Hola. Bienvenidos.
Sin más dilación, aquí está el nuevo capítulo:
Capítulo 8
El frío gana en Paso Polar
Tras la derrota en la pista Risco Nevado, el equipo de villanos quería y, a su vez, no quería, ir a su guarida en aquel castillo de pesadilla. Sin embargo, como ellos tenían que irse de todos modos, para escapar de ese frío extremo, regresaron sabiendo que el gran Uka Uka no iba a dejarlos en paz, con sus gritos de amenaza. Ni bien ellos se encontraron rodeados por muros de gruesos ladrillos oscuros, la máscara maligna subió el volumen de sus regaños, que llevó a sus secuaces a retroceder y a inclinarse del miedo. Los gritos más bien fueron hacia Cortex, y a su manía de querer ser el único ganador, arruinando la oportunidad de Dingodile de ganar la carrera. Ahora el científico estaba obligado a ser más compañero, o sería expulsado de ese grupo, y había varios sujetos que deseaban reemplazarlo. Con ese ultimátum, el brujo se fue, y antes de que aquel hombre amarillento se desquitara con sus colegas, ellos huyeron tan al instante, que sólo oyeron las groserías que aquel les vociferó. Ninguno quiso ver hacia atrás.
—¿No que usarías la ciencia para ganar? —la inconfundible voz del hechicero tan cerca de su oído, asustó a N. Gin, quien acababa de encerrarse en su cuarto—. ¡Y terminaste casi último!
A pesar de sentirse aterrorizado, el pelirrojo quiso calmarse y, por eso, tardó en responderle, explicando con temor que no había por qué preocuparse. Eso llevó al ser flotante a gruñir y a punto de soltar más palabras de furia, si bien se detuvo justo tiempo cuando aquel ciborg le estaba mostrando unos papeles con gráficos. Menos mal que ese doctor aclaraba acerca de lo que había averiguado, ya que las escrituras estaban mareando al intruso. Lo que el otro le estaba diciendo era que él ya estaba en la instancia final, aunque el otro equipo sumara más puntos. Él notó que los que llegaban primero, competían contra el jefe y, para estar aún más seguros, sólo se debía impedir que los hermanos Bandicoots alcanzaran los primeros puestos en la siguiente carrera. El gemelo de Aku Aku no estaba muy convencido, analizando lo más importante: el circuito contra el esbirro del extraterrestre, y quería saber qué planeaba, si ya se suponía que estaba adentro de la competencia. Para eso, hubo otra explicación, junto con un mapa de la pista, señalando allí los puntos débiles. Por fin todo eso pareció ser suficiente.
—También envíe una solicitud para poder utilizar más armas —agregó el creador de robots y fue en busca de su laptop para mostrar el mensaje. Al dar la espalda, se escuchó un portazo.
Finalmente, ese antiguo nativo lo había dejado en paz, y ahora podía preocuparse más en su salud, porque esa reciente visita al lugar congelado, lo estaba afectando mucho. Decidió irse a descansar, aprovechando que podía hasta que alguien lo viniera a interrumpir, para olvidar por un momento del dolor de siempre y ahora del frío. Su descanso terminó antes de lo que esperaba cuando oyó golpes en su puerta, y el repentino despertar le provocó una punzada en su cabeza. No hacía falta preguntar quién llamaba, ya que él reconocía esa voz grave que no armaba bien las oraciones, que le decía que ya era hora de entrenar. Él agradeció el aviso a gritos y salió de la cama a prepararse para una nueva sesión de prácticas, antes de que esa siniestra madera parlante viniera a buscarlo. Salió de su habitación al rato, y se topó con ese mutante que lo había despertado, viéndose algo alarmado, observando hacia todos lados al mismo tiempo que se dirigía al podio. Caminando a su lado, quien tenía media cara robótica le preguntó qué sucedía, y luego le dio un mordisco a una manzana que trajo antes de salir.
—Cortex gritar a Tiny. Tiny debe dejar ganar a Cortex, o… —confesó el tigre, luego de dudar.
—Tranquilo, nadie te hará daño —respondió sintiéndose extraño, porque ese animal podría acabar con todos, si se lo proponía—. No te sientas obligado; ayúdalo, si quieres y si puedes.
Con un mejor ánimo, ese gigante compitió como un experto y cumplió con las amenazas de Neo, frenando justo antes de cruzar la línea de meta, para que él se quedara con la victoria. Así sucedieron un par de días, en los que había mucha práctica y un poco de teoría sobre la pista en donde se realizaría la próxima carrera. Y los cálculos de N. Gin fueron acertados: el nuevo enfrentamiento se daba en una zona cercana a la anterior, donde predominaba el frío polar y, por eso, el lugar se llamaba "Paso Polar", o quizá sea por aquel oso amigo de Crash. Todos los presentes llevaban puesto un grueso abrigo, a excepción del osezno y también de un pingüino, que sólo usaba una bufanda. Observando los alrededores, el terreno se parecía mucho a Risco Nevado, por estar rodeados de montañas y de nieve, que hacía creer que sólo estaban golpeando a los participantes con temperaturas bajo cero. Uno de ellos pasó a ser la primera víctima: Coco Bandicoot estornudaba y se limpiaba la nariz a cada rato, y no se veía capaz de conducir, ya que estuvo apenas con los demás, manejando en una forma irregular.
—Bienvenidos a Paso Polar —exclamó Isabella con una sonrisa, tratando de animar el clima hostil, y de repente, ella se fijó en el escándalo que hacía la resfriada—. ¿Podrás correr así?
—¡Claro que sí! —contestó la pequeña hacker algo molesta, para después usar otro pañuelo.
—Claro que no —intervino la máscara benigna—. Tenías que quedarte en casa a descansar.
Por más que costara admitirlo, la chica no podía competir, ya sea por el golpe de frío de las anteriores carreras, y también por quedarse en vela investigando. Sí, ella tuvo que ceder su puesto a Penta, sólo por esta vez, y las entregadoras de trofeos estuvieron de acuerdo con el reemplazo. Después de aclarar este problema, llegó la hora del sorteo de las posiciones, que resultó beneficioso para los animales del frío y para los mutantes secuaces. Ya todos en sus puestos, se dio la señal de largada para encontrarse enseguida con el primer obstáculo: una foca que iba y venía, cruzando el camino. Para unos, fue difícil esquivarla, maniobrando en la nieve resbaladiza, sin embargo, el mamífero con aletas no resultó herido, y esos pilotos sólo se llevaron un susto. Las sorpresas apenas comenzaban estando en un tramo donde el suelo tenía ondulaciones y las paredes de roca se acercaban cada vez más. A esto le siguió un gran bloque de hielo en el medio, donde los corredores podían elegir uno de los dos pasajes que servían para esquivarlo. Al prestar más atención, algunos notaron que dentro del hielo había un oso polar congelado, cosa que espantó mucho más al cachorro de aquella misma especie.
—¿Esa era tu tía? —pregunto con sarcasmo Dingodile al amigo mascota, para echarse a reír.
Ante el gruñido de enojo que le lanzó el blanquecino, el híbrido le dio un par de empujones y así aquel pudiera perder el control de su kart. Lo dejó en paz sin conseguir su objetivo al ver, más adelante, a otra foca a mitad de la vía, la cual no se quedaba quieta. En esta ocasión, el peatón no salió ileso y fue ese pirómano quien le pisó la punta de su cola, situación que llevó a que se escuchara un sonido de dolor. Pero no era el momento de pensar en eso, sino en lo que había más al frente: después de ese sobresalto, todos esos conductores se dieron prisa para ganar velocidad y así poder dar un salto sobre unas diminutas islas rodeadas por unas aguas heladas. Lo peor era que formaban una curva, así que no sólo debían ser veloces, sino también, tener habilidad para evitar caer. Por suerte pudieron superar ese inconveniente sin congelarse, y algunos lo hicieron gracias a la ayuda de las criaturas mágicas, actuando como guardarrieles. Para lo que seguía, fue como estar todos avanzando sobre una cuerda floja.
—Déjame más espacio, molesto marsupial —ordenaba Cortex a su peor creación que estaba justo a su lado; él, por su parte, le hacía gestos diciendo que no podía alejarse mucho más.
Esto era así porque el sendero era tan estrecho que apenas pasaban dos vehículos juntos, y demostraba que era mejor pasar de a uno. También no era una buena idea tratar de sacar al otro del recorrido, hacia el gélido lago, ya que el atacante podría caer con su víctima. De eso se dieron cuenta los enemigos, tras oír el sonido del hielo resquebrajando, cuando ellos dos se acercaron a las orillas. A pesar de querer bajar la velocidad y andar con cuidado, el doctor y el héroe no lo hicieron, y se debía a no causar un embotellamiento y también a dejar atrás ese puente a punto de caer. Con un par de raspones, ambos llegaron a la entrada de una alta cueva y, fue bueno que allí, hubiera más espacio para correr. El alivio se terminó de repente al avistar, en esta ocasión, a dos focas paseando en medio de la vía, donde esos siete pilotos tuvieron que hacer miles de maniobras para evitar la colisión. No sólo se debía esquivar a las criaturas marinas, sino también al gran paredón que tenían enfrente, el cual se eludía yendo por una curva cerrada. Ir por ese tramo restaba velocidad y muchos se salieron del camino.
—Esta es la peor pista hasta ahora —se quejaba el científico con barba, tras atascarse en la nieve, a un costado de la carretera, y para expresar la furia que sentía, golpeaba su volante.
—¡Aquí llegar Tiny! —se escuchó por detrás y, de pronto, ese tigre le dio un fuerte empujón.
Ese choque devolvió al competidor del auto rojo de nuevo al ruedo y, en seguida, oprimió el acelerador para tratar de alcanzar a los demás. Al rato, el fiel secuaz estaba a su lado, quien sonreía al ver que hizo un buen trabajo, dándose cuenta por la sonrisa maligna que revelaba su jefe. Pero el buen humor desapareció en un instante, en él y en todos, porque ellos tenían más adelante otro de esos obstáculos que podía arruinarlo todo. Al verlo, ellos reaccionaban de distintas formas por el pánico, a pesar de tener algo de experiencia, y sin embargo, nada era efectivo contra una laguna congelada. Sus vehículos no respondían como ellos querían, y sólo tenían que esperar a tocar otra vez el suelo, luego de deslizarse sin control. Unos sí que tuvieron la suerte de alcanzar el otro extremo, sanos y salvos aunque asustados; a la vez que otros se patinaron hasta chocar con las paredes de las montañas. Se necesitó de la ayuda de las máscaras mágicas para salir de allí y, por más que algunos conocían bien el hielo de unas maneras distintas, sumarlo con transitarlo con los karts era algo muy diferente e inestable.
—Date prisa, Crash —avisó Aku Aku, quien notaba que el chico se quedaba atrás, por perder el tiempo saliendo del piso resbaloso, con lo que el otro le respondió usando su zumo frutal.
Su transporte dio un impulso de velocidad al entrar en contacto con las wumpas, y ser así de veloz le permitió ponerse en primer lugar, cuando llegó más lejos al saltar por una rampa. Él, ni nadie, quería imaginarse lo que pasaría si fallaba con este salto: una profunda caída hacia el abismo los esperaba. Por fortuna, todos lograron seguir compitiendo, no obstante, no se pudo aterrizar como una pluma tras metros de descenso, de modo que hubo gritos de dolor, pero primero, fueron de horror, cual montaña rusa. Aun sintiendo el miedo, ellos siguieron y con pasar unos metros de camino ondulado, ahí se encontraron con las chicas de los trofeos, es decir, recién completaron la primera vuelta. Para esta segunda vuelta, ellos se decidieron a sacar a los demás del circuito lo más pronto posible, antes de que las trampas naturales los atraparan a ellos. Los pocos espacios abiertos y sin bruscas curvas se convirtieron en campos de una explosiva batalla, y a partir de ahí, algunos conseguían estar muy avanzados al resto. Hubo una víctima en particular, blanco de casi todos los ataques: el bandicut, quien luchaba para no quedar último, pese a todos los golpes que recibía. Su buena suerte estaba fallando.
—¡Eso no es justo! —protestó Coco al verlo pasar apenas la vuelta, en el final—. Lo molestan sólo para que no sume más puntos. Ya verán cuando me recupere. ¡Vamos, hermano mayor!
Faltaba poco para completar la carrera y los participantes estaban cada vez más agresivos y exaltados. Continuó los problemas que estuvieron cerca de sacarlos del desafío, tal como lo fue con Dingodile, quien se atrasó mucho quitando su rodado de una montaña de nieve, por esquivar a una foca. Fue ese también el caso para N. Gin, que fue alcanzado por una bomba que le lanzó Penta, cosa que primero lo sorprendió y, que después, fuera el causante de que su coche se hundiera en las heladas aguas. Con un escape justo a tiempo, él se salvó de ese mismo destino y, en cuestión de un par de minutos, el objeto caído regresó por su cuenta a su lado. Ya todo esto le hizo demorarse mucho y ya sabía que no iba a estar en el círculo de los ganadores, de igual modo, debía terminar la carrera. Más al frente, él vio a su compañero que luchó en la Antigua Roma, ahora viéndose perdido, y tal parecía ser que se chocó contra esa pared cercana a la peligrosa curva. El científico frenó para llamarlo, preguntarle si estaba bien, y quería que le contara lo que le pasó. Después de un rato sin responderle, volvía en sí.
—Tiny ayudar a Cortex —explicó él, intentando volver a conducir, aun estando algo aturdido y, en realidad, sólo quería dormir—. Escudo de Tiny servir bien para enviar a Cortex al atajo.
—Mi plan funcionó —susurró sonriendo el ciborg, para luego felicitar al tigre por su trabajo.
El mutante golpeado se sintió mucho mejor con esas palabras, como cuando un perro recibe felicitaciones por parte de su dueño, y con ese mejor ánimo, continuó con la carrera. En esta ocasión, él transitaba con más cuidado ya que sabía de los obstáculos que se avecinaban, así pudo deslizarse con facilidad por las zonas de hielo. Quien tenía un misil en la cabeza estaba a su lado, y también vigilaba que ningún rival los superara, sin embargo, sólo Dingodile se iba acercando. En la recta final, los tres se desafiaron por llegar primero, antes de saltar por esa rampa hacia el vacío y, cuando terminó la dura caída, ellos aceleraron sin importar nada. Por poco, sus karts se descontrolaron por la gran velocidad sobre suelo ondulado, si bien los tres llegaron a salvo para cruzar la meta. Entre ellos no se fijó bien si hubo un ganador, porque el berrinche que hacía Neo acaparaba la atención de todos, dando pisotones furiosos, dando a saber que perdió. Una vez que todos los corredores ya acabaron de dar las tres vueltas, esas cuatro organizadoras los guiaron hacia el podio, donde se realizaría la entrega de los trofeos.
—Terminemos con esto de una vez —exigía el médico quien temblaba de frío y le dolía todo.
—De acuerdo —respondió Liz viéndose algo triste, mas no estuvo así para el anuncio que iba a dar, hablando con alegría—. En el tercer lugar, está el suplente de Coco Bandicoot, ¡Penta!
—En el segundo lugar —empezó a decir Megumi, dudando mucho, debido a que ese alguien que sería nombrado estaba haciendo ruido gruñendo con rabia—, tenemos al doctor Cortex.
—Y finalmente, el ganador de la pista "Paso Polar" es… —comentaba de nuevo Liz con una sonrisa y haciendo unos segundos de suspenso a lo último—. ¡Polar! ¡Felicidades, pequeño!
La bandicut de cabello oscuro lo invitó, de manera muy amable, a ocupar su lugar en la cima del podio, y una vez allí, le dejó su premio frente a él. Por su parte, el osezno estaba un poco tímido, y más aun cuando esa chica le rascaba con suavidad entre las orejas. Su mejor amigo fue el primero en felicitarlo, yendo directo a abrazarlo con fuerza, y lo acompañó a reunirse con los demás miembros de su equipo. Ya parecía ser hora de irse, no obstante, algo retenía a los participantes y era saber qué sucedería en el siguiente encuentro, teniendo en cuenta que ya pasaron por los tres circuitos antes de la batalla contra el jefe. Esas guías no estaban seguras de qué responder, si anticiparles los resultados de esta ronda o no, y sólo explicaron que sí tenían razón: que ya era hora de enfrentarse contra otro esbirro de Nitros Oxide. Con eso sus oyentes no se conformaban y, por eso, además revelaron que ya tenían a quienes se iban a la competencia final: los tres que consiguieron los primeros puestos. Ahí fue entonces que la mayoría estaba pensando, y estuvieron de acuerdo que la información fue suficiente.
—Aunque ya está decidido de que N. Gin, Crash y Polar estarán en el desafío de Papu Papu —agregó Ami en el final, justo cuando ellos se iban, alarmando a sus compañeras—, hay un…
—¿Problema? —completó la frase la muchacha intelectual, y los demás voltearon para oírla.
—Así es —confesó esa marsupial de cabello verde, sin importarle los cuchicheos de "tal vez es mejor dejarlo para después" de sus hermanas—. Tenemos problemas para eliminar a uno.
Como ellos pedían una explicación, Isabella les habló de que sería necesario un reto extra y así desempatar. Quienes se encontraban entre los puntajes más bajos eran Dingodile, Cortex y Coco que, en realidad, ella iba a ser eliminada de no ser por su victoria contra Ripper Roo. Eso sonaba injusto para sus rivales que, por más que protestaron, no pudieron cambiar esta decisión, y sólo quedaron en ensañarse con ella durante la batalla, que iba a ser muy pronto.
