Irise: muchas gracias por los comentarios. Espero sea de su agrado el capítulo. solo quiero aclarar que al principio de cada capítulo iré incluyendo una anécdota corta del pasado de los chicos. Espero no se confundan con ello. En fin. Disfruten.

...

Capítulo 1. Colisión.

Ya había pasado tres días. Y seguía sintiéndose terrible. Decidió salir entonces a buscar al rubio. Pensando que no podrían terminar de aquella manera. O simplemente no deberían terminar. Es decir… Helga sí que admitía que le había ignorado muchas veces.

Ese fin de semana encerrada en su cuarto llorando, y pensando en aquel último año, le había servido para reflexionar que, precisamente, Anold le había sugerido un millón de veces que fuese más agradable. Que no tenía por qué estar a la defensiva siempre. Y ella no había hecho caso a sus palabras. Pensaba que su personalidad era así y él debería adaptarse. Pero cuando lo pensó mejor…

En realidad ella no era así.

En realidad era sensible. Cariñosa. Apasionada. Sabía que podía cambiar. Quizás necesitaría tiempo. Pero podía cambiar. Controlar el mal carácter fruto de esos años solitarios en su hogar, donde el único ser humano que admiraba y era cien por ciento considerado y altruista era aquel dueño de sus sueños y su vida.

No podía perderlo. No sin antes hablarlo. Disculparse… decirle… algo. Algo debía hacer.Había ensayado todo un discurso en su cabeza, se disculparía, diría que cambiaría su aptitud, que sería más cariñosa, que no le pondría apodos, sabía que si callaba más y pensaba antes de actuar podría controlarse, mejoraría para bien… estaba segura que si alguien podría hacer un cambio positivo en ella ese era Arnold sin duda alguna.

Estaba decidida de todo lo que haría. Dejaría de lado su coraza de insultos y… y vería a Arnold siendo tomado de la mano por otra chica mientras se besaba con ella.

Esa era la imagen que le esperó justo en el pórtico de la casa de Arnold. Justo al girar en la esquina. No supo cuánto tiempo se quedó paralizada. Pero fue suficiente para ver el rostro de la chica.

Lyla.

Quizás su alma murió un poco en ese momento. No lo supo con seguridad. Solo sabía que se dió la vuelta como si fuese un robot y caminó con lentitud devolviendose sobre sus propios pasos.

La Helga de hace tres días hubiese agarrado a Lyla con brusquedad para alejarla de Arnold haciendo una escena en la calle. Pero la Helga de aquel día. No tenía fuerzas ya. Quizás todo lo que había llorado le había afectado. Sabía que algo se había roto en ese espacio de tiempo. En ese periodo de tiempo había pensado que de verdad Arnold se merecía a alguien mucho mejor que ella. Arnold. Necesitaba a alguien bueno. Y Lyla siempre había sido la persona perfecta para él. Lo sabía. Siempre lo supo.

Mientras avanzaba movida gracias a una fuerza superior a ella. Helga no se sentía la misma de siempre. Se sentía distinta.

………………...9 años después……………….

Era un día habitual en la facultad de periodismo. Sin embargo, algo le decía que no sería un día bueno para ella. Un presentimiento quizás, tal vez habían señales aquí y allá, como por ejemplo, el hecho de que su despertador no había sonado aquella mañana, era eso o simplemente lo había ignorado. Así que, por despertarse tarde, había tenido que prescindir de su ducha matutina para poder llegar a tiempo, esta bien, podía vivir sin eso. Pero lo que realmente le había disgustado en demasía había Sido el llegar a su cafetería favorita, y encontrarse con que ya se habían agotado los bizcochos de chocolate y crema que disfrutaba casi todas las mañanas, ya sintiendo su mal humor a la vuelta de la esquina, tuvo que conformarse con un pan de mantequilla y queso y comer con prisas en el auto, solo para encontrarse con que su sitio de siempre en el parqueadero ya había sido ocupado por alguien más, por lo que tuvo que aparcar a dos cuadras más de su facultad, y caminar un trecho largo. Por esos pequeños detalles sentía que aquel día debía estar atenta a su alrededor. Cómo si lo malo apenas comenzara, por lo tanto, su paso era rápido y su expresión algo malhumorada. Solo para no ser incordiada.

Las personas que parecían querer saludarla se retractaban al momento prefiriendo apartarse de su camino. Y realmente lo prefería. Se dirigió directamente al baño de damas y al entrar se detuvo en la puerta, dentro habían tres chicas que hablaban animadamente pero que guardaron silencio en cuanto le vieron. No les conocía, pero ellas parecieron nerviosas de pronto.

-Bu...buenos días Helga… ya… ya nos íbamos… con permiso...

Diez segundos tardaron en recoger sus cosas y salir como si hubieran visto al mismo demonio. La rubia no dijo nada. Sin embargo pensó que debía estar realmente intimidante para que ese comportamiento fuese tan exagerado. Casi recordaba sus días de colegio. Se dirigió sin dudar al espejo dejando su bolso sobre la baldosa y se observó con detalle.

Terrible de verdad. Su cabello, que normalmente se sostenía en una perfecta cola de caballo, estaba a medio hacer, mechones sobresalían por doquier, sus cejas, estaban tan fruncidas que a pesar de ser dos y perfectamente delineadas, recordaban la cejiunica que adorno su rostro por tantos años. Y sus ojeras… las había tratado de cubrir con corrector sin mucho éxito, quizás por las prisas. Suspiró y sacó su arsenal de maquillaje, debía hacer algo al respecto.

¿Quién diría que se convertiría en una chica preocupada por su apariencia? Sin embargo, tres años en la facultad de periodismo habían hecho mella en ella, se había dado cuenta que su apariencia sí que importaba en ese medio. Por lo que no tenía otra opción.

Recordó que todo era debido a que la noche anterior casi no había dormido conversando por teléfono, no sé arrepentía, pero debía hacer un esfuerzo para arreglar aquello. Cuando terminó, Sintió el teléfono vibrar en el bolsillo delantero de su falda, así que lo tomó y vio que tenía un mensaje nuevo en el chat.

GreenEyes: espero tengas un buen día. Yo haré un esfuerzo sobrehumano por no dormirme. No debí pedir café descafeinado. ¿En qué demonios estaba pensando? :( Es una porquería.

Sonrió un poco. Aquel chico era el único que podría ponerle de buen humor a esas horas del día. Tecleó una respuesta rápida. Y guardó su teléfono en el bolso. Peinó su fleco lo mejor que pudo pensando que debía cortarlo o quizás lo dejaría crecer, ya rozaba sus rubias pestañas... Tomó su mochila y salió del baño.

Y fue entonces que supo que sus sospechas de aquel día, habían estado totalmente justificadas. Cómo si lo que había ocurrido más temprano solo se tratara de un abrebocas para lo que estaría apunto de suceder, Muy inesperadamente, tropezó con alguien, y este alguien, para su mala suerte, llevaba un vaso grande de café, el cual salpicó en su falda. Se sobresaltó, atrayendo la atención de los que estaban más cerca. Miró con horror el desastre.

-oh no. Disculpa yo… - comenzó a decir la otra persona al mismo tiempo que ella hablaba.

-¡Oye! ¿Por qué no te fijas por donde…? - el tono era realmente molesto, pero se quedó muda al ver, los ya conocidos, ojos verdes que le devolvían una mirada de sorpresa.

No había tardado ni un segundo en reconocerlo. El cabello rubio, algo largo aplastado bajo una gorra azul que usaba con la solapa hacia atrás y Esa... inconfundible, única cabeza de balón.

-Shortman - escupió el nombre con un tono entre sorprendido y enojado.

-Helga - el tono de Arnold y su rostro, mostraban resignación y dolor, no parecía mucho más feliz que ella - lo siento, de verdad que no te ví...

-Si, ya me di cuenta - la chica bajó la mirada a su ropa, su enojo se había reducido o quizás intensificado, no sabría decirlo de verdad. Con Arnold sus emociones eran inciertas - sigues siendo un… - se detuvo con el insulto en la punta de la lengua - Mi falda está...

-Disculpa yo no quise… - sin dudarlo un segundo tomó una servilleta del café y se arrodilló frente a ella - solo… déjame…

Helga abrió más los ojos de la impresión al verle arrodillado. un segundo después comprendió lo que el chico quería hacer, detuvo la mano en su falda y se apartó un poco horrorizada rompiendo el contacto.

-Espera espera… ¿Qué crees que haces?

Lo miró directamente a los ojos y supo que el chico había actuado inocentemente. Miró a su alrededor luciendo avergonzada. Habían comenzado a llamar más la atención, como si se tratara de un accidente de autos en la autopista y el público estaba ahí presente, queriendo ver la colisión.

-Yo pues solo estaba… - comenzó a explicarse. Pero la rubia ya estaba ligeramente colorada y le volvió a interrumpir dando otro paso más lejos.

-No. No. ¿Sabes qué? Olvídalo. Demos cuenta que nada pasó.

Y sin decir más se fue. Dejando al rubio aún con una de sus rodillas apoyada en el piso y con muchos murmullos a su alrededor. Arnold Maldijo por lo bajo antes de ponerse de pie y arreglar su ropa. Reanudó su camino y tiró el vaso de café casi vacío, en la canasta de basura más cercana, lamentando su mala suerte e ignorando que aún era el centro de atención de varias personas que le seguían con la mirada.

-En serio… ¿Tenía que ser ella?… - murmuró fastidiado para si mismo.

...Helga...

Se sentía totalmente avergonzada. Su corazón latiendo a mil por hora. No recordaba la última vez que se había sentido así por… por nadie desde… bueno, desde el mismo chico aquél en la escuela. Se sentía estúpida.

Apresuró su paso al salón ignorando a todo el mundo, quería desaparecer. ¿Cómo era posible?

Se sentía frustrada. No por el accidente ni por el desastre que ahora era su falda, sino porque, de todas las personas, debía ser Arnold el implicado. De todas las personas en el mundo…. Miles de estudiantes y de profesores en esa universidad y debía tropezar con él. Podría gritar pero no era buena idea hacerlo en un salón lleno de personas.

Podría ser un encuentro casual, normal, pero no lo era, ese simple tropiezo le había revuelto todo su ser, y la razón era, que el chico seguía siendo el mismo San Arnoldo de siempre, el mismo santurrón, en serio… querer limpiar su falda en medio de todo el mundo, vio en sus ojos que no lo hacía con más motivación que el arrepentimiento de sentirse de verdad culpable, y eso le hacía sentir el estómago revuelto. Las mariposas revoloteando, y sabía que aquello lo haría por cualquier persona, el chico bueno pagaría la lavandería con gusto, ese era Shortman, lo que le hacía frustrarse más en realidad, no debería haberle afectado tanto.

Y es que la vida era tan injusta.

Pensó al momento de sentarse en su puesto habitual al lado de la ventana.

Dios sabía lo mucho que le había costado superar al chico. Bueno… si a eso se le llamaba superar. Y de todas los lugares donde pudo haber estudiado, Arnold y ella decidieron aplicar en la misma universidad y más casualidad, en la misma facultad. Aunque bien, no era tan sorprendente, la mayoría de los estudiantes de Hillwood aplicaban para ser aceptados allí ya que se encontraba a pocas horas del pueblo. Era normal que Arnold fuera uno de ellos, era buen estudiante después de todo. Lo sorprendente. Es que el chico también era estudiante de periodismo.

Habían coincido en unas que otras clases, y ponencias, pero ella había logrado mantener distancias, en un salón con cincuenta personas era sencillo ubicarse en sitios opuestos todo el rato y pretender que no existía, eso el primer año de universidad, los dos años siguientes, no habían coincidido en ninguna clase, le dolía admitirlo, porque parecía muy cobarde de su parte, pero ella se había ocupado personalmente en no coincidir, pidiendo cambio a posta, excusándose que debía conseguir empleo o por us entrenamientos. (Una mentira piadosa ya que no trabajaba) sin embargo, había funcionado. Todo para que su salud mental se mantuviera intacta. No podía ser sano estar cerca de él, unos segundos de contacto y parecía que su mente se había reseteado sin saber qué hacer.

Hablando de qué hacer, recordó de pronto que debía limpiar el desastre de su falda, así que buscó en su bolso algo para ponerse a ello.

Sacó un par de pañitos húmedos y su termo de agua, y estaba comenzando a tallar la mancha de su falda rosada cuando escuchó que alguien tomaba el puesto al lado del suyo. Su amiga Valery llegó con su alegría habitual.

-Buenos días Helga. Hasta que por fin llegas… por poco creí que te perderías la primera clase ya que a ti no te gusta llegar tarde y no creerás lo que dijo… ¿Pasó algo? - por fin pareció fijarse en lo que la rubia estaba haciendo - oh no. ¡Tu falda! ¿Qué sucedió?

La rubia viró sus ojos, quería a su amiga, pero deseaba que la chica fuese un poco más prudente al hablar.

-Gritalo algo más fuerte Vale no te escucharon en el salón vecino - siguió en su labor, consciente de que era el foco de todos. Cómo siempre. Ya estaba resignada a ello. Incluso si Valery no conocía el concepto de discreción.

-Ups. ¿Y cómo te hiciste eso? ¿Se te cayó el café?

-Un torpe tropezó conmigo.

-¿Quién?

-Pues el tonto de Shortman - comentó con el tono que tenía preparado para cuando debia hablar del chico por algún motivo, como sino tuviese importancia.

Su amiga sin embargo no simuló para nada. Gracias al cielo que decidió murmurar para que solo ella oyera.

-¿Te refieres a Arnold Shortman? ¿Es en serio? ¿El que está como para comérselo?

Helga miró a su amiga con algo de escepticismo.

-Vaya, no sabía que eras su fan. La próxima vez, cuando derrame café sobre mi le pediré un autógrafo para ti.

La chica se rió bajito ante el comentario. Acostumbrada a la ironía de su amiga.

-Bueno no me importaría que me arrojara café si así tenemos algo para hablar y conocernos. Es tan lindo. Y ya que tú no quieres presentarmelo...

La rubia le miró con fastidio. Primero hablarían los sapos y volarían los cerdos. Eso solo lo pensó.

-No te hubieses fijado en él, sino te hubiese hablado de él antes.

-Bueno… todo lo que me dijiste de Arnold fue tan encantador que… - Valery le dirigió una mirada suspicaz - ah pero si tú lo quieres… obvio que no iré tras de él. Solo di una palabra y me apartaré.

Helga negó de nuevo con la cabeza y regresó con su labor en su vestuario.

-Por mi, quédate con él. No me interesa - contestó la chica pareciendo mucho más interesada en la dichosa mancha que en la conversación.

-¿Hablas en serio? ¿Me lo vas a presentar?

Helga entornó los ojos. Y le dirigió una mirada molesta que significaba: "sobre mi cadáver"

-Ok. Ok solo decía.

Valery hizo un pequeño mohín. Sabía que estaba bromeando, si Valery lo hubiese querido realmente, hace mucho que habría conocido al chico. Cierto que ellas se conocieron en el segundo año, pero prácticamente, Arnold veía clases a unos metros de distancia y se habían cruzado un par de veces. Valery bromeaba con este de vez en cuando, sospechando (a pesar que ella lo negara a muerte) de su gusto por el rubio, Gusto que al parecer había trascendido, por algún motivo, tiempo y espacio, y quién sabría hasta cuándo dejaría de sentir las estúpidas mariposas en su estómago cuando ambos ocupaban el mismo espacio.

Tallo con más fuerza y exclamó bajito.

-Estúpido cabeza de balón.

...Arnold...

Arnold llegó a su destino sin darse cuenta. La biblioteca. Cerrada. La inscripción en la puerta señalaba que abrían a las 8:00. Miró su reloj, faltaban aún 15 min. Se sentó en el piso sacando su teléfono del bolsillo. Entró a su perfil de la universidad y abrió el chat. Sonrió al ver el nombre de Scarlet y el último mensaje que le había enviado aquella mañana, el haber estado leyéndolo fue lo que había causado la distracción, y por ende, el incidente con la rubia.

Suspiró recordando la expresión de horror de la chica. Frunció el ceño y se pasó la mano por la frente queriendo olvidar aquello.

-Ya. Helga te odia. Cómo siempre. Es normal.

Recuperó su templanza diciéndose que, aquello había Sido una raya más para el tigre y leyó el mensaje esta vez con más detenimiento.

Scarlet: Ten un buen día. Yo también haré lo posible por no dormirme. Compra un café de verdad. ¿Descafeinado? Debería estar prohibido llamar a esa cosa café.

Sonrió. Scarlet era la única persona capaz de hacerle sonreír en un momento como aquel.

…………….Fin capitulo 1……………

Gracias por comentar. :)Iré subiendo capitulos viernes y domingos. Todo para ir con tiempo y a buen ritmo con la historia y no atrasarme. un abrazo.