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Capítulo 11

Algo diferente para variar

Faltaba muy poco para completar el circuito en Cañón Dingo, de modo que ocurría una gran batalla por estar en los primeros puestos. Cada arma fue utilizada, así como las ventajas que tenían ciertos lugares, como empujar a algún rival a la pared de roca o a otros obstáculos. No más faltaba dar un buen salto al vacío, junto a la cascada, para avistar la línea de meta y a las banderas a cuadros que blandían las chicas de los trofeos. Después de un brusco aterrizaje, y de esquivar apenas a un armadillo, las guiadoras tenían los resultados y esperaron la reunión de todos los corredores. Los mismos se veían agotados, ya sea por los golpes que se dieron y también por el calor del desierto que soportaban, en especial esto último afectaba mucho al oso preparado para el clima frío. Aquel estaba jadeando, y su mejor amigo notó esto, con lo que salió rápido de su kart y le ofreció una fresca fruta wumpa. Las jueces también estaban preocupadas, así que aceleraron el proceso de premiación indicando pronto el camino hacia el podio. Ante esa inesperada reacción, Cortex iba a protestar porque le prestaban atención de más a ese animalejo, si bien se quedó en silencio ya que quería volver a casa en seguida.

—El premio para el tercer lugar es para… —anunció en voz alta Isabella— ¡Coco Bandicoot!

—En el segundo puesto tenemos a… —habló luego Ami, girando su sombrilla— ¡Tiny Tiger!

—Y el ganador de la pista Cañón Dingo es… —continuó esa misma joven, con más acrobacias y un poco de suspenso— ¡Dingodile! Que le da sus tres puntos a N. Gin por ser su suplente.

El híbrido saltaba de alegría al oír su nombre, sin embargo, la aclaración del final, de que en realidad la gloria se la llevaba otro, hizo detener su celebración, para mostrarse algo enojado y refunfuñando. Más bien, él estaba molesto con sí mismo, debido a que las cosas iban a ser diferentes si demostraba ese entusiasmo antes de ser eliminado, y ahora tenía que entregar el fruto de su esfuerzo, su medalla dorada, a ese ciborg que apenas se movía por el dolor. El científico mecánico, por su parte, le dio las gracias y, mientras que el N Team iba de regreso hacia el castillo, le felicitaba por hacer un buen trabajo; algo que logró calmarlo. Fue así que él llegó más tranquilo para la próxima competencia, aunque sí estaba ansioso por ver aquel nuevo circuito, por los informes que se dieron. A pesar de que tal vez no participara, estar al tanto de que en esa isla desértica también había una gran arena moderna, le causó ganas de ir allí cuanto antes. Su colega compartía esta inquietud, después de oír una explicación más sencilla: que por fin iban a correr en un sitio más "profesional", y no en un simple camino en la naturaleza. Aquellas imágenes satelitales revelaban un edificio similar a un actual estadio.

—Es extraño que hicieran esto, con espacio para un público, como si alguien iría, ¿no? —se preguntó ese experto en robots, llamando la atención del equipo, el cual no notó ese detalle.

Quizá aquel extraterrestre tenía la intención de invitar a todos los que estaban involucrados en estas brutales carreras, incluyendo a suplentes y jefes, o sea, a unos sujetos ya conocidos. Teniendo esto en cuenta, algunos perdieron un poco la emoción, mientras que otros creían que serían torturados y humillados frente a los demás. Quisieran o no, al final llegó el día de la tan dichosa prueba y, para ser más precisos, el aviso fue en plena noche, justo cuando se creyó que no los llamarían por ese día. Fue por eso que el grupo salió a las apuradas hacia la plataforma transportadora, unos quejándose más que otros, y se unieron justo a tiempo con sus rivales. Las cuatro organizadoras aparecieron al rato, con sus sombrillas abiertas como si estuviera lloviendo, pese a que había en ese momento una noche estrellada. A la vez que se indicaba el camino, ellas les hablaron de que, en esta ocasión, las cosas serían distintas sólo un tanto. No hacía falta aclarar cuando ellas mostraron el enorme coliseo iluminado con un montón de luces y, desde donde estaban (casi a un kilómetro), podía escucharse el retumbar de la música. Todos se apresuraron por entrar, más por el frío que hacía, y un cartel de neón les informaba que estaban frente a la Arena de Tiny, junto con una imagen del rostro de él.

—Los suplentes deben ir por ese pasillo —señaló Isabella—. Ustedes serán parte del público.

Ante eso, quienes la obedecieron fueron Pura, Penta y Dingodile, que se alejaban estando no muy seguros de irse. En cuanto a los demás, aquellas muchachas abrieron unas puertas para que ellos ingresaran a la pista y, debajo de la bandera que cruzaba el ancho de la vía, se veía la zona del inicio, con marcas sobre un suelo blando de tierra. Eso no era lo llamativo, sino la delimitación, hecha con altos paneles metálicos, y también el área para los espectadores, un graderío con dos niveles. Desde luego, pocos asientos estaban ocupados: allí se divisaban a los sustitutos y se reconocía a los otros como todos los aliados del N Team, si bien no era el caso para los jefes derrotados últimamente ni los que venían. Había otras personas también ahí, que nadie los conocía, por más que aparecieran en la pantalla gigante que había, dando a saber que se presentaron extraños que lograron asegurarse de que la amenaza era real. El tiempo para contemplar lo que los rodeaba terminó gracias a una voz que sonaba por todos los parlantes. Esta misma daba la bienvenida y, quien hablaba, se mostró a través de la gran pantalla: era Nitros Oxide, quien se encontraba en un palco junto con otros dos alienígenas.

—Aquí, el corredor más rápido de la galaxia les da la bienvenida a ustedes, futuros esclavos terrícolas, a mi coliseo tortuoso —anunció a gritos ese extraterrestre, tan fuerte que aturdía.

Después del comunicado, él siguió hablando, recordándoles las reglas que muchas no había, y por eso les aconsejaba hacer lo que fuera necesario para ganar. Fue así que estas palabras dieron ánimos a cierta gente, sin embargo, Coco no debía acceder; ella tenía que mantener su promesa. Con esta idea en su mente, fue hacia su lugar designado y aceleró cuando esas bandicuts dieron la señal de largada. Ella y los demás participantes atravesaron primero por un terreno con profundas ondulaciones, que una de estas los guio hacia un inmenso charco de lodo después de una curva. A pesar de haber saltado, cada uno de ellos no salió limpio de aquella trampa y, con el barro encima, tuvieron que continuar de este modo. Más adelante, el sendero era bastante parecido: las sinuosidades permanecían, situación que complicaba ir a más velocidad o los golpeaba al aterrizar por los saltos que daban. A esto se le agregaba el doblar por curvas cerradas que, a veces, no podían girar a tiempo, llevándolos a estamparse contra la pared. Con estos obstáculos a cada rato, los competidores ni intentaban perjudicar al resto, al menos no con la intención, causando que el anfitrión exigiera todavía más acción.

—¿Así planean correr contra mí? ¡No están a mi altura! —los increpó—. ¡Utilicen las armas!

—¡Ni se te ocurra hacerlo, Cortex! —amenazó Uka Uka al médico que casi oprimía el botón.

Aquel hombre tan sólo gruñó enfadado y puso ambas manos en el volante; obedeció al jefe del equipo y la misma orden fue para los demás miembros. Por otro lado, el ser del planeta Gasmoxia se enfureció ante el descuido de su pedido, mas no duró mucho su rabieta porque alguien sí le obedeció. Todos entraron en pánico cuando vieron el escudo alrededor de aquel oso que manejaba ahora con más confianza, ya que cualquiera que tocara su protección, iba a ser empujado con violencia. Eso incluía a sus propios camaradas, algo que esa criatura del espacio exterior esperaba que ocurriera, y lo aguardaba con una sonrisa siniestra. Cada una de las curvas era una pesadilla, era más difícil eludir a Polar en esos sitios, y también causaba retrasos esquivar los pozos con lodo. Quien no tuvo escapatoria fue N. Gin cuando de pronto ese osezno lo acorraló contra la barrera: el impacto provocó que se volcara hacia atrás y, por suerte, su vehículo no lo aplastó. De esta forma, el ciborg se quedó en el último puesto, por el momento, y continuó con la carrera conduciendo con más cuidado. Eso molestaba a aquel doctor barbudo, quien esperaba a que viniera rápido para que le ayudara con los enemigos.

—Por fin, un área amplia y en línea recta —comentó Neo cuando vio el tramo más adelante.

En efecto, así aquella parte del circuito lo era, además, no había tantas ondulaciones, con lo que era como un descanso de los obstáculos. Sin embargo, todavía había un problema: ellos mismos, porque podría desatarse allí una batalla por utilizar sus armas en cualquier instante. El bandicut fue quien la comenzó, usando su turbo, si bien los villanos no contraatacaron, ya sea por ser que estaban en la primer vuelta y también por ser algo inesperado. Ya tendría su merecido después aquel animal entrometido, mas ahora no querían derrochar sus ítems. De todos, no había tiempo para atacar por la vuelta de estorbos en la vía, y uno de estos era un gran charco en el medio, dejando sólo un delgado suelo seco para pasar. Después de cruzar por un puente metálico sin ninguna protección a los costados, ellos debían circular bien por el costado, casi rozando con la pared, para evitar el lodo. Esa no fue la única y última trampa antes de completar la primera instancia: lo peor estaba viniendo y fueron dos lomadas a los que llevaba hacia enormes pozos con barro. Era necesario andar lo más rápido posible para saltar y así no tocar esa molestia que, sin duda, era capaz de atrapar cosas allí para siempre.

—¡Aquí llegar Tiny! —exclamó el tigre, después de salir ileso del reciente problema, y estaba feliz por alcanzar al héroe que estaba al frente de todos; no sólo voceó, también lo embistió.

—Cuidado, hermano mayor —llamó Coco asustada, ya que él estaba cerca de caer al abismo.

Cuando parecía ser que venía un golpe fatal, el chico anaranjado se detuvo de repente, y eso provocó que el atacante casi saltara por el precipicio. Aquel gladiador pudo salvarse gracias a los reflejos que tenía, para maniobrar rápido y volver al medio de la ruta, dejando atrás a ese marsupial burlón. No sólo eso dejó, sino también la dificultosa primera vuelta; en la segunda, las cosas se tornaron más violentas, tal como lo quería el anfitrión. Lo cierto es que ellos aún no se herían con sus armas, sólo recurrían a choques e insultos, y a la vez conducían con más inquietud. El no haber mucha distancia entre ellos, complicaba girar con facilidad durante las áreas angostas, y fue así que nadie se salvó de recibir unas fuertes lesiones. Debido a que les afectaba más a unos que a otros, a algunos pilotos les costaba trabajo avanzar y se alejaron del grupo. Fue el caso de Cortex, quien luchó por unos momentos para librarse de un pozo, y también Polar perdió tiempo ya que un empujón le causó que hiciera unos trompos. Mucho más tarde, ellos volvían a ser avistados por el resto de sus compañeros, y ese fanático de las frutas wumpa casi rio al ver a su mejor amigo completamente teñido de marrón por el lodo.

—¡Ahora es un oso pardo! —se burló a gritos Dingodile desde el público, haciendo carcajear a la gente que tenía a su alrededor, excepto a unos pocos, como Pura y las chicas asistentes.

—Ami: no te burles del pobre cachorro —le regañó Liz a su colega de cabello verde quien rio.

Ante las risas, la victima de las bromas gruñó y quería desquitarse con cualquier miembro de aquel equipo de rufianes que se encontrara en su paso. Fue mala suerte encontrarse con ese oso furioso por parte de N. Gin, el cual no paraba de embestir desde atrás, por más que eso le causaba perder posiciones. Como parecería que la ira lo había cegado y no oía razones, el científico llamó a Aku Aku para que interviniera y así poder calmarlo y que lo dejara en paz. El hechicero benévolo vino pronto a hablar con su voz tranquila de siempre, no obstante, el pequeño no le hacía caso: solo escuchaba los chistes que el mutante híbrido decía ahora por el micrófono, que necesitaba la vacuna para la rabia. Ante eso, la máscara insistió y notó que dio resultado cuando invocó una nube de lluvia sobre su cabeza; el agua fría hizo que por fin sintiera alivio. Ya que ese osezno volvía a la normalidad, fue también un respiro para Crash, quien se preocupó al verlo de esa manera, puesto que la fiereza no era una de sus actitudes. Esa escena fue arruinada por la amenaza del planeta y, como forma de represalia al arruinar la función, decretó que esa lluvia contaba como la única ayuda que el guardián podía hacer.

—¡Eso no es justo! —protestó la artista marcial y, por más que luchara, él no iba a cambiar.

—¿Acaso no sabes las reglas? —preguntó él con desprecio—. ¡Tú, cosa mágica, a las gradas!

No había otra opción más que aceptar los términos de aquel alienígeno, en caso contrario, él los descalificaría de sus juegos crueles y la Tierra estaría perdida. Para el equipo Bandicoot, sí que esto era un golpe inesperado, porque contaban con los poderes del brujo de velocidad y protección como arma final. No más restaba la esfera de energía de Coco por usar, y fue así que había que tratar de rebasar por sus propios medios. Esta era una difícil misión y, al estar girando a cada rato, ellos comenzaban a cansarse, tanto los héroes como los malhechores. Si bien a duras penas acabaron la segunda vuelta, los ánimos cambiaron tras oír que les faltaba muy poco para terminar. Cada intento por conseguir los mejores lugares, por parte de aquel trío de chicos buenos, era arruinado por sus enemigos que al fin usaron su armamento. Esto dio como resultado que la única chica aterrizara sin querer en medio de un profundo charco, después que recibir el impacto una esfera de energía, y quedara atrapada por un largo rato. Pero eso no impidió devolverle el favor a Cortex: ella contraatacó y vio como una masa azul y relampagueante iba en busca de los demás pilotos; ella esperaba no darle a sus camaradas.

—Esa cosa sí que fue de utilidad —comentó Aku Aku sonriendo al ver que el N Team no tuvo escape y eso les causó retrasarse, dando la oportunidad a sus aliados a adelantarse bastante.

—Sería mejor disponer de más armas, ¿ja? —dijo alguien a su lado, el cual era un hombre de baja altura, con un casco militar y un parche en un ojo—. Eso haré cuando abra mein parque.

La máscara no pudo responderle: aquel sujeto se puso a saltar y a gritar para alentar a todos los corredores, y parecía loco por ser el único que hacía eso. La animación aumentó a un par más con gente que aplaudía, entre ellos estaba Pura y Penta, y aquel que inició esto lo llevó más lejos hablando por un altavoz que había traído. Ellos continuaron así, sin importar que a Oxide le molestaba el hecho de que sólo se dijeran palabras de aliento y, al parecer, daba sus frutos: los participantes andaban con mejor voluntad. Fue por eso que, aquellos que iban en los tres primeros puestos, estaban tan parejos que no se supo, a simple vista, quien de ellos había ganado. Sí, por fin ellos terminaron el circuito que parecía eterno y, con dificultad por los golpes y el barro, bajaron de sus karts para averiguar quien había sumado más puntos. En la pantalla gigante estaban pasando la repetición en cámara lenta y allí se descubrió que, por escasos centímetros, fue el fiel mutante secuaz quien se quedó con la victoria. Mientras que el rostro del gladiador se veía en el monitor, una lluvia de confeti surgió de todas partes y las chicas de los trofeos llegaron con las medallas ante aquellos seis maltratados concursantes.

—Vamos a entregar los premios ahora mismo... En el tercer lugar tenemos a… —comenzó Liz hablando, y su voz se oía en toda la arena gracias a un micrófono— ¡Polar! Felicidades, osito.

—En el segundo puesto está… —continuó Isabella, ocultando como podía su molestia debido a que no venció su candidato favorito, justo a quien tenía que nombrar— ¡Crash Bandicoot!

—Y ya todos saben quién ganó… —dijo Ami y fue a entregar la medalla dorada— ¡Tiny Tiger!

Como ya el circo finalizó, era hora de marcharse y eso esperaba la mayoría de los presentes, excepto el ganador de la noche, quien estaba distraído por la lluvia de papelitos de colores. Aquel esbirro fue obligado a retirarse por medio de un disparo del arma paralizadora de Neo y luego arrastrado por Dingodile, quien protestaba con cada paso que daba. En cuanto a los seguidores del hechicero bondadoso, ellos se reunieron en un feliz encuentro, y despacio se fueron hacia su hogar. Durante el camino, el antiguo ser les recordaba apreciar el hecho de que dos miembros del grupo sumaron puntos y, además, por otro lado, que había un sujeto extraño que le había dicho que vigilará de cerca las próximas carreras. En sí, eso último no le sonaba muy grave, y sus colegas estaban de acuerdo, por la simple razón de lidiar con que el planeta estaba en peligro. Tratando de que eso no les afectara mucho, ellos se colocaron en la plataforma transportadora rumbo a la isla N. Sanity, algunos con las fuerzas desvanecidas. En el último instante de desaparecer, aquel hombre con casco regresó a darles la despedida.