños a cada rato, esos científicos malvados y sus secuaces debían ir a todas las pistas cercanas, con lo que eso fue todavía más estresante, a tal punto de perder la concentración. Fue por eso que, cuando Uka Uka dio una calificación al final de la jornada, el reproche fue demasiado para Tiny, quien casi derramó lágrimas y se alejó gritando que no se volvería a subir a su kart. Los demás miembros del grupo también se sentían mal, resistiendo en silencio los gritos amenazantes y el dolor de los golpes recibidos mientras conducían. Ahí, cuando el tigre salió huyendo, cada uno de ellos fue por un camino diferente, o eso se creía.
—¿Es en serio, colega? —preguntó Dingodile desde la puerta de la habitación que compartía con el gladiador, viendo como aquel empacaba algunas cosas—. ¿Quieres irte sólo por eso?
Ese animal anaranjado se quedó quieto y se volteó para mirar a su compañero, mostrándole una expresión de tristeza con ojos llorosos y, sin que el otro reaccionara siquiera, de un salto llegó a donde él estaba sólo para abrazarlo. Otra situación más para aguantar: el abrazo y el llanto de un amigo, quien no dejaba de expresar con lágrimas y palabras lo mucho que dolió oír lo que decía ese hechicero. Luego de unos minutos que parecieron eternos, el saltador se apartó no más para proponerle al pirómano escapar con él; algo sorpresivo para quien todos lo creían alguien muy leal. Era una buena oferta, pensaba el híbrido con una sonrisa maligna, sin embargo, no quería irse de esa manera, para vivir como un fugitivo. Él le recordó el gran premio que ganarían si lograban derrotar a Nitros Oxide: cristales, gemas y otros objetos de un valor impresionante. Ambos lo necesitaban para financiar sus alocados sueños y para eso además requerían de la ayuda de los doctores, quienes conocían el mundo fuera del castillo. Al ponerse a idear en sus futuros proyectos, los evolucionados ya tenían firme una decisión.
—Tiny no querer abandonar —resolvió el tipo musculoso, tras limpiarse los ojos y su hocico.
—¡Así se habla, gato! —felicitó el medio reptil, dándole una palmada de afecto en la espalda.
Los dos acordaron en darle una lección a ese sujeto mágico, pero por ahora, irse a descansar era lo más importante, de modo que se fueron a sus rústicas camas, dentro de ese cuarto de aspecto medieval. A mitad de la noche, ellos se despertaron de repente por el horrible ruido de un trueno y, una sucesión de este sonido, les indicó que había una tormenta afuera. Este no era el único ruido que los despertó, sino que de igual forma fue culpable el rugido de sus estómagos. Siendo unos animales grandes, ellos ya tenían la costumbre de levantarse a altas horas a asaltar la alacena y, esta vez, no sería la excepción. Con una pequeña linterna, estos recorrieron los fríos pasillos en busca de comida, y se sobresaltaban con los rayos y truenos. Por suerte, llegaron sin problemas a la cocina y, ni bien hallaron el interruptor de la luz, todo el lugar bastante moderno se iluminó. Sonriendo, los dos se dirigieron por distintas partes, y así atacar a la nevera y a la despensa al mismo tiempo. Cuando estaban disfrutando de unos huevos duros y de un par de sándwiches con todo, unos pasos afuera llamaron su atención.
—Hay una nueva competencia. ¡Ya hay que irnos! —les gritó N. Gin desde la puerta y se fue.
—¿Qué? ¿A esta hora? —cuestionó el mutante mezclado, al tanto que trataba de alcanzarlo.
Los esbirros llegaron al rato al lado de ese humano medio robótico, para continuar con más molestas preguntas, y los tres siguieron corriendo hasta donde estaba la plataforma que los transportaría. En una parte del castillo llamada Ciudadela, que también fue construido por el extraterrestre, ellos se reencontraron con sus vehículos y, en seguida, apareció Cortex sobre su planeador. Él se veía más gruñón que de costumbre, porque realmente necesitaba tomar su descanso, y con un largo bostezo, se fue despacio hacia su rodado rojo. A la vez que él se colocaba tras el volante y pensaba en voz alta que tenía que conseguir un suplente, los otros integrantes se subieron a los coches y todos ya el podio se tele transportaron sin olvidar a la máscara mágica. Ellos aparecieron en un sitio que no reconocían, una especie de cueva alta y se podía ver el exterior, el cual coincidía con el clima actual de su guarida: con una tormenta. Las chicas de los trofeos estaban ahí cerca, junto con los dos hermanos y sus mascotas. Ellos se mostraban preocupados y extrañados ya que jamás creyeron que los llamarían a la noche.
—Bienvenidos a esta pista llamada "Templo Tigre" —exclamó Isabella, captando la atención.
—Corredores: a sus lugares —tomó la palabra Ami, y les indicó a los demás que la siguieran.
Las guías se dirigían hacia el exterior lluvioso, de modo que usaron sus sombrillas como unos paraguas, y los participantes no tenían otra opción más que mojarse. A pesar de la lluvia, a lo lejos podía verse un espacio de cielo sin cubrir con las nubes, mostrando una magnífica luna llena. Pronto el clima mejoraría, sin embargo, no podían escapar de las consecuencias de las fuertes precipitaciones, observando que hacia adelante tenían un camino empapado. Ahora ellos se debían concentrar en la carrera y, para comenzar, las cuatro bandicuts se encargaron de sortear las ubicaciones, obteniendo una mezcla de equipos. Ya estando listos, la señal que les permitía empezar se dio, y todos se encontraron con una ruta ondulada, que iniciaba con un descenso. Esta misma era de grandes bloques de piedra, los que también eran parte de la gran muralla que estaba a los costados. Los enormes ladrillos además formaban rampas, que conducían hacia la nada, pero no todo estaba cubierto por estos: había partes de tierra en el pasaje. Esto significaba que ahora esos sectores eran una trampa de barro, y algunos de esos pilotos cayeron en estas, logrando que casi se atascaran y esparcieron la mugre por doquier.
—¡Quítenmelo de encima! —ordenó Neo furioso, cuando una salpicadura cayó en su rostro.
Por más que él gritara, sus colegas no podían hacer nada para ayudarlo, porque ellos tenían sus propios problemas, tratando de andar sobre un terreno resbaladizo. Ir por ese lugar era la única forma de avanzar, debido a que era mala idea remontar al rasposo césped que había hacia un lado y que podía ser una forma de atajo. Tener que soportar el temporal y ese lodo, les hacía pensar a los competidores que el grado de dificultad se había aumentado, y creían que se aliviarían un poco al ingresar a un túnel dentro de las ruinas. Eso era cierto: el templo era en realidad unos restos de un edificio construido por los nativos, y Crash reconocía bien esas pictografías en los trozos de piedra. Tan abandonada y destruida no estaba la obra, ya que se veía a los lados unas largas antorchas encendidas y, muy cerca de estas, unos tótems lanza fuego. Eso último sí fue una sorpresa y los conductores se apuraban por esquivar esas llamas, aunque muchos sí sintieron un intenso calor por un instante. Ni bien dejaron atrás a ese riesgo, Coco terminó con las puntas de su cabello quemados y le sucedió igual al médico.
—¿Qué más puede pasar? —preguntó la rubia ya harta de encontrar problemas a cada rato.
El túnel se acabó y todos se toparon de nuevo con la lluvia, junto con una ancha curva en el tramo y que, más adelante, había otra más en dirección contraria. Como no tenían a la vista ese fastidioso fango, era hora de utilizar alguna de las armas que tenían preparadas y, el que primero reaccionó fue el Bandicoot, quien hizo que su kart azul acelerara de golpe. Los otros no se quedaron atrás y el hombre con barba usó su esfera de energía, intentando perjudicar a su más odiado enemigo. No obstante, no contó que alguien se interpusiera en medio de la azulada bola de chispas, y que la detonación ocurriera tan cerca de él. La culpa de ese hecho inesperado la tuvo el oso, quien no lo pensó demasiado y se sacrificó por su mejor amigo. Él y el atacante perdieron por un momento el control de sus vehículos, quedando por ahora en los últimos puestos. Ese mutante silencioso volteó la vista ni bien oyó a Polar ladrar como un cachorro lastimado, y se sintió mal al ver como él se quedaba cada vez más atrás. El chico de pelaje naranja no quiso que eso pasara y pensaba en ir a ayudar, mas había algo estorbando.
—Tenemos que ganar la carrera, hermano mayor —interrumpió sus intenciones su hermana.
Con eso quería ella decirle que no se preocupara tanto por el osezno y que valorara la buena acción que hizo, sin embargo, al estar él distraído mirando hacia atrás, no vio cuando Tiny le chocó sólo para empujarlo hacia el barro. El tigre de Tasmania carcajeó al cometer su plan, y al hacer esa maniobra, también se desvió debido a la ruta ondulante que reapareció. Ese fue el caso asimismo para el túnel rectangular, con aquellas figuras que escupían fuego a veces. Cuando no había más de ese lugar techado y se sentía caer agua, recién allí acabó la primera vuelta, con Coco y Dingodile a la cabeza. Ellos dos estaban molestos por tanto tropiezo en la pista y, en ocasiones, una nube tapaba la luz de la luna llena, la única fuente que alumbraba el exterior. Durante en esos minutos, la oscuridad reinaba así como el caos, porque los siete contendientes se desesperaban y empezaban con los ataques. Fue así que algunos fueron sin piedad chocados por misteriosos enemigos, en cambio, otros recibieron el impacto de aquel armamento que poseían. Por esto, no parecía ser un desafío de agilidad, sino de resistencia.
—Te convertirás en una tostada —amenazaba el híbrido, al tanto que atropellaba a la chica.
—No si te quemo primero —le contestó ella y prefirió entrar a ese juego de autos chocones.
Todo esto sucedía al ingresar en el pasaje cubierto y ambos peleaban con ferocidad, incluso después de salir de este. Como Aku Aku trataba de proteger a sus tres compañeros, al ver la contienda, él quería convencer a la muchacha de dejar esa ruin acción, no obstante, Crash lo mantenía ocupado al estar atascado en el lodo. Pero no fue necesaria su intervención, y todo fue gracias a su gemelo, quien usaba su magia en Cortex, consiguiendo que los lidiadores se separaran y apartaran de su camino. La barrera mágica los expulsó con violencia, desviando a los dos hacia el duro muro de bloques, y el golpe los aturdió por un tiempo. Aquello no les quitó las ganas de seguir luchando, aunque ahora sólo se dirigían miradas de odio cada vez que podían. No más la conductora del kart rosa pensaba en sobrepasar al médico, el cual se mantenía al frente ingresando a la cueva cercana a la línea de meta. Ya era hora de usar esa esfera de energía, creía ella viendo que aquel animal combinado hizo uso de su turbo, si bien esperó a un momento oportuno. Durante la última vuelta, ella no podía demorar su ataque.
—¡Ahí tienes! —gritó ella y accionó un botón, esperando que también alcanzara al cocodrilo.
—¿Qué es esto? —vociferó aterrorizado el que tenía una N en su frente, tras mirar de reojo.
Por más que zigzagueara, él no pudo escapar de las chispas que le causaron que su vehículo empezara a girar un par de vueltas. Fue una lástima que el disparo no le atrapara a ese otro rival, que se salvó por refugiarse detrás de una de esas rampas, y así él se colocó al frente de todos. La ira aumentaba en aquella que usaba un overol, y peor aun cuando sintió raspones a los costados, producto de que el evolucionado musculoso y el ciborg trataban de rebasarla. Al avanzar hacia la intemperie, el cielo volvió a cubrirse y apenas las cosas se veían, incluidos a los corredores. La próxima vez instalaría unos faros, decidió ella enfadada, por si una pista oscura se volvía a repetir, y al surgir de nuevo la iluminación, sólo vio que se encaminaba al muro. Por suerte, ella reaccionó rápido para no estrellarse y, de nuevo a mitad de la ruta, se encontró con ese secuaz saltador hacia adelante y muy cerca. Ella podía ser capaz de dejarlo atrás y, ya en el tramo con ondulaciones, observó que el otro esbirro estaba por acceder a la cueva. Quedaba muy poco tiempo para poder ganar y no se conformaría con un tercer lugar.
—¿Necesitas ayuda, Coco? —preguntó la máscara con plumas, siempre con su voz tranquila.
—¡Gracias a Dios que estás aquí! ¡Ayúdame! —dijo ella feliz, mas ocultó su enojo por tardar.
Un escudo multicolor envolvió al rodado, permitiéndole además duplicar su velocidad, y así se logró estar al lado de Tiny. Con tan sólo un poco más de poder para superarlo, la bandicut podría estar en el podio, sin embargo, las cosas se descontrolaron cuando Aku Aku acabó su protección justo frente al tótem, el cual le echó fuego. Una maniobra evasiva la salvó de una quemadura horrible, así como fue capaz de que diera vueltas sin control. Sintiéndose todavía algo confundida, ella cruzó la línea de meta, sin saber en qué lugar se encontraba y esperó a que los demás terminaran la carrera metros adelante. Esto era así porque ya no llovía más, y lo que más quería hacer era regresar para darse una ducha caliente y descansar. Viéndolos a los otros participantes, parecería que pensaban igual, ya que pasaban frío, estaban cubiertos de barro y bostezaban del cansancio. Aun así, los miembros del grupo Bandicoot sonrieron al reencontrarse y se abrazaron a pesar de la mugre y el dolor. El tigrecito venía corriendo para reunirse con su equipo y, al hallar a sus amigos dañados, frenó como si viera a un monstruo.
—Tranquilo, Pura, somos nosotros —habló su dueña con voz suave, y él se acercó despacio.
—Corredores: sígannos, por favor —pidió Isabella, conteniendo el horror al ver a los pilotos.
Apenas llegaron todos al podio, algunos más cansados y sucios que otros, y así se tenían que presentar a la entrega de premios. Por supuesto, no hubo espectadores debido a la hora, así no había nadie quien se burlara del pésimo estado de los integrantes del N Team, así que no hubo distracciones para concentrarse en los ganadores de la carrera. La primera en anunciar fue Ami, quien invitó a acercarse al competidor que obtuvo el tercer puesto: Tiny Tiger. Sólo su compañero de cuarto le aplaudió un par de veces, mientras que aquel buscaba su trofeo. Para el segundo lugar, la misma chica siguió hablando y llamó a Dingodile a retirar su premio plateado, siendo felicitado por ese animal de Tasmania, con mucho más ánimo que el otro. Y para el final, no fue la muchacha rubia o la morena la que reveló al triunfador (como querían los héroes, ya que descubrieron que sólo ellas dos les daban sus recompensas). Fue Megumi la que informó que resultó ser N. Gin el primero en dar las tres vueltas, provocando sorpresa y después rabia en Cortex. Aquel último fue el que exigió ver las grabaciones y, sin protestar, ellas se lo concedieron, mostrando una proyección en visión nocturna de los últimos hechos.
—¿Qué rayos fue eso? —gritó Coco indignada, señalando el vídeo—. ¿Él encontró un atajo?
—No sé qué sucedió —respondió el sujeto con un misil en su cabeza, viéndose aturdido—. El agua dañó mi lanzamisiles y se dispararon solos. No podía ver nada y no sabía por dónde iba.
Ni bien Neo solicitó la repetición de la carrera (no en ese mismo instante, sino sólo para que se viera su descontento), las cuatro guiadoras esta vez no lo escucharían y se decidió que eso fue sólo un golpe de suerte. Con eso, algunos se fueron a sus hogares sintiendo un malestar, unos por obvias razones egoístas, y otros debido a que ninguno de sus aliados pudo sumar ni un solo punto. Era más grave esta situación entre los amigos del hechicero benévolo, si bien tenían esperanzas de encontrar una solución, una vez que ellos renovaran sus energías. Otro quien también interpretaba lo reciente como algo malo, era el científico de barba candado, y sus quejas hartaron a Uka Uka, el cual le ordenó que se callara de una vez y que se pusiera a entrenar aun más duro. Tanta fue la molestia que le causó oír esos lamentos, que él se alejó furioso, buscando a alguien en particular, para poder hacerle unas cuantas preguntas. Aquel iba flotando por los pasillos y escaleras hacia abajo, hasta que llegó al taller en el sótano del castillo. Entrando como un fantasma, él esperaba dar un susto mortal a quien dormía en paz.
—¡Alerta, intruso! —decía una y otra vez el despertador, que estaba en la mesita de noche.
—¿Qué? ¿Quién? —preguntó el físico medio dormido y halló a su líder a los pies de su cama.
—Algo me dice que no fue un accidente tu victoria —habló el ser oscuro con voz tenebrosa.
—Y tiene razón —respondió con seguridad—. Usaré la ciencia para ganar esta competencia.
—Vas por buen camino —dijo con una sonrisa aviesa—. Sigue así y no intentes defraudarme.
