Hola.
Un capítulo más para llegar pronto al final...
Aunque, en realidad, me faltan muchos para terminar la historia.
Bueno, aquí el nuevo capítulo.
Capítulo 7
Caídas en Risco Nevado
A pesar de que pasaron varios días después de la complicada carrera en medio de la noche y con una feroz tormenta, las consecuencias aún golpeaban a los competidores. Ninguno tenía las cosas fáciles y reconocieron que todo podría empeorar, que no era un simple juego. Algo que no debían olvidar era que la Tierra estaba peligro y que ellos debían salvarla de ese alíen verdoso. Había que tomárselo en serio de que ya debían ganar si o si, y evitar además que el otro equipo se quedara con la victoria. Así pensaba por un lado Coco, quien tomó el lugar de líder sin que nadie se diera cuenta, y exigió a sus compañeros realizar una dura preparación, para que no volviera a suceder lo mismo. Incluso la máscara mágica y el tigrecito estaban en las prácticas: uno creando dificultades, mientras que el otro se unía con los pilotos para ir en busca de mejorar esquivando obstáculos. Así ella lo planeó y, cuando Aku Aku se cansaba de invocar una barrera protectora, ella misma atacaba a su hermano y a las mascotas, si bien no utilizaba armas reales sino que salían unas pelotitas de pimpón de su kart. Sí, ella era la jefa.
—Vamos, chicos —animaba ella cada vez que se terminaba de dar las tres vueltas, y veía que ellos no estaban con ánimos para seguir—. No se rindan… La próxima llave debe ser nuestra.
Los demás no se animaban a protestar o a advertirle que todo esto se estaba volviendo algo obsesivo, y sólo esperaban a que ella lo reconociera por si sola o que la situación se pusiera peor. Como no se negaron a comenzar con otro circuito, la chica rubia les indicó el camino a recorrer, en dirección hacia la playa, para continuar con el entrenamiento en Bahía de Crash. No fue como ella lo imaginó, porque a la segunda vuelta, tuvo que interrumpir la marcha ya que empujar a Polar fuera del puente, fue demasiado para todos. El osezno soltó un ladrido lastimero antes de caer al agua junto con su vehículo, y el bandicut y el felino no lo pensaron dos veces para ir a ayudarlo. De regreso, ella se bajó de su transporte y vio que ellos estaban nadando con pesadez, y de esa forma alcanzaron la seca arena, donde allí los tres imitaron a los perros para escurrirse. Ninguno quería observar el rostro de la muchacha angustiada y se veían agotados, excepto el pequeño con el pelaje blanco, quien se mostraba enfadado. Ellos optaron por irse a casa a pie, y ver esa escena le hizo reprimir a ella sus ganas de decir algo.
—Yo… Lo siento —dijo ella entrando a la sala de la cabaña, esperando a que sus aliados justo estuvieran allí, y sí estaban, aunque durmiendo sobre la gran alfombra frente a la chimenea.
—No te preocupes —se escuchó apenas a su lado, causándole un susto a la joven que, desde luego, se contuvo de hacer ruido, tras percatarse de que se trataba de ese espíritu guardián.
El hechicero luego le hizo gestos en dirección de que lo acompañe hacia afuera, y ella se fue extrañada a ver lo que él quería. La adolescente esperaba una clase de sermones, debido al comportamiento deplorable, sin embargo, ya en el exterior, él se quedó viendo el ocaso. Ella también hizo lo mismo, y el paisaje y el suave sonido del mar, la tranquilizó. Minutos así, ese antiguo ser le habló sobre no olvidarse de tratar de disfrutar lo que se hace, como mirar esa porción de playa de ensueño. Además, él comentó que presentía que mañana los llamarían de nuevo, y que había que estar preparados para eso. Eso último, la dejó pensando en cómo prepararse, y eso la llevó a querer averiguar sobre la siguiente pista. Mientras tanto, algo les llamó la atención a ambos y era que se escuchaba los motores de los rodados acercándose. Y sí tenían razón: sus cuatro automóviles de colores se conducían solos hasta que se aparcaron frente a la vivienda. Eso fue tan extraño, tanto que los dos se fueron a ver si aquello fue real, y en efecto, sí lo fue, llevándolos a creer que Oxide podía hacer trampa si los podía controlar.
—Ya mismo investigaré —se decidió ella y buscó su laptop—. No sé por qué no lo hice antes.
—Es bueno saber que encontraste otra forma de mejorar —habló él para sí con una sonrisa.
Quien se movía flotando fue con ella enseguida, volviéndose así su asistente de laboratorio, y se pusieron a trabajar por horas a la vez que los demás descansaban. Pasó un tiempo y, ya los durmientes se despertaron con un mejor ánimo, descubriendo al rato que había algunos miembros de su familia ausentes. Sin embargo, los tres se levantaron sintiendo hambre y, a la vez que el marsupial preparaba la cena, los cuadrúpedos fueron en busca de esos dos que faltaban. La lógica les decía que no iban a estar en la fría noche, con lo que ellos buscaron en el sótano, donde la chica tenía su laboratorio. Al acercarse, sus voces se oyeron, calmando a los dos cachorros, y fueron hasta ellos para averiguar qué hacían. Cuando se encontraron, no se lo esperaban que Coco dejara de teclear ni bien los vio para ir a aproximarse y abrazarlos, para luego susurrar que lo sentía. Antes de contarles lo que descubrieron, los investigadores no iban a olvidarse del chico que hacía torbellinos y todos fueron a la cocina para ahí hablar.
—Teniendo en cuenta la zona de la última pista, ahora sí iremos preparados —anunció ella.
Y así fue a la mañana siguiente, donde ambos tenían la razón: sí las guías los llamaron y sí la próxima carrera coincidió donde creían. El equipo Bandicoot, junto con el N Team, fueron a un sitio distante en la Isla del Árbol, donde más el clima helado predominaba. Eso no fue un problema para los héroes, ya que habían llevado ropa abrigada, y ya estaban conscientes de algunos de los peligros al observar imágenes satelitales del circuito. Con esta información, el grupo se sentía con más confianza para ganar, mas no contaban en algunos detalles que sus rivales mostraban. Ellos también tenían puesto un abrigo y hablaban en secreto reunidos en un círculo, situación que hacía enfadar a la que llevaba una flor en su cabello. Más se enfadó al ver que cada uno, después de charlar, se fue con un dispositivo y los fijaban en sus karts, a modo de un sistema GPS. La rabia en la muchacha fue tan grande que, a pisotones, se acercó a las entregadoras de trofeos para quejarse a todo pulmón. Ellas, quienes estaban distraídas por la delicada caída de la nieve, se alarmaron al escuchar los gritos de la pequeña bandicut.
—No hace falta enojarse —habló Isabella con voz amable—. No hay problema con los ítems.
—¡Bien, hora de empezar con la carrera! —exclamó Ami interrumpiendo, llamando a todos.
Quien fue a protestar regresó con sus aliados, gruñendo al oír las risas de los científicos y sus secuaces, pero las cosas no iban a quedarse así, ella creía. Así, ella tomó su lugar aleatorio, al lado de su hermano y, por el otro, junto a su ahora más odiado enemigo: N. Gin. Se decidió a dirigir toda su furia en él ni bien comenzara a correr, por tantas razones que una de estas fue que ella se sentía traicionada. Volviendo sus ojos en el camino, las cuatro portadoras de unas grandes sombrillas dieron la señal de largada y los siete pilotos marcharon lo más rápido que podían, no obstante, la nieve empezaba a causar problemas. Ellos no iban a la velocidad que querían y también ayudó encontrarse con un par de curvas, las cuales bordeaban unas bajas montañas. Ninguno se detuvo cuando no había más ruta que seguir, aunque querían frenar justo cuando terminaba un acantilado, y fue entonces que se dejaron caer al vacío ya que la pista continuaba más abajo. Un duro aterrizaje los esperaba, causando dolor a unos más que otros, y lo peor era que había otro escalón para bajar. Por suerte, ellos tocaron la tierra bien.
—Eso dolió —dijo Dingodile por golpearse su hocico, y algo adelante lo sorprendió—. ¿Qué?
—Woah! —gritó Crash cuando notó una enorme roca esférica, la cual rodaba de lado a lado.
La esfera por poco aplasta a la única participante femenina y al tigre de Tasmania, y sólo les hizo perder el control por un momento de sus vehículos. Fue bueno que sólo fue una piedra, y al frente tenían un tramo de profundas ondulaciones, donde el mutante híbrido aprovechó para avisar que él primero lo intentaría. Sus socios que estaban ahí cerca asintieron sin decir nada, mientras que los otros se preguntaban a qué se refería. No había tiempo para buscar la respuesta ya que algo apareció en medio: una laguna congelada que provocó pánico entre los corredores, porque era difícil maniobrar sobre hielo. Eso parecía para la mayoría de ellos, excepto para el medio cocodrilo que usaba ahora una chaqueta, porque se fue a un costado y no se lo vio más. Eso fue lo que observó el marsupial de ojos verdes y se quedó pensando, sin embargo, tenía que mantenerse enfocado por donde iba, debido a que dejó el hielo atrás y debía ir por una curva. Por poco, él iba a caerse hacia el agua, la cual provenía de un par de cascadas, pero no iba a suceder porque había guardarrieles. Él se imaginó el frío que sentiría.
—Ten más cuidado, Crash —aconsejó Aku Aku al verlo distraído, mirando hacia todas partes.
"¿A dónde se fue ese sujeto?", pensaba el anaranjado mientras cruzaba un puente cubierto.
Cuando finalizó ese puente que se veía como una cabaña, el camino proseguía doblando por una curva y más allá había otra mucho más amplia. Por allí, estaba Dingodile obteniendo una gran ventaja al arriesgarse tomando un atajo, dando un salto usando su turbo y así atravesó el río. Desde luego que eso no iba a tolerarse y fue el momento para que algunos usaran sus armas, como fue el caso de Coco y también de Neo, quien exigía a su compañero que no se adelantara. Por eso, dos esferas de energía se dirigían hacia el pirómano, y tratar de esquivar era inútil, por lo que no tenía otra opción más que esperar los golpes. Los atacantes estaban felices de dejarlo atrás, no obstante, un feo sentimiento surgió al enterarse que se derrochó su único armamento. Ya era demasiado tarde y había que concentrarse en lo que venía: otro lago congelado, donde no se podía controlar la dirección y algunos se desviaron, a la vez que otros empezaron a dar giros. Ni bien era superado ese obstáculo, comenzó la segunda vuelta y, por ahora, Polar estaba a la cabeza, junto con el evolucionado bailarín, y atrás estaba Tiny.
—No, otra vez —se quejó el ciborg al tener que de nuevo bajar dos veces por los acantilados.
—No será lo único malo —le respondió la chica rubia, sonando molesta, y le chocó a un lado.
El repentino ataque casi lo llevó a N. Gin a estrellarse contra la dura pared de la montaña, si bien sólo alcanzó a que las ruedas de su kart rozaran contra la piedra. Una rápida reacción le salvó y, a partir de ese encuentro, se decidió ahí mismo a tomar cierta distancia con esa niña vengativa. Él no dejaba de observarla como ella lo miraba con tanto odio, aunque eso no le duró mucho tiempo, ya que la gran piedra rodante captaba mucho más la atención. Otro que llamó la atención fue Cortex, quien comentó que ahora sería su turno para ir por el atajo, al ver que su secuaz lo había logrado dominar. El científico con un misil en la cabeza le recordó que debía adquirir una mayor velocidad para eso, con lo que el otro le contestó de una mala manera que aquel brujo oscuro le ayudaría. En seguida, Uka Uka creó una barrera alrededor de ese médico, obedeciendo a regañadientes, y el vehículo obtuvo una mejor rapidez, tanto que sí cruzó el barranco con lo justo. Todos los demás, debían ir por el puente cubierto, para luego encontrarse con el hombre amarillento lejos hacia adelante. Todo parecía bien para él.
—¿Estás listo? —preguntó el doctor del ojo robótico al tigre musculoso que estaba al frente.
—¡Aquí llegar Tiny! —gritó aquel y, de pronto, dobló hacia las rocas, sorprendiendo a todos.
Los rivales observaron cómo ese esbirro iba fuera de la vía, en dirección hacia un guardarriel, y creyeron que él se había vuelto loco, mas no esperaban lo que sucedería después: él logró dar un salto en medio de dos montañas y eso fue gracias a un misil que lo impulsó. Quizá fue una jugada peligrosa, tal vez a él le dolió la explosión, pese a eso, él consiguió tomar un atajo que lo llevó a estar junto con su líder. Esa sorpresa enfureció aun mas a la conductora de un rodado color rosa, sintiéndose que no hizo un buen trabajo analizando el terreno, y que sus enemigos no tenían límites con sus trampas. Lo único que ella podía hacer era pisar el pedal del acelerador y conducir como una demente, para así tratar de alcanzarlos. Al tanto que se adelantaba, una brillante idea se le apareció y era usar unas bolas de nieve como arma. Tras iniciar la última vuelta, le dio su merecido a casi todos los villanos, excepto al gladiador, que tuvo más suerte esquivando la roca rodante que aquel humano con barba. La situación para los héroes mejoraba, con los hermanos en el segundo y tercer puesto, pero eso no bastaba.
—¡No lo hagas, miserable marsupial! —exclamó furioso Neo al ver que Crash se iba al atajo.
—¡Hermano mayor! —chilló la hermana del temerario, aunque de nada sirvió llamarlo si ya lo perdió de vista, si bien se tranquilizó un poco sabiendo que su guardián estaba a su lado.
Luego de cruzar por el puente, Aku Aku regresó para darle las noticias a la intelectual de su equipo: el chico lo logró tomando impulso con zumo de wumpas. Ahora él estaba a la misma posición que ese tigre de Tasmania y, para que ella también los alcanzara, el hechicero hizo uso de su magia. Una barrera multicolor rodeó a la muchacha y así fue capaz de dejar atrás a muchos competidores, incluyendo a Polar, quien peleaba con choques contra Dingodile. Con muy poco para que se terminara la carrera, el hielo resbaladizo provocó un cambio súbito en los lugares de los tres ganadores y, finalmente, pudieron cruzar la meta. Cuando ya todos los demás dieron las tres vueltas, las chicas de los trofeos los condujeron hacia el podio para dar a conocer los resultados en Risco Nevado. Al llegar ya en ese lugar, ahí también el mismo frío clima dominaba y, ahora que los participantes dejaban de sentir el calor de la batalla, fueron contagiados por eso. Cortex fue el primero en quejarse para que aceleraran la ceremonia de premiación y, como todos se veían bastante mal, aquellas cuatro cumplieron con la solicitud.
—El tercer lugar es para… ¡Coco Bandicoot! —anunció alegre Isabella, y animó a la pequeña.
—En el segundo puesto está… ¡Tiny Tiger! —habló Ami y, de un salto, aquel estuvo a su lado.
—Y, el ganador es… ¡Crash Bandicoot! —gritó la que recién entregó el trofeo de bronce, y el mutante que no hablaba dio un doble salto de alegría, para después hacer su baile distintivo.
Ya conocidos los resultados, el N Team se alejaba del festejo con sus líderes protestando, sin olvidar de llamar con amenazas al único condecorado. Esa actitud no les arruinó la felicidad a los chicos buenos, incluso se oían más aplausos que antes, y era debido a que por primera vez tenían a un público. Entre los presentes se encontraba un pingüino con bufanda y se veía feliz, en especial con el osezno, quien lo reconoció al instante. La máscara mágica les explicó que Penta estaba contento porque vio cómo el oso se enfrentó a ese pirómano sin miedo, y que a él le hubiera gustado darle su merecido. Esa explicación les surgió a los hermanos una idea repentina: incluir a ese plumífero a la lista de sus suplentes, y enseguida le preguntaron si aceptaba. Él no estaba muy seguro, nunca se puso tras el volante de un kart, sin embargo, él quería intentarlo como agradecimiento por encargarse de la bestia híbrida antes. Como él aceptó, los evolucionados fueron pronto a comunicar la noticia a las guiadoras que, con unos mínimos datos ingresados en su tableta, avisaron al rato que él ya estaba adentro del grupo.
—Tu vehículo aparecerá en la playa de la isla N. Sanity —le informó Liz al nuevo integrante.
—Vaya, es el segundo nuevo suplente que agregamos hoy —comentó Megumi y, sin querer, llamó la atención de los concursantes, quienes querían saber más; ella mantuvo el misterio.
—Creo que deberías venir ahora con nosotros —sugirió la joven que usaba un overol—, para practicar mañana. Nos tele-transportaremos, así no tendrás que ir nadando para reunirnos.
Tras la despedida de las ayudantes de Oxide, el médico brujo benévolo y sus amigos fueron hacia su hogar, llegando más que agotados y varios sufriendo por el frío y los golpes. Aquel recién incluido contemplaba la cálida casa, algo muy distinto al sitio en donde vivía: una fría cueva con un nido de hojas secas a modo de cama y nada más. A pesar de los problemas, esa noche fue algo agradable, compartiendo una comida caliente y conociéndose entre ellos. La mañana siguiente a la competencia bajo cero, algunos se despertaron no con muchas ganas de volver a conducir, pero al ver la alegría que mostraba el ave cuando se topó con su propio automóvil, se tuvo que hacer un esfuerzo para cumplir la promesa. Con un poco de práctica, Penta ya iba dominando su coche de color blanco metálico y, al atardecer, hubo una carrera en serio, donde él y las mascotas consiguieron los primeros puestos. Quizá él podría entrar al próximo desafío, pensaba la experta en artes marciales, ya que intuía que se iba a resfriar.
