Lyra intento reprimir el gemido sin mucho éxito en realidad, mientras sentías esos habilidosos dedos, juguetear en su intimidad, de una manera poco cristiana.

- - Te comió la lengua el apóstol – susurro una voz seductora, antes de que su oído fuera lamido tan lentamente que parecía casi una tortura china.

La Castaña arqueo su cuerpo, cuando ese par de intrusos entraron en su interior, arrancándole involuntariamente un bufido tan agudo, que no podía creer que hubiera salido de sus propios labios.

Loan se deleitó ante la visión de su hermanita minutos después, quizás no era Lemy, pero Lyra no era un mal premio de consolación, después de todo, si su padre se pudo acostar con sus diez hermanas y su madre, porque ella no podría hacer lo mismo.

- - Prepárate hermanita – susurro lujuriosamente mientras se lamia sus dos dedos cubiertos por los néctares de su hermana – te mostrare que tan buena soy castigando tu botón –.