Hola. Bienvenidos a un nuevo capítulo.
Por fin llegamos a los diez capítulos... y creo que faltarán otros diez para terminar.
Espero cumplir esta meta.
Gracias por leer.
Capítulo 10
Un nuevo "eliminado"
Después de conocer al dueño de la segunda llave, lo que restaba saber era quien iba a ser el próximo expulsado y, en esta ocasión, se tenía que recurrir a un desafío extra para definirlo. Esto era así porque había un empate entre los tres puntajes más bajos, los de Coco, Cortex y Dingodile, y entre ellos, la primera, era quien estaba más ansiosa por competir, para ganar y darle una victoria a su equipo el día de hoy. Ella debía triunfar ya que sus amigos no lograron vencer a Papu Papu, y sería el colmo si a eso se le agregara perder a otro compañero. Por un lado, ella sentía que se merecía quedar afuera, por obligar a sus aliados a entrenar más de la cuenta, sin embargo, no sería una buena solución. Cuando no pensaba en esto, ella les pedía al resto que se apresuraran, para terminar con el asunto cuanto antes, y eso provocó que sus rivales se pusieran a molestarla. Ellos comentaban con sarcasmo que estaban asombrados, y no creían que la chica estaba tan apurada sólo para perder; quizás para acabar pronto con la vergüenza de tener que enfrentarse contra dos grandes corredores. Eso sí la hizo enfurecer.
—No quiero oír discusiones —interrumpió Isabella enfadada, deteniendo su marcha y, a su vez, la de todos los demás—. Podrán pelear todo lo que quieran cuando empiece su desafío.
—Que comenzará enseguida y justo aquí —agregó Megumi amable y señaló un gran portón.
—¡Bienvenidos a las Ruinas! —gritaron las cuatro bandicuts al unísono, y la puerta se abrió.
Tal como su nombre lo decía, el lugar era un antiguo edificio de los nativos, ahora en un mal estado, aunque las estructuras se mantenían en pie. Al cruzar la entrada, el sitio sólo se veía abandonado, con la vegetación apoderándose de los rincones y con los techos con agujeros, y sólo los tres participantes debían entrar con sus karts. Para los otros, que formaban parte de los espectadores, Liz fue quien se ocupó de guiarlos hasta una terraza, para que pudieran ver la competencia desde allí. Ya en sus lugares, viendo hacia abajo, ellos observaron que los tres implicados estaban reunidos y escuchando las reglas de la batalla, las cuales fueron otra vez dichas por la entregadora de premios que se quedó con el grupo. Aquellas eran simples, como las de las carreras, o sea que estaba permitido jugar sucio, con tal de quedarse con la victoria. El objetivo en este "desafío del cristal" era quedarse con la mayor cantidad de esas piedras rosadas posible, y la única maniobra que no estaba aprobada era recibir la ayuda de las máscaras mágicas. Esa sí era una petición extraña, no obstante, los gemelos no quisieron protestar, aunque sí lo hizo el sujeto más gruñón de todos aquellos: el doctor llamado Neo.
—Tiene que haber más dificultad en este reto —explicaba con calma la joven de pelo azul.
—Está bien por mí —respondió la hermana menor de Crash, para luego hablar sobre otro tema que no entendía, reflexionando un poco primero—. Pero, ¿serán cristales de verdad?
Hubo diferentes reacciones al conocer la respuesta a esa pregunta, como alivio al saber que se utilizarían hologramas con forma de ese objeto valioso, y que se debía pisar el proyector con las ruedas para sumar uno. Eso era lo que sentía la intelectual, mas, por otro lado, aquel pirómano estaba decepcionado ya que quería quedarse con por lo menos una de esas rocas de poder. Y finalmente, el médico también estaba tranquilo de que no se usaran esas cosas causantes de una extraña locura, según una hipótesis que tenía, a pesar de ser además una fuente de poderosa energía. Y no habiendo más consultas, era el momento de comenzar de una vez, con lo que primero todas las guiadoras dieron la orden de largada, haciendo que los pilotos salieran en distintas direcciones. No fue el caso de la muchacha, quien decidió ir tras el hombre barbudo, para evitar que recogiera premios, sin embargo, ella notó que a aquel le costaba dar en el blanco. El dispositivo era tan pequeño como una tapa de botella y, por eso, era difícil aplastarlo, más todavía cuando se hallaban en lugares con poco espacio para poder maniobrar. Cada oportunidad perdida, más el tiempo que se malgastaba a la vez, significaba un momento en que ella podía aprovechar y, de paso, podía darle su merecido a ese villano.
—¡Poder Bandicoot! —gritó Coco, acelerando su vehículo para chocar al científico al abismo.
—Miserable marsupial —protestó él, sintiendo además mucho dolor por caer unos metros.
Y así transcurrió esa especie de juego: andando lo más rápido posible, si bien retrocedían al cometer un error, y lo principal era que ninguno podía manejar en paz; era una cruel guerra sólo para perjudicar al otro. El conflicto empeoraba debido al terreno irregular y geométrico, con pocas partes de un piso de piedra, que terminaban en una caída hacia la zona con lomas de tierra y fango. Había que recorrer toda el área, ya que había ítems esparcidos hasta en los lugares más insólitos, incluso flotando en el aire. De esta forma, ellos se llenaron de golpes, de estrés y de barro, hasta que las que estaban a cargo anunciaron que todos los cristales ya fueron recolectados. Aquel instante en cuestión fue esperado mucho más por los presentes, quienes no veían la hora del final de aquella violenta prueba. Por suerte, los jugadores aun tenían fuerzas para seguir tras el volante y conducir hasta pararse en frente de ellas para oír los resultados. Antes de empezar a hablar sobre las conclusiones, el equipo de héroes fue a reencontrarse con angustia con la chica lista, hallándola con su cabello hecho un desastre y toda salpicada con lodo. Pese a lo mal que se sentía ella, sus amigos la abrazaron con afecto.
—Gracias, chicos, aunque no debieron hacerlo —comentó ella, y ellos no entendían a qué se refería. Al soltarse, recién allí ellos se dieron cuenta—: Ahora también están sucios con lodo.
El descubrimiento los llevó a Crash, a Polar y a Pura a sonreír con algo de pena, y ese tiempo de felicidad fue opacado por las quejas a gritos de Cortex, quien le regañaba a su secuaz por no dejarle el camino libre para ganar. No sólo de eso rezongaba, sino por todo: por el brutal juego, por las contusiones recibidas, y por lo más importante, la actitud de la niña. Ante eso último, la mencionada se quería defender explicando que haría lo que sea para evitar que el N Team triunfara. Sin embargo, ella no pudo decir lo que pensaba porque las cuatro jóvenes ayudantes de Oxide, y también Aku Aku, interrumpieron la charla, para poder dar paso a los tan esperados resultados. Los mismos emergieron frente a sus ojos, en un holograma que la tableta de Isabella despedía, y estos fueron: de un total de veinte objetivos, hubo un empate con siete cada uno entre la artista marcial y el doctor, mientras que el híbrido reunió los seis restantes. Esto dictaminó que Dingodile fue el eliminado en esta ronda, y él reaccionó como si se tratara del final, agachando la cabeza y negando moviéndose con apenas fuerzas. Hubo muchas respuestas por parte de su equipo, desde ira hasta indiferencia, pero uno lo animó.
—Tiny se vengará —dijo el tigre a la vez que apoyaba una mano en un hombro de su colega.
—Eso no hace falta —se incluyó Ami, hablando con una voz suave, quien se había acercado porque esa escena fue adorable para ella—. Recuerda que ahora eres parte de los suplentes.
—Gracias —susurró inseguro el mutante combinado y se quedó contemplando a la guiadora.
Al final, aquel gladiador y la entrega premios de cabello verde lograron alentar al pirómano a seguir adelante, a pesar de la expulsión. Ya con este asunto resuelto, era hora de despedirse por hoy y esperar al próximo encuentro, para comenzar con una nueva ronda con un nuevo jefe al final. Casi todos andaban con lentitud, debido a las lesiones, aun así regresaron a sus hogares para un merecido descanso. Algunos más que otros se sentían agotados, y con esta etapa completada, unos no podían estar tranquilos, ni en ningún momento. Recién acabaron de ver que medio desafío estaba hecho, venciendo a dos esbirros de Oxide, y sólo restaban otros dos. Además, cada uno de los grupos de pilotos perdió a un compañero, demostrando que las cosas estaban bien parejas, y que ninguno tenía la ventaja en número. Esto era como volver a empezar de cero, mas era diferente con la experiencia que obtuvieron, y a esto se le podía sumar conseguir alguna forma de mejorar. En esto último estaba pensando la pequeña bandicut al día siguiente, y su meditación llamó la atención de su máscara guardiana. Era el momento justo para hablar con ella sobre un tema que se necesitaba aclarar cuanto antes.
—Si ellos están dormidos, no podrán conducir —se decía ella a la vez que buscaba un arma.
—Coco, recuerda nuestro deber —le comentaba con su típica voz tranquila—. No te rebajes al nivel de los villanos. Podemos competir sin hacer trampas, por el bien de nuestro planeta.
No había pero que valga y, en el instante que ella se quería seguir defendiendo, su hermano y sus amigos mascota se hicieron presentes, mostrándose preocupados. Por desgracia, ellos oyeron lo que ella planeaba hacer y se veían algo decepcionados, de modo que ella tuvo que cambiar de parecer para arreglar las cosas. La guerrera decidió a partir de allí usar la astucia, en lugar de la fuerza bruta, y ya mismo se puso a averiguar sobre la siguiente pista. Mientras que los demás ayudaban con la investigación, la alarma de una nueva competencia sonó, por lo tanto, todos salieron con prisa hacia afuera para reencontrarse con sus karts. Allí notaron que atardecía y recordaron la vez que corrieron en la noche; esperaban que eso no volviera a ocurrir. No, aun había un poco de luz solar cuando aparecieron en un sitio que no conocían y que les daba mala espina, sin embargo, en seguida avistaron a las chicas de los trofeos, el cual los tranquilizó. Cuando el equipo Bandicoot se disponía a hacerles unas preguntas a las orientadoras, el N Team los interrumpió, haciendo que ellas empezaran con su trabajo de ser las que mostraran el camino hacia el circuito. Después de un largo trecho, por fin arribaron.
—¡Bienvenidos a Cañón Dingo! —anunciaron ellas con ánimo, haciendo bailar sus sombrillas.
—¿Le pusieron así por mí, verdad? —preguntó fascinado el mitad cocodrilo, porque intuía ya la respuesta— ¡Y yo tengo que estar en esta carrera! ¿Alguno quiere intercambiar lugares?
Todos lo miraban con desaprobación, por estar pidiendo algo insólito, y solo su mejor amigo estaba dispuesto a ceder, si bien no lo hacía, debido a la mirada amenazante de su jefe. Ese científico le hacía recordar que tan sólo era un suplente y que por ahora nadie necesitaba de sus servicios. Por más que Neo y Uka Uka le negaban su petición una y otra vez, ese mutante insistía tanto que estaba impidiendo que comenzara la competición, logrando que esos dos se enfurezcan cada vez más. Para terminar el conflicto que no parecía tener fin, N. Gin fue el que avisó que no se sentía en condiciones para manejar, debido a una migraña repentina. Al oír eso, el secuaz de pelaje marrón fue a darle la mano en agradecimiento, cosa que al ciborg lo sacudió por tanta energía. Así con esa actitud, él fue a su posición y enseguida empezó esa demorada disputa y, lo primero con lo que se encontraron los corredores, fue una carretera ondulada que los llevaba hacia una curva. Todo parecía ir bien, hasta que un armadillo justo cruzaba hacia el otro lado, por consiguiente, había que maniobrar rápido para no arrollarlo. El resultado fue que unos pudieron traspasar mejor que otros, que por poco se estrellaron.
—Tiny mareado —dijo el tigre luego de dar un volantazo, que le causó que hiciera trompos.
—¡Vamos, gato, que eso no te detenga! —le gritaba el reptil canino, aun sintiendo la euforia.
El evolucionado musculoso se recuperó pronto y siguió unas llamativas indicaciones pintadas en negro y amarillo, que le conducían hacia un estrecho paso en bajada. A lo lejos se veía al resto de los partícipes, no obstante, él los alcanzó en poco tiempo, ya que ellos bajaban la velocidad debido a un obstáculo. El mismo se trataba de agua estancada, la suficiente como para inundar la mayoría de la ruta y llegaba a cubrir las ruedas de los vehículos. Sólo se oían protestas sobre no poder correr como uno quisiera y también sobre las salpicaduras que los demás hacían. Solamente Polar parecía disfrutar al mojarse, por la simple razón de escapar del calor del desierto, y otra cosa a favor se presentó: la entrada a una cueva. Esta los sacaba del agua al tener un suelo elevado, aunque fue malo que los guiara hacia una curva cerrada. Hubo roces por culpa de esto, entre ellos y la dura pared de la montaña, mas no duró mucho ya que volvió a verse el cielo y se dejó atrás el cautiverio. Pese a sentir alivio, un par de cosas estaban allí para causarles problemas y uno de ellos era más armadillos en el sendero. Esto sólo no era lo único para esquivar, sino además una gran roca en medio de una bifurcación.
—¡Woah! —exclamó Crash cuando perdió el control de su rodado, por sortear a uno de esos animales, y fue a chocar contra la piedra; él volvió a gritar cuando halló un cráneo en el piso.
—¡Hermano mayor! —gritó Coco asustada, pero no podía frenar para notar si él estaba bien.
Ella se sentía mal por dejarlo atrás; retrocedería, de no ser porque estaba en peligro de caer al vacío, si alguno de sus enemigos se atrevía a empujarla. Así era: no había guardarrieles ni nada parecido en un buen tramo del camino en subida, además, no había mucho espacio. La escalada estaba inquietando a los conductores y también un sonido que iba aumentando, y más adelante, descubrieron que era el agua de una cascada la fuente del ruido. Pero lo peor fue enterarse de que no había más carretera, que había que dar un tremendo salto para ir al inicio de la pista, bajando varios metros en caída libre. Fue bueno que ellos mantuvieran una buena velocidad y, a los que no la tuvieran, las máscaras mágicas fueron quienes les salvaron la vida. Luego de un duro aterrizaje, ellos acabaron de completar la primera vuelta y, ya que ahora conocían un poco mejor el terreno, era hora de utilizar sus armas, si bien algunos las dejaban en caso de emergencia. No fue ese el caso de Cortex, quien usó su esfera de energía contra su peor creación; sí pudo detenerlo, a pesar de eso, no lo rebasó al casi chocar con un armadillo. Los dos fueron directo a golpearse contra donde estaba colocada la señalización.
—¡Idiota! ¿Que no puedes hacer algo bien? —regañaba furioso Uka Uka al médico malvado.
—No fue culpa mía, sino de ese estúpido marsupial —daba muy malas excusas ese seguidor.
Ignorando la pelea que tenía cerca, Aku Aku le ofrecía al chico hacer uso de sus poderes y así llevarlo a toda prisa con los demás que se le adelantaron. Por su parte, el mutante héroe no quería que se preocupara por él, que era mejor ayudar a la chica o al osito, de modo que su guardián se marchó no muy seguro de eso. De nuevo en el camino, el muchacho anaranjado vio a lo lejos que ocurría una batalla en la zona inundada: los villanos atacaban a la ocupante del kart rosa, aprisionándola contra la roca mientras que otro la enceguecía salpicándola con agua. Por más que el osezno intentaba ayudarla golpeando al tigre que la retenía, no tenía la fuerza suficiente, aunque sí la tuvo el antiguo hechicero, quien la protegió con su escudo y la libró de esos bravucones. Sí, fue una buena idea enviarlo con alguien que lo necesitaba más, pensaba el que casi fue general, y con una sonrisa más ancha, se apresuró para llegar con sus amigos. Para eso, él usó su turbo alimentado con frutas wumpa, y así dejó atrás al iracundo y casi calvo científico, quien quiso contraatacar utilizando las habilidades del espíritu maligno.
—No dejaré que me superes —gruñó el piloto del coche rojo y esperó el impulso de rapidez.
—Ahora no —le respondió Uka Uka, sorprendiéndolo—. No debiste malgastar tu única arma.
Y con esas palabras, el brujo desapareció en forma de humo de su lado, dejándolo solo, y eso le hizo enfurecer ya que siempre lo acompañaba. Pese al enojo que sentía, él lo ocultaba y se concentraba solamente en manejar, con la vista fija en el asfalto, sin prestarle atención a los otros. Así cruzó la línea de meta, completando la segunda vuelta, y estaba cerca de alcanzar a quienes estaban en los primeros puestos, por el momento. Lograría estar al frente, de no ser porque faltaba poco para terminar y era hora de una pelea en serio: Polar empezó con su escudo en territorio donde circulaba el primer armadillo que hallaron. Fue entonces que no sólo debían eludir al animal que se empecinaba en andar por ahí, sino que había que tomar distancia con ese úrsido. Alejarse de él significaba para algunos salirse de la calle y rodar en la áspera y seca tierra del desierto, muy cerca de donde estaban unos cactus, y eso les hacía perder velocidad. No más él y su compañera de equipo avanzaron por mucho, mas no les iba a durar con los ataques de los esbirros del N Team. Antes de entrar en la cueva, ellos dos les agredieron al mismo tiempo, no obstante, la niña rubia no iba a quedarse allí sin hacer nada.
