Lemy bajo la mirada intentando no llorar, al ver la pequeña escena ante sus ojos.

¿Acaso a él lo cargaron igual? Fue la pregunta que se repetía cíclicamente en su cerebro, angustiándolo con cada nuevo recordatorio al ver a su padre, cargando al más reciente integrante de la familia.

Logan Loud, era el centro de atención de la familia, con todas sus madres y hermanas revoloteando como polillas alrededor de su padre y el nuevo bebe.

¿Qué tenía de especial en realidad? Solo sería otra boca que alimentar y que se uniría a ese manicomio que llamaban hogar, con un montón de reglas, hermanas chismosas y sexualmente ambiguas, madres con personalidades dominantes y demasiado definidas además de un padre que la mayoría de las ocasiones era distante y frio.

Intento salir apresuradamente de la habitación, deseando esconderse en su cuarto los próximos meses para variar, o al menos ese era su plan antes de que una poderosa mano lo agarrara del hombro — déjenos a solas — ordeno su padre con un tono de voz, demasiado dominante que pocas veces usaba en realidad, erizándole la piel al momento, de poder sentir tan cerca a su figura paterna.

Secretamente le gustaba cuando su padre le prestaba toda la atención, pero el sentimiento de traición al verlo delante suya con el pequeño bebe en sus brazos le hacían sentir nauseas estomacales — se lo que estás pensando — repuso secamente su padre — pero en verdad crees que odiar a tu hermano es la solución a esos sentimientos — los ojos del anteriormente único varón de la familia se agrandaron llenos de sorpresa — te conozco demasiado bien hijo mío — respondió su padre con una pequeña sonrisa — a un que no pasamos tanto tiempo como me gustaría, eres mi hijo favorito — las mejillas de Lemy se sonrojaron fuertemente ante esas palabras — y ahora que me dices si me ayudas a cargar a este pequeño bribón — le entrego delicadamente al bebe en los brazos sorprendidos de su hijo mayor, con una gran sonrisa.

El pequeño se aferró con fuerza a su dedo mostrando una gran sonrisa, que era obvio heredara de su padre, el pelo color vainilla, casi blanco, pero con unas tímidas pecas, lo hacían extrañamente una versión en miniatura de su progenitor — ahora campeón — repuso acariciando la cabeza de su hijo mayor — que me dices si cuidas un rato a tu hermano, mientras yo me encargo de tranquilizar al gallinero — su padre se encamino hacia la salida — confió en ti para cuidarlo — remarco con una sonrisa — dado que desde ahora eres el hermano mayor —.