Lynn dejo salir el aire que aprisionaba dentro de sus pulmones mientras abría dificultosa y lentamente la puerta de la habitación de su hija.
Se mordió ligeramente el labio inferior, los sollozos ahogados y la barricada de muebles y ropa contra la puerta no eran una buena señal.
Bufo al lograr entrar a duras penas en la habitación, volviendo a dejar salir algo mas de aire de sus pulmones, debido al sobre esfuerzo, mínimo lo mas fácil estaba hecho.
Lacy se giro bruscamente, en dirección de la puerta, al momento de arrogarle violentamente lo que sostenía entre sus manos a su progenitora.
- Falle – grito a continuación su hija enojada, con el rostro lleno de lagrimas y un poca de mucosidad colgando se su barbilla.
Lynn recogió la medalla plateada que indicaba al ganador del segundo lugar del campeonato del condado, deposito la medalla sobre la mesita de noche de su hija, antes de sentarse nerviosamente en la cama de su pequeña – el segundo lugar no esta tan mal – se sintió tonta después de dejar salir esas palabras de su boca.
La mirada de odio que su primogénita le dirigía en esos momentos era suficiente para saber que estaba fallando en tocar el tema – para ser tus primeros juegos no esta tan mal– intento corregir en el momento.
El segundo lugar solo significa ser el primer lugar de los perdedores – esa frase le sonaba tanto a dejavu, trayéndole un olvidado recuerdo de ella mas joven y violenta, pero sobre todo de ese chico maravilloso de cabellera blanca, que nunca la había dejado sola.
Ganar no lo es todo -intento continuar, antes de darse cuenta que se escuchaba demasiado falso viniendo de su persona.
Tu lo ganaste a mi edad -reto su retoño – incluso un año mas joven que yo lograste terminar en primer lugar-.
Durante unos segundos ninguna dijo nada, por un lado su pequeña enterrada en ese hoyo de auto recriminación en el que se refugiaba, por el otro lado Lynn no encontraba la manera de explicarle que esos habían sido otros tiempos, otra vida, demasiado alejada a la actualidad.
Ahora su hija enfrentaba retos mas grandes que los de antaño ella enfrentara, el condado antes abrumadoramente caucásico, estaba convirtiéndose mayoritariamente en una mescla de habitantes mas pluricultural era comprensible que la competencia se fuera mas reñida, ahora que en sus días de campeona juvenil.
Si ella se coronaba en sus días en una competencia contra otras diecinueve chicas, su hija tenia que vencer al doble de concursantes.
Sonrió mientras tomaba la medalla de plata de nuevo entre sus manos, para ser su primer competencia a nivel condal, un segundo lugar no estaba mal, en especial si tenia en cuenta su octavo lugar cuando ella debuto algunos años atrás en la misma competencia, pero esa historia la dejaría para otra ocasión.
Abrazo a su hija contra su pecho, esperando ser mejor con el consuelo físico que con el verbal – el próximo año arrasaras – dijo con una pequeña sonrisa en sus labios – traerás tantas medallas a casa – continuo – que volveremos loco a tu padre de tantas preseas que el tendrá que organizar – continuo abrazando a su pequeña, mientras le hablaba de todo el tiempo que pasarían juntas entrenando, finalizando con ambas riendo, antes de que Lynn limpiara amorosamente el rostro de su pequeña de cualquier rastro de lagrimas o mucosidad.
La puerta se abrió una hora mas tarde, dejando pasar al padre y esposo preocupado de la casa, el cual observaba la escena expectante, descubriendo a sus dos chicas favoritas dormidas profundamente en la cama, roncando casi en perfecta sincronización.
Lincoln sonrió mientras apagaba la luz de la habitación y cerraba la puerta de la misma, ya mañana su esposa le contaria los pormenores del asunto a un que conociendo a ambas mucho tenia que ver con esa medalla de plata que había visto colocada en la mesita de noche de su retoño, después de todo la manzana no caí demasiado lejos del árbol ¿o no?.
