Lupa sonrió, mientras acunaba a la pequeña entre sus brazos, era adorable, cuando no intentaba quemarla con sus rayos oculares, o se ocultaba usando su mimetización a la hora de intentar bañarla.

Se sentó con suavidad en el sillón, mirando de reojo la hora, agradeciendo internamente que su padre estuviera pronto a regresar de la tienda, donde había corrido en compañía de su hijo varón, en búsqueda de lo último que necesitaba para la cena.

— — No eres tan aterradora — susurro más para así, que para la pequeña que dormía entre sus brazos, volviendo a sonreír, después de todo, incluso las acolitas de la oscuridad, podían ser un poco sentimentales en ocasiones, acaricio suavemente la cabecita de hermanita, la cual balbuceo entre sueños, ocasionando que la gótica sonriera ante ese pequeño detalle — solo esperemos un poco más — dijo, mirando el reloj de nuevo, mientras comenzaba a tararear inconscientemente, la canción de cuna, que recordaba que su madre le cantaba en esas noches, donde la lluvia asustaban incluso a una princesita de la oscuridad.