Lincoln sonrió paternalmente, al observar a su hijo mayor arrugar bruscamente la nariz, ante el oloroso desafío presentado frente a sus ojos, era mas que obvio que en esos momentos Lemy sintiera todas las ganas del mundo para vomitar.

A un recordaba con un mezcla de cariño y nostalgia, sus primeros pasos como padre soltero, esas interminables noches en vela gracias al pequeño que no quería dormir, los trabajos mal pagado y de horarios atroces, el problema de anemia que desarrollara por su pésima alimentación ect; todo eso había quedado en segundo plano con el tiempo, ahora solamente podía recordar la primera palabra de Lemy, o cuando dio sus primeros pasos, el primer día de escuela del chico y bueno ahora el primer cambio de pañal, en el cual lo apoyaría obligatoriamente.

Tomo delicadamente la cintura de Logan levantándolo, solamente lo estrictamente necesario para retirar el pañal usado, ante los balbuceos del pequeño.

- Pásame las toallitas húmedas campeón – pidió mientras mantenía el cuerpo del pequeño un poco suspendido – Lemy las toallitas – pidió volteando a ver a su hijo, el cual no tenia muy buen aspecto, nego suavemente antes de estirarse un poco, y así poder tomar las toallitas húmedas mas fácilmente, para enseguida limpiar al pequeño delicada y afanosamente, para a continuación desechar todo lo destinado a la basura en el bote colocado a un lado del cambiador para dicho propósito.

Como un maestro prosiguió aplicando un poco de talco, para a continuación poner el nuevo pañal en su lugar, asegurándose de colocarlo de una forma que estuviera bien sujeto pero que no lastimara o irritara la piel de su pequeño.

Un minuto después tomo a Logan entre sus brazos, para darle una suave palmadita a su hijo mayor a continuacion – lo hicisteis bien campeón – dijo con una sonrisa en los labios al ver la pequeña arcada que su hijo había logrado contener en su garganta.

Eso era sin duda algo increíble, la verdad, teniendo en cuenta que cuando la madre de Lemy los abandono, el primer pañal que cambio termino acompañado de una playera vomitada en el sesto de la basura junto a su masculinidad al tener que pedirle ayuda a sus amigas para aprender a cuidar a su hijo.

Sonrió de nuevo, pensando que quien iba a decir que otra vez tendría que pasar por lo mismo, nuevamente salvo por una pequeña diferencia.

Una diferencia de diez años a la cual le daba a cargar a su hermanito en esos momentos, quizás Lemy no fuera de mucha ayuda al final, pero el ver a sus hijos convivir, eras mas que obvio que no importaba toda las adversidades que pudiera presentarle la vida, el siempre lucharía hasta al final por verlos sonreír.